Alejandra ya no es Alejandro - 4 -

 


Alejandra llegó temprano a la clase de yoga y se sentó en su estera, estirando su cuerpo mientras esperaba a que las demás llegaran. De repente, vio a Lucia entrar en la habitación y su corazón comenzó a latir con fuerza. Lucia llevaba puesto un top ajustado que dejaba ver sus pechos y unos leggings negros que realzaban su figura.


Hola, Alejandra -saludó Lucia con una sonrisa coqueta mientras se acercaba a su estera-. ¿Cómo estás?


Hola, Lucia -respondió Alejandra, sonrojándose levemente-. Estoy bien, gracias.


Lucia se sentó en la estera junto a Alejandra y comenzó a estirar. Durante toda la clase, Alejandra no podía apartar sus ojos de Lucia. Sus movimientos eran tan elegantes y sensuales que la dejaban sin aliento.


Después de la clase, Alejandra se acercó a Lucia y comenzaron a conversar.


Me encanta la clase de hoy -dijo Alejandra, sonriendo tímidamente-. Eres una excelente profesora.


Gracias, Alejandra -respondió Lucia, con una sonrisa seductora-. Me alegra que hayas disfrutado la clase. ¿Quieres tomar un café conmigo?


Claro, me encantaría -respondió Alejandra, emocionada.


Durante el café, Alejandra y Lucia hablaron de todo, desde su amor por el yoga hasta sus trabajos y pasatiempos. Se reían juntas y se sentían tan cómodas la una con la otra que parecía que se conocieran de toda la vida.

Después de la clase de yoga, Alejandra y Lucía se quedaron charlando un rato más. Hablaban de sus vidas, sus gustos y sus aficiones. Alejandra se sentía muy cómoda con Lucía, le encantaba su personalidad y cómo se comportaba.


Lucía, por su parte, no podía dejar de mirar a Alejandra. Le parecía una mujer muy atractiva y sensual, con una energía que la cautivaba. Quería saber más de ella, quería pasar más tiempo con ella.


Me encanta cómo te mueves en la clase, Alejandra -dijo Lucía con una sonrisa-. Pareces tan segura de ti misma y tan sexy.


Gracias, Lucía -respondió Alejandra, sonrojándose un poco-. Me gusta mucho el yoga, me hace sentir bien conmigo misma.


A mí también me gusta mucho -dijo Lucía-. Pero lo que más me gusta es cómo te ves haciendo yoga.


Alejandra no sabía qué decir, se sentía halagada por los comentarios de Lucía. Y a la vez, algo dentro de ella se encendió, una chispa de deseo que no podía explicar.


¿Te gustaría hacer yoga juntas algún día fuera de la clase? -preguntó Lucía, acercándose un poco más a Alejandra.


Me encantaría -respondió Alejandra, sintiendo su corazón latir más fuerte-. Me parece una idea genial.


Entonces quedamos en eso -dijo Lucía, tocando suavemente la mano de Alejandra-. Y quizás después podamos hacer algo más.


¿Qué quieres decir? -preguntó Alejandra, sintiendo la excitación crecer en su cuerpo.


No sé... algo más íntimo, quizás -respondió Lucía con una sonrisa pícara-. Si te parece bien, claro.


Alejandra no sabía cómo responder. Por un lado, se sentía atraída por Lucía, por su belleza y su seducción. Pero por otro lado, estaba en una relación con Diego y no quería hacer nada que pudiera dañarla.


Me encantaría pasar tiempo contigo, Lucía -dijo finalmente-. Pero no quiero hacer nada que pueda lastimar a mi pareja.


Claro, lo entiendo -dijo Lucía, acariciando suavemente el brazo de Alejandra-. Pero quizás podamos hacer algo que los tres disfrutemos. ¿Qué te parece?


Alejandra se quedó pensando un momento. No estaba segura de lo que quería hacer, pero algo dentro de ella le decía que quería explorar esta nueva atracción que sentía por Lucía.


Me parece bien -dijo finalmente, sonriendo tímidamente-. Pero hablemos de eso en otro momento, ¿sí?


Por supuesto -dijo Lucía, acercándose aún más y mirándola intensamente a los ojos-. Pero por ahora, ¿te gustaría ir a tomar algo juntas?


Me encantaría -dijo Alejandra, sintiendo cómo su corazón latía cada vez más fuerte-. Vamos.


Y así, las dos mujeres salieron juntas de la clase de yoga, caminando por la calle con la promesa de una nueva aventura juntas.

Alejandra decidió mandarle un mensaje a Diego para que se uniera a ellas. Diego aceptó encantado y pronto se encontraron los tres en la casa de Lucia.


"Me alegra que puedas venir, Diego", dijo Alejandra con una sonrisa mientras le daba un beso en la mejilla.


"Me encanta pasar tiempo contigo, Alejandra", respondió Diego con una sonrisa mientras le tomaba la mano.


Lucia los miraba con curiosidad, notando la cercanía entre ellos. "Hola, Diego", dijo Lucia, extendiendo su mano para saludarlo.


"Hola, Lucia", respondió Diego, estrechándole la mano.


Después de un rato de charla, Alejandra sugirió que podrían hacer una sesión de yoga juntos. Lucia aceptó entusiasmada y pronto los tres estaban en el piso, siguiendo las instrucciones de Alejandra.


Mientras se movían juntos, Diego no podía evitar sentirse atraído por Alejandra y Lucia, ambos con cuerpos impresionantes y moviéndose con gracia y sensualidad. Pero también se sentía un poco nervioso, no estaba seguro de cómo actuar en esta situación.


Finalmente, Alejandra lo ayudó a relajarse. "No te preocupes, Diego, solo relájate y disfruta del momento", le susurró mientras le daba un suave masaje en el hombro.


Diego asintió y dejó que la tensión se fuera de su cuerpo mientras seguían moviéndose juntos en la sesión de yoga. Eventualmente, terminaron la sesión y Alejandra sugirió que podrían tomar un baño juntos para relajarse aún más.


Lucia y Diego aceptaron encantados y pronto los tres estaban desnudos, sumergidos en el agua caliente. La tensión sexual era palpable en el aire, pero todos parecían un poco incómodos con la idea de dar el primer paso.


Finalmente, fue Alejandra quien rompió el hielo. "¿Qué les parece si jugamos a la verdad o consecuencia?", propuso, mirando a Lucia y Diego.


Los otros dos asintieron y pronto estaban girando la botella y respondiendo preguntas atrevidas o cumpliendo desafíos.


Cuando llegó el turno de Alejandra, ella eligió "verdad" y Lucia le preguntó: "¿Cuál es tu fantasía sexual más loca?"


Alejandra sonrió con malicia mientras pensaba en su respuesta. "Bueno, no sé si es la más loca, pero siempre he querido tener un trío con dos personas que me gusten", confesó, mirando a Lucia y Diego.


Diego y Lucia se miraron el uno al otro, sorprendidos por la revelación de Alejandra. Pero luego se miraron de nuevo y ambos asintieron.


"Podríamos hacerlo realidad, ¿no crees?", dijo Diego, mirando a Alejandra con una sonrisa.


Alejandra asintió con una sonrisa traviesa, emocionada por lo que estaba por venir. "Me encantaría", dijo, mientras se acercaba a los otros dos para unirse en un beso apasionado.

Los tres se sumergieron en un intenso beso, explorando cada rincón de las bocas y saboreando el sabor del deseo. Alejandra deslizó sus manos por las espaldas de Diego y Lucía, mientras ellos la rodeaban y la acariciaban con ternura.


Lentamente, Diego se separó de los labios de Alejandra y se movió hacia su cuello, dejando besos suaves y mordidas juguetonas. Lucía se deslizó detrás de ella, acariciando su cuerpo desnudo y susurrándole palabras dulces al oído.


Los tres se movieron juntos en la cama, explorando cada centímetro de la piel del otro, entregándose al placer del momento. Alejandra se acurrucó entre ellos, sintiendo el calor y la pasión que emanaba de sus cuerpos.


Alejandra suspiró de placer mientras sentía las manos de Lucia recorriendo su cuerpo y acariciando sus pechos pequeños pero sensibles. Diego se acercó por detrás y empezó a besar su cuello, mientras sus manos se deslizaban hacia abajo, explorando su pene erecto y listo para ser amado.


Lucia se deslizó hacia abajo y empezó a lamer y succionar los pezones de Alejandra, haciéndola gemir de placer. Diego se arrodilló frente a ella y empezó a lamer su pene, mientras Lucia seguía acariciando sus pechos y besando su cuerpo.


Alejandra se sentía abrumada por el placer y la pasión que estaba experimentando. Había soñado con un momento así durante tanto tiempo, y ahora que estaba sucediendo, no podía creerlo. Se arqueó hacia adelante, ofreciéndose aún más a las caricias de sus amantes.


Lucia y Diego intercambiaron una mirada cómplice mientras continuaban estimulando a Alejandra, y luego se acercaron para besarla y acariciarla juntos. Los tres se sumergieron en un torbellino de placer, entregándose a la pasión y la lujuria sin restricciones.

Alejandra se desliza hacia abajo de la cama, mientras Diego la sigue, arrodillándose a ambos lados de Lucia. Alejandra le sonríe de nuevo, y comienza a besar y lamer suavemente los muslos de su amante, haciendo que se estremezca con anticipación. Diego, por su parte, acaricia el cabello de Lucia y le susurra al oído, diciéndole lo hermosa y deseable que es.


Alejandra toma un poco de lubricante y empieza a aplicarlo suavemente alrededor del ano de Lucia, haciendo que se estremezca ante la sensación. "Relájate, amor", le susurra Alejandra, mientras sigue masajeando suavemente el área con sus dedos. "Te vamos a hacer sentir muy bien". 


Diego, por su parte, se mueve más cerca, acariciando la espalda de Lucia con una mano mientras que con la otra, comienza a acariciar su clítoris, haciéndola gemir de placer. 


Alejandra desliza un dedo dentro del ano de Lucia, haciendo que ella se tense un poco al principio, pero luego se relaja en la sensación, disfrutando de la suavidad y la delicadeza con que su amante la está tocando. Poco a poco, Alejandra empieza a mover su dedo dentro y fuera del ano de Lucia, mientras sigue acariciando suavemente los muslos y la entrepierna. 


"¿Te gusta?", le pregunta Alejandra, mirando a los ojos a Lucia. "¿Te sientes bien?" 


Lucia asiente con la cabeza, sintiendo cómo el placer comienza a inundar todo su cuerpo. Diego continúa acariciando su clítoris, mientras que Alejandra añade otro dedo a la mezcla, trabajando con cuidado y habilidad para dilatar el ano de Lucia y prepararla para lo que viene a continuación.


Finalmente, Alejandra alcanza por un consolador pequeño, aplicando lubricante y suavemente introduciéndolo en el ano de Lucia. Diego se mueve alrededor de ella, sosteniendo su cabeza en sus manos y besándola suavemente en los labios, mientras que Alejandra comienza a empujar y retirar el consolador, llevando a Lucia a nuevas alturas de placer y éxtasis.Alejandra y Diego se detuvieron en su movimiento al sentir a Lucia tensarse y gemir de placer. La miraron con una sonrisa en sus rostros, felices de haberle dado tanto placer.


Lucia respiraba agitadamente, todavía sintiendo los espasmos de su orgasmo recorrer su cuerpo. "Eso fue increíble", dijo con una sonrisa radiante.


"Nos alegra mucho haberte hecho sentir tan bien", respondió Alejandra acariciando suavemente su cabello. "¿Te sientes bien ahora?"


"Me siento increíble", respondió Lucia, todavía recuperándose del intenso placer que acababa de experimentar.


"Deberías descansar un poco", sugirió Diego, dándole un suave beso en la frente. "Nosotros podemos esperar".


Lucia asintió y se recostó en la cama, cerrando los ojos y dejando que la calma y la paz la envolvieran. Alejandra y Diego la miraban con ternura y amor, sintiéndose agradecidos por tenerla en sus vidas.


Después de unos minutos, Lucia abrió los ojos y miró a sus amantes con una sonrisa en su rostro. "Gracias chicos, esto ha sido maravilloso", dijo sinceramente.


"No tienes que agradecer nada", respondió Alejandra, acariciando suavemente su mejilla. "Estamos felices de haber estado aquí para ti".


"Y siempre lo estaremos", añadió Diego, besando suavemente sus labios.


Lucia los miró a ambos con gratitud y amor, sintiéndose afortunada de tener a dos personas tan maravillosas en su vida. Juntos se acurrucaron en la cama, disfrutando del calor y la cercanía del uno al otro, sin saber lo que el futuro les depararía pero sintiendo la felicidad del presente.



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