Mi Amante y Sus Sobrinas
Me llamo Carlos y tengo cincuenta años. Hace tres años conocí a Laura, una mujer de cuarenta y cinco con un cuerpo que me volvió loco desde el primer día: tetas enormes de copa E que desbordan cualquier sostén, pezones oscuros grandes y gruesos que se endurecen con solo mirarlos, cintura suave que se ensancha en caderas anchas, culo carnoso y redondo que se mueve como una invitación, y un coño depilado con labios gorditos que chorrean jugos espesos y calientes cuando se excita. Su pelo negro lacio y largo le cae hasta la mitad de la espalda, piel blanca suave y ojos verdes que miran con deseo puro.
Laura y yo vivimos juntos desde hace dos años. El sexo es intenso: me monta con esas tetas rebotando en mi cara, me hace tragar sus pezones mientras me folla el coño chorreante, o me pide que le coma el culo hasta que squirtée en mi boca. Pero siempre había una fantasía que me confesó una noche, borracha de vino: sus dos sobrinas políticas, hijas de su cuñada. Ambas de dieciocho años recién cumplidos, primas segundas entre sí, blancas, pelo negro lacio largo hasta la cintura, cuerpos juveniles pero ya con curvas: tetas firmes de copa C, culos redondos y altos, coños depilados y ano virgen que ella imaginaba lamiendo.
Una tarde, Laura me dijo: “Carlos… quiero que las invite a casa. Quiero que las tres te follemos. Quiero que las cojas a las tres, que nos chupemos los coños entre nosotras mientras vos nos mirás. ¿Aceptás?”
Mi pija se puso dura al instante.
—Claro que sí, mi amor. Pero ellas tienen que querer.
Laura sonrió.
—Las llamé. Vienen este sábado. Y ya saben lo que va a pasar.
Llegaron las dos juntas. Se llamaban Martina y Valentina. Martina era la más alta, piel blanca como porcelana, tetas C-cup firmes con pezones rosados pequeños pero duros, culo alto y redondo que se marcaba en el short blanco. Valentina más curvilínea, tetas también C-cup pero más llenas, culo grande y carnoso, pezones oscuros como los de Laura. Las dos con pelo negro lacio largo, ojos cafés grandes y labios carnosos pintados de rosa.
Laura las recibió con besos en la boca, lengua incluida. Las tres se miraron y sonrieron.
—Hola, tío Carlos —dijo Martina, mirándome la pija que ya se marcaba en el pantalón—. Mi tía nos contó todo. Queremos que nos cojas.
Valentina se acercó, me besó profundo y me apretó la pija por encima del pantalón.
—Vamos a la cama —dijo Laura.
Entramos al dormitorio. Las tres se desnudaron al mismo tiempo. Laura se quitó el vestido negro, tetas E saltando libres, pezones oscuros gruesos erectos. Martina y Valentina se quitaron los tops y shorts: tetas firmes rebotando, coños depilados con labios rosados ya hinchados, jugos brillando entre muslos.
Se subieron a la cama. Laura se sentó en mi cara: “Lamé mi coño maduro, amor.” Metí la lengua en sus labios gorditos, succionando clítoris grande rojo mientras Martina y Valentina se besaban, tetas rozándose, pezones duros chocando.
Laura gemía ronca: “¡Sí, chupá mi clítoris… miren cómo me come la concha vuestra tía!”
Martina se arrodilló entre mis piernas, me bajó los pantalones y me chupó la pija: lengua lamiendo glande, garganta profunda hasta arcadas, saliva goteando por mis bolas.
Valentina se sentó sobre mi mano: “Meteme los dedos, tío… mi conchita virgen chorrea por vos.”
Metí tres dedos en su coño apretado, follándola mientras ella gemía y se frotaba el clítoris.
Laura se corrió primero: squirt chorreado en mi cara, jugos espesos y calientes inundándome la boca. “¡Tragá mi squirt, amor!”
Cambiamos posiciones. Martina se puso a cuatro patas: “Fóllame el coño, tío… soy virgen ahí.” La penetré de un empujón, coño apretado tragando mi pija hasta las bolas. Ella gritó de placer, culo rebotando con cada embestida.
Valentina se sentó sobre su cara: “Lamé mi concha, prima… chupá mi clítoris.”
Laura se puso detrás mío, lamiéndome las bolas mientras follaba a Martina.
Valentina se corrió en la boca de Martina: squirt dulce chorreando por su cara.
Yo saqué la pija de Martina y la metí en el ano de Laura: “Abrí tu culo maduro, puta.”
Laura gritó: “¡Sí… rómpeme el ano mientras miran las nenas!”
Follé su ano con fuerza, bolas golpeando coño chorreante. Martina y Valentina se frotaban los coños entre ellas, scissoring chorreante.
Me corrí en el ano de Laura: chorros espesos y calientes rebosando por sus nalgas, semen blanco goteando por muslos.
Las tres se tumbaron, coños y anos chorreando, tetas rebotando, semen y squirt mezclados.
Laura me besó: “Gracias, amor… mis sobrinas son unas putas perfectas.”
Martina y Valentina sonrieron: “Volvemos cuando quieras, tío… queremos más.”
Desde entonces, vienen dos veces por semana. La casa se llena de gemidos, coños chorreando, tetas rebotando y semen espeso goteando por todos lados. Mi novia de 45 y sus sobrinas de 18: la familia perfecta.

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