La perversion de Blanquita (I)

 



Elena miraba con ansiedad el reloj de la cocina, tenía listos sus útiles escolares para salir en cuanto las manecillas marcaran las seis de la tarde en punto y tan atenta estaba contemplando su movimiento inexorable que prácticamente no escuchaba lo que Blanquita le decía, contestando apenas con monosílabos. Le había dicho a su mamá que tenía que ir a la casa de su amiga Laura a hacer un trabajo de la escuela y que regresaría en cuanto terminaran.

Elena acababa de cumplir los catorce años y cursaba el último año de secundaria; era una niña alegre y muy sociable, de las más populares en su escuela, razones por las cuales Blanquita, su vecina de trece años, la admiraba y deseaba imitarla en todo, pues además Elena era muy bonita y a pesar de su edad ya tenía un cuerpo muy bien formado. A Blanquita le gustaba mucho acompañar a Elena a su casa después de clases, por eso la esperaba a la salida para regresar juntas, esto tenía una razón, sin comprender muy bien por qué, le gustaba escuchar todos los piropos que le decían al pasar, sobre todo los más groseros. Era tanto el deseo de parecerse a Elena que procuraba pasar con ella el mayor tiempo posible, incluso en su casa, maquillarse igual, usar los mismos perfumes, vestirse como ella, sólo que esto último su mamá no lo permitía.

La mamá de Blanquita ya no aceptaba tan de buen grado la amistad de su hija con Elena, pues decía que de un tiempo a la fecha le notaba algo raro, como que ya no era la misma niña inocente de antes y que algo distinto comenzaba a proyectarse en ella, algo así como de malicia.

Blanquita no comprendía muy bien los comentarios de su mamá, pero después de pensarlo un poco se percató de que efectivamente algunas actitudes de Elena habían cambiado desde hacía tiempo. Recordó por ejemplo que ahora usaba casi siempre minifaldas, así como blusas muy delgaditas y pegadas y a veces hasta sin sostén. Pero luego de pensar un poco sobre esto, Blanquita se decía a sí misma que eso era lo más normal, ya que Elena era muy bonita y ya era toda una señorita como le habían dicho en su fiesta de cumpleaños, por lo que no era lógico que se siguiera vistiendo como niña. También reconoció como algo normal el que en su guardarropa, el que revisaba de vez en cuando mientras nadie la veía, Elena ya no tuviera las acostumbradas pantaletas que usan las niñas, sino tangas transparentes y de colores muy sexys, como ella decía, además de medias de colores diferentes, las cuales usaba ya con mucha frecuencia, incluso había llegado a encontrar un día un liguero rosa que a Blanquita le gustó mucho.

Recordando esto Blanquita reparó en el atuendo que Elena lucía en ese momento. Llevaba puesta una pequeñísima minifalda de likra a cuadros que al caminar se iba subiendo poco a poco hasta dejar al descubierto la mitad inferior de sus bien formadas nalgas. La blusa era de algodón color menta sostenida con dos delgadas cintas que se anudaban a la altura de cada hombro, sumamente ajustada al cuerpo, por lo que hasta ese momento se dio cuenta de que Elena no se había puesto sostén, debido a lo cual sus senos adolescentes, de forma cónica, puntiagudos y muy erectos dejaban ver sus hermosos pezones, los cuales se marcaban bajo la delgada tela como un par de perfectos chupones. Como los tenía muy bien formados y firmes, al caminar se producía en ellos un ligero temblor que los hacía parecer aún más erectos.

El reloj marcó las seis de la tarde, Elena saltó de su asiento como impulsada por un resorte y despidiéndose apresuradamente de Blanquita y de su mamá salió disparada por la puerta trasera. La vecinita reparó en que en su loca carrera Elena había dejado olvidado en la mesa uno de sus libros, por lo que salió detrás de su amiga con el objeto en su mano gritándole a su amiga que había olvidado algo, pero esta ya no se veía por ninguna parte.

La pequeña recordó que Elena iba a visitar a su amiga Laura quien vivía a unas calles de distancia por lo que enfiló sus pasos hacia el lugar. Al cabo de algunos minutos la nena llegó a la casa y tocó el timbre; poco después la puerta se abrió delante de la madre de Laura, quien con una sonrisa recibió a la niña inquiriéndola:

- Hola Blanquita qué se te ofrece?

La nena respondió sin dudar:

- Buenas tardes señora, le traje a Elena un libro que dejó olvidado en su casa al salir para acá a estudiar con Laura.

La señora le dirigió una amigable mirada de sorpresa diciendo:

- Elena aquí? Pero si no la he visto, además no se a qué vendría si ella sabe que Laura salió desde ayer a visitar a sus abuelos!

La pequeña solo atinó a balbucir algunos sonidos pero pronto se repuso diciendo:

- Oh si, es cierto…ahhhh….perdone ya me acordé que no era a su hija sino a Laura la chica que vive en la segunda privada, disculpe señora y adios!

Diciendo esto Blanquita salió corriendo en el sentido que había llegado. Una vez que perdió de vista a la mamá de Laura se detuvo a cavilar sobre lo sucedido, su mente era un lío de dudas pues sabía perfectamente que no existía ninguna “otra” Laura, así qué ¿porqué habría mentido? Pero más aún ¿a dónde habría ido? Con estas y otras muchas interrogantes en su pequeña mente lo único que atinó a hacer fue irse a su casa pues no deseaba alarmar a la madre de Elena y en el fondo sabía que alguna explicación lógica debía existir y que su amiga se lo comentaría al día siguiente, por lo que resuelta en tal propósito inició la caminata a su casa.

Para llegar a ella debía pasar frente a una obra en construcción y al estar justo frente a ella le pareció escuchar murmullos y, entre estos, la inconfundible risilla juguetona de su amiga Elena, por lo que intrigada decidió adentrarse en el inmueble a medio edificar cuidando que sus pisadas produjeran el menor ruido posible al apoyarse sobre el cascajo y los deshechos de material que cubrían casi por completo la superficie del terreno.

Los sonidos parecían provenir de una de las habitaciones centrales que a esa hora, más de las seis, era la única iluminada. Lentamente los murmullos se fueron convirtiendo en voces y al llegar a lo que en algún momento sería la habitación contigua Blanquita se colocó en cuclillas detrás de un muro desde el cual tenía una visión perfecta de lo que sucedía en el cuarto iluminado sin ser ella vista. Lo que vio entonces la dejó boquiabierta,...ahí estaba Elena con dos albañiles!!!

Continuará…

Que irá a pasar???? Huy si quieren saber lo que sigue no se pierdan la segunda parte de mi relato. Les mando muchos besitos a todos ;-)

Susy. susyteen@yahoo.com

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