PUNTA DEL ESTE

 

Trabajo en una revista de actualidad.


 


En los primeros días de un mes de enero fui notificado por mi jefe que tendría que cubrir el festival de cine de Punta del Este, para los que no conocen ésta ciudad balnearia les cuento que está enclavada en las costas oceánicas del Uruguay, su belleza es indescriptible, por sus calles, playas o boliches te podrás encontrar con alguna estrella de cine sobre todo europea o alguien de la nobleza, desde Omar Sharif hasta el Príncipe Alberto de Mónaco que huyendo de los gélidos inviernos europeos buscan el sol del sur, por su característica de balneario de clase adinerada sus servicios son caros pero buscando se encuentran cosas económicas como yo encontré.


 


El día antes de comenzar el festival “Europa, un cine de Punta”, que así se llamaba la muestra, llegué a Punta del Este, con mí 1.70 m. de estatura, 85 k. de peso (algo gordito ¿No?) mi cabello entrecano donde la calvicie no llegó y mis 55 años, pronto a cumplir 56, detrás dejaba Montevideo a mí esposa e hijos, por internet había descubierto un hotel que por sus características y precio me era muy conveniente ya que el mismo hacía que me ahorrase una buena parte del viático, el que quedaría en mis bolsillos.


 


El hotel era tal como lo describían, chico, con atención personalizada por los propios dueños, éstos eran tres, que se repartían en jornadas de 8 horas cada uno el estar detrás de la recepción, un padre (Eduardo) de 58 años con sus dos hijos, uno de 36 años casado (Enrique) y el otro de 30 años soltero (Roberto), la esposa y madre de ellos había fallecido hacía ya unos años, llegué al mediodía y fui atendido por el hijo mayor, me llevó al cuarto que ocuparía el cual era muy cómodo con una cama muy amplia.


 


- No dude en llamar si necesita algo, yo estaré hasta las 14 h. pero después estará mi padre que lo atenderá en lo que precise.


 


Agradecí su amabilidad y como hasta al otro día no tendría nada que hacer me fui a la playa, pasé la tarde tomado baños de mar y de sol, tumbado sobre la arena veía desfilar ante mi a los bañistas, las mujeres en su mayoría todas jóvenes y esbeltas, pero los hombres había de todo, jóvenes, maduros, viejos, gordos, flacos, con unos bultos en la entrepiernas tremendos o sin nada, ya poniéndose el sol, volví al hotel, en la recepción se encontraba el padre, me llamó la atención lo bien conservado que estaba, siendo tres años mayor que yo parecía mucho menor, alto, musculoso, canoso y con unos vellos dorados que le cubrían los brazos, totalmente tostado por el sol.


 


-Buenas tardes ¿es usted el periodista?


-Si, buenas tardes ¿es usted el padre?


 


…y bla, bla, bla.


 


Subí a mi pieza y al sentir el fresco del aire acondicionado mi piel se estremeció, ahí me di cuenta de las horas que había pasado al sol y que la misma estaba totalmente enrojecida, me di un baño y me recosté, me quedé dormido y desperté con un fuerte ardor en la espalda producto de la quemazón, no sabiendo que hacer para calmarlo llamé a la recepción Eduardo (el padre) me atendió y me dijo que subía inmediatamente.


 


-Hombre, si que se tomó todo el sol para usted, no sabe que con el agujero de ozono hay que tener precaución y más por ser la primera vez.


 


No supe que decirle, pero él atentamente me dijo:


 


–Ya viene mi hijo Roberto a hacerse cargo del turno, iré a una farmacia y veré que consigo para su mal.


 


A los 15 minutos golpearon en la puerta, yo acostado boca abajo y vestido solamente con un slip, solo pude decir:


 


–Adelante…


 


En eso entró Eduardo; se ve que el tiempo le dio para poder ir a la farmacia y cambiarse de ropa, ahora fuera de su turno vestía un pequeño pantalón corto que ceñía sus piernas dejando apreciar un tremendo bulto entre ellas y una musculosa que dejaban ver parte de su velloso pecho, en su mano traía un pote de crema.


 


-Bueno con esto se va a pasar pronto el ardor, es una crema con alhoe que lo va a refrescar.


 


Se sentó a la orilla de la cama, se untó crema en las manos y sin más comenzó a esparcirla por mi espalda, debo decir que yo soy ancho de espaldas, pero las manos de Eduardo eran tan grandes que abarcaban buena parte de ellas, al sentir el frío de la crema el ardor comenzó pronto a retroceder, pronto recorrieron toda mis espalda quitándome el malestar.


 


-Ya está, enseguida se sentirá como nuevo, pero hay algo que noté en su espalda, se encuentra totalmente contracturado, ¿me permite que le haga unos masajes?


 


Sin esperar repuesta se arrodilló en la cama, pasó una pierna sobre mi cuerpo y pronto sentí como mis caderas eran aprisionadas por dos poderosas piernas, sus manos se apoyaron sobre mis hombros y comenzó a darme masajes, de los hombros bajaba hasta la mitad de mi espalda, subían y bajaban dándome un reconfortante placer, en sus subidas y bajadas sentía su entrepierna como se apoyaba sobre mis nalgas, cada vez que bajaba era más caliente y duro el bulto que me tocaba, siempre había sentido sobre los gay o la homosexualidad e incluso, ahora comprendo con atrevimiento de parte mía, había escrito sobre el tema, cuantos se deben de haber reído de lo que publiqué, para escribir hay que vivir la situación, es la única manera de dar una veraz dimensión al escrito, ahora yo la estaba viviendo, el placer era extraordinario, lo notaba también en mi entrepierna ya que mi verga comenzó a endurecerse con cada refregada que Eduardo daba a mis nalgas.


 


Por unos instantes deje de sentir sus manos sobre mí, solo percibí cierto movimiento y el ruido de una cremallera al bajarse.


 


-Date vuelta Cayetano, me dijo, ya no era hombre o señor simplemente me llamaba por mi nombre, yo vergonzoso que viese lo dura que tenía la verga y más vistiendo solamente un slip ni lo intenté, él me tomó con sus poderosas manos y suavemente me colocó de espaldas, lo que vi me sorprendió y mucho,


 


Eduardo se había quitado la camiseta; dejando a la vista su robusto pecho totalmente cubierto de un fino vello dorado, con unos magníficos pectorales, bajé con mi vista más allá de su ombligo para encontrarme con su cremallera totalmente abierta y que de un bosque de pendejos salía la más colosal pija que en mi vida había visto, fácil 22 cm. gruesa y con una cabezota totalmente roja, él tomó mis manos con las suyas y fue desplazando mis brazos hacia tras mientras me cubría con su cuerpo, pronto quedó totalmente sobre mi, su pija masajeaba a la mía en un vaivén enloquecedor, su cara ahora frente a la mía se acercó con su boca abierta mostrándome una poderosa lengua que pronto se introdujo en mi boca llegando hasta lo más profundo de ella, allí conocí el sabor de la lengua de un macho, se la chupé frenético mientras su saliva se mezclaba con la mía, de pronto dejó esa posición se dio vuelta y quedamos en un 69 de un tirón me arrancó con sus poderosas manos mi pantaloncillo, me estrujó los huevos, me pajeó la verga y pronto sus dedos buscaron el agujero de mi culo, mi pobre culo virgen sintió la arremetida que ese dedo le hacía, cuando de mi boca iba a salirme un ¡Ayyyy! éste quedó cortado porque su poderosa verga se metió dentro de ella, me la metía bien profunda hasta dejarme sin respiración, entraba y salía con frenéticos movimientos, no se como pero de golpe el quedó de espalda en la cama ocupando yo el lugar sobre él, ahora era yo el que me metía su pija en la boca, se la lamía, le chupaba sus huevos, eran un placer indescriptible el que sentía al hacerlo, él con una mano me pajeaba, mientras con la otra jugaba con mi culo, pronto sentí el calor de su lengua como se introducía en mi esfínter, entraba y salía dejándomelo bien mojado con su saliva, enseguida comenzó a meterme un dedo al estar ahora lubricado éste llegaba bien dentro dándome un gran placer, luego lo retiró para sentir que ahora eran dos los dedos que introducía, luego fueron tres, cuatro... yo me movía como loco para poder sentirlos bien dentro.


 


-Ya estás pronto Cayetano para que te quite tu virginidad anal jajajaja. Dijo


 


Me puso de espalda sobre la cama, levanto mis piernas sobre sus hombros, colocó una almohada bajo mi cintura y mi culo deseoso quedo a la altura de su sable, puso su tremenda cabezota en el orificio de mi culo y comenzó a penetrarme, el dolor que sentía era intenso, poco a poco fue cediendo y cada vez más sentía su verga dentro de mí, de golpe sentí como sus huevos chocaban con mis nalgas, ahí comprendí que lo tenía todo dentro mío, comenzó a salirme y entrarme con un ritmo que me volvía loco, comencé a mover mis caderas siguiendo el ritmo que el le daba a las arremetidas.


 


-Así putito así, muévete sentí lo que es ser cogido por un macho.


-Ahhhh Eduardo no dejes de cogerme dejámela todo la noche dentro.


 


Mi verga estaba ya por reventar, Eduardo me la pajeaba mientras me cogía, pronto no pude más y comenzaron a saltarme los chorros de leche, con un ¡Ahhhhhhh! de él sentí algo líquido y caliente en mis entrañas, Eduardo estaba acabando, y me estaba llenando de leche mi culo…


 


Luego estando los dos de espaldas en la cama tomados de las manos me dijo...


 


–Perdón Cayetano se fui violento contigo, hacía tanto tiempo que no lo hacía, pero te juro que nunca sentí el placer que he sentido contigo.


 


-Perdona tu Eduardo si no supe responderte, fue la primera vez que lo hago y quizá fallé en algo.


 


Nos besamos y él me dijo:


–Vamos a darnos una ducha.


 


Fuimos al baño, la regadera mojó nuestros cuerpos, él comenzó a enjabonarme y lo mismo hice yo con él, pronto nuestros cuerpos estuvieron llenos de espuma, y mientras el agua caía sobre nosotros nos dimos los besos más apasionados que solamente dos hombres se saben dar, de pronto Eduardo me dijo -espera tengo ganas de orinar, entonces yo tomé su verga con mis manos y de ella comenzó a brotar el caliente líquido dorado, dirigí su chorro por sobre mi cuerpo y sentí el placer que esa lluvia de oro produce con su tan peculiar calor sobre la piel.


 


-Tengo que irme me dijo, pero mañana volveré.


-Si estaré esperándote.


 


Se fue pero al rato sentí un golpe en la puerta, no llegué a despertarme bien cuando en bolas junto a mi estaba Roberto, se presentó ya que no lo conocía y sin más comenzamos a besarnos y en cuatro patas me cogió como loco, luego saludó y se fue.


 


Al mediodía, nuevamente golpe en la puerta, ahora era Enrique el que entraba en la pieza y se desnudaba.


 


-No tengo mucho tiempo, dijo y sin más me puso boca abajo a lo largo de la cama y me comenzó a cogerme.


 


Así pasé una semana en Punta del Este, las notas las hice copiando la que otros periodistas hicieron y sobre la opinión de los films fue igual, no tuve tiempo para el festival, todas las mañanas, tardes y noches era cogido por padre e hijos que se turnaban como en la recepción, para venir a mi pieza, la verdad el mejor de todos fue el padre, no hay nada como un buen veterano para encamarse.


 


¿El nombre del hotel? Jajajaja, permitanme que me lo reserve…


 


Y como dice un buen amigo: “También a nuestra edad sentimos deseos, sentimientos, emociones, etc., pues ello no es patrimonio exclusivo de alguna generación o género; lo importante es agradar y sentirse agradado, hacer feliz a los demás siendo feliz consigo mismo y con su pareja habitual u ocasional”


 


 


Veteranos la vida comienza después de los 50, disfrútenla.


 


Cayetano - cayetano85@hotmail.com

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