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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Hipnotizada en la clase de yoga

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Clase privada de yoga en el estudio desierto al atardecer, persianas bajas, luz ámbar filtrándose. Ana, 32 años, casada, cuerpo de gimnasio obsesivo: culo redondo y firme, tetas grandes y altas, cintura estrecha, piernas largas. Lleva leggings negros de lycra fina que se pegan como segunda piel, marcando cada curva de su coño depilado —labios mayores hinchados, clítoris apenas visible bajo la tela— y un top deportivo negro con tirantes finos que deja ver el reborde inferior de sus pechos, pezones ya apuntando por la excitación inconsciente. Marco, 38, profesor alto, hombros anchos, abdominales marcados bajo la camiseta ajustada, polla gruesa y larga que se insinúa en el pantalón de yoga gris. La cita “para una sesión especial de hipnosis profunda y liberación”. La hace tumbarse boca arriba en la colchoneta central, luces bajas, incienso de sándalo, música binaural suave. “Respira profundo… inhala mi voz… exhala tu voluntad… cada sílaba se clava en tu subconsciente… tu mente se vacía…...

La tia borracha en navidad

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  Era Navidad 2025. La familia reunida en la casa grande de los abuelos. Cena pesada, risas, regalos, brindis con sidra y vino tinto. A medianoche, todos se abrazaron, se desearon feliz Navidad y empezaron a dispersarse. Los primos pequeños se durmieron en el sillón, los tíos mayores subieron a sus cuartos tambaleantes, los padres se fueron a la cama agotados. A las 3:17 de la mañana, la casa estaba en silencio absoluto. Solo quedaban él, Mateo, 18 años recién cumplidos, y su tía Laura, 42, divorciada, con tres copas de más. Sentados en el sofá del living, frente a la chimenea que aún ardía bajito. Ella llevaba un vestido negro ajustado, escote profundo, medias negras, tacones que ya se había quitado. El maquillaje corrido, el pelo revuelto, los ojos brillosos por el alcohol. Mateo la miró. Ella le devolvió la mirada, lenta, sin parpadear. Se acercó un poco. Él le rozó la rodilla con la mano. Ella no se movió. Se inclinó más. Sus labios se encontraron. Beso suave al principio, labi...

El Chantaje del Jefe: La Humillación Total 2 árte

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 Después de esa primera "lección" en la oficina, donde Matías había tragado el semen espeso de Roberto hasta rebosar por su boca hetero, el chantaje se convirtió en una rutina diaria que lo consumía. Cada tarde, cuando la oficina se vaciaba, Roberto lo llamaba con un mensaje seco: "Vení a mi oficina, puta. Hora de tu dosis de pija jefe." Matías llegaba temblando, polla traicionera endureciéndose por anticipación y vergüenza, lágrimas contenidas brotando al cerrar la puerta con llave. "Jefe... por favor, borrá los videos ya... no aguanto más humillación." Pero Roberto rio siempre, polla dura presionando sus pantalones: "No hasta que tu ano virgen pruebe mi verga gruesa, Matías. Tu garganta hetero ya es mía... ahora quiero romperte el culo y llenarte de creampie hasta que rebose semen por tus nalgas." Matías resistía al principio, lágrimas rodando por mejillas sonrojadas: "¡No, jefe... soy hetero, mi ano es virgen, duele demasiado... solo la b...

Herencia Prohibida Acto 2: La Iniciación Cruda

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  Acto 2: La Iniciación Cruda El sol del mediodía se filtraba a través de las persianas de madera carcomida de la mansión, proyectando rayos polvorientos que danzaban como espectros lascivos sobre el piso de mármol agrietado del baño principal. El aire estaba cargado de un vapor espeso y pegajoso, no solo por el jacuzzi que burbujeaba con un ronroneo gutural como el de un amante impaciente, sino por el calor sofocante de diciembre que se colaba desde los viñedos adyacentes, trayendo consigo el aroma dulce y fermentado de uvas maduras a punto de reventar. Lucía entró primero, su corazón martilleando contra las costillas como un tambor de guerra, el uniforme gris –esa falda ridículamente corta que apenas rozaba la curva inferior de sus nalgas– pegándose a su piel olivácea por el sudor que ya perlaba su frente y trazaba surcos tentadores entre sus tetas firmes. Cada paso era una traición: el roce de sus muslos internos, desnudos bajo la falda porque había obedecido el mandato silenci...

La Pasante en la Oficina Después de Horas

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El edificio de la consultora en el centro de Buenos Aires estaba desierto a las nueve de la noche. Las luces de las oficinas superiores ya se habían apagado, y solo quedaba encendida la sala de reuniones del octavo piso. Allí, en la mesa ovalada de vidrio, rodeada de sillas de cuero negro, estaba Sofía. Tenía veintidós años, recién contratada como pasante. Cuerpo de gimnasio: tetas firmes de copa C que rebotaban bajo la blusa blanca, abdomen plano marcado, culo redondo y alto que tensaba la falda lápiz negra, piernas largas y definidas. Su coño depilado siempre estaba húmedo después de la jornada; el estrés y las miradas del equipo la ponían cachonda sin remedio. Pelo castaño lacio hasta los hombros, ojos cafés grandes y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Esa noche le habían pedido “quedarse a ayudar con unos reportes urgentes”. El equipo eran cinco hombres: el gerente de 45 (polla gruesa de 19 cm), el analista senior de 38 (curva venosa de 20 cm), el junior de 30 ...

La Noche del Femboy

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Lucas tenía veintinueve años, un tipo hetero normal, casado, con trabajo estable y una vida rutinaria. Nunca había mirado a otro hombre con deseo, pero todo cambió cuando conoció a Kai en una app de citas "para curiosos". Kai era un femboy de veintidós años: cuerpo delgado y suave como el de una chica, piel pálida impecable, pelo negro largo con mechas rosa, maquillaje sutil que le daba ojos de muñeca, tetas pequeñas hormonadas con pezones rosados siempre duros, culo redondo y alto que se movía como una invitación, y una pija que no tenía nada de delicada –veintidós centímetros gruesa, venosa, curva hacia arriba con glande morado ancho que goteaba precum constante y bolas pesadas llenas de semen espeso. La primera cita fue en un motel discreto. Lucas llegó nervioso, polla dura en los pantalones solo de pensar en lo que iba a pasar. Kai lo recibió con un vestido corto negro que apenas cubría su culo, medias de red y tacones altos. —Hola, papi hetero —susurró Kai con voz suave ...

La Doctora en la Consulta Privada

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 La doctora Valeria tenía treinta y cinco años y un cuerpo que hacía que muchos pacientes volvieran solo para verla. Curvas voluptuosas, tetas grandes de copa DD que desbordaban la bata blanca, pezones oscuros gruesos que se marcaban sutilmente bajo la tela fina, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas anchas y un culo carnoso que tensaba los pantalones del uniforme. Su pelo negro lacio le llegaba a la cintura, y sus ojos verdes tenían esa mezcla de autoridad y deseo que ponía nervioso a cualquiera. Ese jueves por la tarde, la consulta estaba casi vacía. El último paciente era Nicolás, veinticinco años, un chico atlético pero tímido que llegó con una historia vaga: “Dolor en la zona… no sé, me molesta al sentarme”. Valeria lo miró con una sonrisa profesional, pero sus ojos bajaron un segundo a la erección que ya se marcaba en los pantalones de él. —Desvestite de la cintura para abajo y subí a la camilla —dijo con voz calmada. Nicolás obedeció temblando. Se bajó los pantalones...

La Fiesta de la Empresa: La Humillación Pública

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Valeria tenía treinta y dos años y un cuerpo que hacía que todos en la empresa la miraran dos veces: tetas D-cup firmes y altas que se movían con cada paso, pezones oscuros que se marcaban bajo la blusa incluso con sostén, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas curvilíneas y un culo carnoso y redondo que tensaba la falda lápiz hasta el límite. Su pelo negro lacio le llegaba a la mitad de la espalda, y sus ojos verdes brillaban con una picardía que su marido, Marcos, conocía muy bien. Marcos tenía treinta y cinco años, un empleado promedio de la misma empresa, con una polla de diecisiete centímetros que funcionaba bien, pero que nunca había satisfecho del todo a Valeria. Desde hacía un año, habían empezado a jugar con la idea del cuckold: él la dejaba salir con otros, y luego ella volvía a casa con el coño lleno de semen ajeno para que él lo lamiera. Pero esta noche, en la fiesta de fin de año de la empresa, todo iba a ser diferente. Valeria se había puesto un vestido negro corto...

La Reunión de Evaluación

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Lucía tenía treinta años y un cuerpo que seguía atrayendo miradas en la oficina: tetas firmes de copa D que se marcaban bajo las blusas ajustadas, pezones oscuros que se endurecían con el aire acondicionado, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas curvilíneas y un culo redondo que tensaba las faldas lápiz hasta el límite. Su pelo castaño lacio le llegaba a la mitad de la espalda, y sus ojos verdes siempre parecían pedir disculpas. Trabajaba como analista en una consultora del Microcentro de Buenos Aires, pero sus números no cerraban. Llevaba tres meses con malas evaluaciones, y hoy era la reunión final con su jefe, don Héctor. Héctor tenía cincuenta años, un hombre alto y robusto con canas en las sienes, voz grave y una autoridad que imponía silencio en las reuniones. Su escritorio era enorme, de caoba oscura, y la oficina tenía persianas que bajaban con un botón. —Sentate, Lucía —dijo él, sin levantar la vista del expediente—. Tus números son un desastre. Si no mejorás, te despi...

Mi Amante y Sus Sobrinas

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Me llamo Carlos y tengo cincuenta años. Hace tres años conocí a Laura, una mujer de cuarenta y cinco con un cuerpo que me volvió loco desde el primer día: tetas enormes de copa E que desbordan cualquier sostén, pezones oscuros grandes y gruesos que se endurecen con solo mirarlos, cintura suave que se ensancha en caderas anchas, culo carnoso y redondo que se mueve como una invitación, y un coño depilado con labios gorditos que chorrean jugos espesos y calientes cuando se excita. Su pelo negro lacio y largo le cae hasta la mitad de la espalda, piel blanca suave y ojos verdes que miran con deseo puro. Laura y yo vivimos juntos desde hace dos años. El sexo es intenso: me monta con esas tetas rebotando en mi cara, me hace tragar sus pezones mientras me folla el coño chorreante, o me pide que le coma el culo hasta que squirtée en mi boca. Pero siempre había una fantasía que me confesó una noche, borracha de vino: sus dos sobrinas políticas, hijas de su cuñada. Ambas de dieciocho años recién ...

La Traición en el Motel

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  Me llamo Camila, tengo diecinueve años y siempre fui la gordita del grupo. No la típica flaca que todas quieren, pero con curvas que hacen que los hombres se den vuelta: tetas grandes de copa E que rebotan cuando camino, pezones oscuros grandes y sensibles que se marcan con cualquier roce, barriguita suave y redonda que me hace sentir más puta, caderas anchas y culo enorme y carnoso que se desborda en los jeans. Mi coño es depilado, labios gorditos y carnosos que se abren fácil, clítoris grande y rojo que se hincha al instante y me hace chorrear jugos espesos cuando me caliento. Mi mejor amiga, Sofía, tiene un novio que me vuelve loca: Lucas, veintidós años, alto, moreno, con cuerpo de gimnasio y una pija que ella dice que es "demasiado grande". Siempre que se besaban delante mío o cuando ella me contaba detalles, me mojaba el tanga. Quería esa pija dentro mío. Quería que me rompiera el coño y el culo. Un día, Sofía me contó que Lucas iba a salir con sus amigos a tomar algo...

El Sugar Daddy

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  Tenía ochenta y seis años y, aunque el cuerpo ya no respondía como antes, la cabeza y la billetera seguían siendo las de un hombre que sabía lo que quería. Me llamaba don Ricardo, pero las chicas de la app me decían “papito rico” o directamente “papi”. No me importaba. Después de tres viudezas y una fortuna que no se acababa, me sobraba el dinero y me faltaba compañía joven. La vi en la aplicación: dieciocho años recién cumplidos, pelo castaño largo que le llegaba hasta la cintura, ojos miel grandes y una sonrisa tímida que escondía ganas. Su perfil decía “estudiante de diseño buscando ayuda con la facultad”. Fotos: ella en bikini en la playa, tetas firmes de copa C asomando por el escote, culo redondo y alto que se marcaba en shorts cortitos, piernas largas y piel blanca suave. Se llamaba Sofía. Le escribí directo: “Bonita, si querés que te ayude con la facultad y con todo lo que necesites, vení a mi casa mañana. Te doy 500 dólares por hora y te hago la vida más fácil. Sin presi...