La Exhibición
Valentina tenía veintiséis años y era la definición de inocencia: una chica tímida que se sonrojaba con cualquier comentario subido de tono, cuerpo curvilíneo pero suave –tetas firmes de copa D que rebotaban bajo blusas holgadas, pezones rosados grandes y sensibles que se endurecían al frío o al nerviosismo, cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo y carnoso que se marcaba en las polleras ajustadas, piel blanca suave con un leve bronceado, pelo castaño largo lacio cayendo hasta la cintura, ojos cafés grandes y expresivos que miraban con candidez, labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Su coño depilado era rosado y apretado, labios hinchados que chorreaban jugos almizclados dulces al excitarse, clítoris protuberante rojo que palpitaba visiblemente, y un ano rosado fruncido completamente virgen que nunca había sido tocado por nadie. Su novio, Martín, de veintiocho años, era todo lo contrario: dominante, cachondo constante, con una polla gruesa de diecinue...