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La Primera Consulta de Kiara

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Me llamo Kiara, tengo dieciocho años recién cumplidos y soy peruana. Mi familia se mudó a Buenos Aires cuando era chica, tengo la piel morena clara, cabello negro largo y liso que me llega a la cintura, ojos almendrados oscuros, nariz pequeña y labios carnosos que siempre parecen pintados aunque no lleve nada. Mi cuerpo es curvilíneo pero juvenil: tetas firmes de copa C que se mueven libres bajo la ropa, pezones oscuros grandes y gruesos que se endurecen con facilidad, cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo que hace que los jeans se me peguen. Mi coño es depilado, labios rosados gorditos que se hinchan rápido, clítoris pequeño pero muy sensible, y ano rosado fruncido que nunca nadie tocó. Nunca había ido al ginecólogo. Mis amigas me insistieron tanto que al final pedí turno en una clínica de Caballito. Llegué un jueves por la tarde, con un vestido corto floreado que se me subía un poco al caminar, sin sostén porque hacía calor, mis pezones oscuros marcados bajo la tela fina...

La Entrenadora

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Valeria tenía cuarenta y cuatro años y era la entrenadora estrella del "IronFit Gym" en Palermo, Buenos Aires. Su cuerpo era una obra maestra madura de dedicación: tetas grandes de copa DD firmes y pesadas que rebotaban bajo tops deportivos ajustados, pezones oscuros gruesos que se marcaban siempre como balas, abdomen marcado con una leve curva sexy de mujer experimentada, caderas anchas y un culo carnoso redondo que tensaba leggings hasta el límite, nalgas separadas por un surco profundo donde su ano rosado dilatado por plugs privados palpitaba. Su coño depilado era jugoso, labios gorditos hinchados que chorreaban jugos espesos almizclados salados después de cada clase, clítoris grande rojo palpitante que la hacía squirt chorros potentes si la follaban bien. Pelo negro lacio largo hasta la cintura, piel bronceada suave, ojos verdes dominantes que devoraban cuerpos jóvenes. Su alumno favorito era Tomás, dieciocho años recién cumplidos, un pendejo musculoso del barrio con pech...

El doctor me ayudo a cagar

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  Me llamo Aiko, tengo cincuenta y cinco años y soy japonesa de nacimiento, aunque llevo más de treinta viviendo en Buenos Aires. Mi cuerpo ya no es el de una joven: tetas grandes y pesadas de copa DD que cuelgan un poco con la edad, pezones oscuros grandes y gruesos que se endurecen con facilidad, piel blanca suave con algunas arrugas sutiles en el cuello y las manos, caderas anchas y un culo carnoso que se balancea al caminar, coño depilado con labios gorditos e hinchados que chorrean jugos almizclados cuando me excito. Mi pelo negro lacio me llega hasta el cuello, y mis ojos almendrados miran con esa timidez que nunca perdí del todo. Llevaba 8 días constipada: el abdomen hinchado, un dolor constante y pesado que no me dejaba en paz. Nada salía, por más que lo intentara. Al final, pedí turno con un joven doctor que me habían recomendado. El doctor era argentino, veinticinco años, alto y musculoso, pelo corto negro, ojos cafés intensos y una sonrisa profesional que ocultaba algo m...

La Doctora en la Consulta Privada

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La doctora Valeria tenía treinta y cinco años y un cuerpo que hacía que sus pacientes regresaran más de lo necesario. Curvas voluptuosas, tetas grandes de copa DD que desbordaban la bata blanca, pezones oscuros gruesos que se marcaban sutilmente bajo la tela fina, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas anchas y un culo carnoso que tensaba los pantalones del uniforme. Su pelo negro lacio le llegaba a la cintura, y sus ojos verdes tenían esa mezcla de autoridad y deseo que ponía nervioso a cualquiera. Esa tarde de jueves, la consulta estaba casi vacía. El último paciente era Nicolás, veinticinco años, un chico atlético pero tímido que llegó con una excusa vaga: “Dolor en la zona… me molesta al sentarme”. Valeria lo miró con una sonrisa profesional, pero sus ojos bajaron un segundo a la erección que ya se marcaba en los pantalones de él. —Desvestite de la cintura para abajo y subí a la camilla —dijo con voz calmada. Nicolás obedeció temblando. Se bajó los pantalones y los boxer...

El novio cornudo de mi amante se tragó mi lechita

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Tengo cuarenta y ocho años, soy calvo desde joven, pero buen mozo: alto, cuerpo cuidado en el gym, barba bien recortada y una presencia que hace que las mujeres me miren dos veces en la oficina. Trabajo en una consultora financiera en el Microcentro de Buenos Aires, y ahí conocí a Carla, mi amante. Treinta y dos años, pelirroja natural con melena larga y ondulada que le cae hasta la cintura, piel blanca con pecas en los hombros, tetas grandes de copa D que rebotan libres bajo las blusas ajustadas, pezones rosados grandes y sensibles que se marcan siempre, culo carnoso redondo que tensaba las faldas lápiz, y un coño depilado con labios gorditos hinchados que chorreaba jugos espesos almizclados como miel caliente cuando se excitaba, clítoris grande rojo palpitante que la hacía largar  potentes  chorros de  squirt . Carla estaba comprometida con un boludo llamado Pablo, un tipo normal de treinta años que trabajaba en otra empresa. Pero desde el primer "reunión después de hor...

El Espejismo de las Vecinas lesbianas

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En La Plata, esa ciudad de diagonales que parecen trazadas por un arquitecto soñador y melancólico, el verano se adhiere a la piel como un secreto que no quiere ser revelado. Las calles empedradas de la zona norte, con sus casas de techos altos y jardines ocultos tras rejas oxidadas, guardan historias que nadie cuenta en voz alta. Yo, Elena, de cincuenta y cinco años, divorciada desde hace una década, vivía en una de esas casas, con un balcón que daba al jardín de mi vecina, Marta, de cuarenta y tres, también divorciada, con esa gracia felina que el tiempo había pulido en lugar de erosionar. Marta era un enigma envuelto en carne: cabello negro lacio que le caía hasta la cintura como una cortina de noche, piel blanca con un leve bronceado de tardes en el patio, tetas grandes y pesadas que se movían con una lentitud hipnótica bajo las blusas de lino, pezones oscuros que se marcaban como promesas cuando el calor las hacía transpirar, caderas anchas y un culo carnoso que se balanceaba al c...