Isabella va al ginecologo




Isabella: 50 años, 1.62m, 128-71-94.

Como modelo de carrera, Isabella estaba acostumbrada a mostrar su cuerpo y no le incomodaba la idea de desnudarse para un examen médico, pero la forma en que el Dr. González le había pedido que lo hiciera, con su voz profunda y suave, la hizo sentir un escalofrío recorrer su cuerpo.

"Claro, doctor, no hay problema", respondió Isabella con una sonrisa coqueta mientras se desabotonaba lentamente su blusa, dejando al descubierto su sujetador negro de encaje.

El médico observó con atención cada movimiento de la modelo, sus ojos oscuros no podían apartarse de ella mientras se quitaba la blusa y la dejaba caer al suelo con un suave suspiro.

"Perfecto, ahora podemos continuar con el examen", dijo el médico mientras se acercaba a ella para comenzar el examen de los senos.

Isabella se recostó en la camilla y el Dr. González comenzó a palpar y revisar cada uno de sus senos en busca de cualquier posible anomalía. Mientras lo hacía, la modelo no podía evitar sentir su respiración cálida en su piel y se mordió suavemente el labio inferior, sintiendo una extraña sensación de excitación recorrer su cuerpo.

El médico se acercó a Isabella y comenzó a examinar sus senos con una mano mientras sostenía su carpeta de notas con la otra. Sus dedos se deslizaron suavemente por su piel, explorando cuidadosamente cada centímetro y buscando cualquier posible anomalía.

Isabella se sintió un poco nerviosa al principio, pero el toque del médico era firme pero gentil, lo que la hizo sentir más relajada. Sin embargo, no podía evitar sentir una sensación de excitación que se deslizaba por su cuerpo a medida que el examen continuaba.

El médico tomó nota de cada detalle, asegurándose de que cada seno fuera examinado minuciosamente. Mientras tanto, Isabella luchaba por controlar su respiración, sus pezones endurecidos por la emoción.

"Todo parece normal hasta ahora", dijo el médico mientras terminaba de revisar su seno derecho. "Ahora, por favor, gire hacia mí para examinar el otro lado".

Isabella obedeció, su corazón latiendo con fuerza mientras se giraba. El médico comenzó a examinar su otro seno, sus dedos cálidos y suaves mientras palpaba cuidadosamente cada área.

Isabella cerró los ojos, tratando de concentrarse en su respiración mientras el examen continuaba. La excitación se intensificó a medida que el médico exploraba cada vez más profundamente, haciendo que su cuerpo temblara ligeramente.

Finalmente, el examen terminó y el médico se alejó para tomar notas en su carpeta. "Todo parece estar en orden", dijo, sonriendo. "Pero quiero que te mantengas alerta a cualquier cambio y me informes de inmediato si notas algo extraño".

Isabella asintió, sintiéndose un poco aturdida por la experiencia. Se vistió lentamente, todavía sintiendo la sensación de los dedos del médico en su piel. Sabía que su cuerpo había reaccionado de manera inesperada, pero no podía evitar sentirse agradecida por el examen tan detallado.

El doctor continuó el examen, dirigiéndose ahora a los pezones de Isabella. "Ahora necesito examinar tus pezones, por favor", dijo con su voz suave y calmada.

Isabella asintió, sabiendo que esto era parte del examen. El médico procedió a examinar sus pezones, presionándolos suavemente para sentir su sensibilidad y dolor. "¿Sientes algún tipo de dolor o sensibilidad alrededor de tus pezones?" preguntó el médico.

"No, no siento nada fuera de lo normal", respondió Isabella, sintiéndose un poco nerviosa por la situación. Sin embargo, se recordó a sí misma que esto era parte de un examen médico y que era importante para su salud.

El doctor continuó con el examen, evaluando la sensibilidad de los pezones de Isabella a través de roces y presiones. "Muy bien, todo parece estar normal en esta área", dijo el médico, tomando nota en su archivo médico.

Isabella se sintió aliviada al escuchar esto y agradecida por la atención y cuidado del médico durante el examen. "Gracias, doctor", dijo ella con una sonrisa.

El doctor González explicó a Isabella que, como parte del examen, necesitaría realizarse una mamografía para detectar cualquier anomalía que pudiera estar presente. Isabella asintió con la cabeza, un poco nerviosa pero decidida a hacer todo lo necesario para mantener su salud.

El médico la llevó a una sala especializada para realizar la mamografía. Allí, le entregaron una bata y le pidieron que se desvistiera de la cintura hacia arriba, mientras el equipo de profesionales de la salud preparaba el equipo necesario para la prueba.

Isabella se sintió un poco incómoda al desvestirse frente a personas desconocidas, pero sabía que era importante para su bienestar. Finalmente, se puso la bata y esperó a que la llamaran para realizar el examen.

Cuando llegó su turno, el doctor González la acompañó a la máquina de mamografía y le explicó detalladamente en qué consistía el proceso. Isabella se acercó a la máquina y colocó su seno sobre el plato de la mamógrafo, sintiendo un poco de presión en el pecho.

"Respire profundamente y no se mueva", indicó el técnico mientras tomaba las imágenes. Isabella cerró los ojos y trató de relajarse lo más posible, aunque la sensación de presión en el pecho no era muy agradable.

Finalmente, la prueba terminó y el médico le explicó que todo había salido bien. Isabella se sintió aliviada al saber que sus senos estaban sanos, pero sabía que aún quedaban otras partes del examen por realizar.

El doctor González la miró con una sonrisa tranquilizadora y le indicó que se acercara a la camilla para continuar con el examen. Isabella se sintió un poco nerviosa, pero sabía que era importante realizar este chequeo para su salud. Con un movimiento elegante, se desabrochó la chaqueta de cuero y la dejó caer sobre el respaldo de una silla cercana. Luego se quitó la bufanda y la puso en la misma silla.


El doctor le indicó que se recostara en la camilla y la cubrió con una sábana blanca. Mientras la auscultaba con su estetoscopio, Isabella se esforzó por mantener una respiración tranquila y constante. El doctor González procedió a palpar su abdomen con cuidado, moviendo sus manos de un lado a otro para verificar que no hubiera ninguna anomalía.


"Todo parece estar bien", dijo el doctor, mientras terminaba de palpitar su abdomen. "Ahora, por favor, coloca tus piernas en los estribos y flexiona las rodillas".


Isabella hizo lo que se le indicó y el doctor González comenzó a examinar su área pélvica y vaginal. Ella se sentía un poco incómoda, pero sabía que era necesario. El doctor la revisó con mucho cuidado y preguntó si sentía algún tipo de incomodidad o dolor. Isabella respondió que no.


El doctor González procedió a realizar el examen ginecológico, revisando los genitales externos y la vagina. Isabella se sintió un poco avergonzada, pero el doctor se aseguró de que se sintiera cómoda y respetada en todo momento. Terminado el examen, el doctor González le informó que todo parecía estar bien y que no había signos de ninguna anomalía.


Isabella se sintió aliviada y agradecida por la profesionalidad y el cuidado que había recibido por parte del doctor González. Sabía que era importante realizar chequeos regulares de este tipo para cuidar de su salud y bienestar.

"Ahora, Isabella, necesito que te relajes y te sientas cómoda mientras examino tu clítoris", explicó el doctor mientras se preparaba para realizar el examen.


Isabella asintió con la cabeza, tratando de mantener la calma mientras el médico continuaba con el examen. El doctor González tomó el dispositivo y comenzó a moverlo suavemente sobre el área del clítoris de Isabella, examinando cuidadosamente cualquier cambio o anormalidad en el área.


A pesar de estar consciente de que era un examen médico, Isabella no pudo evitar sentir una oleada de sensaciones y se mordió el labio inferior para evitar gemir. El médico continuó examinando con cuidado, sin dejar de ser profesional en ningún momento.

El doctor González continuó examinando cuidadosamente el clítoris de Isabella, palpando suavemente la zona para evaluar su sensibilidad. "¿Sientes algún tipo de incomodidad o dolor?", preguntó el médico mientras seguía explorando.


"No, todo está bien", respondió Isabella con voz suave, cerrando los ojos y dejando escapar un suspiro involuntario mientras el médico seguía explorando.

"¿Puede sentir esto?" preguntó el doctor, tocando suavemente el clítoris con un hisopo de algodón.


Isabella asintió con la cabeza, sintiendo la suave presión del hisopo sobre su piel. Luego, el doctor comenzó a aplicar una ligera presión en diferentes áreas del clítoris, evaluando la respuesta de Isabella.

Mientras continuaba con el examen de sensibilidad del clítoris, el doctor González se enfocó en cada detalle para evaluar la reacción de Isabella. Él notó cómo ella cerraba los ojos y dejaba escapar un suave suspiro cuando aumentaba la presión. La piel de Isabella se erizó, y ella se aferró a las sábanas de la camilla mientras el placer recorría su cuerpo.


El doctor González detuvo el frotamiento y observó a Isabella cuidadosamente. "¿Te sientes cómoda? ¿Te ha dolido en algún momento?", preguntó él.


"No, no ha habido ningún dolor", respondió Isabella con una sonrisa. "De hecho, es una sensación muy agradable. Nunca pensé que un examen médico pudiera ser tan... placentero".

El doctor González asintió comprensivamente. "Sí, puedo imaginar que lo es", dijo él. "Pero es importante que sigamos con el examen para asegurarnos de que todo esté en orden". 

 Después de unos minutos de estimulación, Isabella comenzó a sentir sensaciones cada vez más intensas y su respiración se aceleró. De repente, experimentó un orgasmo involuntario que la tomó por sorpresa.


"Oh Dios mío", susurró Isabella, sintiendo que su cuerpo se estremecía con el placer. "No puedo creer que esto esté sucediendo. Lo siento, doctor, no puedo controlarlo."


"No te preocupes, Isabella", dijo el doctor González con calma, manteniendo su enfoque profesional en todo momento. "Es perfectamente normal que esto suceda durante un examen ginecológico. ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas un momento para recuperarte?"


Isabella respiró profundamente, tratando de calmarse. "Sí, estoy bien", dijo finalmente. "Solo necesito un momento para procesar lo que acaba de suceder."

Como profesional médico, el doctor González explicó detalladamente el procedimiento del examen rectal a Isabella antes de comenzar. Le explicó que este examen implicaba la inserción de un dedo en su recto para evaluar la salud de su colon y la próstata en el caso de los hombres. Isabella asintió con la cabeza, sintiéndose cómoda y confiada en las habilidades y profesionalismo del doctor.


El doctor González le pidió a Isabella que se acostara de costado y doblara su rodilla hacia su pecho para exponer su ano. Luego, con guantes y lubricante, comenzó a insertar suavemente su dedo en el recto de Isabella para examinar su colon. Mientras lo hacía, le preguntaba constantemente si sentía alguna incomodidad o dolor, y le recordaba que podía detener el examen en cualquier momento si así lo deseaba.


Isabella respiraba profundamente y se concentraba en relajar sus músculos mientras el doctor González continuaba con el examen rectal. Aunque se sentía un poco incómoda, no experimentó dolor y estaba agradecida por la amabilidad y el cuidado que el doctor González demostraba en todo momento.

"Isabella, voy a realizar un examen rectal profundo y utilizar un espéculo, necesito que te coloques en posición fetal lateral, con tus rodillas hacia tu pecho", dijo el doctor.

Isabella asintió con la cabeza y se acomodó en la posición indicada. El doctor González colocó un poco de lubricante en el espéculo y lo insertó cuidadosamente en el ano de Isabella.

Isabella respiró profundamente y trató de relajarse mientras el doctor continuaba con el examen. "¿Estás cómoda, Isabella?" preguntó el doctor.

"Estoy bien, gracias", respondió Isabella. "No es algo que se sienta muy cómodo, pero sé que es importante para mi salud".

El doctor asintió y continuó con el examen, moviendo el espéculo suavemente para obtener una mejor visión del área rectal. "Estoy revisando la mucosa rectal y verificando que todo esté en buen estado", explicó el doctor mientras seguía con el examen.


Isabella respiró profundo y trató de relajarse mientras el doctor continuaba con el examen. Podía sentir el espéculo dentro de ella, pero no le dolía. De hecho, Isabella encontraba el examen interesante y educativo. "Doctor, ¿hay algo que deba hacer para ayudar en el examen?" preguntó Isabella.


"No, simplemente sigue relajada y respirando profundo", respondió el doctor mientras seguía con el examen.


Después de unos minutos, el doctor retiró el espéculo y continuó con el examen rectal profundo con su dedo cubierto con guante y lubricante. "Ahora voy a palpar tu recto para detectar cualquier anomalía o inflamación", explicó el doctor mientras realizaba el examen.


Isabella continuó respirando profundo y tratando de relajarse mientras el doctor completaba el examen. A pesar de que el examen era un poco incómodo, ella se sentía tranquila sabiendo que estaba cuidando de su salud.

En un momento dado, Isabella comenzó a gemir suavemente y su cuerpo se tensó un poco. El doctor González no se detuvo y preguntó: "¿Estás bien, Isabella? ¿Te gusta?"

Isabella jadeó un poco y respondió: "Sí, por favor, continúa".

El doctor González asintió con comprensión y continuó con el examen rectal, aplicando una suave presión en el interior del recto de Isabella. Mientras tanto, Isabella comenzó a respirar más rápido y su cuerpo se estremeció con cada movimiento del doctor.

"¿Te sientes cómoda, Isabella?" preguntó el doctor González, sin dejar de realizar el examen.

"Estoy bien, gracias", respondió Isabella entre jadeos. "Solo sigue".

El examen continuó durante unos minutos más, hasta que Isabella finalmente alcanzó un orgasmo involuntario. El doctor González detuvo el examen de inmediato y se aseguró de que Isabella estuviera cómoda y segura.

"Lo siento, no esperaba que eso sucediera", dijo Isabella, un poco avergonzada.

"No hay nada de qué avergonzarse, es una respuesta completamente natural", aseguró el doctor González. "¿Te sientes bien ahora?".

"Sí, me siento bien", respondió Isabella, sonriendo suavemente. "Gracias por ser tan comprensivo".

El doctor González sonrió de vuelta y se aseguró de que Isabella estuviera cómoda antes de continuar con el examen rectal.

Después de completar el examen rectal profundo, el doctor González procedió a colocar un supositorio en el recto de Isabella para ayudar con sus síntomas. "Isabella, esto es un supositorio que te ayudará a aliviar la inflamación y el dolor", explicó el doctor.

Isabella asintió con la cabeza y se preparó para la colocación del supositorio. El doctor González le indicó que se recostara en la camilla de nuevo y colocó el supositorio en su recto con cuidado. "Listo, Isabella", dijo el doctor. "Ahora deberías sentirte mejor en unas horas".

Isabella se vistió y se despidió del doctor González. "Gracias por tu profesionalismo y por hacerme sentir cómoda durante todo el examen", dijo ella. "Es importante para mí tener un médico en quien confiar".

"Gracias a ti, Isabella", respondió el doctor. "Siempre es un placer trabajar con pacientes como tú que entienden la importancia de su salud y toman medidas para cuidarse a sí mismos. No dudes en volver si necesitas algo más".


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