La Fiesta de la Empresa: La Humillación Pública
Valeria tenía treinta y dos años y un cuerpo que hacía que todos en la empresa la miraran dos veces: tetas D-cup firmes y altas que se movían con cada paso, pezones oscuros que se marcaban bajo la blusa incluso con sostén, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas curvilíneas y un culo carnoso y redondo que tensaba la falda lápiz hasta el límite. Su pelo negro lacio le llegaba a la mitad de la espalda, y sus ojos verdes brillaban con una picardía que su marido, Marcos, conocía muy bien. Marcos tenía treinta y cinco años, un empleado promedio de la misma empresa, con una polla de diecisiete centímetros que funcionaba bien, pero que nunca había satisfecho del todo a Valeria. Desde hacía un año, habían empezado a jugar con la idea del cuckold: él la dejaba salir con otros, y luego ella volvía a casa con el coño lleno de semen ajeno para que él lo lamiera. Pero esta noche, en la fiesta de fin de año de la empresa, todo iba a ser diferente. Valeria se había puesto un vestido negro corto...