Hipnotizada en la clase de yoga
Clase privada de yoga en el estudio desierto al atardecer, persianas bajas, luz ámbar filtrándose. Ana, 32 años, casada, cuerpo de gimnasio obsesivo: culo redondo y firme, tetas grandes y altas, cintura estrecha, piernas largas. Lleva leggings negros de lycra fina que se pegan como segunda piel, marcando cada curva de su coño depilado —labios mayores hinchados, clítoris apenas visible bajo la tela— y un top deportivo negro con tirantes finos que deja ver el reborde inferior de sus pechos, pezones ya apuntando por la excitación inconsciente. Marco, 38, profesor alto, hombros anchos, abdominales marcados bajo la camiseta ajustada, polla gruesa y larga que se insinúa en el pantalón de yoga gris. La cita “para una sesión especial de hipnosis profunda y liberación”. La hace tumbarse boca arriba en la colchoneta central, luces bajas, incienso de sándalo, música binaural suave. “Respira profundo… inhala mi voz… exhala tu voluntad… cada sílaba se clava en tu subconsciente… tu mente se vacía…...