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La chica de los pechos pequeños

Está historia sucedió hace ya muchísimos años (hace 20 para ser precisos), pero aún hoy la recuerdo como si fuera ayer. Son esas cosas, que por más que pase el tiempo, no te vas a olvidar, porque te marcaron de alguna forma o porque pasaron cosas, que en ese momento nunca te hubieses imaginado. En fin, en esa época yo estaba saliendo con una chica hacía ya más de dos meses y aún no había pasado nada (nos tocábamos y esas cosas, pero no habíamos tenido sexo aún). No se si, porque yo era un poco lerdo o porque en esa época las cosas iban más lento. También es cierto, que no la teníamos fácil, ya que los dos vivíamos con nuestros padres, así que era difícil tener un momento de intimidad. Pero un día, cuando llegó a su casa, ella me recibe con una cara pícara y me dice que estábamos solos, porque los padres habían salido y no volverían por lo menos de acá a unas dos horas. Yo tampoco podía creerlo! De inmediato, comenzamos a abrazarnos y besarnos y fuimos así, caminado hasta el sofá del living de la casa y nos tiramos ahí. Comencé a tocar sus pechos por sobre su ropa y su cola (la mejor cola que he visto y tocado en mi vida). De a poco empiezo a meter mi mano por debajo de su remera y empiezo a sentir su suave piel. Mientras tanto ella me tocaba también por sobre mi pantalón la pija que ya la tenía durísima. Empiezo a sacarle la remera, y ella me ayuda quedándose en la parte de arriba, solo con el corpiño. Voy tocando sus pechos, por sobre el sostén y de a poco llevo mis manos hacía atrás para soltárselo, pero ella me las agarra y me detiene. Ahí yo pensé, sonamos no va a pasar nada!. Pero, para mi total sorpresa, me dice: “no me saques el corpiño, yo también tengo muchas ganas de hacerlo, pero me dan mucha vergüenza mis pechos, así que por favor no me lo saques”. Yo no entendía nada!. Si bien había notado cierta incomodidad cada vez que le tocaba los pechos, pensé que era porque quizás le parecía que estaba yendo muy rápido, pero nunca se me pasó por la cabeza, que pueda ser porque le avergonzaran. Si bien tenía unos pechos pequeños, nunca pensé que pudiera estar acomplejada por eso. Aparte siempre se mostró como una chica super alegre, que no se hacia problema por nada, con lo cuál esto realmente me sorprendió. Por otro lado, a mí siempre me parecieron muy sexys los pechos pequeños (no es que no me gusten los pechos grandes, pero los chicos siempre me llamaron más la atención). Me llevó un tiempo, poder salir del asombro pero apenas pude articular alguna palabra, le dije que no entendía el porque de su vergüenza y que a mi me encantaban su pechos. Ella no me creyó y me dijo que yo se lo decía para hacerla sentir bien, a lo cual yo le explique que tenía la pija que me explotaba y que era por sus tetas y que no había nada más en el mundo que deseara más, que verlas y tocarlas. Pero ella seguía incrédula y además me dijo: “es que aparte mis pechos son raros y me muero de la vergüenza”. Ahí yo ya no podía entender que era lo que pasaba, a que le llamará ella “raro”? y ya me había entrado la curiosidad por saber que era la cuestión esa que ella decía que convertía a sus tetas en raras. Yo le insistí que me moría de ganar por ver sus pechos y que no tuviera vergüenza que sean como sean, a mi me iban a gustar. Y bueno, después de tantas vueltas y sin estar muy convencida, por fin accedió y se desabrochó el sostén. En el momento que se lo sacó, me miró, con los ojos llenos de lágrimas y se quedó mirando atenta a las caras o gestos que yo hacía. Yo cuando los vi, no lo podía creer. En realidad eran raros como ella decía… o por lo menos yo nunca había visto unos pechos así. Eran bien pequeños, pero bien cónicos y el pezón empezaba desde la mitad del pecho. Es difícil de explicar con palabras, pero la verdad que eran extraños (o distinto a lo que había visto antes por lo menos). Pero me encantaron y se lo dije. Y se los empecé a acariciar, diciéndole que tenía unos pechos hermosos, es mas, que eran los pechos más lindos que había visto. Se le puso la piel de gallina, y se le erizaron aún más los pechos. Comencé a pasar mi lengua por todo el pezón y sentía como se le empezaba a entrecortar la respiración. Abrí mi boca bien grande dejando que entrara todo el pezón adentro y le succionaba suavemente uno y después el otro. Yo estaba con la pija dentro del pantalón, queriendo salir inmediatamente!. Y no aguanté más y me bajé los pantalones, dejando mi pija al descubierto, muy dura a punto de explotar y comencé a masturbarme, tocando sus pechos desesperadamente. Creo que no duré más de 10 segundos antes de estallar y llenar sus pechos de semen. Ella arqueaba su espalda, como para exponerlos lo más posible y yo le seguía acariciando sus senos, todos mojados. Después de un rato, sonriéndome, me dijo me parece que tengo que ir al baño a limpiarme un poco, y se fue para allá. Yo me subí los pantalones, y fui a buscar algo para limpiar, porque no solo había terminado en sus senos, sino que también había varias salpicaduras por el sofá. Cuándo ella vuelve del baño ya se había puesto nuevamente su remera. Yo la miré sorprendido, pues pensé que íbamos a continuar. Ella se dio cuenta de mis intenciones y me dijo que mejor no sigamos, porque ya había pasado más de una hora y sus padres podían volver y encontrarnos en una situación complicada. Y así fue, nos quedamos besándonos y acariciándonos hasta que llegaron sus padres. Al rato yo me volví a mi casa, sin poder creer, ni entender bien lo que había pasado. Por dentro me sentía un poco incómodo, imaginándome que podría estar pensando ella de lo que había pasado, ya que me había masturbado frente de ella, y la verdad es que me daba un poco de miedo que podría pensar ella respecto de eso. Debe estar pensando que soy un pajero! me decía a mis adentros. La verdad, las veces anteriores que había tenido sexo con otras chicas, había sido todo muy convencional y está vez es como si hubiera perdido el control y me había dejado llevar por lo que sentía en el momento. Así que me fue a dormir, pensando como lo habría tomado. Al día siguiente, a las diez de la mañana, me llama a mi casa y me saluda muy cariñosamente y me dice que estaba muy feliz y que quería verme… ufff y ahí me tranquilice un poco, ya que parecía que no le había parecido tan mal lo del día anterior. Es mas, días después me confesó que le encantó lo que había sucedido ese día, ya que no podía creer que yo estuviera tan excitado con sus pechos y que esa noche se había masturbado tres veces recordándome a mí acabando en sus senos. Así que este es solo el comienzo, de una de las mejores historias de sexo que tuve. Continuará…

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La profe y yo

hola, mi nombre es Jesus, esta historia me paso en el año 2004, entonces yo tenía 15 años, y me llevaba muy bien con una prefesora que estaba muy bien dotada; ella tenía muy be¡unas bubis, unas muy sabrozas nalgas, etc… era una mujer muy perfecta.

Un día, salí fui al cuarto donde se quedaba (iba a dejarle un encargo) cuando toque la puerta, salió a atenderme y me dijo ke pasara a su cuarto a charlar, yo accedí a eso, pero, ya se hacía era un poco tarde y yo salia de su cuarto para ir a mi casa cuando me dijo que me quedara en su cuarto a dormir porque era un pcco tarde, y yo accedía quedarme. Estavamos viendo su televisión, cuando, me dijo que si no me quería dar un baño, y yo le dije, pues no sé, y ella me contesto que mientras lo decidía, ella se iba a bañar, entonces, se empezo a quitar la ropa poco a poco, y se le vió su hilo dental y su hermoso brazier que me dejaba ver un poco de su increible pezón, y, sin pensarlo, le dije que me iba a bañar con ella, ella dijo que si, entonces me quite mi ropa, ella me ayudo, y cuando me saque mi pantalón, mi verga esta bien parada, y ella se empezó a reir.

Cuando nos bañamos, me dijo que le ayudara a tallarse y empezé con sus piernas, cuando llegue con su culo, mi verga se paró mas y al subir a su espalda, mi verga le rozaba el culo y eso le gustaba mucho, cuando le talle sus senos, con mucho cuidado, le acaricié los pezones, y esto hizo que se le pararan aún mas y entonces le empezé a frotar poco a poco mi verga en si panocha, entonces , me dijó, vamonos a la cama.
Salimos del baño, la seque y ella me secó, pero, cuando me secó, me empezó a besar la verga, y yo empezé a disfrutar ella me besaba super rico, sacaba y metía la lengua, y, con su lengua, me taññaba mi cabez del pene, y, de repente, empezó a frotar un poco de leche, eso le gusto mucho; cuando me tocó besar su panocha, mi lengua se la metía lo más que podia, y salian sus hermosas secreciones ue sabían super rico, acabando de meterle mi legndua en su panocha, me fuí poco a poco a lamer sus pezones, estos ya estaban muy duros, después me fui con su boca, y entonces le metí mi verga poco a poco, y ella empezó a sacar unos pugidos que eran muy sensuales, poco a pòco le fuí aumentando la velocidad has ta que empeze a sacar toda la leche que tenía y los dos llegamaos a un super orgasmos, entonces ella daba unos super pugidos que poco a poco fueron acabando a medida de que iba disminuyendo mi velocidad; pero ella no estaba satisfecha, asi es que cuando mi verga se hacía chiquita, ella (la profesora), me la empezó a mamar, y recuperó su forma, entonces, saco mi verga de su boca, y, la puso en medio de sus senos, fue ahi donde empezo a bajarme el cuero apretando mi verga en medio de sus dos grandes senos, yo disfrutaba tanto como ella, pero, eso fué lo ultimo, ya que salió otro poco de semen pero los dos estabamos cansados y nos quedamos drmidos.
Altoro día, me fuí a mi casa y de vez en cuando voy a su cuarto a platicar con ella.

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La historia con cualquiera

Hola soy carlos tengo 18 años y vivo en un pais subdesarollado en mi casa vivo con una trabajadora del hogar y ella tiene sus 35 años
ella es bajita de 1.60 masomenos se llama marisol.
Como les decia ella mide 1.60 masomenos es delgada pero si tiene un cuerpo bien formado siempre usa esos pantalones apretados y muchas veces escotes por el calor esos escotes le deja resaltar sus grandes senos y los pantalones apretados su buen culo ella es morena cabello largo lasio negro nos hemos hecho muy amigos en este poco tiempo ella me cuenta sus cosas confia en mi y todo eso jugamos de vez en cuando nos mandábamos indirectas caricias casuales que solo nos hacia sonreir resulta que un diaella estaba en la cocina preparando la comida y yo estaba en mi cuarto jugando en la compu como casi siempreen eso me fui a la cocina a ver que estaba haciendo marisol en eso llego a la cocina y la veo sentadita en un bankito que esta pegado a la pared ella vestia un pantalón apretadito color blanco y un polo pegadito tambien blanco que le dejaba ver sus grandes senos la quedo viendo y nos pusimos a charlar sobre algo sin importancia en eso me dijo que me acerque , que queria acomodarme el cuello de mi camiseta asi lo hice ella paso ambas manos alrededor de mi cuello y nos quedamos viendo creo que me acomodo el cuello pero no me soltaba en eso como jugando le doy un beso cariñoso en la punta de la naris y separo mi cara de la suyaella seguia con las manos alrededor de mi cuello pero me atrajo mas y esta vez le di un beso en los labios nos besamos apasionadamente mi lengua jugueteava con la sya por un rato , la empuje con furia contra la pared ahora ella seguia sentada en el banco pero con las piernas separadas y conmigo entre ellas me acariciaba tiernamente mi espalda subia y bajaba sus manos acariciándome cariñosamente luego empeze a besar su cuello a pasar mi lengua por el lado derecho del cuello bese y chupe suavemente el lóbulo de su oreja y sentia como ella se ajitaba sentia su respiración a la altura de mi oreja como pude me desise del polo pegado que ella usaba acariciaba sus tetas grandes y firmes a pesar que ella tiene 3 hijos bueno eso no me interesa yo hiva a lo mio a saborear ese par de melones le quite el sostén y empese a chuparle los pesones estaban rojos rojos como no se que eran tan ricos ese par de pesones y mi verga ya estaba dura recontra erecta y dura ella bajo sus manos y me bajo el cierre del pantalón y mi verga salto de su prisión ella empezo a acariciarla con ambas manos. Ahora yo estaba sentado en el banco me deshice de mi pantalón ella se inclino y empezo a chuparme la verga si supieran que bien la chupaba primero acariciaba el glande con su lengua jugaba jugaba después se metio todo el tronco que rica sensación lo mordia un poco no tan despacio para no sentir pero tampoco tan fuerte para causar dolor osea lo mordia un poco se lo metia y lo sacaba de su voca luego se puso de pie y se desabrocho el pantalón se lo dejo caer y empeseba a acariciarle las caderas mmmmmmm q ricas caderas las apretaba y la atraia hacia mi mientras le besaba y chupaba sus enormes senos chupaba los senos no solo los pesones todo todos los dos melones ella acariciaba mi cabello lo jalava un poco y acariciaba mi espalda desnuda me apretaba contra su pecho yo ya estaba desnudo a ella solo le faltaba desacerse de la tanguita ahora si estabamos parejos seguiamos besándonos y acariciándonos ella se acosto en el piso de la cocina y me acoste sobre ella empese besándole los labios el cuello segia bajando besándole los pechos me pase un rato mas saboreando sus pezones y ahora mordiéndolos un poco ella gemia no de dolor porque no los mordia tan fuertegemia de placer ese placer tan rico que solo yo le daba ambos estabamos calientes me entretuvecon sus senos un momento como ya dije y segui bajando pasando mi lengua por su estomago por su ombligo hasta que llegue a la concha estaba toda humeda y fue facil encontrarle el clítoris el cual succione y chupe absorbí ella gemia como loca casi gritaba del placer decia algo asi : ¡!!!!!Sigue mi vida sigue amor sigue papi!! Sigue sigeeeee!!!!!!!!!!! ¡!!!!!!!!!!Que rico!!!!!!!!!Que rico ¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!Mas mas!!!!!!!!!! Asi ahhhhhh!!!!! Haaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!Asi ¡!!!! Tirame tirame!!!!!!!!!!Asi yo seguia en lo mio ella jalaba de mi cabello no dolia a pesar que jalava con fersa hasta que porfin se vino en mi boca me tome todos sus liquidos tenian un sabor agradable un saladito especial me bebi todos sus liquidos ahora me dijo quiero que me des por atrás yo pense esta mujer no ha bisto un hombre hace años pero solo lo pense bien yo estaba a reventar asi que me relaje un poco dándole caricias hasta tener el control de mi verga nuevamente asi que ella se puso en 4 patas y yo empese a acariciar su culo a darle cachetadas sobandoselo y dándole cachetadas cada vez mas fuertes meti primero un dedo por el ollo de su clo después meti dos y luego 3 ella dio un grito pero me pidio casi suplicando que siguiera asi lo hice seguidamente me acomode ya cuando crei que su orificio estaba listo y le clave con todas mis fuersas ella dio otro grito pero de placer esta mujer goza con el dolor pense y empeze ese clásico movimiento del mete y saca estube asi por un momentoy ella se vino de nuevo un chorro que casi inunda la cocina bueno talvez exagero pero si fue bastante yo seguia en lo mio pero esta vez acariciaba sus senos y con la otra mano la sostenia en el ombro ya la notaba debil pero yo aun no terminaba seguia con parodi ella se acosto boca arriba en el piso y me dijo q la penetrara por la vajinaen posición misioneroasi lo hice mmmmmmmmm q rica sensacion apretaba bien fue el mejor apretón que me habiandado a mi parodi ella comenzo a gemir de nuevo y yo ya no aguantaba mas asi que me vine dentro de su vajina ahhhhhhhhhhhhella dio un grito y denuevo derramo sus luqidos sus liquidos se mezclaron con mi semen en el piso ya no aguantaba mas pues y ahí terminamos acostados los dos yo encima de ella ella me confeso que hacia un año su marido no le hacia nada yo solo escuchaba lo q me decia mientras jugaba con sus pezones y sus senos mientras la acariciaba y ella a mi ambos sudábamos estabamos cansados y agitados no nos podiamos poner de pie en eso suena el telefono y yo como sea me levanto y voy a contestar era su marido manuel asi que la llame marisol mari ven telefono asi le dije ella contesto bueno yo me fui a lavar estaba todo sudado y pues entro a la duche abro el agua fria luego el agua caliente cando de pronto se abre la puerta era ella seguia desnuda me puedo bañar contigo? Me pregunto yo accedi encantado le pregunte si queria que le jabone la espalda ella me dijo q si mientras lo hacia mi compañero de compañeros rosaba con s enorme culo y ella la muy ………… Jaja se apegaba mas a mi cuerpo me dijo no creeas que ya terminamos yo me sonrei y le pregunte ¿ a no? No mi vida manuel me dijo q hoy tenia el turno de noche en el trabajo y mis hijos estan de viaje en el pueblo asi que me quedare contigo ¿si puedo verdad? Claro que si le dije ahora que la veia bien ella no aparentaba su edad pero bueno era una ricura la seguimos en la dcha y esa noche fue mmmmmmmmmmmmmmm wow y desde esa vez cada que su marido trabaja por las noches ella se queda a hacerme compañía pero no solo me acompaña saben jajaen la segunda parte les contare lo que hicimos y hacemos hasta ahora si tienen alguna sugerencia o pregunta porfavor escríbanme a : escritor20@gmail.Com
ahora los dejo porque ya llego mari y me esta dando unos masajitos y me dice que su marido trabaja esta noche asi que no la voy a hacer esperar mas nos vemos a ya saben si kieren mandenme sus relatos chau

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Anita y yo en el auto

De repente ella suelta un grito dejándose caer sobre mi pene y yo soltando un leve respiro de alivio vacié mi semen dentro
Saludos amigos. Motivado por todos los relatos que publican aquí es que he decidido contar algo que me ocurrió a medidos de este año.
Todo partió cuando una noche chateando en un conocido chat de mi país, conocí a Anita una agradable señorita de 29 años, estudiante y ya separada años atrás. Por motivo de trabajo y estudios ella estaba en la Capital realizando ambas cosas. No me considero un tipo modelo, pero tengo mi gracia – según lo que dicen – tengo 27 años, mido 1.70, pelo castaño oscuro corto, ojos café, trigueño, contextura delgada, ella era de 1.60, delgada, pelo corto, y con un culo muy paradito y pequeños pechos, pero ricos.
Cuando la conocí por el chat hablamos tendidamente intercambiando correo y posteriormente hablando por MSN, donde también la conocí por foto y cam, después de un tiempo de conocernos (casi 1 mes ya) de tener diferentes conversaciones de nuestras vidas y algunas más íntimas, decidimos juntarnos. Yo recogería a Anita cerca de la casa donde estaba hospedando, así fue y quedamos ese día de invierno a las 9pm. Pasé por ella para conocernos personalmente, ya que antes nos habíamos visto por foto y cam. Ambos estábamos nerviosos, no decidíamos donde ir para estacionar el auto y conversar más directamente de todo lo que habíamos hablado anteriormente por el MSN, pues bueno busqué una plaza algo privada y allí estacioné el auto. Cuando todo iba encaminado (más de 1 hora) y después de acordarnos de todo lo que habíamos hablado, y de lo elevado de algunas conversaciones ella se acordó que deseaba que le mostrara mi ropa interior, llevando yo un boxer negro, así que después de un par de minutos allí estaba yo desabrochándome el cinturón y abriendo un poco el jeans (imagínense con eso ya estaba algo erecto mi niño) Anita miraba fijamente mi boxer y aunque no era mucho lo que se veía ella me pidió que abriera más mi jeans a lo que accedí. Instintivamente le dije: Anita, no quieres tocar… ella como por impulso puso su mano sobre mi boxer masajeando lentamente, después de un rato comenzamos a besarnos y ella seguía tocándome, pero cuando yo comencé a tocar sus pechos (a lo que no se resistió por sobre la ropa) ella metió su mano, bajó más mi boxer y sacó mi pene erecto fuera de su encierro… lentamente lo masajeaba sintiéndome mojado de a poco, mientras yo bajaba mis manos y las ponía dentro de su ropa y sobre sus pechitos que como dije eran pequeños, pero sus pezones muy grandes cuando se erectaban y duros..
Mientras ella seguía masturbando mi pene, cada vez más erecto (sintiendo como mi líquido pre-seminal comenzaba a mojar y lubricar más mi pene y la mano de Anita) nos besábamos muy apasionadamente, tanto que pasé una de mis manos de sus pezones erectos a acariciar ese rico culo el cual se veía muy apretadito en ese jeans… todo era excitante y cada cierto rato debíamos parar pues estábamos en una plaza no muy transcurrida (ya eran más de las 10pm), pero no faltaba quien andara en la calle a esa hora y nos podía ver – aunque sentir eso calentaba más la situación – ya cuando notábamos que nadie más pasaba por ser cerca de las 11pm, Anita bajó su mano y acariciaba a ratos mis testículos los que poco a poco iban acumulando mi semen.. Me bajó un poco más los jeans para estar cómoda con sus manos y yo tocando su rico culito… Pasó un rato y mis deseos de acabar estaban en mi mente, así que le dije a Anita que lo haría, ella me comenzó a masturbar más rápidamente y acabé de una, lanzando unos chorros en su coleta y sobre mi estómago… nos limpiamos, unos besos y regresamos para pasar a dejarla en su casa. Desde ese día nos llamamos en la semana, seguimos en contacto y nuevamente, al cabo de 2 semanas nos volvimos a juntar, la pasé a buscar, pero esta vez con otro rumbo.
Esta vez, me dirigí a un lugar llamado el Cajón del Maipo, un bello lugar cerca de la ciudad, donde por la noche el cielo se ve muy despejado y lleno de estrellas. Eran cerca de las 10.30pm e íbamos conversando, escuchando música, algunos besos locos en el camino y tocamientos…
Decidí detenerme después de casi algo más de 30 min en una calle no muy transcurrida, eran algo más de las 11.00pm y allí estamos en mitad de la nada escuchando música, besándonos como locos, cuando ella comienza a tocar mi entrepierna, al sentir esto mi pene comenzó a erectarse, comencé a tocar sus pechos, su culito y su entrepierna también… le desabroché el pantalón, tocando sus delgadas tangas negras que llevaba… sentía como estaba de mojada.. La tomé y al oído le indiqué que nos pasáramos al asiento de atrás donde estaríamos más cómodos… allí no aguanté, ella abrió mi pantalón bajó mi jeans y mi zunga, sacó mi pene y comenzó a masturbarme nuevamente, yo saqué completamente su jeans y sus ropas… dejándola casi desnuda para mi… mientras nos seguíamos besando, instintivamente le digo que deseo que me la chupe, ella como una esclava me escucha, baja su cabeza y sus labios a mi pene, lo toma con una mano masajeándolo y lo mete lentamente en su boca, dándome lengüetazos bajando y subiendo en todo el tronco de mi pene, también bajada a besar mis testículos que poco a poco iban llenándose… Ella seguía mientras yo comenzaba a tocar sobre tu tanga su conchita, la cual sentía mojada, hice a un lado el pequeño hilo que llevaba y lentamente metí mi primer dedo en esa húmeda cueva, ella se estremeció tanto que comenzó a darme una mamada más rápida, por lo que metí un segundo dedo para comenzar a gatillar su conchita.. Cuando no aguanté más le avisé, y yo caí atrás dejando salir mi semen acumulado sobre mi estómago. Ella también cayó atrás y se tocaba sus pequeños pechos..
Unos minutos después me abalancé sobre ella, besando sus labios primeramente, y luego bajando hasta sus pechos pequeños, pero ya duritos y mojando con mi lengua esas aureolas y sus duros pezones, dando pequeños mordiscos, ella gemía por el placer, tomó mi pene que comenzaba a recuperarse y lo masajeaba… después de unos minutos le dije que era hora de sentirme dentro, así que tomé un preservativo (en caso de guerra siempre es bueno andar con cascos) y me lo puso… la tomé la puse de espaldas a mi, yo apoyado sobre el asiento y ella sobre el asiento de adelante, puse mi punta a la entrada de su conchita y de una le dije que bajara ella sin más lo hizo y allí se montó sobre mi pene subiendo y bajando… mientras yo apretaba sus pezones, besaba su espalda y a ratos masajeaba su rico culito…
Después de un rato así en esa faena, mi pene no aguantó más, ella ya me indicaba que iba a acabar, de repente ella suelta un grito dejándose caer sobre mi pene y yo soltando un leve respiro de alivio vacié mi semen dentro, pero del condón…. ella extasiada al igual que yo se me acercó, nos besamos… y allí reposamos unos minutos… donde luego comenzamos a besarnos, tomé mi pene y nuevamente saboreó mis jugos y me dio una gran mamada… mientras lo hacía como por arte de magia por el espacio hicimos un 69 y yo lamía su conchita buscando su clítoris… como a los 10 minutos de todo eso, después de tremenda campaña acabé nuevamente sobre sus pechos y ella dejó salir sus jugos… descansamos, secamos y vestimos… y de regreso a la ciudad.
Desde esa ocasión, estuve una vez más con ella en la Pensión donde se había cambiado… alli fue otra historia..
Espero sus comentarios a mi correo haber que les pareció mi relato

Autor: Francisco – adn_x@gtdmail.com

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Recuerdos de estío

Me toco ir a aquella playa a rememorar aquellos recuerdos de aquel dia de estio donde sucedio aquel romance con unos meses de duracion, en el auto iba colandose los recuerdos de esos dias en mi mente que parecio durar una dulce eternidad y que aun perduran en mi cabeza. Llegue a una casa a las orillas de la playa donde impera la incontable arena y gobierna el mar, vestida con un vaporoso vestido color sangre que hacia ver las curvas de mis delicados pechos, asi abandone mi auto azul cielo para acercarme y adentrarme en esa casa en donde pase varios meses loca por un amor, entre a ese mundo que resguardaba intacto los recuerdos de una musa y un adonis que se amaron de maneras no conocidas. Todo estaba igual lo unico que se quedo dentro de la estancia fueron los olores a rosas y el sabor de la dulce fresa de varias noches, de varios dias. Me sente en un sofa a recordar cuando Christian llegaba con la camara filmando mi belleza, cuando yo por seguirle el juego colocaba una musica y como si la melodia se hubiera apoderado de mi cuerpo comence a bailar moviendo mis anchas caderas mirando de modo lascivo a Christian que seguia filmando con la camara mis movimientos seductores. A medida que lo evocaba mi sangre comenzaba a arder como fuego de la antorcha, los recuerdos ante mis ojos se materializaron en camison que revelaba mis pechos de color niveo que revelaba las curvas de mis caderas venusinas. Como si aquel riesgo de ser filmada aumentaba mi excitacion Christian lo logro aquella fascinacion malsana me encantaba y le hice senas para que me siguiera hasta la cocina. Abri la congeladora y saque una fresas y sin dejar de bailar me dirigi hasta la habitacion a continuacnion deje las fresas en el tocador y me despoje lentamente de mi camison para dejar al descubierto unos pechos jovenes y firmes, el camison como un objeto sin vida cayo de pronto, mis manos comenzaron a acariciar las fresas de mis pezones mientras mis bombachas de color negro noche se mojaba con mis fluidos que Christian deseaba ya saborear con su boca o con lo que el quisiera. De pronto dejo la filmadora junto al tarro de fresas y comenzo a besarme, a tocar mi cuerpo, luego empezo a besarme completa. Yo encima de mi cama empece a gemir, sentia sus labios recorrer mis senos, mi vientre, mis piernas, tomo la fresa del tarro del tocador y de pronto senti la fresa dentro de mi, luego froto el capullo de mi clitoris con la punta de la fresa y gemi de placer luego me dio de probar mis fluidos. Fue placentero sentir el sabor dulce de la fresa con la mezcla de mis fluidos. Llegara el momento en que Christian se de cuenta que mi deseo forma parte de un encanto momentaneo no me importa para nada. Lo unico que me importa es sentir la reaccion de mi cuerpo al ser acaricada por un hombre, dejo que el se encargue de tocar, nada de decirle:Toca por aqui, la intensidad es esta, aumenta o disminuye. Nada de eso, se moriria la magia por completo, sus dedos y lengua van por mis senos y deseo que vaya mas aprisa, dejo que se deleite. Yo le acaricio la espalda y luego apreto sus nalgas, toco sus piernas y el sexo de el reacciona, lo siento crecer, se levanta despojandose de todo quedando con el sexo afuera, alli acostada entra dentro de mi delicadamente, estando completamente mojada, estaba abajo con las piernas abiertas, el entraba y salia a su antojo, el me miraba yo lo miraba como enlanzando aquella magia, sus manos tocaban mi cabello, aumentaba y disminuia, el ritmo aumento y senti que el orgasmo de el o el mio llegaba tarde o temprano yo lo sujete con fuerza y el hizo lo mismo, los movimientos aumentaron y aquella ola placentera recorrio nuestros cuerpos haciendonos gritar. Christian se derrumbo sobre mi, yo acaricie su cabello y el me abrazaba y con la mirada me agradecia. Me levanto del sofa para dejar el recinto con los recuerdos intactos en aquella playa donde impera el mar y gobierna la incontable arena como estrellas hay en el cielo.

marialeja15@hotmail.com

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Volviéndome loca

Ustedes podrían decir que soy un poco vieja o que ya es demasiado tarde para aprender a manejar. Resulta que fue así como conocía al hombre mas sexy del mundo e increíble para hacer el amor. Nunca había visto a uno así, y todo esto comenzó el día de mi primera lección de manejo.

Cuando se estacionó frente a mi casa cierta tarde, ese dia jueves yo estaba mas nerviosa de lo que ustedes se pueden imaginar (recuerden aquellos días cuando estaban aprendiendo en la autoescuela). Pero inmediatamente me comenzó a dar confianza en esa primera clase. Tenía una voz increíblemente sexy que hacía juego con su posición de autoridad lo cual lo hizo casi irresistible desde el mismo momento en que dijo:

– Maneje!

Era uno de esos tipos de cabello gris, pero este no era un gris plateado, sino como de jóven. Normalmente no era fácil mirarlo a los ojos hasta que uno podía encontrar su mirada: los mas imaginables, de un azul intenso y me resultó difícil mirarlo directamente ya que sólo encontrarme con su mirada me dejaba sin aliento; era muy buen mozo y bonito.

Al principio estábamos muy tranquilos, bueno, yo muy concentrada en el manejo. Pero después de un rato me puse a conversar con él y pudimos relajarnos con la compañía de uno y otro y la conversación comenzó a fluir mas fácilmente. Me dijo que nunca se había casado y que siempre había sido soltero. Yo también le dije lo mismo. Esto lo hizo sentirse mas relajado con mi compañía. Puedo recordar el momento exacto cuando nuestra conversación pasó a ser mas que todo un coqueteo. Le mencioné que tenía un espejo grande en mi cuarto y él riendo se jugaba conmigo haciendo chistes algo groseros diciendo que le gustaría disfrutar todo lo que yo hacía frente a ese espejo con toda la “acción”. Entonces no pude evitar sentirme tan excitada y deseaba que siguiéramos así pero ya la lección había terminado. No lo niego: cuando llegué a mi casa tuve que irme a masturbar con mi consolador preferido imaginándome su duro huevo dentro de mi.

Así que ocurrió siempre lo mismo, semana tras semana; ambos jugando y echando broma sin compasión, cada vez mas directos en todo lo que hablábamos. El tema sobre el sexo siempre me ha excitado y ya me estaba volviendo loca con estas conversaciones. Por lo que había en el carro demasiada tensión y estábamos llegando al punto máximo. Pero el problema era que no podíamos hacer nada hasta que me hiciera la prueba de manejo final y así no se arriesgaba a perder su empleo. Esto me hizo ponerme extrañamente mas caliente.

Finalmente llegó el día de la prueba. Afortunadamente todo siguió de acuerdo con la instrucción y después que terminé el curso me dirigí al edificio a buscar el resultado del exámen,en donde sabía que me estaba esperando… parado afuera recostado contra la puerta. Esos ojos que penetraban en los míos, cuando le dije que había aprobado. No pude evitar abrazarlo al darle la buena noticia y sentí su respiración en mi cuello, rápida y caliente…nuestros cuerpos estaban muy apretados entre si y nada no separaba excepto la ropa. Por supuesto que sus compañeros de trabajo estaban muy cerca y aquí teníamos que simular mucho. Le susurré “gracias” en el oído y mis labios le dieron un besito en la mejilla a este instructor de manejo. De repente me di cuenta que el huevo se le estaba poniendo duro al sentirlo tan cerca cuando lo besé, por lo tanto, me retiré ligeramente para que no me abrazara tan fuertemente y volvía a mirar dentro de esos ojos azules increíbles.

¿Me llevas a mi casa? – le susurré en el oído. Parecía incapaz de hablar y sus labios se acercaban mas y mas a los míos. Uno de los amigos caminó hacia nosotros e interrumpió el momento: muy agradable, a pesar del poco tiempo que teníamos conociéndonos. Ya no había forma de detenernos, así que nos regresamos al carro y llegamos hasta mi casa guardando mucho silencio en el camino.

Cuando llegamos, le invité a entrar. No fue necesario convencerlo para que lo hiciera. En el momento en que la puerta se cerró tras de nosotros, me recostó contra la pared y finalmente el beso que había esperado por tantos meses estaba a punto de dármelo. Se detuvo tan sólo a milímetros de mis labios y suavemente susurró:

– Siempre he buscado este momento desde que te conocí – y luego, sucedió lo inevitable: el beso.

Sus labios se restregaron contra los míos, suavemente al principio, pero luego el deseo se apoderó de él y su lengua salvaje me separó los labios y se conectó con la mía. De nuevo sentía su huevo parado al rozar contra mi y el cual también me palpitaba en el estómago.

Luego no pudimos estar mas separados y literalmente nos rompimos las ropas entre si, todavía parados en el pasillo. No puse evitar rasgarle la camisa para abrírsela y mostrar su fuertes pectorales. Pasé los dedos a través del cabello de su pecho muy suavemente para luego apretar los pezones con la punta de los dedos. Luego me puse de rodillas y en ese momento se estaba aflojando la correa y los pantalones hasta que cayeron al suelo en donde con mucha habilidad se los quitó con los pies y también los zapatos y con un punta pié los echó a un lado. Yo por fin me le quedé mirando a ese huevo bien duro, con su dureza luchando para que lo soltaran de la tela que formaba sus interiores; eran unos boxers.

Metí la mano debajo de la goma de los interiores y lo toqué por primera vez, tembloroso, palpitante, como algodón cuando lo tocaban, pero bien duro al mismo tiempo, como acero. Ahora había llegado el momento de ocuparme yo misma: le baje la tela del interior hasta los muslos. Era muy bonito, con una diminuta gota de semen que apareció en la sensible punta del pene; levanté la vista para mirarlo y estaba recostado contra la pared con los ojos cerrados y una expresión de total brillo en los ojos.

Muy delicadamente le di un golpecito en la cabeza del huevo con la punta de la lengua; sabía delicioso y me puse a hacerlo yo misma: Me metía todo el huevo, todo el largo y grueso del huevo en la boca hasta que me llegó a la garganta. En este momento se quejó de placer, lo cual me excitó mas, asi que se lo mamé, lamiéndolo suavemente y hasta por la parte de abajo. Con una mano le daba manuela en círculos y con la otra sostenía las bolas pesadas y calientes en la palma. Luego suavemente presioné los dedos en la franja muy sensible que tiene detrás de las bolas para producirle un inmenso placer sensual: sus gritos se volvieron mas fuertes.

En ese momento la cuca la tenía tan mojada y abierta que el clítoris me palpitaba. Me rogó que me detuviera porque iba a acabar y yo no. Entonces me puse de pie y lo miré a la cara: no había dudas; tenía que pedirle que me penetrara. Sus pupilas estaban dilatadas con un brillo y me susurró:

– ¿En dónde queda tu cama? – Sin querer esperar mas lo jalé escaleras arriba hasta mi cuarto.

Caímos juntos en la cama besándonos salvajemente. Ya me había despojado de todas mis ropas pero en este momento trataba de quitarme el brasiere y cuando cayeron al sueltarlos, miró hambrientamente mis tetas. Mis pezones nunca se habían puesto tan duros; los alcanzó con la boca para chuparlos cada uno. Luego suavemente los mordió, lo cual hizo que se pusieran mas duros. Yo sentía como si me pasaran una corriente eléctrica por todo el cuerpo.

Vi cuando colocó un delicado beso sobre mi estomago y luego en medio de mis piernas. Por fin llegó a la cuca, ya estaba completamente llena de jugos pegajosos y me dijo suavemente: – Dios mio, si eres bonita!!

Delicadamente me separó los labios vaginales para respirar el perfume de mi cuca excitada. Luego con la punta de la lengua me acarició el clítoris. Todo el cuerpo se me encoge por el éxtasis y lo que era dolor me parecía agradable. Tenía los dedos enredados en su cabello de un gris sedoso mientras me chupaba el clítoris, metido en su boca. Con mucha destreza le daba golpecitos al clítoris por lo que me latía. Luego introdujo el dedo en el hueco, haciendo que tuviera paroxismos de placer. Movía sus dedos hacia arriba dentro de la cuca; nunca había sentido algo como esto y no pude evitar gritar cuando fluyó el primer orgasmo por todo mi cuerpo.

El se quejaba también ya que le gustaba esta sensación de hacerme acabar y beber mis dulces jugos. Me tomó cierto tiempo dejar de temblar y relajarme sobre las sábanas de la cama después de este orgasmo. Luego se subió desde su posición en medio de mis piernas hasta que se colocó sobre mi cuerpo para mirarme a los ojos. Nos miramos ambos profundamente y luego ocurrió lo que tenía que pasar: Primero, la punta del pene adentro y luego un grito cuando me lo metió todo. Me lo tragué todo cuando se metió por mi húmedo hueco. Sentía cada pulgada de él como temblaba adentro de mi vagina, bien metido adentro, por lo que ya éramos una sola persona. Luego se comenzó a mover, lentamente al principio; apenas se movía. Pero luego cuando aumentó el deseo comenzó a darme duro y mas duro. Levanté las caderas de la cama para soportar mejor sus empujes. Cada vez que me daba hacia adentro, tocaba mi punto “G” y pronto sentía que se me acercaba otro clímax.

Ya no era el caballero de suaves modales, aquel profesor, sino un animal. Me daba duro y mas duro y hasta me golpeaba hasta que ya no pude aguantar mas. Sentí cuando se puso tenso y las bolas que golpeaban contra mi se levantaban, poniéndose duras. Ahora si estaba cerca de acabar y el sudor de su piel caía en gotas sobre mi.

Hasta que por fin: ya sabía lo que vendría. Casi grita de éxtasis y este bello hombre que yo había deseado tanto y por tan largo tiempo perdió el control montado sobre mi, porque el momento nos llegó y le empezó a dar tan duro, arqueando la espalda hasta que la primera oleada de su orgasmo atravesó todo su cuerpo para llamándome por mi nombre a gritos, “¡Darlene, Darlene!”, y luego sentí que se puso tenso cuando el semen caliente se transformó en un chorro dentro de mi; tanto se había acumulado por tanta espera que siguió acabando y saliendo el semen, derramándose fuera de mi cuca por todas partes. Pude olerlo todo cuando la punta del pene estuvo en la entrada, y mi clímax nos abarcó a los dos para luego, como una sola persona quedarlos envueltos en nuestros brazos al caer cansados en la cama…cuando nos recuperamos me miró a la cara con dulzura, me dio un beso suave y me susurró al oído: – Gracias…

Autor: Marcos Urbina

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La más deseada, Jade

Estaba yo, un poco triste porque mi novia me había cortado en la azotea, un lugar al que íbamos a fajar y a ponernos bien calientes, me dijo que necesitaba tiempo y que Jade, (una amiga de ella que tenia 15 años) quería andar conmigo, y se veía que me quería mucho, yo baje un poco frustrado por no haber podido llegar a nada bueno con ella aquel día.

Me fui a caminar porque me había cortado y no me dí cuenta de que estaba caminando acerca de la casa de Jade, en eso me doy cuenta de que ella y unos amigos se dirigen hacia donde yo estaba, ella llevaba una falda bastante corta arriba de las rodillas y un top bastante provocador ya que transparentaban sus pequeñas pero excitantes tetas, cuando no ellos estaban cerca crucé la mirada con Jade, ella me llamo y me dijo:

-ven Angel, quiero hablar contigo

Yo como normalmente no me junto con ellos le dije que prefería estar solo un rato, pero ella sabía lo que pensaba de sus amigos y me dijo:

-no, yo decía que solo nosotros dos

– OK si vamos solos te acompaño

Curiosamente ella me llevo al depa de uno de sus amigos del cual ella guardaba una copia de llaves y empezó a decirme:

-mira Angel, la neta quiero que sepas que desde que te conozco me gustas mucho pero no me atrevía a confesarlo, pero hoy vas a saber cuanto te quiero

-en serio?

– si, en serio

En silencio me llevo a uno de los cuartos, en donde solo había un colchón tirado y las cortinas cerradas, cerro la puerta, me empujo hacia la pared y empezó a besarme apasionadamente, después de unos minutos yo estaba ya bien caliente y empecé a meter mano, primero bajo la blusa, sobaba sus senos duros, después bajo la falda, note que su tanga estaba húmeda, ella estaba excitada, me quito la camisa y me empujó sobre el colchón, caí tendido a sus pies, mientras contemplaba como se quitaba la blusa y dejaba al descubierto sus pezones, se me lanzo encima para seguir besándonos apasionadamente, ella tomo la iniciativa, empezó acariciando mi pene que ya no aguantaba mas y había permanecido erecto desde que entramos al cuarto, ella lo noto, lo saco del pantalón y me la chupo como nadie lo había hecho antes, enroscando su lengua alo largo de toda mi vara, no pude aguantar mas y le di el premio que tanto se merecía, mojé toda su cara con mi leche y ella lo relamía haciendo soniditos de placer, cuando termino se recostó a descansar un rato.

Decidí que eso no se podía quedar así , la levante y le levante la falda, empecé masturbándola con mis dedos, ella se retorcía respirando agitadamente, pero yo seguí sin inmutarme, después use mi lengua, cuando toque el clítoris con la lengua ella gimió pero sofoque su grito con un beso, comenzando otra vez a usar mis dedos, después de un rato de masturbarla, me decidí, saque los condones de mi pantalón y ella comprendió, me quito un condón, lo abrió y me lo puso delicadamente, luego se tendió en el colchón dispuesta a todo, yo me recosté suavemente encima de ella, antes de penetrarla mi pene rozó con su clítoris y ella casi se orgasmea en ese instante, empecé a meterlo despacio, me di cuenta de que era virgen porque decía:

-mas despacio, duele un poco.

Cuando por fin lo tuvo dentro, comencé el mete saca, cada empujón era asombroso, a ella después de un rato a ella ya no le dolía y gemía de placer, ella comenzó respirar más profundamente, en ese momento me vine, y me iba a detener pero ella gritó:

-No te pares, que te mato!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

-sigue, si, si, si, no pares.

Yo casi reventaba, no podía más, pero seguía empujando mi pelvis contra la suya, mientras lamía sus senos o la besaba y mis manos acariciaban cada parte de su piel.

Ahí me dejo saber de su orgasmo con un súbito y largo suspiro

-aahhhhhhhhh

Saque mi pene de su concha y avente el condón por ahí, ella relamió lo que quedaba del semen en mi pene y se recostó en mi pecho.

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¡Mis padres le vendieron mi virginidad a mi abuelo!

El día que supe que mis padres saldrían de viaje, no pude ni concentrarme para mis tareas escolares.

A mis 13 años era la primera vez que me distanciaría de ellos y creo que lo que mas me angustiaba, era el saber que estarían del otro lado del mundo. Hacia tiempo que soñaban con conocer el viejo continente y al final lograrían su ilusión de viajar 45 días a Europa.

Yo solo pensaba en que seria de mi sin pode hablarles, si necesitara algo y hasta me llegue a alarmar pensando en alguna desgracia. El lado bueno de todo aquello, es que me quedaría en casa del abuelo, a quien me gustaba ir a visitar, por ser muy consentidor conmigo, cuando llegaba a casa de el, claro, siempre acompañada de mis padres. Me contaba chistes, que contaba a la hora de comer, después hacíamos competencias de chistes y lo pasábamos genial.

El día de la partida de mis padres llego, y por más que les pedí que me llevaran, sus razones fueron mas de 10 para no hacerlo, decían que a mi edad no lo disfrutaría tanto y que ya tendría tiempo para viajar y disfrutarlo mejor, y que no podía faltar al colegio, además de que quien cuidaría a calcetín, nuestro perro. Aunque ninguna razón me convenció, tampoco pude hacer que me llevaran, así que llegue a casa del abuelo, quien me recibió mejor que nunca!

Seguramente mis padres lo habían alertado de lo inconforme que estaba y del miedo que me daba que se fueran tan lejos. Jugamos a las damas chinas, me dejaba ver en la televisión lo que yo quisiera, después cenamos y me mando a dormir temprano, no recuerdo a que hora, me quede dormida, solo recuerdo que me desperté después de mucho rato de querer hacerlo, pues tenia una pesadilla horrible, soñaba que mis padres se perdían en un lugar muy extraño y yo les quería gritar y no podía. Desperté llorando y vino mi abuelo a ver que pasaba.

Me abrazo y me tranquilizo y se acostó a mi lado diciéndome que mientras el, estuviese cerca de mí, no me pasaría nada. Me acostó de ladito, paso su mano izquierda por debajo de mi hombro y me rodeo con sus brazos muy pegadito a mí, llenándome de serenidad y me empezó a platicar cosas de cuando él era joven, para que me fuera durmiendo, cosa que logró.

Al despertar estaba muy abrazada de mi abuelo, nos levantamos y cuando estuvimos listos me llevo al colegio. Después mi abuelo paso por mi a la escuela y me llevo a comer hamburguesas y me compro ropa. Ya en la noche, después de una buena tarde en compañía de mi abuelo me fui a dormir, mi abuelo me dio un beso en la frente y me dijo, que si algo me asustaba no dudara en llamarlo. Se volvió a repetir mi sueño, como si abriera un libro y retomara la pagina en la que me había quedado, de inmediato sentí al lado a mi abuelo, quien con todo su amor volvió a abrazarme y a platicarme cosas que me fueron llevando a un sueño tranquilo.

No se cuanto tiempo pasaría, el caso es que volví a despertarme, pero esta vez con diferente sentimiento. Empecé a notar que las manos grandes de mi abuelo pellizcaban mis pezones, en la posición que nos habíamos dormido, me quede inmóvil, no di a notar que estaba despierta y espere que cesaran aquellos movimientos que me asustaban.

Jamás había sabido nada de caricias sexuales y el conocer todo aquello por manos de mi propio abuelo me dejo confusa. Sus manos pellizcaban y pellizcaban mis pezones, que yo sentía cada vez mas duritos y empecé a notar la respiración de mi abuelo casi en mi oído, de pronto me rodó, para que quedara boca arriba, seguí con mis ojos cerrados y como la habitación estaba a oscuras, sabia que el no podía saber si estaba despierta.

Sentí la mano de mi abuelo levantarme el camisón delgado y corto que me había regalado esa misma tarde y recordé lo mucho que se empeño en que eligiera este de entre muchos otros que llamaban poderosamente mi atención de esa tienda. Su mano empezó a recorrer mi cuerpo de niña y se metió dentro de la tanguita que venia en conjunto con el camisón, sentía como sus dedos me proporcionaban calor y como se incorporo un poco, para muy despacio, empezar a abrirme las piernas. Yo estaba muy angustiada, talvez debía despertar y enojarme, pero pensaba que no podía molestarme con la única persona, con la que me quedaban 44 días por pasar. Así que preferí fingirme dormida y esperar a que mi abuelo se fuera de ahí por si mismo.

— Que se vaya, que se vaya! Pensaba

Pero mi abuelo seguía, como invitado a continuar haciendo una fiesta de mi cuerpo sin estrenar. Cuando logro separarme bien las piernas, jalo el elástico de la tanguita y metió su mano en mi vagina. Primero sentí como que me apretaba y eso me llenaba de un placer, que yo no conocía, luego me sorprendí cuando sentí su dedo tocando detalladamente mis vellos pubicos aun escasos, recorriéndolos con mucha paciencia, así me tuvo un rato, hasta que empezó a meter un dedo dentro de mi colita. El placer lo hizo efervecer y me dio un beso en la boca y con deleite siguió metiendo su dedo, ahora pienso que me encontró mojada y eso lo enloqueció.

No paso nada más esa noche, creo que una vez que conoció todo mi cuerpo virgen, quedo satisfecho y subió las manos para abrazarme y dormirse, antes de que yo pudiera olvidar lo sucedido y conciliar el sueño. Al día siguiente yo no quería verlo, me tarde mucho en bañarme y explorando mi cuerpo, interpretando lo que mi abuelo me había hecho la noche anterior, por fin salí y el muy contento me preparo el desayuno y me llevo al colegio.

La siguiente noche no quise ver la televisión con él, y le dije que no se apurara, que ya no me daba miedo quedarme sola sin mis padres, que ya era grande y me iba a dormir tranquila, me dijo que le daba mucho gusto, se acerco a mi, me abrazo diciéndome que era una gran niña, que se estaba transformando en mujercita.

Me acosté sin ponerme el camisón, me puse mi pijama de short que siempre usaba en mi casa, como si el camisón que me compro trajera la maldición. Recordé las caricias de mi abuelo y sentí que él estaba ahí, tocándome de nuevo, me di la vuelta y me acosté boca abajo quedándome dormida casi de inmediato y creyendo que mi abuelo no entraría si yo no le daba motivo con mis pesadillas.

Pero mi abuelo ya se había encariñado con mi cuerpo de niña.

Y otra vez desperté a media noche sintiendo sus caricias, como me encontraba boca abajo, me metió la mano entre el short y desperté justo cuando sus manos se metían entre mis dos nalgas y recorrían esa hendidura posterior varias veces, me seguí haciendo la dormida y él, con movimientos ágiles logro llegar a mi ano. Jamás pensé que alguien quisiera tocar esa parte de la gente, pero ahí estaban los dedos de mi abuelo como friccionándomelo y me daban muchas ansias, sentir aquel movimiento, no se cuanto tiempo lo froto.

Hasta que abrió mis nalguitas e introdujo su dedo poco a poco mi colita. No podía moverme, sentía un profundo dolor en el trasero, mezclado con un intenso placer que brotaba de mi vagina a través de un liquido viscoso que mojaba mi entrepierna, mismo que cuando embarro sus dedos, le provoco una inmensa inquietud, que lo llevo a sobar con descaro mis nalguitas y a iniciar un mete y saca en mi anito, que me impidió seguir haciéndome la dormida, me di la vuelta suavemente, pero a pesar de abrir mis ojitos, mi abuelo no ceso de tocarme:

— Ay !!

— Sshhh, calla mi niña que te voy enseñar muchas cosa ricas que te van a gustar.

— No, que me haces abuelito? Quieres lastimarme?

— No digas eso, es solo que te vas a convertir en una mujer y nadie mejor que yo para enseñarte como.

No me dejo hablar mas y se apodero de mis senos apretándolos con fuerza, después me despojo de la pijama y pronto me encontré totalmente desnuda y a su meced. El prendió una pequeña lámpara de buró y contemplo mi cuerpo virginal, mientras se despojaba de su ropa, me asuste al ver el grueso tronco que se erguía cada vez más, al cual bautizo como “mi pase a la felicidad”

Se recostó a mi lado y manoseaba mis senos, piernas y nalgas. Lamió con lujuria desbordante todo mi cuerpo, desde la punta de los pies hasta los cabellos, mientras mi mente se revolvía de asombro y un exquisito deleite que nacía desde mi vulva y se fundía recorriendo todo mi ser y llenándome de un deseo incontenible de que no terminara.

Abrió mis piernas lentamente, después mis labios vaginales y comprobó con deleite que estaba mojada, aunque yo no me explicaba, porque aquel liquido no dejaba de escurrir entre mis piernas. Era tanto mi deseo de que mi abuelo siguiera mancillándome que me deshice de mis temores y accedí completamente a sus morbosos manoseos.

Él complacido con mi actitud se calentó muchísimo más y me acerco su tremendo falo, que también escurría un liquido transparente de la punta, y lo dirigió a la entrada de mi vagina, cada vez que lo deslizaba a lo largo de mi pepita yo sentía una especie de electricidad que me crispaba, no sabia que me estaba haciendo, solo deseaba que siguiera aunque sentí nuevamente temor cuando me dijo:

— Talvez te duela un poco! Pero va a pasar, no te asustes.

Ya no me importo, por inercia abrí las piernas al máximo mientras el se acomodaba entre ellas y pude sentir claramente como aquella verga se abrió paso entre mis pliegues. Cuando empezó el dolor automáticamente empuje las nalgas hacia atrás, para retirarme, pero él hizo lo posible por no separar su pene de mi vagina.

De pronto aquello se había convertido en un juego, en la que yo evitaba a toda costa que me la metiera toda, aunque gozaba cada vez que sentía la punta, y él tratando de metermela hasta el fondo buscando no hacerme daño.

— Espérate mi amor, nada más tantito, ahorita vas a ver lo rico que vas a sentir.

— Noo, me duele!

— Mucho?

— Sí !

— Va a pasar mi niña, déjame metertela poco a poco, vas a ver que rico es esto! Y no te gusta?

— Eh..

— Te gusta verdad? No quieres que me detenga!

— No.

— Ya vez? Entonces ayúdame para quitarte este dolor y convertirlo en el más delicioso placer que tu cuerpecito haya sentido.

Me quede quieta, y ahora se que en ese entonces, yo estaba muy caliente! Deseándolo, necesitándolo! Y el lo comprobó a través de mi humedad.

— Eso! Así que ricas estas, eres una princesa tienes unas nalgas deliciosas y unas chichitas muy grandes para tu edad, ningún cabron las va a gozar, solo yo! Que te he procurado y preparado para este momento.

— Ahh.

— Así mi niña, gózalo! Siente lo que es un hombre.

— Ohh.

— No te calles bebita, me excita escuchar tus primeros gemidos.

— Mmm.

— Ah que buena estas mi niña, solo una verga como la mía te hará disfrutar.

Solo supe lo que era una verga, cuando por fin fue deslizándola por mis paredes vaginales que cedieron, no obstante, el dolor una vez completamente penetrada. Comencé a mover las caderas hacia delante y hacia atrás por reflejo, pues el cadencioso ritmo me hacia gozar infinitamente.

— Ohh que bien te mueves chiquita, sabia que no me ibas a fallar, tu y yo! Vamos a seguir haciendo cosas muy ricas mi amor!

Finalmente entre mis gemidos ahogados y sus profundos jadeos, sentí un torrente que inundaba mis entrañas, al mismo tiempo que mi vulva dejaba escapar un tremendo orgasmo mezclado con mi sangre virginal.

En los días siguientes mi abuelo me cogió por el ano y realizo otras perversiones, que para una niña como yo fueron, su despertar a la sexualidad.

En cuanto a mis padres, ellos nunca volvieron, pero ya no me importo, aunque a veces no comprendo como pudieron mantener la farsa, de que ese hombre, que ahora es el padre de mis dos hijos no era mi abuelo, sino mi padre!.

Pues un buen día me entere de que yo no era hija de los que creía mis progenitores, sino una niña que fue abandonada en aquel lugar por el ama de llaves y que desde el momento en que el viejo lo supo, hizo un convenio con ellos a cambio de los ahorros de toda su vida, para que un día 13 años después me llevara a la cama.

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Daniela

Hola,me llamo Ronald y tengo 16 años, les voy a contar una historia que siempre me excita,sucedió con mi prima Daniela de 14 años. Para que tengan una idea mi prima es alta,de 1,70 maso menos, tiene un cuerpo espectacular,tiene buen culo y buenos senos,es de tez blanca,cabello rubio ondulado,y ojos verdes claros.

Yo tenia 15 años cuando pasó todo esto. Mi tia habia venido de Francia a Perú a pasar las vacaciones,y dependiendo si cosneguia trabajo o no se quedaba en este pais…Mi tia llegó con su hija Daniela,y se hospedaron en mi casa.Yo no habia visto ni a mi prima ni a mi tia en mucho tiempo,aproximadamente unos 11 años, y me gustaba la idea de tenerlas en casa,ya que siempre he estado en contacto con ellas por medio de internet y me caen muy bien, aparte daniela es casi de mi edad, nos llevamos muy bien y es muy bonita, y a mi me gusta parar obviamente con chicas asi, claro que en ese entonces no sentia nada por mi prima.

Mis padres trabajaban todo el día desde las 7am hasta las 11pm…y mi tia como buscaba trabajo siempre salia durante todo el dia, y yo con mi prima siempre nos quedabamos conversando en mi casa.

Mi tia consiguió trabajo,y tambien se mantuvo durante todo el dia fuera de casa..llegando muy tarde..asi yo y mi prima siempre parabamos juntos,y nos llevabamos muy bien, siempre queriamos estar juntos ya que nos entendiamos como hermanos.

Uno de esos dias me levante muy temprano y fui al cuarto de mi prima pensando que la iba a encontrar dormida,y queria despertarla para que me acompañe a entrenar basket. Mi sorpresa fué que cuando iba a entrar al cuarto escuche un pequeño gemido…me asomé a la puerta y pude ver como mi prima se masturbaba y entre sus chillidos oia mi nombre…eso me exitó mucho, podia ver como entraban dos de sus dedos en su vagina,y veia su rostro cada vez mas placentero.

Yo me hice el loco,como si no hubiese escuchado nada, y entré a su cuarto derrepente para encontrarla asi. Ella al verme se asustó mucho ya que pensaba que estaba durmiendo…aparte de asustarse por encontrarla masturbandose, estaba con roche ya que estaba totalmente desnuda.

Yo estaba apunto de estallar,ya que su cuerpo es perfecto,y era la primera vez que sentia ganas de tirarme a mi prima. Ella me dijo que porfavor no cuente nada, que lo hacia por primera vez y que queria experimentar que se sentía… en ese momento para aprovechar el panico,le pregunté que sentia al meterse sus dedos al coño, y me dijo que sentia mucho placer, y que era algo que no se puede explicar asi nomas… ella avergonzada me preguntó si yo me masturbaba y que sentia… yo le dije exactamente lo mismo…(ella todavia seguia desnuda) y le dije que si queria me masturbaba en frente de ella para que vea ,(no perdia nada preguntandole)… y para mi sorpresa respondió que sí… entonces me baje el pantalón,y saque mi gran pene que estaba tan duro como un tronco…al sacarlo ella soltó un “asu”….y eso me exitó aun mas….me comencé a masturbar… y ella miraba mi pene atentamente… le dije si ella queria cogerlo… y me dijo que si… le puse su mano en mi pene,y comenzo a moverlo… y yo cerré los ojos,y comencé a disfrutar….al poco rato,sentí mi pene mojado,y pensé que ya habia botado mi leche,al bajar mi cabeza, la veo en 4 patas,chupando mi tronco… con muchas ganas… yo reaccioné inmediatamente y le comencé a chupar los senos…y a meterle mis dedos por el culo…ella tambien gemia…comence a pensar en muchas cosas,y entre mis pensamiento confusos,escuchaba un “no pares… sigueee!… ohhh…”

al acabar de hacer eso…me propuso que la clavara… me dijo que queria sentir mi pinga dentro de ella…. yo excitado… la puse boca abajo..y me heche encima de ella… y comencé a saltar…ella gritaba muy fuerte… y me decia que le dolia un poco ya que era la primera vez que tiraba.,.. pero que siga ya que le gustaba mucho… yo ya estaba cansado pero seguia con la pinga parada… y decidí pasarle mi pinga por todo su cuerpo… ella me acariciaba los huevos… y yo le cogia los pezones… y con uno de mis dedos exploraba su gran vagina linda y virgen.

Despues de ese breve descanso…se puso boca arriba… y me dijo que la embarace…. yo un poco inseguro…. le dije que no… ya que era una responsabilidad para mi si pasaba algo….ella me dijo que me amaba y que queria que yo fuese el padre de sus hijos…y que en verdad queria sentir mi gran cosa dentro de su vagina humeda….

Yo como tambien la amaba de verdad… decidí hacerlo… y estuvimos por un largo rato en esa situacion, estuve dandole,por aproximadamente 15 minutos… fue una experiencia inolvidable… gemia como perra… no saben como estuvimos en ese momento… ella era la mujer mas rica que habia visto… y queria sentir mi pene dentro suyo! … yo estaba feliz… y estaba gozando tanto ella como yo….

Al acabar…todo esto..decidimos ser pareja…y practicar esto cuantas veces queramos y asumir las consecuencias….yo al solo hecho de parar con ella me exitaba porq no se imaginan que mujer es!….y cualkiera quisiera que ella le lamiera el pene….pero ella solo es mia….y solo goza por mi….escojan a sus primas….y haganselo…de hecho les va agustar…es un buen consejo…ellas esperan su pene dentro suyo….

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Sofia y Lurdes

Siempre he sido muy tímida e insegura, por lo que aceptar mi propia sexualidad en un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce no me resultó nada fácil. En mi casa, me sentía continuamente observada por mis padres, chapados a la antigua y con los que no podía comentar mis problemas; en el círculo de mis amistades, nadie me había dado nunca pie para hacer eso que hoy se conoce como “salir del armario”, y el miedo a un posible rechazo era tal que bloqueaba por completo mis ansias de desahogarme.

Por eso, cuando recién cumplidos los 20 años llegué a Madrid para estudiar en la universidad, un mundo nuevo de posibilidades infinitas se abrió para mí. De repente, me sentía libre, sin ataduras, sin padres o vecinos que me espiasen y se llevasen las manos a la cabeza si me descubrían en brazos de otra mujer. Y además, claro, estaba Sofía. Tan alta, tan rubia, tan sofisticada, con esas gafitas de pasta que le daban un aire tan intelectual y tan sexy. Sofía era todo lo contrario que yo: decidida, experimentada en el amor, desinhibida… Me enseñó cosas de las que yo sólo había oído hablar y que junto a ella me parecieron delicias propias de dioses; a su lado conocí la gran ciudad, con todas sus posibilidades y su increíble capacidad para que todo quedase en el anonimato.

También físicamente éramos muy diferentes. Ella era delgada, esbelta, con unos pechos menudos pero increíblemente tentadores, y unas piernas larguísimas que escondían un pubis que mi amiga llevaba siempre cuidadosamente depilado. Recuerdo que se rió mucho al ver mi desconcierto ante su sexo rasurado “Ay Lourdes, eres tremenda”. Yo me avergoncé un poco de mi provincianismo, de mi falta de mundo, sintiéndome como el patito feo del cuento, hasta mi nombre sonaba a santa, a inocente. Pero Sofía siempre fue muy cariñosa conmigo, y decía encontrar mi redondeado cuerpo sumamente voluptuoso. Junto a ella las vergüenzas desaparecían, mis inseguridades quedaban muy lejanas, y estar bajo su tutela y protección me parecía el más encantador de los destinos.

Así pues, Sofía se hizo cargo de mí con una sonrisa y me ayudó a descubrir el mundo y a disfrutar de una sexualidad libre y maravillosamente transgresora. A su lado conocí también la amistad, el amor y… lo que podríamos llamar el “lado travieso” de la vida. Es precisamente ese “lado travieso” el que quería contaros, aunque no sé muy bien por dónde empezar.

Recuerdo que acababan de cumplirse tres meses desde que Sofía y yo habíamos empezado nuestras relaciones. Habían sido sin duda los tres meses más intensos y maravillosos de mi vida y, aunque yo nunca había estado antes con otra mujer, estaba completamente convencida de que era imposible encontrar a nadie más especial y más enloquecedor que ella.

Aunque Sofía era sumamente delicada conmigo, llevaba siempre la voz cantante en nuestras relaciones sexuales. Ella era la que sugería, la que investigaba caminos nuevos, sabiendo de antemano que todo lo que me proponía me apetecería también a mí. Pero a las dos nos satisfacía ese estado de cosas: yo descubría un mundo nuevo y voluptuoso que nunca había esperado encontrar, y ella una joven inocente deseosa de aprender y experimentar cualquier cosa que saliera de su mente sensual e innovadora. Creo que no me equivoco si digo que las dos fuimos muy felices durante esos tres meses.

Uno de los rasgos que más me gustaban del carácter de Sofía era su natural alegre y espontáneo. Le encantaba tomarme el pelo, gastarme bromas, reírse cariñosamente del desconcierto que me producían cosas que para ella eran totalmente habituales. Frente a su experiencia de la vida, yo era un soplo virginal y puro, un copo de nieve todavía sin mancillar. Estoy segura de que eso le volvía a ella tan loca como a mí su sabiduría a la hora de recorrer cada centímetro de mi cuerpo.

En esas circunstancias, no fue de extrañar mi alegría cuando Sofía me propuso conocer a su grupo de amigas. Entrar en su círculo íntimo significaba ser una parte cada vez más importante de su vida, y por tanto estrechar aún más nuestras relaciones. Además, yo no había tenido muchas posibilidades de hablar con otras mujeres lesbianas en el pueblo, y poder hacerlo ahora bajo la tutela de mi amiga me pareció una idea genial.

La primera vez que las vi me pareció que sus amigas eran muy divertidas. Rondaban todas más o menos de la edad de Sofía, eran alrededor de siete u ocho años mayores que yo y gozaban del mismo espíritu desenfadado y extrovertido de mi amiga. Constantemente hacían bromas a mi costa, pero sin maldad y sin que ello me molestase en absoluto. Le preguntaban a Sofía dónde había encontrado una monada como yo, un diamante en bruto tan encantador y sin pulir. Hacían comentarios obscenos con los que yo me ponía colorada, provocando así un redoble de risas y chistes verdes. Aunque un poco cohibida ante ellas, la verdad es que estaba radiante de haberlas conocido y deseosa de encajar en su grupo, por lo que acepté de buen grado todas sus pullas y sus frases con doble sentido. Por su parte, Sofía parecía feliz y eso era motivo más que suficiente para que yo también me sintiese así. Pero había otra razón por la que yo deseaba participar en las bromas de sus amigas: cada vez que ellas me miraban y me piropeaban con aprecio, en los ojos de mi amante leía con claridad el orgullo y el deseo. Eso era más que suficiente para mí.

Por eso no dudé en aceptar cuando Paula, la más charlatana y fanfarrona, comentó un día que ya iba siendo hora de que me invitasen a una fiesta de pijamas en su casa.

-¿Una fiesta de pijamas? –pregunté divertida- pensé que eso era cosa de las películas americanas.

-Nada de eso guapa –respondió Olga, sonriendo como siempre- nosotras nos reunimos una vez al mes en casa de Paula y lo pasamos genial.

-Suena genial –comenté- ¿cómo es que nunca me habías dicho nada Sofía?

-Bueno –respondió ella haciéndose la interesante- la verdad, pensé que eras… demasiado convencional para ese tipo de fiestas.

No pude evitar ponerme colorada. Deseaba con toda mi alma ser una más del grupo, y el hecho de que Sofía me considerase demasiado chapada a la antigua, demasiado poco liberal para participar en algo que ellas encontraban tan divertido me hacía enloquecer de celos y de rabia.

-¡Nada de eso! –protesté indignada- yo quiero asistir a vuestra próxima reunión, si Paula me invita, claro.

-Por supuesto –me contestó ella- una preciosidad como tú está siempre invitada.

-Bien –dijo Raquel, la más guapa de las amigas de Sofía- pero si vienes tiene que ser con todas las consecuencias. Hay una serie de ritos que debes cumplir si quieres ser una de las nuestras…

-¿Ritos, qué clase de ritos?

-No la hagas caso, está bromeando –pero Sofía tenía la sonrisa de las grandes ocasiones que yo ya conocía también.

-¿Prometes cumplir con todas las normas del C.L.I.?

-¿C.L.I.?

-Club de las lesbianas inmorales –me informó Sofía.

-Parece divertido –reí sin poderlo evitar.

-No te rías –dijo Sofía- el C.L.I. es una cosa muy seria.

-Y absolutamente salvaje –apostilló Paula.

Por nada del mundo me habría perdido aquella extraña reunión, que a mis ojos aparecía ya revestida de la aureola mágica de los cuentos de hadas.

***

Cuando llegó el día de la fiesta desperté increíblemente nerviosa y excitada. Parecía una chiquilla que salía al mundo por primera vez, y es que en el fondo era eso lo que sucedía: tenía unos deseos inmensos de encajar bien con las amigas de Sofía, de que mi amante se sintiese orgullosa y satisfecha de mí, de divertirme y pasarlo bien. Durante demasiado tiempo había reprimido mi sexualidad y mis instintos, era hora de sacar todo lo que llevaba dentro, y por fin había encontrado un grupo de gente con el que podía ser yo misma, sin ocultar nada de mi interior con tantas veces había tenido que hacer en el pasado.

Estaba tan alterada que pasé horas ante el espejo intentando decidir qué ponerme. Quería estar perfecta, encantadora, e incluso llamé a Sofía para pedirle su opinión. “Es una fiesta de pijamas, no un pase de modelos” me contestó ella, y su risa me desconcertó muchísimo. Supuse que le hacían gracia mis nervios, mis dudas de muchacha del pueblo que hace una montaña de un grano de arena.

Sin tener nada claro lo que debía ponerme, opté por una minifalda que me hacía un culete muy redondo y que a Sofía siempre le había gustado mucho, y la combiné con una camiseta ceñida quizá demasiado provocativa, pero ya he dicho que quería gustar a todas las amigas de mi amante y que ésta pudiese decir con orgullo que yo era su chica. Ya estaba en la calle cuando tuve que volver sobre mis pasos; con las prisas, había olvidado el pijama. No sabía si en una fiesta de pijamas se usaba realmente el pijama, pero preferí no quedar como una estúpida y llevar uno en mi bolsa de dormir por si acaso. Como estábamos en verano, escogí uno muy ligero que me había regalado mi madre para que lo usase en Madrid y que todavía no había estrenado.

Por el camino, iba pensando en las amigas de Sofía. Primero estaba Paula, la anfitriona. Era una mujer alta y delgada, con el pelo corto muy negro cortado a lo chico, lo que le daba un aspecto bastante masculino. Era tal vez la que mejor me caía, pues tenía un sentido del humor agudo y sorprendente. Luego estaba Sonia, su pareja, una dulce y regordeta mujercita con un rostro siempre sonriente y encantador. Llevaban juntas más de cinco años y el grupo entero celebraba que al menos hubiese una pareja estable entre ellas. En secreto, yo tenía la esperanza de que pronto dijeran lo mismo de Sofía y de mí.

Raquel era la tercera amiga de Sofía, la más guapa. Tenía unos hermosos ojos verdes que me turbaban cada vez que me miraban. Además, había sido novia de Sofía, y eso me hacía sentir incómoda con ella. De algún modo, no podía evitar compararme con ella y, al menos desde el punto de vista físico, me temía que no era yo la que salía victoriosa. Realmente, Raquel era una mujer muy hermosa, y el pensar que sus labios habían recorrido el cuerpo de mi amada Sofía no me hacía especial ilusión.

Y luego quedaba Marga, la más joven quitándome a mí. Contaba apenas 25 años y era una chiquilla tímida y de pocas palabras con la que yo prácticamente no había tenido contacto alguno. Que yo supiera, ni Raquel ni ella salían con nadie en aquel momento, por lo que en la fiesta habría dos parejas, Paula y Sonia por un lado y Sofía y yo por otro, y otras dos mujeres solas. Pero era una fiesta para charlar y divertirse todas juntas, por lo que supuse que no se notaría quién iba acompañada y quién no.

Mientras caminaba buscando la dirección de la casa de Paula y me perdía como es habitual en mí, iba pensando en lo extraña que me había resultado la conversación telefónica que había tenido con Sofía aquella misma tarde. La había notado diferente, como si me estuviese ocultando algo. Pero al mismo tiempo parecía feliz, alegre como pocas veces, y en varias ocasiones tuve la sensación de que hacía esfuerzos para no echarse a reír. Conociendo su afición a tomarme el pelo y recordando cómo eran sus amigas, estaba segura de que alguna encerrona me tenían preparada, y cada vez me parecía más claro que esa reunión iba a ser una especie de rito de iniciación para mí, que ellas pensaban divertirse de lo lindo conmigo y que de algún modo yo iba a ser el centro de la fiesta.

Por si esto fuera poco, Sofía, que siempre me acompañaba a todas partes, me había puesto una excusa absurda y había quedado ya conmigo en el lugar de la fiesta, lo que me reafirmada en la idea de que alguna sorpresa me aguardaba. Aún así, como sabía que no había mala intención yo estaba dispuesta a colaborar con ellas. Si para ser una más de su grupo tenía que soportar que se hiciesen chistes verdes a mi costa y se riesen un poco de la recién llegada, yo sabría encararlo con elegancia y fair play, y estaba segura de que al final de la velada todas seríamos buenas amigas.

Pero, a pesar de todos estos razonamientos, tenía un extraño desasosiego cuando finalmente encontré la casa de Paula y toqué el timbre.

***

Paula me recibió sonriente y me dio dos húmedos besos antes de hacerme pasar. Tenía un apartamento pequeño pero muy coqueto, con un bonito salón donde mis nuevas amigas habían preparado una sangría fresquita ideal para combatir los rigores del verano. Cuando entré, todas me recibieron calurosamente. Un enorme cartel colgado de lado a lado del salón decía “Bienvenida Lourdes” y globos y serpentinas de colores daban alegría y ambiente festivo al apartamento. Sofía se acercó a mí la primera y me besó largamente en los labios mientras las demás la jaleaban divertidas.

No pude evitar ponerme colorada y a punto estuve de echar una lagrimita, tanta era la ilusión que me hacía ser aceptada por ellas. Así pues, habían preparado aquella fiesta en mi honor.

-Vas a ser la reina de la fiesta –me dijo Sonia dándome un abrazo- estamos muy contentas de tenerte aquí.

Más contenta y agradecida estaba yo, a pesar de que, según pude comprobar, era de largo la que más me había arreglado para la reunión. Las demás llevaban la ropa de todos los días, vaqueros y camisetas frescas, yo era la única emperifollada y colocada como para un evento especial. Aunque tuve que soportar varias bromas al respecto, me sentía de un humor excelente y me uní al grupo con muchas ganas de pasarlo bien.

Durante una hora bailamos al son de la música que Paula y Sonia nos iban poniendo en su viejo equipo de música y bebíamos una sangría dulce y fresquita que entraba con una facilidad pasmosa. Sofía me sacaba a bailar una y otra vez pero, como yo era la invitada especial, las demás se quejaban de que me monopolizaba, por lo que tuve que turnarme para bailar con todas.

Paula, Sonia, Marga, fueron pasando por mis brazos entre risas y vasos de sangría. Cuando llegó el turno de Raquel, no pude evitar un estremecimiento nervioso. Sus manos eran cálidas y suaves, y pensar que habían estado en aquellos sitios del cuerpo de Sofía que tanto me gustaban me producía una agitación extraña.

-Ten cuidado, estás bebiendo mucho –me dijo Raquel con una mirada enigmática.

-Sí, hace tanto calor…

Como siempre me pasa en estos casos, tuve pronto que ir al cuarto de baño. Paula me indicó el camino y por unos instantes abandoné la reunión. Pensaba que las amigas de Sofía eran las mejores del mundo y que había tenido una suerte inmensa de encontrarlas. No podía imaginar cómo había podido resistir hasta entonces en el aburrido y vacío pueblo donde me había criado; definitivamente, venir a Madrid había sido el mayor acierto de mi vida.

Ansiosa por reunirme de nuevo con ellas, volví al salón. Ya antes de entrar noté que algo raro estaba sucediendo, alguien había apagado la música y un extraño silencio reinaba en la casa. Estaba segura de que me tenían preparada alguna sorpresa, y si se creían que yo era tan inocente como para no imaginarlo estaban muy confundidas. Decidida a seguirles el juego y divertirme tanto como ellas, entré sonriendo y segura de mí.

-¿Qué es lo que…

No pude terminar la frase. Tuve que mirar dos veces antes de cerciorarme de que lo que veía era cierto, y aún así seguía sin poderlo creer: en mi ausencia, Sofía y sus amigas se habían quitado la ropa, y ahora cinco sonrientes mujeres completamente desnudas me miraban entre risas y gritos.

-¡SORPRESA! –gritaron todas a la vez.

-Pe… pero… -yo apenas podía articular palabra.

-Bienvenida a tu primera fiesta de pijamas… sin pijama –dijo Paula muerta de risa.

-Seguro que no te esperabas esto –dijo Sofía acercándose a mí y dándome un abrazo.

Era increíble tenerla desnuda entre mis brazos… mientras el resto de chicas nos observaban. Casi no me atrevía a mirar sus cuerpos desnudos. Fugazmente me fijé en que Paula estaba incluso más delgada de lo que parecía, mientras que su pareja, Sonia, resultaba mucho más apetecible sin ropa que vestida. En cuanto a Marga, era la menos agraciada de todas, tenía un cuerpecito menudo, casi de adolescente, y pensé que probablemente se sintiese un poco cohibida con aquella broma.

-¿Sorprendida?

Raquel se acercó majestuosamente a mí. Desnuda era incluso más hermosa, su cuerpo parecía el de una diosa, con curvas armoniosas y terriblemente provocativas. Aún así, yo creía que Sofía era sin duda la más atractiva de la reunión, y por un momento tuve celos de que las otras mujeres pudieran ver su sexo rasurado, sus pequeños y deliciosos senos, su culete duro que sólo a mí me pertenecía.

-Bueno… la verdad es que sí –tuve que admitir- si queríais algo impactante, lo habéis logrado.

-Bueno, basta de charla –dijo Paula mientras volvía a poner algo de música- aquí estamos para divertirnos, ¡todas a bailar!

-¿Vais… vais a bailar… en cueros?

No podía creer que la broma se prolongase tanto, suponía que querían hacerme pasar un mal rato, reírse a mi costa, y que luego todas se vestirían una vez logrado el efecto. Pero parecían decididas a seguir tal cual su madre las había traído al mundo.

-Por supuesto –dijo Sonia- es mucho más divertido.

-¿Cuándo habías soñado tú bailar junto a cinco mujeres desnudas? –me dijo Sofía tomándome de la mano y llevándome a la improvisada pista de baile.

Incapaz de reaccionar, me dejé conducir por ella no sin antes servirme otro poquito de sangría, ¡lo estaba necesitando! Todas volvían a bailar, sus pechos moviéndose enloquecidos y sus desnudas nalgas golpeando unas contra otras. Me debatía entre el deseo de cubrir el cuerpo de Sofía de las miradas de las demás, especialmente de las de Raquel, y el impulso imperioso de besar el sexo de mi amante. Al ser la única que iba depilada, Sofía me parecía incluso más desnuda que sus compañeras, y una parte de mí sentía celos, pues no podía imaginar cómo era posible que las demás no cayesen enamoradas a sus pies.

-¡Esto no es justo! –protestó Marga a mis espaldas- dijisteis que nos desnudaríamos todas.

Un repentino estremecimiento hizo que me flaqueasen las piernas. Ni siquiera lo había pensado, tan anonadada estaba por los acontecimientos, pero si yo iba a ser admitida en aquel pequeño y especial círculo… lo lógico sería hacer lo mismo que ellas. Un súbito sentimiento de vergüenza me invadió. Sofía era la única persona en el mundo que me había visto desnuda aparte de mis padres, y la idea de tener que quitarme la ropa y bailar en cueros como hacían todas hizo que me temblase la voz al responder.

-¿Có… cómo?

-Es verdad cariño –me sonrió Sofía de un modo encantador- ¿no querrás ser la única vestida, verdad?

-Bueno, yo… pensé que ahora os vestiríais todas… ya me habéis gastado la broma. Ha sido genial y…

-Nada de eso –dijo Paula- en pelotas estamos todas más a gusto… y todo se ve de otro modo –apuntilló mientras acariciaba uno de los grandes senos de Sonia, que rió feliz.

Yo estaba muy turbada, esas demostraciones de afecto en público no se me hubieran pasado nunca por la cabeza, y ver que el resto de las chicas apenas las prestaban atención provocó que por un momento me invadiese una indescriptible sensación de pánico.

-Es que yo –traté de protestar- nunca he…

-Vamos tonta –dijo Sofía cogiéndome de la mano- hazlo por mí.

Puso una cara tan encantadora, fingiendo que estaba a punto de echarse a llorar, que no pude por menos que besarla y dejarme llevar por ella.

Todas al unísono, las desnudas mujeres empezaron a jalearme y animarme para que me quitase la ropa. Yo estaba roja como un tomate, incapaz de tomar una decisión. Por un lado, me moría de vergüenza y hubiera dado cualquier cosa para que todas se vistieran y la fiesta siguiera por caminos más convencionales. Pero por otro, empezaba a darme cuenta de que no era ésa precisamente su intención, y el hecho de ser yo la única que permanecía vestida me hacía sentir especialmente ridícula. En efecto, en aquellas circunstancias era yo la que más llamaba la atención. Además, Sofía me miraba de aquel modo que me hacía imposible negarle nada, y yo estaba decidida a que mi amiga se sintiese plenamente orgullosa de mí.

Aún así, estaba tan aterrada y bloqueada que no me decidía a unirme a ellas.

-Vale, vale –me defendió Sofía- no la agobiéis, que sois unas brujas. Iremos las dos juntas a la habitación y os aseguro que Lourdes volverá con el uniforme especial del club de las lesbianas inmorales.

-Pero yo quiero ver cómo se desnuda –protestó Raquel.

-No seas tan radical –contestó Sofía seria- no está acostumbrada a tanto bullicio, dejadla en mis manos y os prometo que todo irá sobre ruedas.

Aunque yo ya casi estaba decidida a desnudarme allí mismo, agradecí la intervención de mi amante. La idea de ir desnudándome poco a poco mientras las cinco me observaban se me hacía muy cuesta arriba, desde luego prefería quitarme la ropa en privado y aparecer ya ante ellas tal cual vine al mundo.

Cuando Sofía y yo estuvimos al fin solas en el dormitorio de Paula y Sonia, el corazón me latía a mil por hora.

-Buena me la has jugado, ¡vaya fiestecitas montáis!

-Vamos, sólo se es joven una vez, ya verás cómo te diviertes.

Casi sin darme tiempo a pensar en lo que hacía, la propia Sofía me ayudaba a quitarme los zapatos y la blusa.

-Además –dijo- quiero que todo el mundo vea lo bonita que es mi novia.

Sus palabras me enternecieron de un modo que ni yo misma había imaginado. Era la primera vez que me llamaba así, y de repente sentí que haría por ella cualquier cosa que me pidiera. Anonadada por lo que acababa de oír, dejé que Sofía me desnudase sin prisa pero de un modo eficiente. La pequeña minifalda, mi top ajustado y las mínimas braguitas quedaron pronto en su poder. Cuando al fin quedé totalmente desnuda ante ella, Sofía acarició suavemente mis pezones, que de inmediato doblaron su tamaño.

-¿Asustada?

-Un poco.

-No tienes motivo, eres preciosa.

Sofía me besó con pasión y por un momento abrigué la esperanza de que todo fuese un mal sueño y que las dos pudiésemos entregarnos a satisfacer nuestros más ardientes deseos en aquella habitación pequeña pero acogedora. Pero rápidamente mi amiga me devolvió a la dura realidad.

-Yo me encargo de tu ropa –dijo mientras metía todo en una bolsa- no sea que luego no encuentres algo.

Estaba tan nerviosa que apenas prestaba atención a lo que me decía. Las piernas parecían negarse a sostenerme mientras intentaba armarme de valor para volver al salón junto a Sofía.

-Espera aquí un momento –me dijo ella acariciándome la barbilla- voy a apaciguar un poco a esas lobas, no quiero que se ensañen contigo.

-¿Qué… qué vas a decirles? Yo prefiero salir contigo y…

-No te preocupes, confía en mí, simplemente quiero preparar un poco el terreno, que sepan que esto es difícil para ti y que no sean malas. Ya verás cómo a los cinco minutos te olvidas de que estás desnuda.

Dándome un último beso, Sofía me dejó sola y regresó junto a las demás. Con el oído en la puerta, pude oír voces que cuchicheaban y risitas ahogadas en el salón. Supuse que mi aparición iba a ser jaleada con gritos y piropos, y deseé terminar cuanto antes con aquello. Estaba segura de que, como había dicho Sofía, una vez pasado el apuro inicial todo resultaría sencillo y natural.

-¡Lourdes! ¡Cuando quieras!

La voz de Sofía me sacó de mis ensoñaciones. Sin pararme a indagar por qué no venía a buscarme para salir las dos juntas, apelé a toda mi fuerza de voluntad y salí de la habitación. Notaba un sudor frío recorrer todo mi cuerpo y tenía que resistir la tentación de cubrir mis partes pudendas con las manos. Jamás en mi vida había estado tan nerviosa y asustada pero, al mismo tiempo, por debajo del pudor notaba una excitación que tenía un toque innegable de voluptuosidad. Iba a estar desnuda junto a Sofía, las dos íbamos a bailar juntas en cueros, ¡jamás habría podido imaginar que viviría algo tan excitante!

Cuando llegué al umbral de la puerta del salón, el silencio era absolutamente sobrecogedor.

-¡Vamos! –rió una voz- estamos impacientes.

-¡Me da vergüenza! –grité con una risa nerviosa.

-Si no sales tú, voy yo a buscarte –dijo Raquel con una voz que me asustó.

Haciendo un esfuerzo supremo y conteniendo la respiración, me dispuse a hacer mi entrada triunfal, cerrando los ojos como cuando era niña y tenía miedo y usando mis brazos para caminar a tientas, incapaz de mirar lo que había a mi alrededor.

-¡Guau! –oí la voz de Paula- tienes buen gusto Sofía.

-¡Vaya que sí! –se unió Raquel- ¿dónde has encontrado esta maravilla?

Yo seguía con los ojos cerrados, contando los segundos que pasaban y deseando que su inspección terminase pronto y poder así unirme a ellas para continuar la fiesta del modo que fuese pero como una más.

-Pero abre los ojos –dijo Sonia, y de algún modo me sorprendió que se echase a reír antes de terminar la frase.

Entonces, instintivamente abrí los ojos, miré a mi alrededor y… quedé totalmente aterrada: ¡yo era la única que estaba totalmente desnuda! En efecto, las amigas de Sofía habían aprovechado nuestra ausencia para volver a ponerse las ropas que tenían al principio de la fiesta, y la propia Sofía se había vestido rápidamente después de dejarme sola.

Apenas daba crédito a lo que veía, las cinco se reían alborozadas mientras yo intentaba cubrir mis voluminosos pechos con una mano y mi espeso vello púbico con la otra. Poco a poco la luz se hacía en mi aturdido cerebro y comprendía la broma que aquellas juguetonas mujeres me habían reservado. Sofía me conocía bien, y sabía que la única manera de conseguir que me quitase la ropa era ponerme el cebo de que lo harían todas.

De repente, la tortilla se había dado la vuelta y ahora era yo la única en cueros. Otra vez destacaba y me sentía ridícula, pero ahora me parecía que mi situación anterior era muchísimo más halagüeña.

A punto de echarme a llorar, colorada como un tomate, miré furiosa a Sofía.

-¡Eres…! ¡me has engañado!

-Vamos cariño, no te enfades –dijo viniendo hacia mí- estás preciosa, y reconoce que ha sido divertido, tenías que ver la cara que has puesto.

-Pero nada de taparse, así no vale –Marga parecía una mosquita muerta, pero ya estaba empezando a fastidiarme.

-Marga tiene razón –dijo Raquel- queremos verte bien, tú antes nos has visto a nosotras, es lo justo.

-Pero –traté de retroceder- es… trampa…

-Jiji –rió Sonia- lo siento encanto, pero si quieres entrar en el club, hay que pasar algunas pequeñas pruebas, ya te avisamos.

-Venga Lourdes –me animó Sofía- no seas tonta. Deja que vean lo hermosa que eres y que se mueran de envida por la novia que tengo.

Otra vez Sofía usaba la palabra novia, y ahora delante de todas sus amigas. Era algo que me daba un increíble calor interior, que me hacía desear ser “suya” a todos los efectos. Además, yo estaba dispuesta a ser aceptada, y supuse que aquel era el extraño modo que tenían de hacerme entrar en su círculo. Por otro lado, no sabía dónde estaba mi ropa, y conociendo a Sofía no tenía muchas esperanzas de que me la devolviera antes de tiempo. Supuse pues que sólo tenía una opción: dejar que me viesen a sus anchas y recuperar así mi ropa cuanto antes.

Dejando escapar un suspiro de resignación, dejé caer de nuevo los brazos a mis costados y permití que las cinco mujeres recorrieran con sus miradas cada centímetro de mi cuerpo. Al instante, los silbidos de aprobación y los piropos resonaron en el pequeño saloncito, mientras yo intentaba sonreír colorada como un tomate pero un poquito halagada ante sus inequívocos gestos de aprobación.

-Vaya vaya, ¡qué pechos! –decía Paula- justo como a mí me gustan, grandes pero firmes como rocas.

-Y va sin depilar –apuntó Sonia- pensé que la harías rasurarse igual que tú.

-Ni pensarlo –respondió Sofía- en la variedad está el gusto, y a ella le queda genial ese pelo negro tan rizado.

-Date la vuelta que te veamos por detrás –pidió Raquel- a ver si la vista es tan agradable como de frente.

Increíblemente nerviosa, me di la vuelta y dejé que mis nalgas fuesen entonces las protagonistas del espectáculo.

-Fiiiiiiiu –silbó alguien.

-Tienes un culo precioso –dijo Paula- redondito y respingón. Sofía, te felicito.

-Gracias –respondió complacida mi… novia- ¿os gusta entonces?

-¿Que si nos gusta? –dijo Raquel con ese tono suyo que siempre me ponía tan nerviosa- si te cansas de ella no te importará que me la quede.

-¿Cansarme?, no creo que eso vaya a pasar.

Las palabras de Sofía me volvían loca de excitación, hasta el punto de que había conseguido que la perdonase la penosa prueba por la que me había obligado a pasar.

Pero todavía tuve que soportar durante unos minutos más su pormenorizado análisis de mi desnudo cuerpo mientras los piropos y los requiebros acompañaban a las expresiones de alegría. Por fin, mi tortura parecía llegar a término.

-¿Qué tal un baile para celebrar la llegada de un nuevo miembro? –gritó Paula mientras volvía a conectar el equipo de música.

-¡Estupendo! –dijo Sofía- yo quiero el primer turno.

Y viniendo hacia mí me cogió de la mano y me arrastró de nuevo al centro de la pista. Yo estaba sumamente desconcertada, mi prueba había terminado, ¿pretendía Sofía que yo bailase en el traje de Eva?

-Pero… -traté de protestar- ¿cuándo vas a devolverme mi ropa?

-¿Tu ropa? –la expresión burlona de mi amante no me gustó nada- pero, cariño, hoy no creo que vayas a necesitarla.

-¿Acaso no estás más cómoda así? –me preguntó Sonia sonriente- aquí hace un calor de muerte.

-Sí… pero… -no podía creer lo que estaba oyendo- ya me habéis visto, he hecho lo que me pedíais, ¿no vais a dejar que me vista?

-NOOOO –gritaron todas al unísono.

-Ya te dijimos que hoy eras la invitada especial, la protagonista. Y la protagonista debe brillar como una reina con toda su belleza.

El pulso me latía acelerado y notaba que me costaba respirar. Empezaba a darme cuenta de lo que pretendían. No se trataba tan sólo de una pequeña prueba, algo rápido y sencillo. Para bien o para mal yo iba a ser el centro de la fiesta… y ésta acababa de empezar.

-Al menos –gasté mi último cartucho- podríais desnudaros todas. Así lo pasaríamos…

-Ni pensarlo –rió Sofía mientras ponía sus manos en mis caderas y empezaba a bailar a mi lado- ésta es tu noche. Vamos, olvídate de todo y trata de disfrutarla. Dentro de muchos años la recordarás como algo muy especial, te lo aseguro.

Sin poder creer lo que hacía, como en un sueño en el que fuese simplemente una espectadora, me dejé llevar por mi amante y empecé a bailar a su lado… totalmente desnuda entre cinco lesbianas vestidas. Afortunadamente, todo el mundo parecía haberse olvidado un poco de mí, como si la fiesta recobrase su pulso normal y nada extraño estuviese sucediendo.

Animada por un nuevo vasito de sangría que Sofía me ofrecía, intenté aceptar la situación y disfrutar de ella. Al fin y al cabo, bailar desnuda junto a ella vestida me parecía algo realmente sexy. Como ella era bastante más alta y yo iba descalza, mi cabeza quedaba casi a la altura de su hombro y de vez en cuando ella se inclinaba y me besaba en los labios con dulzura y deseo.

Tras un par de improvisados bailes, un pequeño pero innegable sentimiento de voluptuosidad se abría paso por mi cuerpo. Aunque seguía muerta de vergüenza, no podía negar que había un toque perverso y sofisticado en lo que estaba sucediendo. Sin duda, estaba siendo la noche más erótica y sensual de mi vida, y de algún modo Sofía tenía razón al decirme que la recordaría durante muchos años.

Pero no era Sofía la única que quería bailar conmigo. Una por una, tuve que bailar con todas ellas, y el movimiento oscilante de mis senos desnudos fue elogiado una y otra vez por cada una de mis compañeras de baile. Por todas menos por Raquel, cuyos ojos despedían un fulgor extraño que no supe interpretar. Era como si… se sorprendiera de mí, tal vez nunca habría creído que yo fuese capaz de seguir adelante con aquello. Por mi parte, yo estaba agitada y sobrepasada, incapaz de decidir si deseaba salir corriendo de allí o prefería que aquella noche increíble no terminase nunca.

Anochecía ya cuando Sonia propuso hacer un descanso para cenar algo.

-Me muero de hambre, ¿qué tal si encargamos unas pizzas?

-Genial, yo me encargo de llamar –dijo Raquel.

Todas se sentaron a descansar en los viejos pero cómodos sillones de Paula. De repente, no sabía qué hacer, me sentí nuevamente ridícula, allí en medio en cueros delante de todas.

-Ven –me dijo Sofía- siéntate a mi lado.

Mi chica me hizo un hueco junto a ella y yo me senté dócil y todavía incrédula.

-Supongo que me dejaréis vestirme para cenar.

-De ningún modo ricura –contestó Paula- yo no contaría con ello.

Todas se rieron y yo me resigné a seguir en tan delicada posición. No podía dar crédito al desarrollo de los acontecimientos ¿cómo podía Sofía exhibirme de aquel modo ante sus amigas? Antes, cuando todas se habían desnudado a la vez, la cosa era graciosa, simpática. Pero luego, el tenerme a mí sola en pelota picada… me parecía una situación sumamente morbosa. Desde luego yo no hubiera permitido que ella se mostrase como su madre la trajo al mundo delante de esas lobas en celo. Sin embargo Sofía parecía encontrarse a sus anchas poniendo los encantos de su novia a la vista de todo el mundo, e incluso se permitía acariciarme las rodillas con sus manos cálidas y suaves, provocando de paso en mí un leve desasosiego. Al fin y al cabo, ya he dicho que, por debajo del pudor que me producía mi humillante situación, una innegable excitación empezaba a hacer presa en mí.

-Ya están encargadas las pizzas –dijo Raquel mientras colgaba el teléfono.

Nos habíamos sentado todas juntas en un par de sillones que Paula y Sonia habían colocado en un ángulo del salón para dejar espacio libre para el baile. En el más grande, Paula, Marga y Raquel se habían acomodado justo frente al nuestro, donde Sofía seguía acariciando mis rodillas sin importarle que las demás la vieran. En cuanto a Sonia, había acercado una silla y la había situado en medio de los dos sillones.

-¿De verdad no vamos a dejar que se vista esta ricura? –preguntó Sonia mirándome casi con ternura- creo que lo está pasando fatal.

-No seas tonta –me animó Paula- estás encantadora, deberías ir siempre desnuda.

-Yo creo que tendría que hacer algo especial, algo más difícil para ser admitida en el grupo.

Las palabras de Raquel me sobrecogieron ¿algo más difícil? ¿Le parecía poco la prueba a la que estaba siendo sometida? Dejar que me viesen desnuda había sido duro, pero continuar la fiesta de aquella manera era algo inconcebible para mí. De repente, noté que las manos de Sofía subían por la cara interna de mis muslos. Poniéndome colorada, apreté las piernas y traté de reprenderla con la mirada sin que las demás se diesen cuenta. Pero su mano quedó aprisionada entre mis muslos y Sofía no tenía ninguna intención de retirarla de allí.

-¿Algo más difícil? –preguntó Marga- ¿qué se te ocurre?

-Vamos chicas, sed buenas –me defendió Sonia compasiva- ya nos hemos divertido, tal vez podíamos dejar que se vistiera, mirad qué carita pone.

-De eso nada, dijimos toda la noche –Raquel me miraba de un modo que no me gustaba nada, como si de repente aquella hermosa mujer… sintiese celos de mí- ¿qué os parece si recibe ella al chico de las pizzas?

-¿Yo? –pregunté alarmada- no por favor…

-Vamos Raquel –contestó Sofía mientras seguía acariciándome los muslos- te creía mucho más imaginativa. Alegrarle la noche a un pobre pizzero no me parece una cosa muy audaz.

-Tal vez tú tengas una idea mejor para sorprendernos –contestó Raquel con unos ojos que despedían veneno.

-¿No es suficiente lo que Lourdes está haciendo? –preguntó Sofía con voz melosa y aterciopelada sin interrumpir sus caricias.

-No sé –fingió indiferencia Raquel- como siempre te las das de audaz y transgresora, pensé que te las arreglarías para hacer que esta noche fuera inolvidable.

-Creo que ya es una noche inolvidable. Os presento a mi novia en cueros para deleite de todas vosotras, ¿te parece poco? Además, como os dije es una muchacha encantadora y ardiente. De hecho… en este mismo momento está excitadísima.

El corazón me dio un vuelco al oír las palabras de Sofía e inconscientemente apreté más los muslos uno contra otro, aunque siempre su mano derecha quedaba situada entre ellos abrumándome con su suavidad. De repente el ambiente había dejado de ser festivo y amistoso para tornarse… sensual. Sí, ésa era la palabra. Al fin y al cabo, todas aquellas mujeres eran lesbianas, y todas llevaban un buen rato moviéndose a mi alrededor mientras yo exhibía mis encantos sin recato ¿era sólo por el calor que las mejillas de Marga hubiesen adquirido esa tonalidad rosada?

-Vamos Sofía, no nos tomes el pelo –trató de cortar la tensión Sonia- ¿de verdad estás… excitada? –se dirigió a mí.

-¿Yo?… claro que no… ¿no podría vestirme?

-Os digo que está excitada, y mucho –Sofía me daba ahora pequeños pellizquitos en los muslos, sin hacer caso a mis mudas protestas.

-No te creo –la desafió Raquel- simplemente está cortadísima y deseando salir de aquí.

-Vamos chicas… -esta vez fue Paula la que intentó zanjar la cuestión.

-¿Puedes ponerte un momento de pie cariño? –la voz de Sofía era suave y seductora, me embrujaba como el domador a la serpiente.

Sin ser muy consciente de lo que hacía, me puse en pie en medio de la habitación mientras todas permanecía sentadas. De nuevo, me sentí increíblemente vulnerable, y deseé que Sofía me sacase de allí, que decidiese por fin que todo había terminado.

Acababa de levantarme del sillón cuando, con manos expertas y rápidas, mi amante hizo que me colocase de frente al resto de las chicas. Luego, sin darme tiempo a reaccionar, se situó junto a mí y, con un movimiento hábil y suave pero rápido y sorprendente, colocó la palma de su mano abierta sobre mi sexo desnudo. Di un respingo tremendo tratando de liberarme, pero Sofía me había cogido por sorpresa y me sujetaba con el brazo libre con decisión.

-Os digo que está muy húmeda –dijo a sus amigas mientras cubría mi sexo por completo con su mano.

Las caras eran de sorpresa… y satisfacción. Sin dudarlo un instante supe que ninguna de aquellas mujeres pensaba que la situación fuese desagradable o excesivamente procaz. Yo esta increíblemente azorada, Sofía no me soltaba e insistía en demostrar a todas que su novia era ardiente y que disfrutaba con aquello. Hasta Raquel parecía haber enmudecido, a la espera de acontecimientos.

-Demuéstranoslo –dijo Marga con voz ronca.

Entonces, como en un sueño, noté que Sofía introducía dos dedos en mi vagina. Di un respingo tremendo intentado liberarme, pero la mano de mi amiga se movía ágilmente y con el otro brazo me envolvía impidiéndome huir. Además, había una cosa innegable: sus dedos se habían adentrado en mi interior sin encontrar la más mínima resistencia.

-¡Vaya! –exclamó Marga.

Por unos segundos, estuve de pie y desnuda mientras Sofía dejaba que sus dedos se empapasen de mis fluidos. Experimentaba una confusa sensación de irrealidad, como si no fuese yo la protagonista de la historia o si todo estuviese sucediendo en mi imaginación. Por un lado me parecía estar sufriendo una humillación, casi una violación. Pero por otro…

-¡Mirad! –dijo Sofía triunfante sacando los dedos de mi interior- ¿qué os había dicho?

Nunca en mi vida había sentido tal vergüenza. Sofía exhibía orgullosa sus dedos índice y corazón brillantes y empapados. Ahora era evidente para todas que sus juegos me habían excitado de un modo inconcebible ¿qué estarían pensando de mí? Casi tuve que contener un suspiro de decepción cuando mi vagina quedó libre de la dulce presencia de Sofía, y cuando ésta volvió a sentarse y me hizo señas para que yo hiciese lo propio sobre su regazo, obedecí sin rechistar. Ya no tenía fuerzas para tomar decisiones propias, simplemente era una muñeca que se dejaba arrastrar por la corriente.

-Bueno –dijo Paula- esto sí que ha sido fuerte…

-Eres un encanto Lourdes –me animó Sonia- es una delicia ver una chiquilla como tú tan excitada.

-Desde luego –comentó Raquel en tono enigmático- tienes un cañón de chica Sofía.

-Lo sé, soy muy afortunada de tenerla a mi lado, además es tan guapa que apenas puedo resistir la tentación de tocarla a todas horas… ¿os importa?

Apenas daba crédito a lo que estaba sucediendo. Sentada sobre Sofía, noté de repente que su mano izquierda asía uno de mis pechos, acariciándolo suavemente y dando ligeros golpecitos en mi pezón. Inquieta, traté de detenerla.

-Tranquila cariño –rió feliz Sofía- aquí nadie va a escandalizarse.

-Pero… yo… vamos a…

-No te preocupes por nada –siguió Sofía- quiero que todas vean lo mucho que te gustan mis caricias. Tú simplemente relájate y disfruta. ¿No creéis que se merece un buen orgasmo?

-Desde luego, no puedes dejarla así –se apresuró a contestar Marga.

-¿Os importa? –preguntó Sofía a las anfitrionas.

-Estás en tu casa –dijo Paula.

Entonces, Sofía me hizo recostarme sobre ella y empezó a darme pequeños mordisquitos en el cuello y el lóbulo de la oreja. Su mano izquierda seguía prendida de mis senos, mientras la derecha intentaba separar mis muslos contra mi voluntad.

-Vamos chiquilla, déjate llevar.

-Pero… aquí no… aquí no…

Sin embargo, algo dentro de mí sabía que sí, que era precisamente allí y delante de todas donde yo quería ser acariciada por Sofía. Quería que todas supiesen que yo era suya, que le pertenecía, que mi existencia empezaba y acababa en aquella mujer. Especialmente, quería que Raquel fuese testigo de cómo su antigua amante era capaz de templar mi cuerpo como si fuera el más fino instrumento musical, que viese cómo la unión entre nosotras era total y absoluta.

-Vamos, abre bien las piernas, no seas boba.

Su voz susurrándome al oído era lo único que se oía en el apartamento, e incapaz de resistirme por más tiempo dejé que sus manos separasen mis muslos, dejándome así totalmente abierta y expuesta a las miradas ardientes de nuestro público. Luego, sus dedos empezaron a juguetear con los labios de mi sexo palpitante, arrancándome pequeños gemidos que yo intentaba sofocar sin éxito.

Tenía que reconocérmelo a mí misma, estaba increíblemente excitada. Bailar desnuda junto a Sofía y sus amigas me había parecido aterrador pero tremendamente sensual. Jamás había pensado que yo fuese capaz de algo semejante, y ahora, gozar ante ellas, tener un orgasmo para ellas, me parecía un acto salvaje y transgresor al que no podía renunciar.

Con los ojos cerrados, dejé que Sofía me llevase al cielo con sus sabias y hábiles manos. Sus dedos entraban y salían de mi cuerpo con una lentitud deliberada que me acercaba poco a poco al éxtasis. Yo notaba cómo mi interior recibía agradecido aquella carne caliente que me llenaba de gozo y felicidad.

Pronto fui incapaz de controlar los gemidos. Sentada debajo de mí, Sofía me envolvía con sus brazos y parecía tener más de dos manos. Mi clítoris dobló su tamaño y los labios de mi sexo se inflamaron de pasión al compás de sus caricias, y cuando el momento cumbre se acercaba, tuve el valor de abrir los ojos y mirar las caras de mis nuevas amigas.

Quería gozar ante ellas, con ellas y para ellas, y si aquella noche mi función era exhibirme, lo haría hasta las últimas consecuencias. En la cúspide del placer, vi a Marga morderse el labio inferior con expresión de lujuria, a Paula y a Sonia cogidas de la mano y como anticipando el momento en que ellas mismas emulasen nuestros juegos. Y vi también a Raquel, la hermosa Raquel, mirarme con unos ojos que expresaban a la vez una miríada de sensaciones contradictorias: celos, envidia, admiración, deseo…

Por fin, arqueé los riñones encima de Sofía, tensé las piernas y puse mis manos sobre las suyas. Con un gemido inacabable, me estremecí de placer y gocé de un orgasmo largo y denso que se negaba a terminar. Nuevas oleadas sacudían mi cuerpo y nuevos hipidos me acometían mientras mi amante insistía incansable para arrancarme el máximo placer posible. Nuevamente tuve que cerrar los ojos y por unos instantes mi cuerpo entero pareció temblar como si el fin del mundo se acercase.

Cuando todo pasó, poco a poco recuperé la calma y mi cuerpo desmadejado se dejó caer con todo su peso encima de la persona más importante de mi vida. Todavía jadeante y casi sin saber dónde me encontraba, la sonreí con gratitud.

-Gracias… gracias…, gracias a todas.

Por unos instantes eternos nadie fue capaz de decir nada.

-Bueno –dijo al fin Sonia- desde luego tienes una novia muy ardiente Sofía.

***

Era inútil negar la evidencia. Acababa de tener mi primer orgasmo en público, y una sola idea rondaba por mi mente: de ninguna manera podía ser el último en esas circunstancias. Había sido intenso, brutal, eterno y, si eso era posible, me sentía incluso más unida a Sofía que antes, como si sus deseos fuesen ya los míos y mi misión en el mundo no fuera otra que la de obedecerla y plegarme a sus caprichos. De un modo confuso, intuía que mi amiga acababa de abrirme una puerta que daba acceso a un mundo del que ni siquiera había sospechado su existencia.

Aún así, una nueva oleada de pudor me invadió cuando los últimos coletazos del éxtasis se alejaron. De hecho, continuaba totalmente desnuda en medio de las amigas de Sofía, que me habían visto gemir y retorcerme de placer como una loca. Sin esperanzas, hice un último y tímido intento de recuperar mi ropa, que fue rechazado de modo unánime.

Afortunadamente, fue Paula la que recibió al chico que traía las pizzas, y Raquel no volvió a proponer nada que me afectase a mí. La ex de Sofía parecía seria y cabizbaja, y yo estaba segura de que los celos jugaban un papel importante en eso. Tal vez el espectáculo que las dos juntas les habíamos brindado a todas la había convencido de que nuestra relación tenía más futuro de lo que ella sospechaba.

Curiosamente, descubrí que pese a los nervios yo tenía buen apetito, y aunque no conseguía acostumbrarme al hecho de tener que cenar en cueros, di buena cuenta de una generosa porción de pizza. Me sentía extraña, mi situación me parecía a ratos ridícula y humillante y al momento tremendamente erótica. Leía el deseo en los rostros de mis compañeras, sabía que mi cuerpo les gustaba, que tenerme desnuda no era ya un juego inocente con el que todas pasasen un buen rato a mi costa. De repente, el aire festivo e infantil del inicio había dado paso a un ambiente tenso y cargado de erotismo. Las risas y los gritos habían dejado su sitio a las miradas furtivas y las sonrisas contenidas, y yo sabía que el recuerdo de mi reciente orgasmo flotaba aún en la mente de mis compañeras. Sin poderlo remediar, me sentía especial, y a pesar de mi talante tímido y retraído… estaba disfrutando de continuar exhibiéndome junto a mi amada Sofía.

Cuando terminamos de cenar, nadie propuso retornar a los bailes del principio. Más bien apetecía tumbarse en los sillones a escuchar música suave y tomar unas copas en un ambiente íntimo y agradable. Mientras Paula, Marga y Raquel ocupaban el sillón grande, Sofía y Sonia se acomodaron en el pequeño frente a ellas. Me sentí deliciosamente vulnerable durante los segundos que permanecí de pie y desnuda sin saber dónde ponerme yo.

Con un gesto encantador, Sofía me hizo señas de que me sentase a su lado en el brazo del sillón, donde me acomodé de tal modo que mis pechos quedaron a la altura de su bello rostro. Cuando ocupé el lugar que me indicaba, mi amante pasó su brazo izquierdo rodeando mi cintura y me atrajo hacia sí de modo que yo quedase parcialmente apoyada sobre ella. Poniendo mi brazo derecho sobre su hombro, me acomodé como un gatito hasta coger la postura que me pareció más cómoda.

La charla discurría tranquila y reposada, lejos de las estridencias del inicio de la fiesta. Literalmente, Marga me devoraba con la mirada. La joven apenas podía apartar sus ojos de mis generosos pechos y cuando, con gesto distraído Sofía comenzó a acariciar indolente mi vello púbico, su rostro adquirió un gesto entre excitado y atormentado.

Al notar los sedosos dedos de mi amante tan cerca de mi sexo, traté de detenerla con un gesto, pero ella me regañó divertida y prosiguió con su labor. Sentada enfrente de nosotras, Marga se mordía nerviosa el labio inferior mientras miraba las evoluciones de la mano de Sofía. Por mi parte, empezaba a notar de nuevo un agradable calor ahí abajo, pero un último vestigio de cordura me impedía abandonarme a sus caricias ¿qué pensarían de mí si otra vez…?

Durante unos minutos, las chicas continuaron hablando como si tal cosa, pero nadie perdía detalle de cómo la mano de Sofía jugaba con mi rizado vello púbico. Amorosa, hundía en él sus dedos, enredándolos para formar tirabuzones y luego soltarlos. A veces, me daba pequeños tironcitos que me producían agradables punzadas de dolor voluptuoso.

-Me encanta acariciar el pelo de Lourdes, ¡lo tiene tan rizado y espeso! Es como tocar un osito de peluche. Podría estarme horas así.

-Me parece que ella también podría estar así mucho rato –comentó Paula divertida.

Creo que Paula y Sonia eran las menos afectadas por la situación. Ellas eran pareja, y el comportamiento de Sofía conmigo venía a ser algo así como asistir a un show erótico gratuito a domicilio. Estaba segura de que aquella noche las dos estarían muy a tono para sus propios juegos. En cuanto a Raquel y a Marga, la primera estaba cada vez más seria. Pensé que tal vez la chiquilla de pueblo había resultado mucho más peligrosa y letal de lo que ella pensaba, y que en aquel momento lamentaba profundamente no ser ella la protagonista de las atenciones de Sofía. Por último, Marga… era evidente que estaba increíblemente excitada.

No sé cuánto tiempo llevábamos allí, sentadas en los sillones oyendo música y bebiendo, yo apoyada sobre Sofía y exhibiéndome cada vez con menos pudor y más satisfacción. Me gustaba ser la chica de Sofía, su juguete, y el hecho de que ella me obligase a permanecer desnuda delante de sus amigas me producía una indescriptible sensación, a medio camino entre el pavor y el más delicioso y perverso éxtasis.

Mientras charlábamos, la mano de Sofía seguía tocándome ahí abajo. En ocasiones, abandonaba mi vello púbico para pasar a ocuparse de mis ingles, pero no iba más allá de caricias amistosas. Aquello me enardecía y desconcertaba al tiempo. De nuevo estaba nerviosa y excitada, pero cuando esperaba que ella se ocupase de mí más profundamente, mi amiga parecía no decidirse, limitándose sólo a recorrer los alrededores de mi sexo. Cada vez me sentía más y más alterada, y hubiera dado cualquier cosa para que Sofía decidiese darme placer por segunda vez ante nuestro público. Sin embargo, mi amiga parecía ajena a mis necesidades, como si juguetear alrededor de mi entrepierna fuese algo tan inocente como acariciar mis manos o mis mejillas. Por otro lado, ¿cómo pedírselo yo? Por increíble que pueda parecer, me hubiera muerto de vergüenza antes de hacerlo.

Sé que era muy tarde ya cuando Sonia me preguntó sonriente:

-¿Qué te ha parecido tu primera reunión?

-Bueno… ha sido… la verdad, no me lo esperaba, jiji.

-Para todas ha sido muy estimulante –dijo Paula- creo que no lo olvidaremos fácilmente. Sofía siempre nos sorprende con algo, pero lo de hoy…

-¿Estás húmeda otra vez? –la pregunta de Marga me dejó petrificada.

La joven no podía retirar su mirada de las manos de Sofía. Hubiera apostado a que poco le faltaba para gozar de un orgasmo ella misma sin necesidad de que nadie la tocase. Si su pregunta me había sobresaltado, la respuesta de Sofía hizo que mi corazón diese un vuelco.

-¿Quieres comprobarlo tú misma?

De repente tomé consciencia de lo que llevaba buscando mi amante desde hacía rato. Ella sabía que sus caricias me estaban enardeciendo de nuevo, y sabía también que había más de una persona alterada en la habitación. Un súbito temor me invadió, ¿iba Sofía a entregarme, a ofrecerme a sus amigas como un trofeo? Yo quería ser suya, pertenecerla, pero el mero hecho que otra persona me tocase… Notando el estremecimiento que recorría mi cuerpo, Sofía me besó en la mejilla y me susurró cariñosa.

-Confía en mí cariño. Eres mi novia, ¿recuerdas?

Sus tiernas palabras me desarmaban, me convertían en un juguete incapaz de tomar decisiones propias. Como en un sueño, vi que Marga se levantaba de su sitio y se acercaba a mí, los ojos despidiendo chispas y la boca levemente entreabierta.

-¿De veras puedo…?

-Claro –respondió con toda naturalidad Sofía- Pero sólo un momento, Lourdes me pertenece.

Las palabras de Sofía me inundaron de felicidad, aunque ni yo misma me explicaba cómo podía ser posible lo que estaba experimentando. Marga estaba ya a mi altura, y mi cuerpo entero palpitaba excitado y nervioso. Con una expresión indefinible de gozo y ansiedad, la poco agraciada joven acercó su mano a mi vagina, rozando apenas mi sexo hinchado y tembloroso. Luego, con una suavidad infinita, introdujo poco a poco dos dedos en mi interior mientras yo reprimía un suspiro satisfecho.

-¡Vaya! –exclamó Marga mientras permanecía dentro de mí- ¡está empapadísima!

Un revuelo inquieto recorrió toda la estancia. Raquel cambió de postura, Paula carraspeó. A mi lado, Sofía me susurraba palabras tiernas mientras Marga continuaba extasiada con sus dedos dentro de mí. Al principio no se atrevía a moverlos, pero poco a poco fue ganando en confianza y pude notar cómo los movía en pequeños círculos, adentrándose cada vez más en los rosados pliegues de mi carne. Era la primera vez que una mujer que no fuese Sofía me tocaba, pero como mi amante me mantenía abrazada por la cintura y mis pechos rozaban a veces sus mejillas, yo me sentía todavía bajo su influencia y protección. Pronto me fue difícil mantener la compostura y no empezar de nuevo a retorcerme bajo las cálidas caricias de Marga.

-Basta –interrumpió de pronto Sofía con dulzura- no quiero que tenga un orgasmo ahora.

Por unos segundos, Marga pareció lamentar la decisión de Sofía. Luego, como dándose por satisfecha con lo que había obtenido, extrajo sus dedos de mí con el mismo cuidado que había tenido al adentrarse entre mis cálidas paredes.

-Ummmm –suspiré si poderlo remediar.

Ahora que de nuevo estaba libre, supe que cada poro de mi piel ansiaba ser llenado otra vez. Melosa y agonizante de excitación, tendí mi boca hacia Sofía, buscando sus labios jugosos y frescos.

-Creo que tu amiguita necesita de nuevo tus atenciones –intervino Raquel, que llevaba callada mucho tiempo.

-Esta chiquilla es una fiera –rió a mi derecha Sonia- está consiguiendo que yo también me ponga caliente.

-¿Verdad que es un amor? –preguntó feliz Sofía mientras acariciaba mis senos hasta conseguir que mis pezones se endurecieran de nuevo.

-No la dejes a sí –comentó Marga esperanzada- si a ti no te apetece, yo podría…

-No –respondió tajante Sofía- creo que por hoy ya es suficiente. Incluso yo estoy a tono, esta monada y yo vamos a irnos a casa.

Nuevamente, las palabras de Sofía me producían sentimientos contrapuestos. Una parte de mí anhelaba estar a solas con ella, abrazarme a su cuerpo desnudo, gozar con ella hasta el amanecer. La otra, menos convencional, sabía que había experimentado aquella noche cosas peligrosas que me habían producido un placer irracional… y adictivo.

-¿Cómo? –preguntó Raquel nerviosa- ¿os marcháis ya? Pero si esto no ha hecho más que empezar.

-Yo creo que no –dijo Sofía poniéndose en pie- ya os he presentado a Lourdes, ahora ella y yo…

-Ya hemos visto que Lourdes es una chica ardiente, eso ha quedado claro –interrumpió Raquel- ahora falta por saber si…

-¿Si qué? –el rostro de Sofía expresaba que no se detendría ante nada.

-Falta saber si es tan hábil como a ti te gusta –respondió de un modo enigmático Raquel.

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