Mi amigo Carlos

 



Eran las nueve de la mañana del domingo cuando sonó el telefóno y yo me había acostado a las seis de la mañana, después de pasar la noche en un par de discotecas y sin haberme podido llevar nada más a la cama que un buen calentón. La noche anterior había conocido a una tía imponente, morena,

alta, con un cuerpo de cine y unas tetas cálidas. Estuvimos bailando bastante tiempo juntos hasta que terminamos por besarnos.


Nos perdimos en un rincón de la discoteca y nos dimos un buen lote, pero una amiga suya vino a buscarla y me dejó con el mástil tieso y sin consuelo. Cuando volví a casa me dí una larga ducha y me masturbé derrotado, pensando si la volvería a ver. Ni siquiera me dio su número de teléfono, se limitó a coger el mío y a despedirse con un beso lanzado con la mano. Quizá fuera ella...


- Diga?

- Hola Roberto, soy Carlos. Tengo que hablar contigo.

- Ya lo estás haciendo.

- No, por teléfono no. Ven a mi casa. -Parecía muy preocupado-.

- Pero se puede saber qué ocurre? -No me apetecía dejar de dormir, necesitaba varias horas más-. No puedes esperar hasta que me levante como una persona normal y coma?

- Está bien, te espero a la hora del café. Pero no me falles, estoy muy preocupado.


"Mierda" pensé. Carlos era un buen tipo, nos habíamos conocido en el instituto y nunca me había fallado, pero cuando tenía algún problema sólo existía en el mundo. Normalmente no eran cosas graves. Seguramente había peleado con su novia y necesitaba consejo. Tal vez le había puesto los

cuernos con otra y se había enterado, Carlos era un tipo muy sexual y siempre andaba con aventuras.


Ligaba en cualquier esquina, con su 1,80 de estatura, su pelo negro, sus ojos azules y su cuerpo trabajado. A mí me molestaba salir con él porque me volvía invisible. Yo soy un tipo con muchos encantos, muy bien dotado, pero mido diez centímetros menos que él, soy menos simpático y no gano tanto como para permitirme ir a la última moda.


En fin, cualquiera sabía qué es lo que le pasaba, pero me fastidiaba que fuera tan ansioso.


Continué durmiendo hasta el mediodía. Me duché y pensando en la chica de la noche anterior me puse de nuevo como una moto. Pero no tenía tiempo para placeres solitarios. Tenía que comer algo rápido e ir a casa de Carlos.


Cuando llegué me estaba esperando impaciente. Me sirvió un café y me hizo sentarme en el sofá. Tenía que contarme algo muy importante.


El sábado había ido al cine con su novia, Sara, a ver una película pornográfica a una sala X. Carlos al principio se resistió, porque le parecía absurdo, pero Sara le insistió en que le daba mucho morbo ir a un cine porno con él y que se excitara con la película y que se lo hicieran en el cine. A Carlos terminó por excitarle la idea y allá fueron.


Subieron al piso superior y se sentaron en la última fila. En la misma fila había dos hombres más, casi en los extremos y ellos se pusieron enmedio. La película estaba empezada y entraron en el momento en que un repartidor de pizzas, joven, cachas y con un gran rabo le estaba comiendo las tetas a una rubia ama de casa.


Carlos no tardó en ponerse cachondo a la vista de tamañas redondeces y le puso la mano en la rodilla a Sara, que iba sin medias y con una minifalda. Se dió cuenta que el tío que estaba a su derecha se estaba venga magrear el paquete y un par de filas más adelante otro se estaba masturbando.


Carlos, que ya estaba cachondo con la película, se excitó todavía más pensando que si se ponían así con una película, se iban a volver locos si Sara y él follaban en el cine.


Yo me estaba empezando a imaginar que la cosa terminaría en comisaría.


Carlos empezó a besar a Sara y a magrearle las tetas. Notó cómo los tíos del cine empezaban a mirar. Aquelló lo excitó aún más. Sara se abría de piernas para dejar que las manos de Carlos la acariciaran, pero no se movía, sólo gozaba.


La polla me había crecido dentro del pantalón, se me había puesto dura y me molestaba, así que no disimulé y me la coloqué en una postura cómoda. No pude evitar mirar la entrepierna de Carlos y ví que su polla también se había puesto tiesa. "Es que con esta historia..." me disculpé.


Carlos le abró la blusa a Sara, que no llevaba sujetador y empezó a chuparle las tetas. Sara dejó escapar unos suaves gemidos. Carlos vió que el tío que estaba a la izquierda de Sara se levantó y se sentó a un par de asientos. Carlos se detuvo, miro a Sara, pero esta le indicó que continuara.


Carlos continuó acariciándole las tetas con los labios y la lengua y bajó hasta el ombligo. Le levantó la falda y bajó su mano hasta el coño de Sara. Estaba muy húmedo. El pantalón de Carlos estaba a punto de reventar, así que se desabrochó los botones de la bragueta pero sin bajárselo. Luego se agachó entre las piernas de Sara y llevó su boca hasta su húmedo coño. Sara se dejó hacer y levantó las piernas. Al contacto de la lengua con los labios de su coño, los gemidos de Sara subieron de tono.


Carlos estaba de rodillas en el suelo y se bajó los pantalones y los calzoncillos para poder masturbarse. A esas alturas, el hombre de su derecha, un tío de unos 40 años, se había acercado un poco más y estaba de pie, con los pantalones bajados masturbándose. Algunos otros se habían acercado a la fila de delante.


Imaginarme la escena me estaba poniendo a mil. Carlos también estaba muy excitado y mientras me lo contaba se llevaba la mano al paquete de vez en cuando para colocarse la polla.


Carlos siguió con la lamida de coño, hasta que arrancó a Sara un sonoro orgasmo.


Carlos volvió a sentarse en su asiento con la polla completamente tiesa. En la fila de delante había cuatro hombres, alguno más madurito, con la polla fuera masturbándose.


Carlos cogió a Sara y la hizo sentarse encima de su instrumento y lo empezó a cabalgar. La escena era fantástica. El joven de la izquierda tenía los pantalones por los tobillos y un pollón considerable que se estaba meneando sin piedad. Sara le hizo un gesto con la lengua, como para comérselo, pero el chico ni se movió. Un par de segundos más tarde se corrió abundantemente sin haberse movido del asiento.


El otro tío seguía de pie meneándosela y se acercó algo más. Sara quería meterse una polla en la boca y así se lo dijo "vamos dámela". El tío no se movió, seguramente no se atrevía por Carlos. Carlos le hizo un gesto con la mano para que se acercase. Aquella situación le estaba dando tanto morbo que no le importaba que a su novia se la follaran todos los del cine. El tío se acercó hasta ellos.


Sara se metió la polla en la boca y la empezó a chupar como si fuera un polo. El tío empezó a gemir. Sara se movía como una leona. El tío le estaba tocando el culo. Poco a poco le introdujo un dedo en el ano, primero el dedo corazón y luego el pulgar. Con los otros dedos, el tío empezó a acariciarle los cojones a Carlos. Carlos estaba a punto de correrse, pero aguantó bajando el ritmo. Las cosquillas del tío le estaban dando tanto gusto que para mostrarle su agradecimiento le alcanzó con su mano derecha y tras acariciarle la pierna también el le empezó a acariciar los huevos.


Sara gemía de placer y el tío anunció que se iba a correr. Carlos dejó de masajearle los cojones y le agarró la polla. El mismo estaba sorprendido pero aquello le estaba excitando sobremanera. Estaba fuera de sí. La leche caliente cayendo sobre su pecho y su cara le llevó casi al paroxismo.


El tío se sacudió la polla y se retiró. Dos de los tíos que estaban en la fila de delante se movieron y se aproximarón hasta ellos, los dos con la polla fuera, completamente tiesa. Ambos empezaron a magrear el culos de Sara. Esta se metió la polla de uno de ellos en la boca y volvió a succiónar. Estaba como loca.


El otro se estaba masturbando delante de la cara de Carlos. Carlos le cogió la verga y se la empezó a menear, hasta que se la llevó a la boca. Nunca había chupado la polla a un tío pero aquello le estaba dando un morbo extraordinario. Al cabo de muy poco tiempo, el tío saco su rabo de la boca de Carlos y desparramó su leche caliente sobre ellos, al mismo tiempo que el del otro lado. Carlos ya no pudo más y con un bramido arrancado por el orgasmo descargó toda su leche dentro de Sara.


Había sido una follada fuera de serie, pero estaba preocupado: “¿es que soy un degenerado?” me dijo.


Yo no sabía qué decir. La historia me había puesto a mil, imaginándome a Carlos cabalgado por Silvia, con todo el cine corriéndose a su salud. Mucho mejor que una peli porno. Era porno en directo. Me había puesto tan cachondo que no me importaba que Carlos me hiciese una mamada si quería.


- No lo sé -le dije-, pero yo me he puesto tan cachondo que necesito correrme, así que si quieres me la puedes chupar a mi también si quieres.

Antes de que contestara, me había bajado los pantalones y mi polla de 20 cm. estaba apuntando al cielo. Carlos se levantó despació, se bajó los pantalones y me la chupó mientras se masturbaba hasta que nos corrimos los dos.


ROBERTO


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