La Exhibición

 


Valentina tenía veintiséis años y era la definición de inocencia: una chica tímida que se sonrojaba con cualquier comentario subido de tono, cuerpo curvilíneo pero suave –tetas firmes de copa D que rebotaban bajo blusas holgadas, pezones rosados grandes y sensibles que se endurecían al frío o al nerviosismo, cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo y carnoso que se marcaba en las polleras ajustadas, piel blanca suave con un leve bronceado, pelo castaño largo lacio cayendo hasta la cintura, ojos cafés grandes y expresivos que miraban con candidez, labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Su coño depilado era rosado y apretado, labios hinchados que chorreaban jugos almizclados dulces al excitarse, clítoris protuberante rojo que palpitaba visiblemente, y un ano rosado fruncido completamente virgen que nunca había sido tocado por nadie.

Su novio, Martín, de veintiocho años, era todo lo contrario: dominante, cachondo constante, con una polla gruesa de diecinueve centímetros venosa que eyaculaba precoz cuando se excitaba demasiado. Su amigo Pablo, treinta años, musculoso y directo, siempre había mirado a Valentina con hambre, comentando "Qué culo rico tiene tu novia, boludo".

Una noche en el departamento de Martín, después de unas cervezas, la conversación subió de tono. Valentina estaba sentada en el sofá con una pollera corta negra y bombacha blanca de algodón, tetas marcadas bajo la remerita fina, pezones rosados endurecidos por el aire acondicionado.

Martín miró a Pablo con una sonrisa.

—Che, Pablo… Valentina tiene un culo perfecto. ¿Querés verlo?

Valentina se sonrojó hasta las orejas, coño contrayéndose traicionero.

—Martín… no… qué vergüenza…

Pero Martín insistió, voz dominante:

—Dale, amor. Solo mostrarlo. Pablo es mi amigo, no pasa nada. Ponete de pie.



Valentina, inocente y obediente, se levantó temblando. Martín se paró detrás, le subió la pollera negra despacio, exponiendo sus nalgas carnoso redondas cubiertas por la bombacha blanca. Pablo jadeó, polla endureciéndose en los pantalones.

—Joder… qué culo rico —murmuró.

Martín bajó la bombacha de un tirón, dejándola caer a los tobillos. El ano rosado fruncido de Valentina quedó expuesto, apretado y virgen, rodeado de nalgas blancas perfectas, coño depilado debajo con labios rosados hinchados ya brillantes de jugos por la vergüenza excitada.

—Mirá esto, Pablo —dijo Martín, separando sus nalgas con manos—. El ano desnudo de mi novia inocente. Virgen total.

Valentina lloriqueó, lágrimas de vergüenza brotando:

—Martín… por favor… no lo muestres… qué vergüenza…

Pero su coño chorreaba jugos espesos por muslos internos, clítoris palpitando.

Pablo se acercó, polla dura presionando pantalones.

—¿Puedo… tocarlo? Solo un dedo…

Martín sonrió.

—Dale. Metéle un dedo en el ano virgen de mi novia.

Valentina sollozó:

—¡No, por favor! ¡No quiero un dedo ahí… Martín, decile que no!

Pero Martín la sostuvo firme.

—Shh, amor. Solo un dedo. Relájate.

Pablo escupió en su dedo índice y lo presionó contra el anillo fruncido rosado. Empujó despacio. El ano virgen se resistió, pero cedió con un pop quemante. Valentina gritó de dolor y vergüenza, lágrimas rodando fuerte por mejillas sonrojadas.

—¡Duele! ¡Sacalo, por favor! ¡No quería un dedo en mi ano virgen!

Pablo metió el dedo hasta el fondo, girándolo lento en su recto apretado y caliente, paredes internas convulsionando alrededor.

"¡Tu ano virgen es tan apretado, Valentina... apretás mi dedo como una puta inocente!"

Valentina lloraba, cuerpo temblando, pero su coño traicionero chorreaba jugos espesos por muslos, clítoris hinchado palpitando.

Martín miraba, polla dura goteando precum en pantalones. La escena lo excitó demasiado: su novia inocente con el ano dilatado por el dedo de su amigo, lágrimas de vergüenza, coño chorreando por humillación.



Sin tocarse, Martín eyaculó precoz: chorros calientes y espesos manchando sus pantalones desde adentro, semen rebosando por la tela mientras gemía "¡Joder... verte el ano virgen dilatado me hizo correrme sin manos!"

Pablo sacó el dedo con pop húmedo, ano quedando abierto rosado palpitante.

Valentina quedó temblando, lágrimas y jugos chorreando, pero con una sonrisa pequeña de placer prohibido.

Martín la besó.

—Buena chica... la próxima vez mostras un poquito más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Culona Vianey (Testigo de Jehova, Joven Casada Infiel)

LE ROMPE EL ORTO A MI NOVIA

Mi mejor amigo embarazo a mi mamá