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La primera vez que fui infiel

Miércoles, enero 19th, 2011

La historia que me dispongo a relatar ocurrió hace unos años, cuando vivía con mi
anterior pareja, aunque nuestra relación no era para nada ideal. La convivencia se había
vuelto aburrida y rutinaria, alcanzando nuestra vida sexual de lleno. El furor de los
primeros años de relación se había ido apagando poco a poco, pasando a ser infrecuente
e insatisfecha, hasta que por fin dimos con el final de nuestra relación, por este y por
otros motivos derivados.

En esos años de inercia que muchas parejas acostumbramos a vivir juntos, aunque no
tengan un significado lógico, ya que nunca volverán a ser como en el feliz pasado,
seguía manteniendo buena relación con una muy buena amiga de la adolescencia, que
durante algunos años juveniles, tuvimos una época de tonteo y rollete esporádico sin
llegar a tener nada serio. Su simpatía, su bondad, su alegría y su sentido del humor era
lo que siempre me había atraído de ella, más que la parte física, pero también tenía
un lado morboso y tremendamente atrayente que siempre oculté, y que me moría por
probarlo algún día.

Recuerdo que muchas veces, antes de dormirme, me masturbaba pensando en ella,
pero nunca se lo dije a nadie, y mucho menos a ella. Siempre me imaginaba como
sería tenerla en distintas posiciones y formas, siempre me pregunté cómo serían sus
olores y sabores más íntimos, y siempre deseé tener el mejor sexo con ella. Una
fantasía recurrente era masturbarme con las yemas de mis dedos húmedas, simulando
e imaginando sus labios haciéndome un lento y profundo oral. Aquellas fueron las más
excitantes y placenteras pajas que me hice en la época en que las hormonas estaban más
alteradas que los asistentes a un espectáculo porno en directo.

Desde hacía muchos años se fue a vivir a otras ciudades, primero por estudios y luego
por trabajo. Cuando venía a nuestra ciudad natal, siempre me llamaba y a otros amigos
comunes, para quedar a tomar algo, salir a cenar, de fiesta y contarnos qué tal nos iba.
Además nuestra relación nunca la dejamos enfriar, siempre nos estábamos mandando
cartas primero, luego e-mails y mensajes.

En una ocasión de las que venía a nuestra ciudad natal a ver a su familia, me llamó para
quedar y dio la casualidad que mi pareja no estaba en la ciudad, había salido de viaje
con un grupo de amigas. Me di cuenta que tenía la casa para mi sólo el fin de semana
y ella estaba aquí, sin que lo supieran el resto de los amigos comunes, con los que
normalmente quedábamos. No dude en invitarla a cenar y a ver una peli, ya que le dije
muy oportunamente que no me apetecía salir, y ella aceptó de buena gana. Más tarde
comprobé que ella tenía tantos deseos como yo de quedarse a solas conmigo.

La cena en casa transcurrió de manera relajada entre risas y cariños cómplices, como
siempre nos habíamos relacionado ella y yo, advirtiéndonos por gestos mutuamente
que no nos íbamos a sentir incómodos por cualquier cosa que pasara entre nosotros esa
noche. A continuación le propuse ver una peli que tenía descargada en el ordenador,
para ello nos teníamos que trasladar a la habitación de invitados, en la cual, la cama con
almohadas hacía las veces de sofá. Ella accedió con muy buena predisposición.

No tardamos en acomodarnos y en hacer comentarios sobre lo aburrida y decepcionante
que fue la película descargada, además ambos habíamos perdido el hilo en varias
ocasiones al empezar a hacer comentarios chistosos y a imaginarnos cosas. Yo por mi
parte, no sabía como lanzarme y eso que lo tenía bien fácil, ya que ambos estábamos

muy cerca, sentados en la cama transversalmente apoyados en muchos cojines y con
la única luz del monitor del ordenador. Fue una borla de las que llevan cosidas en las
esquinas los cojines, con lo que empecé a juguetear en su suave rostro, pasando por sus
orejas, ojos y finalmente labios. Ella intentaba mordisquearlo sonriente pero también
le notaba la respiración más agitada, al igual que los latidos de mi corazón, que se
empezaba a desbocar al notarla tan cerca y tan deseosa. Para calmarme, seguí haciendo
que veía la película, pero seguía jugando con la borlita y su boca, hasta que me advirtió
muy suavemente y con su voz tan dulce:

-
-

¡Te voy a morder!
A lo que yo respondí, mientras me giraba hacia ella: ¡Pues muérdeme!

Y nos fundimos en un largo y apasionado beso, como hacía años que estábamos ambos
deseando hacerlo. Se nos notaba a los dos que habíamos adquirido la madurez sexual y
que estábamos deseosos de compartirla porque enseguida empezamos a besarnos más y
más, a quitarnos ropa y a probarnos diferentes partes de nuestro cuerpo, comiéndonos
a bocados salvajes. Su perfume en su cuello mezclado con su aroma natural, se me
había grabado de tal manera que lo identifiqué rápidamente con una descomunal
erección. La excitación del momento era muy intensa, llevaba mucho tiempo sin sexo
y mucho tiempo deseándola, por lo que esa noche fue inolvidable para mí. Entre besos
y lengüetazos desbocados por nuestros cuerpos semidesnudos, ella acertó a decir entre
una media risa y un suspiro.-

-
-
-
-

No te lo vas a creer, pero es que…. ¡Tengo la regla!
Mi excitación era tal, que sólo acerté a decir: … ¿Y? …
No sé, es que me da cosa. ¿A ti no te importa?
Pues no, algo se podrá hacer, digo yo.- decía mientras no quería dejar de besarla
ni perder un ápice de la excitación.
Pues espera un momento…Enseguida vuelvo…

-

En ese momento se levantó y se fue al servicio. Yo aproveché para quitar el coñazo
de película y poner una música más adecuada, además de extender una manta vieja en
la cama de invitados, todo esto a la velocidad del rayo. Pude escuchar ruido de agua y
no tardó mucho en regresar, sólo con las braguitas puestas y con sus pechos enormes
solamente cubiertos por una fina camiseta. No tardé nada en quitársela y quedarme
completamente eclipsado, al ver sus perfectas preciosas tetas desnudas delante de
mi, ya que era una parte de su cuerpo que tanto deseé tocarle sin ropa, saborearla y
disfrutarla tanto, que me abalancé sobre ellos como si nunca hubiera tenido unos tan
sugerentes a mi disposición. Ella agradeció el gesto con un profundo suspiro de placer.
Sus pezones muy erectos, me señalaban tomando consistencia, dándome la bienvenida
a mis incansables besos y suaves succiones. Mis calzoncillos ya no podían esconder mi
enorme polla, cuyo capullo rosita y gordito, asomaba por la goma superior, pero ella
enseguida me liberó de la opresión, empezando a manosearme como nunca me había
imaginado que lo hiciera. El placer y el morbo me estaban volviendo loco.

Nos tumbamos a lo largo de la cama, yo encima de ella embriagado por su maravilloso
olor, sin dejarnos de tocar ni besar. Nuestros gemidos se nos clavaban en nuestra alma
mezclándose con palabras de deseo en tono suspirante. Le bajé las bragas dejándola
completamente desnuda ante mí, a lo que me puse de rodillas delante de ella, mientras
le abría mucho las piernas agarrándola por sus desnudos y sexys pies. Quería observarla

y grabar su imagen para siempre. Su chocho era enorme de grande. Lo tenía peludo,
carnoso y babeante, con los labios muy abiertos y su clítoris estaba completamente
expuesto, sobresaliendo mucho por encima de sus labios vaginales como una colina al
fondo de un valle. Su agujero, flanqueado por multitud de pliegues y carnosidades, me
invitaba a acariciarle con sus sucesivas aperturas y movimientos nerviosos. Se notaba
su excitación, tanto por la humedad de la zona como por las dilataciones acompasadas
y cadenciosas. El increíble atractivo de su sexo me obligaba a palparlo bien, tanto por
dentro como por fuera, y no dude en meterle tres de mis dedos centrales que entraron
sin ningún problema y ella agradeció aumentando el tono de sus gemidos, tan profundos
como mi incursión manual.

Me incliné hacia el clítoris para meterlo en la boca y comérmelo, mientras permanecía
dentro de su agujero casi toda mi mano, a lo que ella respondió acelerando su pulso
y agitando su respiración. Era increíble pero parecía que estaba a punto de correrse.
Nunca había probado un clítoris así de grande y rico, de dimensiones casi parecidas a
un glande no erecto recubierto por piel muy húmeda. Yo estaba igual, con mi miembro
muy erecto y duro, tan palpitante y tan desacostumbrado, que notaba el semen borbotear
en los conductos internos, en ese momento ella elevó la voz para decirme:

- ¡¡¡Foóllameee!!! -El tono que empleó, su voz dulce y excitada mezclada con los
suspiros continuados, me excitó todavía más, por lo que sólo pude responder junto con
mi respiración agitada:

-

¡Cariño! ¡No creo que pueda aguantar mucho más!

Entonces me incorporé, pero permanecí de rodillas delante de su sexo, con sus piernas
bien abiertas a cada lado, pude pegar y mover bien mi miembro erecto entre sus labios
y clítoris, mientras se retorcía de placer. Cuando menos se lo esperaba, se la clavé de
un empujón en su chorreante agujero, procurando no moverme mucho para aguantar
sin eyacular el máximo tiempo posible. Sus contracciones vaginales las notaba en mi
miembro de una manera muy ardiente. Además pude notar sorprendentemente que su
coño por dentro, en la parte interna del clítoris, estaba muy escarificado, con una serie
de pliegues que hacían de cada movimiento una delicia única y muy especial. Era como
si las paredes de su cueva hubieran estado diseñadas para dar muchísimo placer a la
tranca que tuviera la suerte de penetrarla, y esa noche era la mía.

Yo ya no podía aguantar más y no quería correrme dentro, porque no estábamos usando
ningún tipo de protección. Por lo que me puse de pie en la cama, sin darle tiempo
a reaccionar la incorporé agarrándola suavemente por la nuca, hasta que tuviera mi
venosa y firme polla dentro de su boca, para hacer realidad una de mis fantasías.

La forma de chupármela superaba la ficción. Su boca, lengua y labios voluptuosos
sabían muy bien lo que hacían y no tardé mucho tiempo en escupir una cantidad
tremenda de leche en lo más profundo de su garganta, en una explosión de placer
increíble. No tuvo más remedio que sacársela para poder tragar bien todo lo que ya
había entrado, mientras seguía meneándomela y terminando de extraerme, sobre su
hombro y pecho, el resto de mi semen.

- ¡Jolín! Llevabas tiempo sin descargarte, eh?- Comentó, como siempre con su amplia
sonrisa y con su especial sentido del humor.

- Si, lo siento- dije un poco avergonzado.
- No pasa nada- dijo mientras sonriente se limpiaba las comisuras y su mejilla-
Discúlpame un momento…

Ella volvió a desaparecer unos instantes en el baño, a lo que aproveché para recoger la
manta y localizar alguna mancha para lavar, para así poder hacer desaparecer cualquier
prueba incriminatoria de mi primera infidelidad. Todavía no me creía lo que había
pasado. No había asimilado todavía el enorme placer que me había dado, pero aun así,
sentía un poco de pudor por no haber podido aguantar más, por lo que pensé, al menos
por mi parte, que haría todo lo que fuera para que esta primera vez no fuera un hecho
puntual, sino el punto de inflexión deseado para nuestra relación.

Regresó a la habitación, ambos con una sonrisa de oreja a oreja, y la complicidad que
siempre habíamos tenido se intensificó más todavía, pudiendo ver que acabábamos de
hacer realidad un sueño que teníamos en común. A partir de ese día, pasamos de ser los
mejores amigos a ser los mejores follamigos, ya que ambos teníamos un instinto sexual
muy acentuado y nos compenetrábamos muy bien en todos los aspectos.

A partir de ese día, aprovechamos cualquier oportunidad que teníamos para estar a
solas, experimentando cada vez más con nuestros cuerpos y nuestro placer más íntimo.
Ella empezó a venir siempre que podía a nuestra ciudad natal, cada vez más a menudo.
Aprovechábamos que uno de los pisos de sus padres estaba casi siempre vacío, y a mi
pareja de aquella época también le dejó de apetecer salir de fiesta, por lo que siempre
teníamos excusas para pasar las noches asolas y sin parar de follar de las mejores
maneras posibles.

Todas estas historias, basadas en hechos reales, se pueden contar,
si hay lectores imaginativos y fantasiosos que las quieran leer y disfrutar.

Por andar de caliente

Jueves, diciembre 16th, 2010

Hola escribo para contarles mi historia con la mascota de un vecino. Soy una chica de México quien nunca imagino tener sexo con un animal, todo comenzó en la casa de mis tíos, ellos tenían una perrita la cual en esos días estaba en celo por lo cual la perseguían varios perros en la calle. Una mañana mis tíos salieron de la casa pues iban de compras al supermercado, me quede sola con la perrita en eso salí a la tienda a comprar un poco de leche y deje la puerta semiabierta, cuando regrese note que la puerta estaba un poco mas abierta de lo que la había dejado pero no le di importancia y la serré, cuando me di cuenta estaba un perro el cual no se de que raza era pero era muy grande quien intentaba follar con la perrita, esto me causo un poco de curiosidad y excitación a la vez, me sentí con ganas de tener también un macho a mi lado el cual me quisiera montar tal como lo hacia ese perro con la perrita, pero como no lo tenia solo empecé a tocarme después me desvestí completa pero seguía tocándome al sentir mucha excitación. Sucedió algo muy extraño, pues la perrita no se dejaba follar entonces yo le decía que tonta eres el quiere montarte y tu lo desprecias, yo seguía tocándome por lo exaltada que estaba y de pronto sentí algo frió y húmedo en mi cosita que era la nariz del perro que a luego empezó a lamer mis partes, creo que lo hizo al ver que estaba mas disponible que la perrita, bueno yo lo deje que siguiera por un rato y cuando lo quise alejar de mi no podía, el me seguía por todas partes lamiéndome toda, pensé por un momento en dejarme montar por aquel macho el me seguía poniendo caliente y después de un rato deje que lo hiciera, me puse en cuatro patas, tal vez por la excitación que tenia, el me monto, después sentí unas punzadas dolorosas pero placenteras, le tomo unos intentos atinarle a mi cosita pero lo hizo, yo me quejaba mas que de dolor era de placer al sentir aquel miembro dentro de mi, recuerdo que le decía “haaaaay que vergota tienes, méteme todaaaaaa asiiiii, mmmm”, el me estuvo penetrando alrededor de unas 20min, yo me deslizaba por el piso y el me seguía por donde sea. después de un ratito ese macho tan rico empezó a tratar de introducirse mas adentro yo no sabia lo que pasaba solo sentía una bola muy grande detrás de mi que intentaba meterse a la fuerza, yo seguía jadeando por la excitación, recuerdo que fue mas o menos así antes de ser trabada por ese animal “mmmm cojemeeee, metemela todaaaaaa haaaaa me pones locaaaaaa sigueeee cabron sigueeeeee” en eso sentí que me partía en dos el perro pues la bola que sentía entro en mi y me hizo dar un exclamo de dolor algo parecido a esto “haaay haaay me dueleeeee nooooo” yo quería safarme pero no podía aquel macho me había trabado y luego sentí como me dejaba su semen muy caliente dentro de mi el cual empezó a salir de mi, quedamos atorados unos 15min y luego de hacerme suya y arrastrarme por todo el suelo se salio. Bueno esa es mi historia con un animal, espero que les haya gustado mi relato, hasta mi próxima historia porque todavía hay más. Besos

Con mis perros

Jueves, diciembre 16th, 2010
Mi primer encuentro con perros fue en el verano de 1996 cuando era una nena de diez años, pero mi cuerpo era motivo de incredulidad admiracion e interminables albanzas. Algunas chicas morochas ellas y mas grandes de edad que yo me querian agredir porque yo era RUBIA natural y los varones bastantes mayores que yo me decian cosas y me mandaban mensajes de amor, los cuales me alagaban pero no me importaban mucho, las otras reventaban de envidia. Apenas dos dias despues de cumplir los diez mi hermano debia participar en un torneo de karate yo no quise ir porque queria disfrutar de mis regalos. Quede sola. Mis dos perros estaban jugando y se cayeron en la zanja de aguas servidas se ensuciaron bastante ,yo me puse a bañarlos, mulato era un perro negro de tamaño mediano pero era lindo,y  tenia buena estampa ademas de ser cariñoso.Terry si bien era manso era grandote, torpe y feucho, pero yo los queria y cuidaba mucho. Mientras bañaba a mulato quise lavarle los genitales con cierta inocencia pase jabon en su pitulin, el me miro y puso carita de gozo, le aprete un poco el sexo y senti como se empezaba a endurecer y una punta roja aparecio, mulato comenzo a moversa hacia atras y hacia adelante encorvandose, yo deje mi mano precionando el sexo del animal y senti como se iba inchando al tiempo que su pene rojo-brillante afloraba cada vez mas.Dos pelotas comenzaron a hacerce sentir en mi mano y segundos despues se asomaron quedando en el hueco de mi palma, solte el sexo del perro y vi el pene de mulato en plenitud, chorritos de un liquido salia de la punta.Segui mirando la bara roja de mi perro hasta que la guardo de nuevo en su capullo.Esa noche soñe que un perro intentaba llegar a mis entraña.Me desperte y no pude dormirme mas, en mi cabeza estaban los imagenes del sueño y las del sexo de mulato.A las dos semanas nuevamente quede sola. Llame a mulato al garage ,me desnude, me puse en cuatro pero el perro nada, lo acaricie y bese , le toque el pene unos minutos, cuando el se movia como queriendo copular con mi mano yo me ponia de nuevo en cuatro y nada , persisti varias veces y no habia caso, desanimada lo deje , me dispuse a vestir fue entonces cuando el perro con su ocico me pego en mi sexo, me tence, posteriormente me acerque al can abriendo mis piernas , me ociqueo nuevamente, volvi a ponerme en cuatro y esta vez mulato se  subio encima mio, me queria penetrar pero no embocaba en mi vulvita, sus patas delanters me aferraban con firmeza ,me vino un ataque de panico propio de mi desconocimiento y de mi cortisima edad, quise sacarme a mulato de encima, mas este me aferro mas fuerte, intente de nuevo pero ese ademan puso en correcta posicion mi vulvita y su sexo, el primer lanzaso me dolio terriblemente grite fuerte AAAYY! AAAAHH!  y llore, el animal siguio empujando con  fuertes movimientos, sin parar de lloriquear intentaba librarme del perro,Senti que el pene de mulato se acomadaba aparentemente bien en mi vaginita y ya no me dolia tanto.Fue entonces cuando algo mas grueso irrumpio en mi vaginita, era sin dudas el boton .Grite fuerte nuevamente AAAAAH-AAHHH-AAY  los labios de mi vulvitase contrajeron y quede abotonada a mi perro , este se bajo giro quedando cola con cola, no podia despegarme de el , mi llanto continuaba ,se mezclaban de a ratos un cosquilleo delirante y un fuerte dolor en mi vaginita, pasado quizas mas de un cuarto de hora mulato se aflojo y ambos tiramos logrando desabotonarnos,Por mis mulos corria sangre ,corri a lavarme el agua me provoco un agudisino ardor y no pude evitar gritar AAAYY! AAAYY! y llorar de nuevo.Todo siguio su curso normal los dias siguientes, hasta que en otro  dia de calor quede sola .Me encerre nuevamente con mulato pero esta vez deje que terry mi otro perro entrara tambien.Mulato no necesito mucho tiempo para poseerme lo hizo muy bien ya no me doloia casi nada, terry miraba y me pasaba la lengua por mi cara y mi cuerpo, una vez que me desabroche de mulato me puse en pose hacia terry le manosee un poco el pene y terry se me monto con su prominente peso me inmoviliso y me hundio su sexo , lo senti mas grueso que el de mulato ,terry se movia con mucho brio yo sentia algo de dolor y gusto , el sexo de terry no solo era mas grueso sino mas largo tambien, el perro presiono con mucha fuerza ,senti una megabola que desgarraba mi vaginita y entraba en ella, el resto del miembro avasallo la pulpa de mi vientre AAOUUCH AAAHH!  terry adopto la posicion de traseros enfrentados,el abotonamiento me destrozaba por dentro, era inutil Tratar de desamarrarme, algun vendedor seguro golpeo las manos mulato corrio hasta la puerta cerrada del garage y ladro, terry lo imito y me llevo arrastrando hasta ese lugar ! NO TERRY NOO AAY HUH AAYY!   cesaron las palmadas y los dolorosos tirones del perro seque el mar de lagrimas de mi rostro, pasada casi media hora disminuyo la dureza del sexo de terry , tire, el perro tambien tiro grite HUUUU! AAH! y me solte no habia sangre pero los labios de mi vulvita estaban inflamadisimos y toda mi vaginita sufria horrores ,me bane y me recoste aun con mucho dolor  que tardo bastante tiempo en disminuir y desparecer, luego llegaron mis padres y mi hermano con un hermoso trofeo.

VERONICA

Mi primera experiencia

Lunes, diciembre 6th, 2010

Mi primer encuentro sexual a pura conciencia fue a los 12 años. Luego de un año de noviazgo, mi novio de 15 años quería conocerme interiormente y hacerme mujer… Sólo que yo era una niña todavía.

Siempre creí tener muy en claro mi orientación sexual, sabía conseguir las miradas de ellos y despertar sus más profundos deseos. No sabía si ellas me miraban porque yo no las miraba pero el 31 de julio del 2002, a un día de cumplir 18 años, por primera vez miré a una mujer y deseé tocarla…

Para mis 18 años yo ya había estado con muchos hombres, grandes, chicos y algunos me propusiero armar un trío, aunque la gran mayoría estaban muy satisfechos con mi peformance en la cama, a algunos les excitaba pensar a una mujer besándome lentamente los pezones y todo mi cuerpo. Para mi no era necesario, tengo todo lo que un hombre busca en una mujer: buenos pechos, cintura y una cola paradita, puedo ser muy rápida en la cama para satisfacer le penes desesperados de mis novios, tengo ojos verdes y cabello rubio largo donde una vez se entrelazaron los más femeninos dedos. Pero pronto descubrí que para atraer a una mujer se necesita mucho más y eso comenzó a excitarme.

La primera vez que la ví estaba parada entremedio de dos hermanos muy atractivos. Ella destellaba alegría y audacia, pero por sobretodas las cosas su altura y sensualidad despertaron en mi un fuego que nunca había probado. Estabamos en una convención y cuando repartieron los asientos deseé con todas mis fuerzas que se sentara al lado mío; para mi desgracia estuvo muy lejos de mis temblorosas manos…

Entrada la tarde del segundo día de convención me animé a hablarle y resultó ser una chica muy divertida y alocada, con sus ojos marrones penetraba en mi como buscando mi alma peor sin incurcionar con seriedad. Pasada una semana no dejabamos de hablarnos y llegué a conocerla muy bien. Era, es, modelo, estudiando para ser actriz, esbelta y agraciada, con unos pechos fuertes y bien definidos, no muy grandes. La cola con la más bella forma de pera como una Venus. Peor lo que más me gustaban, a parte de su personalidad, eran sus manos.

Ya para septiembre, el mes de la primavera empezaba a surgir efecto: mostrar la carne nos abrió puertas para temas más calientes y descubrí que ella solo había tenido relaciones con un hombre y que lo dejó penetrarla a los 6 meses de estar de novios pero que ya habían tenido jueguitos con la lengua. Me contó que la penetración la asustaba peor que en realidad le daba asco, para ese momento mi condición de amiga me avergonzó porque lo que yo quería era tocarla y todas estas sensaciones eran muy nuevas.

Aunque mi cerebro decía “no lo hagas”, “a vos no te gustan las chicas” mi corazón se debatía como nunca!! Rápidamente me retiré del living y me dirigía la cocina para evitar que viera el rubor de mis mejillas que yo sentía debían estar moradas de la vergüenza. Tomé un vaso de agua y me acerqué hasta la puerta para preguntarle si quería un vaso de agua o un té, la vi recostada en el piso, boca abajo, jugueteando con sus pies y buscando un CD; sin mucho interés me contestó que no.
Pensando como hacer para controlarme escucho como la suave voz de Celine Dione y Barbara Straisen comienzan a arrullar la hermosa canción de Titanic. Tomé el vaso, di un gran sorbo y me dirigí al sillón, cuando estaba llegando la vi arrodillada en un cojín con e invitándome a sentarme en el suelo; tomé uno del sillón y sin vacilar como una niña de 13 años nuevamente me arrodillé.

A ambas nos gustaba cantar y estábamos practicando en una banda así que pensé debe ser una excusa para cantar más cómodas, esta chica no debe desearme, no creo que tenga otras intenciones. Dejé fluir mis dudas y me dejé seducir por su mirada que me incitaba a cantar. Hacía mucho calor y corría a penas una brisa por el ventanal del balcón. Cerré mis ojos y con la pasión que me caracteriza canté, luego me acerqué como inclinada por la canción y sentí como en el climax de la canción ella se acercaba hacia mí. Ah! Mi deseo de tocarla fue incontenible, pero aguanté y al instante siento sus manos en mis mejillas abrí los ojos y vi como su frente se inclinaba sobre la mía; cerré mis ojos nuevamente y sin proponérnoslo nuestras bocas se fueron acercando muy lentamente desde la frente, el roce de su tierna nariz, sentí su respiración muy cerca de mi boca y finalmente la besé. Fue el beso más tierno, más excitante, largo y mojado que jamás una persona me hubiera dado. El solo recordarlo hace mi corazón palpitar.

Tierna como una flor, sensual como una gacela y ardiente como el fuego me acarició lentamente un hombro y se inclinó para besarme el cuello, el placer hizo que un suspiro la frenaran y me mirara a los ojos; estaba llorando. Le sequé sus lágrimas de placer con mis labios y besé los ojos, luego su frente, la tomé gentilmente y de la mano la llevé a la habitación.

Sin parar de besar cada destello de su piel le saqué su musculosa y la rodeé con mis brazos, me puse detrás de ella y dejé al descubierto su bombachita blanca. La di vuelta y ella con su más tierna cara me dijo “seguí, no pares”. La invité a recostarse en la cama que estaba en el medio de la habitación y mi inexperta mano la acarició, le saqué su mojada bombacha y el olor de ésta me excitó tanto que de un arrebato me saqué mi top y me recosté junto ella para besarla. Muchas noches había deseado verla así entregada, vulnerable, llena de goce…

Junto a la mesa habían velas, unos jazmines y un pedacito de chocolate, lo tomé y lo introduje en mi boca, luego comencé a deslizarme por su cuerpo besándola con el chocolate y al llegar a su vientre me incorporé y se lo di en la boca, si más volví chupando el sendero del chocolate y tragué todo ese dulce sabor. Me puse entre sus piernas y las abrí suavemente, mi lengua recorrió sus piernas y el deseo me incitaba a tocar ese pubis expuesto todo para mi pero sabía que este juego le estaba gustando. Al llegar a sus pies lamí cada uno de sus dedos y esto la estremeció profundamente hasta un primer orgasmo. Volví por sus piernas y me encantó el olor que emanaba su vagina mojada y toda hinchadita. Con un poco de miedo de no hacerlo bien le levanté un poco su pelvis y me dediqué a lamer cada parte de so dulce pero saladita vagina. El primer contacto de mi lengua la hizo suspirar de placer y tomó mi cabellera como ordenándome a más placer. Me paseé por su clítoris y escuché que un murmullo agotado de éxtasis me decía “no me metas el dedo, hacéme llegar así”, accedía complacida y dejé sin descanso mi lengua en su clítoris y la chupé durante largo rato; mientras mi mano jugaba con mi clítoris. Sin un solo roce de mis dedos la hice acabar y vi la maravilla de ver acabar a una mujer. Su flujo estalló por su vagina y me mojó mis ya exhaustos labios. Me divirtió esa inspección que realicé por solo unos segundos, como tratando de no perderme ni un momento.

Luego la besé y probó su salado gusto a mar de mi propia boca.

Estabamos exhaustas por completo todo el espectáculo me hizo llegar 3 veces e infinidades de veces tuve picos de desesperación por su lengua invadiendo mi sexo; pero me di cuenta que esa tarde de primavera era de ella.

La tomé en mis brazos y nos abrazamos, nos besamos y en ese último instante se quedó dormida. No puedo expresar la sensación de paz, placer y felicidad que emanaba su rostro, así dormida y en mis brazos me entregué al sueño más profundo de mi vida. Nuestras piernas entrecruzadas, nuestros cuerpos llenos de sudor y nuestras respiraciones que se cruzaban como si fuéramos parte de una cadena indestructible.

Dormimos hasta la madrugada y para mi sorpresa ella se despertó antes que yo, me miraba y con una sonrisa tentadora me dijo “vamos a darnos un ducha, ahora te toca a vos”

Esos momentos siguen excitándome y recordar sus pezones descansar toda la noche en los míos me estremece. Ahora comparto mucho con ella, de vez en cuando vamos a su casa para acariciarnos. Estuve con otras mujeres y con chicos también, pero nadie me hizo sentir tan feliz como verla a ella feliz en mis brazos.

Gracias por escucharme y les deseo estos momentos a todas ustedes, porque el amor no tiene ni sexo ni edad ni descripción posible

Paz, amor y felicidad en el mundo,

Sakmeth

Sakmeth@hotmail.com

Maravillas en el país de la delicia / Capítulo 3

Lunes, diciembre 6th, 2010

Maravillas buscaba el jardín, buscaba la puerta que la llevaría fuera de aquel aire caliente y aquel bullicio de mujeres interminables. Por el camino no hizo caso a nada. Si alguien le habló puso su cara más amable y pasó pidiendo perdón.

Cuando llegó al jardín y se perdió entre la noche de las palmeras, sudaba. Su ropa ya no parecía suya, quizá de una mujer más grande. Quizá la excitación la había hecho encoger. Quizá era un efecto secundario maligno que ejercía en ella el sexo. Pero, en ese caso, ¡ella nunca podría llegar a practicar el sexo con su pareja! ¡Iría menguando y menguando, y con el paso del tiempo llegaría a desaparecer! ¡Sería una mujer sin sexo para toda la vida!

- Pero qué chorradas estás pensando, Maravillas… Céntrate, es sólo toda esta locura de fiesta…

Apoyada contra la palmera, cerró los ojos y respiró profundamente.
Ni siquiera en aquel rincón oscuro podía descansar, huir. Junto al pequeño jardín de palmeras estaba la enorme piscina que irradiaba luz. Un par de chicas en bikini pasaron corriendo y riendo frente a ella. Una llevaba la parte de arriba de un bikini en la mano. La otra la perseguía por todo el jardín.

- ¡Ven aquí, cabrona! ¡Te voy a matar! -reía.

Sus pechos botaban libres con la carrera.
Maravillas miró para otro lado.
Se perdió entre las sombras de las palmeras. Necesitaba andar un rato, estar sola. Caminó hasta que se alejó el bullicio, hasta que su respiración se calmó, paró de sudar y las cosas raras dejaron de pasar por su cabeza.

Estaba pensando en irse de aquella fiesta disparatada sin encontrar a su prima, cuando oyó una voz junto a ella, en la oscuridad.

- Hola. ¿Paseando sola?

Se le acercó en silencio una mujer de unos cuarenta años. Sus ojos azules parecían iluminar las palmeras. Quizá era la luz de la piscina cercana. Llevaba las manos en los bolsillos y una camisa roja.

- Sí. Estaba relajándome un poco.
- Eso está bien. Yo lo hago también en las fiestas. A veces tanta gente agobia, ¿verdad?

Maravillas sonrió.

- Sí.
- ¿Estás bien?
- ¡Sí, claro! Es que… Estaba pensando en irme.
- ¿En irte de la fiesta? ¿Y eso por qué?
- No lo sé.
- Pues si no los sabes, no lo hagas.
- Parece lo lógico, ¿verdad?

Se hizo un corto silencio.

- ¿Sabes? -dijo la mujer- Quizá te parezca una locura, pero te he estado siguiendo.
- ¿Cómo? ¿A mí? -quizá era hora de empezar a alarmarse un poco.
- Sí, pero te ruego que no te preocupes. Es sólo… Bueno, te he seguido hasta aquí para decirte una cosa.
- ¿Qué cosa?
- Pues… Te he estado observando y… Quería decirte que estoy enamorada de tí.

Maravillas quedó cortocircuitada y luego rió.

- ¡Ya, sí! Parece que eso les pasa a muchas esta noche, porque si yo le contara…
- No te lo crees…
- Mire, estoy un poco confusa…
- ¿Cómo no voy a enamorarme? ¿Te has visto bien?

Maravillas se miró las manos, como si aquella mujer se refiriese a ellas, como si allí estuviera la belleza que la había enamorado.
- Eres… Vas dejando detrás tuya un rastro de sensualidad y calma. Quizá otras no lo vean, pero yo sí. Si pudieras verte como te veo ahora mismo… seguramente te enamorarías.

Maravillas calló. Aquello era lo más bonito que le habían dicho nunca, aunque quizá ya lo había oído antes en otra parte, por ejemplo en una película.

- Gracias. Nunca me lo había dicho.

Se acercó y besó en la mejilla a su enamorada.

- Ahora me siento bastante mejor. Muuucho mejor…
- Me preguntaba si lo que queda de esta noche tan extraña, podríamos pasarla juntas, conociéndonos un poco, dándonos una oportunidad… Pero todavía no me crees, ¿verdad?

- ¡No! -dijo Maravillas, alejándose entre las palmeras- Pero muchas gracias. Ha sido precioso. Ahora me siento especial. ¡Chao y suerte!
La mujer quedó sola en la oscuridad de las palmeras. A los pocos segundos oyó un tintineo que se acercaba. Una chica vagaba sola. De una larga y fina trenza le colgaba un cascabel.

- Hola -dijo ella.
- Hola… ¿Paseando sola?
- Ya ves.
- Oye, perdona que te diga esto. Quizá te parezca una locura, pero…

Sin duda lo que fallaba era la táctica. Llevaba toda la noche buscando a Conchi y no había encontrado más que un montón de pistas que sólo la conducían a participar en delirantes escenas. Seguro que si dejaba de proponerse encontrar a su prima, ¡puf!, aparecería ella sola de detrás de un arbusto, o de un par de chicas besándose. Así que a partir de entonces, nada de buscar. Se dejaría llevar.
En el jardín, multitud de mujeres conversaban y disfrutaban de unas copas. Maravillas pasó junto a dos mujeres de aspecto elegante.

- Claro que soy anti-globalización. Tú ya sabes que yo siempre he estado a la última…

“¡Por Dios…!” pensó Maravillas, sufriendo lo equivalente a una arcada mental.
Otro grupo de chicas en bikini. Alrededor, un corro de espectadoras riendo y gritando consejos. Jugaban a un famoso juego: el Twister. Debían estar jugando a eso, porque sobre el césped estaba la típica ruleta de colores. Sin embargo no había tapete. Maravillas tuvo que reir ante la genial idea que alguien había tenido de pintar los círculos de colores en distintas partes del cuerpo de las chicas.
Mano derecha al verde, pie izquierdo al amarillo…

- ¡Maravillas!

Tardó poco en reconocer la cara de la chica junto a ella que la saludaba: se habían conocido al principio de la fiesta, en el abarrotado recibidor de la casa, yendo en direcciones contrarias. Recordó también como un detello la mano apoyándose en su hombro para no perder el equilibrio.

- ¡Ah, hola!
- ¡Qué bien, veo que ya empiezas a pasártelo bien!
Debía haber visto la sonrisa en su rostro. Seguramente ésta creció unos centímetros más.
- Sí, bueno. Pero, oye, ¿cómo sabes mi nombre?
- Pues, me lo han dicho. ¡Qué divertido es esto! ¿A quién se le habrá ocurrido? -señalaba a las jugadoras de Twister, partiéndose la cintura de risa. Dos chicas caían al suelo: era imposible tener cada una el pie en el ombligo de la otra mucho rato.
- ¡Pero ¿quién te lo ha dicho?! -tenía que hablar muy alto, las demás chillaban y jaleaban.
- ¡Pues gente! ¡Qué más da!

La chica del pasillo seguía tronchándose de risa. La gente comenzó a vitorear. Una de las participantes, una escultural rubia, tenía sus pechos (uno rojo y otro verde) ocupados ya por cinco manos distintas, y alzaba los brazos, orgullosa.

- Oye, ¿quieres ver otra cosa también muy divertida? -le susurró al oído.
- Bueno, intento divertirme un poco, así que…
- ¡Ven!

La tomó de la mano y la llevó lejos, a un porche trasero de la mansión. Aquel lugar estaba bastante oscuro. Subieron un par de escalones y entraron por una puerta. Antes de entrar, le dio tiempo de ver a dos chicas en el porche. Una sentada en una silla y la otra arrodillada frente a ella.

- ¿Esa le estaba haciendo a la otra… lo que yo creo que le estaba haciendo?
- ¿Quién sabe? Tendrás que fiarte de tu imaginación. ¡Venga!

Su nueva amiga la arrastró de la mano al interior.
El silencio en aquella parte de la mansión resultaba extraño, como si fuera un mundo aparte dentro de la ruidosa fiesta, una burbuja. Sin embargo, unas risas se oían más adelante.

- Te voy a llevar con unas amigas. Hemos organizado un concurso…

Entraron en una habitación y cerraron la puerta tras ellas. Era un cuarto de aspecto anticuado, decorado con cuadros rancios y alicatado en madera. Parecía un lugar destinado a coleccionar mesillas antiguas, y sobre ellas, jarrones antiguos, y junto a ellas, sillones y divanes antiguos. En una estantería, un reloj dorado de péndulo, también antiguo.
Todas las presentes callaron al entrar ellas.
En el centro, una joven sentada en un reposapies, con los ojos vendados.

- ¿Quién ha entrado? ¡Decídmelo! -dijo, pero no obtuvo respuesta de ninguna de las presentes.

La chica del pasillo le pidió a Maravillas silencio con gesto.

- ¿Qué tipo de concurso es? -le preguntó al oído.
- Un concurso de besos -le contestó ella, con una sonrisa interesante, y le indicó atención.

Después de haber examinado a Maravillas de arriba a abajo, las mujeres siguieron con el juego.

- Bueno, Teresa, tú relájate -dijo una de ellas-. Ahora va el siguiente beso. El número… ¿qué numero tocaba?
- El ocho -le apuntaron.
- Allá va -dijo ella-. El número ocho. ¡Fíjate bien, que no se te olvide…!

Una de las chicas se acercó y se arrodilló ante la vendada. En su andar podían oírse los tambores de los salvajes que van a cazar antílopes.
Más que un beso fue una lamida. Lamió en toda su extensión los labios de la chica ciega, lentamente, empapándolos. Maravillas casi pudo oír el raspar de los poros de la lengua contra las grietas de la piel de los labios. El corro femenino vitoreó y silbó el caliente beso. La chica vendada rió y saboreó.

- Prefiero guardarme mi opinión para el final… -dijo con una sonrisa misteriosa-. ¡Siguiente…!
- ¡Vaya, ahora los pides y todo! ¿Eh?

Otra chica se arrodilló frente a ella.

- ¡El número nueve! -dijo alguien.

Este fue un beso mucho más suave. Un beso clásico atrapando los labios. Sin embargo, al final el labio inferior fue succionado y estirado sin piedad, hasta ser devuelto a su posición con un húmedo ¡plop!
La chica vendada se erizó. Le costó sonreir. Era evidente en su cuerpo que estaba muy excitada.

- Vaya, vaya… -fue todo lo que dijo- ¿Siguiente?

Todas confabularon con miradas y empujones para que se acercara Maravillas.
Ella nunca había besado a una chica. Una vez besó a un chico, pero no le gustó. Cuando se dio cuenta, había algo húmedo serpenteando dentro de su boca. Recordaba la sensación de intrusión, pero también el apagón en su mente y casi en su cuerpo, una sensación como ninguna otra anterior, y una pequeña humedad descarada que crecía entre sus piernas.
Recordó. Pensó en todo aquello cuando tenía el rostro de la chica vendada ante ella, su boca esperando…

- El número diez… -murmuraron.

Pensó en aquello, en cómo sería para ella el beso perfecto. Pensó en ello y se dijo:

<<¡¿Qué coño…?!>>

Y la besó.

Esta vez era ella quien besaba, quien elegía cómo se hacían las cosas. Esta vez sí le gustó.
Se oyeron en la sala aplausos, quedos pero sinceros, y algún gemido.
Justo en el momento del beso, el flash de una cámara de fotos inundó la estancia. Se oyó la puerta abrirse y cerrarse de nuevo.
La chica vendada no dijo nada, pero su sonrisa decía algo bueno. “Miraba” al suelo, como pensativa. Maravillas la vio pasarse la punta de la lengua por los labios.

- ¡Bueno,tía, esto ya está! -dijo una- El trato eran diez besos. ¡No quieras abusar!
- Eso. Ahora tienes que dar el veredicto.

Maravillas buscaba a su alrededor alguna pista de quién había sido la fotógrafa furtiva, pero era evidente que ya había desaparecido.
La venda le fue retirada a la chica de los besos. Todas en corro a su alrededor esperaban un número de sus labios. Maravillas temblaba pensando en la foto. Tenía que irse de allí enseguida.

- Bueno… -dijo la chica de la venda- La verdad es que es muy difícil, como siempre se dice en estos casos. Todos los besos han sido muy buenos, y algunos hasta me han puesto cachonda…
Las mujeres jalearon. Alguna atrevida incluso la llamó “guarra”.
- … Pero si tengo que elegir uno, creo que ya lo he decidido. El que más me ha gustado, por su sencillez, por su ternura… en fin, por lo que me ha hecho sentir, es el número…

Imitaron un redoble de tambor, taconearon y golpearon una mesilla con los nudillos.

- ¡Diez!

No sabía por qué, pero se lo imaginaba. Aquella noche todas las cosas raras parecían tenerla como centro geométrico.
Todas vitorearon y aplaudieron. La abrazaban, le daban la enhorabuena, y se daban codazos entre sí, insinuando quién sabe qué, quizá que algo podía ocurrir más adelante entre besadora y besada.

Como pudo, Maravillas se fue despidiendo de todas. Salió de la habitación para buscar a la fotógrafa.
La chica de los besos y su amiga del pasillo aparecieron por detrás, agarrándose una a cada brazo. Parecían muy interesadas en profundizar aquella amistad.

- ¿A dónde vas? -dijo la chica de los besos- Eres la ganadora, ¿es que no lo sabes?
- Sí, pero, en serio, tengo que irme. Tengo…
- No te puedes ir ahora, muchacha -dijo la chica del pasillo-. Como ganadora, tienes derecho a participar en algo muy especial.
- Algo privado. Sólo para amigas.
- Es un secreto… -susurró.
- Seguro que es muy interesante, pero lo siento mucho, me ha surgido algo que debo arreglar enseguida…
- Claro -dijo la chica de los besos-. Tranquila. Yo sé lo que sucede.
- Ah, ¿sí? -dijo Maravillas. Y pensó <<Permíteme que lo dude>>.
- Claro. No hay prisa. Te vamos a ayudar. Síguenos.

Y las tres, cogidas del brazo, subieron unas anchas escaleras. En el piso de arriba esperaba un premio privado.

20/9/02

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Viaje de egresadas

Lunes, noviembre 29th, 2010

La mayoría de las chicas del Instituto venían de familias de plata. Por eso no tuvieron inconvenientes para pagarles el viaje de egresadas, ni los correspondientes profesores particulares para que alcanzaran realmente esa condición. Sin embargo, las familias de Lau, Pau, Caro y Romi no se encontraban en la misma situación. En la cafetería del colegio, las cuatro alumnas intentaban sobrellevar sus amarguras:

—Che, ¿los viejos de ustedes saben las notas que se sacaron?— Dijo Laura.
—¿Estas loca? Si les digo me matan.— Contestó Romi.
—Yo no sé que hacer, mi viejo nunca las supo pero a mi vieja ¿qué le digo?
—No le digas nada, Pau. Decile que perdiste el boletín.
—No, se va a dar cuenta. ¿Qué te crees?
—¿Y vos, Caro que nota te sacaste?
—Un dos, igual que ustedes.
—Chicas, no puede ser este bajón. Tengo una idea.— sentenció Laura —vayámonos de viaje de egresadas.

Las chicas al principio no aceptaron la propuesta pero al salir del café la huida ya estaba planificada. El día elegido Laura iría al colegio con el coche del hermano, lo estacionaría a la vuelta de la escuela y así lo hizo. A la salida las amigas se encontraron ahí y zarparon con destino incierto. Cuando oscureció ya hacía varias horas que estaban viajando y sus estómagos empezaron a quejarse, entonces pararon en un Mac. Donal’s. Estaban sentadas charlando cuando de pronto se quedaron heladas. Una imagen de las cuatro en el televisor denunciaba acerca de unas estudiantes desaparecidas buscadas por sus padres. Tomaron sus bolsos y tratando de pasar lo más desapercibidas posible abandonaron el lugar. Todas llevaban aún sus uniformes y eso las delataba pero, con el apuro, no se habían podido cambiar. Laura maniobraba tratando de encontrar un baño donde hacerlo, pero sin éxito.

—¡Hay!, chicas— balbució Carolina —m’estoy haciendo pis— Las vejigas de sus compañeras también estaban llegando a su limite.
—En serio, no aguanto mas— insistió.
—Ya va, espera un poquito.
—¡Hay, hay! por favor.
—¡Ya vamos, espera!
—No puedo más, me hago— En ese momento una estación de servicio apareció y las amigas se sintieron salvadas. Con el coche todavía en marcha, Carolina salió corriendo al baño. Romina la siguió. Paula y Laura no, puesto que esta última debía apagar el auto y cerrarlo.

—¡Dale Lau! apurate— le decía mientras retorcía hasta el último músculo de su cuerpo tratando de evitar un accidente. Instantes después corrían tras sus compañeras. Cuando llegaron encontraron con horror que todos los gabinetes estaban ocupados.
—¿¡Caro, estas ahí?!
—Si, ya va.
—¡Dale, che!
—Para, ya va— De pronto uno de los gabinetes se desocupó y Paula entró desesperada. Cerró la puerta, se bajó la bombacha y se arrojó en el inodoro justo antes de que una violenta descarga de orina se le escapara del cuerpo. Lentamente sintió que volvía en sí mientras escuchaba aliviada un fluir continuo e inagotable. Ya recuperada, se acomodó la prenda rosada y salió del compartimento. El resto de las integrantes del grupo estaban desnudando sus jóvenes y hermosas figuras, cubiertas por ínfimas bombachas, para vestirse con ropas más acordes al momento, entonces ella comenzó a hacer lo mismo. Con la premura, Laura se había olvidado de traer su bolso, por eso decidió dejar para otro momento su cambio de ropa.

Al rato se habían subido al vehículo de nuevo y emprendido el viaje. Romina había tomado el volante y cuando la luna le mostró la ruta sintió mucho sueño. Paró la marcha y adoptó el camino empezado por las otras pasajeras que roncaban hacía largo rato.

El sol entró por la ventana iluminando los muslos dormidos de Laura. Trató de mejorar inútilmente su posición pero el coche era demasiado chico. Los rayos descubrieron el pedacito de género celeste que apenas cubría sus apetecibles glúteos. Afuera, el roció humedecía la inmensidad del campo y el cantar de los pájaros despertó a Carolina. Despacio trató de incorporarse mientras trataba de entender como se encontraba en ese lugar. Antes de lograrlo, notó que sus necesidades fisiológicas la reclamaban nuevamente. Estiró el brazo, que la obedecía a duras penas, y tratando de no molestar abrió la puerta y salió. Se detuvo un instante pero no pudo evitar distraerse.
Dió unos pasos y empezó a desabrocharse el cinturón con el que trataba de disimular los kilitos de más de su panza. Luego de una ardua lucha consiguió vencerlo. Se empezó a desabotonar y sin haber terminado se bajó los vaqueros y la bombacha amarilla, se agachó y lentamente pero sin pausa regó la tierra por abajo suyo. Desde un bosquesito vecino, una mirada furtiva observaba detenidamente la acción. La chica, una vez que hubo terminado, se dio cuenta de que no había agarrado papel higiénico. Refunfuño un poco y se dirigió al coche con la ropa interior a la altura de las rodillas. Abrió la puerta del auto e intentó sacar su mochila para conseguir lo que buscaba. Al hacerlo despertó a sus compañeras. Una vez levantadas, Laura se percató de que aún conservaba el uniforme. Miró para todos lados y creyó no ver a nadie. Sacó de su bolso la ropa y se quitó la pollera. Sus muslos estaban con piel de gallina a causa del frío de la mañana y rápidamente los enfundó en sus pantalones. Con el último botón fue sorprendida por una voz que dijo:

—Hola, chicas.
Las aludidas se sobresaltaron. Un robusto muchacho apareció detrás de ellas.
—¿De donde saliste!— Le inquirio Laura.
—Disculpen, no las quise asustar. Me llamo Fausto y estoy viajando a dedo al Bolsón. Me quedé sin puchos y pense que…
—No nos asustaste, vení tomá.— Laura metió la mano en el bolso y saco un atado de cigarrillos. Sacó uno para ella y ofreció otro a Fausto. Luego de la aceptación por parte de él lo hizo con sus compañeras.
—Che, ¿así que vas para el sur?— curioseó Caro mientras le ofrecía fuego.
—Si, ya lo conozco y me encanta. ¿Ustedes estuvieron?
—No, es la primera vez— Laura envió una mirada de alarma a Caro pero no la percibió.
—Ah, les va a encantar, van a ver.

Los cigarrillos se fueron consumiendo y las chicas no habían desayunado, entonces emprendieron la marcha guiadas por Fausto que conocía un lugar en la ruta para tomar algo. Finalmente llegaron y se sentaron los cinco delante del televisor. Mientras tomaban el café con leche Laura observaba la pantalla cuidadosamente.
Caro continuaba sus averiguaciones sobre el varón del grupo.
—¿Y donde vivís?
—Viajo mucho sabes, no me detengo nunca, eso no es para mí.
—¿Y no trabajas?
—Si, hago un poco de todo, estoy escribiendo unos artículos para una revista de turismo.
—¡Vamos!— ordenó Laura al ver en la pantalla que su búsqueda se intensificaba.

Romi tomó nuevamente el volante, Lau se ubicó a su lado y atrás entraron Caro, Fausto y Pau. Con el correr del tiempo el viaje se torno aburrido y las chicas se empezaron a adormecer. Caro acomodo la cabeza en el hombro de su compañero, que también dormía. Luego le pasó un brazo por la espalda y el muchacho pasó el suyo por la cirtura de la chica. La escena era vigilada por Laura a través del espejo pero pronto fue vencida también por el sueño. Al poco tiempo Caro y el pasajero se habían enredado entre besos, caricias y atrevimiento. Por la noche, Fausto en agradecimiento, pagó la pizza y las cervezas. Pero pronto se quebró la armonía debido a que Lau empezó a objetar la cantidad de cerveza bebida por Caro.

—No seas hincha Lau, no tomé tanto.
—Boludaa, cortala, tomaste un montón.
—En serio, che, dejala ¿que tiene un par de birritas?— Intercedió Fausto.
—No, ¿sabes que pasa?, con lo pillona que es, ya veo que a la noche vamos a tener que parar en el medio del campo porque se mea_
Pero el alcohol les comenzó a hacer efecto a todos, que quedaron profundamente dormidos en el coche, entre las cajas de la pizza.
—Lau ¿a donde vas?— pregunto Romi en mitad de la noche.
—Tengo unas ganas de mear que m’estoy muriendo.
—Hay, yo también, te acompaño.— Las dos salieron sigilosamente del auto y caminaron unos metros en la noche. La primera en bajarse los pantalones fue Laura.

Mientras sentía como su vejiga volvía a su tamaño normal miraba como la luna hacía resplandecer la bombacha blanca de Romina que recuperaba su sonrisa lentamente.
—Nunca más vuelvo a tomar cerveza— Las dos amigas se miraron y rieron juntas sabiendo que ninguna de las dos podría cumplir esa promesa pero sintiéndose profundamente aliviadas. Se acomodaron la ropa y regresaron. Entraron en el auto y se volvieron a dormir. De todas maneras la noche se vio interrumpida otra vez. Paula se vio obligada a desenredarse de su compañero para despojarse del liquido que había bebido. Fausto se despertó y decidió acompañarla.

Hicieron unos pasos fuera del coche abrazados y besándose apasionadamente. Él condujo a su amada hasta un árbol y la colocó de espaldas al tronco. Ella cruzaba las piernas con fuerza. Fausto mientras la seguía besando le desabrochó el cinturón, luego los botones del jeen. La adolescente, entonces descruzó las piernas con la respiración contenida y él le bajó los pantalones y la ropa intima. Aferrándola con fuerza la sostuvo mientras ella agachada fluía interminablemente. Una vez que el fluir se hubo detenido, Fausto desabrochó su propio cinto, luego el cierre relámpago. De inmediato sintió la mano de la muchacha que se internaba buscando su sexo. Para evitar excesiva humedad alzó a su pareja y la llevó al otro lado del árbol, la acostó sobre la tierra y la lanzó profundamente. Jadearon al mismo ritmo y esta vez fue él quien fluyó incontenible.

Ghito

Perversamente tuya

Miércoles, noviembre 17th, 2010

Perversamente tuya / Primera parte

Eran las tres de la mañana, y yo salía del baño, y lo vi, estaba en calzoncillos, y su cuerpo, maravilloso, estaba bañado por la luz de la luna, era hermoso, y era mi papi, empezamos a hablar, y nos fuimos desplazando hacia el living, ahí charlamos de la vida, del cole, las amigas, de lo linda que me había puesto, y los novios, en ese instante la charla empezó a subir de tono, me empezó a preguntar sobre mi vida sexual, yo nunca había estado con alguien y se le confesé que era por que el chico que amaba era un amor imposible, el empezó a intentarme sacar el nombre con cosquillas, como cuando era chica, pero ya no lo era, tenia 14 años, y no era la nena de antes.

No se en que momento las cosquillas se volvieron caricias, y las risas se volvieron gemidos, en ese instante me percate de que algo me aprisionaba el vientre, era su erección, eso hizo que corriera un liquido cálido entre mis piernas, y no fuerza sobrenatural, me hizo querer probar eso labios, le di un inocente piquito, a lo que el respondió con un beso apasionado, ya su lengua recorría mi boca y sus manos mi cuerpo, cuando sus manos quisieron tocar mis muslos, el para, y dijo, perdona princesa, estoy enfermos y se fue, dejándome excitada en medio del sofá.

Esa misma noche, sentí mi puerta abrirse, era mi papi, y estaba desnudo, con una erección impresionante, se sentó en mi cama, y me acaricio la cabeza, y me dijo a lo oído, perdón princesa, es mas fuerte que yo, y su lengua se poso en mi oreja, y fue bajando hacia el cuello, eso hizo que mis pezones se endurecieran automáticamente, papi, me saco el camisón, era uno de verano color blanco, con breteles y me quede con mi bombachita nada mas, después de eso, el pozo su boca en mis pechos, poco desarrollados, esa boca abarcaba todos mis pechos, el los mordisqueaba los chupaba, mientras yo le tiraba de los pelos, estuvo un rato largo así, atormentando mis pezones, después bajo con su lengua, y con su boca me saco la bombachita, no sin antes olerla, cuando la tiro, empecé a sentir su respiración entre mis muslos, y su lengua empezó a rozar mi conchita, fue unas de las mejores experiencias de mi vida, vi las estrellas, y en el momento culmine de mi orgasmo el mordió mi clítoris, lo que aumento el placer, cuando me repuse de eso, quise devolverle eso a mi papi, por eso me arrodille, y tome su pija entre mis manos, y mi boca empezó a jugar con su puntita, dilatándola, me encantaba verla agrandarse hasta explotar, después mi boca, abarco su miembro entero, en esa posición pude sentir la sangre corriendo por las venitas de su pija, lo sentía latir en mi boca, lo sentía agrandarse, cuando sentí que iba a derramarse en mi boca, el me agarro de los pelos y me tiro en la cama, abajo sentía el osito blanco que me había regalado cuando era bebe, era incomodo pero no me importaba, el se posiciono arriba mío, y me penetro violentamente, fue doloroso, pero, fue solo un instante, después de eso fue todo placer, envolví mis piernas en su cintura, para acentuar la penetración, quería que llegar al fondo, yo gritaba, mas papi, mas, y el me decía, así putita, así, como coges putita, sos tan puta como tu mama, así, mas, toma puta, eso me producía mas excitación, sentirlo dentro mío, y que me tratara como una puta, hacia mas fuerte mi excitación, en algún momento me posicione encima de el como jugando al caballito, como una nena, Pero yo saltaba para profundizar la penetración, y mientras yo sentía mi orgasmo, el se derramo en mi, toda su leche desbordaba mi conchita y corría por mis muslos.

Nos quedamos un rato mas acostados, hasta que el se fue, en sus ojos yo veía la culpa pero antes de que se fuera apoye mis tetas detrás de su espalda y yo le dije, mi amor imposible, sos vos, y me beso en la boca, después de eso, me cogio por segunda vez, pero mas fuerte, mas apasionadamente, cuando se fue, el me dijo que yo también era su amor imposible.

Yo ya no podía dormir, había sido una noche fuerte, así que me puse a ordenar mi cuarto, ahí vi mi osito, el mismo que me molestaba, estaba manchado de sangre, era mi virginidad, era mi infancia, lo lleve a lavar, pero cada vez que lo miro, veo esa mancha de sangre.
Nunca me arrepentí de nada de lo que paso, fueron muchas cosas y mas las que vendrán.

Para dadas o comentarios escribir a isabellemadux@hotmail.com

Este relato esta dedicado con todo mi afecto al tío ale, al cual adoro.

Perversamente tuya / Segunda parte

Nuestra segunda vez, fue mas fuerte que la primera, estábamos viendo una peli, de disney en el cable, los tres acostados en la cama, mi mama, mi papa, y por supuesto yo, mi mami estaba dormida, ya que por la noche toma somníferos, por que tiene insomnio.

Yo estaba en el medio, como cuando era chica, y tenia pesadillas, mientras veía la peli, le acariciaba la panza a papa, y con un instinto sobrenatural, mi mano bajo hacia sus calzoncillos, papi, me agarro la mano y me dijo, cuidado princesa, no juegues con fuego, y yo le dije , por que?, me puedo quemar, mejor así me cuidas, y me subí encima de el, mi papi, ya no estaba dubitativo, estaba excitado, sentía su erección palpitando en mi cola, lo bese en la boca, con mi lengua, que recorría toda su boca, y su contorno también, no me molestaba que estuviera mi mami ahí, no me daba culpa, si no todo lo contrario, me excitaba mas, verla ahí dormida, mientras yo me cogía a su marido, a mi papá.

Estaba muy excitada, estaba dispuesta a todo, mi papa me quería parar, pero no podía, lo besaba, lo chupaba, lo mordía, estaba desenfrenada, el tampoco se quedaba atrás, ya me había sacado el short del pijama de verano, y la remera estaba subida mientras el me chupaba las tetas, las mordía, como un bebe en busca de su alimento, estábamos como locos, mi mama mientras seguía en su placido sueño, eran nuestros gemidos y gritos, y sus ronquidos, nada mas, yo estaba completamente caliente, estaba empapada, y el también, tome su miembro en mi boca, y para agrandarlo para mi, luego el lo mismo con mi conchita, que ya derramaba liquido, me posicione arriba de el, y yo misma ubique su miembro en mi conchita, mientras saltaba haciendo mas profunda la penetración la veía a mi mama, y al lado a mi papa, que estaba a punto de acabar, cuando acabe, me fui y me despedí de mi papa con un beso en la boca, y de mi mama con un beso en la frente, como si fuera ella mi hija, por que desde esa noche yo pase a ser la mujer de mi papa, su hembra dispuesta a todo.

Como siempre este relato se lo dedico a mi tío ale.

Para dudas y comentarios escribir a isabellemadux@hotmail.com

El sueño de Aitor: la infidelidad

Miércoles, noviembre 17th, 2010

La idea me comenzó a rondar por la cabeza desde que conocí a Lucía. Y de eso habían pasado ya muchos meses. La cuestión estaba en que nada me atraía tanto como tener sexo con las dos mujeres más cercanas a mí, es decir, con mi novia Alejandra y con su mejor amiga, Lucía. Estaba tan obsesionado con estar con las dos a la vez que me ponía malo cada vez que estábamos juntos los tres. Pero no me tachéis de nada, yo no tengo la culpa de esto. La tiene mi novia y sus imaginaciones… porque muchas veces me planteaba situaciones que a mi me sacaban de mis casillas, me volvía loco la imaginación de esa chica. Alejandra era capaz de cualquier cosa. Sin embargo Lucía era un poco más tímida, pero no parecía hacerle ascos a nada y encima estaba buenísima. Pero yo jamás le había sido infiel a Alejandra.

En varias ocasiones le había dicho a Alejandra, mi novia, que me encantaría formar un trío con otra mujer. Ella me comentaba que estaba dispuesta y cuando estábamos haciendo el amor ella fantaseaba con las cosas que podíamos hacer en estos momentos, me decía en donde pondría sus manos, en donde su lengua, sus manos y sus tetas y en donde se las haría poner a nuestra compañera. Decía como me tocarían y como se distribuirían mi pene y mi semen para que ninguna perdiera ni una mísera gota. Y claro, a mi la idea me enloquecía y las descripciones que ella hacia excitaban mi imaginación y mi cuerpo al máximo. Yo soñaba con verlas desnudas acariciándose y acariciándome, sin embargo no encontraba la forma de proponérselo a las dos y hacer realidad mi fantasía, o la suya… o de quien fuera, porque a estas alturas a veces lo dudo. En cierta ocasión, Alejandra me dijo que Lucía hablaba muy bien de mi, que habían estado hablando sobre cómo era yo en la cama y esas cosas. Y eso me excitó sobremanera, porque mi novia pensaba que yo le gustaba a Lucía, y que eso le divertía. El problema estaba en cómo proponerlo…probar qué tal era Lucía.

La ocasión se me presentó como por cosa del destino. Y es que un día que fui a visitar a Alejandra y me encontré con que estaban las dos en el piso. Cuando yo llegué me dijeron que habían pensado ir a cenar fuera, así que nos fuimos los tres por ahí. Total, que entre unas cosas y otras se hizo bastante tarde y Lucía, al darse cuenta de la hora que era, se alarmó, ya que su casa estaba muy lejos del restaurante adonde habíamos ido y no se había traído el coche. Así que, obviamente, me ofrecí acompañarla. Ella aceptó de buen grado, aunque noté cierta tensión entre ambas. Nos subimos en mi coche, llevé a Alejandra a su casa porque decía que estaba muy cansada, y le prometí que después de llevar a Lucía volvería para dormir juntos aquella noche. Entonces nos quedamos Lucía y yo solos. Apenas hablamos durante el trayecto. Cuando llegamos a su casa, nos despedimos y bajó del coche. Yo esperé a que se metiera en el portal, pero vi que tenía problemas para abrir el portón y salí del coche para ver qué pasaba. Ella, al ver que me acercaba, sonrió. Me dijo que la cerradura estaba como atascada. Yo le cogí las llaves y traté de abrir, lo que conseguí al cabo de un buen rato. Mientras tanto, noté cómo Lucía, que se había quedado a mi lado, no dejaba de repasarme de arriba abajo con la mirada.
Una vez que la puerta estuvo abierta, volvimos a despedirnos, pero esta vez Lucía me abrazó, dándome las gracias y aprovechando para besarme… en las comisuras de los labios. Automáticamente me sentí excitado, comprendí que aquella era mi oportunidad y una especie de corriente atravesó mi espina dorsal. La abracé con fuerza y empecé a acariciar su espalda con ambas manos, mientras la besaba en los labios, que eran tan suaves y cálidos que acabé por ponerme malo del todo. Ella rápidamente me empujó al interior del portal, sacándose de un tirón su blusa de la falda y deslizando mis manos por entre su sostén, sentí sus pezones duros y pensé que su vulva ya estaría empapada por sus jugos. Recuerdo que en aquellos momentos pensé que jamás había deseado tanto a una mujer… tanto como para serle infiel a mi novia.

Lucía, mientras tanto, no perdía el tiempo: me bajó la cremallera del pantalón y cogió con tanta fuerza mi pene, que parecía que quería arrancarlo de su sitio. Le dije al oído que mejor subiéramos a su apartamento y ella solo me respondió con un impaciente gemido de aceptación. No sé cómo conseguimos llegar sanos y a salvo hasta el piso, pero el caso es que lo conseguimos. Al llegar, y sin dejar de besarnos, me quité los pantalones (no me gusta llevar ropa interior) y me senté en una silla. Me toqué la polla y noté que estaba muy hinchada y húmeda. Ella no lo pensó dos veces, se levantó la falda, se acomodó sobre mi y, con una mano, deslizó mi instrumento dentro de sí misma, mi enorme verga húmeda y a punto de reventar, dentro de Lucía.. Me sorprendió lo caliente que estaba, pude entrar fácilmente y ella empezó a subir y bajar sobre mí mientras yo le desabrochaba su blusa y dejaba al descubierto sus enormes pezones, sobre los que me abalancé hambriento.

Mientras yo lamía sus pechos, ella acariciaba mis bolas con su mano y no dejaba de jadear, yo sentía que me iba a correr muy pronto. Ella tal vez lo notó y dejó de moverse, entonces aproveché para meter mi lengua en su boca, jugueteamos un rato, mordiéndonos en el cuello, pero ella dijo que se estaba haciendo demasiado tarde y que al día siguiente tenía que trabajar desde temprano. A mi aquello me cortó bastante el rollo, pero no le dije nada.

Entonces se levantó de mi, se acomodó en el suelo, sobre la alfombra, con las piernas muy abiertas, mostrándome el espectáculo de su sexo totalmente abierto a mi. Me tumbé sobre ella y la penetré de nuevo, empujando con fuerza e iniciando un movimiento de adelante y atrás. Ella, con sus manos extendidas sobre mi espalda, me empujaba hacía sí misma y pellizcaba mis nalgas, hasta que alcanzó su primer orgasmo. Al rato, notando como se escurrían sus líquidos, tuve un fuerte espasmo y derramé todo si semen dentro de ella, que al sentirlo arqueó la espalda, gimiendo como una gata en celo. Cerró sus piernas, abrazándome con ellas y entrelazando sus pies por encima de mi espalda, me dijo que no me saliera, y así estuvimos un rato mientras nos besábamos y nos abrazábamos.

Luego nos levantamos, y mientras nos acomodábamos la ropa pude apreciar que por su pierna izquierda escurría un liquido que inmediatamente comprendí era una mezcla de mi leche con sus fluidos. Empecé a notar cómo mi verga volvía a despertarse, así que me despedí de Lucía y salí al aire fresco de la noche. Mientras iba hacia mi casa conduciendo, recibí una llamada de mi novia pues estaba un poco extrañada por mi retraso. Le pedí que se tranquilizara, pues ya estaba cerca y dispuesto a recompensarla por la demora. La verdad era que aun me sentía con ganas de seguir.

Cuando llegue a casa Alejandra tenía puesto un camisón corto y semi – transparente de color negro, por lo que pude notar que debajo no llevaba nada puesto. Apenas pude dejar mis cosas en el piso y cerrar la puerta cuando ella comenzó a lamerme el cuello y a deslizar lentamente su lengua por mi pecho, mordisqueando mis tetillas y masajeando mi miembro con fuerza a través de la tela del pantalón, del cual no tardé en deshacerme.

La hice bajar hasta mi pene y se lo introduje en su boca. Mientras yo estaba de pie y desordenaba su cabellera, ella, arrodillada, lamía con deseo el glande que se veía rojo y húmedo. La sensación era irresistible y ella insistía en chupar y chupar. No obstante noté como había puesto un dedo en su coño y preferí ponerla de pie y comencé a bajar deslizando mi cara, mi nariz a fin de que sintiera mi respiración, por su piel, por entre los senos y apretando con mis labios fuertemente sus pezones erectos. Poco a poco fui introduciéndome entre su pubis apartando su abundante y espeso vello con mi nariz y con mi lengua, desplazándome lentamente hacia sus labios que tenían un delicioso sabor… Alejandra estaba lista para ser penetrada por mi verga. Era como un sueño: me había follado a Lucía a espaldas de mi novia y encima me iba a acostar con Alejandra casi enseguida. Un sueño cumplido.
Alejandra se tendió de espaldas y me mostró sus partes: el clítoris estaba enrojecido y de sus labios emanaba un fuerte olor. Se acarició invitándome a penetrarla, lo cual hice inmediatamente, la cabalgue entrando y saliendo con un ritmo acelerado, ella enterraba sus uñas en mi espalda y gemía. Poco a poco entramos en éxtasis y logramos tener un orgasmo simultáneo intenso y húmedo, ella decidió que para terminar debíamos limpiarnos uno al otro para lo cual se puso sobre mí con su boca en mi pene, mientras ponía mi boca en su vulva, así limpiamos los restos de esta copulación con nuestras lenguas hasta que el sueño nos venció.

Su fantasía

Martes, noviembre 16th, 2010

Un domingo cualquiera entre como de costumbre al chat a tratar de entretenerme un rato y hacer nuevas amistades.
tengo 40 años y por lo general trato de relacionarme con mujeres acorde a mi edad,es que me llevo mejor que con las mas jovenes.
entro en un pais y me manda un privado un chico de 37 años,yo generalmente al ver que es un hombre los corto ya que no me interesa entablar conversacion pero como se fue dando el dialogo hoy fue bastante especial.
me cuenta que tiene una fantasia que no ha podido cumplir por diversos motivos.
lo que quiere es masturbar a un hombre y practicarle sexo oral.yo al leer eso senti como una descarga que me corrio por todo el cuerpo y le dio vida a mi verga que reacciono al toque.he tenido relaciones con travestis,yo siempre de la parte activa pero esto era distinto,es distinto.
realmente quiere sentirse una mujer en la cama y creo poderlo hacer.
yo estaba a mil y le dije que por el momento nuestro encuentro es virtual pero nunca se sabe las vueltas de la vida.
le dije que lo haria sentir una buena hembra en la cama,me lo cojeria (y es verdad) en cuanta posiciones quisiera,en cuatro patas,de frente de patitas hacia arriba,montado arriba mio,le daria toda la leche donde quisiera,como decimos nosotros,me lo recontra garcharia.
cuando me fui a dormir me masturbe fantasticamente pensando en mi amante virtual,que capaz un dia se pueda hacer realidad su fantasia y yo ser parte de ella.
mi fantasia es poder cojerme a una pareja,primero al varon y despues a la hembra,seria monumental pero lo dejare para otra oportunidad.

algun comentario o ayuda sera bienvenido,ventura2169@yahoo.com

De visita en la preparatoria

Miércoles, septiembre 29th, 2010

Este cuento lo escribí junto con mi profesor, los personajes, somos él y yo, espero que les guste, fue de un día que visitaba a mi profesor en la preparatoria, pues ahora estoy en la universidad.

E

lla llegó un día inesperado a la escuela. Él, estaba en plena clase, pero casi al final y luego de eso tenía un intermedio de dos horas, que a menudo, ocupaba para el almuerzo; Pero ella, llegó y él la saludó platicaron un poco y le dijo que la esperara a terminar su clase.

Terminando la clase, la abrazó, la acompañó a la puerta y platicaron, entonces todos sus alumnos salieron como si el salón ardiera en llamas, en eso, su alumna, la más aplicada del momento le extiende una tarea.

Ella  pone cara de salgamos de aquí. Pero él se la revisa, y se tarda mucho, pues aunque estaba emocionado por estar con ella, no podía dejar de lado su papel de profesor responsable y comprometido, luego de esto él ofreció un “aventón” y ella dijo: -“sí”- y lo abrazó, pues hacía mucho tiempo de no verse, entonces él, apenado, dijo: -”pero sólo tengo 2 horas”-. Entonces, ella pensó: -“maldición”-. Y  él propone: -“vamos a dar una vuelta por aquí cerca”-.

Ya en el carro platicaron mientras llegaban a un lugar apartado, él le tomo la mano y entonces, luego de algo de indecisión, por fin se besaron, luego del beso, se abrasaron y ella le pasó la lengua por los labios y él intentaba besarla, pero ella no se dejó y lo volvió a hacer.

Él pregunta: -“¿estas segura?”-. Y ella dice: -“sí”-. Ante esto, él contesta: -“bueno”-. Entonces, él la toma de  los brazos y ella pone las piernas de modo que rodea la cadera de él, pero como es un lugar estrecho, se golpea luego, se inclino para besarlo, se besaron mucho primero tímidamente luego apasionada e irrefrenablemente hasta que él le dijo: -“no puedo más”-. La deseaba mucho y ella dijo: -“pero no se puede”-. Él pregunta: -“¿por qué no?” y ella contesta seriamente: -“lo sabes, eres casado, además, tú tienes cuarenta, y yo diecisiete”-. Entonces él tiernamente, ante esto, le dice: -“voy a darte sólo unos besos mágicos en la mano así: Este beso vale, por hacer: besarte todo el cuerpo, este por hacerte el amor, este por hacerlo otra vez, este por otra”- y luego la abrazó. Luego del abrazo, invadida por el deseo y la ternura que tal gesto le inspiró, ella no se conformó con los besos mágicos y te pregunto decidida: -“¿quieres hacerlo?”-. Y él contestó: -“sí”-.

El auto, esta en un lugar donde las personas casi no pasaban, y había muchos árboles, el aire estaba tibio y la tarde era pronta. Ella pensaba: -“ahora”-. Luego, él reclinó un poco el asiento y ella desabrochó su camisa mientras le besaba el cuello, él le quitaba la sudadera, y se dio cuenta de que su pecho, antes de niña, ahora, era más maduro y esto parecía excitarlo cada vez más. Ella desabrochó su pantalón y él le quitó una playera blanca, del tipo que son de algodón y, luego de algunas dificultades, ella le quitó la camisa. Los besos no cesaban, luego, entonces, ella se bajó de él, para que se pudieran quitar los pantalones, y mientras ella se quita el suyo, piensa:-“¿sexo en el auto?, ¡que loco!”-. Luego, se quedan,  por fin, en ropa interior, el corazón late, fuerte, fuerte, fuerte.

Ella voltea y le ve la ropa interior, es común, ajustada, son boxers, y la de ella, es un “bra” negro, con algo de rosa, y el slip, hace juego. Negro, como de encaje, cachetero, ni mucho ni poco también con algo de rosa, entonces, se suelta el cabello y huele a flores y se sienta sobre él, él se siente durísimo, y ella se vuelve a pegar porque es un lugar estrecho y dice: -“maldición”, luego se pasaron al asiento de atrás ella se monta en él, él entra en su riquísima vagina, comienzan a moverse, de arriba hacia abajo, ella gime, él respira muy, muy fuerte, ella recuerda la primera vez que estuvo con un chico, (el cual aún ahora era su novio), pero piensa, que desde ese día, no había tenido un sexo tan delicioso, y estaba convencida de que ello se debía a que quien le proporciona tanto placer ahora, es un amante muy experimentado.

Luego, ella tiene uno, dos, tres, orgasmos, ella se siente en el cielo, cierra los ojos y lo ve, parece que lo hace casi sin esfuerzo, fuerte e increíble y entonces cambian, él ahora arriba, le toma las piernas y las coloca en sus hombros y de nuevo entra, la penetración es tan fuerte, que ella termina dos veces más, y siente que no puede más, se estremece, grita… Él termina, sonríe y le dice que ha sido muy buena, se ponen a platicar, pero parece como si algo del cerebro de él se le hubiera ido con la eyaculación, pues dice cosas sin sentido, y ella piensa que eso es muy tierno.

Él  mira el reloj y ella tapa sus ojos y pone su muy húmeda vagina en tus muslos aún calientes, y pregunta: -“¿es tarde, ya?”-. Casi apunto de contestar, lo besa, para que no lo diga pero sabe que es tarde y él también, entonces, el maldito reloj, emite su alarma de advertencia, la señal irremediable de que la hora de partir ha llegado, él intenta apagarlo, el sonido es estridente, estridente, cada vez más y más alto, más y más, ya no puede escucharla, y ella tampoco a él, entonces… ¡despierta! fue un sueño hermoso. Su piel, huele a ella; aún, aún cuando fue sólo eso.

Mira su agenda decepcionado y la fecha marca: “Hoy, ver a Vicky”.

Ella llega, tiene una playera blanca, huele a flores y le dice: -“hola, maestro”-.