La Babysitter
Bianca tenía diecinueve años y un cuerpo que parecía tallado en el gimnasio: delgada pero con curvas perfectas, tetas firmes de copa C que rebotaban libres bajo tops ajustados, pezones rosados pequeños pero duros como piedritas, abdomen plano marcado por horas de cardio, caderas estrechas terminando en un culo redondo y alto que tensaba shorts deportivos, piernas largas y tonificadas, y un coño depilado con labios delgados rosados que se hinchaban rápido, clítoris pequeño pero ultrasensible que la hacía chorrear jugos dulces y transparentes como una fuente cuando se excitaba. Pelo rubio corto desordenado, ojos azules inocentes y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Era babysitter ocasional para parejas adineradas, y esa noche cuidaba a los hijos de Laura y Martín, una pareja de cuarenta y cinco y cuarenta y ocho años. Laura era una MILF curvilínea: tetas DD pesadas con pezones oscuros gruesos, culo carnoso, coño depilado chorreante. Martín, alto y musculoso con canas...