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Ardiente desde pequeña

Realmente siento que desde pequeña estuve llamada por el sexo, por sus deseos, y fui, digamos “instruida” en esos menesteres, por diversas cosas o personas que intervinieron en mi vida; mi cuerpo era flacucho de adolescente, pero al cumplir los 15 empezó a cambiar; mis piernas se volvieron torneadas y firmes pues hacia mucho ejercicio; mis senos se desarrollaron y mi cadera tenia el mismo diámetro de mi cabeza; mi pelo desde entonces me lo dejé medio largo, negro, sedoso, y siempre me han dicho que tengo unos ojos claros muy coquetos, seductores. Y una boca que incita al pecado; mis nalgas se me hicieron desde temprana edad una verdadera tentación torneada al igual que mis piernas…como si me las operara, y eran un atractivo para los hombres cuando me ponía ya minifalditas o pantalones superuntados con ombligeras ; yo no entendía muy bien el porque a mis 14, pero me gustaba atraerlos, que me dijeran cosas, mi humedad comenzaba a desarrollarse. Veamos ahora algunos recuerdos de este no tan lejano pasado.

Por cuestiones de distancia de casa, vivía yo estudiando la prepa con mi hermana, y su marido, el era agente de viajes, y llevaba una vida bohemia y liberal; al atender grupos de turistas americanos, varias veces fue “víctima” de que la gringuitas probaran al latin lover, o a juegos de intercambio.

Mi recamara se ubicaba al lado de la de ellos, así es que desde temprana edad, escuchaba yo los gemidos de ambos, mas de él que era bastante escandaloso, y ella no se quedaba atrás; luego dejaba revistas y películas por ahí, así es que pronto empece a aprender y escuchar lo que era la plenitud del sexo, aumentado de lo que platicaban mis amigas mayores, comencé a darme cuenta de lo que pasaba ahí, y sentí los primeros cosquilleos en mi sexo., y aprendí las delicias de la masturbación, parándome fuera de la recamara de ellos, y pasando mis manos sobre mi sexo húmedo mientras mi hermana era cojida por mi cuñado…cuantas noches deseando entrar a que me tomara a mi también, cuantas noches sintiendo los orgasmos en el corredor, mientras mis piernas de doblaban de placer…Un día él llego un tanto tomado, estabamos solos, el se aproximo y me sento cariñoso en sus rodillas, yo vestía el uniforme de deportes de la escuela, y tenia solo un short; sin mas el maduro varón comenzó a acariciarme primero, luego a manosearme, yo estaba entre sorprendida, curiosa y quizá excitada; pero me deje llevar, por aquello..

-Oye chiquita, me dijo. “Eres linda, y ya una mujer”, mientras pasaba levemente sus manos por mis senos;

Usted cree, le dije; el se rió; “y te dije linda que no me hables de usted, somos de la familia y tengo el deber de instruirte”; “de instruirme”, dije, “en que Toño” ; y solo dijo “en esto” y me beso un tanto forzado, mientras sus manos volaban entre mis muslos, subiendo y subiendo cada vez mas a la confluencia de ellos; comencé a dejarme llevar, mis muslos se abrieron, me dejaba besar el cuello y sobar mis senos, pero en eso reaccioné… era el esposo de mi hermana¡¡¡”nooo” le dije, zafándome de sus brazos, e incorporándome, pero su mirada estaba ya con un deseo, esa mirada me desnudaba al mirarme de cabeza a pies, …”pero que tiene de malo, si tu hermana no tendrá inconveniente”Cuando llego mi hermana de trabajar, solo vi que los dos se secretaban, mi hermana puso un cara de cierta sorpresa, para mis adentros me dije “hasta aquí llegaste Eli”, a mudarse a casa… así es que esa noche salí con mi novio, y bueno, lo de mediodía me había dejado caliente, así es que a mis 15 años bastante bien desarrollados, lo calenté y sin mas me hinque frente a èl y le baje el cierre, para empezar a mamarle el enorme pene, pero el muy pendejo se vino luego luego, chorreándome la cara, haciéndome sentir un tanto de placer, pero frustración también, pues mi virgencito no quizo seguir o no pudo… así es que regrese pero, frustrada, y con aquellas cosa pegosteosa en cara y pelo…

Esa noche me acosté en cama, pero vaya susto que me lleve cuando un hora después, sentí que alguien entro en la recamara, era mi hermana,… estaba sonriente, amable y casi desnuda, con un baby doll, que no dejaba nada a la imaginación…”hermanita, me contó mi marido lo que paso, y no tienes porque asustarte, el sexo es algo natural, mira quiero que veas que no es malo” a ese tiempo entro su marido, desnudo, luciendo tremenda erección.Tony tomó su pene, mi cuñado dirigió sus manos hacia la cabeza de mi hermana y la tomaba de tal manera que le permitía dirigir el movimiento de su verga, hacia dentro y afuera de su boca.

Caray, que caras ponían ambos, mi cuñado estaba disfrutando grandemente de la experiencia. Sentía como el calor de la boca de mi hermana obraba dándole intenso placer en su verga y a través de ella a todo su cuerpo. Mi cuñado metía y sacaba su verga de la boca de Carmen extasiado. Pronto sintió que sus huevos se apretaban. La leche empezó a subirle por la verga y súbitamente empezó a salir por borbotones dentro de la boca de mi hermana, su mujer, quien en un momento, tomo esa verga chorreante y la muy ladina la dirigió hacia mi, alcanzádome un par de descargas en mi cuerpo, inclusive en mi cara, (pues no me percate que con aquella escena me les acerque demasiado). Luego, cuando la leche dejó de salir, muy cariñosamente lamió hasta el último vestigio de la leche que su marido tenía en su verga. Ordeñó esa verga completamente y la dejó limpia totalmente.

Mi hermana puso entonces su mano entre mis muslos, no pude evitarlo por la sorpresa de ese acto…”mmm, estas bien mojada hermanita” realmente en ese momento decidió que era el momento para hincarme, los dos cuerpos que tenia ahí eran familiares, si, pero eran carne al fin, como yo, deseosa, caliente

Mi hermana se puso en la cama y sin mayores tramites comenzó a besarme en la boca., no salía yo de exitación y sorpresa, noté sus pezones, que también estaban duros, clavarse en mi cuerpo. Mientras nos besábamos le tocaba el pelo. Ella se apoderó de una de mis tetas y comenzó a manipularme el pezón. Nuestras lenguas se juntaron. La suya entraba y salía en mi boca y yo intentaba imitarla, pero al fin novata ella me superaba… Su lengua llegó a mi pezón izquierdo, pasó por todos lados su lengua, vinieron sus labios. Me lo succionó y mordisqueó después suavemente. Yo sentía en mi vagina unos espasmos de placer cada vez que sentía esos labios delicados de mi propia hermana. Después pasó al pezón derecho, como me hizo arquear el cuerpo, olvidándome de todo, sintiendo que en ese momento era yo todo sexo, toda hembra a mis casi 16…. El calor que sentía dentro de mi cuerpo era un volcán. en eso había otra boca en mi sexo, era mi cuñado, vaya trabajo de mamar que me hizo, era delicioso sentir toda aquella gama de sensaciones de placer al mismo tiempo, aquellos dos cuerpos dedicándose a hacerme gozar y sentir…y aunque no hubo penetración de su verga, tuve uno tras otro una serie de fantásticos orgasmos…quede exhausta… quien lo iba a pensar, mi hermana y mi cuñado mis maestros del sexo…y…me gradué con honores¡¡¡¡

Elvi elviuli@hotmail.com

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Revisación médica????

Era el 2010, me habia recibido de Tripulante de Cabina de pasajeros, mas comunmente de Azafata de Avion. Era el turno de pasar el psicofísico para obtener la licencia para volar… Me dirijo a la Fuerza Aérea de mi provincia… Ver a todos los hombres con el uniforme camuflado me hacia sentir un aire de atraccion increible…
Pasé varios exámenes, psiquiátrico, psicológico,vista,audiometría, electro etc etc… Llegué a las 7 am y eran las 13 hs y seguía con la revisación, el último control era con el médico clínico que te hacía un chequeo general….
Entré al consultorio al escuchar mi nombre y apellido, me saluda muy amablemente el médico y cierra la puerta con llave, afuera en la puerta decía bien grande “NO GOLPEE ESPERE A SER LLAMADO”…
Tenia puesta una chaqueta blanca, tendría unos 38 años, canoso ,eso le daba un aire de maduro espectacular, ojos verdes y estatura mas bien bajo que alto, esa altura justa que me gustaba…
Me pregunta edad, estado civil, si tuve operaciones etc etc… Me miraba con esos ojitos picarones mientras dejaba escapar una sonrisita a cada respuesta….
Me hace sentar en la camilla, me revisa los ojos, los oidos, y me pide que me saque la camisa… Yo iba con una camisa medianamente holgada de animal print, calzas negras ajustadas y zapatos altos, era la revisacipon de mi vida y había que ir bien vestidos…
Me empiezo a desabrochar la camisa y vi como me sonreía, queria descubrir lo que llevaba oculto el muy putito…Tenía puesto un conjunto de encaje negro que realzaba aun mis tetas con un moñito rosa en el medio…
Apoya el estetoscopio en mi espalda y hace que respire hondo,muy bien me dice… Ahora rescostate boca arriba en la camilla, se inclina y me lo pone en mi pecho, “te tengo que correr el corpiño un poco para escuchar mejor”… A esa altura ya tenia el ritmo cardiaco a 200 ppm…
Era exitante ver con qué picardía exploraba las partes de mi cuerpo, me dice excelente,…
“Ahora parate y sacate las calzas, tengo que ver si tenes cicatrices”… Así lo hice… Me quedé en mi conjunto de ropa interior sexy y zapatos altos, era un culotte de encaje que se traslucía parte de mi conchita, me ruboricé entera, nunca pensé que me tenia que desnudar toda…
Me rodeó mirando cada parte, mi colita grande pero siempre parada, derechita como para marchar… “PERFECTO” exclamo…
SentÍ que me agarro por detrás mis tetas y me apoyó con una erección increíble en mi colita, no me lo esperaba… Asi deje salir un suspiro de sorpresa y placer a la vez… El sabia con quien si y con quien no, llevar la revisacion a comun a una mas profunda…
Me bajó el culotte lentamente y me dijo que no me sacara los zapatos, yo parada y con las piernas abiertas me dijo que me quedara asi que me tenia que examinar la conchita…
Arrodillado en el piso empezó a lamer mi conchita depilada, lentamente ,saborándome, me separó los labios con una mano y encontró mi clítoris, le dió movimientos circulares rápidos llenandolo de saliva… Aunque a esa altura mi lubricación vaginal era óptima, su saliva y mis jugos se mezclaron… Mientras se agarraba de mis firmes piernas…
Empezó a meter los dedos por la colita, siempre me dolió esa zona pero como buen médico sabía como hacerlo…Me exitó tanto su lengua que estaba a punto de acabar arriba de ese doctor que ni siquiera sabía el nombre…
Empecé a temblar y gemir y él muy putito sabia que me iba a correr, “me dijo dale azafata putita correte para mi” quiero saber si todo está bien con tu acabada… Me recorrio un calor impresionante en todo el cuerpo, era una sensacion de ardor, calor, placer, agitacion, en todo el cuerpo…Acabé tanto que no pudo tragarse todo,el doctorcito putito… Me dijo delicioso estas perfecta, pero tengo ahora tengo que ver tu colita …
Me puso en cuatro en la camilla, aún con los zapatos puestos, tenía una vista espectacular de mi concha y mi colita…
Se puso un forro y antes de envestirme ,me lamió el culo, entre que teminaba de correrme y me savoreaba el culo mi cuerpo era puro temblores… Me metió su pija despacito por mi cola, ya que era lógico que no la había entregado varias veces por su tamaño…
“Que cerradita estas putita!” pero me encanta, empezó los movimentos suaves , a medida que me cojia fue aumentando el ritmo, mas y mas, yo gemía de placer, y el muy putito también, difrutaba de mi orto grande redondo y blanco…
Como me gustás trolita desde que pasaste esa puerta! Mi cabeza iba mil mientras me cojia, me folló tanto el culo que ya me dolía, sacó rápido la pija y el preservativo, me giró y acabó en todas mis tetas…
Esa lechita calentita de un doctor en mis tetas mmmm me volvió loca…
Quedate en la camilla boca arriba, tomó un rollo de papel que tenía y empezó a limpiar todo mi cuerpo, “las azafatas siempre tienen que estar impecables no importa las circunstancias”

Una vez vestida y sentada como una señorita vi como ponia “APROVADO” en mi legajo…

Espero que les haya gustado!
Espero puntos comentarios

Curvilinea86

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Semen en ayunas

Mi novio y yo estamos estudiando en la Universidad de Valencia y hace unos días que acabamos los exámenes de septiembre, y como las clases no empiezan hasta octubre, estamos aprovechando estos días para descansar e ir a la playa. Lo cierto es que esto no tiene nada e extraordinario, porque llevamos yendo todo el verano, pero estos días últimos los estamos aprovechando al máximo.

Además lo bueno que tiene el ir a la playa en esta época es que como todo el mundo está trabajando, pues practicamente la playa está vacía por las mañanas, por lo que casi siempre estamos solos.

Hasta ahora nunca habíamos intentado hacer nada en la playa, y eso que llevamos casi 3 años juntos. Pero yo aquel día estaba muy caliente, y Mario…bueno, creo que Mario nunca deja de estarlo. Es insaciable ese chico.

Era un día normal de la semana. Mario se pasó a recogerme temprano, sobre las 9:00 de la mañana. Subimos a su coche y nos dirigimos, como todos los días, a la playa más cercana. Al llegar no había absolutamente nadie, pero bastó con bajar hasta la orilla para instalarnos, cuando oímos llegar a un coche. Al rato vimos que se trataba de una pareja de personas mayores, un hombre y una mujer, que se pusieron como a 10 metros de donde estábamos nosotros, y mira que había playa. La verdad es que tampoco nos importó demasiado y nos olvidamos pronto de su presencia. Mario comenzó a ojear una revista mientras yo tomaba el sol, boca arriba, extrañamente consciente de mi calentura, causada no precisamente por el sol de las 10 de la mañana, sino porque, con la cabeza ladeada, no podía quitarle la vista de encima al paquete de Mario.

Así pasé un rato, hasta que me dio la sensación de que el calor de mi bajo vientre no se aplacaría nunca, por lo que me incorporé para darme un baño. Se lo comenté a Mario, pero éste, imbuido en la dichosa revista, solo me lanzó un gruñido como de haberse dado por enterado. Eso me reveló. Me cabreó bastante, vaya. Así que cogí, me levanté, y me acerqué a la orilla, y allí me quedé quieta un rato, notando cómo la espuma de las olas me acariciaban los pies y los tobillos. Me fui metiendo poco a poco en el mar, medio enceguecida por el oblicuo sol de la mañana, admirando la claridad del agua, el olor a yodo, la fina arena el fondo. No comprendo el porqué, pero todo esto contribuyó a que me excitara más. Tenía los pezones tan duros que casi me dolían. Cuando el agua me llegó a la altura de las caderas me zambullí, pensando que quizás, si Mario me estaba mirando, se animara a seguirme, porque al meterme de cabeza le di una buena panorámica de mi trasero. Pero al emerger a la superficie y girarme hacia él, vi que mi táctica había fallado. Ni siquiera levantó la vista cuando le grité que el agua estaba “buenísima”.

¡¡Me sentí despechada!! Así que decidí pasar de él. Cerré los ojos y me concentré en el líquido elemento, en cómo el agua rozaba mi piel, en mi larga melena flotando en el agua. Yo llevaba un bikini blanco de triángulo que me lo había comprado años atrás, cuando aún mis tetas no habían alcanzado toda su extensión, y la verdad es que me estaba un poco pequeño. Y la parte de la braguita también me estaba un poco ajustada, se me iba remetiendo la tela por la rajita el culo. Tenia que estar casi continuamente cuidando de que no se viera más de lo normal, pero como era septiembre y apenas hay gente en la playa en esta época, y solo me iba a ver mi novio, que ya me tiene bien vista…pues total , qué mas me daba. Además aquel bikini le volvía loco a Mario. Menos aquel día, claro. Supongo que estaba un poco cortado por la pareja de ancianos, no sé.

El caso es que la parte de arriba me molestaba. Era de esas que se atan al cuello y a la cintura. Y… además me apetecía sentir el agua entre mis senos, así que me lo desaté del cuello y me lo bajé hasta la cintura. Miré haca los ancianos y vi que no estaban mirando , de hecho estaban medio ocultos por su enorme sombrilla, inclinada hacia el sol, como una gigantesca flor que va buscando la luz. Bajé la vista y observé mi pecho. Se veía refulgente bajo el agua y con los rayos el sol que penetraban en ella. No pude evitar tocármelos y sentirlos en mis manos… tan redondos y tan duros, con mis punzantes pezones entre los dedos, y la suavidad del agua a su alrededor, como acariciándomelos, habiendo que se elevasen, como si quisieran salir a la superficie. Qué placer. Me puse a nadar lentamente a lo largo de la orilla, en sentido contrario a donde estaban los ancianos, totalmente desnuda de cintura para arriba. Los hombros y el cuello supongo que se veían demasiado liberados de cualquier carga de tirantes.. porque Mario no tardó en acercarse a la orilla y mirarme con picardía. Yo le sonreí y le hice un gesto para que se acercara. Él se zambulló en el agua y a los pocos segundos ya me estaba magreando los pechos.

“Eres una descarada, Patricia… una descarada zorrita. ¿Y si el viejo te descubre?”.

“Pues se pondrá contento, Mario, yo qué quieres que le haga, estamos en un país libre, no?”

Mi chico sonrió complacido ante mi natural descaro. Deslizó la mano por mi vientre hasta llegar al elástico de las braguitas y metió la mano por ellas hasta rozarme el vello púbico, con el que se entretuvo un rato enrrollandolo y desenrrollánolo.

“Estoy como un toro, Patri” – y pegó su entrepierna justo en la raja de mi culo – “no te haces una idea…”.

“Me la hago, si…no te separes, por favor…”- dije mientras dejaba escapar un gemido.

Para ese entonces su mano ya había alcanzado la plenitud e mi sexo, y me acariciaba el clítoris con un dedo mientras que con otro hacía a magos de querer metérmelo hasta la médula, del énfasis que le ponía. Le dije que no fuera tan descarado, que nuestros vecinos podrían descubrirnos. Entonces él, separándose de mi, me agarró de la muñeca y me guió fuera del agua. Estábamos tan calientes que ni me di cuenta de que yo aún llevaba la parte superior del bikini por la cintura hasta que nos sentamos en las toallas. Rápidamente me puse boca abajo y traté de volver a anudármelo al cuello, pero Mario me lo impidió sujetándome las dos manos. Yo me dejé hacer. Luego se incorporó y colocó la sombrilla de tal forma que nos tapara un poco de la vista de los dos viejos. Se tumbó boca arriba y se bajó el bañador lo suficiente como para dejar a la vista su flamante polla… yo no necesité más pistas. Coloqué mi cabeza sobre su bajo vientre y comencé a darle pequeños lametones por debajo del glande, en esa zona tan rugosa. Su pinga estaba totalmente enhiesta y muy dura, bastante humedecida en la punta debido al líquido preseminal que no tardé en lamer también. Me encanta ese sabor. Más incluso que el propio semen.

Coloqué mi mano alrededor de la base el pene, apretando bien, para ver toda aquella polla en su esplendor, pero no pude aguantar demasiado esa visión, necesitaba comerme aquella polla ya, así que no tardé en dale lentos y húmedos lengüetazos, notando el sabor de su piel, desde la base hasta la punta del capullo, chupando siempre un poco la puntita en busca de más liquido preseminal. Luego pasé la lengua alrededor de la base del glande y me metí la punta en la boca, aprentando todo lo que pude mis labios y haciendo fuerza para que pareciera que me lo metía en una abertura muy estrecha. Mario entonces posó su mano sobre mi nuca y suspirando me dijo, “suave, Patricia, suave, por faaaaavor”… me encanta cuando me dice eso.

Lo hice más lentamente, hasta que vi que él ya no podía más. Entonces empecé a hacerlo paulatinamente más rápido, haciéndole una paja con mi boca, un rápido mete saca. Lo hacía tan deprisa que pronto me empezó a doler el cuello. Iba a decírselo a Mario cuando me gritó que se corría… y se corrió. Si, señor. En toda mi boca. O mejor sería decir en toda mi garganta, porque noté cómo un chorro caliente y espeso de semen se me colaba por la garganta y descendía hasta mi estómago vacío (aquella mañana no había desayunado…nada mejor que semen en ayunas).

Cuando levanté la cabeza para mirarle, descubrí al hombre mayor en la orilla, justo enfrente de nosotros, con las manos unidas a la espalda y observándonos directamente. Yo me miré unos instantes y creo que me puse roja como un tomate.

“Ayyyy, hijos míos….qué envidia me dáis…”.

Mario y yo nos reímos con ganas.

“Lo siento, señor, pero no se la presto…”

“Lástima, hijo, lástima…mi pobre Herminia ya no está para esos trotes…”.

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Amigos del club

De todo el grupo de amigos que frecuentábamos el club, Mario era el que menos exteriorizaba sus comentarios sobre las mujeres que todos conocíamos y que eran motivo frecuentes de nuestras charlas en la confitería, y mucho menos de comentar sobre sus encuentros con amigas.
Buen mozo, y con una buen altura y figura, su práctica del básquet ball, le había desarrollado un cuerpo atlético, pero su forma de ser, no hacia de el demasiado comunicativo y de dar opiniones como si lo hacíamos nosotros.
Por eso, ese domingo después del almuerzo, los que compartíamos un café, nos quedamos sorprendidos al escucharlo decir, al ver pasar a una de nuestras amigas hacia las canchas del club, “Han notado ustedes, como se ha puesto Fernanda, luego de su separación…?, se fijaron que ahora más que nunca práctica distintos deportes, casi todos los días y ha mejorado muy mucho su figura…..?”
Todos los miramos y nos quedamos sorprendidos por su afirmación, y procedimos a mirar a la dama que se alejaba, y realmente ahora que Mario nos lo había echo notar, nos dimos cuenta en verdad del cambio producido en ella.
Fernanda, era una amiga del grupo que se había divorciado haría alrededor de un año atrás.
Mario continuo diciendo, “ luego de elaborar su luto personal por el divorcio, había reiniciado sus actividades deportivas y era ahora la admiración de los hombres del club, por lo buena que esta, fruto de sus sesiones de gimnasia y las distintas actividades deportivas que practica, en especial el básquet”.
Con estos dichos, pudimos observar algo a lo que no habíamos prestado demasiada atención anteriormente, y era que tanto despliegue deportivo le permitía tener una físico esplendoroso, rematado por una cola firme y parada, como así un par de tetas de película.
Por tratarse de la esposa de un amigo nuestro, antes de su separación nunca habíamos destacado el aspecto sensual que Fernanda transmitía, pero producida esta, y por tal motivo habiendo dejado de concurrir al club Juan Carlos, su marido, el comentario de Mario nos hizo mirarla con otros ojos.
Seguimos conversando de otros temas y pasado un rato, vemos que viene de regreso hacia nosotros Fernanda, la que acercándose a nuestra mesa y luego de saludarnos con un beso en la mejilla a cada uno, se acerco a Mario y con un sonrisa en sus labios le dijo, “Mario no quieres venir a jugar un partido, vamos a jugar un mixto y nos falta un varón para completar los dos equipos?…”
No, puedo decir si realmente se desprendía de ella un aroma especial que correspondía al perfume que ella usaba o se trataba de su olor a hembra o tal vez que estábamos condicionados por lo que habláramos antes, pero la cercanía con Fernanda, nos produjo a todos los presentes una sensación y un sentimiento de sensualidad y erotismo increíble
A todo esto, Mario procedió a aceptar y disculpándose con nosotros, se dirigió al vestuario para ponerse su equipo deportivo, quedando en encontrarse con el resto del equipo, en pocos minutos en la cancha.
Intrigados por esta invitación, ya que Mario no era un habitual compañero de básquet de Fernanda, todos los que nos encontrábamos en la confitería decidimos dirigirnos a presenciar el partido y ver como se desarrollaba el mismo.
Llegamos cuando ya Mario se encontraba en la misma y allí pudimos observar que el jugaría en el equipo contrario al de Fernanda, estando cada uno conformado por dos hombres y tres mujeres.
Comenzado el juego, pudimos comprobar que a poco de su inicio, Mario se dedicaba más que nada de marcar a Fernanda, no dejando pasar la oportunidad al hacerlo, de rozar con sus manos su trasero o sus tetas, llegando en un momento, en que la cruzo bien pegado a ella, a apretarle una de sus tetas con su mano, pudiendo ver que a ella me miro, pero no dijo nada.
Terminado el partido, el grupo se disgrego para distintos lados del club, y Mario se ocupo de llevar el balón a la utilería del club, observando al dirigirse allí, que Fernanda, se le acercaba, y al alcanzarlo, le dijo: “ así que te interesaba más mi anatomía que el partido, no es cierto”
Con una sonrisa entre tímida y pícara en su cara, le respondió haciéndose el tonto “ porque lo decís, Fernanda…?”
Por lo bien que me manoteaste durante todo el partido, y hasta llegaste a apretarme una teta, no te hagas el distraído”, le dijo demostrando un enojo que no era tal.
“ La verdad, es que tenés razón, lo que pasa es que estas muy buena, y mis manos no se podían contener”, le respondió, justo cuando llegaron a la utilería, la que por ser domingo no contaba con el personal que la atendía.
Así que ingresó para guardar el balón en un estante, viendo al hacerlo que Fernanda, también lo había echo y estaba mirando lo que contenía una vitrina que allí se hallaba, un poco inclinada hacia delante, consiguiendo de esa forma que se le destacara aún más su maravilloso culo.
Sin pensarlo demasiado, se acerco a ella por detrás, y tomándola por la cintura, la apretó contra su cuerpo, haciendo que ella al sentir el abrazo se levantara, y mientras la abrazaba, le daba besos en su cuello.
Al sentirlos, se dio vuelta y Mario nuevamente la apretó contra su pecho, y como ambos tenían los shorts con que jugaron, y que son de una tela muy delgadita, los sexos de ambos se aproximaron y pudieron sentir el calor de cada uno, mientras que ella pudo sentir la erección que él tenía.
Este apoyo los labios sobre los suyos, y noto como Fernanda, los abría y recibía su lengua dentro de la boca, a la vez que su lengua se entretenía en jugar con ella.
Se besaron dulce pero apasionadamente, por un buen rato, y pudo comprobar que el calor de su entrepierna aumentaba, por lo que tomándola de la cintura, la condujo hasta la puerta de la utilería, la que cerro, y poniéndola de espaldas a el, contra la pared, la volvió a abrazar, mientras comenzaba a bajarle su short hasta debajo de su rodilla, comprobando al hacerlo que al igual que el, no tenía nada debajo del mismo.
A continuación, y luego de hacerle abrir un poco sus piernas, procedió a refregar su pene bien duro, entre los cachetes de su culo, y a meterle de un solo envión, el mismo en la concha, la que ya estaba lo suficientemente húmeda, como para hacer que se deslizara suavemente hasta el fondo de su vagina.
“ Ahhhhhhhhh, que delicia sentirla así….”, le dijo al sentirse empalada, “por favor déjala un momento así que la quiero sentir con todo su calor……, que lindo se siente, cuanto hace que no tenía una buena pija dentro mío”.
Y a continuación, ella comenzó a moverse circularmente, como para que toda su vagina sufriera el roce de ese pene que estaba ya por reventar, por lo que acompañó sus movimientos y con cada uno de ellos sentía oleadas de placer que le recorrían desde los pies a la cabeza.
“ No te vayas todavía esperame que te quiero gozar mucho y acabar los dos juntos, seguiiiii, dale, no te detengas, más fuerte, cariño, dale, dame más que estoy por acabarte, que ricooooooo….., como me gusta, amor, seguiiiii, ahhhhhhhh.. cojéeme bien esa concha, que es tuya, amor….”
Dicho esto y como ya no podía aguantar más su eyaculación, Mario, la apretó fuertemente, y mientras le decía “ te gusta como te estoy cogiendo, no?, te gusta sentir bien adentro mi pija?, toma, aquí la tenés, toda esta leche es para vos”, mientras le largaba dentro de su concha, todo el fruto de su contención.
Se quedaron un momento los dos quietos, disfrutando todavía del hermoso polvo que se habían echado, y Fernanda, dándose vuelta, le estampó un tremendo beso que lo dejo casi mareado, y al separarse le dijo: “ cuanto tiempo hacia que quería te animaras sonso, yo también te tenía ganas, y por eso hoy te puse en el otro equipo, para que si vos no me apretabas, lo iba a hacer yo…”, mientras se sonreía.
Mario se quedó perplejo por esta confesión, y lo único que atinó a hacer, fue ayudarla a secarse los muslos y su concha, ya que estaba toda mojada por ambas leches.
Al reaccionar, le comentó: “ pero Fernanda, yo te quiero disfrutar y que me disfrutes, no como dos noviecitos apurados, sino con todos los chiches…”
Respondiendo Fernanda, le dijo: “ entonces ven esta noche a cenar a casa y allí podremos disfrutar sin apuro, te espero a las 8,30 así me das tiempo de preparar algo rico para cenar.”
Cada uno tomo rumbo a su vestuario y Mario mientras se duchaba todavía no salía de su asombro, de haberse podido comer semejante caramelito.
A las 8,29 estaba tocando el timbre en el departamento de Fernanda, con la mano libre, ya que llevaba dos botellas de champagne que compró frías en un Open 24 y una bandeja de masas para festejar el encuentro.
Al abrirle la puerta, pudo observar que Fernanda tenía puesto una camisola casi transparente que le llegaba hasta un poquito debajo de sus rodillas, dejando traslucir a la altura de sus pechos, que no llevaba sostén, donde se marcaba le presión de sus pezones sobre la tela.
Se dieron un beso en la mejilla y la acompañó hasta la cocina para dejar las botellas en el refrigerador, comprobando que en la misma sobrevolaba un aroma exquisito de algo que ella estaba cocinando.
Tomándola por su cintura, se fueron a la sala, donde ella le sirvió un whisky con hielo y otro para ella, sentándose a continuación a su lado en el sillón de tres cuerpos que había allí.
Mario dejó de lado su bebida y acercándose la abrasó y le dic un beso en sus labios, los que se abrieron y le chuparon los suyos con pasión, mientras que con la otra mano, procedió a acariciarle las tetas por sobre la camisola.
Fernanda alargó su mano y comenzó a tocarle la pija por encima del pantalón, llevando su mano de adelante hacia atrás, haciéndole experimentar sensaciones diversas con cada caricia.
En eso estaban cuando ella desprendiéndose y mirándolo con una sonrisa picara, le dijo: “ es mejor que vaya a ver la comida, ya tendremos tiempo Mario para jugar con nuestras manos y con algo más…..”
En el poco tiempo de que dispuso, había preparado una comida exquisita, pero pensando en lo que vendría después, para nada pesada, así que dieron cuenta de la misma, acompañada con una botella de buen vino, y entre cada porción que comían, se fueron besando, que los puso más calientes de lo que ya estaban.
Finalizada la cena y ya tomado el café, se volvieron a sentar en la sala, pero esta vez, Fernanda se sentó sobre su falda , lo que le permitió meter mano debajo de su camisola, comprobando allí, que su tanga era un minúsculo triangulito que le cubría apenas el sexo, y por detrás se introducía totalmente entre los cachetes de su hermoso culo.
Metió dos dedos por debajo de la tanga y comenzó a hacerle una paja en su concha, la que estaba depilada y totalmente mojada, abriendo Fernanda sus piernas para permitirle accionar libremente.
Mientras tanto, ella le daba besos en el cuello, detrás de las orejas y en la boca, y el seguía metiendo y sacando dos de sus dedos de su sexo, mientras que con el pulgar le hacia caricias en el clítoris, lo que le producía sensaciones de placer que se traducían en unos grititos y le hacían exclamar, “ Hay cariño, como me calentás, seguí así, vida, me haces ver las estrellas de placer, amoooooooooor…….., que rico me haces la pajaaaaaaa……, pero quiero pronto tu pija dentro mío, te quiero sentir bien adentro…….”
Mientras decía esto, su cuerpo fue recorrido por un movimiento que le hizo arquear su cuerpo, a la vez que levantaba su pelvis, anunciando que estaba a punto de acabar, lo que hizo en medio de exclamaciones de placer, “hijo de puta, que lindo me haces acabar, me estoy corriendo un mar de leche, papitooooooo, cuanto hace que no gozaba así, mi amooooooooooor, suerte que te espere a voossssss, te deseaba muchoooooooo…….”
Se fundieron en un largo beso y mientras se recuperaban los dos, el le acariciaba esos dos hermosos globos que tenía por senos, y le daba pellizquitos en sus pezones.
Ella se levanto de donde estaba y se dirigió a higienizarse, llamándolo al salir del baño, con una mirada pícara en sus ojos, para que la acompañara a su dormitorio.
Mario que con todos los juegos que habían tenido, estaba con su pija bien dura, se dirigió al dormitorio, encontrando a Fernanda, que habiéndose quitado la camisola que llevaba, estaba en todo su esplendor aguardándolo junto al lecho, habiéndose cambiado de tanga, pero sin su corpiño.
Se acerco a ella y se brindaron otro ardiente beso, en donde sus lenguas se enroscaban buscando cada una penetrar en la boca del otro, y los cuerpos parecían querer fundirse en uno solo, mientras que los sexos calientes por el deseo, se pegaban como queriendo romper la barrera de la ropa que ambos llevaban puesta.
Despacio pero torpemente, se fueron quitando la ropa, hasta quedar los dos desnudos completamente y en ese momento, Fernanda, haciéndolo girar sobre si mismo, lo impulsó sobre su cama, haciendo que quedara de espaldas en la misma, procediendo ella a continuación a sentarse sobre su cuerpo, haciendo que la pija, se refregara contra su sexo por unos instantes, pero a continuación se levanto levemente y tomando con una de sus manos la verga bien parada, la deslizo por su canal entre sus nalgas, y procedió a presentarla en la puerta de su culo, al momento que le decía, “ ya se como me mirabas mi culo en el club, y ahora quiero que lo disfrutes y me hagas disfrutar a mi, con esa hermosa verga que tienes……”, y dicho esto se dejo caer sobre la misma, haciendo que entrara en ese nidito caliente que tanto había el admirado y deseado cuando la veía, de un solo envión.
Comenzó en forma lenta a efectuar unos movimientos con su pelvis, haciendo que la pija se introdujera bien adentro y brindándole unas sensaciones increíbles al sentir como todo su ano se dilataba al recibir ese miembro, que se encontraba en todo su vigor.
Cuando comprobó que se lo había introducido todo, comenzó a moverse de arriba hacia abajo, sin permitir que la pija se saliera de su angelical agujerito, y Mario que de tan caliente que estaba tenía el temor de irse rápido, sin disfrutar a pleno ese monumento de mujer, le decía, “ sentís como te entra toda mi pija en tu hermoso culo…….?, movete despacito así podemos gozar mucho mas……, siiiiiiiii……., que lindo lo haces Fernanda, seguí así que me volvés loco, siiiiii……. vida, que rico que cojeeeeeeees………..”
A su vez, con una de sus manos, le acariciaba ese botón durito que era su clítoris, lo que le producía mas placer y con uno de sus dedos, bien metido dentro de su concha, le acariciaba el interior de la misma, la que se encontraba otra vez muy mojada., y ardiente.
Cuando Fernanda reconoció que se estaba por venir, acelero sus movimientos, y mientras como si fuera una danza frenética, exclamaba, “ cojéeme mi culo, amor, seguí moviendo esa pija dura que tienes, así me lo llenas con tu leche, que lindo me estas cogiendo, como gozo, seguí asiiiiiiiií………….., no pares ahora mi macho adorado, quiero sentirte bien dentro mío, cuanto placer que me das, desgraciado, siento que te acabo, que ricoooooooo, lléname mi culo con tu leche……”
Dicho lo cual, y sintiendo que ella experimentaba una serie de descargas que hacían que su esfínter se contrajera y se abriera, apretándole la pija en esos movimientos, Mario, levantando su pelvis, con un último empellón le mandó su pija hasta el fondo, sintiendo que sus huevos golpeaban contra la entrada del culo, al momento que Fernanda, ya alcanzado su segundo orgasmo, se dejaba caer sobre su pecho, y se puso a morderle el pezón, con tantas ansias que pensó se lo iba a cortar.
“ Cuanto hacia que no gozaba como ahora, amor, no sabes lo que deseaba tener una noche de sexo como esta, ya que desde que me separé no había estado con ningún hombre, y solo me complacía con mis deditos o con un consolador que me compre, pero nada de eso es igual a lo que me has hecho hasta ahora, cariño …..”, le dijo mientras trataba de recuperar el ritmo de su respiración.
Ni que decir, que esa noche Mario se quedo a dormir en la casa de Fernanda, haciendo al amor hasta que casi salió el sol, demostrando ella, que estaba ávida de tener sexo, y que esa noche intentaba recuperar todo el tiempo en que no lo había tenido.
Este encuentro fue el comienzo de una relación que se mantuvo por bastante tiempo, pero que ya en otra oportunidad le relatare, ya que ambos utilizaron muy bien su fantasía, para disfrutar del sexo en distintos lugares.
Rian_319@hotmail.com

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Jenny, la prostituta del caballero

Nunca había pensado en engañar a mi esposo pero su cuerpo y figura me atraía como un imán, ese hombre me mojaba completa, su cuerpo y su manera de ser me volvía loca, a tal punto, que una vez tocó de casualidad mis nalgas, casi me desmayo de placer, me pidió mil disculpas por lo que había sucedido, que ganas de haberle dicho tócame toda y hazme lo que tu quieras, acepté su disculpa con rezongo pero en fin era un caballero, yo solo deseaba ser una más en sus brazos. Pasó casi un año, deseando que me hiciera de él pero nada a pesar de mis pequeños gestos de provocación que a veces fueron más que una simple provocación.

Ya no aguanté mas e intento hacer algo, mi desesperación por ese hombre era cada día más, su forma de tratarme, su olor a macho, su físico me volvían tontita cada vez que lo veía, mis diminutos calzones se me mojaban solo con verlo, hecho que me llevó a cambiar mas de seis veces mi calzón en el día en algunas ocasiones.

En reiteradas ocasiones cuando tenia sexo con mi esposo imaginaba que era él quien me poseía, a veces mi esposo se daba cuenta que pensaba en otro hombre, cuando me preguntaba porque hacía eso, le decía que no pensaba en otro sino que imaginaba la escena romántica de tal película, aunque no me creía nada igual quedaba tranquilo.

Decidí tomar el toro por las astas y hacer que ese hombre me culeara, como se dice en mi país, si anhelaba que se hombre me diera una buena culeada, me sentía una perra en celo por ese hombre y más en celo cuando estaba ante él.

Preparé un plan que debía llevarme a mi objetivo final, analizando la situación, me di cuenta que el mejor día para hacer lo planeado era un viernes, ese día mi esposo tenía que viajar por razones de trabajo por casi cuatro días fuera de la ciudad. Respecto a él no me preocupaba mucho su situación, sabia que su esposa tenía que irse a visitar a su padres como lo hacía todos los fines de semana. Osea ese hombre iba a ser mío casi dos días sin que él lo supiera. Preparando mi entrega a ese hombre, el miércoles conversé con él, le pedí si me podía acompañar el viernes ya que iba a estar sólita porque mi esposo tenía que irse temprano de viaje, él caballerosamente aceptó, uuuuuuuuuf su sí y su mirada a mi zorra, como él la trataría después, fue como si adivinara que no solo quiera compañía, que ganas de decirle si, es para que me maltrates lo que has mirado.

Como sabía que la ocasión era única y debía aprovecharla de la mejor manera posible, pero con el cuidado debido para no levantar sospecha tanto de mi marido como de él mismo. Hice toco con el máximo de sigilo. Compré todo lo necesario para la ocasión, algo para comer, beber y por supuesto una que otra cosa para verme más atractiva y sensual pero sin caer en lo vulgar.

Llego el día, no había tiempo para detenerse ni tampoco lo pensaba hacer. Mi esposo se fue a la hora fijada, 11 de la mañana, con calma empiezo a preparar todo, el aseo del departamento, después de almorzar preparo lo que vamos a comer y beber esta noche, todo esta delicadamente preparado. Ahora falta que arreglar lo principal de la fiesta, ósea yo, miro el reloj y ya eran las tres de la tarde, decidido ir a la boutique, pido uno que otro retoques nada exagerado pero que sea atractivo, un buen peinado, manicure y otras cosas, me gusta todo como queda. Me dirijo a la casa, ya cerca de las siete de la tarde. Faltaba menos de dos horas para que el vecinito me hiciera más que un simple juguete de él, tenía el tiempo justo para bañarme, perfumarme y vestirme para la ocasión tan deseada. Me tomo un buen baño, relajador y excitante, me perfume mi cuerpo delicadamente, me veo en el espejo mural del baño, no podía creer lo excitante que me veo, esa chica de 26 años, 1.72, ojos claros, morena, pelo rubio (aunque no natural, me viene bien), con unas medidas de miedo 93-58-91, pechos firmes, con una aureola pequeña y un pezón un poquito largo, todo de color normal, un estomago plano, piernas bien torneadas, nalgas duras y levantadas y esa vagina con pocos pelos bien cortitos y rasurado, el que espera un castigo ejemplar esta noche, ahí está desafiante para ese hombre. Esa chica que se reflejaba en el espejo era yo. Me miro una y otra vez todo mi cuerpo, giro y veo mi cola, a la cual le tiro un beso y le digo que se cuide porque dependiendo de cómo sea él, capaz que visite su tesoro escondido, es extraño pero primera vez que me excito al ver mi propio cuerpo sabiendo que será en poco tiempo más maravillosamente maltratado y humillado y eso me gusta. Me empiezo a vestir, tomo mi diminuta tanga hilo dental de encaje, solo un hilito por atrás y los costados y adelante un pequeño rectángulo, me la coloco, me veo en el espejo, mis labios apenas eran cubiertos, al parecer la tanga era muy chica para mi pero me gusta como se marca mis labios en ella, veo mi cola y noto que detrás el hilo se pierde maravillosamente entre mis nalgas y la parte de arriba del mismo se ve muy erótizante, luego me coloco el vestido más pequeño que tengo, con suerte me llega a un cuarto de mis muslos, lo anudo a través de mi cuello, es sueltecito nada de ajustado al cuerpo, me sienta bien, es bastante transparente sin ser grosero, me contemplo en el espejo y veo mis pechos perfectamente a través del vestido marcándose muy bien mis pezones, como también me percato que mi hilo dental se ve claramente a través de él pero no es grosero como se ve, diría mas bien se ve muy sexy. Mirándome bien veo incluso mis labios y mi oscuro monte de venus, para que decir de mi cola la cual se ve como mis nalgas devoran ese hilo, aunque más me gustaría que devorará algo más grueso y largo, me dio la impresión que mis nalgas hablaran y decían que las tocaran y castigaran sin piedad, hecho que esta noche espero que suceda, que la castiguen sin piedad. Me coloco los zapatos celeste de tacón del mismo color del calzón y el vestido, me doy los toques finales y me encuentro lista, estoy para perderme en el placer de otro hombre esta noche, mi mente no piensa en nada solo en como mi cuerpo se comportara esta noche y deseando que lo traten como se merece. Miro el reloj falta poco, hago tiempo ordenando el baño, mi dormitorio, la sala de estar, reviso el vituperio, mi cuerpo y mi sexo como mi mente están listo para la fiesta.

Son pasadas las 21:00, cuando suena el timbre del departamento, no dudo que sea él, solo dudo en dar el último paso al placer, suena otra vez el timbre, me levanta el vestido y toco mi calzón, no puede ser ya estoy algo mojada, cierro los ojos y me deseo suerte, abro la puerta y ahí esta él, el hombre que moja mis diminutos calzones como nadie, con su voz de macho, con su casi 1.90, fornido, educado, con sus 43 años de edad, que lo hace verse maduro y varonil.

Me saluda y me da un beso en mi mejilla izquierda, me trae un ramo de flores, dice que son para hacerme compañía, me mira de la cabeza a los pies, se devuelve y se detiene en mi zorra unos segundo luego vuelve hacer su recorrido hasta mis ojos y me dice que me encuentra hermosa, le doy las gracias por el piropo, le digo que él no esta nada mal, con su polera, su pantalón y zapatos. Sus ojos se dirigen a mis pechos y luego a mi coñito, siento que toda va bien, lo hago pasar, cierro la puerta y cuando lo miro veo que sus ojos están mirando mi culo, hecho que me gusta, mientras me mira levanta los ojos como si dijera que cuerazo tiene esta tipa.

Lo invito a sentarse, escoge él sofá mas cómodo que hay en la sala, antes de sentarme le invito un trago, cuando voy a la cocina me percato a través del ventanal que tiene toda su mirada en mi nalgas, me empieza hablar pero no deja de mirarme mis nalgas hasta que me desaparezco, devuelta clava mis ojos en mi coñito uuuuuuuuuuuuf que ganas de decirle tómalo es todo tuyo ya esta jugoso por ti, le pregunto que mira, su respuesta me sorprendió, me dijo tu diminuto calzón que se ve a través del vestido, que gana de decirle espero que veas mas adentro de mi calzón, le pedí disculpa por usar esa ropa, diciéndole que el calor me hace vestir así, luego acerco su trago donde esta sentado, me inclino lo máximo que puedo sin ser grosera y dejo que vea mis pechos, a lo cual él no duda en mirar tan bello par de melones, no digo nada ni él tampoco, salvo gracias por el trago, me reintegro a mi posición de pie, me doy un giro algo rápido sin querer y mi vestido se levanta, su ojos se clavan en mi intimidad, le pido disculpa por lo acaecido, pero él me pide disculpa a mi, diciendo que lo disculpara por ver tan bella y hermosa intimidad, gracias le digo, le pido que me de un segundo para traer algunas cosas para comer. Cuando pongo la bandeja en al mesa de centro, giro mi cuerpo dándole la espalda donde esta él y me inclino dejando que él viera todo mi culo de ramera como él me diría más tarde, mi vestido se subió más de lo que yo deseaba, como estaba un poquito abierta de piernas vio mi tesoro más preciado a través de mi hilo dental que estaba ya mojado no en extremo pero estaba mojado, además mi zorra esta bastante inflamada con la presencia de ese hombre. Después de tan bella escena ofrecida gratis para él pero no toda hecha intencionalmente, me siento en el mismo sofá que esta él, al sentarme el vestido se me sube más de lo apropiado quedando a la vista todo mi pequeño calzón, él ante que me acomode mi calzón para que no se me viera, me dice que pequeñita y linda es tu tanga tan linda como tu, me puse roja y nerviosa, desviando su comentario, le pregunto ¿como está? y de ahí en adelante nos ponemos a conversar amenamente, pasada la una de la mañana recién empezamos hablar de sexo todo lo anterior había sido una entretenida conversa de cosas personales de él y de mí, ahora faltaba hablar solo de nuestras sexualidad, la conversación empezó tímidamente como era lógico pero entretenida, al final de cuenta él sacó más cosas de mí que todo lo que ha sacado mi esposo durante estos cuatros años de casados, sin equivocarme aunque supe demasiadas cosas de él en lo sexual diría que él me desnudo conociendo mi sexualidad, le conté desde que salieron los primeros pelos en mi vagina hasta ahora, además de mis fantasías, mis sueños, mis deseos reprimidos y mi plan. Sí, el descubrió mi plan, lo supo todo, que había hecho para llegar a ese instante con él, le dije lo que pensaba de él, cuantas veces había tenido sexo con mi esposo pensando en él y que solo deseaba ser de él al menos esta noche. La atmósfera era especial, todo a esa altura estaba dado para satisfacer mi deseo. Llego el momento en que todo lo que se podía conversar se habló, no había mas tema por ese día, nos miramos un largo rato, sabia que él deseaba lo mismo que yo, pero ninguno de los dos daba el paso final, nos miramos más de dos minutos ¡¡¡ creo !!!, sin decir nada, de pronto él se me acerca y me dice tu sabes cuales son las condiciones para estar contigo, él me había contado como me quería, yo lo sabia muy bien, el deseaba simplemente que fuera su prostituta, si una prostituta que satisfaciera toda sus fantasías, sin mucho preámbulo le respondí, tu sabes mejor que nadie lo que deseo en lo más íntimo. Antes que le termina de hablar, me pone un dedo en mis labios en señal de silencio, me ordena colocar música, mientras hago eso, el apaga la luz y abre las cortinas de mi departamento de par en par, luego se acerca a mi por atrás, aun seguía poniendo la música, jala el hilo del vestido que esta anudado en mi cuello y este cae, de pronto siento un fuerte y seco golpe en mi nalga derecha, me duele porque fue demasiado fuerte, giro mi cara, lo miro, veo como observa mi cuerpo, me gusta su cara de satisfacción y de malicia, se da cuenta que lo miró, mi mira y mientras nos miramos me da otro golpe seco y fuerte en mi otra nalga, luego de eso me da una sonrisa como diciéndome aquí ordeno yo, le sonrío en señal de aceptación de sus reglas, me doy vuelta y termino lo que había empezado. Es extraño porque aunque estoy algo nerviosa me siento feliz y deseada como nunca, me gusta eso, este hombre ya me había dado dos fuertes golpes en mis nalgas, dando señal de su dominio sobre mi y en vez de asustarme me siento mas deseada y excitada. Una vez puesta la música me voy donde él esta ahora, mientas camino él me contempla con malicia en toda mi magnitud, no me encuentro con temor pero si algo nerviosa pero también me siento osada y atrevida. No se si alguien me mira desde a través del ventanal, solo sé que esta noche será maravillosa, me acerco más a él y nos besamos, mmmmmmmmmmm pensé que me iba a morir y más aun cuando empiezo a sentir sus manos recorrer mi cuerpo, cuando mete su mano por delante de mi cuerpo, coge mi tanga y la jala hacia arriba, uuuuuuf me la mete entre mis labios, el dolor y placer de esa zona me hace gemir, le digo mi amorrrrrrrrrrrrrr, él en respuesta a mis palabras, me da un seco palmazo en mi nalga que me hace ponerme de puntillas, me empieza a tratar como deseo, con en mi sueños reprimidos que tan fácilmente él saco de mi cuando conversamos hace un rato atrás. Obedezco a sus ordenes y le empiezo a desnudar suave y lentamente, saco sus prendas una por una, primero su polera, luego sus zapatos, correa, pantalón y por ultimo su calzoncillos, mis ojos no pueden salir de la admiración de su polla, es inmensa y sus bolas también, pensé, este hombre me deseaba matar con tanta carne, cuando vi esa verga mi adoración fue mayor hacia él, lo miró a los ojos como diciéndole y todo esto es para mi, él me mira como diciéndome con pena que si, todo era para mi, se sienta y se acomoda de la mejor forma, me ordena hacer lo que es obvio y lo que por primera vez deseo con tantas ganas, chupar su verga, le doy un beso a su pene en señal de respeto y permiso e inicio mi trabajo, primero cierro mis ojos y lo empiezo a adorar suavemente con mi boca y manos, todo suave muy suave, a medida que me desesperaba y sentía las palabras de él en mis oídos junto con la música de fondo, mi placer y plan ya estaba pagado y eso él lo sabía, abre llevado unos 15 minutos mamando esa verga, la tengo casi todo su grueso y largo vergajo en mi boca, cuando siento un cachetada en mi cara, lo miro como pidiéndole explicación, me duele me hace llorar se lo muerdo causalmente por la cachetada, hecho que me hace recibir otra cachetada mas fuerte que la anterior en la otra mejilla, lo miro a los ojos como preguntándole porque lo hizo , sus ojos me lo dicen, solo estaba castigando lo que es de él, a partir de ese instante me di cuenta que era ser una prostituta casada e infiel, llorando y adolorida volví a mi trabajo, aunque no sabía que ese hombre fuera tan violento solo tenía claro que ese juego me lo busque y él era el hombre indicado para satisfacerme, sigo mamando su hermoso animal con mas empeñó y respecto que antes, sabiendo que el camino estaba echado y que de ese hombre ahora empezaba a pertenecer, al menos sexualmente, abre adorado casi una hora esa bella verga y sus maravillosas bolas, se lo besaba, lo chupaba, me lo metía todo lo que podía en mi boca, una y otra vez hasta que llegó mi premio a mi trabajo de ese instante, era la primera vez que probaba la leche de un hombre y más aun la primera vez que me la tragaba, me tome toda hasta la última gota de su néctar a pesar de mis arcadas iniciales, acabó como buen lechero y yo trague toda como una buena guagua que se toma toda su leche, una vez terminada mi labor, esa experiencia me dio mucha satisfacción aunque me originó sentimientos encontrados, si bien lo encontré delicioso cuando me acuerdo de ella, me duelen sus cachetadas e imagino ver sus ojos diciéndome yo solo abuso sobre lo que es mío.

Después de haber dejado limpio y brillante su vergajo, me ordena pararme, él lo hace también y me da otra fuerte cachetada en la cara que aun me duele como las dos anteriores, me felicita con las palabras más obscenas que pueden existir por mi buen trabajo realizado a su masculinidad, le sonrío y le digo que solo hice lo que una buena prostituta sabe hacer.

Luego tira de mi hilo dental y me lo saca, aunque lamento que lo rompiera, sé porque lo hace, se para y me ordena sentarme con las piernas sobre las mangas del sillón, me da un beso en la boca mientras con su mano derecha pellizca fuertemente mi pezón izquierdo, su beso lo respondo con la máxima pasión del momento, luego se arrodilla quedando su cara a la altura de mi coño, mmmmmmmmm de solo imaginarme lo que me hará me mojo más, empieza a comerme mi coñito hasta que me hace acabar en terribles orgasmos que me hicieron gritar y doblarme de placer en cada uno de ellos, su inicio suave alrededor mi zorra de puta como él le decía y a medida que se acostumbraba a mi sexo, empezó a castigarlo sin piedad, dándoles fuertes chupones y golpes con sus manos, cuando cogía mi clítoris con sus labios y los apretaba aaaaaaaaaaaaaah sacado lo animal que era, mientras castigaba mi zorra con toda su boca y a veces con sus manos, amasaba mis pechos, sentía que me los quería arrancar, los apretaba, tiraba de los pezones hasta que se soltaban solo de sus dedos, los peñizcaba y los golpeaba tan duramente que el placer se confundía con el dolor, al final cansado de tanto gozarme y hacerme venir maravillosamente con su boca en mi coño, se para con su maravillosa masculinidad a cien, la cual acerca a mi cara, me toma del pelo fuertemente y me lleva a su verga, la tomo y se la empiezo acariciar con mi boca, abre durado unos dos deliciosos minutos, me corre de ella, me levanta jalándome aun mas fuerte que la vez anterior del pelo, me lleva al medio de la pieza, desde donde mis vecinos podían ver todo lo que hacíamos, bota las cosas que habían en la mesa de centro, se acuesta en ella y me ordena penetrarme su bestia, asustada por tan grande animal, me acomodo mirándolo de frente y me empiezo a meter su asesino que no sé cuento mide, pero segura que mide mas de 20 cms, me meto solita toda esa carne dentro de miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, el placer que sentí a medida que me lo iba comiendo y al darme cuenta que lo tenía todo eso dentro de mi, fue algo indescriptible, mientras subo y bajo y hacia movimientos circulares de pelvis, él me insultaba groseramente y amasaba, golpeaba mis pechos tan fuerte que me hacia desesperarme, obligándome a moverme más rápido cada que generaba demasiado dolor, no sé cuantas veces acabé en esa posición. Cansado él de esa pose, me dice basura para, sal de ahí, luego se para él y de ahí en adelante me empieza a colocar como él desea, me hizo hacer posturas que nunca imaginé en mi vida, al final terminó cabalgándome como una buena perra, me puso mirando hacia el ventanal y me empezó a clavar a lo perra que él me decía que era. Cuando sentí su pene en esa posición me hizo llorar de placer y humillación, sus insultos, los duros y secos golpes en mis nalgas, el trato dado a mis pechos y la forma en que trataba mi coño con ese hermoso demonio acabaron con mi fuerzas, al final cuando acabo dentro de mi, caí como un castillo de naipe sobre la mesa. Terminé con mi coño y mi cuerpo completamente adolorido pero feliz, el castigo que recibió mi coño fue ejemplar, nunca pensé que mi zorra como le decía soportara tanto castigo y tan bien dado. Me doy cuenta que él también terminó cansado por la hermosa guerra que tuvimos, más bien diría su guerra contra mi cuerpo, después de un largo rato descansando, me habla y me dice ramera vamos a acostarnos, antes de hacer eso, nos dirigimos al baño, nos bañamos, él se acuesta desnudo y yo me coloco un diminuto baby doll que había adquirido para la ocasión. Él se alegra y me felicita por mi diminuta prenda de dormir y por lo puta que soy, me siento feliz con este hombre y su trato me hace sentir como una verdadera puta. Apartir de esa noche ese hombre cumplió mi mas oscuro sueños reprimidos y yo acepte gustosa mi condición, es decir: SER LA PROSTITUTA DEL CABALLERO, después supe que a todas las chicas que tenían sexo con él, le pedía la misma condición y que todas las que aceptaron, él las prostituyó, yo no fue la excepción, no se si lamento haber planeado todo para llegar hacer una prostituta, aunque no era lo que buscaba, solo quería ser de él a lo menos una noche, su cuerpo que me atraía demasiado, a partir de esa noche, empecé a ser soy su prostituta, al principio me cogía cuando quería, donde quería y como quería además me pagaba, para sentirme realmente en mi condición de prostituta pero después no solo él y mi esposo me culearon, sino todos los clientes que él me trajo, aunque adoro como él me trata y me gustaba mi condición para ser de él, lo único que no me gustó fue que me prostituyera, pero independientemente de eso, gracias a él aprendí a disfrutar mi sexualidad a pleno.

Este relato mas que contar mi vida sexual es un saludo a ese hombre que me convirtió en la prostituta del caballero, aunque ahora él ya no me culea porque me cambie de ciudad por el trabajo de mi esposo, ojalá algún día, él lo pueda leer y vea lo agradecida que estoy y que también sepa que sigo practicando lo que él me enseñó aunque no tan seguido como cuando era parte de su harén, la prostitución, a pesar de que no me gusta hacerlo pero ni yo sé por que lo hago.

Chile, 06 de marzo de 2004.

jennifloresm@yahoo.es

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Una chica cachonda

Mi nombre es Jazmín Juárez Gutiérrez, deseo relatar lo que en una ocasión me ocurrió y cambió mi sexualidad de manera drástica. Antes que nada debo describirme y decirles que soy aproximadamente de 1.55 mts., morena, simpática, delgada pero con pechos pequeños pero firmes, caderas acordes a mi estatura y unas nalgas que me dicen que están muy sabrosas, eso sí tengo mucha cola Hace aproximadamente unos cinco años atrás, cuando entre a trabajar en mi actual trabajo de demostradora y edecan, vivíamos en el norte de la ciudad, cercanos al Estado de México, por eso tenía que trasladarme en el camión y mtero. Generalmente llegaba a Indios Verdes después de un trayecto de cerca de me dia hora en camión.

Esa vez se me estaba haciendo tarde y para no llegar más retrasada aborde en el vagón que pude, no alcance el de mujeres. Al principio iba un poco apretado el vagón pero resistible para mi humanidad. Iba vestida con mi uniforme, falda negra, blusa blanca y saco gris. Usualmente uso la falda a la altura arriba de la rodilla pero a veces por la necesidad de la promoción debe ser un poco más corta, y ese día era así y no muy justa porque a mi esposo no le gusta.

Después de tres estaciones iba más lleno el convoy y al llegar a la Raza podía sentir como insistentemente una mano pasaba por mis nalgas, había levntado discretamente un poco mi saco para acariciarme, y disimuladamente de vez en ves se posaba en ellas, rozando mis piernas y recorriendo mi anatomia con movimientos circulares, no alcanzaba a ver quien era el que me tocaba así, trataba de moverme de ahí pero no pude, así que tuve que tratar de esquivar esas caricias clandestinas.

Para llegar a las dos siguientes estaciones se demoró el metro cerca de díez minutos por lo cual se empezo a llenar más el convoy, sintiendo como me apretaban contra los pasajeros de atrás, aprovechando eso ya no sentía una mano, ahora eran dos las que se atrevían a acariciarme, pero sin descararse. Creo que mi cara era de deseperación por no saber que hacer y me comence a poner roja y a sudar, aparte del calor que hacía en el metro.

Avanzamos y las caricias se hacían más audaces, emepezaban a recorrer mis nalgas por arriba de la falda con más insistencia, me recorrían los pliegues de mi pantaleta, subiendo y bajando por los bordes, empujando poco a poco mi cuerpo con sus caricias hacia delante, incluso una de esas manos se apoyo en mi pierna sobandolme mi muslo, primero por arriba de la falda y después alargandose hasta tocar mi piel, dejando ahí su mano y sintiendo su calor.

Lo único que pude hacer fue apretar mi bolsa contra mi pecho con mis dos manos, y ante mi nula resistencia me seguían manoseando mis nalguitas, hasta ese día y desde que me case nadie más que mi espooso me había tocado así.

Caundo llegamos a Guerrero la estación era un desastre, había mucha gente en el anden y al abrirse las puertas la multitud de afuera se nos abalanzo hacía adentro y entre esos apretujones una de las manos que me acariciaba me apretó la nalga derecha y me la sobaba con descaro, apoderándose de mi trasero, hundiendo sus dedos en mi carne protegida sólo por mi ropa, mientras que otra mano también me apretó la nalga izquierda, el manoseo era inevitable, mi estatura y los empujones no me dieron oportunidad de hacer mucho y tuve que poner mi brazo a la altura de mi pecho para evitar ser aplastada, parecían horas pero fueron segundos de intenso ajetréo, mientras que mis nalgas recibián trato especial de dos desconocidos que se deleitaban tocandome el culo a su antojo.

Al cerrarse las puertas el apretón fue mayor y al avanzar una de esas manos se metió por debajo de mi falda y me estaba acariciando sobre la pantaleta, y de pronto ya no era una sóla fueron tres las que por debajo de mi falda me tocaban insistentemente, un tipo que iba a mi lado y de frente al notar que yo no protestaba por el singular manoseo de mi trasero y complaciente con su mano derecha se introdujo bajo mi falda y comenzo a tocar mi cosita.

Abrí los ojos y volteaba para todos lados tratando de que alguien me auxiliara, pero nadie había, puras personas de rostros frios e inexpresivos que iban ahí. Introdujo sus dedos por un costado de mi pantaleta un me empezó a tocar mi cosita, y los de atrás ya trataban de meter un dedo en mi ano pero lo aprete y eso basto para que sintiera como me jalaban mi pantaleta y ésta casi resbalara por mis piernas.

Ya me encontraba húmeda y creo que un pooc exitada. Tenía cuatro manos por debajo de mi falda satisfaciendo sus deseos sexuales reprimidos, manoseando a una desconocida que no ponía resistencia, los apretones en mis nalgas eran más duros y atrevidos, me acariciaban a tres manos o quizá más, no se, y al enfrenarse subitamente el metro y senti como un tipo se ponía justo detrás de mi y me repegaba su pene erecto, caliente en mis nalgas, empujando su cuerpo contra el mío para hacerme sentir el esplendor de su verga erecta y firme, era una erección tremenda, yo creo que ni con su esposa el tipo ese había tenido semejante parada de verga, por eso me acomodo en el justo emdio parta poder sentir esos empujones de verga en mi cola, estaba desean que acabara pero también que me pusiera su pene desnudo entre mis nalgas, ahí justo delante de todos, si me lo hubiera hecho me habría hecho venirme, con sus repegones imaginaba que me estaba dando verga por el culo, que me estaba enculando, que me estaban cogiendo como a una perra, como una puta, realmente deseaba que me llenaran con semen, semen de otro macho.

Avanzo y antes de llegar a Hidalgo un señor acercó su brazo a la altura de mis senos y “accidentalemte” se apoyaba para sentirlos, no los podía tocar pero posaba las yemas de sus dedos sobre mis pechos, ya para ese entoncers el manoseo estaba en su punto candente, yo me sentía sin calzones, con la vagina húmeda, con un pene entre mis nalgas, con una mano insistente tocandome la vagina, un tipo tratando de sobar mis tetas, era de locura.

Si mi marido me hubiera visto pensaría que era una puta, y en realidad lo era en ese momento, en ese lugar, si me hubieran cogido ahí en el vagón, no hubiera puesto resistencia porque ya estaba muy caliente, por eso cuando llegamos a Hidalgo salieron muchos pero no me moví para no dejar de sentir y entraron más pasajeros, no me importo seguir sintiendo esos empujones en mis nalgas, la excitación me embargaba, imaginaba que era la mujer perfecta para cualquier hombre, que me deseaban, que destilaba sexo por mis poros, yo msma me hubiera quitado los calzones y hubiera pedido a gritos verga, mientras más sucio fuera el tipo mejor, más puerca me hacía sentir, por eso cuando el de al lado se masturbo delante de mi, tapándose con su períodico y salpicando su semen en mi falda no me importó por desgracia no lo echo en mis piernas, hubiera sido delicioso.

Tenía que bajar en Balderas, así que me acomode para salir, me dieron la última cachondeada, le pregunte al de enfrente que si bajaba en la siguiente echando mis nalgas hacia atrás, lo que permitió que me tocaran el culo al antojo de quien quisiera, poco falto para que empezara a bajar cierres y masturbar a cuanto hombre me lo pidiera, si me hubieran obligado a tener sexo hubiera tenido como diez orgasmos; en ese momento hubiera mamado todos aquellos penes que me ofrecieran, hubiera dejado que me tocaran todo mi cuerpo, que chuparan mi cosita, que me metieran los dedos en mi culito, que me chuparan mis pezones, me hubiera dejado someter por todos o uno por uno, desebaba que me llevaran al fondo del vagón, que me desnudaran y que me sometieran todos, que me dieran por todos los orificios de mi cuerpo, que me llenaran de semen la cara, mis manos, mis senos, mi boca, pero nada de eso paso y la cachondeada que me estaban dando sólo me calento y llegamos y me baje discretamente el saco y acomode mi falda, antes de bajar sentí un manoseo impresionante, una gran cantidad de manos se apoderaron de mis nalgas, me acariciaban deseperadamente, lo que sentí fue como una mano introdujo algo en la bolsa derecha de mi saco. Cuando bajamos no quise voltear a ver a nadie para no perder el encanto del anonimato. Cuando revise mi pantaleta estaba húmeda y olía a semen, alguien se había masturbado y me había salpicado.

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Mi amiga

Mi amiga tenia 23 años, tenia un cuerpo realmente soñado, sus senos, no eran grandes pero detrás de sus blusas , siempre se le marcaban tan redondos y firmes como se lo puedan imaginar y unas caderas grandes (sin exceder lo excitante) pues al caminar o correr se movían vertiginosamente haciéndome sufrir dentro de mis pantalones, su nombre es Luz, un día en su casa, que por cierto es un comedor bastante acogedor… como siempre llegue, estaba sola como de costumbre, pero algo diferente había en el lugar, nunca entrábamos en su habitación pero ese día si lo hicimos, ella es una estudiante modelo, además sus padres la han criado de forma muy recatada pero se le notaba que no era una niña tan santa como aparentaba pues en un par de ocaciones en medio de la platica, se levantaba del sillon o de la mesa a recoger alguna cosa que “por cadente” dejaba caer o a traer algo y me mostraba ciertas poses muy bien practicadas, en medio de esas actitudes solo me podia imaginar el tipo de mujer que seria en la cama, con semejante cola y tan hermosos senos, solo me daban ganas a veces de arrancarle la ropa y hacerla ia, bueno pero regresando a lo de su habitación, estaba particularmente nerviosa ese dia y en medio de la charla me menciono que se sentia sola, pues sus padres no estarian durante todo el fin de semana y que tenia la casa para ella solita, le pregunte si era en serio y respondio de modo afirmativo, bueno seguimos platicando y viendo Tv

Oye, mi papa tiene en su cuarto una caja de recepcion de cable, me dijo, ademas unas pelis que desrubri haciendo limpieza, que tipo de pelis le pregunte (como si no supiera, bueno me hice el baboso, pero es que me encanta su carita de picardia cuando planes hacer travesuras) y me respondio que queria que lo descubriera, bueno respondi y salio mas corriendo que andando a traerlas, al poner el disco salieron algunas escenas que inmediatamente me hicieron apagar el televisor, estas segura que quieres hacer esto pregunte, con un poco de duda, aunque por dentro, suplicando que me diera que si y que lo queria llevar lo mas lejos posible, si respondio y te confieso que la primera vez que las vi senti algo que nunca habia sentido y solo pensaba en ti, hemos sido amigos por años me dijo y ya e s hora de conocernos mas a fondo, bueno le dije, empezamos a ver la película, el nombre me o reservo pero, que buena película.

Bueno allí estaba yo junto a Luz en el sillon de su casa, viendo como una morena se masturbaba de forma extraordinaria y como lentamente empezaba a gemir hasta llegar a un orgasmo tan húmedo que termino viniéndose, como los actores penetraban y eyaculaban de formas exageradas, en la cara en la cola y en las pusitas velludas de las mujeres que cogian hasta terminar exhaustas en brazos de sus amantes, Luz estaba acariciando levemente su pantalón, muy cerca de su entrepierna, trataba de disimular lo exitada que estaba pero yo no me quedaba atrás, de pronto se oyo un gemido que no venia del televisor y cuando la voltie a ver, me dijo quiero sentir lo mismo que ella, desabotonando su blusa lentamente, yo respondi quitando mi chaqueta y mi playera, cuando ella termino, dejo al descubierto dos toronjitas que se notaban ligeramente hinchadas en la punta, empece a acariciarlos mientras ella sudava y respiraba de manera profunda y rapida, cada vez mas rapido y mas rapido, me gui las manos hasta su cintura, que sensación, las caderas que tanto habia deseado alfineran mias, empece a desabrochar su pantalón, ellla haia lo mismo con migo, de pronto introdujo su mano y toco mi pene, erguido y duro ya por la excitación, empeso a sobarlo a acariciarlo a apretar desde la puntita d mi glande hasta el final de mis testículos, que grande comento y que caliente, quiero que me hagas mujer y que me llenes de ti comento a l oido mientras yo masajeaba sus nalgas, y bajaba hasta el principio de su vulva, la cual estaba mas que caliente y mas que mojada para ese entonces, de pronto se puso de pie, dejando mi pene a medio sacar, ella empezo a quitar su pantalos dejandome ver sus calzone mojados casi chorreando por los extremos, resbalándose sus jugosos y apetecibles fluidos vaginales por entre sus piernas.

Vamos arriba me dijo dandole un tirn a mi pantalón, dejandome el pene medio de fuera y mojado por la tocadera anterior, cuando llegamos a su cuarto, me tiro en la cama, me quito el resto de ropa y empeso a tocar mi pene diciendome que me deseaba y que ahora ya no era solo mientras se masturbaba, sino que ya me tenia en vivo, sus labios empezaron a tocar mis testículos, dandome mordiditas y lamiendome hasta llegar a mi glande, sus manos jugaban con mi miembro mientras me saboreaba, salian liquidos de mi pene y ella los lamia con desenfreno, nunca habia aguantado tanto una eyaculacion pero lo retuve lo máximo posible, de pronto en medio del acto oral, empezo a darse vuelta, no dejaba de masajearme los testículos y me dijo asi como yo te doy dame tu placer, cómeme y hazme tuya con tu lengua, terminando de decir eso y solo sento sus nalgas en mi cara, aparte de sus fluidos, senti el aroma de los mismos, empece a lamerle los labios, a morder con mis labios su clítoris, salidito ya y mojado, empece a como pude con las manos a abrir su rajita negra por sus vellos pubicos, pues no creo que se rasurara, lo cual me excitaba mas, empece a introducir un dedo desde la parte superior de sus nalgas al unísono que con mi lengua succionaba las liguitas que me dejaba salir de su cuevita, dejo de hacérmelo y empezó a gemir solamente, yo tenia mi ereccion al maximo y ella simplemente dejo de tocarme y se dedico a sentir y a hablar, asi asi, mas mas profundo decia, en medio de su respiración frenetica y los movimientos que hacia para restregarme todo su sexo en la cara mientras con mi otra mano acariciaba sus senos firmes y blandos a la vez, era una sensación que jamas me inmagine (al menos con ella en vivo pues en un par de ocaciones solo me masturbaba pensando en que era ella la que me daba placer)

En medio de todo eso me dejo venir acompañado de un gemido, casi grito y de un palpitar en sus genitales, un chorro de jugos, que senti no podia mantener en mi boca, que bueno replique pero ahora me toca a mi le dije y sin dudarlo se volvio a meter mi pene en la boca, lo cual casi de inmediato me hizo eyacular, nunca habia tenido una eyaculacion doble y tas abundante, terminando de sacar el primer cargamento de semer, vino el segundo, el primero entro por completo en su boca y garganta aunque el segundo paro la mitas en su interior y la otra mitad sobre mi, aunque por un momento, pues al tragárselo, empezó a lamer mi pené, quitando todo el semen que habia en el y mi cuerpo por donde había gotas o rastro del mismo liquido blanco, espeso y caliente (dejando a un lado lo oloroso y salado que me dijo que era) me dio un beso y como era de suponerse, tanto yo como ella teníamos sabor el uno del otro en la boca, ellla el acercarse ami solo se saboreaba aun como si hubiera sido un manjar el que acababa de tragar y todavía con liguitas en sus labios la bese, ese beso y sus senos tocando mi cuerpo aparte de su sexo en mi mano, acariciándolo con frenesí, produjo casi de inmediato una nueva erección, no se estábamos tan excitados que no reparamos en preservativos ni pastilas, solo nos entregamos, al penetrarla me di cuenta que era virgen, dicimulo muy bien el dolor, pero estaba tan dilatada y mojada que por eso creo que entro tan rapido y sin oponer mucha resistencia, hicimos el amor durante un buen rato, turnándonos y revolcándonos en su cama, estaban las sabanas mojadas de nuestro sudor y secreciones genitales cuando senti como nuevamente el palpitar, seguido de un haaaayyyyy y un movimiento de caderas como haciendome mas cosquilllas y como me veia mientras le inyectaba mi lechita caliente dentro de su virginal vagina, la penetre lo mas profundo que pude durante mi eyaculacion, con la cual em dijo que que sensación tan rara pero rica, mi eyaculacion dentro de ella no nos preocupo tanto pues ella ya estaba preparada y tenia según me comento un quit para lavatorio vaginal, agrego solo unas pocas palabras antes de levantarce directo al baño, con mucha dificultad y caminando un poco comico pero al fin de cuentas satisfecha, y aprovechando la circunstancias a partir de allí, ese fin de semana lo hicimos, dándonos todo el uno del otro hasta estos dias…….

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El reencuentro / Segunda parte

Ambos se miraron, con los latidos aún acelerados por la excitación, y se dijeron, sin decir nada, que querían más…

Él se acercó hasta ella, quien estaba apoyada contra la pared intentando recuperar la respiración, y le susurro al oído “Ven a mi casa”. La frase empezó como una orden pero acabó con tono de suplica. En un solo segundo pasó por su mente todo lo que podrían hacerse en uno al otro en la intimidad de una cama, o una bañera, i una mesa… Solo pudo seguirle.
El camino hacia su piso se transformó en esquinas y rincones donde la lengua del unos se perdía en la boca del otro, donde las manos de una se difuminaban en el pecho del otros. Cada pequeño escondite oscuro se convertía en minúsculos instantes de placer extremo.

Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había tardado en llegar a casa. Pero eso no importaba. Lo único relevante era que ambos seguían excitados, más incluso que antes.

Esperaban ansiosos el ascensor mientras las manos de ella desabrochaban el cinturón de él, y él hacía lo propio con el pantalón de ella. Entraron al ascensor entre trompicones y jadeos. Ella le empujó contra la pared, y él y el ascensor temblaron al unísono. Con una mano desabrochaba los pocos botones supervivientes de la camisa y con la otra buscaba el botón que les llevara hasta su piso.

Abrieron la puerta de un golpe y se abalanzaron hacia el pasillo.

Él la levantó del suelo cogiéndola en brazos y la levó hasta su cuarto. La dejó caer en la cama con un golpe secó y se arrojó sobre ella. Ella le quitó la camisa para poder recorrer con total tranquilidad la sensual espalda de él. Él se deshizo de la camiseta y el sujetador con una velocidad vertiginosa. Su cabeza se perdió entre sus tersos pechos para luego esconderse en su ombligo e ir bajando hasta su vientre. Le quitó los pantalones, después deslizó el tanga entre su calientes muslo. Paró un instante para deleitarse mirándola. A ella le provocaba tanto que la mirara de aquella manera, que al deseara de aquel modo que sus manos tomaron el control de su cuerpo y le arrancaron los pantalones y los calzoncillos en un solo momento.
Se besaron febrilmente fusionando sus lenguas, sus cuerpos desnudos, desvaneciéndose en el sudor del otro.

“Déjame a mí” le susurró al oído él “Cierra los ojos, dame diez segundos y te juro que la espera valdrá la pena”. Ella obedeció, se quedó tendida en la cama, desnuda, sudorosa y caliente, con su sexo húmedo que le esperaba jadeante.

Oyendo, escuchando cada minúsculo sonido ¿Qué había sido eso? ¿Un cajón? Sonaba como algo… ¿metálico?

La espera se le hizo eterna. Pro fin él volvió a la habitación. Bajó la intensidad de la luz y se acercó a ella “Ahora voy a vendarte los ojos, así sentirás todo multiplicado” Ella notó como una suave tela le cubría los ojos. Él levantó los brazos de ella por encima de su cabeza y comenzó a acariciarlos con algo que parecía ser metal. ¡¡Unas esposas!! Adivino ella por el ruido y el tacto.

Antes de que pudiera darse cuenta estaba esposada al cabecero de la cama.

Una sonrisa pícara se dibujó en su cara. Esta tan excitada, cada poro de su piel, cada surco de su cuerpo esperaba absorto el siguiente paso. “¿Te gusta?” inquirió él. “Siii” gimió ella. “Aún queda lo mejor” aseguró él.

De repente, unas gotas de algo que podía ser agua llenó el ombligo de ella. Un gemido escapó de sus labios. Una sensación fría y estrepitosa recorrió con velocidad la piel de su pecho. Un cubito de hielo. Se deslizaba por su piel como una minúscula lagartija, dejando pequeños ríos que él secaba con su dulce lengua. El contacto del hielo, los carnosos labios y movimiento de su lengua le propinaban una gran cadena de escalofríos que le recorrían todo el cuerpo. Los suspiros seguían huyendo de entre sus labios. El hielo se deleitó en sus pezones, estos tersos y erectos ahora quedaban también húmedos y más excitados.

Él, recorría el mismo camino que el pequeño témpano con su lengua recogiendo la estela que este dejaba, y marcando la suya propia. Y el pequeño cubito se deshacía con rapidez al contacto con su piel caliente. Saber cual era el destino del hielo la excitaba más aún, si eso era posible claro.

Sus manos amarraban los barrotes del cabecero con ansia. Y él, despacio, léntamente, andaba los senderos del cuerpo de ella hasta llegar a su vientre. El primer roce la dejó helado, otro escalofrío le recorrió el cuerpo dejándola casi inmóvil. Él comenzó a mover el hielo en círculos sobre su clítoris mientras ella gritaba de placer. Al tener lo ojos vendados el resto de sus sentidos se habían exacerbado de una manera increíble. Lo olía todo, lo oía todo, lo sentía todo. Cada minúsculo roce, cada pequeño sonido, cada ráfaga de fragancia. Todo.

Los labios de él mordisqueaban el cuello de ella, mientras uno de sus dedos jugaba con su lengua. Y ella, loca de placer, lamía aquel dedo con ansia devoradora. Sentía como su boca se secaba, y como el fuego le atravesaba todas las estelas de su cuerpo para acabar explotando en su vientre. Un rito desagarrado desde su vientre anunciando un increíble orgasmo.

“Has conseguido derretir el hielo”. Ella solo respondió con una lujuriosa sonrisa. Él rodó hasta quedarse encima de ella totalmente. Ella movió las manos instintivamente para encontrarse con él, pero las esposas le cortaron el camino. “¿Lo notas?” “Sí” gimió ella. Entre sus muslo sentía ese gran pene, duro y erecto moviéndose como si tuviera vida propia. “¿Lo quieres?” “Siempre”

No necesitó nada más. Un pequeño movimiento y se introdujo dentro de su sexo, húmedo, caliente y expectante.

Un profundo clamor acompañó el hondo movimiento. Con cada movimiento las sacudidas se hacían más profundas y salvajes. Ella estiraba su cuello buscando en la oscuridad el de él, para poder morderle. Ambos seguían danzando, moviéndose al unísono con la melodía de sus gemidos, de sus susurros, de sus latidos. Bailaron durante… ¿cuánto? ¿Minutos? ¿Horas? No importaba, sus sudores se hicieron uno, al igual que sus voces y su tacto. La respiración de ambos empezó a entrecortarse, el vaivén era cada vez más rápido e intenso. El fuego recorría los cuerpos de ambos por todas partes, por cada recoveco, por cada surco, la pasión les estremecía. Y ambos, en mismo pequeño instante, explotaron al unísono, para acabar tendido, agotados el uno sobre la otra, disfrutando del peso del otro. Intentando, sin mucho énfasis, recuperar el control de sus cuerpos.

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Viaje en tren

El fin de semana ofrecía una magnífica oportunidad para recuperar el tiempo perdido con mi chica ya que hacía dos semanas no nos veíamos, eso si habíamos programado todo para disfrutar cada segundo de nuestro encuentro, que tenía como destino un lindo pueblecito, distante dos horas en tren.

Para no levantar sospechas ni envidias, nos citamos en la estación principal adquirimos los boletos y desde que nos vimos la necesidad de tener un contacto más intimo se hizo intensa, un fuerte abrazo acerco nuestros cuerpos haciéndome sentir sobre mi pecho sus senos que resaltaban por el escote de su blusa mientras un prolongado beso no dejo ninguna parte de nuestros labios sin el delicioso sabor del otro, ya en la plataforma la espera del tren se hacia más agradable con cada caricia, cada roce provocador de su mano y su trasero sobre mi pene, el sentir la respiración del otro junto al oído, acompañada de frases como “quisiera comerte ahora mismo”, o “mira como me tienes de excitado”, además el hecho de estar en un lugar público aumentaba nuestras hormonas y el deseo.

Una ves se inició el viaje debimos permanecer de pie por la cantidad de pasajeros, pero que cosa más emocionante que sentirse acosado por quien viaja junto a ti, y al tiempo que buenos resultados se pueden obtener tocando a la pareja bajo los abrigos sin que tu compañero de viaje lo note. Poco a poco el tren se fue desocupando, y logramos un asiento en uno de los extremos, uno junto al otro pero con muchos ojos observándonos, la excitación era grande y difícil de ocultar bajo el pantalón, por otra parte Mónica ya me había comunicado que se estaba humedeciendo mucho, y que si no llegábamos pronto sus jugos la delatarían manchando su falda, esto me aceleró aún más y para comprobarlo nos despojamos de nuestros abrigos y los colocamos sobre nuestras piernas y así podríamos acariciarnos si despertar mucha suspicacia de los demás compañeros.

En cada estación menos gente iba quedando en el vagón lo que nos permitía ser mas audaces, mi mano ya habían recorrido la base de sus senos pero el brasier me impedía ascender hasta sus pezones, así que Mónica lo desabrocho dejándome libertad para acariciar sus sensibles aureólalas , entretanto su mano ya había bajado la cremallera de mi pantalón y jugaba con mi pene, que a la vez luchaba por salir para poder recibir todo el contacto de esa delicada mano que es experta en ponerlo en su mejor forma para la faena.

Mas estaciones y menos pasajeros lo que permitió que Mónica se sentara frente a mi y con una picara sonrisa me dijera que me tenia una sorpresa: muy despacio fue subiendo su corta falda y abriendo muy sensualmente sus piernas hasta dejar a plena vista ese pequeño triangulito de vello público que coronaba unos labios turgentes, rosados húmedos cubiertos solo por el pantymedia, que era solo una traslúcida mallita, sin ningún pudor se acarició la vagina para llevar sus húmedos dedos hasta mi rostro, con ese delicioso aroma de una vagina excitada, al tiempo que me decía que solo podría mirarla por ahora, lo que casi me hace estallar allí mismo. Con muchas naturalidad se sentó de tal forma que me ofrecía un fascinante panorama y muy lentamente empezó a acariciarse, yo podía ver como su vagina se hacía más rosada, como sus labios se abrían para hacer que su clítoris sobresaliera entre dos rosados y húmedos pétalos, su cara se trasformaba por el placer que se estaba proporcionado, esporádicamente me miraba para ver como luchaba contra mi tremenda erección, combinaba sus caricias clitorinas por sensuales toques de sus senos que lucían espléndidos bajo su delgada y ajustada camisa, con unos pezones rosados muy erectos que invitaban a ser devorados en eses mismo instante, todo este maravilloso espectáculo gracias a que su brasier ya había terminado entre su bolso.

Pasaron 5 interminables minutos viendo este morboso espectáculo, cuando nos detuvimos en otra estación y entraron a revisar los boletos, y Mónica no daba señales de terminar su show, por el contrario una vez llegaron a nuestros asientos los ispectores con la mayor tranquilidad se levantó a buscarlos en su bolso que estaba en el portamaletas sin ningún pudor en bajar la falda de tal forma que podía ver sus magnificas nalgas, y cuando me levanté para colaborarle en la búsqueda aprovechó para pasar su mano sobre mi pene, y al tiempo que recostaba sus senos contra mi costado me dijo al oído que quería que la penetrara en ese mismo instante, no sabia a quien atender si a mi chica o a los inspectores, los que finalmente nos dejaron solos para poder continuar. Al guardar los boletos nuevamente en su bolso los dejos caer y agachándose para recogerlos me dio un completo espectáculo de sus nalgas y su húmeda vagina desde otro ángulo, uno muy sensual y tentador faltándome poco para tomarla así, por detrás y poseerla en ese mismo instante

Una ves sentada frente a mi, se inclino apoyando su cabeza sobre mis piernas mientras sentía como desenfundaba nuevamente mi pene, en esta ocasión para envolverlo con su lengua introduciéndolo en su boca una y otra ves hasta ponerme al limite, sus labios era como una gran vagina húmeda y caliente que ajustaban cada ves más mi pene queriendo exprimirle hasta la ultima gota de mi leche; al levantar cabeza abrió sus piernas para permitir que mis manos juguetearan con sobre su vagina, que más parecía un volcán, porque al primer contacto de mis dedos sus gestos presagiaban un orgasmo ya incontenible, al tiempo quería participar de su deliciosa corrida en un vagón de ferrocarril así que rompí sus medias para poder acceder completamente a su inflamada almeja, creo que la sensación de sentir como se rompía su ropa nos dejó a ambos en el punto de no retorno, nunca había acariciado una vagina tan húmeda, tan suave y tan inflamada, el clítoris no resistían ningún contacto si provocar los mas deliciosos espasmos que Mónica no podía disimular, poco a poco deslicé un dedo en su gruta y pude disfrutar de las contracciones de su sexo, al tiempo que me deleitaba viendo sus ojos en blanco, sus manos apretando mis brazos para no perder ningún movimiento de mi mano.

Después de este primer orgasmo me agache entre sus piernas para saborear el gran manjar de sus jugos, creo que todo el tren olía a sexo y a orgasmo, mi rigurosa exploración con la lengua de todos sus húmedos pliegues genitales creo que la hicieron terminar otra vez ya que sentía sobre mi cara la presión de sus muslos para que no abandonara esta posición.

Ya estaba imaginando como la penetraría con mi pene, sentándola sobre mi para poder terminar la faena del tren cuando anunciaron la llegada a nuestro destino, Mónica me dijo que no sabía si podría mantenerse en pie, porque sus piernas aún le temblaban, y que muy seguramente en su falda habría evidencias de su abundante lubricante sexual, así como en la silla de nuestro sexual tren. No podrán imaginar lo excitante que resulto nuestra llegada al hotel donde nos hospedamos, pero eso será tema de nuestra próxima entrega.

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Hermes el romano

La otra tarde estaba hojeando un número atrasado de la Cosmopolitan cuando me fijé en la sección de anuncios que aparecen en las últimas páginas. Ya sabéis, esos que ofrecen masajes corporales, compañía, y todas esas cosas. Nunca antes había llamado a uno de esos, y como me gustan las nuevas experiencias, y además como tampoco tenía nada que perder –en un apuro siempre podía colgar- , pues me decidí por uno y marqué el número de teléfono. Solo quería divertirme un poco y saber de qué iba aquello, hacer unas cuantas preguntas y ya está. Al otro lado del hilo telefónico se oyó una voz masculina:

– “El Templo de los Dioses”, ¿puedo ayudarle en algo.?”

Tratando de controlar mi temblorosa voz le pedí que me explicara cómo funcionaba el servicio. Él me informó de los diversos precios, me comentó un poco de qué iba la cosa y después me pregunto que qué era lo que estaba buscando exactamente. Me pilló tan de sorpresa que no supe qué decir…pero me envalentonó la protección del teléfono, así que dejé volar mi imaginación, convencida de la dificultad de mi petición (¡¡¡¡¡inocente de mi!!!!!!!!), y le espeté:

– “ Quiero a un hombre negro. Con unos rasgos hermosos y grandes músculos. Cuanto más grande mejor: de más de 20 centímetros, desde luego. Que le vaya el sexo oral y no le haga ascos al sadomasoquismo. Yo encima, por supuesto. Ah, y vestido de romano, con una toga y todo eso. ¿Es posible? De lo contrario…”

– “Comprendido. Déjeme ver…”

Durante unos segundo solo pude oír el seco sonido de las teclas de un ordenador al ser presionadas…

– “Creo que el hombre que busca es Hermes. Un negro jamaicano. 1,95. Musculoso. 27 centímetros en erección, ¿Les preparo una cita?”
– Eh…si.- contesté. De pronto quise conocer al bien – dotado jamaicano – ¿Cuánto tardará?
– En una media hora estará en su casa.

Le di mi dirección y colgué sin más. Me empezó a entrar el miedo. En un primer momento decidí no abrirle la puerta, como si no estuviera en casa, y así olvidarme del asunto, de aquella broma que se me había ido de las manos.

Sin embargo me puse a ordenar el cuarto como una loca, me metí en la ducha, salí, me sequé y me estaba echando perfume cuando tocaron a la puerta. Me quedé paralizada. Volvieron a tocar no una, ni dos, sino hasta tres veces seguidas. Grité que ya iba y me coloqué lo mejor que pude mi mejor sujetador negro, un liguero y unas medias de encaje del mismo color. Sin braguitas ni tanga. Me encaramé en unos taconazos de aguja, muy finos, negros, que había comprado especialmente para la comunión de mi sobrina para dentro de pasado mañana y salí al salón.

Recordé que no me había lavado los dientes, y ya iba a girarme de nuevo hacia el cuarto de baño cuando volvieron a llamar a la puerta. ¡Menuda estúpida, ahora que recuerdo esos momentos! Parecía una colegiala que no había follado en su vida.

Respiré hondo, abrí y allí estaba mi deseo hecho carne, materializado, tangible. ¡Y lo mejor de todo es que iba vestido de romano!. Un negro de casi dos metros con una túnica a la altura de las rodillas, blanca, qué digo blanca, ¡in-ma-cu-la-da!, sujeta a la cintura con un hermosos cinturón broncíneo y unas sandalias cuyas tiras se entrelazaban a lo largo del tobillo y las pantorillas.

“Hola”, me saludó mirándome de arriba abajo, “me llamo Hermes y estoy a tu entera disposición”.

Le invité a que entrara, claro, y le ofrecí una copa. Me temblaban tanto las manos cuando se la ofrecí que él me abrazó y me susurró al oído que me relajara:

“No tienes por qué esta nerviosa, Helena – yo le había dado un nombre falso, tampoco creo que Hermes fuera su verdadero nombre, desde luego -, tú eres la que manda, no vamos a hacer nada que tú no quieras”.

No me veo capacitada para describir lo que se siente cuando un hombre así te dice eso. Dios bendiga a Jamaica. Hermes no pronunciaba muy bien el español, tenía un ligero toque afrancesado. Me pregunté qué clase de vida habría llevado mi dios menor. Pensé en cómo decirle aquello me iba a costar mucho, que quizás en otra ocasión…cuando se sentó en el sillón de cuero y se miró la entrepierna, estirándose la toga sobre la erección más impresionante que he visto en toda mi vida.
Él se dio cuenta de que yo no podía apartar la vista de aquel prodigio, así que se sujetó con ambas manos (una a cada lado) las costuras de la corta túnica, a la altura de las caderas, y tiró de ellas haca arriba, permitiendo que la tela se deslizara suave y lentamente por sus muslos, por su enorme erección… Dios, lo que era ver aquella tela deslizarse por su pene de ébano hasta dejarlo al descubierto. La visión del falo de Hermes me envolvió completamente. Jamás había visto una polla tan grande, tan perfecta, maravillosa verga jamaicana.

El falo de Hermes merecía ser inmortalizado.

Una visión tan magnánima produjo la magia. Mi nerviosismo desapareció, sintiéndome la dueña del universo. Su inmenso pene me hacía sentir así.

Me acerqué y le acaricié levemente, con respeto, temerosa de que solo fuera un espejismo. Inmediatamente me saludó. Me encanta cuando los hombres hacen que su polla salude. Siempre me hace reír. “El Comandante le presenta sus respetos, mi general”, me dijo un sonriente Hermes, que no dejaba de mirarme penetrantemente.

Me senté en sus rodillas, de cara a él. Cogí su mano y la coloqué sobre mi sexo y me libré del sujetador, sosteniéndole la mirada, mientras él inspeccionaba mis bajos fondos. Sostuve entonces en la mano a su guerrero del amor con casco morado y despacio, muy muy despacio, fui bajando la cabeza. Una minúscula y brillante gotita de semen le asomó en la punta, como una perla perfecta. Se la limpié con la lengua y su enorme cuerpo se estremeció.

– “Y ahora – dije siguiéndole su broma anterior – , romano, te voy a dar las órdenes que tú, como soldado, has de cumplir con riguroso detalle. Me vas a quitar el liguero y las medias con los dientes. Vas a rendirle culto a mi coño como si fuera el primero y el último que ves en toda tu vida. Me vas a follar como sólo puede hacerlo un jamaicano con esa enorme polla que Dios o tu madre te han dado, y me la vas a meter hasta que me salga por la boca”.

Y bueno, qué más puedo decir, el resto ya lo imagináis, ¿no?. Por 240 tuve el mejor polvo de toda mi vida. Desde luego mereció la pena cada céntimo que me gasté.
Intereses incluidos.
ALIENA DEL VALLE.

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