Ernestina va al ginecologo



Ernestina: 47 años, 1.70m de estatura, 65kg de peso, medidas 95-75-100. Piel morena, cabello rizado, ojos negros. Rasgos africanos, muy atractiva.

Ernestina llega vestida con ropa holgada y cómoda, una blusa de algodón blanca y un pantalón negro. Al entrar en el consultorio, se siente un poco incómoda y nerviosa, pero trata de mantener la calma. La recepcionista la saluda amablemente y le pide que llene un formulario con sus datos personales y antecedentes médicos.

Después de unos minutos, la enfermera la llama para tomarle la presión arterial y la temperatura. Ernestina se siente un poco inquieta mientras espera al ginecólogo, pero intenta mantenerse tranquila y relajada. Cuando finalmente el médico entra en la habitación, la saluda con una sonrisa y la invita a acostarse en la camilla.

Ernestina se quita la ropa con un poco de timidez, dejando al descubierto su piel morena y sus curvas bien definidas. El médico le explica el examen que le va a realizar y le pide que se coloque en posición ginecológica. Ernestina se acuesta en la camilla y se cubre con la sábana.

El médico comienza a examinar los genitales externos de Ernestina y nota unos granitos cerca de la entrada del ano. Le pregunta si ha tenido algún síntoma, como picazón o dolor, y ella le responde que no, solo se dio cuenta de los granitos al limpiarse después de usar el baño.

El médico le explica que probablemente sean verrugas genitales y que necesita realizar un examen rectal para confirmar el diagnóstico. Le pide a Ernestina que se coloque en posición de lado y que se relaje mientras le coloca un guante de látex y un poco de lubricante en el dedo.

Ernestina se siente un poco incómoda mientras el médicoobserva detalladamente su ano, pero trata de mantener la calma y la compostura.

El médico comenzó a examinar el área alrededor del ano de Ernestina, palpando con cuidado y examinando cada bulto y protuberancia. Ernestina se sintió un poco incómoda por la situación, pero se recordó a sí misma que este examen era importante para su salud.

"¿Ha notado algún dolor o picazón en esta área?" preguntó el médico mientras continuaba examinando.

"No, no realmente", respondió Ernestina, tratando de mantener su voz calmada a pesar de la creciente sensación de excitación que sentía.

El médico asintió y continuó examinando, tomando notas en su archivo médico.

Ernestina se sintió cada vez más tensa mientras el examen continuaba, pero trató de mantener la compostura y respirar lentamente. Sin embargo, cuando el médico comenzó a introducir su dedo en su ano, sintió un escalofrío de excitación recorrer su cuerpo.

Aunque sabía que no era apropiado, Ernestina no pudo evitar sentirse un poco excitada por el examen. Intentó despejar su mente, pero no pudo evitar sentir una leve presión en su clítoris.

El médico continuó el examen, preguntándole a Ernestina sobre su historial médico y cualquier síntoma que pudiera estar experimentando.

Ernestina cerró los ojos y respiró profundamente mientras el médico insertaba su segundo dedo en su ano. Aunque se sentía un poco incómoda, también se sentía un poco excitada por la sensación de tener algo dentro de ella. Trató de concentrarse en las preguntas del médico y respondió honestamente a todas ellas.

"¿Ha notado algún dolor o incomodidad al evacuar?" preguntó el médico mientras seguía explorando el interior del ano de Ernestina.

"No, no he notado nada fuera de lo normal", respondió ella, tratando de controlar su respiración.

"¿Ha experimentado algún tipo de secreción o sangrado anal?" preguntó el médico, sintiendo que todo estaba normal.

"No, nada en absoluto", respondió Ernestina, sintiéndose un poco más relajada.

Ernestina se estremeció ligeramente cuando el médico insertó el especulo en su ano, sintiendo una mezcla de incomodidad y excitación. El médico tomó una muestra de tejido del área afectada y examinó cuidadosamente el interior del ano para asegurarse de que todo estuviera bien.

El médico se dio cuenta de que Ernestina parecía estar disfrutando del examen y decidió seguir adelante, moviendo el especulo un poco para estimular su punto G. Ernestina comenzó a respirar con dificultad, sintiendo cómo su excitación se intensificaba. El médico notó esto y decidió continuar, usando su dedo para explorar más profundamente dentro del ano de Ernestina.

De repente, sintió cómo el médico tocaba un punto especialmente sensible y un gemido escapó de sus labios sin querer. El médico se detuvo de inmediato y miró hacia Ernestina, sorprendido por su reacción.

Ernestina se disculpó rápidamente y explicó que estaba teniendo una reacción involuntaria, pero el médico parecía fascinado por su respuesta. Decidió continuar con el examen, tocando suavemente diferentes puntos dentro del recto para ver cómo reaccionaría Ernestina.

Cada vez que el médico tocaba un punto sensible, Ernestina se estremecía y gemía suavemente, sin poder controlar su respuesta sexual. El médico parecía intrigado y continuó explorando con más detalle, disfrutando de la reacción de Ernestina y su propia curiosidad médica.

"¿Sientes alguna molestia mientras hago esto?", preguntó el médico, notando la reacción de Ernestina.

"No, no siento nada malo, solo una sensación extraña", respondió ella con voz entrecortada.

El médico continuó moviendo el especulo dentro de ella, examinando cuidadosamente el interior de su ano. Sin embargo, a medida que avanzaba, Ernestina comenzó a gemir cada vez más fuerte, su excitación era evidente.

El médico continuó con la exploración, notando la reacción del cuerpo de Ernestina a sus caricias. Sabía que debía mantenerse profesional y centrado en el examen, pero no podía evitar sentirse un poco atraído por la mujer atractiva que tenía delante.

Ernestina se mordió el labio para no gemir en voz alta, tratando de controlar sus emociones. Pero cada vez que el médico rozaba su clítoris, su cuerpo se estremecía y temblaba con placer.

"Lo siento", murmuró Ernestina avergonzada. "No puedo controlar mi cuerpo".

El médico sonrió con amabilidad, tratando de tranquilizarla. "No te preocupes, es una reacción normal. Solo trata de relajarte y deja que el examen continúe".

Ernestina asintió, tratando de enfocarse en su respiración y no en las sensaciones abrumadoras que la estaban invadiendo. El médico continuó con la exploración, tocando y palpando su abdomen y pelvis, auscultando con su estetoscopio mientras preguntaba sobre cualquier síntoma que pudiera estar experimentando.

Ernestina se sorprendió a sí misma cuando su cuerpo explotó en un orgasmo. Sus manos se agarraron a las sábanas de la camilla mientras temblaba y gemía con fuerza. El médico la sostuvo y la acarició con ternura mientras ella se recuperaba de la intensidad del momento.

"¿Estás bien, Ernestina?", preguntó el médico con una voz suave.

Ernestina asintió, todavía sin palabras después del orgasmo. Se sentía un poco avergonzada y vulnerable, pero también agradecida por la atención que estaba recibiendo.

"Lo siento, doctor", dijo finalmente. "No sé qué pasó".

"No te preocupes", respondió el médico. "A veces sucede durante los exámenes ginecológicos. Es normal".

El médico se detuvo por un momento y se acercó a ella, notando la respiración agitada de Ernestina y su piel sudorosa. "¿Te encuentras bien?", preguntó con preocupación.

Ernestina lo miró con ojos apasionados y respondió con voz ronca: "Sí, solo estoy... un poco excitada".

El médico se sonrojó, pero también sintió su propia excitación crecer mientras continuaba examinando el interior del ano de Ernestina. Sus dedos eran expertos y ella respondía de manera sorprendente a sus toques.

Finalmente, el médico retiró el especulo y se levantó para darle a Ernestina un momento para recuperarse. "Bueno, parece que todo está en orden, pero necesitaremos los resultados de la muestra para estar seguros", dijo en voz baja.

Ernestina asintió, todavía temblando un poco, pero agradecida por la atención del médico.

Ernestina cerró los ojos y se relajó mientras el médico comenzaba a examinar sus senos, acariciando suavemente la piel alrededor de cada pezón y palpando cuidadosamente para detectar cualquier bulto o anomalía. 

"¿Te gusta que te examinen así?", preguntó el médico en un susurro, mientras su mano se deslizaba suavemente sobre su piel morena.

Ernestina abrió los ojos y lo miró, sonriendo con picardía. "Sí, me gusta", respondió, mientras suspiraba y cerraba los ojos de nuevo.

El médico continuó con su examen, deslizando sus dedos sobre los pezones de Ernestina y aplicando una ligera presión para evaluar la sensibilidad. Notó que los pezones estaban ligeramente erectos y se preguntó si Ernestina estaba excitada.

"¿Te sientes cómoda?", preguntó el médico, mientras continuaba examinando.

Ernestina asintió, sus ojos aún cerrados mientras disfrutaba de las caricias del médico en sus senos.

El médico continuó con el examen, moviendo sus dedos hacia las axilas de Ernestina para detectar cualquier bulto o inflamación en los ganglios linfáticos. Mientras tanto, Ernestina no podía evitar sentirse cada vez más excitada.

El médico continuó el examen de los pezones de Ernestina, notando la sensibilidad y reacción que tenía a los diferentes estímulos. "¿Siente algún dolor o molestia cuando presiono aquí?", preguntó el médico mientras aplicaba una presión suave en uno de los pezones.

Ernestina gimió suavemente mientras su cuerpo se estremecía. "Un poco de dolor, pero es más bien una sensación agradable", respondió Ernestina con voz entrecortada.

El médico sonrió mientras continuaba con el examen, notando cómo la respiración de Ernestina se aceleraba y su cuerpo se tensaba cada vez más. "¿Qué tal aquí? ¿Es demasiado sensible?", preguntó el médico mientras pasaba suavemente los dedos por los pezones de Ernestina.

Ernestina soltó un gemido más fuerte mientras su cuerpo se arqueaba involuntariamente. "¡Sí, es muy sensible!", exclamó Ernestina con voz ronca.

El médico se detuvo por un momento, observando la reacción de Ernestina. "Parece que tienes una gran sensibilidad en los pezones", dijo el médico mientras hacía una nota en su expediente médico. "Es importante que sigas monitoreándolos y reportando cualquier cambio o molestia que puedas experimentar".

Ernestina asintió con la cabeza, todavía sintiéndose un poco aturdida por las sensaciones que había experimentado durante el examen. "Lo haré, gracias", dijo ella con voz suave.

El médico procedió con el examen abdominal, palpando suavemente el área y preguntando si Ernestina experimentaba algún tipo de dolor o incomodidad. Después de asegurarse de que todo estaba en orden, el médico continuó con el examen pélvico, instruyéndola para que se acostara en la camilla y colocara los pies en los estribos.

Con guantes estériles y lubricante, el médico comenzó a examinar la zona vaginal, moviendo cuidadosamente los dedos para sentir cualquier irregularidad o inflamación. Ernestina cerró los ojos y respiró profundamente mientras se dejaba llevar por las sensaciones, sintiéndose más y más excitada por el examen.

El médico continuó con la palpación, yendo más profundo en la vagina para asegurarse de que todo estaba en orden. Luego procedió con la auscultación, utilizando un estetoscopio para escuchar los sonidos del interior de su cuerpo. Ernestina se sorprendió de lo placentero que era, y se sintió un poco avergonzada por la sensación de excitación que sentía.

"Todo parece estar en orden", dijo el médico, retirándose los guantes y sonriendo a Ernestina. "Pero necesito que te sientas cómoda y me digas si experimentas alguna sensación incómoda o dolor".

Ernestina asintió, agradeciendo la atención del médico, y se preparó para levantarse de la camilla. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, sintió una oleada de placer que la dejó sin aliento, dejándola temblando y con los músculos tensos.

El médico la miró con preocupación, preguntándole si estaba bien. Ernestina asintió con la cabeza, tratando de recuperar el aliento. "Sí, solo fue un poco de sensibilidad", respondió con una sonrisa.

El médico asintió, explicándole que a veces las mujeres experimentan sensaciones placenteras durante los exámenes pélvicos y que no debía preocuparse. "De hecho, es bastante común", agregó con una sonrisa.

El médico continuó con el examen de Ernestina, explorando su clítoris con una mano mientras palpaba su abdomen y pelvis con la otra. Ernestina se estremeció al sentir la delicada caricia del médico y cerró los ojos, dejando escapar un pequeño gemido.

"¿Siente algún tipo de molestia en esta área?", preguntó el médico mientras continuaba el examen.

"No, no siento nada incómodo", respondió Ernestina, con la voz un poco entrecortada por la excitación que sentía.

El médico sonrió para sí mismo mientras continuaba explorando el área, notando cómo el clítoris de Ernestina se estaba hinchando y endureciendo cada vez más bajo sus dedos. Sabía que estaba cerca de provocarle un orgasmo, pero quería ser cuidadoso y no sobrepasar los límites profesionales.

Ernestina sentía que su cuerpo estaba fuera de control, temblando con cada caricia del médico. Trató de concentrarse en su respiración y no pensar en lo que estaba sucediendo, pero sus pensamientos se veían invadidos por sensaciones de placer abrumadoras.

El médico se dio cuenta de que Ernestina estaba teniendo una reacción muy intensa y decidió detener el examen para ayudarla a calmarse. Él le ofreció agua y le pidió que se acostara en la camilla para relajarse. Después de un momento, el médico decidió aplicar una crema vaginal para ayudar a Ernestina a sentirse más cómoda y reducir cualquier inflamación o irritación que pudiera estar experimentando.

Con cuidado, el médico le explicó a Ernestina qué estaba haciendo y cómo la crema ayudaría en su recuperación. Ernestina se sintió agradecida por la atención y cuidado que el médico estaba demostrando hacia ella y trató de relajarse mientras él continuaba aplicando la crema. 

El médico asintió y continuó aplicando la crema en la vagina de Ernestina, masajeando suavemente el área para asegurarse de que se distribuyera de manera uniforme. Mientras lo hacía, le preguntó si había notado algún otro síntoma o cambio en su cuerpo últimamente.

Ernestina trató de enfocarse en su voz y responder adecuadamente, pero su mente estaba aún nublada por el placer. "No, no he notado nada extraño", logró decir finalmente.

El médico asintió de nuevo y se tomó un momento para limpiarse las manos. "Bueno, parece que no hay nada de qué preocuparse", dijo tranquilamente. "Enviaré la muestra de tejido al laboratorio para obtener una evaluación más detallada, pero por ahora, todo parece estar bien."

Ernestina se sintió aliviada al escuchar eso, pero también un poco decepcionada de que la exploración hubiera terminado. Miró al médico con ojos suplicantes, preguntándose si habría alguna posibilidad de continuar con lo que habían empezado.

El médico pareció entender su mirada y se acercó a ella, acariciando suavemente su mejilla. "No te preocupes, Ernestina. Siempre estoy aquí para ayudarte", susurró en su oído.

Ernestina sonrió, agradecida por su atención y cuidado, y se preparó para vestirse. Mientras lo hacía, no pudo evitar sentir una pequeña punzada de tristeza al pensar que tal vez nunca volvería a experimentar algo así. Pero por ahora, se sintió satisfecha y agradecida por la atención del médico.

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