Los Amigos del Fútbol
Carolina estaba aburrida. Llevaba seis años casada con Matías y el sexo se había vuelto predecible, rápido y cada vez más escaso. Él prefería llegar del trabajo, comer, mirar una serie y dormirse. Ella tenía 29 años, el cuerpo todavía firme y unas ganas acumuladas que ya no podía ignorar. Cada sábado por la tarde Matías salía a jugar al fútbol con sus amigos. Siempre los mismos: Nico, Ramiro, Ezequiel y Tomás. Los cuatro iban seguido a su casa después del partido a tomar algo. Carolina los conocía de memoria. Y últimamente, cuando los veía llegar sudados, con las piernas fuertes y las risas fáciles, sentía un calor traicionero entre las piernas. Esa tarde Matías avisó que después del partido se iban a tomar una cerveza a otro lado. Que no lo esperara a cenar. Carolina sonrió sola en el sofá. Cinco minutos después de que él saliera, mandó un mensaje al grupo de los amigos (del que ella también formaba parte desde hacía tiempo): “Matías me dijo que no viene. Si quieren, pasen igual. Hay ...