Sara va al ginecologo



Sara, una joven de 24 años con medidas 90-60-91, llegó al consultorio del Dr. González en bicicleta. Al entrar, notó que el doctor era un hombre atractivo y joven, lo que la hizo sentir un poco nerviosa. Sin embargo, sabía que necesitaba someterse a un examen ginecológico y estaba decidida a hacerlo.

El doctor González la saludó amablemente y le pidió que se quitara la ropa para el examen. Sara se sintió un poco avergonzada, pero siguió las instrucciones del doctor.

Mientras realizaba el examen, el doctor González notó que Sara parecía tensa y decidió hablar con ella para hacerla sentir más cómoda. "No te preocupes, Sara, sé que estos exámenes pueden ser incómodos, pero son importantes para tu salud", le dijo con una sonrisa tranquilizadora.

Sara asintió y trató de relajarse, pero no podía evitar sentirse un poco excitada por la situación. Notó que el doctor tenía una mirada intensa y se preguntó si él también estaba sintiendo algo de atracción.

El doctor González comenzó a realizar el examen de los senos de Sara. Con una mano, palpó suavemente alrededor de cada seno, buscando cualquier irregularidad o protuberancia. "¿Has notado algún cambio en tus senos últimamente?", preguntó mientras continuaba examinando.

"No realmente", respondió Sara mientras sentía una sensación extraña al tener las manos del médico en su cuerpo. "Pero a veces siento dolor en los pezones".

El doctor González asintió y se centró en los pezones, observando su color y textura. Con su pulgar y su índice, los apretó ligeramente para evaluar su sensibilidad a la presión. "¿Te duele cuando hago esto?", preguntó.

Sara frunció el ceño ligeramente mientras sentía un poco de dolor, pero lo soportó. "Sí, un poco", respondió.

El doctor González continuó explorando los senos de Sara, preguntándole sobre su historial médico y si había antecedentes de cáncer de mama en su familia. Luego, con el dorso de su mano, rozó suavemente los pezones para evaluar su sensibilidad al roce.

"Sí, puedo sentirlo", dijo Sara mientras cerraba los ojos brevemente, sintiendo un poco de vergüenza por la situación.

El doctor González, luego de haber completado el examen de senos, pidió a Sara que se acostara en la camilla y separara las piernas. Con cuidado, insertó los dedos en su vagina y comenzó a explorar su interior. Preguntó si había alguna sensibilidad o dolor al presionar en ciertas áreas, a lo que Sara respondió que no. 

Luego, el doctor González procedió a examinar el clítoris de Sara, preguntándole si sentía algún tipo de sensibilidad o incomodidad al tocarlo. Sara sintió un poco de vergüenza, pero respondió con honestidad que sentía una ligera sensación de cosquilleo. 

El doctor continuó con el examen, tocando suavemente el clítoris y observando su reacción. Sara se sentía cada vez más excitada, pero trató de mantener la compostura mientras el doctor continuaba con su examen. 

De repente, el doctor presionó el clítoris de Sara con fuerza y ella sintió una ola de placer recorrer su cuerpo. Intentó contenerse, pero no pudo evitar gemir en voz alta.

El doctor González detuvo inmediatamente el examen y miró a Sara con preocupación. "¿Estás bien, Sara? ¿Te lastimé?", preguntó.

Sara se sintió avergonzada por su reacción y no sabía cómo responder. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, sintió una ola de placer aún más intensa y su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente.

El doctor González notó el cambio en la respiración de Sara y se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Decidió continuar con el examen, esta vez con más cuidado y suavidad.

Pero a pesar de sus esfuerzos, Sara no pudo contenerse y tuvo un orgasmo involuntario allí mismo en la mesa de examen. Se sintió mortificada y se cubrió la cara con las manos.

El doctor González intentó tranquilizarla, diciéndole que era una reacción normal y que no tenía nada de qué avergonzarse. Sin embargo, Sara se sentía humillada y solo quería salir de allí lo antes posible.

El doctor González le explicó que necesitaba realizar un examen con un endoscopio para explorar el interior de su recto y asegurarse de que no hubiera nada preocupante. Sara asintio con la cabeza, no podia articular palabra.

El doctor González preparó el endoscopio y lo insertó con cuidado en el recto de Sara. La sensación era un poco incómoda, pero soportable. El doctor comenzó a mover el endoscopio lentamente hacia adentro, mientras observaba la pantalla del monitor para asegurarse de que todo estaba bien.

El doctor González estaba atento a cualquier anormalidad mientras avanzaba el endoscopio, examinando cuidadosamente el interior del recto de Sara. A pesar de estar nerviosa, Sara sintió una sensación placentera con cada centímetro que avanzaba el endoscopio. Se mordió el labio inferior para tratar de contener sus gemidos, pero no podía evitar sentirse cada vez más excitada.

Sara intentó relajarse y respirar profundamente para que el examen fuera más fácil, pero de repente sintió una extraña sensación en su clítoris. Al principio pensó que era solo su imaginación, pero luego se dio cuenta de que estaba teniendo otro orgasmo involuntario.

"Siento que...oh, Dios...siento que estoy por tener otro orgasmo involuntario", dijo Sara, sintiendo como su cuerpo se estremecía nuevamente. El doctor González, a pesar de estar sorprendido por la reacción de su paciente, se mantuvo tranquilo y continuó con su trabajo.

Sara finalmente alcanzó el orgasmo, sintiendo que su cuerpo temblaba y su respiración se agitaba. Se sentía un poco avergonzada, pero también sabía que no podía controlar lo que estaba sucediendo. "¿Está todo bien, doctor?", preguntó mientras intentaba recuperar el aliento.

"Todo parece estar bien", respondió el doctor González mientras retiraba el endoscopio con cuidado. "Es normal que algunas mujeres experimenten sensaciones placenteras durante este tipo de exámenes, pero si te preocupa algo, no dudes en hacérmelo saber". 

 le indicó que se sentara en la camilla para aplicarle una crema vaginal que ayudaría a calmar cualquier irritación que pudiera haber sufrido durante el examen.

Sara se sintió aliviada al escuchar eso y se acomodó en la camilla mientras el doctor preparaba la crema. Él se acercó a ella con un aplicador y le explicó cómo usarlo, ayudandola a insertarlo en su vagina y en indicandole como presionarlo para liberar el contenido.

Sara hizo lo que se le indicó, sintiendo una leve incomodidad al insertar el aplicador en su vagina, pero se concentró en seguir las instrucciones del doctor para aplicar la crema correctamente. Una vez que terminó, el doctor le indicó que se recostara y esperara unos minutos para que la crema hiciera efecto.

Sara se recostó en la camilla y cerró los ojos, tratando de relajarse después de todo lo que había pasado. El doctor se acercó a ella y le preguntó cómo se sentía. "Mejor, gracias", respondió ella con una sonrisa tímida.

"Por favor, date la vuelta, para poder aplicarte una crema antihemorroidal."

Sara se giró en la camilla y se acomodó en una posición cómoda mientras el doctor González tomaba la crema antihemorroidal. Mientras la aplicaba con cuidado en la zona afectada, le explicó a Sara algunas recomendaciones para evitar futuros problemas.

"Es importante que cuides tu dieta y evites los alimentos picantes y grasosos", dijo el doctor González. "También te recomiendo hacer ejercicios regulares para mantener tu sistema digestivo en buen estado".

Sara asintió mientras el doctor González terminaba de aplicar la crema. Se sintió aliviada de que el examen hubiera terminado y se levantó de la camilla, agradeciendo al doctor por su atención y cuidado durante la consulta.

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