Consulta Ginecológica Elvira vieja puta

 


El consultorio olía a desinfectante y a colonia barata. El doctor Ricardo Mendoza, 56 años, se ajustó los guantes mientras la enfermera Sofía, 25 años, rubia y de cuerpo firme, preparaba la camilla. Debajo del uniforme blanco impecable, Sofía llevaba un conjunto de encaje negro, portaligas y medias de red. Ricardo lo sabía perfectamente: él mismo se lo había comprado.

Antes de que entrara la paciente, cerró la puerta con llave y se acercó a Sofía por detrás. Le levantó la pollera del uniforme, le bajó un poco la tanga de encaje y le pasó dos dedos por el coño ya húmedo.

—Abrí un poco —ordenó en voz baja.

Sofía obedeció, separando las piernas. Ricardo le metió un dedo grueso en el coño y otro en el culo al mismo tiempo, empujando hasta el fondo mientras la besaba con lengua. Sofía gimió contra su boca, mojándole los guantes.

—Después te termino de revisar —le prometió, sacando los dedos y lamiéndolos—. Ahora a trabajar.

La paciente entró. Se llamaba Doña Elvira, 75 años, cuerpo grueso, pechos caídos y pesados, panza blanda y caderas anchas. Se movía con dificultad. Ricardo le sonrió con esa calidez profesional que nunca fallaba.

—Pase, señora. Acuéstese en la camilla. Vamos a hacer una revisión completa.

Sofía la ayudó a subirse y a quitarse la ropa. Elvira quedó desnuda, la piel flácida, los pechos enormes y caídos, el coño peludo y entreabierto. Ricardo se puso nuevos guantes y adoptó el tono clínico perfecto.

—Primero el examen mamario. Respire normal.

Empezó a palparle los pechos con ambas manos, apretando, levantando, pellizcando los pezones gruesos y oscuros con aparente profesionalismo. Elvira cerró los ojos.

—Un poco sensibles, doctor…

—Es normal a su edad. Sofía, anote: tejido glandular disminuido, pezones reactivos.

Mientras decía eso, le retorció suavemente un pezón hasta que se le puso duro. Después bajó.

—Ahora temperatura rectal. De ladito, por favor.

Elvira se giró con esfuerzo. Ricardo le separó las nalgas amplias y le introdujo el termómetro lubricado profundamente en el culo, girándolo un poco más de lo necesario. Lo dejó varios segundos mientras Sofía le sostenía una pierna.

—37.2. Dentro de lo normal.

Sacó el termómetro y, sin cambiar el tono, le metió un dedo enguantado en el mismo agujero, moviéndolo en círculos.

—Relaje el esfínter, señora. Solo estoy comprobando el tono muscular.

Elvira soltó un quejido bajo. Ricardo le agregó un segundo dedo y la abrió un poco más, siempre con voz calmada y profesional.

—Muy bien. Ahora el examen vaginal y uterino.

La puso boca arriba, le colocó los pies en los estribos y le separó bien las piernas. El coño de Elvira estaba grueso, los labios oscuros y un poco abiertos. Ricardo lubricó el espéculo y se lo introdujo, abriéndolo lentamente.

—Sofía, ilumíname.

Mientras “inspeccionaba el cuello uterino”, le rozaba el clítoris hinchado con el pulgar una y otra vez, con movimientos circulares constantes. Elvira empezó a respirar más agitada.

—Doctor… siento… algo raro…

—Es solo la estimulación del nervio pudendo, señora. Completamente normal. No se preocupe si el cuerpo reacciona solo.

Ricardo aumentó la presión sobre el clítoris, frotándolo con más firmeza mientras movía el espéculo. Sofía, desde un costado, le masajeaba un pecho “para mantener la circulación”. Elvira empezó a gemir sin poder controlarlo, las piernas temblando en los estribos.

—Así… así de bien. Deje que el reflejo siga su curso —dijo Ricardo con voz suave y clínica, sin dejar de masturbarle el clítoris.

Elvira se corrió con un gemido largo y ahogado, el coño contrayéndose alrededor del espéculo, un chorro de fluidos mojando el guante del doctor. Él no se inmutó.

—Perfecto. Respuesta clitoridiana conservada. Puede vestirse cuando se sienta lista, señora.

Elvira, todavía temblando y confundida, murmuró un “gracias, doctor” con la cara roja. Sofía la ayudó a bajar de la camilla con sonrisa profesional.

Cuando la anciana salió, Ricardo se quitó los guantes, miró a Sofía y le indicó la camilla con la cabeza.

—Ahora sí. Subí vos. Y esta vez sin uniforme.

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