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La Exhibición

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  Valentina tenía veintiséis años y era la definición de inocencia: una chica tímida que se sonrojaba con cualquier comentario subido de tono, cuerpo curvilíneo pero suave –tetas firmes de copa D que rebotaban bajo blusas holgadas, pezones rosados grandes y sensibles que se endurecían al frío o al nerviosismo, cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo y carnoso que se marcaba en las polleras ajustadas, piel blanca suave con un leve bronceado, pelo castaño largo lacio cayendo hasta la cintura, ojos cafés grandes y expresivos que miraban con candidez, labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Su coño depilado era rosado y apretado, labios hinchados que chorreaban jugos almizclados dulces al excitarse, clítoris protuberante rojo que palpitaba visiblemente, y un ano rosado fruncido completamente virgen que nunca había sido tocado por nadie. Su novio, Martín, de veintiocho años, era todo lo contrario: dominante, cachondo constante, con una polla gruesa de diecinue...

La Extorsión de una milf

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 Lucas y Tomás tenían diecinueve años, dos pendejos musculosos del barrio de Villa Urquiza, Buenos Aires, que pasaban los días en el gym y las noches en fiestas y pajas colectivas viendo porno MILF. Eran amigos de Mateo, un chico de su misma edad, pero su verdadero objetivo era la madre de Mateo: Valeria, una mujer de cuarenta y dos años que era un pecado andante –curvas maduras que el yoga había mantenido perfectas, tetas DD pesadas y jugosas que rebotaban libres bajo blusas escotadas, pezones oscuros gruesos que se marcaban siempre, caderas anchas terminando en un culo carnoso redondo que tensaba leggings hasta el límite, y un coño depilado con labios gorditos hinchados que chorreaba jugos espesos almizclados cuando se excitaba, clítoris grande rojo palpitante que la hacía squirt chorros calientes si la follaban bien. Pelo negro lacio largo hasta la cintura, piel blanca suave, ojos verdes que brillaban con una mezcla de autoridad maternal y deseo reprimido. Valeria era divorciada...

La Transformación de Alex

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Alex tenía dieciocho años recién cumplidos y un secreto que lo consumía: quería ser transexual. Desde los quince se miraba al espejo fantaseando con tetas, maquillaje, ropa femenina y una pija entrando en su culo virgen. Se masturbaba viendo porno de femboys y travestis follados por hombres musculosos, semen espeso rebosando por anos dilatados y caras cubiertas de leche caliente. Pero nunca había dado el paso. Era tímido, virgen total, con un cuerpo delgado y suave que ya parecía femenino: piel blanca impecable, culo redondo y alto, pelo castaño largo que le llegaba a los hombros, y una polla pequeña que se ponía dura solo de pensar en ser usado como puta. Su amigo Matías, de diecinueve, lo sabía todo. Eran amigos desde la secundaria, y Alex le había confesado su deseo una noche borrachos. Matías, un tipo alto y musculoso con polla gruesa de veinte centímetros venosa, siempre lo había mirado con lujuria oculta. Un viernes, Matías lo llamó: "Vení a la quinta de mis viejos este fin ...

Hipnotizada en la clase de yoga

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Clase privada de yoga en el estudio desierto al atardecer, persianas bajas, luz ámbar filtrándose. Ana, 32 años, casada, cuerpo de gimnasio obsesivo: culo redondo y firme, tetas grandes y altas, cintura estrecha, piernas largas. Lleva leggings negros de lycra fina que se pegan como segunda piel, marcando cada curva de su coño depilado —labios mayores hinchados, clítoris apenas visible bajo la tela— y un top deportivo negro con tirantes finos que deja ver el reborde inferior de sus pechos, pezones ya apuntando por la excitación inconsciente. Marco, 38, profesor alto, hombros anchos, abdominales marcados bajo la camiseta ajustada, polla gruesa y larga que se insinúa en el pantalón de yoga gris. La cita “para una sesión especial de hipnosis profunda y liberación”. La hace tumbarse boca arriba en la colchoneta central, luces bajas, incienso de sándalo, música binaural suave. “Respira profundo… inhala mi voz… exhala tu voluntad… cada sílaba se clava en tu subconsciente… tu mente se vacía…...

La tia borracha en navidad

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  Era Navidad 2025. La familia reunida en la casa grande de los abuelos. Cena pesada, risas, regalos, brindis con sidra y vino tinto. A medianoche, todos se abrazaron, se desearon feliz Navidad y empezaron a dispersarse. Los primos pequeños se durmieron en el sillón, los tíos mayores subieron a sus cuartos tambaleantes, los padres se fueron a la cama agotados. A las 3:17 de la mañana, la casa estaba en silencio absoluto. Solo quedaban él, Mateo, 18 años recién cumplidos, y su tía Laura, 42, divorciada, con tres copas de más. Sentados en el sofá del living, frente a la chimenea que aún ardía bajito. Ella llevaba un vestido negro ajustado, escote profundo, medias negras, tacones que ya se había quitado. El maquillaje corrido, el pelo revuelto, los ojos brillosos por el alcohol. Mateo la miró. Ella le devolvió la mirada, lenta, sin parpadear. Se acercó un poco. Él le rozó la rodilla con la mano. Ella no se movió. Se inclinó más. Sus labios se encontraron. Beso suave al principio, labi...

El Chantaje del Jefe: La Humillación Total 2 árte

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 Después de esa primera "lección" en la oficina, donde Matías había tragado el semen espeso de Roberto hasta rebosar por su boca hetero, el chantaje se convirtió en una rutina diaria que lo consumía. Cada tarde, cuando la oficina se vaciaba, Roberto lo llamaba con un mensaje seco: "Vení a mi oficina, puta. Hora de tu dosis de pija jefe." Matías llegaba temblando, polla traicionera endureciéndose por anticipación y vergüenza, lágrimas contenidas brotando al cerrar la puerta con llave. "Jefe... por favor, borrá los videos ya... no aguanto más humillación." Pero Roberto rio siempre, polla dura presionando sus pantalones: "No hasta que tu ano virgen pruebe mi verga gruesa, Matías. Tu garganta hetero ya es mía... ahora quiero romperte el culo y llenarte de creampie hasta que rebose semen por tus nalgas." Matías resistía al principio, lágrimas rodando por mejillas sonrojadas: "¡No, jefe... soy hetero, mi ano es virgen, duele demasiado... solo la b...

Herencia Prohibida Acto 2: La Iniciación Cruda

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  Acto 2: La Iniciación Cruda El sol del mediodía se filtraba a través de las persianas de madera carcomida de la mansión, proyectando rayos polvorientos que danzaban como espectros lascivos sobre el piso de mármol agrietado del baño principal. El aire estaba cargado de un vapor espeso y pegajoso, no solo por el jacuzzi que burbujeaba con un ronroneo gutural como el de un amante impaciente, sino por el calor sofocante de diciembre que se colaba desde los viñedos adyacentes, trayendo consigo el aroma dulce y fermentado de uvas maduras a punto de reventar. Lucía entró primero, su corazón martilleando contra las costillas como un tambor de guerra, el uniforme gris –esa falda ridículamente corta que apenas rozaba la curva inferior de sus nalgas– pegándose a su piel olivácea por el sudor que ya perlaba su frente y trazaba surcos tentadores entre sus tetas firmes. Cada paso era una traición: el roce de sus muslos internos, desnudos bajo la falda porque había obedecido el mandato silenci...