Posts Tagged ‘pantimedias’

La historia de Mariana

Viernes, febrero 8th, 2013

Como la mayoría de nosotras, desde muy chica empecé a usar ropa femenina, apenas quedan algunas imágenes en mi memoria, ya que con apenas 6 ó 7 años, tomaba la ropa de mis hermanas y me la ponía cuando estaba sola o en las noches.

Después empecé a tomar ropa de mis primas y tías, las pantaletas de nylon, y las fajas pantalón junto con los brassieres era lo que más encontraba, no existían las pantimedias, pero ya había medias con resorte ajustable.

Con los años me fui comprando todo lo que me gustaba en los aparadores. Las pantimedias sedosas, y las fajas satinadas eran las de mayor atractivo para mi. Luego tenía que deshacerme de todo y volver a empezar.

Ya crecida, después de la universidad, tuve la oportunidad de vivir sola en una ciudad pequeña al sur de España, ya no era necesario deshacerme de mi ropa y con el tiempo fui juntando una gran colección de todo lo imaginable. Nunca salí vestida a la calle, pero me pasaba muchísimas horas cambiándome de prendas y viendo mi figura en el espejo. Ya sea con bodys, fajas ó sólo con pantaletas, bra y medias. A veces disfrutaba ponerme hasta 3 fajas y la presión sobre mi cuerpo era una delicia.

Cierto día decidí ponerme ropa de hombre encima de un apretado body de pierna larga, con pantaletas y dos pares de pantimedias, y salir a que me diera el aire, ya era de noche y el paseo era muy tranquilo, un muchacho más ó menos de mi edad se me acercó para pedirme que le encendiera su cigarrillo, empezamos a platicar y cuando bajó la temperatura, decidimos ir a una cafetería cercana. Nunca pensé lo que pasaría después. Al seguir hablando, descubrimos que nos gustaba la música de los Beatles y me invitó a su departamento para ver su colección de discos. Como él también vivía solo, nos tomamos una copa y seguimos platicando.

Ya en la segunda copa, me preguntó que opinaba de la gente gay, le dije que no me molestaban, y que tenía un par de amigos gay que vivían en el mismo edificio que yo. Después me preguntó si yo también lo era, y le contesté que no, nunca me había fijado en un hombre, lo cual es verdad, usar ropa de mujer durante tanto tiempo, era una satisfacción personal, pero eso no me convertía en gay. Cambió el disco y se sentó a mi lado con la excusa de que allí se escuchaba mejor, al sentir el roce de su pierna con la mía, el pantalón se deslizó sedosamente sobre mi pantimedia y un escalofrío recorrió mi espalda, se reclinó en el respaldo del sofá y levantó los brazos para ponerlos sobre el respaldo. Esa maniobra, es de todos conocida por lo que me retiré unos centímetros. Mi alejamiento no lo detuvo ni lo desanimó, súbitamente se acercó y deslizó sus rojos labios en mi cuello, sentí otro escalofrío que me recorría todo el cuerpo, le pedí que lo dejara ya que a mí no me gustaban los hombres, pidió perdón y se detuvo. Tengo que decir que la verdad no me disgustó, sentí una excitación incontrolable quizá debida a las copas.

Unos minutos después me preguntó que porqué usaba ropa interior de mujer, me quedé atónito, no entendía como se había dado cuenta, con la voz temblorosa por los nervios de haber sido descubierto, le dije que me gustaba el tacto y la sensación que la ropa me daba. Inmediatamente después le pregunté cómo se había percatado, y me contó que a él también le pasaba lo mismo, y que el resorte de la faja en mis piernas se notaba aún debajo del pantalón. De un salto se levantó y me pidió que esperara unos minutos, entró a su cuarto y un minuto después salió con un baby doll negro precioso, tenía ya prótesis en el pecho y peluca puestas, me quedé muda y sólo podía admirar a esa linda niña que estaba frente a mí.

Se me acercó y en un susurro al oído me dijo “Ahora ya no soy un hombre” y volvió a rozar mi cuello con sus labios. Me ofreció una tercera copa y mientras me servía me dijo que ella podía a ayudarme a verme más femenina, con una peluca y algo de maquillaje. Le dí un trago a mi vaso y sin pensarlo accedí.

Entró de nuevo a su cuarto y desde allí me llamó para que entrara, ya tenía un tocador listo con todo lo necesario. Me dijo que para hacerme ver como una mujer tendría que quitarme la ropa, que tuviera confianza, ya que en ese momento las dos éramos mujeres. El alcohol me dió el valor que hasta ese momento no había tenido, y obedecí quitándome la camisa y el pantalón, su único comentario fue para decirme que luego de maquillarme y arreglarme me dejaría verme en el espejo. Me señaló la silla y me senté de espaldas al espejo. Empezó su trabajo con una perfumada base para maquillaje y me cerró los ojos con una caricia. No me daba cuenta de lo que hacía ya que el suave olor de sus manos y las caricias que sentía en la cara me tenían como en un pacífico sueño.

Sentí la sombra, las pestañas postizas, el delineador y el labial, poco a poco abrí la boca para probar el lápiz labial y sentí sus labios muy cerca de los míos. A cada momento me excitaba más y más, con suave voz me pidió que abriera los ojos y retocó la peluca. Ahora sí, date vuelta y mírate al espejo, me dijo con voz alegre y firme. No podía creer que la nena del espejo era yo, me veía magníficamente bién. Me dijo que ahora se arreglaría ella y que después quería una foto juntas. La esperé por no más de 15 minutos y cuando la ví me quedé asombrado de la habilidad con la que se había convertido en una bellísima mujer.

Regresamos a la sala y otra vez me besó tiernamente el cuello, me quedé quieta esperando más de sus caricias y sus besos, por un tiempo me dejé llevar y sentía que mi deseo por ella crecía a cada instante, me acariciaba por todos lados y suavemente me fue quitando la faja, luego me dio un bra negro que tenía a la mano y sacó de un cajón dos firmes senos de silicón que puso dentro del bra en un abrir y cerrar de ojos.

Las dos nos dejamos llevar por el deseo y nos acariciábamos llenando de besos nuestros puntos más sensibles, se deslizó entre mis piernas y tomando mi miembro empezó a besarlo al tiempo que giraba su cuerpo para dejar que yo hiciera lo mismo. Me moría de ganas de agarrarlo y besarlo como ella hacía con el mío. Cuando lo tuve a mi alcance no podía creer en el tamaño y la firmeza de ese miembro, poniéndolo hasta el fondo en mi boca apenas alcanzaba a cubrir una cuarta parte de su tamaño. Con extrema suavidad se movía y me tomaba por la cadera, deslizó su experta mano en mi trasero y con un dedo tocó la abertura de mi ano. Sentía que ya no podía más y le pedí que se detuviera, pero no me hizo caso y empecé a sentir como ante las caricias y su experto manejo de la situación, mi voluntad se debilitaba hasta que no pude aguantar más y estallé entre sus manos y cerca de su cara.

En silencio se incorporó y fue por una toalla para limpiar el desastre que yo había dejado, encendimos un cigarrillo y nos quedamos en silencio por unos minutos, ella con una excitación fuera de serie y yo aún recuperándome del más exquisito orgasmo que había sentido hasta la fecha. Minutos más tarde empezamos de nuevo con las caricias y los besos en las zonas más sensibles, yo sabía que ella estaba en el límite del deseo y dejé que su experiencia manejara la situación. De repente me tomó de la cintura y me sentó en sus piernas, frente a frente besaba mi abdomen y con la mano tocaba mi ano. Tomó un poco de crema entre sus dedos y la esparció entre mis nalgas como con tacto de terciopelo. La sensación fría de la crema me excitó aún más hasta el punto en que ya sabía hacia donde iba la nueva situación y no me importó.

Poco a poco dilató mi entrada con tanta dulzura que en ningún momento sentí dolor, luego sentí como apuntaba su glande al tiempo que se ponía un poco más de crema, en un mínimo movimiento, su cabeza se fue abriendo paso al interior de mis entrañas, el miedo se apoderó de mí al recordar el tamaño de esa maravilla que ya había llenado mi boca y que yo había dejado pintada con mis labios rojos. Ella notó mi estado y me tranquilizó con unas frases cortas diciéndome que no tuviera miedo, que era paciente y experta en esas situaciones, mientras seguía besando mi abdomen y acariciando y abriendo mi trasero.

Con extrema paciencia y cariñosos movimientos fue entrando dentro de mi sin detenerse, se abría paso con firmeza y dulzura haciéndome sentir como lentamente llenaba mi vientre. Seguimos por espacio de unos 20 minutos y en cada movimiento sentía como palpitaba dentro de mí mientras con la mano me tomaba el miembro para darle un singular masaje. Yo estaba otra vez al límite del deseo y la excitación, Sus besos en mi abdomen y pecho me hacían gemir de placer, no quería que esto terminara, pero otra vez estaba a punto de perder el control y ella se detuvo, hábilmente me levantó de sus piernas y me acostó boca arriba con las piernas abiertas, colocó un cojín en mi cadera y sin darme cuenta ya sentía de nuevo ese enorme instrumento penetrando libremente mis entrañas,

El roce constante con cada movimiento me llevaba a un éxtasis que no puedo describir, ya sentía casi el clímax y cuando ella lo notó, sólo empujó con más fuerza para que las dos sintiéramos el límite del placer, las descargas fueron simultáneas, en cada arremetida sentía su caliente semen llenando todo dentro de mí. Cada latido de su corazón se sentía en su pene y se sentía retumbar dentro de mí claramente. Si el anterior orgasmo había sido el mejor de mi vida, éste fue sublime y trataba de hacerlo lo más duradero posible.

Se dejó caer suavemente sobre mi pecho casi sin aliento, yo sentía como con el tiempo aquel enorme instrumento se encogía y dejaba un espacio vacío en mi interior. Transcurrieron unos minutos y con un enorme beso se sentó a mi lado y encendió un cigarrillo para mí, lo tomé y lo acerqué a mis labios pues aún deseaba el sabor de su labial en el filtro del cigarrillo, encendió otro para ella y me dió un trago de su copa. No podíamos decir palabras, el éxtasis por el que habíamos pasado nos dejó agotadas, y tuvo que pasar más de una hora para que nos recuperáramos. Me quedé pensando en lo que acababa de ocurrir y no lo podía creer, me tomó de la mano y me llevó a la recámara, ya acostadas, me preguntó si lo había disfrutado tanto como ella, yo le dije la verdad, éstos han sido los mejores orgasmos que he sentido.

Inmediatamente después, tomó mi mano y la llevó a su miembro que ya se sentía firme de nuevo y recuperado por completo, en dulce voz cerca del oído me dijo: “Pues aún quiero que lo disfrutes más”, se volvió a avalanzar sobre mí llenándome dulcemente de besos y caricias, hicimos el amor dos veces más y alrededor de las tres de la madrugada me empecé a lavar la cara y vestirme para regresar a mi departamento.

Continuará…..