Mi poder mental / Capitulo 2

 


Cuando cumplí 15 años, mi hermana no estaba ya en casa. Se había ido del pueblo para poder estudiar, y si bien venía de visita, todo el tiempo que permanecía en nuestro pueblo estaba con sus amigas o en compania de nuestros padres, que la extrañaban mucho y no nos dejaban solos jamás. Si bien yo ya había decidido que estaba dispuesto a tener relaciones sexuales mas allá de estar desnudos y masturbarnos mutuamente, me era imposible concretar porque no teníamos oportunidad de estar a solas. Sin embargo, la primera vez que volvió de visita a nuestro hogar, le ordene mentalmente, y varias veces, que no tuviera relaciones sexuales de ningún tipo, que conservara su virginidad. No sabia cuando se daría la oportunidad, pero estaba dispuesto a ser yo quien le robara la virginidad a mi hermana.


En esos tiempos mi madre empezó a trabajar solo por las mañanas, y ya no podía disfrutar de la independencia que antes tenia en mi hogar, pues por las tardes ella estaba en la casa, y a la noche volvía mi padre de trabajar. Yo concurría al colegio por las mañanas, y ya no disponía de tanta libertad. Esas tardes mi madre las pasaba viendo televisión, cocinando, o haciendo tareas del hogar, y yo pasaba entonces mas tiempo con ella. A las tres de la tarde, siempre, invariablemente, se ponía su ropa deportiva y hacia gimnasia frente al aparato de tv, con unos videos de esos para ejercitarse, donde aparecen unas tías buenísimas. Claro que mi madre no se parecía a estas mujeres ni de lejos, pero tenia un muy buen cuerpo, aún a sus 42 años, y lo conservaba bastante bien gracias a sus rutinas de ejercicios y dietas. Usaba el cabello corto, rubio, y realmente tenia formas generosas, pero armoniosas al mismo tiempo, o sea, buenas tetas, un culo un poquito grande, pero buena cintura y todo en su lugar. Yo no perdía ocasión de hacerle companía, sentado en un sillón, mientras ella hacia gimnasia, porque realmente las tías del video me calentaban, y algunas veces que me quedaba solo en casa miraba esos videos y me hacia unas pajillas calentándome con eso.


Un día, mientras ella hacia gimnasia, me puse a darle ordenes mentalmente, como hacia con mi hermana, pero esta vez solo por jugar, porque ya lo había probado antes y no daba resultados con otras personas. Pero esta vez noté algunas reacciones. Por ejemplo, si ella estaba haciendo un ejercicio donde los brazos debían quedar pegados al cuerpo, yo le ordenaba “levanta los brazos”, y ella dudaba un poco, y al final, a veces, los levantaba, haciendo cosas distintas a las coreografías del video.


Entonces me dediqué a perfeccionar la técnica, y me di cuenta de que, con tiempo, podía dominar mentalmente a quien quisiera, pues en realidad se trata de “domar” las mentes. Al principio me costaba trabajo, no me hacían caso o solo me obedecían a veces, pero con constancia, las mentes —al menos la de mi madre— iban dejando de oponer resistencia y me obedecían ciegamente.


Al principio lo hice para ayudar a mi madre a hacer ejercicios que a ella le costaban mucho o no tenía voluntad, le ordenaba que fuera a correr al parque, que hiciera rutinas mas difíciles, que siguiera las dietas al pie de la letra, etc. Y al mismo tiempo, ganaba un poco de libertad en mi hogar, pues podía mandarla a pasear cada vez que quería masturbarme.


De todas formas, con el tiempo, empezaron a ocurrírseme cosas mas diabólicas. Mi madre trabajaba por las mañanas, por lo que ella disponía de un sueldo, y por lo tanto yo también, dado que le ordenaba que me entregara buena parte de sus ingresos cada vez que me hacía falta.


Una tarde, en que ella estaba haciendo ejercicio, la mande a ir corriendo hasta el video club y alquilarme un par de películas porno. Cuando volvió, la mandé a ducharse un largo rato y luego a que se quedara en el baño hasta que yo se lo ordenara, pues quería estar un rato solo para poder pajearme. Puse una de las películas y enseguida estaba empalmado, y bien, me masturbé. Luego le di la orden de que fuera a vestirse y la tarde continuó normalmente, ella se vistió y luego se puso a limpiar la casa. Ese día todo hubiera continuado normalmente, si no fuera porque a esa edad las hormonas nos empujan a pajearnos constantemente. No había pasado mas de una hora que ya quería volver a masturbarme, pero mi mamá estaba viendo una telenovela. Así que le ordene:


“Quédate donde estas, viendo la tv, y no digas nada”


Puse el video porno y me senté en el sillón individual, al lado de donde estaba ella sentada, y me puse a ver la porno. Me daba bastante morbo que ella también viera a esas parejas follando, a pesar de mi orden de que no reaccionara. Y entonces fue cuando, por primera vez, me dio curiosidad de verla desnuda.


Ella tenia puesta una blusa blanca y una pollera gris que le llegaba a las rodillas, y yo le ordene “desabróchate la blusa” y ella me obedeció. Quedó a la vista un corpiño blanco que ocultaba sus enormes tetas. Me acerqué y me arrodillé delante suyo, para poder verlas de cerca, y fui yo quien terminó de abrir la blusa para ver que había dentro. Podía ver a través del corpiño las enormes areolas de mi madre, tan grandes como podía esperarse de semejantes tetas, aquellas que me habían amamantado en mi mas tierna infancia. “Quítate el sujetador” y ella pasó sus manos por su espalda y quitó el broche, y luego pude ver en directo esos enormes pechos. Los contemplé en silencio, hasta que al fin los acaricié… creo que nunca antes me había fijado en lo hermosas que eran las tetas de mi madre. Además, con todo el ejercicio que le había hecho hacer en ese tiempo, ella estaba mas buena que nunca. Tomé sus tetas con mis manos, y levantándolas un poco me las llevé a la boca, primero una, luego la otra, y luego me metía los dos pezones al mismo tiempo y se los mordisqueaba. Hice que se los pellizcara, que se los chupara, que los amasara, y mientras tanto yo ya me había bajado la bragueta y me estaba masturbando. Y entonces, luego de pensarlo un poco, tan fríamente como podía frente a la visión de las enormes tetas de mi madre, decidí ir mas lejos. Apagué la video y fuimos a su pieza. Me senté en la cama y la hice quedarse de pie junto a mi.


“Súbete la pollera… lentamente”


Entonces pude ver una bombacha muy grande, creo que les dicen bombachón, de color beige, con encajes, y… ¡estaba húmeda! ¡Mi madre estaba cachonda, con todo el toqueteo! Muy despacio le bajé el bombachón, y de a poco fui dejando a la vista sus pelillos rubios, su raja… Sin mas preámbulos pensé “Abrete el coño, mamá” y ella, sin dejar caer la pollera que tenía a la altura de la cintura, con sus manos separó sus labios vaginales y me mostró el interior de su conejo rosado. Yo me humedecí el dedo índice con mi saliva, y se lo hundí en ese coño de donde yo mismo alguna vez había salido. La masturbé un rato, y luego le terminé de quitar la ropa por completo.


“Acuestate en la cama y separa las piernas”, y ella obedeció. Yo me acosté sobre ella y, muy lentamente, temblando como una hoja, la penetré…

¡Que placer! Sentía por primera vez mi polla envuelta en carne, y era la carne de mi madre, estaba cogiéndome a mi madre… Chupaba esas tetas con locura, con desesperación, y los pezones se le hinchaban como uvas, se le ponían durísimos… me movía embistiéndola con furia, con toda la furia que tanto tiempo acumulé esperando debutar, y ahora lo estaba haciendo… ¡con mi madre!


“Ten un orgasmo, grítalo”


—¡¡Aaah…!!! mmmhhh…. ¡¡¡siiiii!!! ¡¡¡AAAhhhh!!!


Movía sus caderas desesperadamente, de arriba abajo, y yo no paraba de embestirla metiéndole mi polla cada vez mas hondo… hasta que al fin… llegamos al mismo tiempo… y yo apoyé mi cabeza, aliviado, sobre las tetas de mi madre.


Quedé agotado. Estaba recostado sobre el cuerpo desnudo de mi madre, a quien le había llenado el coño con mi esperma. Me vestí rápidamente y la mandé a ducharse, y me fui, a dar una vuelta por allí con mis amigos. Volví a la noche y cené con mis padres como si nada hubiera pasado, pero con muchas cosas en mente para disfrutar con mi nueva esclava sexual.


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