Samantha, otro encuentro con el joven Max
Max invitó a Samantha a pasar a su casa y ella aceptó con una sonrisa en su rostro. El ambiente en su hogar era acogedor y cálido, y Max se aseguró de que Samantha se sintiera cómoda en todo momento.
Se sentaron en el sofá y Max le ofreció una copa de vino. Samantha aceptó y tomó un sorbo mientras Max le contaba sobre su día en el trabajo. Ella lo escuchaba atentamente, admirando su inteligencia y elocuencia.
Después de un rato, Max se acercó a Samantha y la besó suavemente en los labios. Ella respondió con pasión, envolviendo sus brazos alrededor de él. Max la llevó a su habitación y la depositó con delicadeza en su cama.
Samantha se estremeció cuando Max empezó a besar su cuello y deslizó sus manos bajo su blusa. Él la acarició con ternura, sintiendo su piel suave y cálida.
- Eres tan hermosa - susurró Max en su oído mientras desabrochaba su sujetador.
Samantha lo miró a los ojos y le sonrió.
- Y tú eres tan dulce - respondió ella.
Max continuó acariciando su piel mientras besaba sus senos, succionando con cuidado los pezones hasta que estuvieron erectos. Samantha gemía de placer, arqueando su espalda para sentir más su tacto.
Luego, Max se puso de rodillas y bajó sus pantalones, revelando su miembro ya erecto. Samantha se sorprendió por su tamaño y se mordió el labio inferior de excitación.
- ¿Te gustaría...? - preguntó Max, ofreciéndole su miembro.
Samantha tomó su miembro en su mano y lo acarició suavemente, sintiendo su firmeza y su calor. Luego, lo llevó a su boca y lo lamió con la lengua, sintiendo el sabor salado de su piel.
Max gimió de placer mientras ella lo estimulaba oralmente, agarrando sus cabellos con una mano mientras le acariciaba la nuca con la otra.
Después de un rato, Max se puso de pie y la tomó de la mano para llevarla a la cama. La depositó con suavidad y se colocó sobre ella, besando sus labios con pasión.
Samantha abrió las piernas para él y Max la penetró suavemente, sintiendo su calor y humedad. Ella gemía de placer mientras Max la embestía con ritmo, agarrándola de las caderas y besando su cuello.
Finalmente, Max se dejó caer a su lado y la abrazó, sintiendo su respiración agitada y su corazón latiendo a toda prisa.
- Eres increíble - susurró Max, acariciando su cabello.
Samantha se acercó y acarició con ternura los glúteos de Max, sintiendo su suavidad y firmeza bajo sus manos. Luego, tomó un poco de lubricante y lo aplicó suavemente en su ano, asegurándose de que no hubiera ninguna incomodidad o dolor.
"Relájate, Max. Voy a hacerte sentir muy bien", susurró Samantha al oído de Max mientras continuaba con las caricias.
Max se estremeció con el contacto y la voz suave de Samantha, dejándose llevar por las sensaciones que ella le proporcionaba. Lentamente, Samantha introdujo un dedo en su ano, moviéndolo suavemente para estimularlo.
"Oh, Samantha...esto se siente increíble", dijo Max con voz entrecortada por el placer.
Samantha sonrió, feliz de poder hacer sentir a Max tan bien. Continuó con las caricias y la estimulación anal hasta que Max no pudo contenerse más y se volteó para enfrentarla.
"Samantha, quiero hacerte sentir tan bien como tú lo has hecho conmigo", dijo Max, mirándola a los ojos.
Samantha sonrió y le tomó la mano, llevándolo hacia la cama. Allí, se acostó sobre él y comenzó a besarlo con pasión, sintiendo su cuerpo cálido y musculoso debajo suyo.
"Quiero hacerte el amor, Samantha", susurró Max, con voz ronca de deseo.
Samantha asintió, dejándose llevar por el momento y la pasión que sentía por Max. Comenzaron a besarse y acariciarse mutuamente, explorando cada centímetro de sus cuerpos con manos y labios.
Finalmente, Max se posicionó sobre Samantha y la penetró suavemente, moviéndose rítmicamente para llevarla al éxtasis. Samantha gemía y arqueaba su espalda de placer, sintiendo cómo Max la llevaba al clímax una y otra vez.
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