Leche entre Amigas
Valeria tenía siete meses de embarazo y los pechos se le habían puesto enormes, pesados y sensibles. La leche le había bajado antes de tiempo. Cada vez que se cambiaba de sujetador, manchaba la tela. Estaba incómoda, caliente y frustrada. Esa tarde su mejor amiga, Camila, fue a visitarla. Se conocían desde la adolescencia. Camila era delgada, de tetas pequeñas y carácter juguetón. En cuanto vio a Valeria en bata, con la panza redonda y los pechos desbordando, abrió los ojos con curiosidad. —Estás enorme… —dijo tocando con cuidado la panza—. ¿Y eso? —preguntó señalando una mancha húmeda en la bata. Valeria se sonrojó. —Me bajó la leche. Y todavía ni nació. Es un desastre. Me duelen, se me escapan solos… Camila se quedó mirándola unos segundos. Después sonrió con picardía. —¿Puedo… verlos? Valeria dudó solo un momento. Eran mejores amigas. Se conocían de toda la vida. Asintió y se abrió la bata. Se bajó el sujetador de lactancia y dejó libres sus pechos hinchados, las areolas oscuras y a...