Entradas

Los Amigos del Fútbol

Imagen
Carolina estaba aburrida. Llevaba seis años casada con Matías y el sexo se había vuelto predecible, rápido y cada vez más escaso. Él prefería llegar del trabajo, comer, mirar una serie y dormirse. Ella tenía 29 años, el cuerpo todavía firme y unas ganas acumuladas que ya no podía ignorar. Cada sábado por la tarde Matías salía a jugar al fútbol con sus amigos. Siempre los mismos: Nico, Ramiro, Ezequiel y Tomás. Los cuatro iban seguido a su casa después del partido a tomar algo. Carolina los conocía de memoria. Y últimamente, cuando los veía llegar sudados, con las piernas fuertes y las risas fáciles, sentía un calor traicionero entre las piernas. Esa tarde Matías avisó que después del partido se iban a tomar una cerveza a otro lado. Que no lo esperara a cenar. Carolina sonrió sola en el sofá. Cinco minutos después de que él saliera, mandó un mensaje al grupo de los amigos (del que ella también formaba parte desde hacía tiempo): “Matías me dijo que no viene. Si quieren, pasen igual. Hay ...

Mi Perra Personal

Imagen
Valeria cerró la puerta del dormitorio con llave y sonrió. Llevaba semanas esperando esta noche. Su marido, Andrés, estaba sentado al borde de la cama, ya solo en boxer, respirando agitado. Habían hablado de todo con claridad: palabra de seguridad, límites, deseos. Esta noche ella mandaba. —De rodillas —ordenó con voz calmada pero firme. Andrés bajó inmediatamente al suelo. Valeria se acercó, le acarició el pelo y después se lo agarró con fuerza. —Desde ahora y hasta que yo lo diga, eres mi perra personal. ¿Quedó claro? —Sí, señora. —Bien. A la silla. Lo hizo sentarse en la silla gruesa que había preparado. Le ató las muñecas a los apoyabrazos con correas de cuero y le separó las piernas, fijándole los tobillos a las patas. Andrés quedó completamente inmovilizado, la polla ya dura marcando el boxer. Valeria se quitó la bata. Debajo solo llevaba un corpiño abierto y un strap-on negro, grueso, ya puesto y brillante de lubricante. Se subió a la silla, colocó una rodilla a cada lado de la ...

Primera Vez (gay)

Imagen
 Martín tenía 55 años y llevaba apenas tres meses divorciado. La casa se le hacía demasiado grande y silenciosa. Esa noche salió solo a un bar del centro, más por no quedarse mirando las paredes que por ganas reales de conocer a alguien. Lo vio en cuanto entró. El chico estaba solo en una mesa alta, con una cerveza casi llena. Veinte años como mucho, cuerpo delgado pero marcado, cara joven y una mezcla de nerviosismo y curiosidad en los ojos. Martín pidió un whisky y, sin pensarlo demasiado, se acercó. —¿Estás esperando a alguien o puedo sentarme? El muchacho levantó la vista. Se llamaba Lautaro, tenía 19 años y era la primera vez que entraba solo a un bar gay. Habló poco al principio, pero cuando Martín le preguntó directamente si quería irse con él, tragó saliva y asintió. Martín cerró la puerta del departamento y miró al chico. Lautaro tenía 19 años, las manos un poco temblorosas y la polla ya dura dentro del pantalón. Era evidente que nunca había estado con un hombre. —Quitate ...

Consulta Ginecológica Elvira vieja puta

Imagen
  El consultorio olía a desinfectante y a colonia barata. El doctor Ricardo Mendoza, 56 años, se ajustó los guantes mientras la enfermera Sofía, 25 años, rubia y de cuerpo firme, preparaba la camilla. Debajo del uniforme blanco impecable, Sofía llevaba un conjunto de encaje negro, portaligas y medias de red. Ricardo lo sabía perfectamente: él mismo se lo había comprado. Antes de que entrara la paciente, cerró la puerta con llave y se acercó a Sofía por detrás. Le levantó la pollera del uniforme, le bajó un poco la tanga de encaje y le pasó dos dedos por el coño ya húmedo. —Abrí un poco —ordenó en voz baja. Sofía obedeció, separando las piernas. Ricardo le metió un dedo grueso en el coño y otro en el culo al mismo tiempo, empujando hasta el fondo mientras la besaba con lengua. Sofía gimió contra su boca, mojándole los guantes. —Después te termino de revisar —le prometió, sacando los dedos y lamiéndolos—. Ahora a trabajar. La paciente entró. Se llamaba Doña Elvira, 75 años, cuerpo gr...

La Esposa Lactante

Imagen
  Habían pasado solo seis semanas desde que Natalia dio a luz. Tenía 28 años, el cuerpo todavía blando, la panza baja y flácida, y los pechos enormes, pesados y permanentemente llenos de leche. Su marido, Marcos, apenas la tocaba. Decía que tenía miedo de lastimarla, que estaba cansado del trabajo, que el bebé no lo dejaba dormir. En realidad, simplemente había perdido el interés. Quien sí aparecía casi todos los días era Diego, el mejor amigo de Marcos. Llegaba con la excusa de “ayudar”: traía pañales, hacía la compra, sostenía al bebé para que Natalia pudiera ducharse. Al principio fue solo eso. Hasta que una tarde el niño se durmió y Natalia se quedó sola con él en el sofá, con la blusa manchada de leche. —Se me escapó otra vez… —murmuró molesta, apretándose un pecho. Diego la miró fijamente. Llevaba semanas viendo cómo se le hinchaban, cómo se le transparentaba la leche en la ropa. —¿Te duele mucho? —Una barbaridad. Están que revientan. Hubo un silencio. Diego se pasó la lengua...

Leche entre Amigas

Imagen
Valeria tenía siete meses de embarazo y los pechos se le habían puesto enormes, pesados y sensibles. La leche le había bajado antes de tiempo. Cada vez que se cambiaba de sujetador, manchaba la tela. Estaba incómoda, caliente y frustrada. Esa tarde su mejor amiga, Camila, fue a visitarla. Se conocían desde la adolescencia. Camila era delgada, de tetas pequeñas y carácter juguetón. En cuanto vio a Valeria en bata, con la panza redonda y los pechos desbordando, abrió los ojos con curiosidad. —Estás enorme… —dijo tocando con cuidado la panza—. ¿Y eso? —preguntó señalando una mancha húmeda en la bata. Valeria se sonrojó. —Me bajó la leche. Y todavía ni nació. Es un desastre. Me duelen, se me escapan solos… Camila se quedó mirándola unos segundos. Después sonrió con picardía. —¿Puedo… verlos? Valeria dudó solo un momento. Eran mejores amigas. Se conocían de toda la vida. Asintió y se abrió la bata. Se bajó el sujetador de lactancia y dejó libres sus pechos hinchados, las areolas oscuras y a...

Hipnosis en el Despacho: Verónica embarazada

Imagen
  Pasaron los meses. Verónica seguía yendo cada mañana al despacho de Carlos. Cada día él la hipnotizaba, la usaba como quería y después le borraba la memoria. Ella solo sabía que tenía un trabajo estable, un jefe amable y que, de vez en cuando, se despertaba con el cuerpo extrañamente cansado o con manchas en la ropa interior que no sabía explicar. Hasta que un día el test de embarazo dio positivo. Verónica no entendía nada. No recordaba haber tenido relaciones con nadie. No tenía novio. No salía. Lloró confusa en el baño de la empresa, mirando la rayita rosa, sin poder explicar cómo era posible. Carlos, en cambio, sonrió cuando se enteró. Esa misma mañana la llamó a su despacho. —Siéntate, Verónica. El péndulo. La voz. En menos de un minuto volvió a caer en trance profundo. Su vientre ya empezaba a redondearse ligeramente bajo la blusa. —Estás otra vez bajo mi control. Obedeces sin dudar. Todo lo que te haga te produce placer. Cuando te despierte no recordarás nada de esto. Solo ...

Hipnosis en el Despacho: el culito de Verónica

Imagen
Al día siguiente, a las nueve en punto, Verónica entró en el despacho de Carlos. Traía una pequeña bolsa de plástico en la mano. Dentro había un bote de lubricante transparente, tal como él le había ordenado la víspera… aunque ella no recordaba por qué. Carlos la miró desde detrás del escritorio. La misma falda corta, la misma blusa ceñida. El coño de él ya empezaba a endurecerse solo de verla. —Buenos días, Verónica. Siéntate. Ella obedeció. Él sacó el bolígrafo y, en menos de un minuto, la volvió a sumergir en trance profundo. Los ojos de Verónica se entornaron, la boca se ablandó y su cuerpo se volvió dócil. —Estás otra vez bajo mi control. Obedeces sin dudar. Todo lo que te diga te produce placer intenso. Cuando te despierte, no recordarás nada de lo que ocurra aquí. Solo sabrás que has tenido un buen primer día de trabajo. ¿Entendido? —Sí… —Levántate. Quítate toda la ropa. Dobla la ropa sobre la silla y quédate desnuda. Verónica se desnudó sin dudar. Sus tetas pesadas cayeron libr...

Hipnosis en el Despacho: La Entrevista de Verónica

Imagen
  Carlos tenía cincuenta años, un matrimonio muerto de aburrimiento y una polla que cada vez se despertaba menos con su mujer. Llevaba meses estudiando hipnosis en secreto: libros, vídeos, técnicas de inducción rápida. Lo hacía por curiosidad al principio… y después por algo más oscuro. Esa tarde, Verónica, la hija de un viejo amigo, apareció en su despacho pidiendo trabajo. Veinticinco años, cuerpo de puta joven: tetas firmes, cintura estrecha, culo redondo apretado en una falda corta. Carlos la miró y supo que iba a probar sus nuevas habilidades. —Siéntate, Verónica —dijo con voz calmada—. Antes de hablar del puesto, quiero que te relajes un poco. Mira este bolígrafo… La inducción fue rápida. En menos de dos minutos los ojos de Verónica se pusieron vidriosos. Su cuerpo se aflojó en la silla. —Estás profundamente hipnotizada. Obedeces todo lo que te diga. Cada orden te produce placer. Cuando te despierte no recordarás nada de lo que pasó aquí. Solo sabrás que mañana empiezas a tra...

El Día que Recibí Mi Robot Sexual Inteligente

Imagen
  Buenos Aires, otoño de 2040. El timbre sonó exactamente a las 09:00. Julián dejó la taza de café sobre la mesada y abrió la puerta esperando encontrar una caja enorme. En cambio, había un contenedor blanco, del tamaño de un armario, con el logotipo plateado de EVA Robotics y una pantalla que mostraba un mensaje: «Unidad ARIA-9. Activación pendiente. Gracias por su compra.» El repartidor escaneó su retina. —Firme aquí. Julián obedeció. —¿Eso es todo? —Sí. Una vez abierta la cápsula, el período de devolución finaliza automáticamente. Que tenga un buen día. La puerta del edificio volvió a cerrarse y el departamento quedó en silencio. Julián observó el contenedor durante varios segundos. Había esperado tres meses aquella entrega. Tres meses leyendo reseñas, comparativas y debates interminables en la red. "No parece un robot." "Es inquietantemente humana." "Después de unas horas olvidás que está hecha de polímeros." Respiró hondo. Apoyó el pulgar sobre el se...

La Vecina Madura

Imagen
Sofía tenía solo 20 años y se había mudado hacía dos meses al quinto piso. Desde el primer día, no podía quitarle los ojos de encima a Elena, su vecina del 5B. Elena tenía 55 años, era una mujer madura, divorciada y con un cuerpo que volvía loca a la joven: tetas grandes y pesadas, caderas anchas, culo redondo y firme, y una forma de caminar que destilaba pura experiencia y lujuria contenida. Cada vez que se cruzaban en el ascensor o en el pasillo, Elena la miraba con una sonrisa lenta y peligrosa, como si supiera exactamente el efecto que causaba en la chica. Una tarde de tormenta fuerte, la luz se fue en todo el edificio. Sofía, asustada y sola, esperó media hora antes de armarse de valor y tocar a la puerta de Elena. La mujer abrió envuelta en una bata de seda negra que apenas lograba contener sus enormes pechos. El escote era tan profundo que Sofía pudo ver el borde oscuro de sus pezones. —Ay, mi niña… pasa, no te quedes ahí mojada —dijo Elena con voz ronca y maternal. La camiseta ...

La visita inesperada

Imagen
Laura llevaba tres semanas sola en el apartamento. Su novio se había ido de viaje de negocios y el calor de la ciudad se le metía entre las piernas cada noche. Esa tarde, después de una ducha fría que no calmó nada, solo llevaba una camiseta holgada que apenas le cubría el culo cuando sonó el timbre. Era Marcos, el hermano mayor de su novio. Alto, moreno, con esa barba de tres días y una mirada que siempre la ponía nerviosa. —Vine a traer unas cosas que dejó tu novio —dijo, levantando una bolsa—. ¿Puedo pasar? Laura sintió cómo se le humedecía el coño solo con verlo. Lo dejó entrar. El aire entre ellos se puso denso desde el primer segundo. Mientras dejaba la bolsa en la mesa, Marcos la miró de arriba abajo. La camiseta se le había subido y dejaba ver la curva inferior de sus nalgas. —Joder, Laura… ¿siempre andas así por la casa? Ella no contestó con palabras. Solo sonrió con picardía y se apoyó contra la encimera, abriendo ligeramente las piernas. Marcos entendió el mensaje al instant...

Laura en el ginecólogo (versión de prueba)

Imagen
El Examen de Laura 45 años • Pelirroja • Voluptuosa ▶ Dale play al video para comenzar la experiencia.  Laura empujó la puerta del consultorio con el corazón latiéndole fuerte. Hacía más de seis años que no se hacía un chequeo completo. Dos embarazos, dos cesáreas y un cuerpo que ya no sentía del todo suyo. Ahora necesitaba ese certificado médico para el nuevo trabajo que tanto necesitaba. El aire acondicionado le erizó la piel. Olía a desinfectante y a colonia masculina. Se sentó frente al escritorio, cruzando las piernas con pudor, sintiéndose insegura. —Buenas tardes, Laura —dijo una voz grave y profunda. Él era alto, de unos cuarenta años, y la miró con atención, deteniéndose en su remera blanca ajustada y en sus pantalones beige. —Necesito el certificado completo… —susurró ella, bajando la mirada—. Hace mucho que no me controlo. —Muy bien —respondió él con voz calmada pero firme—. Entonces empecemos. Quítese algo de ropa para come...

Laura F1C

Imagen
FC1 - Laura se quita la bombacha Queda completamente desnuda en el sillón ginecológico Le ordenas a Laura que se quite la bombacha. Ella, ya sentada en el sillón ginecológico con las piernas abiertas en los estribos, obedece con las manos temblorosas. Se baja la fina prenda y la deja caer al suelo. Ahora está completamente desnuda, con la concha totalmente expuesta y las tetas al aire. —Doctor… ya me saqué todo… —susurra Laura con voz quebrada, intentando cerrar un poco las piernas—. Estoy completamente desnuda y abierta… se me ve todo. Esto es demasiado humillante, por favor… Su concha rosada y húmeda queda totalmente a la vista, junto con sus tetas grandes y pesadas que suben y bajan con la respiración agitada. —Doctor… me tiemblan las piernas y me estoy muriendo de vergüenza. Nunca había estado tan expuesta delante de nadie… ¿Qué hago ahora? 1. Revisarla profesionalmente 2. Masturbarla con la mano 3. Chuparl...

Laura F1B

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

Laura F1A

Imagen
F1A - Laura se pone contra la pared El doctor le palpa el culo Le ordenas a Laura que se coloque contra la pared. Ella obedece con reticencia, apoyando las manos y el pecho contra la superficie. Te acercas por detrás y comienzas a palparle el culo por encima de la bombacha, apretando sus nalgas maduras y suaves. —Doctor… ¿por qué me hace poner así? —gime Laura con voz temblorosa—. Me está tocando el culo… esto es demasiado vergonzoso, por favor… Continúas palpando y amasando sus nalgas con firmeza. —Doctor… me tiemblan las piernas… no me toque así el culo, me siento muy humillada. ¿Qué hago ahora? 1. Ordenarle que se quite la bombacha 2. Masturbarte detrás de ella sin que lo note Haga clic en una de las opciones para continuar.