La Fiesta de la Empresa: La Humillación Pública
Valeria tenía treinta y dos años y un cuerpo que hacía que todos en la empresa la miraran dos veces: tetas D-cup firmes y altas que se movían con cada paso, pezones oscuros que se marcaban bajo la blusa incluso con sostén, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas curvilíneas y un culo carnoso y redondo que tensaba la falda lápiz hasta el límite. Su pelo negro lacio le llegaba a la mitad de la espalda, y sus ojos verdes brillaban con una picardía que su marido, Marcos, conocía muy bien.
Marcos tenía treinta y cinco años, un empleado promedio de la misma empresa, con una polla de diecisiete centímetros que funcionaba bien, pero que nunca había satisfecho del todo a Valeria. Desde hacía un año, habían empezado a jugar con la idea del cuckold: él la dejaba salir con otros, y luego ella volvía a casa con el coño lleno de semen ajeno para que él lo lamiera. Pero esta noche, en la fiesta de fin de año de la empresa, todo iba a ser diferente.
Valeria se había puesto un vestido negro corto y ajustado que dejaba ver el escote profundo y las piernas largas. No llevaba sostén: sus pezones oscuros se marcaban claramente bajo la tela fina. Marcos la miró con una mezcla de orgullo y excitación mientras entraban al salón de fiestas del hotel.
La noche empezó normal: brindis, música, baile. Pero Marcos notó cómo Javier, el compañero de ventas de treinta años, musculoso y alto, no le quitaba los ojos de encima a su esposa. Javier era el típico toro: abdomen marcado, brazos fuertes, y un bulto en los pantalones que no pasaba desapercibido. Marcos sabía que Javier tenía fama de tener una pija gruesa y larga.
Valeria bailaba con Javier en la pista. Sus cuerpos se rozaban, las manos de él bajaban por su cintura hasta casi el culo. Marcos los miraba desde la barra, polla endureciéndose en los pantalones mientras veía cómo su esposa se pegaba al cuerpo del otro.
De repente, Valeria le susurró algo al oído a Javier. Él sonrió y la tomó de la mano. Se dirigieron al pasillo que llevaba a los baños.
Marcos los siguió en silencio, corazón latiéndole fuerte. Se escondió detrás de una columna y vio cómo entraban al baño de hombres. La puerta quedó entreabierta.
Desde la rendija, Marcos vio todo.
Javier empujó a Valeria contra la pared del cubículo. Le levantó la falda y le arrancó el tanga negro de un tirón. Su coño depilado quedó expuesto: labios hinchados y rosados, clítoris grande y rojo palpitando, ya chorreando jugos por la excitación.
Javier se bajó los pantalones. Su pija saltó libre: veintidós centímetros gruesa y venosa, glande morado ancho goteando precum espeso.
Valeria gimió al verla.
—Joder… qué pija grande… —susurró.
Javier la levantó contra la pared, le abrió las piernas y la penetró de un empujón. Su coño se abrió alrededor de la pija gruesa, jugos chorreando por sus muslos.
—¡Sí… fóllame fuerte! —gritó Valeria, tetas rebotando bajo el vestido.
Javier embistió con fuerza, bolas peludas golpeando su perineo, coño apretando la pija en cada thrust. Valeria gemía alto, sin importarle que la oyeran.
—¡Lléname de leche, cabrón…! —gritó—. ¡Quiero tu semen en mi coño casado!
Marcos miraba, polla dura goteando precum en los pantalones, humillado pero excitado hasta el límite.
Javier aceleró, gruñendo:
—¡Toma mi leche, puta casada!
Eyaculó dentro: chorros calientes y espesos inundando el coño de Valeria, semen rebosando por los labios hinchados y goteando por sus muslos y el piso del baño.
Valeria se corrió al mismo tiempo, squirt chorreado empapando la pija de Javier y salpicando el suelo.
Javier la bajó, pija todavía dura goteando semen y jugos.
Entonces Marcos entró.
Valeria lo miró sorprendida, pero con una sonrisa cachonda.
—¿Viste todo, cornudo? —preguntó ella.
Marcos asintió, voz temblorosa.
—Sí… y ahora voy a limpiar.
Se arrodilló frente a ella. Valeria abrió las piernas, coño chorreando semen espeso y jugos. Marcos metió la lengua en sus labios hinchados, lamiendo el semen de Javier mezclado con sus jugos. Tragó todo, lengua hundiéndose profundo en su vagina, saboreando el creampie caliente y salado.
Valeria gemía, agarrándole la cabeza.
—Lame bien, cornudo… tragá el semen que tu amigo me dejó… oh, joder, me corro otra vez!
Squirt chorreado en la cara de Marcos, jugos dulces y semen mezclados empapándolo.
Javier miró la escena riendo.
—Tu mujer es una puta increíble, Marcos. La próxima fiesta la follamos los dos.
Marcos, humillado hasta el límite, se corrió en sus pantalones sin tocarse, semen manchando la tela mientras lamía el coño de su esposa lleno de leche ajena.
Desde esa noche, cada fiesta de la empresa terminó igual: Valeria follada por Javier, creampie rebosante, y Marcos lamiendo humillado. La humillación se volvió su secreto más excitante.

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