Por Puta Me Llenaron La Cara De Leche



 Había una joven llamada Ana, una chica muy aventurera y con un carácter muy libre. Tenía una apariencia muy atractiva, con cabellos castaños ondulados que caían hasta su espalda, ojos verdes brillantes y labios rojos y succulentos. Su cuerpo era delicioso, con senos medianos pero firmes y un trasero que hacía que la gente se detuviera a mirar.


Un día, Ana decidió visitar un burdel famoso en la ciudad, donde los hombres más ricos y poderosos acudían a disfrutar de sus servicios. Era conocido por su exclusividad y la calidad de sus trabajadoras sexuales. Ana había escuchado muchas historias sobre este lugar y decidió dar un paso adelante para experimentar algo nuevo.


Una vez que entró en el burdel, Ana se encontró con un ambiente lujoso y sofisticado. Las paredes estaban adornadas con cuadros valiosos y el suelo tenía alfombras suaves bajo los pies. La atmósfera era de relajación y libertad sexual. Ana fue recibida por una hermosa mujer llamada Sofía, quien se encargaría de asignarle una habitación y un compañero para disfrutar de su estancia.


Sofía le mostró una lista con los servicios y precios de cada trabajador sexual. Ana se detuvo en uno en particular: "El Criollo". Le habían dicho que era un hombre muy experimentado y con una gran habilidad para satisfacer las necesidades de las mujeres. Ana decidió elegirlo y se dirigió a la habitación donde se encontraba.


Ana, sin pensarlo más, se acercó a la cama y se despojó de su ropa. El Criollo la miró con deseo y empezó a desnudarse también. Su cuerpo era impresionante, con músculos bien definidos y una erección que parecía nunca haber terminado. Ana no pudo evitar mirarlo con deseo y emoción.


Se acercaron y se abrazaron, sus cuerpos se unieron y comenzaron a besarse apasionadamente. Las manos de El Criollo exploraron cada contorno del cuerpo de Ana, dejando un rastro de gozo y emoción en su piel. Le besó con pasión, su lengua entraba en su boca, explorando y dejando un sentimiento de deseo creciente en ella.


Ana, ya no pudiendo contener su ansia, se desprendió de su ropa interior, dejando al descubierto sus encantos. El Criollo la miró con sed y se acercó a ella, su mano se dirigió a los senos de Ana, masajeándolos suavemente y dejándola gemir de placer. Luego, bajó sus manos y exploró con su dedo el hogar de su deseo, haciendo que Ana se derritiera en un agradable y prolongado orgasmo.


Después de disfrutar de esa sensación, Ana se apresuró a desnudar a El Criollo, queriendo devolverle el mismo placer. Se acercó a su erección y la vista de su tamaño impresionó a Ana. Sin pensarlo más, se abrió camino hacia su cuerpo y lo introdujo en su boca, saborizándolo con su lengua y sujetándolo con sus labios. El Criollo gemió de placer y empezó a moverse, impulsando a Ana a acelerar su ritmo.

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