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Mi primer amante

Los primeros años de mi casamiento transcurrieron sin mayores novedades. Mi marido me había iniciado sexualmente a los quince años siendo una adolescente. Antonio era nueve años mayor que yo. Me celaba y no permitía que tuviese amigos sin su consentimiento, pero cuando me recibí de maestra no tuvo más remedio que aceptar algunas compañeras aunque siempre estuvo detrás de mí, controlándome.

Quedé embarazada de mi primera hija y concurrí al ginecólogo de la obra social docente para el control y seguimiento hasta que se produjese el parto. Alejandro era algunos años mayor que yo y enseguida me di cuenta que gustaba de mí. Eso me halagaba y sin proponérmelo instintivamente comencé a coquetearlo a pesar de mi gravidez. Llegó el parto y tuve una hermosa niña. Me citó para controlarme a los cuarenta días. Luego de la revisión ginecológica me dio el alta y me invitó a tomar un café. Estaba muy nerviosa y rehusé el convite argumentando una cita anterior con mi esposo, pues sabía que sus intenciones iban más allá de un simple café. Insistió y le aseguré que lo aceptaría en el futuro.

Al mes siguiente, cumpliendo mi palabra retorné al consultorio. En realidad estaba ansiosa por verlo. Era el único lugar donde me veía a solas con un hombre, además me había impactado con su porte y su personalidad avasallante. Alejandro me trató con cierta indiferencia, hasta que colocada en la camilla de ginecología se situó entre mis piernas y efectuó el tacto y la revisación. Me moví inquieta y más cuando me rozó con sus dedos el clítoris que se endureció. Ruborizada no atiné a nada cerrando los ojos y acelerando mi respiración. Cuando concluyó me levanté sin mirarlo y pasé al baño para higienizarme y componer mi atuendo. Al salir me esperaba detrás del escritorio y con una sonrisa me preguntó si estaba dispuesta a tomar el café prometido. Luego de una tibia defensa, argumentando que era la primera vez que aceptaba de un hombre que no fuera mi marido nos dirigimos a una cafetería sobre la avenida Las Heras. Durante la conversación me halagó saber que había quedado subyugado con mi belleza. Tomamos unos tragos con alcohol, y algo mareada, me propuso llevarme en auto hasta un sitio más tranquilo. Ingenuamente sin pensarlo, le dije que tenía tiempo pues mi esposo tenía una reunión y mi hija había quedado al cuidado de mis suegros que me esperaban a cenar. En realidad sus intenciones eran otras y se dirigió a un hotel alojamiento. No fui capaz de oponerme. Antes de bajar del auto me abrazó y me besó. Estaba caliente y le respondí. De la mano subimos las escaleras y entramos a la habitación que cerró con llave.

Nos besamos apasionadamente mientras torpemente trataba de despojarme la ropa. En un susurro le pedí que me dejara pasar al toilette. Me despojé de la blusa y la pollera y me miré al espejo. Estaba radiante. Mis senos voluminosos por la lactancia, mi cuerpo que había recuperado las formas, el vientre plano y las piernas torneadas me hacían deseable. Cuando salí, Jorge estaba totalmente desnudo. Su cuerpo velludo y su porte atlético y sus palabras tranquilizadoras, me relajaron y me cobijé entre sus brazos. Acarició torpemente mis senos y los besó alternativamente que liberaron gotitas de leche a través de los pezones turgentes y generosos. Me llevó a la cama y se situó entre mis piernas. En ese momento observé su miembro rígido y palpitante. Era más bien grueso pero de menor tamaño que el de mi marido. Separó los labios húmedos de la vulva y torpemente me penetró. Sentí que se dilataba la vagina y lo acompañé con los movimientos de vaivén hasta sentir entre jadeos y gemidos un orgasmo prolongado y placentero. Según el, había gozado mucho más que con su esposa, y me prometió que de ahí en más sería su amante preferida. Pensé que así sería, y así sucedió.

Nos veíamos cuando Alejandro lo proponía. Yo siempre encontraba el tiempo suficiente para satisfacer sus caprichos. Ejercía sobre mí una influencia decisiva y fui complaciente con sus horarios y actividades. Teníamos relaciones donde podíamos, en hoteles, en el consultorio donde contábamos con la complicidad de la asistente que preparaba el terreno para que disfrutáramos con tranquilidad, dándome horarios y días donde estuviésemos solos. Además nos encubría con mi marido cada vez que preguntaba por mi, inventando excusas. Yo sospechaba que ella también era, o había sido amante de Alejandro dado la confianza entre ambos, ero eso será tema de otro relato.

Munjol hjlmmo@ubbi.com

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La masajista y el maestro reiki

Tengo 49 años y estoy casada hace 22, tengo un matrimonio que ha pasado como todos por altibajos, pero en síntesis no me puedo quejar. Jamás le fuí infiel, aunque sospecho que él lo fué conmigo. Supe de alguna amante que se cruzó en su vida, pero lo perdoné. A raíz de eso y con la rutina fuí perdiendo interés en las relaciones sexuales, terminando por desecharlas definitivamente cuando hace seis años sufrió un accidente y padece desde entonces ciertas dificultades motoras que hicieron que aprovechase las circunstancias para justificarme.
Me dediqué por entero a su cuidado y rehabilitación, sin reparar en otra cosa ni en nadie, hasta que una conocida me recomendó hacer reiki con mi esposo para estimular la energía y recuperar la musculatura y la movilidad. Me acercó el teléfono para contactarme con una masajista, maestra de reiki, que la había atendido y le había hecho tan bien.
Combinamos con Gloria, que así se llamaba, realizarlas con mi marido luego de ponernos al tanto en que consistían y en el precio por cada martes en que se llevarían a cabo las mismas.
Puntuamente llegó la semana siguiente. Me detuve a mirarla. Era alta elegante, aunque algo hombruna, producto de su tarea y las horas que pasaba en el gimnasio de complementos, que ponían de manifiesto sus curvas, y sus músculos. Parecía culta e inteligente, su manera de conducirse y hablar demostraban su carácter y su personalidad. De entrada congeniamos. A mi esposo tambien le gustó. Me pidió pasar al toilette para cambiarse y al salir pude comprobar su magnífico físico. De piernas torneadas, cintura estrecha y vientre plano, cubierta con un delantal, que dejaba ver debajo una bikini y un sostén pequeños que resaltaban su cola y dos senos que remataban en pezones agudos y generosos, lo que generó en mí una sensación especial. Me pregunté por qué la había observado con tanto detenimiento y no hallé respuesta.
Le pedí permiso para observar los masajes. Aceptó y comenzó con mi marido boca abajo, cubriéndo la cola con una toalla, sus manos pasaron de la espalda a la cintura. Luego bajó la toalla y siguió con los glúteos, los muslos hasta las piernas y los pies. Finalmente le pidió a Gloria ponerse boca arriba, mientras con un antifaz que ocultaban sus ojos para no ver y con palabras sensuales, le pidió que recibiese la energía que transmitía su cuerpo a través de sus manos. Había cubierto la pelvis con la toalla y observé un movimiento del miembro de mi esposo como hacía años no percibía. Me levanté ruborizada y los esperé en el comedor, no quería ver más. Cuando terminaron, me ayudó a sentarlo para tomar un baño de inmersión. Lo sequé y lo vestimos. Luego tomamos el té y departimos de los más variados temas.
Pasaron dos o tres sesiones y fuímos tomando confianza. Estando a solas me preguntó si teníamos relaciones sexuales con mi esposo y le confesé de los años que habían pasado desde la última vez, y la falta de deseos en todo ese tiempo. Le pareció anormal y me dijo que no me creía pues me había observado durante el tiempo que nos habíamos conocido y estaba segura que sólo me faltaba el estímulo adecuado. Me ruboricé y no le contesté. Tendrá razón pregunté para mí, y cambié de conversación.
El martes siguiente le conté de la contractura que me aquejaba y me propuso hacer reiki conmigo mientras mi marido tomaba el baño de inmersión luego de su sesión. No me íba a cobrar. Yo subconcientemente lo deseaba, y acepté. Lo dejé a Antonio en el baño, y fuí a mi pieza. Al mirarme al espejo observé como el vello pubiano asomaba por el costado de la bikini, algo que nunca me había preocupado, y me cubrí con un short para ocultarlo. Estaba excitada y nerviosa ante la situación. Gloria se dió cuenta y trató de tranquilizarme. Me sacó la salida de baño y comenzó con los masajes como los efectuados con mi marido. Boca abajo, senti una electricidad creciente y un calor cuando sus manos se detenian sobre mi piel. Retiró el short y la bikini dejándome desnuda, sin que me defendiése. Me cubrió la vista con el antifaz al ponerme de frente y decididamente me recorrió de arriba a abajo, deteniéndose en los senos y la pelvis, finalmente en la entrepierna, separando delicadamente los labios mayores de la vulva con sus dedos, mientras me pedía que me relajase y la dejáse hacer. Me moví incitándola a que siguiera adelante. Estaba excitada y sentí mojada la vagina, pero ella se detuvo y reflexionó¨; por hoy basta dijo y se incorporó. Quedé tensa y confundida. Me vestí y mientras se despedía me invitó a tomar clases con su maestro los sábados a las tres de la tarde en su departamento de Flores. Dependía de lo que hiciése mi esposo, le contesté, aunque haría lo posible para tomar la clase. Afortunadamente ese sábado mi marido me comunicó que lo vendrían a buscar para ir a un partido de futbol y luego comerían un asado. Entonces le hablé a Gloria por el celular aceptando, lo que la lleno de alegría y me agregó que no me íba a arrepentir.
Me sentía rara, pero ansiosa e intrigada con la invitación. Decidí depilarme para presentarme lo mejor posible sin saber porqué. Fuí a la cosmetóloga donde me depilaron totalmente , inclusive la vulba a instancias de la depiladora quién al darse cuenta de mi desconocimiento dijo que dejara todo en sus manos pues era eso lo que se estilaba para una ocasión especial. Creo que me ruboricé ante lo que insinuaban sus palabras, pero decidida a seguir adelante, retorné a casa donde me probé la ropa interior transparente que guardaba de años, para usar ese sábado especial. Me miré al espejo, no estaba mal para mi edad. La noche previa dormí sobresaltada, pensando en la velada del día siguiente.
A las dos de la tarde del sábado, lo pasaron a buscar a mi marido, y yo, luego de bañarme y perfumarme me vestí. Me puse la lencería erótica, una pollera a la rodilla y una blusa escotada, pues el día era muy caluroso, y me dispuse a marchar. Cuando partí en mi auto, hacía el departamiento de Gloria, enfrente de la plaza de la Misericordia en pleno barrio de Flores, estaba nerviosa y excitada ante lo desconocido. Nunca me había imaginado aceptar una invitación semejante.
Al llegar, toqué el portero eléctrico, y escuché la voz de Gloria que abrió la puerta de calle y me sugirió que tomase el ascensor del fondo. Su departamento estaba en el último piso, y cuando llegué me esperaba con la puerta entre abierta. Me franqueó la entrada y ella vestida con un kimono y descalza me besó y me presentó al maestro reiki. Marcelo era de estatura media y musculatura marcada por el ejercicio, según se advertía, enfundado en la bata de yudoca. Muy atento, me invitó a sentarme junto a Gloria tratando, con todo respeto, al advertir mi nerviosismo, de explicarme en que consistia la clase e invitarme a colaborar con la misma mientras iniciaba la sesión con Gloria. Me sugirió que me cambiáse para estar cómoda. Pasé al toilette donde me saqué la ropa. Mientras me acercaba un kimono, Gloria elogió mi ropa interior y agregó que no se había equivocado con respecto a mi sensualidad. Luego de la mano me condujo a la habitación donde nos esperaba Marcelo.
Era amplia, con dos colchonetas mullidas, una camilla articulada, como las que usan los ginecólogos y dos argollas en la pared empotradas a la altura de la cabecera de la misma. Me llamaron la atención, pero no dije nada.
Luego de algunos ejercicios de relajación. Gloria y Marcelo se quitaron sus batas, y ella se recostó en la camilla boca abajo. Marcelo quedó solo cubierto por un slip que denotaba su bulto enorme. No me había engañado, sus músculos marcados por la gimnasia eran notables. Comenzó con masajes de arriba a abajo desde el cuello a la cintura en forma longitudinal, deteniéndose sobre distintos músculos trasfiriéndo su energía. Al llegar a los gluteos, le bajó la bikini desnudándola. Con un movimiento circular sobaba los gluteos. Me pidió que me acercáse para contemplar como se abría la raja con sus masajes, y me pidió que los acariciara. Me rehusé al principio por verguenza, pero luego su voz imperativa y sensual hizo que lo imitara. Veía ante mis ojos el oscuro orificio que se dilataba y cerraba alternativamente. Tuve ganas de besarlo y humedecerlo con mi lengua pero me contuve. De pronto me retiró y la giró. Le colocó el antifaz sobre sus ojos, y reinició los masajes. Veía el rostro y los labios temblorosos cuando las manos de Marcelo se detenían en los senos y pellizcaban los pezone. Debía imitarlo y participar. Me incliné y Marcelo se retiró .Acaricié los senos de Gloria y besé sus pezones, mi lengua la hacia gemir. Marcelo le abrió las piernas, y yo busqué su vulba, le introduje mi lengua en su vagina y sentí que gozaba, al jadear y gemir. Me detuve acalorada. Nos incorporamos y Marcelo propuso una sesión conmigo. Me opuse pero el poder de persuasión de ambos y mi estado de excitación me convencieron.
Me quité el kimono y Marcelo elogió mi físico. Me expresó que sabia del tiempo en que no había tenido relaciones y de la ausencia de líbido durante esos años. Le pedí por favor que lo tuviésen en cuenta pues nunca había engañado a mi esposo, desde que nos habíamos casado.
Me coloqué boca abajo. Sus manos firmes y vigorosas masajearon mi espalda, delicadamente me sacó la bikini y repitió los masajes sobre los glúteos, y sentí como se abría el orificio anal, creando en mí una calentura indescriptible. Luego me pidieron que me pusiése de frente y les sugerí que cubriésen mis ojos con el antifaz. Quería sentir e imaginar escenas voluptuosas. Me sujeteron de las muñecas a las argollas ubicadas detrás de la camilla y mis piernas a los soportes de la camilla de gineco. Ya sujeta me liberaron del antifaz. Entonces lo ví Marcelo, se acercó y me acarició , Gloria me chupaba los senos, y lamía y mordisqueaba los pezones, luego se situó entre mis muslos y lubricó con saliva mi vulba lampiña humedecida por el deseo. Marcelo dejó caer el slip y ví esa enorme verga gruesa y dura que se agitaba, no podía creer el tamaño que había adquirido mientras se aproximaba. Le rogué que no lo hiciera, que no lo podría soportar. Pero continuo adelante. Aproximó el glande enrojecido y descubierto, mientras Gloria me lubricaba la vulba y el periné hasta el orificio anal. Entonces comenzó a abrir los labios e introducir la verga en mi vagina. Sus paredes se dilataban y parecian desgarrarse ante cada embestida. El displacer por la apertura dejó paso al goce. Jadeaba y gemía ante con el vaivén, finalmente sentí como los testículos golpeaban mis glúteos. Había entrado toda la verga hasta la raíz después de tantos años. Un chorro intermitente de semen cálido inundó mis entrañas. Creí desmayar de placer, y le pedí que me liberaran. Extrajo el miembro aún rígido y palpitante. Me parecia mentira que esa inmensa masa hubiera entrado toda, y más me asusté cuando ví que la dirigia al orificio anal. Le pedí que no lo hiciera, que me tuviése compasión pues solo en una oportunidad me habían penetrado el ano. No me podía defender atada como estaba. Siguió adelante , puso el glande envaselinado en el ano y presionó sin detenerse. Al pasar el esfínter lancé un alarido de dolor, pero el siguió. Lentamente su verga se introdujo totalmente. Ïba y volvía. Otra vez el dolor dió paso al placer y tuve un orgásmo coincidente con la eyaculación de Marcelo. Finalmente Gloria me desató. Entonces fuí yo la que lo eché sobre la colchoneta lo abracé y a horcajadas lo monté introduciéndo la verga en mi vagina terminándo en una cogida descomunal. Fuí a ducharme, limpiando el semen que escurria entre mis muslos, y luego me vestí.
Me esperaban en el living con una merienda suculenta, y alli comentámos la sesión que habíamos tenido. Me aseguraron que era una alumna completa y sus clases podían reiterarse cuando quisiera.
Retorné a casa, y al bajarme del auto, noté la humedad de mi vulba y mis piernas. Tuve que ducharme nuevamente por el semen que aún bajaba. Tuve que colocarme un tampón para evitar que me chorrease y no se diésen cuenta de lo ocurrido. Estuve dolorida e irritada al caminar por algunos días, hasta que todo retornó a la normalidad.
Gloria continuó haciéndo masajes a mi marido y en oportunidades conmigo recuperando la líbido y el deseo.

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Imágenes de amor

La habitación esta ambientada con muchas cortinas, ventanales muy altos se puede ver el sol tenue del atardecer en un color amarillo intenso, los sillones son grandes mullidos hay unas velas perfumadas que le dan mas glamour al lugar y allí estamos tu y yo juntos.

Estoy recostada sobre el sillón de color habano de un brocato exquisito, se siente suave sobre mi piel, estoy totalmente desnuda con apenas un paño de seda que tapa transparentemente mis partes intimas, tu estas frente a mi con tu cámara y tratas de perpetuar lo que tu vez a través de ella.

La seda parece ser una suave caricia, yo pienso que son tus manos, y en cada pose el genero cambia su posición como deseándome tocar cada parte de mi piel, tu estas concentrado en mi no se si notas que me pasa, mi imaginación vuela la seda esta entre mis piernas y en la parte superior deja descubierto uno de mis pálidos senos, mi pezón se erecta ante la caricia casual de la tela.

Creo que lo notaste, no fue invisible a tus ojos firmes te acercas y tapas mi seno de una manera en que la tela rozase bien mi pezón haciéndolo sentir aun mas no pude evitar cerrar mis ojos esperaba que te acercaras y me besaras o que tu mano me acariciara, pero no fue así tomaste tu cámara y fotografiaste mi rostro supongo que decía mas de lo que yo quería.

No se como pero comenzaste a jugar con la tela en mi cuerpo y a fotografiarme en cada movimiento que hacías, pasabas la tela por mis piernas y no podía evitar suspirar, luego pusiste mi pierna sobre el respaldar del sillón y la seda tapaba bien mi parte intima la tomaste y la corriste para que se deslizara por mi clítoris muy insinuantemente sin destaparme creí que me prendería fuego en ese mismo instante, hasta que me anime a decir unas palabras solo dije : sabias que los fenicios hacían el amor tapándose por completos con una tela transparente para solo unir las almas.

Me sonreíste me tomaste otra foto, me pediste que me parara, cuando lo hice estabas poniendo música ambiental y como no sabia que hacer se me ocurrió bailar con la seda
Mis pies se deslizaban por la espesa alfombra la música me embriagaba y la seda me seguía acariciando, tu seguías perpetuando cada instante, giraba sobre mis pies y la seda flotaba por el aire casi sin taparme creo que ya ni me importaba, quizás eso esperabas.

De pronto te sentí junto a mi y estabas casi desnudo solo con una camisa casi abierta que dejaba tu pecho al descubierto, te acercaste a mi mientras yo seguía girando y tomaste la seda con una habilidad que me encanto cubriste por completo mi cuerpo como si se tratara de una obra de arte a descubrir, tomaste un pañuelo y te lo ataste tapando tus ojos , me encantaba esa idea de despertar nuestros otros sentidos, me seducía mas que me descubriera con sus manos ya que sus ojos habían guardado todas las imágenes de mi cuerpo.

Sus manos tomaron mi cara y empezó a dibujarla para acercar su boca a la mía la seda nos separaba pero al mismo tiempo despertaba otras cosas sus labios besaban los míos y la seda entre medio daba una sensación de placer y lujuria, sus manos se deslizaron por mis hombros la seda resbalaba mis senos rozaban con la seda y su camisa haciendo que mis pezones se pusieran alertas esperándolo todo tus manos seguían mi figura y tu boca besaba mi rostro, desde mis labios hasta mis ojos , tus manos buscaron mis senos y mis gemidos escaparon como desesperados de tanta represión, mi cabeza cayo pesadamente hacia atrás dejando mi cuello a tu disposición esperando que lo devoraras y eso hiciste mientras tus manos jugaban a dar placer y reconocer mi senos; creí que me iba a desmayar era tantas sensaciones juntas, el calor de tu cuerpo, la seda separándonos , la habilidad de tus manos y tu boca devorándome.

Tus manos se deslizaron hasta mis glúteos casi me alzaste pero la intención era que me pegara a tu cuerpo y te sintiera, y a través de la tela podía sentir tu falo firme rozando mi pubis juro que quería despojarme de todo pero esa situación era excitantemente lujuriosa mis manos no pudieron controlarse y se pegaron a tu espalda dibujando tu cuerpo, no pude soportar el deseo de quitarte la camisa así que cayo a tus pies.

Me sonreíste , te veías tan viril con tu pecho al descubierto , tan imponente y sensual me hubiese lanzado hacia ti pero controle mis instintos salvajes por que tu juego era letalmente excitante tu mano se apoyo en mi clítoris y con la seda entremedio comenzaste amoverla el calor de tu mano y la sensación de la tela hizo que me volvieras extremadamente loca podía ver el placer en tu cara por mi locura mis gemidos , y también podía sentir como respondía tu cuerpo con mis contorciones , y movimientos espasmódicos de placer por la excitación que tu mano estaba dándome en mi clítoris , me tomaste de la cintura y te sentaste en el sillón y a mi en tu falda quedando de espaldas a ti siempre con la seda cubriéndome completamente y me ejecutaste como si fueras el mejor músico y yo un violonchelo en tus manos una de tus manos estaba en mis senos acariciándome y erectandome de tal forma mis pezones que era una mezcla de placer y dolor y la otra mano giraba su dedo hábilmente en la tela para excitar mi clítoris , mientras tu boca besaba mi cuello y mi oreja creí morir de calor y placer hasta que explote sin poderme contener fue un orgasmo liberador intenso y gritado desesperadamente ya que no me podías ver .

Ya no pudiste mantener tu falo firme y palpitante distante de mi y me penetraste así como estábamos corriste apenas la tela y comenzamos una danza de deseos y excitación que nos robaba el aliento a los dos, tus manos tomaban mi cintura y mis manos acariciaban tus testículos buscando excitarte mas luego pasaba por la base de tu pene haciéndote enloquecer de placer , me envestiste como un semental desbocado, una y otra vez , entre el sudor de nuestros cuerpos, nuestros fluidos , nuestro olor a deseo y la suave tela separándonos apenas. Podríamos decir que el tiempo se queda en un letargo en el que el placer envuelve los cuerpos perdiendo la noción y el sentido de todo lo que nos rodea, para querer volver a repetir la hazaña.

Autor: Sweethot (imaginatehot@hotmail.com)

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La iniciación de Raquel

Por: Eliusbel Loreto

Una de las mujeres más ardientes que ha dejado huella en mi vida fue Raquel. La conocí cuando ella tenía 14 años y yo tenia 16. Llego a pasar una temporada en el pueblo donde yo vivía. Sus padres la mandaron a la casa de sus tíos que vivían relativamente cerca de mi casa.

Raquel era una muchacha muy sensual, parecía de mayor de edad, con unos senos sensuales, una carita de ángel, piel blanca con ojos marrones claros, una sonrisa coquetona, era delgada con unas curvas sensuales que invitaban al sexo, unas pompas paraditas y estrechas y lo mejor de ella eran sus piernas llenitas y morbosas con muslos sensuales. La primera vez que la vi tuve una erección de solo verla. Se convirtió en el sueño dorado de todos nosotros quienes nos masturbábamos pensando en ella.

Raquel se mostraba cohibida e introvertida y evitaba cualquier intento nuestro de enamorarla, sin embargo siempre sonreía con coquetería y nunca decía nada a los piropos que les dábamos. Siempre vestía elegante, limpia y recatada pero su cuerpo de mujer la hacia siempre sexy y deseable y ella lo sabia.

Una noche sus tíos habían salido y ella estaba sentada en la penumbra de su corredor. Al pasar por su casa, Raquel me llamo y me dijo que si iba a ver a mi novia. Le dije que no y mintiendo le dije que pasaba por allí con la esperanza de verla ya que estaba enamorado de ella. Ella se rió con coquetería y riéndose dijo, si? Pues yo te estaba esperando (otra mentira). Estaba sentada en un sillón ancho de jardín para una persona y me invito a que me quedara un rato con ella ya que se sentía sola. Acepte y me invito a sentarme con ella en el sillón que resultaba un poco reducido para los dos. Al sentir su cuerpo junto al mío, yo estaba en el cielo. Cuando me senté sentí su muslo pegado a mi muslo. Pase mi brazo sobre sus hombros y ella pregunto, estas cómodo? Apretando su hombro desnudo con mi mano, le dije si, mas aun que tengo cerquito a mi, tan cerca que me da ganas de darte un beso. Ella sonrió y me dijo, nunca radies me ha besado, tu seras el primero y me quedo mirando a los ojos casi ofreciéndome sus labios. La bese intensamente, con pasión y ella se dejaba besar y me besaba. Nuestro primer beso fue un beso húmedo, largo, sensual y duro no se cuanto.

Cuando nos recobramos, metí mi mano en su cintura para abrazarla y ella para acomodarse puso su muslo sobre mi pene. Mi mano rozo sus senos y mi pene en su muslo estaba por reventar de erecto. Le dije, Raquel, me estas excitando amor. Ella sonriendo como una gatita mimoso me dijo, de eso se trata, no? Y bajo su mano a mi pene y como una palanca lo empujo de la cabeza para ver cuan erecto estaba. Tócame me dijo y veras lo mojada que estoy. No espere dos veces la invitación, metí mi mano debajo de su falda acariciando sus hermosos muslos hasta llegar a su vagina y con mis dedos comencé a explorar su sexo mientras ella excitada apretaba mi pene hasta hacerme venir. Fue una eyaculacion prematura, pero yo estaba tan excitado que no me importo. La seguí acariciando y jugando con su sexo, sus senos, sus nalgas, nos besábamos con frenesí, los dos ardiendo de deseo, hasta que ella exploto en un orgasmo y vibro como una diosa sensual, gimiendo, apretando mi pene, y movía su sexo y sus caderas buscando mis dedos como si la estuviera penetrando. Su sexo emanaba líquidos y su cuerpo se contorsionaba excitado. Podía sentir las contracciones sexuales de su sexo en mis dedos y sus espasmos vaginales. Yo solamente lamentaba no estar dentro de ella en es momento y mas aun ya me había venido por segunda vez en mi cachondez y mi pene se comenzaba a poner flácido para descontento mío y de Raquel.

Cansados y sudados, regresamos del éxtasis a la realidad. Ella me beso y me pidió que no le dijera a nadie de nuestro encuentro. Le dije que no se preocupara pero que yo quería tener sexo con ella. Raquel me miro a los ojos y me dijo, cuando quieras lo hacemos pero la verdad es que yo nunca he tenido sexo y este es mi primer encuentro con un hombre, solo que lo deseaba tanto que estaba muy cachondita. Oye me dijo, tu pene es bastante grande, así son? o tu eres superdotado? Le dije, no se, no le ando viendo los penes a radies, ella se rió. Me vas hacer doler, pero si quisiera tenerte dentro de mi, aunque ya no lo siento duro como lo tenias al principio. Le dije mañana estará listo para ti. Me dijo, mañana mis tíos saldrán como a las 8pm. Quédate pendiente y cuando veas la camioneta salir, te vienes por la puerta trasera, te estaré esperando pero iremos a mi cuarto. Consigue condones, si? Aquí tengo condones, le dije, no te preocupes. Se rió y me pregunto, te estas cogiendo a tu novia? No tengo novia, le dije. Se rió y me dijo, sinvergüenza, pero no me importa con tal que me cojas a mí.

Luego que la deje, me quede pensando. Estaba confuso. Yo sabia que ella no había estado con radies, pero Raquel era muy experimentada, cachonda y agresiva sexualmente que no parecía ser primeriza. En fin me dije, que me importa si anda con alguien más con tal de cogermela. Me quede tan excitado que esa noche en mi cama me masturbe pensando en Raquel y en el mañana que estaba muy lejos.

Al día siguiente cuando sus tíos salieron me acerque a la puerta trasera. Todo estaba en penumbra y de repente la puerta se abrió y Raquel como en un susurro pregunto, estas ahí Eliusbel? Si le conteste. Entre y nos fuimos a oscuras hasta su cuarto para que radies me viera a través de las ventanas. Su cuarto era amplio, simple pero estaba en orden. En cuanto cerró la puerta, ella vino hacia mí y me abrazo y me beso apasionadamente entregándome su cuerpo. Podía sentir sus senos, su vientre, sus muslos y levantándose en las puntas de sus pies trataba de buscar mi pene con su vagina y se contorneaba excitada. En un segundo me puso a 1000. Pensé que tenía que tomarlo con calma si quería penetrar a Raquel por lo que separándome un poco le dije, desnudémonos, quiero verte desnuda, quiero mamarte todita. Ella sonrió y comenzó a desnudarme mientras yo la desnudaba a ella. Trajiste condones, me pregunto? Si le dije. Yo la desnude primero con las ansias que tenia de verla desnuda. Era una Venus, vientre plano, senos grandes y paraditos, unos muslos morbosos, todo en ella era hermoso y una invitación al placer. Raquel removió finalmente mi short y dejo a su vista mi pene duro y erecto. Lo miraba excitada y cogiendolo en sus manos instintivamente lo comenzó a masturbar. Póntelo en tus senos le dije. Ella se arrodillo en la alfombra y se comenzó a acariciar los pezones con mi glande. Me miro a los ojos y me dijo, me lo como? Le dije si, por favor. Ella beso mi glande y comenzó a lamerlo y se lo metió en la boca y lo mamo diestramente. Para evitar venirme prematuramente la levante en mis brazos y la deposite en la cama. La bese en los labios mientras me montaba sobre ella. Ella abrió sus muslos, busco mi pene y se lo coloco en su vagina. Yo con disimulo le frote su vagina con mi pene sin penetrarla mientras la besaba, le besaba el cuello, le mamaba los senos y mientras la seguía besando mi pene se alejaba de sus manos y de su vagina mientras la excitaba con mis besos, mis manos acariciándola, bese su vientre y ella ardía de deseo, podía sentir lo cachonda que estaba, gemía de placer y pose mis labios en su sexo y abriéndole su labios vaginales busque su clítoris y lo bese y ella vibro como en una convulsión y gimiendo de placer me acaricio mis cabello como queriendo ella acariciarse con mi cabeza y mis labios. Le frote su clítoris continuamente con mi lengüita sin darle descanso mientras mis dedos jugaban con su anito y ella se dejaba, estaba en el éxtasis entregándose al placer. Se movía, contorneaba su cuerpo, gemía, no sabia que coger con sus manos y de repente se vino en un orgasmo intenso, sentí sus juguitos fluir en mi boca pero la seguí masturbando con mi lengüita mientras dos de mis dedos le penetraban su anito. Raquel gozaba, cerraba los ojos, se movía, era una potrilla en celo gozando de mis caricias. Ya cuando se calmo un poco y reponiéndose, se sentó en la cama y busco mi pene y me dijo, penétrame, no seas malito, lo deseo dentro de mi, mira como lo tienes, grandote, métemelo por favor. Le dije, ven. Me senté en el respaldo de la cama con mi pene bien erecto. La hice sentar frente a mí, sobre mis muslos con sus muslos abiertos. Ella inmediatamente sintiendo mi pene frente a su vagina trato de penetrarse pero yo la abrasé y la jale hacia mi dejando su vagina sobre mi pene y ella moviéndose instintivamente acariciaba sus labios vaginales a lo largo de mi pene. Instantáneamente ardia nuevamente, gimiendo y gozando de placer. Penétrame me dijo, no sea malito, penétrame, si? Le dije penétrate tu amor, soy todo tuyo. Ella se elevo sus caderas, cogio mi pene entre sus manos y puso el glande de mi pene en su entradita y se sentó sobre mi pene duro y erecto comenzando a penetrarse ansiosa. Yo eleve mis caderas mientras ella bajaba rompiendo su himen, ella gimio, pero ya la tenia adentro y la cogi de sus hombros para que no se saliera. Se le corrieron unas lágrimas de dolor con mi pene muy dentro de ella mientras le mamaba sus senos sin parar dándole tiempo a que se repusiese. No tardo mucho, me beso con sus labios con lagrimas y me dijo penetrarme, cogeme rico amor, hazme una mujer, la mas puta de las mujeres pero cógeme rico, rómpeme todita, hazme lo que quieras pero dame placer. Después de eso estuvimos como media hora cogiendo hasta que no aguante mas y me vine dentro de ella. Ella estaba sudada, mojada con sus juguitos con rastros de sangre pero aun seguía excitada y ardiente y yo había triunfado en no venirme hasta romperle el himen. Ella se miro en el espejo y vio su vagina sangrante y me dijo, no te vayas ahora tienes que romperme mi anito pero mientras te repones me voy a dar un baño. Se volteo y me dijo báñate conmigo, si?

Entramos a la ducha y yo me encargué de lavarle su vagina y quitarle toda la sangre que tenia. Que hermosa era y sensual, era una Venus, una diosa de placer y definitivamente era mucha hembra para mí, no iba a poder aplacar el deseo de Raquel. Mientras la bañaba jugaba con su anito y la besaba para mantenerme sexualmente calientita. Mi pene se iba recobrando y le trabajaba su anito con mis dedos. Ella siempre ardiente y cogiendo mi pene con sus manos y besándolo me dijo, no te imaginas como quería que me penetraras. Mis amigas me habían dicho que tienes la verga mas grande del barrio, sabes que eres famoso entre las mujeres? Hay muchas que quieren contigo, si quieres te las consigo. Yo me reí, no podía creer lo que estaba oyendo, pero eso me excito aun mas y mi pene se puso duro y erecto y ella lo mamo con ansias y se volteo ofreciéndome sus nalgas. Que hermosas nalgas tenia, bien paraditas, se le veía angosta, excitante y sensual. Me acerque a ella poniendo mi pene entre sus nalgas, uno de mis brazos y mi mano se encargaron de acariciar su senos mientras mi otra mano acariciaba su clítoris. La comencé a masturbar y Raquel ardiendo de placer y para mi sorpresa exploto en un orgasmo sin demorar mucho y se convirtió nuevamente en la maquina de placer, gimiendo y gozando. Agarro mi pene y se lo puso en su ano y se inclino un poco abriendo sus nalgas. Mi pene comenzó a penetrarla muy lentamente mientras ella un poco tensa ayudaba a ser penetrada. Yo comencé a masturbarla nuevamente mientras le penetraba el ano le acariciaba con insistencia su clítoris. En su cachondes Raquel dejo de estar tensa y para mi sorpresa mi pene entro muy dentro de ella y me la cogi rico mientras mis dedos jugaban con su clítoris. Raquel no tardo mucho en tener otro orgasmo y sin parar me decía sigue papito, no pares, cogeme amor y yo trataba de contenerme. No quería venirme para darle todo el sexo que Raquel quería pero al tercer orgasmo de Raquel no pude más y me vine con ella en su anito.

Nos quedamos acostados los dos exhaustos. De repente ella se levanto y se fue al baño. Al ratillo regreso son una toalla mojada y me limpio mi flácido pene. Mientras lo observaba y me dijo, aun flácido tu pene es grueso y grande. Yo la miraba extasiado. Raquel estaba nuevamente radiante, hermosa, sensual. Sus curvas eran únicas. La sensualidad que emanaba ver sus senos desnudos, su vientre plano, sus bellos púdicos sedosos y húmedos, sus labios vaginales, sus muslos. Raquel era el sueno dorado de todo hombre cachondo. Limpio mi pene con la toalla mojada rozándolo con sus manos y luego se acostó sobre el acariciándolo con sus senos y mi pene para mi sorpresa nuevamente revivió. Lo beso, jugo con mis testículos y luego subió sobre mí poniéndoselo en su entradita y penetrándose me comenzó a cabalgar. Lo hacia lentamente pero como gozaba, yo me dejaba coger nada mas, ella se penetraba y gozaba y la sentía vibrar en cada orgasmo, tenia múltiple orgasmos, era golosa, se penetraba, gemía, se acostaba sobre mi por ratos, me besaba, me cogia rico, hasta que me hizo venir nuevamente y explote dentro de ella. Que rica es tu verga amor, me llena toda. Hasta ahora no comprendo como me la pudiste meter en mi anito tan chiquito. Quieres seguir cogiendome mientras este aquí? Un día me iré y de seguro no nos volveremos a ver. Quieres, si? Claro que si le dije. Pero que nadie se entere de lo nuestro, si no mis tíos me matan o me mandan de regreso donde mis padres. Y riéndose, me dijo, así podrás seguir cogiendote a tu novia también y nadie se dará cuenta de lo nuestro. Y no te sientes celosa, le pregunte? Se que lo harás así que para que sentirme celosa. Y cual de tus amigas me dices que quiere conmigo, le pregunte? Todas, es cuestión de cultivarlas. Tu dime cual y yo te la consigo. Me rei.
Pase unas semanas cogiendome a Raquel quien era insaciable. La verdad que era una hembra que necesitaba varios hombres para saciarla. Algunas veces pensé en pedir ayuda a uno de mis amigos, pero solo fue un mal pensamiento. Un día saliendo de la casa de Raquel después de cogermela, me vio un amigo mío mucho mayor que yo que era soltero. Se paro y me espero, no lo puedo creer me dijo, estas cogiendote a ese bomboncito? Que condenado que eres. No le dije, ni lo menciones, solo somos amigos. Y que tal es en la cama, es ardiente, anda cuéntame. No hables así le dije, en serio no hay nada. Mira me dijo, te doy 10.000 Bs si me la consigues, un solo polvo, sale? Estas loco le dije. Mi amigo siguió insistiendo y yo seguí negando. Cuando nos despedimos, mi amigo me dijo, mira Eliusbel, a esa hembra le tengo unas ganas que no te imaginas, te voy a dar 10.000 Bs, si me la consigues bien y si no son tuyos y me metió los 10.000 en mi camisa y se fue con unos amigos de el que en ese momento pasaba así que ya no pude devolverle su dinero. 10.000 era mucho dinero y más para mí a esa edad, así que fui y los escondí en mi casa. PERO ESA ES OTRA HISTORIA…

eliusbeloreto@hotmail.com

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Compañera de oficina

Desde que la conocí la deseé.

Estaba casada y tenía un hijo cuando la vi por primera vez. Al poco tiempo apareció embarazada y lo envidié al marido porque tenía la impresión de que cogían de vez en cuando y ésta había sido una de esas veces. Siempre me atrajo. Me calentaba verle sus esbeltas piernas cuando las cruzaba (cosa que hacía en forma frecuente dejando a veces ver su portaligas e incluso su bombacha). Siempre supuse que no lo hacía adrede pero mostrar mostraba. Solía usar blusas con transparencias y a través de ella se podían ver sus diminutos pero bien formados senos. Me calentaba de tal modo que se me paraba.

En los corrillos de la oficina se decía que se acostaba con uno de nuestros compañeros con quien ella tenía gran afinidad ya que su marido no la atendía cómo correspondía. Le empecé a tomar bronca a mi compañero. Nunca lo pude comprobar aunque mis dudas crecían día a día. Sobre todo cuando él se fue a otra empresa y la llamaba para verla y ella dejaba todo pendiente y corría a su encuentro. Se ausentaba por más de dos horas (¿un turno?) y hasta las secretarías sonreían y decían que cuando volvía había cambiado el carácter. Estaba más sonriente y no las trataba mal. Su mal humor desaparecía cuando salía con éste y cómo lo hacía seguido dejaron de llamarla “malco” (sobran las palabras).

Mis pretensiones eran tenerla entre mis brazos algún día pero nunca me daba pie para iniciar una conversación que derivara en ello. Era y es muy seria y ante cualquier intento de avance me paraba de inmediato con la mirada . No aceptaba palabras con doble intención y era y es esquiva a los besos que solemos darnos en la oficina cuando se cumplen años o se celebra algún acontecimiento o simplemente cuando uno sale o vuelve de vacaciones.

Era una mujer normal, no se podría decir que fuera una de esas hembras voluptuosas o espectaculares. Sin embargo había algo en ella que me atraía en forma especial. Nuestra relación de trabajo a lo largo de los años se fue transformando. Poco a poco empezó a gestarse una camaradería que acabó en una buena amistad. Incluso con mi esposa. Sobre todo luego de quedar viuda.

Buscábamos momentos del día para poder hablar de diferentes cosas de la vida y poco a poco entramos en conversaciones sobre nuestra vida personal y, cómo no, acabamos entrando en las conversaciones que rozaban temas de sexo. Por mi mente pasaban pensamientos de todo tipo pero ella siempre frenaba cualquier intento de aproximación. Cuando teníamos alguna reunión fuera de la oficina siempre nos ibamos juntos (en mi auto o en taxi) pero acompañados por una o dos personas a las que ella proponía llevar, así que la dejaba en su casa y con toda la bronca seguía repartiendo gente.

Lo que pasaba era que el compañero de quien hablé al principio y que suponíamos era su amante seguía dando vueltas por ahí y la llamaba muy seguido. Ella, disimuladamente siempre hablaba loas de él. Lo respetaba como profesional y como persona. Decía que era muy inteligente y se ponía nerviosa cuando hablaba de la esposa de él. De ahí mis sospechas.

Un día, de repente y cuando yo menos lo imaginaba me propuso ir a su casa a cenar, aclarándome que por cuestiones de trabajo sus hijos no se quedaban esa noche en la casa. La llamé a mi mujer poniéndole una excusa aceptable y le dije que sí. No me podía perder esta oportunidad. Nunca se me había presentado algo igual y empecé a ratonearme con ello.

Pasé el día muy nervioso. En la oficina casi no nos hablamos y viajamos por separado, llegando yo alrededor de una hora más tarde para darle tiempo a preparar todo. Aproveché tomarme una cerveza y comprarle una botella del whisky que le gusta tomar.

Cuando abrió la puerta de su casa quedé agradablemente sorprendido, nunca la había visto vestida de aquella manera. La encontré con un vestido estampado con flores que le quedaba muy bien. Tenía un escote generoso que dejaba adivinar el principio de sus pequeños pero bien proporcionados senos. Lucía sandalias con taco muy alto lo que le resaltaba aún más sus piernas.

La cena fue fantástica. Comimos, bebimos, hablamos de muchas cosas y nos contamos otras que en el trabajo no nos hubiéramos atrevido a decir. Al final -supongo que a causa del vino y de los whiskys que habíamos tomado- terminamos hablando de sexo. Fue en ese momento que pensé en lanzarme para ver cómo respondía.
Me levanté y me situé detrás suyo. Ella no dijo nada así que supuse que aceptaría mis intenciones. Lentamente apliqué un suave masaje en su hombros, que poco a poco fue descendiendo por su espalda. Me percaté que era algo que ella aceptaba de muy buena gana ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se iba acomodando en la silla.

Cuando vi que aquello iba en serio comencé un suave besuqueo por su cuello y los lóbulos de las orejas. Poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba que iba por buen camino. Mis manos pasaron de su espalda a sus costados y, siempre por encima de su vestido, acaricié sus menudos pechos, notando una creciente erección de sus pezones.

De repente sentí la mano de ella que subía por mis muslos hasta llegar a la entrepierna, donde una creciente excitación causada por las caricias mantenía mi miembro aprisionado en los pantalones. Poco a poco le fui sacando el vestido dejándola en ropa interior y pude observarle su cuerpo de piel blanca, tersa y suave.
Las caricias se hicieron más intensas y empezaron a recorrer toda su anatomía. Mis manos iban desde los pechos -ya le había sacado el corpiño- hasta su vientre y bajaban despaciosamente hasta acariciarle la rubia mata de su Monte de Venus, lo que le producía pequeños espasmos de placer.

Me interné en su entrepierna y noté una humedad que denotaba el estado de excitación al que estaba llegando. Paré unos instantes en su clítoris, notándolo hinchado y una pequeña caricia hizo que su cuerpo temblara de placer.

La di vuelta. Entre nosotros se había creado una atmósfera de placer y deseo que hacía tiempo no había notado. En esa posición ella aprovechó para desabrochar mis pantalones y dejar libre toda mi virilidad. Su s manos acariciaron mi verga produciéndome una sensación maravillosa.

El suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos, consiguiendo que por mi espalda recorrieran pequeños espasmos eléctricos.

Al cabo de un momento de este suave vaivén se inclinó y aplicando sus labios sobre mi pene empezó una delicada mamada. Su lengua recorría mi virilidad mientras sus manos masajeaban mis testículos, no podía creer lo que me estaba sucediendo. Vivía una situación inexplicable.

El efecto de la acción fue instantáneo: mi pija se hinchó hasta límites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, sintiendo cómo espasmos de placer empezaban en mi nuca y después de recorrer mi espalda llegaban hasta mi verga, que no paraba de ser atendida por los solícitos labios de ella.

Después de un instante la carga de esperma pugnaba por salir y, avisando de la circunstancia, asistí con estupor y placer a una más excitante succión que denotaba las ganas que tenía de beber mis jugos. No aguanté más y exploté en su boca. La leche rebosaba por sus labios, mientras me afanaba en evitar que no se escapara ninguna gota que con avidez relamía. Después de limpiar con la lengua toda la longitud de mi aparato y dejarlo reluciente se recostó en la mesa y reclamó mi atención, que inmediatamente fue puesta en práctica.
Todavía no la había liberado de su bombachita blanca, de encaje semitransparentes así que delicadamente se la fui sacando de a poco para que gozara más del momento. Tenía sus pezones erectos y desafiantes que rápidamente procedí a acariciar y lamer.

Mi lengua y mis manos sorbían y masajeaban sus carnes, haciendo que la excitación aumentara por momentos en ella. Después hundí mi cabeza en su entrepierna y noté que estaba toda humedecida. Los jugos se le escapaban de su interior y dejaban sus labios brillantes, labios que separé suavemente con mi lengua hasta dejar al descubierto el pequeño botón de su clítoris que se estremecía de placer en cada uno de mis lengüetazos.

Poco a poco, con suaves movimientos rotatorios de mi lengua, conseguí arrancar de su garganta suaves gemidos de placer que llenaban de sensualidad en lugar en que estábamos.

Mis caricias se prolongaron a lo largo de unos momentos, desplazándome de su concha hasta su ano en el cual estuve entretenido un tiempo. Los suaves gemidos se convirtieron en poco rato en grititos que intentaba ahogar mordiéndose el labio inferior. Sin embargo, mi trabajo obtuvo su premio y al cabo de unos instantes explotaba en un largo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se arqueara sobre mí.

Después de unas contracciones se relajó y se abrazó fuerte, susurrándome en la oreja, mientras me besaba delicadamente, que quería ser penetrada por lo que la tomé por el culo y, levantándola en vilo, coloqué mi verga en su entrada embistiéndola de una sola estacada. Noté como todos sus músculos se ponían en tensión y proseguí mi tarea mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía.

Cuando vislumbré que estaba a punto de llegar al climax me retiré y la tumbé sobre la mesa , dejando todo su culo a mi vista. Ella, intuyendo mis intenciones, se puso de rodillas y se acomodó para recibir mi pija sobre su negro orificio. Se lo besé para que estuviera más lubricado y suavemente fui entrando todos mis centímetros en su interior mientras ella susurraba palabras ininteligibles para mí. Cuando logré establecer en su interior mi pija, comencé un lento vaivén que nos llevó a los dos hasta límites insospechados de placer. Finalmente descargué mi leche dentro de ella y quedamos los dos tendidos uno encima del otro, agotados por la experiencia.
Poco a poco nos fuimos recuperando y después de unos momentos nos abrazamos durante largo rato y nos vestimos para despedirnos.

A la mañana siguiente en el trabajo no cruzamos ninguna mirada. La verdad es que tardamos varios días en volver a hablarnos. Sin embargo nuestra relación laboral ya se ha normalizado, aunque nunca más hemos hablado del tema, pero, en secreto, siempre deseo tener otra ocasión para poder volver a cenar con mi compañera ya que aún no me explico porqué después de tanto rechazo accedió a acostarse conmigo.

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Prendas / Segunda parte

Si, parecía que huía de mí, cuando segundos antes osó invitarme a un banquete de placeres en su nombre.

La respiración se colaba por mis oídos estruendosa, avisándome el cansancio, y no oía, no quería perderla a ella.
Esos cabellos oscuros volaban hacia mis manos impacientes, llamándome, pero no los podía alcanzar; y oía su risa de melodías…

Los senos bamboleaban contra mí, podía oírlos entrechocar con la piel mojada. Los aromas de mi propio cuerpo llegaban hasta mi rostro caliente, confundiéndose con los sentidos que percibían como jamás en mi vida.

Los pasos llenos de tierra y maleza se iban deteniendo de pronto, así como las risas de la mujer comenzaban a alejarse. Zigzagueaba con energía devastadora a la par que esos ágiles pasos se permitían mostrarme sus piernas pálidas como los mismos rayos lunares.

Pesada, deseosa… los miembros languidecían, el deseo me volvía ajena, lenguas y espinas de fuego aceradas se clavaban en mi entrepierna, lastimando mis carnes empapadas de sabores salados. Me detuve jadeante.

La respiración salía de mi garganta desesperada por encajar en algún recoveco del espacio a mi alrededor, cerré los ojos observando la hierba pintada por las sombras, tratando de buscar algún sentido en lo que yo creía era abstracto, por lo tanto, absoluto…

Desee mirarla para ver si se detuvo como yo lo había echo, y no estaba, desapareció continuando con ese macabro juego de seducción. Apreté las flores entre mis manos, frustrada, cuando sentí su presencia detrás, y al segundo unos brazos firmes rodeando mi cintura; contuve el aliento cuando ellos bajaron hasta mis manos, apresando las violetas entre las suyas y de esa manera enterrar sus dedos con los míos entre las piernas, juntando la completa humedad sostenida allí..

La agitación se mezcló con un enervante gemido que hizo eco en los árboles, despertando a la misma Afrodita de su trono secular; eché la cabeza hacia atrás dejándola descansar en su hombro frágil. Su aliento llenó mi oído a borbotones, la humedad de sus labios por momentos parecía tocarme, pero se contenía,; ¿por qué? me preguntaba, mis manos temblaban por rozarla, mi piel estaba en ascuas oscuras por tenerla… y ella nada hacía, sólo se afanaba en juntar las rías de flujo chorreantes de mis surcos…

Infinitos segundos tardaron aquellos labios en darse cuenta de mis ansias, entonces se corrieron hasta mi cuello, saboreándolo con la lengua espesa y ardiente.

Mis manos no esperaron, se dirigieron hacia sus nalgas desnudas debajo de esa prenda pegada a la piel, insoportable. Hundí mis uñas mordidas y desparejas entre las carnes flexibles, apretándola contra mi trasero en un urgente pedido de amor, al que la mujer respondió acariciando su mejilla contra mis cabellos sudados… El vello ensortijado de su peñón trenzaba su embrujo ya…

En un efímero instante la tuve en frente, el corazón dolía al latir contra las costillas, abriendo las puertas hacia otro espacio y otro tiempo.

Sus ojos café se clavaron en mis pupilas que ya ni recordaba el color, hablándome… tragué saliva; indicando febril a mis manos dormidas que se desprendieran de las ropas que obligaban a tardar en el acto de amar con desenfreno… Por fin logré privarla de lo que impedía verla en plenitud, arrojando en la hierba los restos.

Esos ojos, aquellos mártires de sensaciones quemaban sin dejarme pensar. Comencé a temblar intensamente, y al sentirlo ella tembló de la misma manera.

Las respiraciones se mezclaban entre el espacio que separaban nuestras bocas, mientras tanto sus pulcros dedos subían por mi cuerpo y me despojaban, me despojaban de todo.

Desnudas, solo pude apresarme contra esos contornos jóvenes  y perfectos.  Los aflujos de nuestros cuerpos se mezclaron cuales gotas sobre arena sedienta, pude sentir sus senos henchidos apretados a los míos sensualmente, y el calor me sumergió entera….

Vorazmente y sin aviso tragó mis labios en un beso sin precedente, bebiendo de mis carnes con abrupto placer, le di mi lengua y tomé la de ella en una furiosa danza de deseos, y el aire volvió a fallar…

Los cabellos se enredaban entre ellos, lo sentía pero poco importaba, las cabezas, en un fastuoso ritmo buscaban la manera de penetrar sin ninguna cautela. Sumergí mi lengua entre sus dientes delineando cada parte dulce de ella, y también mordí para saber si era real… ¿cómo sabía que mis flores eran las violetas?…quién era ella quedó delegado al olvido de mi razón maltrecha cuando con un jadeo sentí derramar su flujo en mi muslo, instalado cómodamente entre los suyos; colmó tanto mi ardor que no pude más que saborearlo con mis yemas sensitivas, y las enterré en la hendidura de sus nalgas prominentes embadurnando más su surco oscuro, y así yo mi piel.

Sentía el dulce jadeo ¿o era el mío?, quizás ambos… tampoco lo recuerdo…

Entonces despegué sin más mi boca para comer su cuello invitador, sí, la comía, era un manjar de los Dioses, toda mía. Rastreé su piel hasta dejarla enferma y dormida, hasta yo quedar exhausta.

La dulce batalla ahora la ganaban sus manos contra mis enredados cabellos    queriéndome mantener no se sabía donde, en todas partes, a la par de mis sentidos flagelados que buscaban la máxima intimidad con mi pubis.

Al fin los ígneos rizos se acariciaron con bienvenido beneplácito y me derramé temblorosa, mis carnes latían sin control embebidas en jugos ácidos al olfato…

Lánguidas esas manos me guiaron hacia donde requería mi entera atención; esas pulcras manos ganaron la batalla, claro; me bajaron lentamente y pude besar sus senos erguidos, lamiendo sus pezones coralinos, acaricié lacrimosa las aureolas celestiales y bajé a su vientre que mordí desesperada, ansiaba que hablara, pero sólo escuché gemidos hondos… y aún mis manos pintaban su oscuro paraíso…

Me conduje sola luego; la ambrosia pobló mis labios en una larga y profunda lamida; me hundí en ella con salvaje premura. Su abertura no cesaba de entregarme.

¿Cuánto más se podía llegar?, no lo sabía, sólo entraba y salía vertiginosa, sí…

Interminables jadeos excitados llegaban hasta mi cerebro, su cuerpo entero se apoyaba contra mí, sostenía a ese hada entre mis brazos como si fuera un cúmulo de nubes blancas y temiera verla partir. Mas se quedaba eternamente en ellos…

Su pequeña vulva cabía en mi boca y se convulsionaba, enseñándome la pasión que descubrí en su interior.

Degusté su preciado tesoro, todo fue mío en el precioso instante en el que el grito fue el culmine, exhalando  hacia la luna su liberación….

Los harapos fueron el lecho suave y perfumado de ambas en el Jardín secreto se sueños.

Descansó después sobre mis senos pequeños hasta que la respiración cesó en su agonía. La que duró poco, porque fugaz fue el sosiego de la pasión reinante en el trono de Afrodita.

Fui presa de sus deseos y salvajes caricias en el lugar donde fue su descanso, y más abajo explorando mi sexo con ansias, elevándome al cielo sobre su espalda suave y curvilínea.

Mis piernas se abrían en bochornosa ofrenda a las sapiencias viperinas de sus húmedos labios y lengua; la encerraba entre mis largas y febriles vigas perladas para no perderla, no cuando mi corazón latía furibundo al encuentro de su sola presencia….

No poseía alas, no era un hada, tampoco era poseedora de un nombre para gritarlo en el momento en que la pasión consumía….

Gotas de lava brotaban entre mis rizos flamígeros y mi simiente se pareció a ella misma, mi amante particular, que no tenía alas y que bauticé Hada Errante, Flor brumosa de mis  pezones ajados y sabia soberana bajo la piel de mi abdomen cuando esas mismas savias se complementaban una y otra vez sobre prendas que jamás volvieron a cubrir.

Esa noche el sueño fue mío, el sueño fue de ella, esa noche mi alma… la amó.

“Fue borroso, extraño entonces, como despertar de un letargo hiriente; la brisa soplaba suave y fresca y estaba sola una vez más, en aquello que decidí señalar como espesuras oníricas de intenso marfil y peñones de dulce sabor a fémina ardiente.

El “semen” corroía mis piernas, contenía su olor y el mío, pero nadie estaba allí, sólo algunos pétalos de violetas desparramados entre mis ropas desprolijas  y el pensamiento melancólico que persigue mis días.

Si mi alma y mi cuerpo en realidad… amaron a ese hada convertido en mujer alguna vez”

nereidaoceanida@yahoo.com.ar

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Mi primera exploración

Me llamo Alaín y tengo 20 años, yo nunca me había masturbado hasta que cierta vez decidí hacerlo. Estaba en período de exámenes y estaba muy cansada de estudiar, así que decidí bañarme porque me asaba del calor que hacía, así que decidí llenar la tina con agua tibia y coloqué un jabón líquido olor a lavanda, me desnudé y me sumergí en la tina. Me relajé y comencé a enjabonarme con una esponja de baño cuando recorrí los senos con ella sentí de pronto una enorme excitación y no pude detenerme la sensación era deliciosa, recorrí la esponja entre los muslos, el cuello, vientre y caderas para luego salirme de la tina y secarme. Fuí al cuarto y saqué un consolador y comencé a pasearlo por mis partes íntimas antes de insertarlo por mi vagina cuando lo inserté la enorme excitación me ahogaba y no aguanté más, me sacaba y metía el consolador mientras me tocaba el clítoris hinchado la sensación era deliciosa me dejé llevar hasta que sentí mi orgasmo llegar, me detuve, me saqué el consolador y fuí directo al baño tomé la ducha telefónica y coloqué el agua tibia para luego pasarme el chorro por mi clítoris la sensación era tan placentera que el orgasmo no tardó en llegar, era como dejar por un segundo de existir. Desde ese día lo llegué a hacer esporádicamente, incluso en una ocasión me tocó masturbarme con una amiga, me quedé durmiendo en su casa y estaba tan caliente que esperé a que se acostara para poder tocarme, mis débiles gemidos la despertaron y me preguntó enciendiendo la luz:

-¿Qué haces?

-Me masturbo.-le dije.

-¿Puedo ayudarte?

Yo accedí gustosa, ella se me acercó, metió la mano en mi cosita y empezó por acariciar mi clítoris hinchado suavemente, luego con la otra mano me tomó la mía y la llevó hasta su cosita y me dirigió para que supiera qué presión usar, empezamos suavemente y en la mitad cuando sentimos que llegaba nuestro orgasmo aumentamos el ritmo para luego acabar deliciosamente. Después de experimentar la masturbación, nos reuníamos en casa de ella para poder experimentar con el sexo oral pero ese es otro relato que luego contaré.

hera1984_8@hotmail.com

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