El novio cornudo de mi amante se tragó mi lechita
Tengo cuarenta y ocho años, soy calvo desde joven, pero buen mozo: alto, cuerpo cuidado en el gym, barba bien recortada y una presencia que hace que las mujeres me miren dos veces en la oficina. Trabajo en una consultora financiera en el Microcentro de Buenos Aires, y ahí conocí a Carla, mi amante. Treinta y dos años, pelirroja natural con melena larga y ondulada que le cae hasta la cintura, piel blanca con pecas en los hombros, tetas grandes de copa D que rebotan libres bajo las blusas ajustadas, pezones rosados grandes y sensibles que se marcan siempre, culo carnoso redondo que tensaba las faldas lápiz, y un coño depilado con labios gorditos hinchados que chorreaba jugos espesos almizclados como miel caliente cuando se excitaba, clítoris grande rojo palpitante que la hacía largar potentes chorros de squirt . Carla estaba comprometida con un boludo llamado Pablo, un tipo normal de treinta años que trabajaba en otra empresa. Pero desde el primer "reunión después de hor...