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Debuté con una orgía

Soy una mujer de 32 años de 1,60 de alto y pelo rojizo enrulado piel mate. Y ahora soy casada. Mis medidas son voluptuosas.
Cuando tenia 12 años yo ya tenia mi cuerpo actual o sea era muy tetuda y realmente culona y llamaba mucho la atención. Tanto así que siempre tenia problemas en mi casa con mis padres porque todos los chicos y hombres me querían para ellos.
Pero así como desarrolle jovencita también mis deseos aparecieron para volverme loca. Yo quería ir a las fiestas pero mis compañeras nunca me querían invitar porque todos los hombres chicos y joven y grandes era a mí a la única que miraban.
Yo miraba a los muchachos pero tenia guardia de mi familia que no me dejaban ni a sol ni a sombra y no podía tener ningún acercamiento por el temor a que me hicieran algo.
Pero un dia yo ya no podía mas con mi calentura que me estaba matando y bueno un muchachito de 7 añitos se me acercó en el colegio y me dijo, mi hermano quiere invitarte a una fiesta en su casa pero tenes que ir sola porque sino no vas a poder hacer nada. Como yo quería estar con los muchachos me las ingenie para decir que iba a la casa de una compañera muy cerca de mi casa y así conseguí ir a la famosa fiesta que no sabia de que se trataba. A la tardecita me presento en la casa del muchacho le toco el timbre, a propósito fui vestida con un body super apretado que le saque a mi tía. y de la calentura que tenia no lleve nada abajo, ni corpiño y bombacha, solo el body apretado. Obviamente al abrir la puerta el muchacho casi se desmayo al verme semi desnuda y con un body que me marcaba las tetas y mis nalgas como si realmente no tuviera nada abajo. Pasa mi diosa pasa, y pase. Fuimos hasta la habitación del muchacho donde me presento a los compañeros de colegio de el eran como 20 pibes de 18 años. Yo estaba sola la única chica, no había nadie mas solo los 20 muchachos y yo. Bueno ya llego la invitada así que ya puede empezar la fiesta dijo mi anfitrión.
A ver mi invitada por ser la nena más linda del colegio nos va a bailar arriba de la mesa para todos nosotros y ahí nomás me subieron a una mesa y quede en el centro de las miradas de los 20 muchachos que me miraban como si nunca hubieran visto un cuerpo tan llamativo como el mío. Me pusieron música y comenze a bailar, meneaba mis formas de manera que los muchachos empezaron a decir cosas fuertes como que se saque el vestido de una vez y queremos ver esas tetas y ese culo de una vez. Me alcanzaron un traguito de whisky y lo tome y seguí bailando.
Entre la calentura que llevaba y el whisky me movía provocativamente y miraba a los muchachos sonriéndoles. yo seguía moviendo mi cola de aquí para allá y mis tetas se sacudían mucho. Los muchachos aullaban de calentura y uno grito sácate el vestido sácatelo putita. Y no sé si fue mi calentura o el whisky o las 2 cosas, le hice caso y me saque el vestido quedando totalmente desnuda ante estos 20 muchachos enloquecidos. Seguí sacudiendo mi cuerpo y apretando mis tetas y mi cola con mis manos. Corrieron una tela que daba a otra habitación que yo no había visto y apareció un cepo. Me llevaron en andas hasta donde se encontraba este aparato. Y me pusieron en él. Quede con la cabeza y las manos sujetas por el cepo y como era de altura estaba parada. Me separaron las piernas y me las ataron al pie del cepo. Por supuesto quede expuesta, desnuda y totalmente excitada ante estos muchachos. Organizadamente fueron sacando turno para abusarse de mí. 2 muchachos se dedicaban a chuparme las tetas, otro me chupaba la vagina y otro comenzó a ponerme vaselina en el orificio de mi ano. Obviamente esto estaba previamente organizado porque ningún detalle fue preguntado todo sucedió en un total silencio. Luego que lubrico mi ano con vaselina comenzó a refregar su miembro reduro alrededor de mi ano como para calentarse mas y me decía que lo disfrutara. Me estaban chupando las tetas y me estaban enloqueciendo y sé ivan cambiándose para chuparme las tetas y la vagina luego siento que por fin mete la cabeza de su miembro dentro de mi ano provocándome dolor intenso pero como me mantenían caliente con las tremendas chupadas que me estaban haciendo ofrecí mi cola hacia atrás para que me clavara su verga. Y me la clavo hasta el fondo. Como iva agregando vaselina todo el tiempo se deslizo hasta desaparecer dentro de mí sin ningún problema pero la dilatación de mi ano me hacia ver las estrellas. EL anillo de mi esfínter estaba al máximo de lo que podía dilatarse apretando la verga fuertemente. Comenzó a montarme a su gusto manteniendo la lubricación agregando siempre vaselina llegando a resbalar fácilmente. YO me sentía asustada por la mezcla de miedo dolor y placer.
Siguió montando hasta que sentí como latía su verga dentro de mí y comenzó a soltar su liquido caliente dentro de mí. Debido a que nunca dejaban de chuparme las tetas y mi vagina la calentura me sobrepaso y mezclado con el dolor el miedo y el placer obtuve mi primer orgasmo casi gritando. Se fueron intercambiando posiciones entre los que chupaban y los que me montaban pero siempre igual. Me chupaban las tetas con los pezones hechos 2 timbres duros y mi vagina soltaba mis líquidos y mis orgasmos uno tras otro y los muchachos se tragaban mis líquidos vaginales y hasta me sacaban el calostro de mis tetas. Perdí la cuenta de las veces que me clavaron por el ano y todos acababan dejándome sus líquidos adentro. Al cabo de varias horas de estar siendo abusada así me soltaron para que me lavara y luego me dijeron que no dijera nada. Por supuesto no dije nada me vestí y me fui a mi casa. Me dolía el culo me dolían las tetas y tenia la vagina inflamada de tanto chupármela. Esto sucedió cuando había recién cumplido los 12 y unos meses después me acerque al muchacho en el colegio donde ivamos y le dije que sino se repetía lo sucedido iva a contar todo. No no no cuentes nada si queres lo hacemos de nuevo. Yo le dije que me había gustado y que quería repetirlo. Me dijo que no podía con los compañeros del colegio pero si quería podía conseguir unos muchachos del barrio que seguro me ivan a gustar y acepte porque la calentura me enloquecía. Fui de nuevo a la casa cuando me lo indico y allí estaban eran ahora 4 muchachos. No dije nada me saque el vestido y totalmente desnuda me pusieron otra vez en el cepo. Quede otra vez expuesta ahora estos muchachos que no conocía y de repente uno se pone enfrente de mí y me muestra su verga. Hay dios mío que gruesa que la tenia y yo ya estaba en el cepo sin poderme mover. Me vas a lastimar y quise zafarme pero no iva a poder salirme, Como comencé a gritar me pusieron una mordaza y quede ahora si muerta de miedo. Con toda intención se pusieron delante de mí los 3 muchachos que había invitado mi compañerito de colegio y los 3 tenían unas vergas increíbles. Enormes y gruesas. Repitieron lo de la vez pasada 2 chupaban mis tetas el de la casa chupaba mi vagina y el restante se ocupo de mi ano. Vaselina mucha vaselina y luego al fin siento que me quiere abrir mi esfínter anal una cabezota enorme.
Me agarro de las nalgas y me dijo te voy a romper el culo que tenes putita y me apretó la cabeza de su miembro dentro de mí. Amordazada como estaba grite pero se escucho solo un murmullo. Por la vaselina resbalo dentro de mí pero mi esfínter se dilato todo lo que pudo conteniendo esa verga gruesisima. Que hermoso culo que tenes putita me lo voy a reventar y llenar de mi leche putita.
Al fin empujo y entro su vergota toda dentro de mí. Tremendo el dolor que sentía con mi culo de 12 años y estaba siendo montada por una verga colosal. Al final acabo y al retirarse cambiaron posiciones todos y cada verga que entro me hizo ver las estrellas. AL terminar todos de culearme esta vez no me soltaron, me sacaron la mordaza y bajaron un poco la altura del cepo para que quede a la altura de las vergas de los 4. Después de un rato de descanso me obligaron a chuparles las vergotas, yo nunca había chupado y ahora tenia una verga dentro de mi boca y me decían chupa fuerte putita, ya te rompimos el culo ahora te vas a tragar la leche de todos nosotros putita chupa chupa. Al cabo de un rato cuando sé éxito suficiente me echo su semen caliente dentro de mi boca y me dijo no lo tires trágatelo porque sino te rompemos el culo otra vez.
Asustada no dude y me trague su semen. Así me gusta putita todo trágatelo todo y fueron pasando todos uno tras otro haciéndome tragar su semen. Luego si me soltaron y me fui nuevamente dolorida inflamada llena de semen dentro de mi culo y mi estomago. Increíblemente todo ese dolor me gusto y tuve unos orgasmos increíbles.
Ahora de grande me gustaría probar nuevamente con lo que viví en ese tiempo si hay hombres interesados en esto les pido que me escriban a chicajoven402@yahoo.com.ar les contestare a todos.

Primos

hola soy un chico de 24 años, cuando era todo un puberto me masturbaba muy seguido ahorita todavia pero ya tengo sexo mas seguido, un dia mi prima se fue a dormir a mi casa con mi hermana, mi prima tenia en ese entonces 14 años pero era como una mujer estaba muy buena ella es de color blanco tiene unos senos grandes y tiene una cola muy grande y deliciosa, yo la vi en el trancurso del dia y llevaba una mini falda trai un bikini de color rosa lo cual me exito demasiado al llegar la noche se fueron a dormir pero yo no podia dormir por lo cual me levante a su cuarto y fui a tocarla ella tiene su sueño muy pesado, recuerdo que la empeze a tocar de la piernas me subi a sus senos y luego volvi a bajar a su rica y virgen vagina, empeze a introducir mi dedos en su vagina ella parecia que lo gozaba por que empezo a gemir y se empezo a mojar, luego desperto y no me quedo mas que pedirle que no hablara pero ella me agarro y me beso me pidio que le hiciera el amor por lo cual se lo empeze hacer me chupo la verga como no tienen idea parecia experta y luego le mame su vagina que rico era vagina virgen con sus fluidos eran muy ricos, cuando la penetre dio un grito de dolor luego empezo a gozarlo mas y mas y me pedia mas y mas que rico fue tenia su vagina apretada muy apretada, ahorita hace mas de 6 años que paso eso y aun seguimos cogiendo ya no esta tan apretada pero esta igual de buena.

Santiago su mujer y su cuñada

En uno de los centros educativos donde voy a dictar mis clases hay un profesor de Filosofía llamado Santiago, está para comérselo a besos, para chuparle todo lo que muestra y lo que oculta su vestimenta, tiene 29 años, para desgracia mía es hetero, casado desde hace un par de años con una rubia muy linda que a veces viene al liceo a buscarlo en el auto.

Un día fui al baño de profesores y de casualidad pude verle un pedazo de la cabeza de la verga, dado que estaba orinando, pero para mi desgracia al oírme entrar se dio vuelta ocultando de mi vista todo lo demás que por lo poco que puder ver en esa fracción de segundo me imaginé que sería muy apetecible.

-Linda verga!!

Le dije como broma en vez de saludarlo porque ya lo habíamos hecho en la sala de profesores a lo que él muy sorprendido por mi ocurrencia se puso de frente a mi y mirándome a los ojos me la mostró diciéndome:

-Te parece?

En su mano ostentaba una verga de esas cabezudas que a cualquiera le harían una gran perforación al pasar por sus esfínteres pero después que el dolor se hubiese disipado se podría gozar infinitamente.

La miré y no comenté nada, simplemente saqué la mía para orinar y él al verla exclamó:

-Vos no te quedás atrás!!!

Se lavó las manos, luego se fue a dictar sus clases sin intercambiar otras palabras dejándome solo en el baño al borde de una eyaculación porque se me había puesto tan dura que no pude orinar.

Pasaron los días, los meses… sin hacer otra alusión al tema, ni siquiera hablamos de sexo o de otra cosa que no fuesen los temas del día o algo de lo que acontecía en el mundo.

Un día cercano a la terminación del año estudiantil lo invité a tomar algo para festejar que habíamos tenido un año relativamente tranquilo, aceptó mi propuesta para estar a solas con él sin darse cuenta de que era una escusa mía para tratar de indagar si tenía posibilidades de apoderarme de esa verga tan cabezona, aunque más no sea por un buen rato.

Hay muchos restaurantes en el centro de Montevideo, elegí uno bastante oscuro y discreto donde pudiésemos conversar sin el bochinche de la música estruendosa que hay en muchos de esos lugares, cuando avanzaban los tragos en nuestros estómagos y por esa causa la lengua se va aflojando, le pregunté:

-Alguna vez hiciste algun trío, porque me gustaría proponerte hacer alguno…

Le pregunté eso no porque quisiese hacer un trío sino para ir tanteando el terreno para saber hasta donde había llegado o hasta donde era capaz de llegar.

Al principio no quería confesar nada pero finalmente terminó diciéndome que con un hombre nunca había participado en uno… pero lo había hecho con dos mujeres.

-Al poco tiempo de casado.., tuve un encuentro de esos que vos decís…

-Qué pasó??

-Verás mi mujer… bueno a ella la conocés y sabés que es muy linda… ella tiene una hermana que se llama Sandra que también es muy linda… “la puta que lo parió a mi suegro” cuando cogía hacía lindas hijas….!!!

-No coje más?

-No porque se murió cogiendo, linda forma de morir!!, el hijo de puta ese hizo el amor al poco rato de comer y se qedó muerto arriba de una amante que tenía…

Detuvo su narración para tragarse un buen sorbo del whisky que tenía en el vaso porque le faltaba valor para seguir contándome lo que había hecho.

-Sandra era una provocadora, cada vez que iba como novio a visitar a su hermana ella se ponía enfrente nuestro con unos pantaloncitos muy cortos o cuando íbamos a la playa sus minúsculos bikinis me tentaban mucho…, y hasta se acariciaba disimuladamente los pezones para que yo la viese sin que los demás lo notasen.

-No sé por qué te cuento esto…?

-Seguí está interesante el relato…

-Verás Omar, me casé y mi mujer se vino a vivir a la casa que alquilamos, mi cuñada tendría unos 17 años, yo andaría por los 27 ella era muy mala estudiante por eso la madre no la quiso llevar con ellos a pasear en Semana Santa en una excursión que iban a hacer por el Brasil.

Como nosotros no íbamos a ningun lado en esa semana porque mi mujer tenía que trabajar, mi suegra nos pidió que fuésemos a quedarnos a su casa para que “la nena” no se quedase sola, semejante pelotuda de nena!!

Esa noche… salímos a cenar a un restaurante donde bebímos vino en gran cantidad, luego fuímos a un boliche a bailar, donde tuve que hacerlo con mi cuñada porque como no tenía acompañante tuve que “sacrificarme”.

Esta muy ladinamente me apretaba su concha sobre mi verga haciéndome excitar bastante entre el ruido y las luces de ese lugar, más los tragos que tomamos allí hicieron lo suyo.

-Mi mujer no aguanta mucha bebida, se sintió mareada y por esa causa tuvimos que regresar a la casa de Sandra para dormir allí.

Entre Sandra y yo la tuvimos que acostar porque mi mujer estaba tan mareada que no podía sostenerse en pie, por la tanto se quedó acostada en la cama de su madre mientras su hermana y yo nos fuímos para el livng.

Me senté en un sofá sin saber que hacer, Sandra no estaba, había desaparecido, supuse que ella también se había ido a acostar… pero a los pocos minutos sentí su voz que me llamaba desde el baño pidiéndome que le llevase un jabón.

Inmediatamente me di cuenta de que era una escusa, porque estábamos en su casa, yo no tenía idea de en que sitios su mamá guardaba las cosas.

Fui hasta el baño a preguntarle donde estaban los jabones pero al verla desnuda bajo la ducha con el agua cayendo por sus pechos duritos y juveniles no pude contenerme y le dije si quería que la enjahonase.

-Sí Omar, aunque te parezca mentira ella aceptó, si era lo que estaba buscando desde que empecé a visitar a su hermana como novio.

-Al diablo el jabón!!!

-Me desnudé tirando la ropa por cualquier lado del baño de mi suegra y empecé a pasarle mi lengua por todo el cuerpo, ante sus risitas de satisfacción por el cosquilleo que ésta le producía cuando visitó sus pezones rígidos y cuando llegué a lamerle la parte de arriba de su concha apenas peluda buscando el agujerito que nos hiciese gozar, ella gimió muy bajito haciéndome sentir un tremendo movimiento en mi pija la cual ya estaba muy dura.

Cuando mi cara estuvo frente a frente, mi lengua hurgando su agujerito chorreante por el agua que de mi cabeza pasaba a su vientre y desde allí traviesamente se deslizaba mojándome la nariz hasta que algunas gotas entraban en su caverna para ser extraídas de su interior por mi lengua juguetona.

Sandra fuertemente sostuvo mi cabeza contra su raya tal vez por temor a que me arrepintiese y la abandonase cuando ella se estaba abandonando al placer que mi lengua le estaba dando en su clítoris aniñado pero en vías de desarrolo, luego cerró el grifo para que el agua dejase de mojar mi cabeza y su agujerito dejó de recibir el líquido que lo hacía tan apetecible a mi lengua.

-No te imaginás Omar, su concha era dulce…muy dulce, ni la de mi mujer es tan dulce o eso me pareció por el crimen de estar haciendo algo prohibido.

No aguantábamos más, ella quería chupar mi verga, se agachó allí en el baño me la besó un poco la lamió pero antes de metérsela en su boca se paró me tomó de la mano y me condujo a su habitación, así mojados como estábamos chorreando agua por todos lados.

En su cama hícimos un fabuloso 69, su clítoris se puso rojo de tantas mordidas que le di acompañadas por las lamidas que mi lengua acostumbada a esos menesteres no dejaba de hurgar su cuevita hasta que Sandra se quejó de que le ardía mucho, pidiéndome por favor que se la metiese de una vez porque quería sentir mi verga en las profundidades de su vagina.

Sus jugos abundantes le habían lubricado toda la zona de una manera divinamente húmeda para que fuese una penetración fácil, aunque Sandra no era virgen su canal muy nuevito era muy estrecho lo que me costó algo de trabajo y forcejeo poder acomodar la cabeza de mi verga en esa entrada…

-Vos sabés que tengo una pija muy cabezona….

Dio un gritito pero su vagina lentamente se fue estirando y cuando la hube metido toda ella gimió muchísimo retorciéndose de placer.

Yo no quería eyacular porque quería gozar al máaximo ya que creí que nunca más se podría dar esa situación entre los dos, una vez que su vagina se acostumbró a mi verga ésta iba y venía con mucha facilidad hasta que gozamos, cuando vino su orgasmo acompañado por los espasmos naturales los cuales me hicieron excitar tanto que mi verga no pudo sostenerse más tiempo erecta, iba a comenzar a inudarle las entrañas pero por suerte se la saqué justo a tiempo… porque no quería tener un problema dejando embarazada a mi cuñada.

Santiago descanzó un poco de su narración. tomó otro sorbo de whisky entonces aproveché para preguntarle:

-Tu historia está muy bien pero yo no te pregunté si le habías sido infiel a tu mujer, te pregunté si habías hecho algun trío?

-Perdóname Omar, te estoy haciendo una confidencia… espero que me perdones… nunca sé lo conté a nadie y aunque me siento culpable no puedo dejar de pensar en cuanto lo disfruté.

-Olvídate de que me lo contaste, pero dime hiciste algun trío?

-Verás… cuando terminamos nos fuímos al baño para lavarnos porque a Sandra le ardía mucho y quería refrescar su conchita, pero ni siquiera llegamos a nuestro destino porque en un sillón del living estaba sentada mi mujer metiéndose los dedos en la vagina a toda velocidad y diciendo cosas que por la gran borrachera era incomprensibles.

Al verme me pidió pija.

-Quiero pija, dame pija!!!

Me puse a lamerle la cocha que estaba muy lubricada, quién sabe cuanto rato había estado masturbándose con los dedos porque sus jugos salían mojándole todos los labios vaginales y llegaban hasta el culo.

Mi lengua recorrió todos los lugares que aparecían a su paso mientras su ano se contraía con cada lamida que le daba y con mis dedo le empujaba los jugos por su orificio hasta que no aguanté más, con algo de dificultad me puse a caballo de ella mandándole la verga por ese agujero entre sus quejidos de dolor, pero lo más asombroso fue ver a Sandra que se puso a lamerle la concah a su hermana, mientras mi verga entraba y salía de ese orto apretado ella le daba algunos lengüetazos a mis bolas.

Las dos gimieron como dos perras, cuando estaba por acabar saqué la verga del culo de mi mujer y como Sandra estaba cerca toda mi leche le cayó en la cara, pero por poco tiempo estuvo allí depositada ya que mi mujer se puso a lamer como una desesperada toda la cara de su hermana, recogiendo con su lengua todo el extracto de mis bolas hasta que entre las dos se tragaron toda la leche dándose un beso interminable.

Nos dormimos los tres en la cama de mis suegros, nos despertamos muy temprano, yo de verga dura, la caverna de Sandra estaba muy inflamda, por eso terminé metiéndosela por atrás, ni te imaginás el escándalo que hizo!!, la cabeza de mi verga no pasaba por ese canal sin estrenar, pero con empeño lo logré, luego mi mujer se puso a chuparle las tetas…

-Y… no probaron con un hombre?

-Como jodés con eso!!! No, me gustaría ver a mi mujer siendo penetrada por otro tipo.. con Sandra fue distinto….

Lo hicimos varias veces…, en mi casa también pero ahora tiene novio y se ocupa de él.

No seguí insisitiendo por temor a que Santiago se enojase, pero creo que nunca voy a lograr probar esa verga cabezona.

OMAR

Como siempre espero comentarios y fotos en: omarkiwi@yahoo.com

Una noche con mi abuela

Por casualidad he comenzado a leer algunos relatos de sexo, en el Internet.  He pensado por varias veces si podría escribir algo de mis experiencias.  Después de varias dudas aquí estoy frente al ordenador para contarles algo de mi vida, que lo he tenido muy guardado.
En algunas de las historias escriben las personas “espero que les guste mi relato”.  Me anticipo en decir que no escribo para que les guste o les disguste.  Simplemente escribo como una forma de desahogarme de lo que está dentro de mi. Todas necesitamos una válvula de escape a los sentimientos encontrados.  Pienso que aquellas que escriben para que les guste o escriben fantasías o desfiguran las realidades con el fin de agradar a otros u otras.  Pero si eso les hace felices está bien, lo respeto. Ahora allí va lo que va.
Primero, les cuento que soy una  estudiante . Creo que tengo un buen cuerpo, envidia de algunas de mis compañeras.  No me creo linda, pero si bien atractiva.  Mi nombre es Marlene.  Vivo en un pueblo de costumbres muy conservadoras. Los tabúes son muchos y los referentes al sexo, muy fuertes y a vece con mezclas de mitos y leyendas.  Sin embargo en la práctica es muy diferente, con todo tipo aberraciones e infidelidades.  Hay unos poquitos estudiantes gay.  Se dice que el enfermero del pueblo  es uno de los instigadores.  Muchacho bien dotado que llega al dispensario, pasa directo a la camilla y luego a su cama.
Vengo de un hogar muy conservador en ciertas costumbres.  Debo contarles que actualmente vivo con mi abuelita.  Esto tiene su historia.  Mi abuela tuve a mi madre cuando tenía 16 años, luego dos hijos que viven ausentes del lugar.  Mi madre se casó a los 16 y me tuvo cuando tenía los 17 años.  Fuimos un hogar feliz hasta que murió mi padre con un infarto, por lo que no sufrió mucho tiempo.  Tenía 11 años. Hicimos buena amistad con mi madre. Cuando nena me gustaba que mi madre me bañara.  Era muy linda y cariñosa. Como me gustaba cuando pasaba la esponja por mi entre piernas y tocaba mi vagina. Después del baño le pagaba con unos lindos besos en la boca, ella me devolvía con caricias.  Por los doce años, comenzó a salirme pelos por el monte Venus. Y me daba recelo de mamá, aunque se reía de mis ingenuidades, hasta que un día nos bañamos las dos desnudas.  Qué cuerpo más lindo el de mi madre.  Unas tetas hermosas con unos pezones grandes.  Algo que me impresionó era el abundante pelo que cubría su vagina.  Ella era blanca con ese fondo y vértice negro era una maravilla.  Solo que esto pasó dos solo dos veces.  Fue esa una gran atracción que los psicólogos dirían quedó en mi una fijación.  Qué hermoso pasar la esponja.  Una vez hice que se cayera la esponja para lavarle con mi mano. A mi madre le gustó, supongo porque no me dijo nada. La segunda vez lo hice más conscientemente, al final me pagó con unos lindos besos.  No puedo distinguir si estuvo su vagina mojada por excitación o por el agua y el jabón.  Cuando pienso me quedo intrigada.
Pasados unos años de muerte de mi padre decidió casarse con un tipo del pueblo.  Tenía una finca, era simpático pero muy rudo, con poca elegancia en el trato.  Pero creo que a mi madre le hacía feliz en la cama.  Por supuesto por la relación que habíamos desarrollado con mi madre nacieron naturales celos, iras y todo lo que puede sentir una chica que pierde, a su padre,  lo que más quería.  Las relaciones con mi padrastro no fueron buenas aunque el trataba de agradarme a su manera.  Fue el tiempo cuando más me acerqué a mi abuela,  ella vivía 10 minutos de nuestra casa.  Había veces que iba a dormir a su casa y pasaba fines de semana.  Ella me quería mucho y me me mimaba demasiado.  Así las cosas una tarde,  tuvimos una fuerte discusión con mi padrastro y no lo obedecí lo que me pedía y al darme la vuelta me dio una patada en el trasero que me hizo tambalear, gracias que había una mesa cerca que me agarré si no me iba al suelo.  Yo comencé a llorar del dolor y del susto, por allí cerca ví una escoba con un buen palo, agarré y le dije
-desgraciado, maricón, pateando a una mujer, hoy te mato.!!
Viendo mi decidida reacción, corrió a la calle y yo le seguí hasta la puerta. Vecinos que pasaron se asustaron y querían saber.  A poco llegó mi abuela, que fueron a contarle que algo pasó en la casa.   También llegó mi madre quien había salido de compras.  Nos reunimos las tres y yo dije que me iba de la casa a donde sea. No me importaba nada. Entre lloros,  mi abuela me invitó a vivir con ella, que de paso vivía sola, aunque no le faltaban admiradores estaba en sus 49 años.  Yo acepté con gusto.  Mi madre con dolor lo aceptó.
Había pasado unas semanas.  Un día,  estuvimos conversando de “mujer a mujer”  Me preguntó que si tenia enamorados o novios.  Le conté que habia compañeros que me me buscaban y me hacían proposiciones, me declaraban su amor, pero que yo le escuchaba sin gran interés porque sabían que eran unos farfullas.  Le conté que por un tiempito tuve un muchacho a quien le quería y mantenía buenas relaciones sentimentales.  Mi abuela me preguntó curiosa sobre que tipo de relaciones eran.  Le conté que eran besos, que en algunas veces le gustaba acariciar mis senos, pero cunado bajaba sus manos hasta vagina allí se terminaba el juego.  Me preguntó si yo me calentaba, le dije que sí y que algunas veces se mojaba mi calzoncito.  Ella me dijo que eso era normal que a ella le pasaba lo mismo y que hasta ahora hay veces que en sueños le sucede la misma cosa y que amanece muy mojadita. Bueno ,m e preguntó que más pasó con el joven, pero que le cuente sin mentiritas.  Le conté que un día que nos besábamos  con mucho frenesí metió mi mano por debajo de mi falda y que estaba avanzando muy rápido a la vagina y en es momento le retiré la mano.  Entonces él tomó mi mano y me puso sobre su pene, yo le acaricié duro y el me hizo que le masajeara yo lo hice por sobre el pantalón y que a poco se retorcía el pobre y me pedía más y más, pero casi se cae al suelo.  Le conté a la abuela que en otra ocasión el se abrió el pantalón y me hizo coger su pene y que me gustó acariciarle ese chorizo, me exitaba tremendamente ver como aparecía la cabecita de su capullo, luego me pidió que le acaricie los huevos, yo no estaba acostumbrada a esas palabras pero me gustaba.  Luego intentó meterme el pene por debajo de la falda pero no le dejé pero que a cambio le masturbaría.  Intentó que le bese la verga, le di un beso  superficial pero no me gustó el olor, trató de que lechupe, pero yo me resistí y le masturbé con fuerza, y que le salió abundante leche con un olor que no me gustaba.
Le dije a la abuela que esa fue la última vez con el tipo.  …… Con estas relatos conficenciales notaba que me ponía caliente y la abuela también.  Ella me abrazó muy fuerte y e dijo esos muchachos son pícaros y que me cuide porque solo les interesaba sexo.
 Mientras hablábamos de estos temas afuera llovía fuerte y al caer la tarde se desató una tormenta con truenos y relámpagos que me daba miedo, terror.  Le dije a la abuela que tenía miedo dormir sola con esos fuertes truenos.  Ella  me invitó a su cuarto, tenía una cama grande.  Estaba muy agradecida , ya más serena comencé a quitarme la ropa y ponerme mis pijamas.  La abuela se desnudó para ponerse un camisón de dormir, se quitó su calzonario porque decía que los resortes le oprimían el vientre.  Qué espectáculo más lindo ver un hermoso par de tetas, más grandes que la de mi madre. Un abundante vello que cubría el monte de Venus y su vagina.  Luego cuando se agachó tenía frente a mí un hermoso culo con unos pelos que le adornaban su esfínter. Yo no pude aguantarme y le dije :
-Abuelita tienes un hermoso cuerpo y   que pechos más lindos y un precioso bosque.  Supongo que el abuelo habría sido muy feliz .
-Si fuimos muy felices. El era muy cariñoso.  Muy celoso porque tenía algunos pretendientes.  Yo era un poco coqueta.  Ay mis tiempos!!, -dio un suspiro lleno de recuerdos- y me dijo no voy recordar ahora. Algún día te cuento.
Nos metimos a la cama.  Seguían los truenos y relámpagos.  Parecía que el cielo se caía a pedazos. De miedo le dije:
– Abuelita déjame que te abrace, si no te molesta.
– No, de ninguna manera.  Me vas a ser feliz tenerte a mi lado- Me voy a ponerme de lado para que estemos más cómodas. Puedes abrazarme como quiera que no me molesta. Además tienes una mano y unos dedos muy suaves que me agradan que estén bajo mis senos.
-Abuelita, me da miedo que te pueda coger de los senos y te moleste y me eches de la cama.
-Al contrario hijita, puedes abrazarme, lo que único que te digo es que no va a salir leche, para mi golosa-  (ella sabe que me gusta la leche).  Al mismo tiempo ella tomó una de mis manos y le puso en los senos.
-Abuelita, que lindo acariciar tus senos, mis manos son muy chiquitas.  Qué hermosura.
La abuela ya no respondía solo su culo se apretaba a mi vientre.  Se quedó quieta.  Me dio la impresión que dormía.  Pero pensé que fingía. Luego de un rato con mucho cariño le estaba masajeando sus tetas, mientras los truenos y relámpagos continuaban..  Llegó un momento que sentí como sus piernas se apretaban y una mano tenía sobre su vagina.  Con mucho tino se retorcía.  Seguro que estaba terminando, tuvo su orgasmo. Qué ganas tuve de yo acariciar su vagina, pero tuve recelo, respeto….?. No sé. Yo ya no pude resistir y  comencé a masturbarme, acariciando mi clítoris.  Cuando llegué al climax, perdí la vergüenza y presioné mi vagina contra el culo de la abuela y tuve un hermoso orgasmo. Luego Con mi mano apretaba fuertemente la vagina y tuve un segundo orgasmo- Creo que la abuela se dio cuenta, pues movía y el culo y se apretaba contra mi vagina.  Yo me quedé profundamente dormida hasta el otro día.
La abuela ya se había levantado para preparar el desayuno.  Luego el desayuno y a mis estudios.  Allí busqué a mi mejor amiga para contarle lo sucedido. Ella se sorprendió y me recriminó, pues decía que mi abuela quería que seriamente le acaricie y que debía complacerla-   Lo que pasó luego es muy interesante y marcó mucho en mi vida
Creo que ya escribí bastante, quedan muchas  más cosas para contar.  Espero, pronto mandar un segundo capítulo.  Espero sus reacciones.  Solo háganlo con mucha sinceridad y franqueza.  Pueden escribirme a  marlenemiravalles@yahoo.com.ar .- Saludos Marlene

Le dejo el semen a mi hermana

Nunca he sido de esos que les ponen las bragas de su hermana. O que la espían, o se la cascan pensando en ella. Por eso, lo que a otros puede parecerles una situación súper excitante, como encontrar ropa usada en el suelo y olerla, a mí me repugna.

Cuando aquel día estaba llegando a casa no hacía más que pensar en la comida. Subía las escaleras imaginándome el guiso que nuestra madre nos había dado en un taper. Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fueron sus bragas en el suelo. No es que se me cortara el hambre, pero sentí una punzada de rabia en la boca del estómago. Las cogí con resignación, y las eché al cesto. Una vez más, me juré que era la última que hacía ese gesto, sabedor de que incumpliría la promesa. Por el estado de la cocina, ella ya había comido y se había ido rápidamente a trabajar: la mesa a medio recoger y los platos por supuesto sin fregar.

Me tocó a mí limpiar y ordenar todo después de comer. Bueno, la verdad que siempre me toca. Ella es algo mayor que yo (veintinueve, yo veinticuatro), y trabaja, mientras que yo estoy terminando la carrera. Pero que ella trabaje no es motivo para que pase de hacer las cosas de casa; aunque cuando se lo digo es como predicar en el desierto.

Cuando ella empezó a estudiar, nuestros padres le cogieron un piso de alquiler en la ciudad donde estaba la universidad. Al iniciar yo la carrera, fui a vivir con ella, a pesar de algunas quejas por su parte al principio. No entiendo muy bien aquellas protestas; le viene bien que esté allí ya que casi siempre me he ocupado de las labores del hogar.

Por la noche escuché que llegaba y salí de mi cuarto a recibirla. No me gusta discutir, pero le tenía que llamar la atención (sabía que sería en vano).

– Marta, te has dejao otra vez las bragas por ahí –le reñí.

– Joder enano haberlas dejao que ya las recogía yo ahora –sus defensas siempre eran en esa línea-. Además, si te dejas tú los gayumbos los recojo y no te digo nada. ¡Pero nunca los dejas porque eres taaaan ordenado jajajaja! –soltaba una risotada o una chanza y así acababa las discusiones.

Mientras me hablaba colgó el bolso y se despojó de la chaqueta; se dirigía a su habitación evidenciando que le resbalaba lo que le dijera. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y la seguí.

– ¿Y los platos qué, eh? –le recriminé.

– Joder tío siempre te lo digo, déjalos y ya los frego yo cuando llegue –replicaba mientras se descalzaba y se bajaba los pantalones. Eso es otra cosa que me toca las narices: se desviste y se pasea medio en pelotas delante de mí como si nada.

– Sí hombre claro, y están los vajillos ahí hasta la semana que viene –repuse, al tiempo que ella seguía quitándose prendas.

– Hala maño no me des más el coñazo que me voy a duchar –dijo ya en ropa interior.

Entonces se desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Me di la vuelta contrariado para no verla, porque no me gusta que haga esas cosas, algo que ella sabe de sobra.

– ¡Hostia Marta…!

– ¡Jajaja toma ya! –se burló lanzándome el sostén a la cabeza-. ¡Como si no me las hubieras visto nunca!  ¡Da gracias que no me quito las bragas y las dejo tiradas otra vez y te enseño el culo! –exclamó alejándose por el pasillo en dirección al cuarto de baño, entre risas.

Era verdad lo que decía, no era la primera vez que le veía las tetas, puesto que se cambiaba sin ningún pudor, sobre todo la parte de arriba. El coño también se lo tenía visto, aunque menos veces. Y no porque le diera vergüenza, sino porque sabía que me hacía sentir incómodo con sus costumbres poco recatadas. Era normal que estuviera por casa sólo con bragas y una camiseta, sin nada debajo; o que meara con la puerta abierta. Y le gustaba hacerme “calvos” a menudo.

Después de cenar me senté en el sofá a ver la tele. Ella estuvo un rato en su habitación, hablando por WhatsApp con sus amigas, y luego vino. Estaba en pijama, que constaba de un pequeño pantalón corto y una camisa abotonada. Se sentó con los pies en el sofá, y empezó a mirarse los dedos descalzos. Llevaba algo en la mano. Era un cortaúñas. Lo comenzó a usar: clic. Clic. Clic.

– ¡Marta no me jodas…! –le espeté.

– ¿Qué? –preguntó sin mirarme mientras seguía con su labor. Clic, clic, clic.

– Coño cómo que “qué”, pues que no te cortes aquí las uñas.

Pero siguió en silencio cortándose las uñas. Clic, clic, clic.

– Sabes que me las tengo que cortar después de ducharme porque están más blandas –dijo al fin con toda la parsimonia y tranquilidad del mundo.

– ¡Coño pero no aquí rediós!

De nada sirvieron mis protestas, porque continuó con lo que estaba haciendo. Sólo podía esperar a que acabara.

– ¡Toma, pal bocata jajajaja! –dijo mientras me lanzaba un trozo de uña del dedo gordo-. ¡Esa era grande, eh!  ¡Jajajaja!

– ¡Qué cerda eres! –le insulté, cogiendo el trozo de uña y tirándoselo a ella, pero acabé riéndome también.

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Días después de aquello, llegaba a casa después de estudiar toda la tarde en la biblio. Entré y el piso estaba en silencio, por lo que pensé que mi hermana no estaba. Dejé la mochila y fui al váter a mear. Justo al entrar me la encontré completamente desnuda, sentada en el bidé espatarrada. Llevaba algo blanco en el coño.

– ¡Hostia puta…! –proferí dándome la vuelta rápidamente y saliendo. Lo que hacía era afeitarse el pubis.

– ¡Joder qué susto me has dao enano! Me estoy afeitando el coño –dijo Marta.

– ¡No jodas!  ¿En serio?  ¡No me había dao cuenta!  Pensaba que te estabas haciendo la permanente. No te jode –ironicé.

– ¡Jajajaja!  Idiota. Anda entra. Va que me tapo –me pidió.

– Que no tía que no entro. ¿Qué quieres? Además, podrías cerrarte la puerta.

– Que esta cuchilla no corta y necesito una tuya poooorfiiiii –suplicó desde su frío trono.

– Pffff…  ¡joder! –bufé, pero sabía lo que me tocaba-. Anda tápate un poco que te doy una.

– ¡Gracias enano!

Entré sin mirarla, interponiendo la mano entre mis ojos y ella. Abrí el mueble del lavabo con la mano libre, y cogí un par de cuchillas desechables nuevas. Efectivamente, se estaba tapando, pero sólo con las manos, y únicamente el coño. Pasaba de ocultarse los pechos. Yo seguía con una mano delante cubriendo en la medida de lo posible su visión. Inevitablemente, le veía las tetas, no muy grandes, pero bonitas de verdad. Simétricas, blanquecinas, y con pezón rosado de chica joven. Aparté de ahí la mirada; pero al cogerme las cuchillas que le ofrecía, se destapó parcialmente el sexo y vi pelos mezclados con crema de afeitar. Sin querer, o queriendo, moví imperceptiblemente la palma y le intenté ver más, ver la raja. Pero como ella aún tenía ahí una mano, apenas pude distinguir nada.

– Anda toma, jodida nudista enferma –dije al tiempo que me cogía las cuchillas.

– Que soy tu hermana tío, que no pasa nada porque me veas en pelotas.

– ¡Que te den! –grité saliendo ya del baño.

– ¡Reprimido!  ¡Jajajaja! –escuché su carcajada mientras me alejaba.

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Tal y como comentaba al principio, nuestra madre nos deja comida los findes para que tengamos durante la semana. Normalmente, los viernes, volvemos al pueblo a pasar allí el fin de semana. Yo más veces que ella, porque mi hermana se suele quedar y sale por las noches en la ciudad. No es que yo no salga, pero prefiero hacerlo por el pueblo, con los amigos de siempre.

El día siguiente de verla en el bidé, con espuma de afeitar en sus bajos, era viernes. Pero no fui al pueblo; tenía que estudiar y me pasé toda la tarde en la biblioteca. Mi hermana debía de haber salido como siempre, con los compañeros del trabajo al acabar la jornada, o con alguna amiga.

El caso es que después de estudiar, fui a cenar y tomar algo con unos colegas para despejarme. Se me hizo un poco tarde, sería la una o las dos de la noche cuando volví a casa. Al girar la llave, y abrir la puerta, me encontré a Marta a cuatro patas en el sofá; un tío jadeante se la follaba desde atrás.

– Es que no me jodas… -murmuré cabreado, enfilando el camino a mi habitación.

– ¡Hostia! –exclamó Marta; aún llegué a ver que se separaba del tío.

Desde mi cuarto escuché algunas voces en tono bajo; luego pasos, y por último nada. Debían haberse ido a terminar a su dormitorio. Estaba enfadado, y no porque se follara a un tío –podía hacer lo que le diera la real gana, sólo faltaba-, sino porque lo hiciera en el sofá. Y con la poca precaución de que llegara yo y me encontrara el espectáculo porno. Así que me desvestí y me dormí.

Por la mañana, hacia las once, sentí golpes en la puerta. Toc toc. Abrió Marta sin esperar respuesta. Iba en bragas y camiseta.

– Enano…  se puede?

Al igual que cuando golpeó la puerta, se metió en mi cama sin esperar a que contestara. No lo hizo con ánimo libidinoso ni provocativo; desde pequeños hemos dormido muchas veces juntos o nos hemos metido en la cama del otro si está cabreado, triste, preocupado, etc.

– Me perdonas…? –me rogó tumbada a mi lado, bajo las sábanas-. Que pensaba que te habías ido al pueblo con los papas… -mientras hablaba, me rozaba constantemente con los pies en las piernas, desde la rodilla hasta el empeine, y vuelta a empezar.

– Hmmm… -vacilé, girándome hacia el otro lado. El motivo no era “hacerme el duro”, sino que físicamente estaba duro: tenía una erección matutina casi dolorosa, y no quería que la notara.

– Hala, veeengaaa… -imploraba.

– Así que por eso te afeitabas el otro día el chocho, ¿no? ¡Jajaja! –bromeé al fin.

– ¡Jajajaja claro querido Watson!

– Bueno, pero no folles con tíos en el sofá por favor. ¡Que no quiero sentarme encima de la corrida de alguno! –le pedí.

– Vaaaale jajajaja –aceptó al tiempo que me daba un empujón. Al devolvérselo, le di sin querer con la polla dura en la tripa, y se dio cuenta-. Uy.  ¡Uy!  ¡Si estás empalmao!  ¡Jajajaja!  ¡Esto sí que no me lo esperaba!

– ¡Quita imbécil! –dijo algo nervioso.

– Jajajaja vale vaaaale, te dejo tranquilo –y salió de la cama-.  ¡…Para que te la casques a gusto pensando en lo que viste anoche jajajaja! –y me agarró durante un par de segundos el miembro por encima del calzoncillo, simulando hacer una paja-.

Mientras se iba, se bajó la braga un palmo, enseñándome el culo mil veces visto, pálido, redondo y perfecto, y de esa guisa se alejó andando.

– Capulla… -mascullé.

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Esa misma noche había quedado con unos amigos de la facultad. Tenía ganas de juerga después de tanto estudio. Le dije a mi hermana que saldría, más que nada para que tuviera cuidado si traía a alguien a casa.

– Vale enano, yo también he quedao con estas –me informó.

– Pues si eso te doy toque por la noche a ver donde estáis, pero vamos que creo que estaremos por el Casco así que no creo que te vea.

– Vale vale, nosotras iremos a la Zona como siempre –apuntó Marta.

Salí con mis amigos, como habíamos previsto, por los bares del Casco. Nos echamos unos cuantos cubatas, y ya íbamos con el puntillo. Estando en un garito no muy grande, pero lleno de tías, vi un grupo de féminas con el que pensé que tendría posibilidades, y me quise acercar. Pero en ese momento me pegaron un tirón de la camisa. Me giré y era Marta.

– ¡¡Eeehhhh  ese  enanoooo!! –yo estaba cascao, pero era evidente que ella iba peor.

– ¡Hombre! ¡Al final no habéis ido a la Zona…! –tenía que hablar a gritos, para que me oyera con la música alta del bar.

– ¡Nooo, al final aquí! –exclamó mi hermana.

Me cogió de las caderas y se puso a bailar sensual. Yo la acompañé, agarrándola por la cintura. Pero ella cada vez se refrotaba más; apretaba su cuerpo con el mío y podía sentir sus tetas que se chafaban contra mi pecho. Le seguí el juego y acaricié sus hombros y brazos, tal y como lo haría con una chica a la que me quiero ligar. Entonces me puso ambas manos en el culo y apretó, y me atrajo contra sí. Ahí ya me pareció que se estaba pasando un poco.

– Marta…  qué haces tía… -le susurré al oído.

– Calla –me ordenó, y continuó con su cadencia.

Dejó el culo y se puso a manosearme el pecho y la espalda. Me parecía mal lo que hacía, pero me estaba excitando bastante. Era como cuando le intenté mirar el coño cuando se afeitaba: no quería y la conciencia me decía que no, pero no lo podía evitar.

– Ven, que te voy a presentar –dijo entonces.

Sentí alivio porque pensé que así acababa esa situación tan públicamente erótica, a la vez que incómoda.

Pero me equivocaba.

Me cogió de la mano y me guió hasta su grupo. Eran cuatro chicas, todas guapas y pretas, de unos veintiocho o treinta años.

– Esta es Susi, Carolina, Elena, y Sandra –dijo, mientras yo iba una a una dándome dos besos-. Y este es…  ¿oye cómo te llamabas?

– Marta pero qué dices… -inquirí extrañado.

– ¡Jajaja que cómo te llamas! –repitió mi hermana.

Estaba flipando, así que me acerqué para hablarle al oído.

– ¿Marta qué coño haces?  ¿No les has dicho que soy tu hermano? –le pregunté de cerca.

– Jajaja noooo…   Así es más divertido, ¿no? –contestó riendo.

Me volvió a coger de las manos y desistió de seguir con las presentaciones a sus amigas, que observaban sonrientes como pensando “esta ya ha ligado”. Bailó mirándome a los ojos, y continuó con su sobeteo por mi cuerpo. Me puso las manos en el culo otra vez, y apretó. Yo, que ya daba por imposible el recriminárselo y que me hiciera caso, opté por hacer lo mismo. Le cogí fuertemente el culo, y se lo sobé bien, desde la pierna hasta la rabadilla, estrujándolo. A ver si así se quedaba pillada y dejaba de calentarme. Pero ante mi sorpresa, no hizo nada; parecía disfrutar.

Recostó su cabeza contra mi pecho, bailando despacio. Me besó por encima de la ropa, subió hacia arriba…  buscaba mi boca. Ella tenía los ojos cerrados, y se acercaba. Volví a hacer algo en contra de mi voluntad; bueno, realmente mi voluntad era besarla. Le correspondí con mis labios, que se juntaron con los suyos y juguetearon, húmedos ambos. Ella estaba ardiente y me besaba con pasión, cogiéndome la cara tiernamente con las manos. Yo atraía su cuerpo contra el mío, mordiéndole el labio inferior. Entonces ella abrió más la boca, ofreciéndome su lengua. Eso no quería hacerlo, creía que ya habíamos tenido bastante; pero nuevamente, sucumbí. La lengua de mi hermana se entrelazó con la mía y perdí la noción del tiempo. Ya no sabía si mis colegas aún estaban allí o se habían ido, ni me importaba.

Fuimos a la barra a por dos cubalibres. Nos los bebimos mientras bailábamos; pero ya sin morrearnos.

– Marta, estás pirada, yo no sé qué coño… -empecé a decir.

– ¡Calla atontao! –me exhortó con su habitual autoritarismo. Bebió lo que quedaba de su ron-cola.

Se puso a bailar otra vez, pero se tropezó y tuve que agarrarla por las axilas para que no diera con sus huesos en el piso.

– Venga Marta, se acabó, te llevo a casa. Vas borracha –esta vez fui yo el del tono imperativo.

– Halaaaa nooooo…   no me quiero ir aún…  -suplicaba, pero no opuso resistencia.

Se despidió de sus amigas, que parecían recelosas de que se viniera conmigo, como si pensaran que me iba a aprovechar de ella o algo así.

– ¿Estás segura, Marta? –escuché que le decía una de ellas.

– Sí sí, no os preocupéis, tranquilas –le respondió mi hermana.

Otra se dirigió a mí, con semblante serio:

– Ten cuidao eh chaval, no te pases –me advirtió.

– Tranquila, conozco a su hermano de sobra –le contesté.

– Bueno, pues cuídala –sentenció.

“No lo sabes bien”, pensé.

Nos fuimos andando, para que con el paseo se le pasara (se nos pasara, que yo también llevaba lo mío) el ciego.

Ya en casa, la acompañé a su cuarto y le llevé agua; no hizo falta que le ayudara a desvestirse porque en el intervalo en el que fui a la cocina a por una botella, ya estaba en bragas y camiseta, y medio dormida.

– Quédate a dormir conmigo, enano… – murmuró con los ojos cerrados.

– Que no coño, mira lo que ha pasao antes en el bar –me negué, con más cabeza que otra cosa.

– Brrbmpf vengaaaa… -balbuceó, pero yo ya me iba a mi habitación.

Me acosté pensando en lo que había pasado, y me costaba creerlo; era como si una cortina de irrealidad se cerniera ante mis ojos. Pero no me costó nada dormirme, por el estado etílico que tenía.

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Por la mañana desperté con la boca algo pastosa, y tras unos segundos de desconcierto, me vino el recuerdo como una bofetada de realidad. “Madre mía la que se lió anoche; espero que no nos viera nadie conocido…”. Me incorporé para coger mi vaso de agua de la mesilla, pero topé con algo.

– ¡Coño!  ¡Qué haces aquí! –dije sobresaltado; era Marta con lo que había chocado.

Emitió unos sonidos aún dormida, “ggrrrrmppfff”.

La zarandeé levemente del hombro, para que se despertara. Entonces abrió los ojos y sonrió.

– Buenos días, enano… -dijo con un hilo de voz, aún casi en sueños.

– ¿Has venido a mi cama? –pregunté tontamente.

– Jijiji siii… -respondió risueña.

Unos rayos de luz entraban por la ventana, y pude ver una expresión de felicidad en su bello rostro. No sé si se debía a que el alcohol aún corría por sus venas.

– Bueeeeno vaaaale, pero déjame dormir que aún tengo sueño –dije, girándome hacia el otro lado.

– ¡Jijijiji vale! –accedió mi hermana.

Se apretó a mí y me abrazó, rodeándome por la espalda. La notaba muy cerca; sus pechos se oprimían detrás de mí. Tan próximos los sentía, que me pareció que estaba sin ropa. Lo comprobé, pasando la mano desde sus piernas hasta los hombros, para llevar si llevaba algo puesto aunque fuera abajo. Todo lo que toqué fue su piel; estaba desnuda por completo.

– Marta… -empecé a decir.

– ¿Siii…? –contestó somnolienta.

– Que estás en pelotas.

– Sí… -respondió a media voz.

Me puse nervioso y el sueño se me pasó de golpe. Entrelazó sus piernas con las mías, y se puso a juguetear con los pies. Me empezó a besar la espalda sobre la ropa, y sus manos se metieron dentro de la camiseta. Me acariciaba los pezones mientras seguía con los besos, y no pude controlar la polla, que se me puso dura muy rápido.

– Martaaa… -protesté a modo de reprimenda, pero era inútil.

– Quiero acabar lo que empezamos ayer…   No te creas que no me acuerdo por ir borracha…  -en ese momento su mano pasó a mi paquete, húmedo de lubricación; primero por fuera, y en seguida la metió dentro y me agarró el miembro.

Se puso de rodillas, me quitó la camiseta, y nos besamos apasionadamente. Creía que lo de la noche anterior había sido un error tonto de borrachera, y que no se repetiría, pero ya veía que no.

Me bajó los calzoncillos y quedé desnudo. Me besó en la boca, y fue bajando lamiendo mi cuello, mi pecho, mi ombligo.

– Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida –amenazó.

– No…   Eso sí que no…  -dije sin convicción.

Se la metió en la boca, y empezó a chupar con fruición. Disfrutaba tanto o más que yo, y lo hacía a la perfección. Cada vez me excitaba más, y tenía que contenerme para no correrme. La sacaba y la lamía por los lados; le daba besos; succionaba los testículos. Combinaba con movimientos de mano, momentos en que se acercaba y nos besábamos con lengua. Entonces, colocándose arriba, procedió a introducirla en el coño; y yo, aunque una vez más no quería, no podía evitarlo.

– ¡Espera! –le pedí.

– ¿Qué…? –dijo mi hermana con los ojos cerrados, con el pene ya en su interior.

– Un condón…  espera que cojo uno…  de la mesilla… -sugerí entre jadeos.

– No hace falta enano…  tomo píldora…  hmmmm… -dijo mientras resoplaba.

Me incorporé para estar aún más de cerca de ella, y la abracé. Ella me correspondió y nos besamos salvajemente, chupando el cuello y pasando la lengua por la cara, mientras cabalgaba encima de mí.

Estábamos extasiados; mi goce era doble: por una parte, por disfrutar de un sexo fantástico; por otra, que fuera con mi hermana y darle placer a ella. Por sus gestos y gemidos, y la manera de besarme, intuí que ella sentía lo mismo.

– Madre mía…   qué diferencia con el de ayer…  -resollaba mi hermana. Con eso tuve la seguridad de que ella estaba sintiendo lo mismo que yo.

– Sí sí, pero…  yo casi no puedo más Marta…

– A mí me queda muy poco…  uffff…  si te corres tú seguro que me corro contigo… -dijo.

Al decir ella eso, marqué el paso, hasta que comencé a sentir el delicioso cosquilleo previo a los espasmos, y me corrí en su interior con un fuerte grito al que se unió el de mi hermana. Me arañó la espalda con las uñas mientras tenía su orgasmo, lo que aumentó mi placer que todavía palpitaba.

Nos quedamos así, sentados y unidos en un abrazo, no sé cuánto rato. No hablamos, ni siquiera nos besamos. Sólo nos quedamos muy juntos, sintiendo el calor del otro.

Por fin, nos tumbamos; ella me acariciaba el pelo.

– Vaya marrón, ¿no? –reflexioné.

– Hombre marrón marrón…  yo más bien lo veo blanco –bromeó una vez más Marta, señalando el hilillo de semen que le salía de la vagina.

– Jajaja, qué idiota eres…   Te quiero mucho Marta.

– Y yo a ti, enano.

Mi cuñada Paty

Isela mi esposa a pesar que ya estaba mareada por los efectos de la cerveza quizo que yo trajera mas charolas para seguir en ambiente, aqu? lo curioso es que nada mas estaba ella, su hermana paty y yo, paty casi no toma pero esa noche estaba desconocida porque tambien denotaba los efectos de la cerveza y no se le veian ganas de parar, cuando regrese con mas cerveza isela dijo que estaba muy mareada y que si seguia tomando asi terminaria completamente ebria, se acomodo en el sillon grande y nos dejo a paty y ami sentados juntos en el otro sillon, paty es morena muy clara, bonita, alta, de pelo corto y casta?o obscuro, es alegre pero muy inocente de la vida, tiene apenas cumplidos 19 a?os y se acaba de casar con un chavo que no le sirve de nada, esa noche nos visito para quedarse porque se habia peleado con la suegra y como viven en casa de ella prefirio mejor salirse de alli , traia un corto vestido negro que apenas le cubria una parte de sus gruesos muslos carnosos y asi sentada de lado como estaba volteando hacia mi pude verle facilmente el interior de los muslos casi hasta la entrepierna excitandome deinmediato, la cerveza y lavista de sus hermosas piernas y me estaba mareando muy rapido ademas paty parecia no darse cuenta de que con sus movimientos me dejaba ver su intimidad completamente, cerraba los muslos dejando rodilla con rodilla y luego los abria descuidadamente permitiendome verle la panty blanca entre su carne morbida,ademas las cruzaba y descruzaba con descuido ofreciendome un espectaculo precioso, varias veces estuve tentado a ponerle la mano en las piernas pero me contuve, isela no estaba dormida todavia y quien sabe como reaccionaria paty a pesar de su situacion, ya en otras ocaciones he podido verle las piernas porque ella es demasiado descuidada y me consta que no lo hace adrede, claro que que tampoco es tonta y sabe que yo soy un morboso pero nos llevamos muy bien y no le importa que yo le vea o deje de ver sus muslos alfin y alcabo con ver no le quito nada y conmigo lo toma entre familia.
pasadas las horas note que paty ya estaba nuy tomada y sus palabras se hicieron dificiles de entender, isela se habia dormido asi que fui por una cobija y la tape para que durmiera en el sillon mas calientita y no despertarla llevandola a la cama, mientras hice esto paty sequedo tambien dormida recargada en el antebrazo del sillon con las piernas abiertas completamente y su vestido recogido hasta arriba de los muslos permitiendome contemplarla ami antojo, esa situacion me calento muchisimo porque sabia que era mi oportunidad para satisfacer mis ansias reprimidas, estaba solo con mi esposa y mi cu?ada dormidas totalmente, rapidamente me asegure que no hubiera indicios de que habia alguien despierto en la casa cerrando persianas y apagando las luces de los otros cuartos, estaba todo tembloroso y mis manos sudaban frio de ver a mi cu?ada asi dormida como estaba y lo mejor es que con lo que tomo seria muy dificil que se despertara o sintiera algo.
camine en circulos para calmar mi temblorina, mi verga estaba ya paradisima bajo el pantalon y medolia de lo hinchadota que se puso, bueno, estaba yo que bufaba de excitaci?n, tanto que no sabia pordonde empezar, le miraba las piernas a paty y la verga me amenazaba con trozarme el pantalon y por otro lado los remordimientos no me dejaban saborear completamente el momento. decidi actuar rapido y sin pensar en nada que no fuera la excitacion que sentia, libere mi verga de la bragueta y salio disparada completamente erecta lista para introducirse en la calida vagina de paty mi cu?ada, me hinque entre sus ricos muslos y le agarre las piernas sobandoselas con morbosa avidez metiendo mis temblorosas manos por debajo de su corto vestido acariciandole la carne masciza y tersa de sus muslos interiores dejandome estremecido con las riquisimas sensaciones que sentia al sobarselos, asi estuve un buen rato extaciandome de sus hermosas piernas hasta que le llegue mas afondo frotandole por encima de su mojada panty su calido sexo, hice a un lado los bordes de la panty y le repase con la punta de mis dedos sus delicados labios vulvares, paty nisiquiera se dio cuenta cuando impulsado por la tremenda lujuria que sentia le introduje un dedo en la vagina,!!!!!!!!!hummmmmmm que rico!!!!!!!!!, la tiene muy apretada y senti como me succionaba el dedo con sus espasmos vaginales, rapidamente le baje la panty, la quite por completo dejandola abierta de piernas, expuesta con su hendidura peluda lista para que se la mamara, le abri mas los muslos con mis manos y hundi mi cabeza en su intimidad saboreando con mi lengua sus calientes jugos vaginales que emanaban a chorros desde lo mas profundo de su hendidura, le chupe la vulva dandole furiosos lenguetazos a sus tiernos labios, yo estaba seguro que era la pimera vez que alguien le mamaba la vagina, es mas… podia asegurar que nadie nisiquiera su recien esposo le habia siquiera tocado su clitoris mucho menos besado o mamado como lo estaba haciendo yo en ese momento de robada intimidad, segui con su clitoris estirandoselo con mis labios y frotandoselo con mi lengua suavemente provocandole que los chorros de jugo vaginal siguieran emanando como una fuente de rico nectar de miel. me quede engarrotado cuando paty se movio cerrando un poco los muslos aprisionandome la cabeza entre ellos dejandome la lengua adentro de su vagina, ! crei que se habia despertado! y el corazon me latio aceleradamente y rapidamente buscaba una respuesta para darsela de inmediato… afortunadamente fue solo el susto, paty nisiquiera abrio los ojos, pero si, comenzo a susurrar suavemente y abrio los muslos poco a poco hasta que se quedo mas abierta que al principio, los susurros se hicieron gemidos y en un ratito estaba muy agitada revolviendose en el sillon obviamente excitada por mis inparables lengueteadas a su palpitante hendidura y a sus hinchados labios vulvares, me endereze y me baje el pantalon hasta el piso, mi verga estaba dura y paradota, me dolia de tanto aguantarme la penetracion, contemple a paty asi como estaba abiertota de piernas ense?andome sin darse cuenta sus muslotes carnosos y lo mas intimo que una mujer pueda ofrecer..su vagina, la tiene muy rica, de labios gruesos y tiernos, su interior es rosado y muy caliente, ademas succiona como si fuera una boca deseosa de comerse mi lengua, tiene un pubis hermoso, un triangulo perfecto cubierto de una pelambre rizada muy fina color casta?o obscuro, estaba seguro que ya su esposo la habia penetrado varias veces asi que no tuve miedo de lastimarla, me acomode lo mas agusto que pude entre sus muslos y apunte la punta de mi verga a la entrada desu vagina, se la introduje suavemente con un ligero empujoncito suficientemente para que le llenara totalmente su cavidad hasta el fondo, la sensacion que senti al penetrarla casi me hizo chorrearme alli dentro pero me contuve gustando los espasmos de su vagina en mi verga, lentamente comence a sacarla y metersela hasta que la estuve penetrando con fuerza una y otra vez saboreando de su riquisima hendidura tan dispuesta a las sacudidas que le daba mi frenetica verga, me agache y le libere las chichis por entre su escote, me prendi de su pezon izquierdo y se lo mame con avidez succionandoselo fuertemente haciendola gemir con mas agitacion, a pesar de estar adormilada por los efectos de la cerveza senti en mi verga los espasmos de su vagina palpitante,comence a temblar y me estremeci varias veces antes de soltar un verdadero rio de chorros de semen inundandole la cavidad vaginal desbordandola entre sus labios vulvares corriendose hasta los muslos y parte de sus nalgas embarrandoselos como crema en un pan chorreando parte del mullido sillon, trate de ahogar mis gemidos de intenso placer y no pude evitar estremecerme de pies a cabeza y con los temblores que me dieron le saque la verga de la vagina chorreandole los muslos de arriba y parte de su vestido dejandole una mancha en la tela negra, cuando acabe de chorrear todo mi esperma sobre paty la deje toda llena de blancusco liquido, me tumbe temblando de la piernas y respirando agitado sobre el sillon a un lado de ella, poco a poco fui agarrando respiracion normal y las ideas se hicieron mas claras en mi mente, el caso fue que a pesar que le mame y le meti la verga en la vagina todavia me sentia excitadisimo, paty realmente me excita, me enardece,haria con ella hasta lo que no si me lo permitiera, tal fue la situacion que con un trapo mojado me limpie el esperma de la aun paradota verga y luego limpie su vestido, sus muslos, sus nalgas y frotandole suavemente el trapito le limpie la entrada de la vagina, ahora el dilema era como hacerle para limpiarla y que no se diera cuenta de que traia esperma en su vagina?, decidi meterla aba?ar y luego acostarla para decirle al dia siguiente que fue ella misma la que se ba?o y se acosto antes de quedarse dormida,pero la pense mejor y no lo hice porque podria despertarse y entonces si que no tendria palabras para explicarle lo que le hice. con esta idea mas clara comence a respirar aliviado de no haberlo hecho no tenia una respuesta para darle a paty y a mi esposa isela cuando se despertaran de la embriaguez que las durmio pero tampoco paty se atreveria a denunciarme encaso de sospechar lo que sucedi? mientras estuvo dormida.
fin
p.d.despues de esa vez volvimos a vernos muchisimas vecez y casi puedo asegurar que ella sabe lo que le hice aquella noche y sin embargo jamas me ha dicho nada acerca de eso y claro esta mucho menos a su hermana mi esposa isela. paty sigue llendo a quedarse a mi casa y en esas veces ha vuelto a tomar como aquella noche quedandose dormida en todas las ocaciones, ya se imaginaran lo que paso.

chihuas_2004@yahoo.com.mx

Mi amiga Adriana

Me recibí de abogada a los veintidós años, hice una carrera excelente: el mejor promedio, la mejor tesis, la mejor compañera, mis padres estaban orgullosísimos, mis hermanos me adoraban en fin, en todo era la mejor excepto que en mi vida no había encontrado aún un compañero. De chica me había abocado al estudio con empeño, no iba a fiestas, no salí con ningún chico a pesar que todos me consideraban una de las chicas más lindas del colegio, en la facultad me aislé más aún. Me di cuenta cuando ya dejaba de ser adolescente que mi excesiva dedicación al estudio me había hecho perder algo, mis compañeras y amigas me contaban de sus novios o amigos y de lo maravilloso que era el sexo y yo las envidiaba, pero a medida que pasaba el tiempo me iba resignando a mi condición de virgen y luego ya empecé a sentir rechazo hacia los hombres, no era que no los desease sino que cuanto más crecía más miedo me daba perder la virginidad, me imaginaba algo doloroso y sangriento y empecé a encerrarme en mi soledad, sólo acompañada por mis fogosas masturbaciones. Ya en posesión de mi título conseguí un excelente trabajo en una importante compañía petrolera y al poco tiempo pude comprarme un hermoso departamento en uno de los mejores barrios de la Capital, no porque quisiese alejarme de mi querida familia sino por mis extensos horarios de trabajo que me hacían salir muy temprano de mi casa y llegar muy tarde por la noche. Mi independencia me obligó a cambiar muchos aspectos de mi vida, comencé a elegir mi ropa, en lugar de mi mamá, más visitas a la peluquería, maquillarme cuidadosamente, es decir todos aquellos pequeños detalles que siempre descuidé pero que ahora era me imprescindible respetar para estar a tono con mis compañeras de trabajo y sobre todo a la altura de los ejecutivos de la empresa con los que tenía reuniones a diario. Pronto comencé a notar que mis superiores me miraban con mucha atención y me halagaban y tenían conmigo pequeñas atenciones continuamente, no pasó mucho tiempo hasta que uno de los abogados me invitó a cenar y otro me propuso una salida con amigos en un velero, invitaciones que rehusé cortésmente. Esta nueva situación me descolocó un poco, no esperaba tantas atenciones de pronto pero una mañana mientas me vestía luego del baño y me maquillaba frente al espejo, me asombró lo que veía en él: Una mujer en corpiño y bombacha con un cuerpo espectacular, una cabellera alborotada y sensual y unos ojos que parecían tener el color de la bruma en las mañanas de invierno. Mi altura, aumentada por mis tacos, resaltaba mi figura, mis pechos no eran exageradamente grandes pero no eran pequeños tampoco. De perfil mis nalgas se veían redondeadas y levantadas y de frente el cavado de mi sexo, resaltado por mi pequeño bikini, se hundía entre mis muslos firmes. Me gustó tanto lo que veía que me masturbé frente al espejo. Luego tuve que volver a bañarme y salí de casa con el corazón palpitante. Al llegar me esperaba una sorpresa: El Presidente de la empresa quería verme. Acudí a su despacho muerta de miedo pero me recibió con una sonrisa y me ofreció asiento y me hizo servir café, luego habló: -Doctora, la he llamado porque tengo una misión que encomendarles a usted y al Doctor Vergara (era mi jefe). En Islas Vírgenes se realiza la convención anual de empresas petroleras y quiero que ustedes nos representen este año… Me sentí terriblemente halagada, pero contesté que yo era una muy joven profesional y además tenía poca antigüedad en la empresa y pensaba que otras personas podían desempeñarse mejor que yo y que… Pero me interrumpió diciendo que el doctor Vergara opinaba que era una excelente profesional y me había pedido especialmente como compañera de viaje. Cuando volví a mi oficina flotaba en el aire pero me esperaban mis compañeros, ya enterados, que me recibieron con felicitaciones y augurios. Luego me llamó el doctor Vergara a quien le agradecí profundamente su distinción pero se rió y me dijo que no me pusiese tan contenta porque me esperaba un duro trabajo. Era un hombre de cuarenta y cinco años, alto, delgado y elegante y terriblemente atractivo con una mirada que contaba el aliento de todas mis compañeras que morían por él lástima, decían, que estuviese casado. Viajamos un viernes por la mañana y nos despidieron mis padres y la esposa de mi jefe, una señora bellísima y atractiva que me miró con cierta desconfianza, no se imaginaba que a mí los hombres no me interesaban en absoluto. Nos alojamos en el mejor hotel de Saint Thomas y a mi no me alcanzaban los ojos para asombrarme de tanto lujo y belleza, nos dieron habitaciones vecinas y al entrar en la mía me temblaron las rodillas, era una suite increíblemente lujosa con un dormitorio con la cama más grande que había visto en mi vida, todo era de excelente buen gusto y me sentí como viviendo en una película de Hollywood, estaba fascinada. Por la noche asistimos a una cena con la que se inauguraba la convención y a continuación hubo un gran baile, por suerte había llevado ropa muy elegante y no desentonaba en absoluto con el resto de las mujeres, el doctor Vergara me miraba con cierto orgullo por el modo en que me desempeñaba y mantenía informales conversaciones con quienes se acercaban a saludarnos. De pronto me sentí demasiado mirada, quizás mi escote era exagerado pensé pero los de la mayoría de las mujeres presentes eran más audaces que el mío, me costó convencerme que era tan mirada por ser una de las más jóvenes y bellas de las concurrentes. Bailé con el doctor Vergara que se comportaba como un verdadero caballero y me hizo sentir muy cómoda y en un breve momento que pudimos sentarnos a solas para tomar una copa de champagne me felicitó por mi elegancia haciéndome poner colorada. No sé si por el champagne o que de a poco me empezaba a sentir más integrada a ese ambiente, me fui poniéndome un poco más locuaz y comencé a mantener con mi jefe una informal y divertida conversación. En un momento que volvía a decirle “doctor Vergara” me interrumpió pidiéndome que le llame por su nombre: Ernesto. Le contesté que entonces me llamase Adriana lo que hizo de inmediato abandonando, además el formal tratamiento de “usted”. La noche transcurrió rápidamente y pronto el cansancio del viaje nos alcanzó y decidimos dar por terminada la velada y buscar el descanso que tanto necesitábamos. Al llegar a mi habitación Ernesto tomó mi llave para abrir mi puerta pero antes de hacerlo me sorprendió besándome en la boca. Me quedé paralizada, no me esperaba ese beso pero ya los brazos de Ernesto me rodeaban y me volvía a besar apasionada pero dulcemente. Abrió mi puerta y entramos, la luz de una lámpara estaba prendida creando una sugestiva atmósfera. Me apoyó contra la puerta y volvió a besarme, no me resistí a sus besos, los primeros que recibía en mi vida, me parecían deliciosos y comprendí que el momento había llegado y que el lugar, sin haberlo elegido, era el perfecto: Las Islas Vírgenes. Sus manos recorrían mi espalda, acariciando, conociéndome, bajaron por mi espalda y acariciaron mis nalgas, luego subieron a mis hombros y descendieron por mis costados y conocieron mis muslos, subieron hasta mi cintura y luego acariciaron mis pechos, tuve un orgasmo inesperado que me estremeció y me hizo gemir, me sentí empapada mi vagina segregaba mis flujos como el agua un manantial. Un brazo rodeó mi cintura y sentí una mano descender desde mi pecho hasta acariciar mi entrepierna, me estremecí y sollocé al tener otro orgasmo, Ernesto me volvía loca como jamás pensé que un hombre podía enloquecer a una mujer. Me pasó el brazo por mis hombros y me llevó al dormitorio pero lo detuve:
-Ernesto, tengo algo que decirte… me miró sorprendido. -Soy virgen. -¿Queeeé?, preguntó asombrado. -Si, soy virgen. Bajé la cabeza avergonzada pero Ernesto levantó los ojos al cielo y sólo dijo: Gracias, gracias por esta bendición… y agregó: -No temas pequeña, voy a ser muy cuidadoso, lo prometo mi cielo. Al pie de la cama me quitó el vestido y se quedó mirándome con la boca abierta. ¿Pasa algo Ernesto? Pregunté asustada. Titubeó: Sos…, sos… increíble. Me miraba maravillado. Mi ropa interior era de encaje negro y con el portaligas, las medias y con los tacos altos debí parecerle una visión porque no podía dejar de mirarme pero volvió a abrazarme y ahora me besaba apasionado pero con mayor dulzura aún. Me desnudó y me acostó y sin dejar de mirarme comenzó a desnudarse bajo mi atenta mirada. Era bello como nunca pensé que podía serlo un hombre, sus piernas increíblemente torneadas, sus músculos marcados, su piel bronceada, el vello algo canoso de su pecho y esos ojos que me miraban con infinito amor. Pero cuando se quitó el slip se me cortó la respiración, su pene me pareció inmenso, claro que yo nunca había visto ninguno así que no podía decir si era más grande que otros pero me pareció grandísimo y volvieron a aparecer mis miedos, el dolor, la sangre… Pero Ernesto ya se había acostado encima mío y me besaba y su cuerpo ardía tanto como el mío y volví a perder la cabeza y me olvidé de mis miedos. Sentí su pene muy duro y caliente apoyado contra mi vientre y lo desee con todas mis fuerzas pero Ernesto sabía lo que hacía y me iba a preparar lentamente. Me besó largamente enseñándome a besar, luego besó mi cuello y lo lamió y de a poco fue descendiendo hasta mis pechos que se habían puesto duros y en los que los pezones parecían dedos señalando al cielo de tan parados que estaban. Los lamió arrancándome gemidos y un nuevo orgasmo y luego los chupó lenta y profundamente haciéndome sollozar de tanto placer, sentía que mi vagina latía sacudida por los orgasmos que se sucedían uno detrás de otro. Su pene me quemaba de tan caliente y su glande, que se había humedecido, me acariciaba el vientre. Su boca descendió besando y lamiendo, mi ombligo, mi vientre, olió mi pubis y su lengua tocó apenas mi vello humedecido haciéndome gemir y desearlo. Sus manos separaron mis muslos mojados y me miró en mi mayor intimidad sonriendo, prolongando hasta el paroxismo el momento anhelado. Luego su lengua lamió mis muslos postergando aún llegar a mi vagina que lo esperaba anegada de flujo. Finalmente llegó, y se deslizó entre los labios y grité y mi cuerpo se arqueó tensándose en el orgasmo mientras sus manos me aferraban para mantenerme quieta y permitir a su lengua cumplir su dulce cometido. Un huracán de orgasmos me arrasó cuando un dedo me penetró, y al tiempo que preparaba para la verdadera penetración, me masturbaba lentamente, el mismo dedo que se deslizó luego buscando mi ano al que también penetró descubriéndome que mis zonas erógenas eran mayores que las que yo imaginaba, otro dedo, que imaginé era el pulgar, volvió a penetrar mi vagina y ahora era masturbada por los dos sitios. Me fui deslizando en una deliciosa inconsciencia en la que mi cuerpo me había dejado de pertenecer y yo solo era sentidos puros, solo placer, y me fui abandonado a esa boca, a esos dedos que me poseían y me compensaban de mi larga abstinencia. Cuando mi cuerpo le perteneció absolutamente Ernesto decidió tomarlo definitivamente; se incorporó y abrazándome me besó con su boca y su cara empapada por mis flujos y conocí mi sabor de hembra. Entonces sentí que acomodaba el glande entre los labios de mi vagina y esperé la penetración pero Ernesto dijo: -Pequeña mirame. Abrí los ojos y lo vi sonriéndome con infinita ternura y me sentí amada como jamás pensé que podía serlo. Entonces me penetró, cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás gimiendo de placer pero Ernesto pidió: -No los cierres, no los cierres, mirame Pequeña, mirame, no dejes de mirarme y volví a abrir los ojos mientras el pene continuaba penetrándome. Me costó pero los mantuve abiertos mirando los ojos de mi amor que me hacía mujer y me hacía suya. Me amó lentamente, volviéndome loca de goce y cuando dejamos de mirarnos porque me abrazaba jadeando porque el orgasmo ahora lo alcanzaba me aferré a su cuerpo con las piernas muy abiertas para recibir su placer. Cuando lo sentí eyacular me uní a su orgasmo con el mío y mi grito fue de felicidad y lloré y apreté y mordí y me estremecí y cuando Ernesto me comía a besos y repetía: Pequeñita, Pequeñita mía, mi llanto que nacía en lo profundo de mi pecho trocó en risa, risa de pura felicidad y Ernesto también rió y ahora el lecho era abrazos y risas y palabras entrecortadas pero sobre todo era amor, el amor que esperé toda la vida. Luego fue el tiempo de descanso y las caricias y los juramentos de amor eterno pero ante todo fue el momento de mi gratitud por su maravilloso comportamiento, por su amorosa hombría, su varonil y delicada paciencia y su respeto por mi inexperiencia. Ernesto era gentil y cariñoso y sus pequeños besos y sus dulces palabras me transportaban a un mundo extrañamente desconocido para mi, comprendía que era muy afortunada y que el amor tocaba a mi puerta en el momento exacto, que el tiempo pasado no fue tiempo perdido porque este era mi lugar y mi momento. Luego volvió a amarme una vez y otra vez y también fue el momento de mi desvirgamiento anal que Ernesto transformó en algo maravilloso con su exquisita delicadeza y su dulzura para brindarme un placer inesperado e indescriptible. Finalmente me dormí en sus brazos paladeando aún el dulce sabor que su semen dejó en mi boca. Las cuatro noches siguientes antes del regreso fueron cada una mejor que la anterior y al concluir el viaje ambos comprendimos que estábamos indisolublemente unidos. Regresamos a Buenos Aires un jueves a las dieciocho horas y a las veintiuna Ernesto se mudaba conmigo definitivamente. Nuestra pequeña nació a los nueve meses exactos de nuestro viaje y el nombre lo sugirió Ernesto y yo lo aprobé entusiasmada, nuestra niña se llama Virginia.

La confesión de mi esposa

Recuerdo que en un momento de intimidad y ante mi insistencia me confesó como había sido la pérdida de su virginidad.

Su relato y mi imaginación hacen que cada relación sexual en que le pregunto los detalles contribuya a excitarme más, y tenga relaciones muy intensas. Sospecho que a ella le sucede lo mismo recordándolo y pidiéndome una entrega total. Sus besos profundos y sus orgasmos ruidosos lo atestiguan.

He conformado la historia de acuerdo a sus recuerdos y a las sensaciones que me transmitió lo que contribuyó a incrementar mi amor por ella al sincerarse, confiándome hasta el más íntimo detalle de sus experiencias.

Todo comenzó cuando su madre enfermó y fue internada en un sanatorio de la zona de Flores. Tenía 19 años y aunque había salido con varios chicos, nunca pasó de los besos y caricias a pesar de las propuestas de llevar a la práctica relaciones sexuales.

La educación y el temor a lo desconocido fueron un freno a sus instintos y al llamado de su cuerpo, que le reclamaba respuestas como hembra en celo.

Era, y es sumamente atractiva. Esbelta de pelo castaño, facciones delicadas y ojos sugerentes. Posee una personalidad firme y decidida. De un metro setenta, cintura estrecha, pechos pequeños de pezones agudos. Su cola dura bien parada, y sus piernas torneadas, la hacen sumamente atractiva para los hombres.

La internación de su madre se prolongó más de lo previsto por el agravamiento de la enfermedad que hizo peligrar por su vida. El médico de guardia de los domingos a cargo de su madre, llamó al padre y a Ella y les propuso un tratamiento heroico con una medicación experimental, que por supuesto aceptaron confiando en su responsabilidad.

Jorge que así se llamaba, era un médico de casi 30 años de figura atractiva, delgado y alto a quien conocí años más tarde. El fue el protagonista que la inició sexualmente.

Milagrosamente su madre respondió rápidamente a la medicación, y María se enamoró del médico. Todas las noches esperaba la ronda por la habitación para recibir el parte médico tratando de seducirlo, lo que no le resultó difícil. Jorge también se sintió atraído por mi esposa y en vísperas del alta de su madre, la invitó a cenar.

El sábado antes de tomar la guardia a medianoche se citaron en un restauran próximo al sanatorio y cenaron bebiendo más de lo aconsejable. Para festejar, a los postres celebraron con champán. Al intentar levantarse debió tomarse del brazo de Jorge pues se sintió mareada para no caerse. Me confesó que estaba desinhibida y feliz.

Jorge la dejó en la habitación de su madre mientras se iba a cambiar para tomar la guardia. María se arrebujó en el diván y se durmió. Despertó sobresaltada a la madrugada cuando Jorge irrumpió en la habitación para hacer la recorrida y verificó que la madre dormía profundamente. Se levantó, se compuso algo la ropa, y ante una insinuación para seguirlo, sin pensar lo acompañó.

Llegaron al consultorio de ginecología. El silencio era cómplice. No había casi internados y Jorge le dijo para tranquilizarla, que solo había una enfermera de guardia de su absoluta confianza y que solamente lo buscaría en caso de suma urgencia.

Al cerrar la puerta con la cerradura, comprendió que estaba indefensa y perdería la virginidad. ¿Sabría como comportarse? . ¿Sufriría dolores?

Después de todo, María creía que Jorge era el amor de su vida. Permitió que la desvistiese mientras se besaban y le susurraba al oído palabras de amor con infinita ternura. Delicadamente le sacaba una a una todas las prendas hasta desnudarla totalmente. María le confesó su virginidad, y el temor por la desfloración. Jorge no le creyó en principio, pero cuando se recostó de espaldas en la camilla, abriendo sus piernas y le mostró el himen intacto, hizo que se excitara aún más, y la colmó de besos y caricias, prometiéndole que sería muy delicado. Se sacó el ambo y el calzoncillo, dejando al descubierto su verga gruesa palpitando de deseo. María se cubrió pudorosamente el pubis. Mientras Jorge se enfundaba un condón y su verga adquiría una enorme erección, María, recostada de espaldas, fue abriendo sus muslos, ofreciéndose para saciar la calentura de esa verga palpitante.

Fue un momento sublime. María cerró sus ojos, y esperó la iniciación. Mientras Jorge la besaba y acariciaba sus senos, le apoyó el glande sobre el himen intacto. Me contó que con total dominio de la situación, Jorge movía su verga desde el clítoris al himen, hasta que el deseo de mi esposa no pudo más y le pidió con voz entrecortada que la penetrara, que era suya y se entregaba totalmente, que ya no le temía al dolor, y entre jadeos y suspiros arqueaba su pelvis invitándolo a saciar sus instintos y calmar su calentura.

Jorge se reclinó y al tiempo que abría los muslos de María con sus dos manos, lubricaba la vulva con la lengua y su saliva, despertando gemidos de placer de mi esposa que lo urgía para desflorarla.

Jorge seguía excitándola con sus juegos, hasta que le susurró al oído que le pidiese con palabras obscenas la consumación del acto sexual.

María casi con desesperación, no se pudo contener “Por favor mi amor, quiero que me desvirgues, jamás me olvidare de este momento”. “Mi concha es tuya, mete esa pija enorme y gorda aunque me duela”. “La quiero toda mía”. Entonces Jorge no pudo contenerse más y le rompió el himen de un solo movimiento. María lanzó un grito de dolor, al ser perforada y se abrazó a Jorge con sus brazos y sus piernas.

Con la invasión de la pija que le iba dilatando las paredes de su vagina, me expresó que sentía como si una masa cálida la abriese en dos para finalmente, al llegar al fondo con los movimientos de vaivén, el dolor inicial dejó paso al placer, y se relajó aceptando la verga. Ella gemía y jadeaba besándolo y recibiendo caricias y sintiendo las dos manos de Jorge que aproximaban la pelvis de María para hacer más íntimo el contacto. Además la boca de Jorge se apoderó de sus pechos y mordió sus pezones endurecidos por la calentura, jugando hasta sacarles un jugo lechoso y dulzón. María observó al sacar Jorge la verga de su concha, el condón ensangrentado y percibió el calor de un hilillo de sangre que corría por sus muslos. Jorge, delicadamente se encargó de limpiarla con un apósito húmedo, y cubrirla a besos mientras María lloraba de felicidad agradeciendo a Jorge por el momento vivido. Le había entregado su bien más preciado. Jorge la había desvirgado iniciándola en una nueva vida de estímulos y placer.

María seguía excitada e instintivamente se inclinó y tomó con sus manos la verga de Jorge, la llevó a su boca, ya limpia y sin el condón, la beso y la mamó hasta lograr nuevamente su erección. Entonces fue ella, la que lo montó y se introdujo la pija hasta el fondo. Se inició en una nueva vida sexual gozando ahora sí, con el primer orgasmo obtenido por una verga masculina que la inundó con un semen abundante que escurrió por sus muslos junto a los jugos pringosos derramados por su vagina.

Luego se bañaron juntos. Al secarse se miró al espejo abriendo los labios de la vulva depilada, observando la abertura de la concha preparada de ahí en más, para gozar de los placeres sexuales.

Se besaron apasionadamente y luego de vestirse retornó a la habitación sin hacer ruido donde su madre aún dormía placidamente. Estaba cansada pero feliz de haberle entregado su más preciado tesoro al hombre amado y disfrutado de una relación inicial tan esperada como maravillosa a pesar del ardor y la incomodidad que la acompañó por varios días.

Continúa con Desilusión y reencuentro.

Munjol hjlmmo@ubbi.com

Renacer del sexo en el matrimonio

Recuerdo que debido a nuestras tareas profesionales, habíamos descuidado los placeres sexuales. Todo se había transformado en una rutina. Una vez por semana y cuando no estábamos muy cansados nos satisfacíamos sexualmente. Habíamos perdido mayormente el interés, por disfrutar de algo tan vital y maravilloso.

Esa tarde regresé a casa antes de lo previsto. Abrí la puerta, y escuché una canción que envolvía el ambiente. La alfombra atenuó mis pasos y mi saludo tampoco fue contestado. Me di cuenta que mi esposa estaba en el baño, de donde provenía la melodía romántica que salía del grabador. Quise sorprenderla y me dirigí hacia el mismo tratando de no hacer ruido. Encontré la puerta entornada y cuando iba a entrar, el sorprendido fui yo. A través de la hendija pude ver como María, recostada en la bañera, con sus muslos abiertos, tomaba un baño de inmersión. Preferí entonces observar desde esa posición privilegiada, antes que participar. El agua distorsionaba la visión pero no me confundía. Con su mano izquierda, acariciaba suavemente los senos y pellizcaba sus pezones, con la derecha, el consolador que años antes le había obsequiado, lo manipulaba entrando y sacándolo de su vagina con un movimiento masturbatorio. Al ver su rostro arrebolado con sus ojos entre cerrados, me di cuenta de su excitación. Aceleró los movimientos y los jadeos se acentuaron. Finalmente un gemido contenido, mientras se arqueaba e introducía el consolador hasta el fondo, me hicieron saber del orgasmo que había experimentado. Pero no todo terminó allí. Yo seguía observando mientras mi excitación crecía. Mi miembro amenazaba con salirse del pantalón. Me parecía que se daría cuenta de mi presencia pero me contuve.

De pronto se incorporó, tomo el prolongador peneano y lo introdujo a manera de un profiláctico en la canilla para llenar la bañera mientas lo untaba con vaselina. Estaba hermosa y excitante, hacía tiempo que no reparaba en ello. Su cuerpo desnudo con sus senos pequeños de pezones oscuro, su cintura estrecha y su cola firme por el ejercicio, la hacían deseable para cualquier hombre.

Al apoyarse con sus manos en la banqueta del baño, advertí lo que iba a suceder. De espaldas a la canilla, el orificio anal quedaba en inmejorable posición para introducirse el consolador, y lentamente con un suave y controlado movimiento circular fue abriéndole paso en el recto tras atravesar el esfínter. Nuevamente comenzó a jadear y los gemidos se mezclaron con palabras obscenas que remedaban la participación en una orgía imaginaria.

No pude más, me desnudé totalmente e irrumpí en el baño. Le pedí que continuase, acerqué mi verga descubierta y palpitante a su boca, y mientras ella se movía haciendo más profunda la penetración anal, tomó mi miembro con una mano, lo llevó entre sus labios y con su lengua, me practicó una caricia fenomenal. Eyaculé dentro de su boca mientras ella gozaba de un orgasmo. Nos bañamos juntos y luego de secarnos, la levanté en mis brazos y la llevé a la habitación. Allí comenzamos de nuevo, jamás había gozado tanto. La poseí en varias posiciones por el ano y la vagina. Fue un verdadero renacer sexual. De allí en más nos prometimos no descuidar nuestras relaciones y sin prejuicios ni inhibiciones disfrutar del sexo que nos había deparado momentos tan placenteros.

MUNJOL hjlmmo@ubbi.com, hugolobbe@ciudad.com.ar

Te calienta?

Les voy a contar mi historia y espero que les caliente porque a mi sí..:) bueno todo empezó un domingo yo estaba en casa sin aser absolutamente nada jamás pensé que pasaría algo como esto…En eso me llega un mensaje al cel era mi compañera de colegio que me decía que estaba muy aburrida y no sabía que aser después de mucho mensajear me dijo que quería venir a mi casa con la escusa de ver una película con lo que yo asepte con gusto luego de un rato llega a casa comenzamos a ver la peli luego ella se acuesta en el sofá poniendo su cárita entre mis piernas pidiéndome que le aga masaje en sus nalgitas que por cierto estaban muy lindas comence y cada vez nos exitabamos más con lo que ella comenzó a tocarme la verga comenzó a pasar su lenguíta por mi verga mientras yo comenzaba a meter mi dedo en su vagina que estaba mojadita sigio chupandome yo ya estaba deseoso de penetrarla y ella de ser penetrada c0mense a penetrarla lentamente ella gemia haaa..!! Que rico me encanta.,!! Bien grande como me gusta..! La penetraba cada vez más rápido hay..!! Mi amor asíii..!! Mi verga estaba en su plenitud con lo que le dolió y gritaba la puse de cuatro con lo que me dijo que era era su posición favorita la complasi muy duramente luego me iso sentar en el sofá y se subió encima mío me miro a los ojos y me dijo que no tuviera compasión agarró mi verga y comenzó a metersela en su clit0ris pidiéndome que no me nueva que ella aria todo comenzó a saltar cada vez más rápido gritaba me encanta..!! la penetre por el culo con fuerza ella seguía saltando ensima de mi verga y así seguimos mucho tiempo hasta que ella llegó a su orgasmo y me decía seguí mi amor..,!! Hasta que no pude más y largué todo mi semen por su cara con lo que me dijo Mi amor me encanto mi primera vez..! Y espero que no sea la última vez que lo agam0s..! Me encanto tú verga gigante..!! Desde esa vez cuando ella necesita de sexo siempre acude a mi hasta ahora tenemos buen sexo..