Hipnosis en el Despacho: el culito de Verónica
Al día siguiente, a las nueve en punto, Verónica entró en el despacho de Carlos. Traía una pequeña bolsa de plástico en la mano. Dentro había un bote de lubricante transparente, tal como él le había ordenado la víspera… aunque ella no recordaba por qué. Carlos la miró desde detrás del escritorio. La misma falda corta, la misma blusa ceñida. El coño de él ya empezaba a endurecerse solo de verla. —Buenos días, Verónica. Siéntate. Ella obedeció. Él sacó el bolígrafo y, en menos de un minuto, la volvió a sumergir en trance profundo. Los ojos de Verónica se entornaron, la boca se ablandó y su cuerpo se volvió dócil. —Estás otra vez bajo mi control. Obedeces sin dudar. Todo lo que te diga te produce placer intenso. Cuando te despierte, no recordarás nada de lo que ocurra aquí. Solo sabrás que has tenido un buen primer día de trabajo. ¿Entendido? —Sí… —Levántate. Quítate toda la ropa. Dobla la ropa sobre la silla y quédate desnuda. Verónica se desnudó sin dudar. Sus tetas pesadas cayeron libr...