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La Seducción de la amiga lesbiana de mi hija

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  Soy Claudia, tengo cuarenta y cinco años y, aunque no lo parezca por cómo me miro al espejo a veces, todavía me siento con ganas de todo. Mi hija se fue a estudiar a Córdoba hace unos meses y la casa quedó demasiado silenciosa. Demasiado vacía. Y yo, con este cuerpo que ya no es de veinte pero que sigue dando que hablar —tetas grandes, culo que no se rinde, y un coño que se moja solo con pensar en cosas prohibidas—, empecé a sentir un vacío que el vino no alcanzaba a llenar. Bianca, la mejor amiga de mi hija, siempre me había mirado distinto. Desde que la veía venir a casa con ella, adolescente todavía, ya me clavaba esos ojos verdes de gata curiosa. Se ponía nerviosa cuando me acercaba, se le subía el color a las mejillas cada vez que me ponía un escote o me inclinaba para servirle algo. Yo lo sabía. Y me encantaba. Un viernes por la tarde, con la casa sola y el calor pegajoso del verano porteño, decidí actuar. La llamé. —Bianca, linda, ¿podés venir un rato? Estoy aburrida, me v...

Atada a una silla y engañada terriblemente

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  Laura tenía veinticinco años, un cuerpo que volvía loco a cualquiera: piel blanca suave, tetas firmes de copa C con pezones oscuros grandes y gruesos que se marcaban siempre bajo la ropa, cintura estrecha y culo redondo que tensaba los jeans. Su novio, Diego, de veintiocho, era un tipo normal, pero con una fantasía oscura que nunca le había confesado del todo: quería verla follada por otro, sin que ella lo supiera, para después disfrutar del secreto. Una noche, después de cenar en casa, Diego le propuso algo diferente. Estaba desnuda en el sofá, solo con una tanga negra, bebiendo vino. —Amor… ¿te animarías a probar algo más intenso? —dijo él, voz baja—. Quiero atarte a la silla, vendarte los ojos y amordazarte. Solo yo, solo nosotros. Para que te entregues completamente. Laura se mordió el labio. Siempre había sido curiosa, pero tímida con lo extremo. —¿Y si me da miedo? ¿O quiero parar? —Justo por eso —respondió Diego—. Si estás atada y amordazada, no podrás echarte atrás. Será ...

La Primera Vez de Valentina

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Valentina tenía diecinueve años y ya no aguantaba más. Todas sus amigas habían perdido la virginidad hacía tiempo: en fiestas de 18, en viajes de egreso, en autos prestados o en departamentos de padres ausentes. Ella no. Cada vez que alguien le preguntaba, mentía con una sonrisa, decía que “ya había pasado” o que “no era para tanto”. Pero por dentro se sentía atrasada, como si le faltara un pedazo de vida. Quería saber qué se sentía, quería dejar de ser “la virgen del grupo”. Así que cuando conoció a Diego en una app, un hombre de treinta años con perfil discreto, buena foto y mensajes directos pero no groseros, aceptó la cita sin dudarlo. “Hoy es el día”, se dijo mientras se miraba al espejo, eligiendo un vestido negro corto que le marcaba las tetas firmes de copa C y el culo redondo que nunca había sido tocado por nadie más que ella misma. Diego la pasó a buscar en auto. Era alto, moreno, con barba de tres días y una voz grave que le dio escalofríos. La llevó a un departamento en Pal...

La Fantasía Compartida

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Martín y Sofía llevaban cinco años casados. Ella era una mujer de treinta y dos años que parecía sacada de un sueño: pelo castaño largo y ondulado que le caía como una cascada hasta la mitad de la espalda, ojos miel que brillaban con picardía, labios carnosos siempre pintados de rojo suave, tetas grandes y firmes de copa D que se movían con cada paso, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas voluptuosas y un culo redondo y alto que tensaba cualquier prenda. Su piel era blanca y suave, con un leve bronceado natural que la hacía verse aún más apetecible. En la cama era apasionada, pero siempre había un límite: el anal la aterraba y los tríos le parecían algo imposible. Una noche, mientras bebían vino en el sofá, Sofía dejó caer la bomba con voz temblorosa pero decidida: —Martín… llevo meses pensando en algo. Quiero hacer un trío. Con tu hermano. Martín dejó la copa en la mesa y la miró fijamente. Se le aceleró el pulso. Su hermano, Nicolás, tenía treinta y cinco años, era más alto y...

La Sesión Prohibida

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Ana tenía veintitrés años, una gordita voluptuosa que el mundo había bendecido con curvas que volvían locos a todos los que la miraban: tetas enormes de copa E que rebotaban pesadas bajo cualquier blusa, pezones rosados gruesos y sensibles que se endurecían al menor roce de tela o aire frío, aureolas anchas y arrugadas como invitación a chuparlas hasta que dolieran, barriga suave y redonda que se mecía con cada paso, caderas anchas que terminaban en un culo gigante y carnoso que tensaba los jeans hasta el punto de ruptura, nalgas separadas por un surco profundo y húmedo donde su ano rosado fruncido asomaba tentador cuando se agachaba, y un coño depilado con labios mayores hinchados y gorditos que se abrían como pétalos jugosos al excitarse, clítoris protuberante y rojo que palpitaba visiblemente bajo tangas minúsculos, chorreando jugos espesos y almizclados como miel caliente y pegajosa cuando se calentaba, dejando manchas oscuras en la ropa interior después de cada fantasía reprimida....

El Chantaje del Jefe: La Humillación Total

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Roberto tenía cincuenta años, un jefe de división en una multinacional de logística en el Microcentro de Buenos Aires, con un cuerpo que el poder y el gimnasio privado habían esculpido en autoridad pura: alto y ancho de hombros, abdomen marcado con vello gris plateado descendiendo como un camino prohibido hacia su entrepierna, pecho velloso y duro que tensaba las camisas blancas impecables hasta el punto de que los botones parecían rogar por liberarse, brazos fuertes con venas protuberantes que se marcaban al firmar contratos o al apretar un cuello en "reuniones privadas", y una polla que era su arma secreta y orgullo oculto –diecinueve centímetros de carne gruesa y venosa como raíces antiguas enfurecidas, eje ancho con venas latiendo visiblemente cuando se excitaba, glande morado y bulboso ancho como una ciruela madura que goteaba precum espeso, transparente y salado como lágrimas de lujuria constante, bolas pesadas y peludas llenas de semen acumulado que colgaban bajas como...

El Secreto del Gimnasio Femenino: Duchas Prohibidas

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