Sara y Lara, secretarias bien putas

 



La oficina estaba sumida en la rutina diaria, con los empleados trabajando diligentemente en sus tareas. El jefe, un hombre apuesto y carismático llamado Daniel, era conocido por su enfoque exigente y su habilidad para sacar lo mejor de su equipo. Dos de las secretarias, Laura y Sara, compartían una estrecha amistad y una complicidad que iba más allá del trabajo.


Un día, Daniel convocó a Laura y Sara a su oficina para discutir un proyecto importante. Al entrar, las dos mujeres sintieron una tensión en el aire, una excitación anticipada por lo que estaba por venir. Daniel los recibió con una sonrisa y los invitó a tomar asiento.


Daniel: (con voz autoritaria) Laura, Sara, estoy muy contento con el trabajo que han estado haciendo. Pero hoy, quiero que vayamos más allá de lo profesional. Quiero explorar una fantasía que tengo desde hace mucho tiempo.


Laura y Sara se miraron el uno al otro, intrigadas y curiosas por descubrir qué tenía en mente su jefe.


Sara: (con voz suave) ¿Qué tienes en mente, Daniel?


Daniel: (sonriendo) Quiero que las dos exploren su lado más sensual y se entreguen a mí. Quiero ser su jefe dominante y que ustedes sean mis secretarias sumisas. ¿Están dispuestas a cumplir con mis deseos?


Laura y Sara intercambiaron una mirada cargada de complicidad y deseo. Ambas estaban dispuestas a dejar de lado su rol de empleadas y sucumbir al poderoso encanto de su jefe.


Laura: (con voz sumisa) Estamos listas para seguir tus órdenes, Daniel. Haremos todo lo que nos pidas.


Sara: (con una sonrisa traviesa) Queremos satisfacer todos tus deseos, jefe.


Daniel asintió satisfecho y comenzó a darles instrucciones.


Daniel: (con voz dominante) Quiero que se acerquen una a la otra y se besen, mostrándome su entrega y deseo mutuo.


Las dos secretarias se levantaron de sus asientos y se acercaron lentamente. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, explorando el sabor y la textura de la otra. Sus manos comenzaron a acariciar sus cuerpos, despertando sensaciones intensas y una creciente excitación.


Daniel: (observando con intensidad) Ahora, quiero que se quiten la ropa, revelando sus cuerpos desnudos ante mí.


Con gracia y excitación, Laura y Sara comenzaron a quitarse la ropa, dejando al descubierto sus curvas sensuales y su piel suave. El ambiente se llenó de gemidos y suspiros de placer mientras se exploraban mutuamente, sin dejar de obedecer las órdenes de su jefe.


Daniel: (con voz ronca) Ahora, quiero que se arrodillen y me muestren cuánto disfrutan de ser mis secretarias sumisas.

Daniel: (con voz dominante) Así me gusta, chicas. Sean buenas empleadas y demuéstrenme cuánto disfrutan de complacer a su jefe. Ahora, quiero ver cómo se deleitan entre ustedes. Bésense y acaríciense, muestren cuánto deseo hay entre las dos.


Laura y Sara se acercaron lentamente, sus labios se encontraron en un beso apasionado mientras sus manos exploraban los cuerpos desnudos de la otra. Cada caricia, cada roce, aumentaba su excitación y el deseo de experimentar más.


Sara: (susurrando) Eres tan hermosa, Laura. Siempre he querido probar tus labios, sentir tu piel contra la mía.


Laura: (gemidos suaves) Y yo he soñado con este momento, Sara. Déjame demostrarte cuánto te deseo.


Las dos mujeres se entregaron al placer mutuo, explorando cada rincón de sus cuerpos con besos y caricias apasionadas. Sus manos acariciaban senos, muslos y nalgas, mientras sus lenguas se entrelazaban en un baile sensual.


Daniel: (con voz ronca) Ahora, chicas, quiero que se centren en mí. Lamen y chupen mi miembro al unísono, hagan que sienta el doble de placer.


Laura y Sara obedecieron sin vacilar, compartiendo el miembro de Daniel entre sus bocas con habilidad y dedicación. Sus lenguas se deslizaban a lo largo de su extensión, compartiendo su sabor y su erección cada vez más intensa.


Daniel: (gemidos de placer) Eso es, chicas. Disfruten de mí, dejen que su deseo se entrelace con el mío. Muestren cuánto pueden hacerme gozar.


La excitación aumentaba a medida que Laura y Sara se entregaban al juego, explorando nuevas posiciones y combinaciones de placer. Daniel se sumergía en el éxtasis de tener dos secretarias dispuestas a satisfacer cada uno de sus deseos.


Laura: (jadeando) Jefe, queremos sentirlo dentro de nosotras. Queremos que nos penetre y nos haga suyas.


Sara: (susurra) Sí, jefe. Somos sus empleadas, pero también somos sus amantes. Háganos sentir su poder y su placer.


Lara y Sara intercambiaron miradas cargadas de anticipación mientras se posicionaban para satisfacer los deseos de su jefe. Lara se acostó sobre el escritorio, extendiendo sus piernas y abriendo su intimidad hacia Daniel, mientras Sara se arrodillaba a su lado, lista para brindarle placer oral a su compañera.


Daniel se acercó a Lara con determinación, acariciando suavemente su muslo antes de deslizar su mano hacia su centro de deseo. Con un gesto firme, comenzó a acariciar sus labios íntimos, sintiendo cómo su excitación crecía bajo su toque experto.


Lara: (gimiendo) Oh, jefe, sí... hágalo. Tómeme, hágase dueño de mi cuerpo.


Daniel sonrió con satisfacción, disfrutando de la sumisión y entrega de Lara. Se inclinó y comenzó a lamer y succionar sus pezones, provocando gemidos de placer que llenaban la habitación. Mientras tanto, Sara acariciaba el cuerpo de Lara, brindándole caricias y besos suaves en los muslos y el vientre.


Sara: (susurrando) Eres tan hermosa, Lara. Me encanta verte disfrutar del dominio de nuestro jefe.


Lara: (jadeando) Y tú, Sara, eres increíblemente sensual. Me encanta compartir este momento contigo.


Daniel continuó explorando el cuerpo de Lara con sus manos y su lengua, estimulando cada rincón de su ser mientras ella se perdía en las sensaciones. Sintiendo que estaba lista para más, Daniel se colocó entre sus piernas y la penetró lentamente, haciéndola sentir su plenitud.


Lara: (gimiendo) ¡Sí, jefe! ¡Tómeme, hágase dueño de mí! Soy su secretaria sumisa, su juguete personal.


Daniel: (con voz ronca) Eres mía, Lara. Estás aquí para mi placer y satisfacción. Voy a hacerte sentir el éxtasis absoluto.


Mientras Daniel embestía con fuerza y pasión, Sara se acercó a Lara y acarició suavemente su clítoris, intensificando su placer. Las dos mujeres se fundieron en una danza erótica, entregándose por completo al dominio de Daniel y a su propia conexión sensual.


Sara: (susurrando) Lara, eres increíble. Te veo disfrutar tanto de este juego de roles. Me encanta ser testigo de tu entrega y excitación.


Lara: (jadeando) Sí, Sara. Me encanta ser su secretaria sumisa y también compartir este momento contigo. Juntos, podemos brindarle a nuestro jefe el máximo placer.


Sara sonrió de manera traviesa mientras deslizaba sus dedos por el cuerpo de Lara, acariciando suavemente su piel. Su conexión era palpable, una combinación de amistad, deseo y complicidad en su juego de roles. Se sentía emocionada al ser partícipe de los placeres compartidos entre Lara y su jefe.


Sara: (con voz seductora) Lara, eres tan hermosa cuando te entregas a nuestro jefe. Tus suspiros y gemidos llenan la habitación y me excitan de una manera que no puedo explicar. ¿Te gusta que te mire disfrutar de su dominio?


Lara: (entre suspiros) Sí, Sara, me encanta que estés aquí. Ver cómo me observas mientras me someto a nuestro jefe... eso aumenta mi excitación. Me hace sentir aún más conectada contigo y con él.


Sara: (deslizando sus dedos hacia el centro de placer de Lara) ¿Puedo tocarte, Lara? ¿Puedo sentir cómo tu cuerpo responde a mis caricias?


Lara asintió con los ojos llenos de deseo, anhelando el tacto de Sara sobre su piel. Ambas mujeres se acercaron, sus cuerpos casi rozándose, compartiendo un momento de intimidad y exploración.


Sara comenzó a acariciar el clítoris de Lara con movimientos suaves y precisos, sintiendo cómo su excitación aumentaba bajo sus dedos expertos. Lara se mordió el labio inferior, ahogando un gemido de placer mientras se dejaba llevar por las sensaciones que Sara despertaba en ella.


Lara: (susurrando) Oh, Sara, tus caricias son tan increíbles. Me haces sentir tan sensible y deseosa. Quiero que sigas, no pares.


Sara sonrió, complacida por las reacciones de Lara, y continuó estimulando suavemente su clítoris, combinando movimientos circulares y presión controlada. Lara se aferró a los bordes de la mesa, entregándose por completo al placer que Sara le brindaba.


Sara: (con voz sensual) Eres hermosa, Lara. Tu cuerpo responde de una manera tan sensual a mis caricias. Me encanta cómo te mueves y cómo suspiras. Eres mi musa, y estoy aquí para darte el máximo placer.


Lara se perdió en un torbellino de sensaciones, sintiendo cómo su excitación se intensificaba con cada toque y cada palabra susurrada al oído. La química entre ellas era eléctrica, alimentada por el deseo compartido y la complicidad en su juego de roles.


Lara: (gimiendo) Oh, Sara, no puedo resistirlo más. Necesito sentirte cerca, necesito más. ¿Puedo... puedo tocarte también?


Sara asintió con una sonrisa y guió la mano de Lara hacia su propio centro de placer. Lara siguió el ritmo marcado por Sara, explorando cada pliegue y cada gemido que escapaba de sus labios. Juntas, se entregaron a un baile erótico de placer mutuo, sus cuerpos en armonía y sus deseos enlazados.


El aire se llenó de gemidos y susurros, mientras Lara y Sara se acercaban cada vez más al clímax. La pasión y el deseo les consumían, y sabían que estaban a punto de experimentar una explosión de placer inigualable.


Sara: (jadeando) Lara, estamos tan cerca... No te detengas, sigue... sigue...


Lara: (suspirando) Oh, Sara, no puedo... no puedo más. ¡Sí, sí, sí!


El clímax envolvió a ambas mujeres en una ola de éxtasis compartido, sus cuerpos temblando con la liberación del placer. Se abrazaron, sintiendo la conexión íntima que habían creado a través de su juego de roles y la exploración de sus deseos más profundos.


Lara: (recuperando el aliento) Eso... eso fue increíble, Sara. No puedo creer lo intensa que fue nuestra conexión en este juego de roles. Eres una compañera excepcional.


Sara: (sonriendo) Lo mismo digo, Lara. Esta experiencia ha sido única y especial. Me alegra haber compartido este momento contigo.

En ese momento, Daniel, su jefe, se acercó a ellas, su expresión llena de satisfacción y deseo.


Daniel: (con voz ronca) Mis queridas secretarias, han sido absolutamente impresionantes. Verlas entregarse a su conexión y al juego de roles ha sido un deleite para mis sentidos.

Lara y Sara se miraron, excitadas por la presencia de su jefe y listas para continuar satisfaciendo sus deseos.


Lara: (con voz sensual) Estamos aquí para servirte, jefe. Queremos brindarte todo el placer que deseas.


Sara: (acercándose a Daniel) Queremos ser tus secretarias sumisas, dispuestas a cumplir tus fantasías más íntimas.


Daniel: (sonriendo con picardía) Me alegra escuchar eso, chicas. Son verdaderas profesionales en su trabajo. Ahora, es hora de que reciban su merecida recompensa.


Daniel guió a Lara hacia su escritorio, empujándola suavemente sobre la superficie de madera. La miró con ojos ardientes mientras comenzaba a acariciar su cuerpo, sus pechos y su entrepierna.


Mientras tanto, Sara se acercó por detrás de Daniel, acariciando su espalda y deslizando sus manos por su pecho. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, mientras sus cuerpos se enredaban en un baile de deseo y lujuria.


Lara suspiró de placer cuando sintió las manos de Daniel explorando su intimidad. Él la acariciaba con habilidad, llevándola al borde del éxtasis con cada roce y cada beso. Mientras tanto, Sara se arrodilló frente a Daniel y tomó su miembro de Daniel con suavidad, acariciándolo y saboreándolo con su lengua. 

Lara: (gemidos de placer) Oh, Sara, se ve tan delicioso. Hazlo tuyo, demuéstrale a nuestro jefe cuánto disfrutas de su poder.


Sara obedeció y envolvió su boca alrededor del miembro de Daniel, deslizando su lengua con destreza mientras lo miraba con lujuria. Cada succión y lamida era una muestra de su sumisión y devoción hacia él.


Daniel: (gimiendo de placer) Eso es, chicas. Muestren su entrega total. Me encanta sentir cómo me adoran.


Lara no podía resistirse más. Se acercó a Daniel y comenzó a acariciar su pecho, desabrochando su camisa y dejando al descubierto su torso musculoso. Sus manos se deslizaron hacia abajo, llegando a su entrepierna, ansiosa por sentir su firmeza y calor.


Mientras tanto, Sara continuaba estimulando el miembro de Daniel con pasión y habilidad, llevándolo al borde del éxtasis. Cada movimiento de su lengua y succión intensificaba el placer que recorría su cuerpo.


Daniel: (entre gemidos) Oh, chicas. Son tan talentosas y obedientes. Estoy a punto de explotar de placer.


Lara se arrodilló frente a Daniel, deslizando su lengua por su miembro y uniéndose a Sara en un esfuerzo conjunto para brindarle el máximo placer. Sus lenguas se entrelazaron, compartiendo el sabor y la pasión mientras Daniel se acercaba al clímax.


Con un gemido profundo, Daniel se dejó llevar por el éxtasis, liberando su placer en la boca de Lara y Sara, quienes lo recibieron con devoción y satisfacción. Ambas compartieron el momento, disfrutando del sabor y la entrega total que habían mostrado hacia su jefe dominante.


Después de un momento de recuperación, Daniel los miró con satisfacción y gratitud.


Daniel: (respirando agitadamente) Ustedes son increíbles, chicas. Han superado mis expectativas una vez más. Su sumisión y dedicación son admirables.


Lara y Sara se miraron entre sí, sonriendo satisfechas por haber complacido a su jefe y haber alcanzado nuevas alturas de placer en su juego de roles.


Lara: (susurrando) Gracias, jefe. Nos encanta servirte y satisfacerte.


Sara: (acariciando suavemente la mano de Daniel) Siempre estaremos aquí para cumplir tus deseos, jefe. Eres nuestro dominante y estamos a tu disposición.


Daniel asintió, sintiéndose poderoso y satisfecho con la entrega total de sus secretarias sumisas. Sabía que juntos seguirían explorando los límites del placer y la sumisión, llevándose mutuamente a nuevos niveles de éxtasis y satisfacción.


El relato erótico de la secretaria sumisa y su jefe dominante continuaba, prometiendo una excitante y apasionada exploración de sus deseos más profundos.


Fin.



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