La Fantasía Compartida
Martín y Sofía llevaban cinco años casados. Ella era una mujer de treinta y dos años que parecía sacada de un sueño: pelo castaño largo y ondulado que le caía como una cascada hasta la mitad de la espalda, ojos miel que brillaban con picardía, labios carnosos siempre pintados de rojo suave, tetas grandes y firmes de copa D que se movían con cada paso, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas voluptuosas y un culo redondo y alto que tensaba cualquier prenda. Su piel era blanca y suave, con un leve bronceado natural que la hacía verse aún más apetecible. En la cama era apasionada, pero siempre había un límite: el anal la aterraba y los tríos le parecían algo imposible. Una noche, mientras bebían vino en el sofá, Sofía dejó caer la bomba con voz temblorosa pero decidida: —Martín… llevo meses pensando en algo. Quiero hacer un trío. Con tu hermano. Martín dejó la copa en la mesa y la miró fijamente. Se le aceleró el pulso. Su hermano, Nicolás, tenía treinta y cinco años, era más alto y...