Samantha, María Victoria, Ana y los pepinos

 


Ana se encontraba en su casa, sola y pensativa. Habían pasado varios días desde la última vez que vio a Samantha y María Victoria, y no había recibido ninguna llamada o mensaje de ellas. Se sentía mortificada, pensando que quizás había hecho algo mal o que habían perdido interés en ella.


Repasó en su mente cada detalle de esa noche en el departamento de Samantha, sintiendo un calor intenso en su cuerpo al recordar las caricias y los besos que compartieron. Se preguntaba si todo había sido solo una aventura de una noche, y si las dos mujeres hermosas que la habían hecho sentir tan bien ahora la habían olvidado.


De repente, sonó su teléfono y Ana se apresuró a tomarlo, esperando ver un mensaje de Samantha o María Victoria. Pero en su lugar, era solo una notificación de un juego que había descargado hacía unos días. Se sintió aún más triste y solitaria, y comenzó a preguntarse si alguna vez volvería a sentirse tan feliz y segura como lo hizo esa noche.


Decidió distraerse un poco y encendió la televisión, pero no lograba concentrarse en lo que estaba viendo. Su mente seguía volando hacia ese momento en el departamento, y su cuerpo anhelaba la dulce sensación de los labios y las manos de Samantha y María Victoria.


Finalmente, se rindió y decidió enviarles un mensaje. Escribió con cautela, preguntando cómo estaban y si querían volver a verse pronto. Esperó ansiosamente una respuesta, sintiendo que su corazón latía a mil por hora.


Pasaron unos minutos interminables, hasta que finalmente su teléfono sonó. Era una respuesta de Samantha, diciendo que habían estado ocupadas con el trabajo, pero que querían verla de nuevo pronto. Ana suspiró aliviada, sintiendo que un peso enorme se levantaba de sus hombros.


Se acostó en su cama, cerrando los ojos y dejando que las imágenes de esa noche llenaran su mente. Sabía que no podía forzar nada, pero esperaba con todo su corazón que Samantha y María Victoria la quisieran tanto como ella las quería a ellas.

A los 10 minutos, Samantha le manda un mensaje, pidiendole que vaya a su casa que van a preparar unos tragos y relajarse. Le indica que pase por una verduleria y compre los dos pepinos mas grandes que consiga.

Por supuesto, entiendo. Ana sintió una mezcla de emoción y nerviosismo al recibir el mensaje de Samantha, pero no pudo resistirse a la idea de volver a verlas. Se dirigió rápidamente a la verdulería y compró los dos pepinos más grandes que encontró, preguntándose qué planeaban hacer con ellos.


Ana llegó a la casa de Samantha con una bolsa en la mano que contenía los dos pepinos más grandes que encontró en la verdulería. Al tocar el timbre, Samantha abrió la puerta y le dio un fuerte abrazo. "¡Hola Ana! ¡Qué bueno que viniste! María Victoria ya está en la cocina preparando los tragos, ven conmigo".


Ana siguió a Samantha hasta la cocina, donde María Victoria estaba preparando unos martinis. "Hola Ana", la saludó María Victoria con una sonrisa. "¡Qué lindo verte!".


Mientras preparaban los tragos, charlaron sobre cómo había estado Ana últimamente y sobre algunos planes para el fin de semana. "Samantha me contó que te gustó el pepino", bromeó María Victoria mientras servía los martinis. Ana se sonrojó y las dos chicas rieron.


Después de tomar unos tragos y charlar un poco más, Samantha propuso que fueran a su habitación para relajarse y escuchar música. Ya en la habitación, las tres chicas se sentaron en la cama y comenzaron a hablar sobre sus vidas y sus sueños.


Ana se sintió cómoda y feliz en compañía de sus amigas. Sabía que su amistad era única y especial. "Chicas, no puedo evitar decirles lo mucho que las extrañé", dijo Ana con sinceridad. "Me encanta estar con ustedes, me hacen sentir especial y querida".


Samantha y María Victoria la abrazaron, asegurándole que también la extrañaron y que estaban felices de tenerla de regreso en sus vidas.

Se sentaron en el sofá, bebiendo y charlando durante un rato, recordando algunas de sus aventuras pasadas y hablando sobre sus vidas en general. Ana se sentía cómoda y relajada en su compañía, y poco a poco comenzó a relajarse y a dejar de lado sus miedos.


Finalmente, Samantha sacó los pepinos y los preservativos que habían comprado. "¿Están listas para jugar un poco?" preguntó con una sonrisa traviesa.


Ana se sonrojó pero asintió tímidamente. "Sí, estoy lista", dijo suavemente.


Samantha y María Victoria se pusieron a trabajar, colocando preservativos en los pepinos y haciendo nudos en el extremo opuesto. Mientras tanto, Ana los observaba con fascinación, preguntándose cómo se sentiría usarlos.


Finalmente, llegó el momento de probarlos. Samantha y María Victoria se desnudaron, dejando sus cuerpos al descubierto, y le indicaron a Ana que hiciera lo mismo. Ana se sintió un poco nerviosa al principio, pero luego se dejó llevar por la emoción del momento.

Samantha y María Victoria se acercaron a ella, rodeándola con sus brazos y comenzando a acariciar suavemente su cuerpo. "Eres tan hermosa", susurró María Victoria, mientras besaba su cuello. "Nos encanta tenerte aquí con nosotras".


Ana se sintió abrumada por la atención, pero a la vez se sintió segura y amada. Dejó que sus manos exploraran los cuerpos de sus amigas, disfrutando de la suavidad de su piel y la calidez de sus abrazos.


Samantha tomó uno de los pepinos y lo cubrió con un preservativo, antes de pasárselo a Ana. "¿Estás lista?", preguntó, sonriendo.


Ana asintió, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza en el pecho. "Estoy lista", respondió, con determinación.


Samantha y María Victoria la ayudaron a acostarse sobre la cama, y comenzaron a besarla suavemente mientras introducían el pepino en su vagina. Ana gimió, sintiendo cómo el placer la invadía poco a poco.


"¿Te gusta?", preguntó Samantha, mientras comenzaba a mover el pepino dentro de ella.

Ana cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones que recorrían su cuerpo. "Sí, me gusta", susurró. Samantha continuó moviendo el pepino dentro de ella, mientras María Victoria la besaba y acariciaba suavemente.


"¿Te gustaría probar algo más?", preguntó María Victoria, mientras se alejaba un poco para tomar algo de aceite.


"¿Qué tienes en mente?", preguntó Ana, un poco curiosa.


"Algo que te va a encantar", respondió Samantha, sonriendo de manera seductora.


María Victoria regresó con el aceite y comenzó a aplicarlo suavemente en el ano de Ana, mientras Samantha continuaba moviendo el pepino en su interior. Ana se estremeció ante el contacto, sintiendo un placer que nunca había experimentado antes.


"Relájate", susurró María Victoria, mientras comenzaba a insertar un dedo dentro de ella. Ana respiró profundamente y se dejó llevar por las sensaciones, mientras Samantha continuaba estimulando suavemente su vagina con el pepino.


Poco a poco, María Victoria fue insertando más dedos en su ano, y Ana comenzó a gemir de placer. Las manos de Samantha se deslizaron por su cuerpo, acariciando suavemente sus pechos y estimulando su clítoris.

Con un poco de ayuda, Ana se puso en posición para probar algo nuevo. Samantha colocó un preservativo en uno de los pepinos y lo cubrió con una buena cantidad de lubricante, mientras que María Victoria preparó el otro pepino de la misma manera.


"¿Estás lista?" preguntó Samantha, sosteniendo uno de los pepinos en su mano.


Ana asintió, sintiendo su cuerpo temblar de anticipación.


Con una mano sosteniendo el pepino en su lugar, Samantha comenzó a empujarlo suavemente dentro de ella. Ana gimió de placer mientras el pepino se deslizaba dentro de ella, llenándola por completo.


Mientras tanto, María Victoria tomó el segundo pepino y comenzó a acariciar suavemente el ano de Ana. "Relájate", susurró mientras comenzaba a presionar suavemente el pepino contra su esfínter.


Ana se concentró en su respiración, tratando de relajarse mientras María Victoria continuaba presionando el pepino contra su ano. Finalmente, el esfínter cedió y el pepino comenzó a deslizarse dentro de ella.


"¡Oh Dios mío!", exclamó Ana mientras los dos pepinos la llenaban por completo. Se sentía tan llena, pero al mismo tiempo tan excitada.


Samantha comenzó a mover el pepino dentro de ella, mientras que María Victoria hacía lo mismo con el segundo pepino. Ana se sentía como si estuviera en un mundo completamente nuevo, experimentando sensaciones que nunca antes había sentido.


"¿Cómo te sientes?" preguntó Samantha, mientras continuaba moviendo el pepino dentro de ella.


Ana cerró los ojos y se dejó llevar por el placer. "Es increíble", susurró. "Nunca he sentido nada así antes".


María Victoria sonrió y se acercó a Ana para darle un beso suave en los labios. "No tienes que preocuparte por nada", susurró. "Estamos aquí para hacerte sentir bien y amada".


Samantha continuó moviendo el pepino dentro de Ana, alternando entre movimientos lentos y rápidos. María Victoria, por su parte, comenzó a lamer suavemente su clítoris, y Ana no pudo contener sus gemidos.


"¡Oh Dios mío!", exclamó Ana mientras su cuerpo se tensaba con el placer. "¡Esto es increíble!".


Samantha sonrió y se inclinó para besar suavemente su cuello mientras continuaba estimulándola. "Nos encanta verte disfrutar", susurró. "Eres hermosa y mereces todo el placer del mundo".


María Victoria continuó estimulando su clítoris, moviendo su lengua en círculos cada vez más rápidos. Ana sintió que se acercaba al orgasmo, y sus gemidos se hicieron más fuertes.


"¡Sí, sí, sí!", gritó Ana mientras su cuerpo explotaba en el clímax. Las dos mujeres la sostuvieron y la abrazaron suavemente mientras se recuperaba de la experiencia.


"¿Te sientes bien?", preguntó María Victoria mientras le acariciaba el pelo.


Ana asintió con la cabeza, todavía temblando un poco por la intensidad del orgasmo. "Sí, nunca había sentido algo así antes", dijo.


Samantha y María Victoria retiraron los pepinos lentamente del interior de Ana, asegurándose de no causarle ninguna molestia. Ana temblaba de placer y de satisfacción, nunca había experimentado algo así antes. Las dos mujeres acariciaron suavemente su cuerpo, asegurándose de que se sintiera amada y cuidada en todo momento. 


"¿Te gustó?", preguntó Samantha mientras le daba un suave beso en los labios. 


"Me encantó", respondió Ana, sonriendo ampliamente. "Nunca había sentido algo así antes". 


Las tres mujeres se abrazaron, disfrutando del momento juntas. Para Ana, esa noche había sido una revelación, había descubierto un lado de su sexualidad que nunca había explorado antes y estaba agradecida por tener a dos mujeres tan increíbles a su lado para compartirlo.



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