Mi jefa lesbiana




Laura, ataviada con un elegante traje de negocios, se encuentra sentada detrás de su imponente escritorio en la oficina. Ana, vestida con una discreta blusa y falda, entra en la habitación con una mezcla de nerviosismo y excitación.


Laura levanta la mirada de su computadora y fija sus ojos en Ana. Su expresión es fría y dominante, mientras su voz suena firme pero sensual.


Laura: "Entra, Ana. Cierra la puerta detrás de ti."


Ana obedece y cierra la puerta, sintiendo cómo la tensión aumenta en el aire. Laura se acerca lentamente a Ana, mirándola fijamente con una mezcla de deseo y autoridad.


Laura: "Hoy necesito que trabajes en un proyecto especial. Pero antes, quiero que demuestres tu devoción hacia mí. Arrodíllate."


Ana, con los ojos bajos y el corazón latiendo acelerado, obedece y se arrodilla frente a Laura. Siente la mirada intensa de su jefa sobre ella, y su voz resuena con un tono de dominio.


Laura: "Eres mía, Ana. Y hoy, te mostraré lo que significa complacerme."


Laura extiende su mano y acaricia el cabello de Ana con suavidad, pero con una clara muestra de control. Ana siente una mezcla de sumisión y deseo, anhelando cumplir las órdenes de su jefa.


Laura: "Ahora, empieza por desabrocharme el pantalón. Quiero que me muestres tu habilidad para satisfacerme."


Ana, temblando de excitación, sigue las instrucciones de Laura y desabrocha el pantalón lentamente. Cada gesto es calculado y sensual, alimentando la tensión en la habitación.


Laura: "Eres una empleada muy afortunada, Ana. Hoy voy a enseñarte lo que significa complacer a tu jefa".


Ana, con los ojos clavados en el suelo, siente la adrenalina recorrer su cuerpo. Está ansiosa por satisfacer a Laura, por cumplir cada uno de sus deseos y caprichos.


Laura se detiene frente a Ana, desabrocha los primeros botones de su blusa revelando un atisbo de su escote. Su mirada penetrante se encuentra con los ojos de Ana, quien siente un escalofrío de anticipación.


Laura: "Quiero que me muestres tu devoción, sumisa. Empieza por besar mis pies".


Ana levanta la mirada, sus labios temblando ligeramente. Se inclina hacia adelante y, con reverencia, lleva sus labios hasta los pies de Laura, depositando besos suaves y sumisos en cada uno de ellos.


Laura sonríe con satisfacción, disfrutando de la sumisión de Ana. Pasa sus dedos por el cabello de Ana, acariciándolo con suavidad.


Laura: "Así, buena chica. Ahora, desliza tus manos por mis piernas y sube lentamente".


Ana obedece, sus manos temblorosas siguen el recorrido ascendente por las piernas de Laura. Cada roce de sus dedos despierta una oleada de deseo y sumisión en Ana.


Laura: "Eres muy obediente, Ana. Pero aún tengo más planes para ti".


Laura se aleja unos pasos y se acerca a su escritorio. Saca una correa de cuero negra y la sostiene frente a Ana.


Laura: "Ponte esto. Quiero que te sientas completamente sometida a mí".


Ana toma la correa y se la coloca alrededor de su cintura, ajustándola firmemente. Siente cómo el accesorio simboliza su entrega y sumisión total a Laura.


Laura camina hacia Ana, observando cada detalle de su apariencia sumisa. Sus ojos se encuentran, y la tensión sexual entre ellas es palpable.


Laura: "Ahora, mi querida empleada, es hora de que aprendas a obedecer cada uno de mis deseos".


Ana, con una mezcla de nerviosismo y excitación, asiente en silencio. Sabe que ha entrado en un juego erótico y está dispuesta a dejarse llevar por las órdenes y deseos de su dominante jefa, Laura.


Laura se acerca lentamente a Ana, rozando su cuerpo con el suyo mientras susurra al oído de la sumisa empleada.


Laura: "Voy a explorar cada rincón de tu sumisión, Ana. Quiero que te entregues por completo a mí y que me demuestres cuánto deseas complacerme".


Ana siente cómo su cuerpo se estremece ante las palabras seductoras de Laura. Su deseo de satisfacerla se intensifica aún más, y está lista para cualquier cosa que su jefa le ordene.


Laura toma el rostro de Ana entre sus manos, mirándola fijamente a los ojos.


Laura: "Primero, quiero que me muestres tu obediencia. Arrodíllate frente a mí y mantén la mirada fija en mis ojos".


Ana obedece de inmediato, dejando que sus rodillas toquen el suelo y manteniendo su mirada conectada con la de Laura. La excitación crece mientras espera ansiosa las próximas instrucciones.


Laura sonríe satisfecha ante la obediencia de Ana y desliza su mano por el cabello de la sumisa empleada, sujetándolo con suavidad.


Laura: "Eres mi juguete, mi sumisa. Harás todo lo que te ordene sin cuestionarlo. ¿Entendido?"


Ana responde con voz entrecortada y sumisa.


Ana: "Sí, jefa. Haré todo lo que me ordene".


Laura asiente y libera el cabello de Ana. Luego, desabrocha lentamente los botones de su blusa, revelando más de su piel y dejando al descubierto su sujetador de encaje negro.


Laura: "Ahora, quiero que me adores. Quiero sentir tus labios y lengua sobre mi cuerpo".


Sin perder tiempo, Ana se acerca y comienza a besar los pechos de Laura a través del encaje de su sujetador. Sus labios se deslizan suavemente sobre la piel, mientras su lengua juega con los pezones endurecidos.

Laura: "Levántate, mi obediente empleada. Hay otro lugar en el que deseo sentir tu entrega".

Ana, con los ojos brillantes de anticipación, se pone de pie obedeciendo a las palabras de Laura. Sabe que su jefa tiene algo más preparado para explorar en su juego de roles.


Laura toma la mano de Ana y la guía hacia su lujoso escritorio. Con movimientos firmes pero elegantes, Laura retira todos los documentos y objetos del escritorio, dejándolo limpio y despejado.


Laura: "Es hora de que experimentemos la excitación de la sumisión en este lugar, mi dulce empleada. Quiero que te tumbes sobre el escritorio y te entregues por completo".


Ana asiente, sintiendo cómo su cuerpo se estremece de excitación. Se coloca sobre el escritorio, dejando que sus piernas cuelguen y exponiendo su intimidad ante Laura.


Laura se acerca con paso seguro, admirando la figura sumisa y tentadora de Ana sobre el escritorio. Sus manos exploran cada rincón de su cuerpo, acariciando su piel con suavidad pero con un toque de dominio.


Laura: "Eres mía, Ana. Tu cuerpo, tus deseos, todo te pertenece a mí en este momento".


Ana suspira, sintiendo cómo su entrega y sumisión crecen con cada palabra y caricia de Laura. Anhela ser poseída y conducida hacia nuevas alturas de placer.


Laura toma un pequeño látigo de cuero que había preparado previamente. Con un movimiento calculado, desliza el látigo sobre la piel de Ana, dejando un rastro suave de excitación.


Laura: "Acepta mi dominio, Ana. Siente el placer mezclado con un toque de dolor, una combinación que te llevará a la cumbre del éxtasis".


Ana cierra los ojos, permitiendo que las sensaciones la envuelvan por completo. Cada golpe del látigo despierta una mezcla de placer y dolor que la lleva a un estado de sumisión total. Su entrega es total, confiando en que Laura la guiará hacia un placer inimaginable.


Laura, observando la entrega de Ana, decide intensificar el juego. Toma un vibrador de la mesa cercana y lo enciende, dejando que las vibraciones se deslicen por su cuerpo antes de acercarlo a la intimidad de Ana.

Cada roce del vibrador sobre los pliegues húmedos de Ana hace que su cuerpo se estremezca de anticipación. Las vibraciones intensas se transmiten a través de su piel sensible, provocando sensaciones que la empujan al borde del deseo desenfrenado.


Laura, con su mirada llena de dominio, controla el ritmo y la presión del vibrador, llevando a Ana al límite de la desesperación y el éxtasis. Sus movimientos son precisos y calculados, explorando cada centímetro de la intimidad de Ana con una destreza que la hace gemir de placer.


Ana se aferra al borde del escritorio, sintiendo cómo las oleadas de placer la recorren de arriba abajo. Cada vez que Laura juega con la intensidad de las vibraciones, Ana se sumerge en un abismo de sensaciones que la hacen perder la noción del tiempo y del espacio.


El vibrador se desliza hábilmente sobre su clítoris, estimulando esa zona tan sensible y llevándola al borde de la locura. Ana se arquea bajo el control de Laura, su cuerpo empapado en sudor mientras la excitación se acumula dentro de ella.


Laura sonríe satisfecha al ver la reacción de Ana. Disfruta plenamente de su papel dominante, sabiendo que tiene el poder de llevar a Ana a nuevos niveles de placer. A medida que aumenta la intensidad de las vibraciones, los gemidos de Ana se vuelven más intensos, escapando de sus labios entre suspiros y susurros.


El éxtasis se acerca, como una ola que se aproxima inexorablemente. Los músculos de Ana se tensan, su respiración se acelera y su cuerpo se arquea en un intento desesperado por alcanzar el clímax que se avecina.


Y finalmente, en un estallido de éxtasis desbordante, Ana se rinde al placer abrumador que la consume por completo. Su cuerpo se convulsiona en espasmos de puro deleite, mientras su voz se pierde en gemidos incontrolables.


Laura, testigo de la entrega de Ana, retira suavemente el vibrador y acaricia suavemente su cuerpo tembloroso. Con delicadeza, la ayuda a recuperar el aliento y la estabilidad emocional, acunándola en sus brazos mientras las sensaciones se desvanecen lentamente.


Después de un momento de profunda conexión y complicidad, Ana y Laura se miran, sabiendo que han explorado una nueva dimensión de su relación. Han traspasado los límites del placer y la sumisión, descubriendo un vínculo aún más profundo y excitante.


Laura: "Eres mi sumisa perfecta, Ana. Juntas, podemos explorar los límites del placer y cumplir todas nuestras fantasías".


Ana, con una sonrisa radiante y los ojos llenos de gratitud, asiente. Han dado rienda suelta a su pasión y ahora saben que su camino está lleno de posibilidades y experiencias emocionantes.

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