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El doctor me ayudo a cagar

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  Me llamo Aiko, tengo cincuenta y cinco años y soy japonesa de nacimiento, aunque llevo más de treinta viviendo en Buenos Aires. Mi cuerpo ya no es el de una joven: tetas grandes y pesadas de copa DD que cuelgan un poco con la edad, pezones oscuros grandes y gruesos que se endurecen con facilidad, piel blanca suave con algunas arrugas sutiles en el cuello y las manos, caderas anchas y un culo carnoso que se balancea al caminar, coño depilado con labios gorditos e hinchados que chorrean jugos almizclados cuando me excito. Mi pelo negro lacio me llega hasta el cuello, y mis ojos almendrados miran con esa timidez que nunca perdí del todo. Llevaba 8 días constipada: el abdomen hinchado, un dolor constante y pesado que no me dejaba en paz. Nada salía, por más que lo intentara. Al final, pedí turno con un joven doctor que me habían recomendado. El doctor era argentino, veinticinco años, alto y musculoso, pelo corto negro, ojos cafés intensos y una sonrisa profesional que ocultaba algo m...

La Doctora en la Consulta Privada

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La doctora Valeria tenía treinta y cinco años y un cuerpo que hacía que sus pacientes regresaran más de lo necesario. Curvas voluptuosas, tetas grandes de copa DD que desbordaban la bata blanca, pezones oscuros gruesos que se marcaban sutilmente bajo la tela fina, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas anchas y un culo carnoso que tensaba los pantalones del uniforme. Su pelo negro lacio le llegaba a la cintura, y sus ojos verdes tenían esa mezcla de autoridad y deseo que ponía nervioso a cualquiera. Esa tarde de jueves, la consulta estaba casi vacía. El último paciente era Nicolás, veinticinco años, un chico atlético pero tímido que llegó con una excusa vaga: “Dolor en la zona… me molesta al sentarme”. Valeria lo miró con una sonrisa profesional, pero sus ojos bajaron un segundo a la erección que ya se marcaba en los pantalones de él. —Desvestite de la cintura para abajo y subí a la camilla —dijo con voz calmada. Nicolás obedeció temblando. Se bajó los pantalones y los boxer...

El novio cornudo de mi amante se tragó mi lechita

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Tengo cuarenta y ocho años, soy calvo desde joven, pero buen mozo: alto, cuerpo cuidado en el gym, barba bien recortada y una presencia que hace que las mujeres me miren dos veces en la oficina. Trabajo en una consultora financiera en el Microcentro de Buenos Aires, y ahí conocí a Carla, mi amante. Treinta y dos años, pelirroja natural con melena larga y ondulada que le cae hasta la cintura, piel blanca con pecas en los hombros, tetas grandes de copa D que rebotan libres bajo las blusas ajustadas, pezones rosados grandes y sensibles que se marcan siempre, culo carnoso redondo que tensaba las faldas lápiz, y un coño depilado con labios gorditos hinchados que chorreaba jugos espesos almizclados como miel caliente cuando se excitaba, clítoris grande rojo palpitante que la hacía largar  potentes  chorros de  squirt . Carla estaba comprometida con un boludo llamado Pablo, un tipo normal de treinta años que trabajaba en otra empresa. Pero desde el primer "reunión después de hor...

El Espejismo de las Vecinas lesbianas

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En La Plata, esa ciudad de diagonales que parecen trazadas por un arquitecto soñador y melancólico, el verano se adhiere a la piel como un secreto que no quiere ser revelado. Las calles empedradas de la zona norte, con sus casas de techos altos y jardines ocultos tras rejas oxidadas, guardan historias que nadie cuenta en voz alta. Yo, Elena, de cincuenta y cinco años, divorciada desde hace una década, vivía en una de esas casas, con un balcón que daba al jardín de mi vecina, Marta, de cuarenta y tres, también divorciada, con esa gracia felina que el tiempo había pulido en lugar de erosionar. Marta era un enigma envuelto en carne: cabello negro lacio que le caía hasta la cintura como una cortina de noche, piel blanca con un leve bronceado de tardes en el patio, tetas grandes y pesadas que se movían con una lentitud hipnótica bajo las blusas de lino, pezones oscuros que se marcaban como promesas cuando el calor las hacía transpirar, caderas anchas y un culo carnoso que se balanceaba al c...

La Lección Privada

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Tengo cuarenta y ocho años y me llamo Claudia. Era profesora de piano en una academia privada de Buenos Aires, divorciada hace cinco, con un cuerpo que el tiempo había hecho más voluptuoso: tetas grandes de copa DD que desbordaban cualquier sostén, pezones oscuros gruesos que se endurecían con el roce de la blusa de seda, caderas anchas y un culo carnoso que se movía lento cuando caminaba por el aula. Mi pelo negro lacio me llegaba a la cintura, y mis ojos verdes tenían esa mirada que hacía que las alumnas jóvenes se sonrojaran sin saber por qué. Mi alumna favorita era Lucía, diecinueve años recién cumplidos. Una jovencita delgada pero con curvas perfectas: tetas firmes de copa C que rebotaban bajo las remeritas ajustadas, pezones rosados pequeños pero siempre duros, cintura estrecha, culo redondo y alto que se marcaba en los jeans cortos, piernas largas y suaves, y un coño depilado que yo imaginaba rosado y apretado, labios delgados que se hinchaban fácil. Su pelo castaño largo caía e...

La Babysitter

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Bianca tenía diecinueve años y un cuerpo que parecía tallado en el gimnasio: delgada pero con curvas perfectas, tetas firmes de copa C que rebotaban libres bajo tops ajustados, pezones rosados pequeños pero duros como piedritas, abdomen plano marcado por horas de cardio, caderas estrechas terminando en un culo redondo y alto que tensaba shorts deportivos, piernas largas y tonificadas, y un coño depilado con labios delgados rosados que se hinchaban rápido, clítoris pequeño pero ultrasensible que la hacía chorrear jugos dulces y transparentes como una fuente cuando se excitaba. Pelo rubio corto desordenado, ojos azules inocentes y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Era babysitter ocasional para parejas adineradas, y esa noche cuidaba a los hijos de Laura y Martín, una pareja de cuarenta y cinco y cuarenta y ocho años. Laura era una MILF curvilínea: tetas DD pesadas con pezones oscuros gruesos, culo carnoso, coño depilado chorreante. Martín, alto y musculoso con canas...

La Alumna Chantajeada: La Nota Perfecta

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Sofía tenía veinte años y un cuerpo que hacía que todos en la facultad de Letras de la UBA la miraran dos veces: tetas D-cup firmes y altas que rebotaban bajo las blusas ajustadas, pezones rosados grandes y gruesos que se marcaban siempre, aureolas anchas que se veían sutiles bajo la tela fina cuando se excitaba, cintura estrecha que se ensanchaba en caderas voluptuosas, y un culo carnoso y redondo que tensaba las faldas cortas hasta el límite, nalgas separadas por un surco profundo donde su ano rosado fruncido palpitaba virgen e inocente. Su pelo castaño largo caía en ondas desordenadas hasta la mitad de la espalda, ojos miel grandes que brillaban con ambición, y labios carnosos que se mordía cuando se ponía nerviosa. Era buena alumna, pero este semestre había fallado: notas bajas en dos materias clave, y si no aprobaba, perdía la beca. Los profesores eran don Roberto, cincuenta años, alto y canoso con voz grave y polla gruesa de veinte centímetros venosa que goteaba precum constante ...