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Mi primera experiencia sexual y como un maduro me enseño del sexo

Hola, soy Rocio (nombre ficticio), soy de una pequeña ciudad de Cordoba en Argentina. Como desde chica tengo un cuerpo muy trabajado ya que practico mucho deporte, ademas soy alta para mi edad, ya estoy en 1,8 metros a mis 18 años,  siempre fuí muy atractiva y deseada. Pechos grandes desde chica, cola bien parada y una cintura de avispa siempre fueron mis mejores caracteristicas, sumado a eso mis labios chicos y carnosos.

Debuté sexualmente a los 15 años con un vecino mucho mayor, él tenía por entonces cerca de 40 años. Siempre me gustó por que es una persona muy amable, ademas muy atleta ya que juega al futbol en el club del barrio y es uno de los líderes que ahí tenemos. Él notaba cada vez que lo miraba o saludaba que lo hacía con deseo.

Siempre lo veo cuando vamos a entrenar, ellos estan terminando la practica cuando nosotros llegamos. Su hijo practica artes marciales junto a mí así que por lo general él siempre nos lleva a casa a pesar de quedar cerca del club, así que tengo mucho contacto con él y su familia. Su esposa fue profesora mia, ademas ellos charlaban mucho con mis padres aunque no eran amigos.

Los viernes por lo general mi padre se queda con sus amigos en el taller hasta muy tarde, mi madre vuelve tarde del trabajo por lo que estoy sola hasta cerca de las 22 hs. como mínimo. Vive a dos casas de la mía y nuestra propiedad se conecta en el fondo con la de él por estar en una esquina. Pleno verano, ese día el club estaría cerrado por desinfección, cerca de las 18 hs. estaba sola refrescandome en la pileta de lona que tenemos. Y como toda chica curiosa se me ocurre hacer topples para tomar sol, pasado un tiempo escucho silvidos a lo lejos que en un principio no dí importancia ya que para mí era imposible que alguien me observara ya que tenemos un tapiado muy alto; hasta que decidí ver para identificar de donde venían, y ahí lo encuentro a mi vecino en su terraza, desde donde me podía ver tranquilamente. Estiró su mano para saludar, yo con mi brazo derecho tapé mis pechos y con el izquierdo lo saludé tambien. Me empezó a hacer señas que en un principio no entendía, hasta que me dí cuenta que me decía que quería venir a mi casa a refrescarse en la pileta, así que le dí el ok., pero me indica que entraría justamente por la parte de atras. En tan solo un minuto lo tuve saltando el tapiado, mientras yo terminaba de ponerme el sosten del traje de baño.

Me comentó que recien para la semana entrante tendría lista su pileta y que tambien me invitaría a ir. Me dice que lo acompañe en el agua, mientras yo de mis nervios no sabía como actuar, hasta que le hago caso y voy con él al agua, donde se puso a provocarme inventando juegos y buscando de tocarme. De a poco tomo confianza y empezamos con pequeños empujones hasta ir a  forcejear con él para empezar a rozar nuestros cuerpos; me gustaba la situación, las risas cambiaron a una respiración agitada y gemidos de mi parte cuando me rozaba “inocentemente” mis pechos con sus manos o su verga por mis nalgas. Hasta que posó sus labios junto a los mios, sin experiencia, se movían de acuerdo a como los movía él. Su lengua sobrepaso la linea de mis dientes para hacer jugar a la mía. Sus manos estaban acariciando mi espalda hasta que una se dirije a mis nalgas para presionarme contra su verga que se la sentía super dura mientras su otra mano se dirigió a mis tetas no si antes desatar el sosten y empezar a sobarlas suavemente.

Me propone ir al dormitorio, lo que me niego al principio, pero sus lindas y cariñosas palabras acompañadas de sus caricias me convencen. Él me carga en sus brazos y me lleva mientras devora mi boca a besos me dice que no va a pasar nada que yo no quiera, pero el problema era que no sabía que es lo que quería con él.

Suavemente me coloca en mi cama y me desnuda sin que yo le diga nada, para empezar a besar mi cuerpo. Baja por el cuello, muerde mis pezones, besa cada uno de mis abdominales y luego me hace girar para arrancar nuevamente desde arriba y deslizarse por toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas, a quienes toma con ambas manos fuertemente y las comienza a lamer con violencia y lujuría haciendome gemir de placer. De a poco me hace separar mis piernas para acceder en esa posición a mi vagina, ya lubricada, que empieza a conocer y disfrutar del sexo oral que este hombre me estaba dando. Me vuelve a girar y continua su trabajo con mis pechos mientras se acomoda sobre mí ya desnudo y siento como su verga buscaba mi sexo para ingresar. Solo me dejé llevar y sentí como su verga me desgarraba por dentro haciendome chillar de dolor. Se quedó quieto por un momento, yo estaba en silencio, de a poco empieza a moverse suavemente, el calor interior merma, el ardor va desapareciendo lentamente, aumenta su ritmo y su profundidad en cada embestida para hacerme gemir nuevamente; el placer vuelve a mí y se apodera de mi cuerpo que empieza a estremecerce como cuando su lengua jugaba en mi vulva, así que lo abrazo fuertemente mientras el come mi boca apasionadamente. No resisto mas esta sensación, separo mas mis piernas para que su verga calme mi interior, su testículos golpean mi ano y sus manos aprietan fuertemente mi culo pegandome bien a él hasta que me estremesco por completo, mi hombre me hizo conocer el orgasmo en mi primera cogida mientras siento su descarga en mi interior.

Sale de mi y se recuesta a mi lado, conversamos un ratito, de las ganas de ambos de volver a vernos, de lo bien que la pasamos. Así que acordamos en volver a vernos en un par de días.

 

En mi segundo encuentro con mi veterano amante, hablamos mucho tiempo sobre la diferencia de edad, el cuidado que debemos tener etc. El me decía que debemos cuidarnos para que no me embarace y de vez en cuando me tiraba la idea de que si yo quería tener novio era mejor, que nuestra diferencia de edad despues nos perjudicaria, que teníamos que vivir el momento y cuando yo lo decidiera me liberaba de él. Obvio que en esos momentos ni se me ocurria nada de eso, solo quería estar con él, mi primer hombre, quien ya me gustaba hace mucho tiempo y solo quería que él me tocase, pero estaba claro que para él era solo la aventura de cogerse una pendeja primerisa a su antojo, una pendeja que estaba caliente como una estufa y que cada vez que lo veía no podía evitar mojarse las bragas. Nuestro primer encuentro me había marcado tanto que solo pensaba en sentir sus labios por todo mi cuerpo a pesar que siempre comenzaba pensando en estar en sus brazos y en sus caricias. Ese día volvío a cogerme en su auto y organizamos para juntarnos el fin de semana.

La siesta del sábado me llevó a su casa y como bienvenida me besó todo mi cuerpo y terminó succionando mi clítoris hasta hacerme acabar. Luego me propuso ver una pelicula mientras estabamos en la cama abrazados, él ya tenía todo preparado, con sus claras intensiones de no perder tiempo conmigo e ir al grano en cada encuentro, quería enseñarme todo sobre el sexo, a mamar su verga, el sexo anal, y los juegos que se pueden hacer. Cuando prende el televisor, estaba pausado un video porno, y me propone verlo así aprendamos juntos, según sus palabras. Como yo hacía lo que él decía me deje llevar.

Mientras observabamos el tomó mi mano y la llevo a su verga para que lo pajease, hasta que en un momento me pregunto si me animaba a probar de lamer su verga. Sin muchas vueltas empece mis clases practicas, primero empecé a jugar con mi lengua en su glande y por todo el largo de su verga, luego practicaba de introducirmela sin dañarlo con mis dientes, para luego terminar de tragarme lo máximo posible; todo esto bajo su supervisión y aprobación. Tomaba mi cabeza y presionaba para que me tragara toda haciendo que me ahogara en varias oportunidades. Mi hombre no dudo ni un instante en hacerme probar su leche, no me dijo nada y me acabo practicamente en la garganta. Hizo que lo tragara todo y se la limpie continuando con la mamada; al sentir su leche en mi boca me dió un poco de impresión, pero al no sentir un sabor feo me animé a lo que él me indicaba.

Su tranca seguía dura así que me cogío en 4 patas hasta que nos vinimos juntos nuevamente. Despues de un descanso seguimos cogiendo en diferentes poses por dos polvos mas, enseñandome a montarlo tambien. No pudimos seguir por que nos quedamos sin condones. Cuando regresé a casa fuí a ducharme y sentí un poco de dolor en mis pechos por tanto apretadas y succiones, pero aproveché de hacer lo que mi hombre me pidió, ir estirando mi esfinter, ya que la próxima vez quería romperme el culo como en los videos que observamos juntos. Así que ya esperaba con ansias el próximo fin de semana para que me lo hiciera.

 

Pasaron tres semanas de mí último encuentro con mi amado, faltaban como 3 horas para mi encuentro amoroso ya acordado. Desde la noche anterior solo estaba tomando líquido como él me indicó y me tocaba hacerme una enema para limpiar mis tripas como habia visto los videos por internet. Terminada la tarea me dirigí a su casa tal lo acordado, él me recibió con un beso apasionado mientras me levantaba con sus fuertes brazos tomandome de mis nalgas para llevarme hasta su living. Me sentó y saco su verga para que le demostrara que no me había olvidado de sus clases; estando semidura la comencé a mamar hasta que la puse como un tronco de dura. Me dijo que esta vez me acabaría en la punta de mi lengua, así que la succioné hasta me indicó y espere su primer descarga que fué a para a mi garganta por la fuerza de su chorro, mientras que el resto quedaba en mi lengua para luego saborearla y recíen ahí tragarla como mi macho me estaba indicando.

Me recostó en el sofá para lamer mi concha que ya chorreaba jugos de la exitación, llevandolos con su lengua hasta la entrada de mi culo que se estremecía con cada roce de su lengua. Me puso a cuatro y empezó a clavar la concha con dureza hasta que su verga se empapó bien de mis jugos mientras uno de sus dedos se introducia lenta y suavemente en mi ano, para luego sumarse otro mas haciendo un mete saca que aumentaba su intensidad a medida que se movía con mas libertad y yo lo disfrutaba por que no sentía dolor alguno salvo la molestia inicial.  Y sin mediar palabras ubico su verga en la entrada de mi trasero empezando a presionar lentamente, el dolor aumentaba, me ardía el culo a tal punto que le pedí que la retire, pero contrario a eso empujó con fuerza para que encajarla completamente. Grite del dolor, mis lágrimas saltaron y buscaba de morder la almohada. El acariciaba mi cabello y me pedía que me tranquilice, que me relaje mientras estaba aún quieto, pero empezó a moverse lentamente mientras ví que estiró su mano hacia la mesa de luz donde estaba un pomo, que era el lubricante. A medida que retiraba un poco su verga le tiraba un chorro arriba; yo sentía como empezaba a deslizarse mejor y el dolor disminuía de a poco.

Empezo a cogerme con mas fuerza, el dolor ya había pasado, pero mis nervios no me dejaban disfrutarlo. Me bombeó un buen rato hasta que hizo su descarga en mis intestinos. En cuanto se quitó sentí un alivio importante, él me hizo ir hasta el bidet y que me diera con el agua fria hasta que me relajó el orto.

El dolor ya se había ido, solo quedaba una molestia, le dije que en realidad no lo había disfrutado, pero mi hombre me decía que fué por ser la primera vez y por lo grueso de su verga, que ya me acostumbraría pero para eso debía trabajarlo bien a mi culo. Así fue que me dejó descansar un buen rato y mas tarde comenzó la acción de nuevo chupando locamente mis pezones y mi clítoris poniendome loca. Se puso boca arriba e hizo que lo montara introduciendome de una estocada su tranca hasta el fondo de la calentura que tenía. Mientras hacía desaparecer semejante pedazo en mi interior, él seguía dándome placer en mis pechos mientras con la otra mano empezaba a trabajar mi culo de nuevo introduciendome el lubricante con sus dedos. Tanto placer me hizo acabar al poco tiempo, así que quitó su verga, me hizo girar y que apoyara mis manos en sus rodillas; puso la punta de su verga en la entrada de mi culo y me dijo que bajara lentamente. Ya no había dolor, ya no habia molestia, y mientras mis tripas cedían el paso a su tranca el placer se apoderaba de mí. Como me sentí cómoda así, le empecé a dar ritmo y velocidad a mis movimientos para que toda esa bestia quede bien adentro. Pero me estaba cansado así que le pedí cambiar de posición, así que me recoste boca arriba, él solo tomo mis tobillos y los puso sobre su hombro; guió su verga y me la introdujo de un solo golpe, esta vez fué placer puro, y empezó a bombear con locura mientras yo gritaba y gemia hasta que sentí su chorro de leche saltar en mis tripas. Me dejó exhausta, así que me retiré a mi casa pensando que me esperaría el proximo fin de semana.

 

Llevo mas de un año cogiendo con mi vecino, ya no es solo el fin de semana, incluso durante la semana nos juntamos un rato, e incluso a la salida del cole me levanta para que se la mame hasta que llegamos a casa. Mis días de periodo, él se hace la fiesta con mi culo que lo deja lleno de leche y exhausto. Pero tanta calentura tuvo sus consecuencias, malas para mí en realidad.

Estaba claro que a él solo le interesaba cogerme y el tema del novio siempre estuvo presente de su parte. Una noche, él se quedó en una reunión que habia en el club, así que coincidimos en la salida, pero estaba mi padre también así que no volvería con él. Me estaba esperando en la zona de los baños, y cuando salgo de clases me hace seña para que lo siga. Nos dirigimos detras de los vestuarios donde me quería coger a toda costa, pero le decía que ahí no. Entonces me pidió una mamada rápida que se la dí con gusto y como toda una experta ya que lo hice acabar en poco tiempo. Nos vestimos y nos fuimos.

Llegó el viernes, siempre nos cruzábamos para coordinar la hora que nos juntaríamos al día siguiente, evitábamos los celulares por miedo a que nos descubran. Mientras su hijo se bajó para abrir el portón del garage, él sacó su celular y me mostro una foto donde yo estaba tragandome su verga. El maldito viejo que trabaja de sereno en el club nos vió y nos filmó. Cuando nos juntamos al día siguiente me mostró los mensajes del víejo. Su silencio valía que él tambien me cogiera. Pero yo no quería saber nada, le decia que le diera dinero pero solo quería cogerme. Tenía miedo, hasta que me convenció y me dijo que él estaría ahí para cuidarme y ver que el viejo no me dañara.

Fin de semana siguiente nos juntamos en el club donde el viejo vive, estaba bañado, perfunado y con una cara de dejenerado total.

El viejo pretendía que le bailara, que le hiciera un show, a lo que yo no sabía como reaccionar. Pero mi macho intervino y le dijo que me ayudaría a comenzar, que tenía que entender que no era una prostituta,  así que tomo la iniciativa.

Ven, muestrale como la mamas, fueron sus palabras. Le bajé el pantalon y tomé su verga que estaba totalmente flácida para empezar a lamer con timidez, torpeza, apatía. Mi macho me comienza a hablar, que me relaje, que haga bien las cosas así nos desocupabamos rápido del viejo,  de a poco voy animandome a mas, miro de reojo y el viejo se estaba pajeando al vernos; ahora me concentro en mis mamadas que tambien me dan placer. En eso siento las manos del viejo tomar mi nalgas y levantar la minifalda que llevaba puesta, luego siento su lengua lamer mis cachetes mientras me quitaba la tanga para encontrar mi raja bien rasurada y brillosa por los jugos que comenzaban a emanar de ahí.

Me transformé cuando sentí su lengua introducirse en mi vagina, lo que llevó a que me devorará con mas pasión la verga de mi amante que gemia en cada lengüeteada que le daba, pero al cabo de un momento me detiene e invita al viejo a recibir su mamada. Su verga estaba dura, pero no era tan grande como la de mi amante, así que me la engullia sin ningún problema haciendo chillar al viejo que me tomaba de los pelos para presionar su tranca contra mi garganta. Mi macho se puso detras de mí y sin mediar palabras me clavo su verga de una estocada. Grite de placer, me empezó a bombear con fuerza, me tenía totalmente dominada, mientras me indicaba que siguiera con el viejo. Me tenía en la gloria cuando sentí su leche en mi interior dejandome a un paso de llegar a mi orgasmo. Le dijo al viejo que se recueste así yo lo monte, así que de inmediato me subí sobre el viejo, que aún no había probado mis grandes tetas, por lo que me las empezó a succionar como un loco logrando mi máxima entrega producto de la exitación, por lo tanto no demoré en correrme. Al notar esto, el viejo me quito de encima y se puso detras para sacudirme en 4 patas hasta que se descargó en mi interior tambien.

Yo me quedé recostada en la cama para descansar un momento, realmente lo había disfrutado mucho, nos turnamos para ir al baño a higienizarnos siendo yo la última en hacerlo. Al regresar, ambos estaban recostados con sus vergas firmes, el viejo nos confesó que había tomado una pastilla de viagra para la ocación, mi macho encambio era un semental así que podía seguir cogiendome aúnque haya acabado, por lo que no me sorprendía que siguiera firme. Sin mas vueltas el viejo me pide que se la vuelva a mamar, esta vez ni lo pienso, solo obedezco y me subo a la cama en 4 pies para empezar a saborear esa verga mientras con mi otra mano tomo la vergota de mi macho para pajearlo y luego intercalar mi boca entre ambos rabos. Pasado un rato, mi macho se levanta y se pone detrás de mí, comienzo a sentir sus manos acariciar mis nalgas, su boca lamer mi vulva y darme pequeños mordiscones. Me caliento mas, por lo tanto devoro con mas lujuria la verga del viejo; mi macho no se detiene ahí, su lengua comienza a darle placer a mi ano, sus dedos, envevidos en lubricante de abren camino de a uno estirando mi esfinter.

Mi macho me indica que monte al viejo que tenía los ojos blancos de la mamada que le estaba regalando, me clavo toda su verga de una sentada y empiezo a moverme despacio manteniendo todo el pedazo dentro. Los dedos de mi macho continuan su trabajo dilatatorio suavemente produciendome mucho placer. Ellos salen y su verga se posiciona en mi entrada para presionar e ir ganando espacio en mi interior. Yo estaba quieta, con la verga del viejo bien metida en mi concha, dejando que mi macho valla avanzando cada vez mas en mis tripas hasta meterna a toda. Les pido que se queden quietos y soy yo la se coge ambas vergas a la vez, cada vez mas rapido, mas fuerte, mas violento, mientras grito de placer y mi cuerpo se comienza a extremecer. Siento que falta poco para acabar pero me estoy cansando y ellos lo notas, asi que de empiezan a coordinar sus movimientos para darme una excelente clavada y chupada de tetas. No puedo mas así que suelto mi peso sobre el viejo y los dejo que me hagan tener una hermosa fenomenal acabada. Ellos siguieron un rato mas cada uno hasta que se descargaron bien dejandome totalmente rendida. Como supuestamente esa noche dormía en lo de una amiga, nos quedamos ahí a descansar ya que mi macho estaba solo y no tenía inconvenientes en regresar tarde a su casa. Por la mañana temprano, para evitar que nos vieran salir de ahí nos fuimos no sin antes regalarle una última mamada al viejo para dejar la tarea cumplida, satisfecha por una experiencia que ni pensaba tener a esta edad y que en cierta forma me marco para dejar de pensar que mi macho tenía que ser el único hombre que me toque.

De vuelta en el hogar, recordaba lo vivido y pensaba en otros hombres que me parecian atractivos, y que podrían llegar a ser mis proximas experiencias.

Vuelo nocturno

Confusas
Entre los pétalos
Alas de pájaros
M. Shiki

Al terminar la segunda película apagué la luz, y contra el respaldo del asiento delantero plegué la mesilla en la que se apilaban dos revistas y la novela que estuve leyendo casi desde que el avión tomó pista de despegue. Tapado con el cobertor de lana hasta la mitad del pecho, Alberto, mi marido, dormía como un tronco en el asiento contiguo a mi derecha y su profunda respiración era tranquila.

Él, que casi no probaba el alcohol salvo en alguna fiesta o en ocasiones especiales, se había bebido entera la botellita de vino tinto a la hora de la cena que ni siquiera tocó. Además se había tomado dos whiskys dobles en el aeropuerto para atemperar el nerviosismo y mal humor que le producían los vuelos largos, y así conciliar el sueño durante toda la noche, sin que le importaran las turbulencias o las 12 horas de aquel viaje claustrofóbico sentado en los asientos centrales de la última fila del avión repleto de pasajeros.

A su otro lado, una bella española, andaluza y trigueña de labios carnosos y ojos color miel, también dormitaba cubierta con la ligera frazada hasta los hombros. La vi cuando tomó asiento, alisando su minifalda color marfil que descubría unas piernas espléndidas y se ajustaba al relieve prominente de su trasero. Alberto había estado charlando animadamente con ella durante la primera hora del vuelo, e incluso intercambiaron sus respectivas tarjetas de presentación. Se llamaba Fabiola, nos dijo, y era antropóloga. Ella iba también de vacaciones y se hospedaría en el mismo hotel que nosotros, donde ya la aguardaba su pareja. En la semi penumbra de la cabina, resplandecía serenamente el hermoso perfil de la mujer y sus labios tarareaban en silencio la música que llenaba sus oídos.

A mi izquierda viajaba un caballero de aspecto oriental, quizá japonés o malayo de ojos almendrados y edad indefinida como todos los seres de su raza, con el que apenas intercambié algunas frases de cortesía en mal inglés, cuando cenábamos. Sus modales eran elegantes, casi solemnes, y su rostro hierático e imperturbable. El también había estado leyendo un libro escrito en un idioma para mi indescifrable.

El avión parecía estar suspendido silenciosamente en medio de la noche que se agolpaba en las ventanillas lejanas a nuestros asientos, a mitad de un océano que kilómetros abajo era una masa oscura, inmóvil como la sombra que nos circundaba y de vez en cuando daba unos breves saltos que me hacían estremecer.

Recliné mi asiento, me envolví en la manta hasta el cuello y apoyé la cabeza sobre el amplio pecho de Alberto. Aprovechando que bajo su cobertor él llevaba el cinturón y el pantalón desabrochados para descansar más cómodo, le bajé la cremallera y abracé su miembro en reposo con mi mano. En mis auriculares Sting, María Bethania y George Michael se alternaban para cantar en voz baja y me arrullaban. Aunque casi nunca he podido conciliar el sueño en los aviones, traté de dormir. Nos esperaban diez días de vacaciones en las soleadas islas del sur a las que viajábamos por primera vez, y quería estar fresca y despejada para disfrutar del reposo en compañía de mi marido.

La sola idea de saber que unas horas más tarde estaríamos los dos desnudos tendidos en la arena me producía un efecto de sensualidad y tibia placidez. Comencé a tener pensamientos eróticos recordando la forma en que habíamos hecho el amor durante toda una tarde no lejana, a la orilla del mar turquesa de Playa del Carmen. Nuestros cuerpos dorados y resbalosos debido al bronceador, se deslizaban uno sobre otro como dos delfines en rumorosa libertad, lejos de todo apresuramiento y aislados del formalismo citadino.

Aquella vez lo cabalgué como enardecida amazona sobre las blancas arenas solitarias, mirando al sol que se mecía tras el oleaje cristalino. El viento, salobre y denso, humedecía mi frente y mis cabellos; tendido boca arriba y desde atrás, Alberto se aferraba amorosamente a mis caderas y a mis senos, pellizcándome los pezones, besándome los hombros y el cuello transpirados. Yo a la vez me acariciaba oprimiendo en círculos y con suavidad sus huevos contra mi clítoris eréctil, entregando a la luz todo mi cuerpo.

Esa tarde me vine varias veces mientras él se esforzaba en contener su propio orgasmo, y en esa posición acuclillada saqué su verga de su cálido recinto para franquearle la entrada en mi culo aceitado. Abierto, el cielo se incendiaba de violetas y naranjas y nosotros sumábamos nuestros gritos y gemidos al ronco vaivén de la marea. Además de nuestra amiga Amarilis, solamente yo era capaz de engullir enteramente su enorme largura y grosor entre las nalgas, y de disfrutar de sus briosas y dulces embestidas como loca.

Suavemente comencé a humedecerme bajo el reflujo de aquella evocación y extendí las piernas para sentir cómo se hinchaban poco a poco mi clítoris y mis labios. Me saqué discretamente la tanga sin levantarme y sin moverme apenas de mi asiento, y aferrada al pene de Alberto me sumergí en las imágenes de aquella tarde, concentrándome en las sensaciones voluptuosas que inundaban mi cuerpo. Recordé también que al regresar de la playa ese mismo día salimos a bailar a una ruidosa discoteca, y que luego fuimos al hotel para hacer el amor en compañía de Amarilis y de José, su esposo. Ella quería ser penetrada por primera vez por cada orificio de forma simultánea, y después de acariciarnos y besarnos rodando las dos en un larguísimo 69, se montó de un solo golpe y hasta la empuñadura sobre la verga magnífica de Alberto.

José se hincó tras ella luego de lubricar su ano y empujó cuidadosamente su verga que yo me había encargado de ensalivar profusamente. Debido a las sinuosas contorsiones de mi amiga y por error de milímetros, la verga resbaló al interior de la ensortijada y pelirroja vagina de Amarilis que ya estaba ocupada por el miembro de mi marido. Fue así como nuestros dos hombres llegaron al fondo de su vulva mientras ella gemía de delectación y de dolor. Yo lengüeteaba y succionaba el par de huevos que entrechocaban en los umbrales de su ensanchada abertura, contemplando las dos vergas apretadas una contra otra, entrando y saliendo, deslizándose rítmicamente en el interior de su vellosa carnosidad dispuesta al placer, hasta que Juan retomó su camino y la enculó paciente pero salvajemente hasta los pelos. A horcajadas, me senté sobre la cara de mi marido para que éste me devorara al tiempo que Amarilis mordisqueaba jadeante y sudorosa mis senos, mis orejas y mi cuello. Luego las dos cambiamos de sitio sin dejar de besarnos.

El avión avanzaba en medio de la negrura que es la nada, y las frescas imágenes de pasión que se agolpaban y sucedían en mi memoria me hacían sonreír gozosa y me provocaban escalofríos anhelantes. Me estreché más al cuerpo de mi esposo. Aquellos vívidos recuerdos del fin de semana en Playa del Carmen me calentaban tanto como los momentos de deleite que los crearon y que compartía con Alberto.

De pronto, entre la ensoñación y la vigilia sentí un roce tibio sobre mi Monte de Venus. Era la mano de mi vecino oriental y no la mía, la que se había posado sobre mi entrepierna. Mi primer impulso fue el de apretar los muslos ante la turbadora intrusión del extraño, arrojar su mano lejos de mi, incorporarme y reclamarle escandalizada por ese absurdo atrevimiento. Pero alguna incomprensible razón me impidió hacerlo. Pensé que tal vez había advertido que me había quitado la tanga, y que aquello lo había interpretado como una invitación a acariciarme. Con cierto temor, tal vez avergonzada y ciertamente curiosa y excitada, cerré los ojos y dejé que me tocara aquel desconocido a quien no habría de volver a ver después de esa noche.

Permití que su palma reposara su dulce peso y calor sobre mi pelvis, y que minutos más tarde desabrochara cada botón de mi vestido camisero hasta dejarme semi desnuda bajo la frazada.

Sin estorbos, su mano se dio a la tarea de deslizarse, lenta y sabiamente, de arriba a abajo, reconociendo la geografía de mi piel desde la doble protuberancia de mis senos hasta mis ingles, desde el anillo de plata de mi ombligo hasta mis muslos. Al cabo de un largo rato, la mano del intruso se posó semejante a un pájaro de fuego en mi vagina ya empapada.

Yo estaba petrificada por la excitación y por el miedo. Jamás una persona extraña me había tocado sin que yo lo desease y consintiera, y sin que Alberto también estuviera de acuerdo. Además de vez en cuando algún pasajero transitaba por los pasillos hacia los baños, aunque nadie, y en esas condiciones mi esposo mucho menos, podía advertir que bajo mi frazada descansara entremetida la mano tan cálida de mi compañero de la izquierda. Volví el rostro y lo miré de reojo: cubierto también con la manta hasta el cuello, el hombre permanecía con los ojos cerrados detrás de sus anteojos redondos, con la cabeza hacia el frente, inmóvil como estatua de un emperador de un reino magnífico. Sus dedos, ajenos tal vez a su voluntad y a la mía, palpaban con cuidado aunque seguros, un territorio propio, antiguamente y de sobra conocido.

Sus dedos eran largos y llenos de misterio. Con las uñas rozaba apenas mi clítoris, sumergía una yema en la humedad apretada de mi sexo y retornaba al exterior para rascar ligeramente la orilla de mis labios, lubricándome con el jugo que manaba en abundancia. Recibí la sabiduría ancestral de aquellas caricias que desde algún país desconocido y remoto en el tiempo y el espacio iban encendiendo la claridad de mi deseo.

Más relajada y dispuesta a regalarme a mi misma esa experiencia volví a reclinar mi cabeza sobre el pecho de mi marido. La tersa y hábil mano se detenía cuando percibía un mínimo movimiento de mis caderas que instintivamente empezaban a menearse y entendí el mensaje.

Bajo la manta de lana, él haría suave y cadencioso aquel masaje, imperceptible para todos los pasajeros que dormían, incluyendo a Alberto, y yo no debía moverme, tan sólo concentrarme en su disfrute pleno. Así es que contuve cualquier empuje pélvico y solamente abrí un poco más las piernas para dejar pasivamente que sus dedos continuaran crepitando en su deliciosa travesía. Flexioné una rodilla para sentarme encima de mi pie, y por mi tobillo empezaron a descender los primeros hilos de mi lubricación.

Con lentos movimientos los dedos abrían y cerraban mi sexo, entraban un poco y salían para patinar unos segundos sobre el clítoris; luego presionaba su palma entera contra mi pubis mientras uno de sus dedos exploraba dulcemente mi ano que había dilatado su estrechez, y volvía a extraerlo para dar masaje a la entrada de mi vulva. Penetraba y oprimía lo necesario para hacerme ansiar más profundamente la duplicada intrusión de sus caricias, repitiendo sin pausa ni prisa los mismos pasos una y otra vez, exasperándome casi, palpando en zigzag de abajo a arriba con delicadeza y con pleno conocimiento de los puntos donde el placer se incrementaba hasta hacerse realmente insoportable.

Aquella mano tenía la masculina rugosidad del terciopelo. Me acariciaba como si mi vulva fuera un dócil animal ajeno al resto de mi cuerpo, un gato montés domesticado, un conejo urgido de su fuerza y su fineza. Nadie, a excepción de Blanca o Amarilis quizá, que sabían sostenerme con la punta de su lengua en la cúspide de la excitación sin dejarme precipitar en la vorágine del goce, me había tocado con tal refinamiento, aunque aquel no era el momento de establecer comparaciones.

Como si doblaran secretos origamis, los dedos descendían desde el clítoris hasta el derredor del ano, entraban una y otra vez de forma breve, para aquietarse sin hacerme traspasar los linderos del orgasmo.

Luego de mucho tiempo, el hombre retiró la mano y lo vi inclinarse para sacar de su maletín colocado bajo el asiento delante del suyo una lata redonda y plana, cuyo destello añil metálico creí reconocer entre las sombras. La abrió y metió en ella sus dedos y la volvió a cerrar. Debajo de la frazada su mano regresó al selvático rumor de mi entrepierna. El ungüento con el que él había lubricado sus dedos me produjo inmediatamente un intenso calor que trepó hasta mis mejillas y me hizo percibir con nitidez las aceleradas palpitaciones de mi sexo. Aquella era una pócima extraordinaria cuya atávica composición incrementaba el fuego de un untuoso placer que me encendía, haciendo resbalar una vez más sus dedos por encima y a través de los suaves caminos por donde sus yemas se habían abierto paso con facilidad, arrastrándose sin premura y alternativamente.

Me mordí los labios y contuve la respiración para no gemir, y apreté la verga de Alberto cuando me sobrevino el primero de los orgasmos que la experimentada mano de mi compañero de viaje me obsequiaba. El goce de sus caricias era multiplicado por la intensa calidez de aquella fórmula cremosa que a partir de la raíz profunda y oculta entre mis nalgas se iba ramificando, para crecer por todos los poros de mi cuerpo y enardecer a su máxima pureza mis sentidos en flor. Mi sexo hinchado estaba extremadamente sensible a la sofisticación de su tacto y él lo supo de inmediato. Dejó nuevamente quieta su mano sobre mi pubis, con un dedo inserto en los latidos de mi vagina y otro dentro del relajado anillo del culo, como si sus falanges fuesen dos anzuelos que saborearan mis involuntarias contracciones, prolongando en mi agonía la sensación de su abrasadora destreza manual.

En silencio, con los músculos tensos, me comencé a correr nuevamente, empapada en sudor de la frente a los tobillos. Sentía estar ya fuera de mi, presa de mi deseo y a merced de la sapiencia de aquella mano que, aunque estuviese inmóvil, hacía que mi piel se erizara de pies a cabeza. El hombre interrumpió su dulce recorrido en el momento en que mis caderas empezaron a empujar ansiando más, pidiendo que los dedos engarzados en mi cuerpo entraran más a fondo y sin contemplaciones.

La verga de Alberto se había endurecido por los apretones que yo había estado dándole cada vez que sentía sobrevenir un nuevo destello del éxtasis y había crecido hasta volverse tensa, lista para mis labios que buscaron con ansia su cabeza, y la introduje en mi boca.

Empecé a succionarla al tiempo que la mano del extraño se movía de nuevo y hechizándome me llevaba a la cima de otro orgasmo. Mi esposo seguía sumido en el sueño más hondo sin percatarse del estado al que me había conducido la maestría de mi diestro compañero de viaje, ni de que mi mano y mi lengua envolvían las oscuras palpitaciones de su miembro, paladeando su enhiesta textura, mamando su progresivo grosor y gusto a dátil.

Fue entonces cuando sentí la mirada de la vecina de asiento de Alberto, y levanté ligeramente la cabeza para buscar su mirada. Sus ojos agrandados tenían una mezcla de delirio y estupefacción por la escena que observaban, pero sus labios esbozaban una leve y cómplice sonrisa. Sabiéndome mirada sin cortapisas en mi deliciosa tarea y sin importarme ya que se hubiese deslizado de su sitio la manta de mi marido, regresé golosa sobre el miembro de Alberto. Al comenzar a lamerlo otra vez, aún viniéndome, advertí que bajo el cobertor de Fabiola se movían sus manos nerviosas.

Sin dejar de chupar y envuelta en el oleaje del prolongado orgasmo, estiré mi brazo bajo la manta de la española donde encontré su propia mano. Ella se acariciaba con rapidez mirando el espectáculo de la verga de mi marido entre mis labios. Sin decirle nada, aparté suavemente su mano de su sitio, y puse la mía encima de la sedosidad depilada de su pubis. No tenía ropa interior y mis dedos hallaron de inmediato su clítoris tan erecto como el mío. Metí un dedo en aquella cueva mojada y empecé a masturbarla con la misma ternura que el oriental me acariciaba desde hacía no sé cuántas horas.

Los dedos de Fabiola se disolvieron entre los cabellos revueltos de mi nuca, empujándome hacia abajo para que mi garganta se llenara de la verga de Alberto hasta los huevos resbaladizos, e imprimió un ritmo cadencioso a mi mamada. Me quité un instante para lamer la base del miembro de mi marido, y ella se inclinó para absorber la hinchadísima cabeza que mi otra mano le brindaba.

Alberto continuaba dormido, respirando pesadamente. Introduje otro de mis dedos entre los blandos pliegues de la chica, y di un suculento masaje a su clítoris inflamado. A lo largo de media hora que me pareció eterna, mi boca se unió a la suya, besándonos en torno a la punta de la verga de mi marido, hasta que eyaculó un primer chorro espeso que recogimos las dos con las ávidas lenguas, absorbiendo después los que vinieron y el sabroso miembro volvió, seco por nuestras bocas, a su estado normal sin achicarse.

Ella se echó para atrás contra el respaldo de su asiento y separando aún más las piernas apretó mi mano con las suyas cuando sintió llegar un orgasmo explosivo, al tiempo de que los cálidos dedos del extraño me conducían en vilo hacia la cumbre de otro orgasmo, éste más suave que los anteriores pero también más alto y ensanchado.

Después que el oriental retiró su mano yo dejé chapotear mis dedos en la caliente lubricación que derramaba el sexo mullido de Fabiola, hasta que encendieron la luces de la cabina y entonces tuve que incorporarme con prontitud para cubrir a Alberto y recobrar la compostura antes que las azafatas empezaran a desfilar por los pasillos llevando y trayendo bandejas con agua, café y jugos de fruta.

Desde el hombro de mi marido le sonreí a Fabiola y ella se acercó para besar mis mejillas brevemente y decirme al oído, suspirando: –Eres maravillosa y quiero follar contigo en cuanto nos instalemos en el hotel. Voy a hacer que me alojen en un cuarto junto al vuestro– añadió sonriendo en medio del resuello. Su cabello olía a hierbas silvestres y su aliento conservaba el inconfundible sabor de Alberto. La maravillosa eres tú– le regresé el piropo y fui sincera al decírselo. Yo no me atrevía a volver el rostro hacia el vecino de asiento que me había proporcionado aquellas horas majestuosas en la privilegiada sombra del vuelo. Mi marido despertó minutos después del aterrizaje.

Alberto esperaba impaciente a que salieran nuestras maletas en la banda transportadora cuando vi a lo lejos a mi compañero de viaje frente a la ventanilla del cambio de divisas. Aproveché para acercármele por la espalda al momento que el cajero le daba monedas y billetes. Quería expresarle mi gratitud por aquellas intensas e infinitas horas de placer que me había prodigado entre la oscuridad nocturna. El también me miró, hermético y contenido, sin traslucir emoción de ningún tipo.

Thanke you –le dije con la más amplia de mis sonrisas, satisfecha.

De nada, señora –me respondió inmutable en perfecto español y con marcado acento norteño–, el placer ha sido mío. Aquel hombre de pulcro asppecto oriental a quien debía tantos y tan magníficos orgasmos era tan mexicano como yo. Xicoténcatl Terreros Pérezluna, traductor del árabe y el hebreo, catedrático de griego y latín en una universidad chihahuense, rezaba la tarjeta de presentación que me dio junto con la pequeña lata envuelta en mi tanga todavía húmeda. De inmediato las guardé en mi bolso de mano.

Consérvela en memoria de este viaje –me dijo– a usted yo la recordaré de hoy en adelante para siempre. Sorprendida y sin responderle o darle las gracias en nuesstro idioma común, regresé rápidamente con Alberto que ya había recuperado el equipaje y el sentido del humor, y salimos del aeropuerto.

En el taxi camino al hotel, me sobrevino otro orgasmo, sin aviso previo, sin estímulo de ninguna especie. El ungüento seguía haciendo su efecto y abrí la ventana con el propósito meter el rostro entre las húmedas ráfagas del día, al tiempo que hacía esfuerzos para que no se notaran mis jadeos. Aspiré a bocanadas el viento del verano austral.

Luego de haberme bañado en el jacuzzi con abundante espuma y de recobrar nuevamente la frescura, y mientras Alberto entraba a tomar una ducha que le devolviera la plenitud de su conciencia, salí al balcón del cuarto del hotel para que el aire secara mi piel y llenara de yodo mis pulmones. Aún me palpitaban, abultados, los labios inferiores.

Ahí, frente al mar y a cielo abierto abrí el bolso y saqué la lata azul metálico de su envoltorio de satín y encaje. Para mi asombro, la pequeña lata era similar a la que yo llevaba en mi equipaje, dentro del maletín donde guardaba los bronceadores, el perfume, las cremas y un par de vibradores. Era la misma crema humectante que utilizo desde la adolescencia para quitarme el maquillaje que ocasionalmente aplico sobre mis pestañas y párpados. No tenía nada de mágica o de ancestral como supuse, o como mi imaginación desbordada me hizo creer, cuando la mano de mi hábil y sigiloso vecino de asiento me la aplicó para incendiarme larga y sostenidamente hasta el arrebato de mis sentidos.

No sabía si reír de mi fantástica ingenuidad o realmente tomar conciencia de que aquellos placeres sensacionales se debían a una simple y sencilla crema limpiadora del cutis, y que la mano prodigiosa que me había transportado en un tumultuoso viaje hacia mis laberintos interiores era realmente poseedora de una sapiencia milenaria, una sabiduría acumulada por los siglos en los que los seres humanos hemos sido capaces de reconocernos en el deseo del otro y en la entrega sin ambages o acondicionamientos. Desnuda en la terraza de un hotel desconocido, de cara un océano luminoso que me abría sus íntimos secretos y me envolvía de brisa y alegría, solté una incontenible risotada. Me sentí feliz por aquel instante, más mágico aún que los que se desgranaron durante el viaje.

Desde el balcón adosado al de nuestra habitación escuché una voz agradable y cristalina–: Hola, ¿de qué ríes, qué te ha hecho tanta gracia? Quien me hacía la pregunta era Fabiola, la hermosa española, desnuda de la cintura para arriba, vestida únicamente con un pareo transparente anudado en la cadera y mostrando sus pechos espléndidos, coronados por dos grandes y sonrosados óvalos, al sol del mediodía. Tras ella, abrazándola cariñosa por los hombros, su pareja también desnuda y mojada como yo, me sonreía intrigada. Seguramente Fabiola ya le habría contado acerca de la manera en que ella y yo nos habíamos conocido durante el vuelo. Se llamaba Rubí y el cabello dorado le caía hasta la cintura sensual de su cuerpo brasileño. Ella oprimía sus senos tiernamente a la espalda brillante y aceitada de mi nueva amiga.

Me río de la vida y con la vida, por el placer de saberme llena de sorpresas y de energía –respondí acercándome a ellas para abrazarlas y besarlas por encima de la barandilla de poca altura que nos separaba–, y less di la lata que contenía la crema milagrosa. Tendríamos diez días para compartir aquel regalo que de mi mano, o de la mano feliz del azar o la fortuna, nos llegó del cielo.

Al unir la humedad de nuestras lenguas, súbitamente sentí ascender, vigoroso y expansivo, el suntuoso temblor de un nuevo orgasmo

 

Por: Rowena Citali

La dieta / Parte 2

Bueno como siempre pasa cuando las cosas van para mejor, siempre algo las estropea o si lo vemos con otra cara las mejora aun más a la larga.
Pues así fue, un día sin darme cuenta al ir a la oficina de mi mujer, la que me esperaba en la puerta del edificio, a la vista ambos nos saludamos y sin mediar aviso, Francisca saltó encima de mí, me abrazó y me dio un gran beso, por su puesto mi señora nos vio y apresuradamente vino a mi encuentro con una cara que ni se las cuento, venia toda la artillería apuntando, con bandera roja pero roja y a punto de disparar todo arsenal nuclear que tenia el mundo, mi mujer es celosísima a rabiar, antes de que pudiese sacarme a Francisca de encima y avisarle, mi señora ya esta al lado nuestro, por suerte Francisca se dio cuenta y tomo la palabra diciendo que era un gusto de verme, que hacia años que no me veía, que su familia se acordaban siempre. Sin perder tiempo le presenté a mi señora y después de un rato y muchísimas disculpas mi señora se calmó, lo que nos permitió conversar con tranquilidad y apagar las cosas. Por supuesto después en casa, la cosa retoma vuelo, lo que terminó en pelea y nada de nada.

Al día siguiente mi mujer de celos fue a ver a Francisca al Café y decirle las mil cosas que pensaba, yo sin saber nada. Mi mayor sorpresa fue cuando al pasar a buscar a Francisca esta ya se había ido, la llamé al celular y estaba apagados, así que me fui a casa. Mayor sorpresa, estaban ambas conversando como si fuesen amigas de años, y mi hijo jugaba con su hija feliz (principio de caos). Por supuesto esto se produjo reiteradas veces e incluso muchos fines de semana salíamos fuera de la ciudad todos juntos y nos alojábamos también juntos.

Bueno en una de estas salidas, todo se solucionó, el sol brillo, la familia creció, y lo mejor fue que a mi mujer subió de cargo y se estabilizó mejorando sueldo y proyecciones, a mí también, ahora soy gerente de un área de la empresa, Francisca, ingresó a mi empresa y trabaja conmigo, bajo mi supervisión.

De los cafés, ahora somos dueños de 2 de ellos, los que agrandamos, nuestros hijos van juntos al colegio, nos cambiamos del departamento a una casa de sobre 180 mt2 para dar cabida a todos con un patio de miedo, tenemos toda una manzana. Y por su puesto el sexo también, ahora todo es perfecto.
En una de estas salidas a la playa, ya de noche, yo con mi señora empezamos a tener sexo y ….

de repente mis piernas tocaron las piernas de Francisca que muy sutilmente había ingresado a la habitación y se había arrimado a nuestro lado sin darnos cuenta, su mano sobre mi muslo y los de mi mujer que seguía encima de mí más entusiasmada que antes, sentía el calor de su palma en mi pierna, y la sensación era tal que entre pánico y calentura termine explotando dentro de mi señora violentamente ambos a la vez. Todos nos vimos con cara sonriente.

Francisca se animó y comenzó a tocarme las piernas más fuerte, yo hice lo mismo pero me dediqué mas a tocar sus pezones principalmente el izquierdo el cual estaba durísimo, sentía su mano subir por entre mis piernas hasta llegar a mis testículos, muy mojados, excitándome a cada segundo, intercambiamos un beso profundo con nuestras lenguas, mi señora reclamó diciendo y a mi cuando, Francisca dejó de besarme abruptamente para besar a mi señora y se dedicó a acariciar los pezones de mi mujer mientras se iba sacando su babydoll, mientras tanto mi mujer comenzaba nuevamente a moverse encima de mí y a jadear hasta explotar su jugos encima de mí, después recostándose a mi lado, sin perder tiempo ni separándose Francisca pegada a ella empezó a bajar rápidamente hasta abajo, empezando a chupar su sexo y succionar sus jugos intensamente, lo que provocó una nueva explosión ahora más intensa con casi gritos de placer. Cuando me intento dar vuelta para apreciar todo, Francisca y mi señora al unísono me tomaron mi pene y se abalanzaron sobre él, primero a besarlo, luego a chuparlo y entre ambas me profesaron el mejor mamón en mucho tiempo al cual acababa en sus bocas las cuales peleaban por tomar todos mis jugos, dejándome mi pene limpio y reluciente, no sin antes tragarse hasta la última gota, saltaron en risas, me abrasaron, se abrasaban, se besaban, me besaban como si esto pareciera un juego de niños chicos. Ahora comenzábamos de nuevo pero los favores eran para Francisca. Mi mujer empezó a besar y acariciar a Francisca bajando cada vez mas llegando con su lengua a su clítoris e introduciéndomela en su conchita rosada, jugaba con sus dedos mientras yo le entregaba mi miembro a Francisca preparándoselo, nos estábamos regocijando los tres, mi señora sacó su cabeza de entre las piernas y se recostó al lado mío, dejando sus piernas abiertas para que yo me decidiera a hacer lo que ella mas quería, nunca había hecho algo así, pero mi excitación iba cada vez mas en aumento, le dije a Francisca solo apóyale tu cara en la pelvis mientras yo te penetro, me acomodé, empezando a penetrándole totalmente, era una sensación enorme ella me acariciaba mis pelos y yo introducía mi pene en su concha mientras que mi señora comenzaba a acariciar los senos de Francisca, en instantes teníamos un orgasmo sensacional, tal era mi excitación que bajé la cabeza apoye mi lengua en su boca y comencé a bajar hasta llegar a su clítoris recibiendo todos sus jugos y más luego toda mi trompa en su concha hasta llegue a besarle el orto, ella se empezó a mover muy bien hasta llegar al orgasmo justo cuando yo estaba acabando dentro de la boca de mi mujer. Los suspiros de Francisca eran eternos, el néctar que desprendía mojaba mi lengua, era sabroso y al sentir mi leche en la boca de mi señora me di vuelta y nos dimos un beso saboreando este semen.

Así seguimos intercambiándonos hasta el amanecer, sin darnos cuenta. Ya exaustos y con un poco de frío nos introducimos a la cama, abrigándonos, no habrían pasado 30 minutos cuando de bruces fuimos despertados por nuestros hijos que saltaban felices en nuestra cama y que deseaban salir a jugar.
Por supuesto el resto de la historia ya lo saben, llevamos tres años felices juntos, amamos a nuestros hijos y a nosostros, no podemos estar sin los otros.
De la dieta, esta fue lo mejor de todo el mundo, no ha fallado en nada, en tres años mi señora y yo volvimos a nuestro peso ideal, vamos al gimnasio de 4 perillas todos los días, nuestra glicemia y colesterol están mejor que nunca, ahora los tres tomamos PPG y comemos carne todos los días, salvo por ciertos días que al cabo del tiempo comienzan y terminan los mismos días entre ambas.

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Mi resbalón con mi cuñada

Yo siempre he sido respetuoso en las relaciones, aun cuando estuve noviando. Hoy que estoy por cumplir 8 de casado, me ocurrió algo fuera de los normal. Uno sueña en ocasiones en tener sexo con su cuñada, solo son fantasías pero a veces si hay una conexión entre ambos esa fantasía se puede volver realidad.

Estoy casado, mi esposa tiene 5 hermanas de las cuales 4 están casadas y 2 no lo están, una de ellas es mayor que mi esposa y la otra es la menor de todas, mi cuñada, la más chica, tiene 22 años, mide 1.71 mts, es blanca y tiene ojos claros… por su altura tiene unas piernas largas y bien definidas y tiene un trasero bastante aceptable y firme, tiene pechos de tamaño regular ˆa mi me gustan de pechos grandes- sin embargo ella los tiene duros…

Algo que me excita de mi cuñada, es que a pesar de que es virgen (bueno ya no lo es), es una muchacha recatada y muy tranquila, es mujer de familia y educada a la antigua (esto por supuesto trae inexperiencia en ciertas cosas como el sexo, por ejemplo). Es la forma de vestir ya que utiliza en ocasiones pantalones de mezclilla que le resaltan sus atributos físicos, entre ellos el que mas me impacta el como se le marca la pepita en el pantalón. Otras ocasiones se viste en ropa coordinada, blusas pegadas y faldas a la altura de la rodilla que dejan ver su par de hermosas piernas.

Cuando platico con ella me dice que no tiene suerte para el Amor y que normalmente los galanes le huyen.

Otras veces me dice que si me parece fea o que si no es atractiva y es aquí cuando yo le digo que por el contrario que está muy bien y que ya quisieran otros hombres incluyéndome a mi estar con ella… eso le causa sonrojo y a la vez gracia y me dice: -imagínate lo que te diría mi hermana, si te escucha hablándome así….. pero no tiene por que enterarse y sonríe…

Una de las tantas veces que platiqué con ella me comentaba que se sentía indecisa respecto al estudio.

Yo le sugerí que lo pensará porque el estudio no es como el matrimonio, te puedes casar y si te equivocas puedes corregir, pero en el estudio si tu estudiabas algo que no te gustaba fracasarías por de que ibas a vivir. Ella me preguntó si me sentía a gusto con mi matrimonio y yo le expresé que sí… de ahí empezó a cuestionarme más y más cosas…que se sentía dormir con una persona en una misma cama, y cosas por el estilo y hubo una pregunta que me “campaneo” en la mente y era que si ya estando casado no se me antojaba tener un “resbalón” con otra mujer. Yo respondí que de que se te antoja se te antoja pero hasta ahí solamente. Otra cosa que me preguntó fue que si había alguien que en la actualidad se me antojara… yo respondí que Nicole Kidman, pero ella me interrumpió diciéndome que no fuera figura pública… Me quede pensando y le respondí lo siguiente: ¿quieres que te responda como tu cuñado o te respondo como hombre que soy?…. respóndeme como hombre y me miro fijamente…

Bueno, respondí, prométeme que lo que te diga no se lo contarás a nadie… hay una chica que me gustaría acostarme con ella y ser su primer hombre… y esa chica eres tú….me puse nervioso al ver su reacción ya que se sonrojó por completo y luego soltó una carcajada…. yo me sentí como un pendejo… y le dije.. es mi respuesta , te lo digo como hombre pero olvídalo….tu me preguntaste si deseaba a alguien y yo te respondí… pero olvídalo… ella después que se calmó me dijo: supusiéramos que lo que tu me dijiste fuera reciproco… ¿tendrías relaciones conmigo? ¿te animarías?, claro que es un supuesto… y al tiempo que lo decía note que respondía algo nerviosa y sonrojada a la vez. No sé, respondí inmediatamente, pero uno nunca sabe… en ese momento le dije, bueno estuvo “suave” la platica…ya que me tengo que ir (sic)… recuerda que lo que te dije queda entre nosotros…. ella me detuvo y me dijo, es en serio que te gustaría tener relaciones conmigo o lo dices nomás por hacerme sentir bien… mi respuesta fue contundente… claro que te deseo pero…no sé…como que sería una buena experiencia…. Ella se paro frente a mí y me dijo hagámoslo, dime cuando y donde….. Mi reacción fue de nervios, emoción, sorpresa y temor… de hecho me dieron ganas de tirarla en el sofá y arrancarle la ropa y empezarla a besar por cada una de las partes de su cuerpo…sin embargo se me vino a la mente la parte moral y me calmé un poco…ella me dijo… ¿entonces sí?, a lo que respondí… ˆmira, hay que pensar bien las cosas, hay muchas aspectos en juego…tu eres mi cuñada, quiero a tu hermana… quien me asegura que a la larga en un momento de “sentimiento de culpa” llegues a platicar sobre esto con alguien o con tu misma hermana…eso me perjudicaría más a mi que a ti… Eso no ocurrirá me respondió ella. Piénsalo bien le conteste, date tiempo para eso… si estas segura de hacerlo comunícamelo por e-mail…. sino imagínate que esta platica nunca pasó.

Pasaron mas de 2 semanas y de hecho seguí viendo a mi cuñada y platicando con ella cuando visitábamos a mi suegra y me imagine que el „asunto‰ había quedado en el pasado hasta que un día, checando mi correo electrónico, recibí un mensaje de ella donde me decía… ya no puedo más…. sino lo hago me voy a quedar con el gusanito del “que hubiese” pasado… si estás dispuesto respóndeme inmediatamente y dime el día y lugar para vernos, toma en cuenta que yo no puedo salir muy de noche y sería bastante extraño en la casa que de repente diga que voy a salir a dar la vuelta con una amiga cuando no soy así de fiestera (sic).

Conforme leía el e-mail, se me empezó a acelerar el ritmo cardiaco, me empezaron a sudar las manos…no tuve tiempo de pensar y analizar los riesgos…mi pito fue el que tomó la decisión en ese momento y envié la respuesta: martes, pasó por ti a tu escuela a la 1:30 pm. Ya inventaré en mi trabajo algo para justificar mi ausencia por la tarde… comenta en tu casa que llegarás a las 7:00 pm ˆinventa algo-. Voy a pedirle a un amigo que me preste su carro para no mover ni el tuyo ni el mío…te llevaré primero a comer… yo sé que no tomas licor pero tendrás que hacer el esfuerzo por tomarte por lo menos 3 copitas, créeme nos van hacer falta, de allí nos vamos a un motel que esta fuera de la ciudad, por el lado del aeropuerto. Si estas de acuerdo envíame respuesta por e-mail.

La respuesta llegó 20 minutos después, aceptando lo que le comenté en el mail anterior. Pero además me agregó ¿Quieres que me vaya vestida con la falda y la blusa con la que te gusta verme o me voy con el pantalón de mezclilla? De ambas maneras se ve deliciosa pensé en el momento, sin embargo sugerí que como estaría en la escuela sería más común que vistiera el pantalón de mezclilla.

Durante los cuatro días que pasaron para que llegara el martes, no tuve contacto físico con mi mujer. Era tanta mi excitación por lo que iba acontecer que se me para el pito a cada rato y con ganas de masturbarme para quitarme esa tensión… no lo hice porque quería llegar con buena reserva de “leche” lista para complacer a mi cuñada.

Martes, 1:00 pm, salí en mi horario normal de comida, me dirigí raudo y veloz a la casa de una amigo para que me prestará su coche… hice 20 minutos en llegar a su casa y otros veinte en llegar a la escuela… ya valió madre, me decía yo mismo, a ver si no se fue.

Llegando a la escuela me percate que en uno de los estacionamientos estaba su carro… ella estaba bajo la parada de un autobús cerca al estacionamiento y yo soné el claxon para que se diera cuenta de que había llegado. Me acerque con el carro a la parada, ella abrió rápidamente la puerta y se subió… me saludo y me dijo…cinco minutos más y me hubiera ido… Andaba vestida con un pantalón de Mezclilla con el que se le marcaba la panochita… Traía puesta una blusa ajustada al cuerpo, cuello de tortuga pero que resaltaba sus pechos… se veía hermosa pero a la vez la notaba tensa.

La llevé a un restaurante conocido de la ciudad y pedimos un platillo especial para ambos… le pedí una copita de vino y no quiso, de hecho no bebió licor en el establecimiento, tampoco yo lo hice…durante la comida platicamos de cosas sin importancia.

Terminamos de comer y nos dispusimos a salir del lugar. Ya en el carro me comentó que si siempre la llevaría al Motel que le había comentado y le respondí que sí. Durante el trayecto platicamos muy poco, se sentía el ambiente tenso… faltaban unos 5 minutos para llegar al motel cuando le dije: – mira si te sientes insegura de hacerlo, no lo hacemos y listo, te lo digo sinceramente… Ella sonrió y me dijo: no, no es eso, pero a lo mejor no lo disfrutas como yo quiero que lo hagas, acuérdate que soy primeriza. No te preocupes, le respondí, yo te diré que hacer y lo que no te guste no lo hacemos ¿OK?, ella respondió acercándose a mi y recostó su cabeza sobre uno de mis hombros, en ese momento se me empezó a poner dura la verga y empezó a babear como nunca antes había babeado.

Habitación 23, disfruten de su estancia, diviértanse, nos dijo el recepcionista a la entrada del motel con una sonrisa (ya se imaginaba, que hacíamos como a las 3:30 pm, en un motel???). Entramos al estacionamiento exclusivo del cuarto, me bajé rápidamente… ella pensaba bajarse también y le dije, espérate, deja cierro la cortina del estacionamiento. Ya cerrada la cortina me fui directamente a su puerta y la abrí. Se bajo y quedamos de frente los dos. La tomé de las manos y se estremeció…luego la tome de la cintura y acerque mi boca con la suya… empezamos a besarnos tiernamente y después más efusivamente, pegue su cuerpo junto al mío y presionando ambos cuerpos contra el carro, deje que sintiera la erección completa de mi verga que pedía a gritos salir y perforarla… duramos así casi 5 minutos. Al separarnos ella tuvo la curiosidad de voltear a ver mi entre pierna y vio un bulto y una parte mojada de mi pantalón… yo me apene un poco, mi cuñada me tenia mojado por completo…le susurré al oído: -vez como me pones al tenerte cerca… acto seguido la tome de la mano y nos metimos al cuarto…

Entramos a la habitación y mi cuñada como era la primera vez que entraba a un motel, empezó a husmear todo, revisó el baño, vio el jacuzzi, reviso el armario y prendió la televisión, lo primero que vio de imagen fue un trío, dos hombres penetrando por cada agujero a una suculenta morena que gemía de placer…

Acto seguido la apago como asustada. Lo que mas le llamó la atención fue el enorme espejo pegado en el techo, específicamente arriba de la Queen Size y me pregunto para que era… mi respuesta fue reírme al tiempo que me acercaba y la abrazaba…comenzamos a besarnos, parados a un lado de la cama… la puse de espaldas y empecé a acariciarla por todas las partes de su cuerpo… besé su cuello y empezó a cerrar sus ojos… yo no los cerré…. no quería perderme su reacción, sus gestos….sentía su respiración agitada y comencé a desabotonar el pantalón de mezclilla ˆputo pantalón-, luego al tratar de bajarlo me dijo, apaga la luz por favor, nos quedamos a oscuras solo nos iluminaba unas luces de neón que cubrían el espejo en el techo… Aun parados, baje más su pantalón a la altura de los tobillos, puede apreciar con la poca luz de neón que ella no utilizaba tanga, ni mini pantíes, sino calzón normal… me hinqué delante de ella y empecé a lamer sus piernas, a besarlas, desde la cintura hasta los tobillos, cuando ella sentía que mi boca estaba por acercarse a la tierra prometida se estremecía, se contraía su vientre, sin embargo yo finteaba y besaba a un costado de su tesoro…eso la calentaba más…. me levanté posteriormente y le pedí que se sacara la blusa cuello de tortuga…. lo hizo sin ningún recato…. comencé a besarla de la cintura hacia arriba al tiempo que mis manos recorrían su brasier para quitarlo del camino…. mis manos temblaban de la emoción… me sentía como un novato y eso me excitaba aún más… al quitar el brasier que cubrir sus pechos, me abalance sobre de ellos para besarlos… los sentí duros, muy tibios, mi lengua empezó a chupar sus pezoncitos rosados y sentí como se endurecían al contacto de mi lengua… La recosté en la cama lentamente, le termine quitando las zapatilla y el pantalón que estaba estancado a la altura de los tobillos… por supuesto…elimine de su cuerpo la parte que cubría su pequeño tesoro…me subí a la cama con ella…comenzamos a besarnos y le dije: si algo no te gusta, dímelo… ella respondió con un OK.

Comencé a recorrer todo su cuerpo con mi boca, le iba dejando pequeños mordiscos y chupetitos en los pechos, vientre, en las piernas, eso la empezó a excitar mucho y a mi más… cuando me acerque a la zona prometida le pregunte: lista para el paseo?…. y ella respondió: que dijiste?… en ese momento mi boca y mi lengua se posesionaron de su panocha… ella al sentir mi lengua sobre su tesoro jamás violado se estremeció y sentí como su piel se le puso de gallina… mi verga empezó a babear mas de lo esperado porque esa panocha que me estaba comiendo estaba depiladita por completa… mis labios y mi bigote se llenaron del cálido jugo de ella…ella estaba teniendo un orgasmo … mi lengua siguió con su trabajo demoledor, casi 10 minutos mamándole la panocha…cosa que no había hecho con nadie más que con mi mujer…pero carajos no tanto tiempo. Después de eso, me levante abruptamente, me saque el pantalón, camisa, todo en un tiempo record… me monte arriba de ella pero en sentido contrario, es decir, mi cara daba a su panocha y mi verga a su cara… mi verga estaba mas dura que una piedra y mas mojada que la mismísima agua… le empecé a mamar de nuevo la panocha, ella por instinto empezó a tocarme la verga y los huevos, no se animaba a besarlos todavía… sin embargo yo seguir lamiendo y empecé a utilizar uno de mis dedos para tratar de romper esa liga que podría impedir el paso de mi verga por esa gruta nunca antes recorrida…al hacer esto dedo, lengua, dedo en su panocha ella se mojó mas y luego empezó a masturbarme rápidamente apretaba mi verga con tal fuerza que aunque me causaba un poco de dolor me causa placer de igual forma…. cuando menos lo espere ella se introdujo mi verga completita en la boca y la empezó a chupar, lamer y le dama mordiscos…eso lo hizo en el momento en que estaba llegando a otro orgasmo más…. fue tanto la rapidez en como devoraba mi verga que no pude soportar y descargue una buena cantidad de leche en su boca… ella reacciono … abrió su boca y emano leche ardiente por sus mejillas… rápidamente me quite de esa posición…creo que le excito sentirme y sentir la leche en su boca y sentir como mojaba su cara…no respingo… en ese momento yo ya más excitado y caliente sentía que había más leche queriendo salir….. abrí sus pierna de golpe y coloque mi verga que palpitaba más y más y de un golpe clave los 17 cms de mi miembro… ella pegó un grito y puso sus ojos en blanco se estremeció…. se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas y a su vez se inclinó hacia mi y me abrazó de la cintura como deseando que le clavara hasta los huevos… yo comencé a disparar los chorros de leche que estaban esperando ansiosos salir y encontrar esa cueva cálida y húmeda de mi cuñada….nos quedamos así en esa posición por 5 minutos…era maravilloso ver su rostro cubierto de leche… ella sonreía , con lágrimas en los ojos… yo le susurré: siento haber sido algo brusco…así tenía que ser… ella respondió: sentí dolor pero más sentí el placer de sentirte dentro de mi…ya soy tuya, me dijo y me abrazó… al retirar mi verga ya toda agotada y rosada por las mordidas de mi cuñada, pude notar que venía manchada con un poco de sangre… ya de ahí nos pasamos al baño a ducharnos… quise penetrarla de nuevo pero me dijo que se sentía adolorida, pero me pidió que le mamara de nuevo la panocha y yo accedí, posteriormente ella me mamó de nueva cuenta la verga y hasta me masturbé con sus tetas… al sentir mi orgasmo descargué toda la leche sobre su pecho…. terminamos de enjuagarnos… posteriormente nos cambiamos y nos fuimos del lugar.

En el trayecto de regreso no hablamos absolutamente nada…nos despedimos como cuñados… de la mano… desde que tuvimos ese encuentro….hace casi dos años… nos hemos acostado cuando mucho unas 15 veces… ella me hace llegar un correo y me pone ¿quieres hacerlo de nuevo?…. actualmente ella tiene novio y no ha tenido relaciones con él…. ella me dice que le hace saber a su novio que es virgen todavía y que solo se entregará a él cuando este en un altar…

Yo he tenido remordimientos, a veces me siento sucio… ya que nunca había sido infiel con alguien, siempre que veo el mail y veo el nombre mi cuñada diciéndome que lo hagamos, quisiera decirle que no, pero de recordar que hacemos cosas inimaginables que ni con mi esposa haría me hace flaquear y ceder ante sus encantos.

No me importa si ustedes juzgan o no como verídico este relato, lo que les puedo afirmar que ha sido una experiencia que me tiene al borde del abismo.

Revisación médica????

Era el 2010, me habia recibido de Tripulante de Cabina de pasajeros, mas comunmente de Azafata de Avion. Era el turno de pasar el psicofísico para obtener la licencia para volar… Me dirijo a la Fuerza Aérea de mi provincia… Ver a todos los hombres con el uniforme camuflado me hacia sentir un aire de atraccion increible…
Pasé varios exámenes, psiquiátrico, psicológico,vista,audiometría, electro etc etc… Llegué a las 7 am y eran las 13 hs y seguía con la revisación, el último control era con el médico clínico que te hacía un chequeo general….
Entré al consultorio al escuchar mi nombre y apellido, me saluda muy amablemente el médico y cierra la puerta con llave, afuera en la puerta decía bien grande “NO GOLPEE ESPERE A SER LLAMADO”…
Tenia puesta una chaqueta blanca, tendría unos 38 años, canoso ,eso le daba un aire de maduro espectacular, ojos verdes y estatura mas bien bajo que alto, esa altura justa que me gustaba…
Me pregunta edad, estado civil, si tuve operaciones etc etc… Me miraba con esos ojitos picarones mientras dejaba escapar una sonrisita a cada respuesta….
Me hace sentar en la camilla, me revisa los ojos, los oidos, y me pide que me saque la camisa… Yo iba con una camisa medianamente holgada de animal print, calzas negras ajustadas y zapatos altos, era la revisacipon de mi vida y había que ir bien vestidos…
Me empiezo a desabrochar la camisa y vi como me sonreía, queria descubrir lo que llevaba oculto el muy putito…Tenía puesto un conjunto de encaje negro que realzaba aun mis tetas con un moñito rosa en el medio…
Apoya el estetoscopio en mi espalda y hace que respire hondo,muy bien me dice… Ahora rescostate boca arriba en la camilla, se inclina y me lo pone en mi pecho, “te tengo que correr el corpiño un poco para escuchar mejor”… A esa altura ya tenia el ritmo cardiaco a 200 ppm…
Era exitante ver con qué picardía exploraba las partes de mi cuerpo, me dice excelente,…
“Ahora parate y sacate las calzas, tengo que ver si tenes cicatrices”… Así lo hice… Me quedé en mi conjunto de ropa interior sexy y zapatos altos, era un culotte de encaje que se traslucía parte de mi conchita, me ruboricé entera, nunca pensé que me tenia que desnudar toda…
Me rodeó mirando cada parte, mi colita grande pero siempre parada, derechita como para marchar… “PERFECTO” exclamo…
SentÍ que me agarro por detrás mis tetas y me apoyó con una erección increíble en mi colita, no me lo esperaba… Asi deje salir un suspiro de sorpresa y placer a la vez… El sabia con quien si y con quien no, llevar la revisacion a comun a una mas profunda…
Me bajó el culotte lentamente y me dijo que no me sacara los zapatos, yo parada y con las piernas abiertas me dijo que me quedara asi que me tenia que examinar la conchita…
Arrodillado en el piso empezó a lamer mi conchita depilada, lentamente ,saborándome, me separó los labios con una mano y encontró mi clítoris, le dió movimientos circulares rápidos llenandolo de saliva… Aunque a esa altura mi lubricación vaginal era óptima, su saliva y mis jugos se mezclaron… Mientras se agarraba de mis firmes piernas…
Empezó a meter los dedos por la colita, siempre me dolió esa zona pero como buen médico sabía como hacerlo…Me exitó tanto su lengua que estaba a punto de acabar arriba de ese doctor que ni siquiera sabía el nombre…
Empecé a temblar y gemir y él muy putito sabia que me iba a correr, “me dijo dale azafata putita correte para mi” quiero saber si todo está bien con tu acabada… Me recorrio un calor impresionante en todo el cuerpo, era una sensacion de ardor, calor, placer, agitacion, en todo el cuerpo…Acabé tanto que no pudo tragarse todo,el doctorcito putito… Me dijo delicioso estas perfecta, pero tengo ahora tengo que ver tu colita …
Me puso en cuatro en la camilla, aún con los zapatos puestos, tenía una vista espectacular de mi concha y mi colita…
Se puso un forro y antes de envestirme ,me lamió el culo, entre que teminaba de correrme y me savoreaba el culo mi cuerpo era puro temblores… Me metió su pija despacito por mi cola, ya que era lógico que no la había entregado varias veces por su tamaño…
“Que cerradita estas putita!” pero me encanta, empezó los movimentos suaves , a medida que me cojia fue aumentando el ritmo, mas y mas, yo gemía de placer, y el muy putito también, difrutaba de mi orto grande redondo y blanco…
Como me gustás trolita desde que pasaste esa puerta! Mi cabeza iba mil mientras me cojia, me folló tanto el culo que ya me dolía, sacó rápido la pija y el preservativo, me giró y acabó en todas mis tetas…
Esa lechita calentita de un doctor en mis tetas mmmm me volvió loca…
Quedate en la camilla boca arriba, tomó un rollo de papel que tenía y empezó a limpiar todo mi cuerpo, “las azafatas siempre tienen que estar impecables no importa las circunstancias”

Una vez vestida y sentada como una señorita vi como ponia “APROVADO” en mi legajo…

Espero que les haya gustado!
Espero puntos comentarios

Curvilinea86

Te calienta?

Les voy a contar mi historia y espero que les caliente porque a mi sí..:) bueno todo empezó un domingo yo estaba en casa sin aser absolutamente nada jamás pensé que pasaría algo como esto…En eso me llega un mensaje al cel era mi compañera de colegio que me decía que estaba muy aburrida y no sabía que aser después de mucho mensajear me dijo que quería venir a mi casa con la escusa de ver una película con lo que yo asepte con gusto luego de un rato llega a casa comenzamos a ver la peli luego ella se acuesta en el sofá poniendo su cárita entre mis piernas pidiéndome que le aga masaje en sus nalgitas que por cierto estaban muy lindas comence y cada vez nos exitabamos más con lo que ella comenzó a tocarme la verga comenzó a pasar su lenguíta por mi verga mientras yo comenzaba a meter mi dedo en su vagina que estaba mojadita sigio chupandome yo ya estaba deseoso de penetrarla y ella de ser penetrada c0mense a penetrarla lentamente ella gemia haaa..!! Que rico me encanta.,!! Bien grande como me gusta..! La penetraba cada vez más rápido hay..!! Mi amor asíii..!! Mi verga estaba en su plenitud con lo que le dolió y gritaba la puse de cuatro con lo que me dijo que era era su posición favorita la complasi muy duramente luego me iso sentar en el sofá y se subió encima mío me miro a los ojos y me dijo que no tuviera compasión agarró mi verga y comenzó a metersela en su clit0ris pidiéndome que no me nueva que ella aria todo comenzó a saltar cada vez más rápido gritaba me encanta..!! la penetre por el culo con fuerza ella seguía saltando ensima de mi verga y así seguimos mucho tiempo hasta que ella llegó a su orgasmo y me decía seguí mi amor..,!! Hasta que no pude más y largué todo mi semen por su cara con lo que me dijo Mi amor me encanto mi primera vez..! Y espero que no sea la última vez que lo agam0s..! Me encanto tú verga gigante..!! Desde esa vez cuando ella necesita de sexo siempre acude a mi hasta ahora tenemos buen sexo..

Regalo de cumpleaños

Hace mucho que no escribo, pero como el último tiempo ha sido bastante especial ansió contárselo a alguien, eso si sin que sepa quien soy yo porque me moriría de vergüenza.

Me llamo Marcia, tengo 29 años, morena pelo negro, un metro sesenta y dos, llevo 5 años de matrimonio con Juan, no tenemos hijos, he engordado un poco desde que me casé pero gracias a la madre naturaleza, esos kilitos se han ido donde más le gustan a mi marido, tengo un lindo par de senos, bien llenitos y 100% naturales y unas caderas anchas, voluptuosas como le dice Juan, “que invitan a afirmarse mientras te lo meto bien adentro”.

Juan mide 1.78 metros, moreno, cuerpo firme, juega al fútbol todos los fines de semana, yo diría que es un hombre normal salvo por dos cosas, la primera es que es gemelo de José, son como dos gotas de agua, lo segundo es que ambos tienen muy buen carácter, son muy juguetones pero sobre todos hermanables, se van juntos al trabajo, llegan juntos, se cuentan todos, no hay fiesta donde este uno si no va el otro, etc. Incluso se casaron con muy poca diferencia de meses, con María
la señora de José nos parecemos físicamente, incluso vivimos en el mismo edificio pero claro, cada uno en su departamento.

El sexo con Juan siempre fue rico y divertido, como les decía es muy juguetón y le encanta hacer cosas nuevas, le gusta mucho que nos pongamos como perritos y mientras el me penetra, se agarra con ambas manos de mis tetitas y me dice cochinadas la oído, “me encanta culiarte, , estas muy rica, te la voy a llenar de leche puta, quiero verte chupándosela a mi hermano mientras te culeo, que te llene la boquita de su leche mientras yo te lleno la conchita, después que sea el que te lo meta y te llene de leche la conchita mientras yo te beso esa boquita glotona”

El me dice glotona porque me encanta acariciar su pene con mi lengua chupárselo, mirarlo a los ojos cuando lo está disfrutando, acariciar sus coquitos con mi mano y sentir su peso, sentir como se vuelve loco cuando está por terminar y me permite meterle el dedo por el culito para atráelo hacia mi boca, sentir como la cabeza del pene se pone bien dura y caliente, como sin darse cuenta mueve las caderas para culiarse mi boca, hasta que me llena la boquita con su leche caliente.

Me encanta, lo único malo es que después de ese tratamiento cuesta mucho que se vuelva a parar, así que para no quedarme con las ganas el me pone como perrito y me lo mete todo lo que quiero hasta hacerme terminar, luego el se pone delante mío para que se lo chupe, así sin moverme de posición, como se perrita que soy, así todo mi culito y vagina se refleja en el espejo que Juan hizo poner en nuestra habitación.

Mientras yo gozo y lo hago gozar chupándoselo y pasando mi lengüita por sus cocos y por ese pedacito de piel que queda entre sus cocos y el ano, el disfruta diciéndome cochinadas ricas; “así te quería tener puta, chupándomelo mientras mi hermano te culea, sácame lechecita y llénate la boca, que buena puta que eres, con una cuñada así no tenía para que casarme”

A pesar de lo fuerte que suena al escribirlo ambos los disfrutamos muchos y claro nunca fue más que una fantasía.

A los pocos meses del matrimonio de José mi cuñado, las cosas comenzaron a ir mal con su señora, por lo que me contaba Juan mi marido, ella era o le gustaba hacerse la estrecha, nunca lo hacían con la luz prendida, no le gusta que la vea desnuda, la frecuencia se fue distanciando, ni hablar de palabras cochinas o sexo anal u oral, después del coito ella iba al baño a lavarse, solo gemidos nunca una palabra más fuerte o por último un me gusta, se pone el pijama después de tener sexo, etc.

Yo en cambio soy bastante demostrativa, disfruto el sexo con Juan y me gusta decírselo y que me lo diga, calentarlo y que me caliente, que me llame en la mañana para decirme; “ponte ese colales rojo que me calienta tanto, te quiero encontrar bien mojadita para culiarte como a mí me gusta, ven a verme a la oficina para que veas lo rico y paradito que está para ti”. Bueno yo voy, entro a su privado para besarnos, le tomo la mano y la paso por mi conchita para que vea que me mojo al estar cerca de él, que juegue al mete y saca con su dedito en mi conchita y que después se chupe el dedo con gusto”

Respecto al sexo oral ya les dije que me encanta, el sexo anal me vuelve loca pero Juan me enseño a hacerlo y cuando me tiene bien caliente lo dejo darse un gusto y si quiere metérmelo por allí, que lo haga, eso si sin terminar adentro, esa lechecita es sólo mía, creo que no me podría dormir sin sentir el gusto de su lechecita en mi boca.

En la mañana siguiente me siento súper sexy oliendo a él, con el pelo o la cara tiesa con su leche seca y sentir como me corre lentamente por las piernas cuando me paro y como tengo la conchita bien mojada por él. Me gusta mirarlo desnudo, con su típica erección de las mañanas, despertarlo y que me mire con ganas, me monto sobre Juan y me lo meto sin su ayuda, le digo: “te gusta culiarme huevón, ahora vas a ver como te culeo yo, pobre de ti que termines antes que yo, te voy a meter una vela en el culo si eso pasa”. Soy yo la que me muevo, la que me lo meto y saco a mí gusto, a mí velocidad para sentirlo como yo quiero, mientras le digo “así papito, aguanta, mira como me lo meto, me gusta tu pichula, me encanta tu pico, métemela bien adentro, mira mi conchita como esta llenita de ti, me gusta, me gusta mucho, rico, haa haaa, haaaaaaaa,
dame, dame tu lechecita huevón, haaaaaa, así, rico, lléname mi amor” me encanta sentir mi orgasmo mientras lo beso y me llena con su lechecita. Que sepa que soy SU mujer y que disfruto siéndolo.

Opsss, parece que he escrito con mucho detalle y me estoy alargando, Juan ya me llamó, hoy quiere que vaya con una falda ancha tipo gitana y sin calzones a verlo, bueno, el deber me llama, mañana les explico lo del regalo de cumpleaños.

Marcia

marperu@yahoo.com

Leche derramada sobre mi vientre

Adrián me siguió hasta la cocina y me abrazó por la espalda, rodeándome la cintura con sus fuertes brazos mientras yo ponía el agua a hervir y llenaba una jarrita de leche para los cafés. Comenzó a besarme el cuello, a sabiendas de que a mí, cuando me besan en esa zona del cuerpo, no respondo de mis actos. No lo puedo evitar, es una de las zonas más sensibles que tengo. Si un hombre me besa el cuello, estoy perdida. Así que me relajé bajo el peso el cuerpo de Adrián, que, al notar mi abandono, me sujetó con más fuerza, apretándome más contra él. Sentí a través de la finisima tela de mi vestido, en el inicio de mis nalgas su pene duro, enorme. Apoyó sus manos extendidas sobre mi bajo vientre y subió, acariciándome, hasta llevar a mis pechos, parcialmente desnudos dado el generoso escote el vestido (no alcanzaban a verse los pezones, pero casi… ).

Entonces vi como Adrián alargaba una mano y cogía la jarrita llena de leche. Empecé a ensayar una sonrisa, nerviosa…

“Adri, ¿qué piensas hacer con eso!?”

“Shsssss…., calla, princesa… “

Y derramó el cálido líquido blanco por mi canalillo y por mis pechos, mientras que con la otra mano lo iba extendiendo por la piel. Me estremecí ante aquella nueva sensación. Entonces Adrián me hizo dar la vuelta, para quedar frente a él y, con sus manos en mi espalda y sus brazos apoyados a lo largo de mis costados, comenzó a lamerme la leche de mi piel, tan pausadamente que me excitó más aún de lo que ya estaba, sintiendo su lengua por entre mis suaves pechos… yo cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, extasiada, concentrándome en sus caricias. Me bajó un poco el empapado vestido y alcanzó uno de mis endurecidos pezones, delimitándolo con la punta de su juguetona lengua.

Fue entonces cuando, sin alzar la cabeza, abrí los ojos y le descubrí.

Mi vecino de enfrente, de pie tras el enorme ventanal de su salón, tenía la mirada clavada en nosotros. Era un chico joven de unos 30 y pocos años. Pensé que acabaría de ducharse o iría a hacerlo, porque solo llevaba una toalla atada a la cintura.

Mi primera reacción fue la de apartarme de la ventana, pero entonces tendría que cortar la magnífica sesión de lametones que me estaba regalando Adrián y eso sí que no. Además, me pareció excitante que mi atractivo vecino nos estuviera observando. La sola idea me hizo gemir. Yo sabía que él estaba allí y él sabía que yo lo sabía. Solo tenía que procurar que Adrián no se diera cuenta… deslicé los tirantes de mi vestido de hombros hacia abajo y con un coqueto movimiento hice que cayera al suelo. Adrián imitó el sonido de un león mientras lo hice, lo que me hizo reír con ganas…

Adri ya había pasado a chuparme los pezones a la vez, sujetándome el pecho desde la base para mantener los pezones juntos, alargó a ciegas la mano y cogió de nuevo la jarrita de leche. Entonces me empujó suavemente hasta la mesa de la cocina y yo me tumbé, divertida, mientras que con la otra mano sujetaba la jarrita. Desde aquella posición mi vecino podría vernos mucho mejor. Adrián comenzó a verter la leche sobre mi cuerpo, mi vientre, me sexo, observando maravillado mi desnudez expuesta sobre la mesa de la cocina, dándome la luz de media tarde directamente. (La ventana estaba situada de forma paralela a la mesa).

Luego se inclinó sobre mí y, mientras daba cuenta de la leche derramada sobre mi vientre, yo giré la cabeza hacia la ventana y miré directamente a mi vecino, quien al ver que yo le estaba observando, se quitó la toalla ceremoniosamente, como si me estuviera dedicando el último toro de la tarde, y dejó al descubierto un enorme falo enhiesto, de una base oscurecida por el vello y de una piel bronceada… pensé que tomaría el sol desnudo y eso me excitó más.. imaginar al sol acariciando aquel delicioso cuerpo totalmente expuesto a sus rayos…

Y así, comenzó a hacerse una monumental paja.

Y yo mirando, embobada y cociéndome en mi propio caldo por culpa tanto del espectáculo que se ofrecía ante mis ojos como por los místicos lametones de mi querido Adrián. Entonces mi chico me puso la mano suavemente sobre mi sexo y ya no pude aguantar más. Entre sollozos le pedí que me penetrara… me coloqué en el borde de la mesa, aún tumbada, con los brazos extendidos hacia atrás y totalmente abandonada al placer, rodeando la cintura de Adri con mis piernas y atrayéndole con ellas hacia mi. La mesa quedaba a la altura de su pelvis, por lo que, estando él de pie, podía introducirme su enorme estaca perfectamente. Noté cómo él me acariciaba con la punta de su pene mis labios vaginales, buscaba y acariciaba mi clítoris con el mismo… ahí me sobrevino mi primer orgasmo. ¡¡Me desesperaba, ya no podía más!! … Pero en seguida Adrián, compadecido al verme tan mal, me apuntó con su aparato, me sujetó de la cintura con ambas manos y se introdujo dentro de mi, calmadamente, haciéndome sentir cada centímetro de su polla…

Le miré y me extasié al verle con los ojos cerrados, concentrándose en la penetración, sintiendo él, a su vez, cada centímetro de piel que introducía dentro de mi vagina… me hizo el amor como pocas veces. Sacaba su pene casi por completo para luego volver a metérmelo, esta vez más y más rápido, con movimientos de pelvis secos y controlados, hasta hacerme llegar casi el paroxismo… y digo “casi”, porque no solo fueron sus embestidas las que me llevaron a ese extremo, ya que décimas de segundo antes de correrme, abrí los ojos y vi cómo mi apuesto vecino manchaba violentamente el cristal de su ventanal con espesos y blancos chorros de semen que salían disparados de su pene para ir a estrellarse contra el frío cristal…
Una corrida en mi honor. Lástima que aquel semen se desperdiciara de esa forma…

Aliena del Valle.-

Viva el amor libre y placentero!

Soy un hetereo casado 33 años. Me gustan las mujer pero estaba observando que cada vez que bebia mas de la cuenta tambien me atraian los hombres. Mi idea era ser siempre fiel y llo conseguia pero una noche loca de juerga con los compañeros de trabajo en la zona de marcha de puerto Vanus ocurrio lo impensable.

Iba muy bebido y en un garito entable conversacion con una belleza de mujer. Era de color, y ami me ponen mucho las mujeres de color. Media 1.80m ,gran cuerpo ,unos pechos firmes y un atrallente culo. Como es suramericana me embrujo con su acento y forma de hablar.Cada vez estaba mas atraido por ella y en el primer roce que tuvimos no me lo pense y la invite a ir a un hotel ella no se negó. Salimos del bar cojimos un taxi que nos llevo al hotel mas cercano.

Nada mas entrar comenzamos con besos muy apasionados, yo no paraba de tocarla esos firmes pechos mientras ella sin dudarlo se arrodillo me saco mi poya y me hizo la mejor mamada que nunca habia sentido. Tuve una gran corrida ensu cara. Hasta aqui todo normal.

Seguido me tumbó en la cama y en poco minutos con su lengua me la puso otra vez erectil. Y aqui empezo todo.

Yo no podia mas y desea comerme su supuesto gran coño. Intentaba quitarla los pantalones pero ella sse resistia yo no lo entendia pero eso me ponia mas cachondo hasta que porfin magree su entrepierna y SORPRESA note un gran paquete yodecia que no podia ser me encontre con una poya. Dude uno segundos pero no me importo estaba muy excitado y de un tiron se la saque. ERA UNA GRAN POYA DE UNOS 23CM sin pensarlo me la meti en mi voca al principio me dio arcadas pero la lujuria me podia y comenze el “mete saca” en miboca ella empezo a disfrutar me agarro mi cabeza empujandome furtemente hacia su poya, la senti entera ME GUSTABA . Cada vez me la metia mas rapido mientras agarraba su culo empujandola hacia mi cuando note que se iba a correr intente sacarmela pero no me dejo y se corrio dentro de mi voca mmmmm que gusto me trague toda su leche.

Me separe de ella y ahí la veia desnuda para mi una hermosa transensual que me volvia loco. Que gran cuerpo con las tetas mas bellas que habia visto y esa gran pollaza negra que se estaba recuperando y poniendose enorme otra vez. Seguido la pedi un sueño erotico deseaba verla masturbandose. MMMMMM fue alucinante como se la meneaba me queria tocar yo no la dejaba y eso la excitaba mas se puso a 4 patas y mientras se masturvaba se metio 2 dedos en su culo ,yo ya no pude mas y se la meti en su boca OOOOO!!!!! como enloquecio corriendose entre las sabanas mientras de nuevo se trago toda mi leche.

Pero el climax final fue sin darnos descanso, ya me habia corrido 3 veces y al eistante con su lengua me la puso dura. Sin pensarlo la di la vuelta me comi su culito y de un golpe y con fuerza la encule.

Eso es lo que mas la gustaba se movia como una poseida gritando de placer ami eso me ponia cada vez mas loco por ese culo. Me agarre a su cintura y comence un gran bombeo con fuerza fue “lo max” que placer sentir mi polla en ese culazo el movimiento era mas y mas fuerte hasta que llegamos a corrernos a la vez. QUE PLACER OIR ESOS GEMIDOS Y GRITOS DE PLACER Y QUE PLACER FUE CORREME DENTRO DE ELLA.

pero el climax total fue ver esa cara de lujuria y sin casi terminar de corrernos me dio la vuelta saboreo mi agujerito y poco a poco me la fue metiendo no me resesti. Primero senti su cabeza dentro de mi asi mismo me follo como si la tuviera dentro senti un placer como nunca y cuando me metio un poco mas tuve un el que creia yo que era mi mejor orgasmo. Yo estaba exausto no podia mas pero aquello no habia acabado aun con su polla dentro de un golpe seco me la metio entera me dolio mucho sentir sus 23 cm dentro de mi pero con sus placenteros movimiento me enloquecio de nuevo y empece a disfrutar y a moverme mas follaba mas y mas me enloquecia oir sus gemidos de placer ,cada vez la notaba mas dura ,mas adentro y mas fuerte. La excitacion nos invadio todo eran gritos me la metia con dureza mas y mas ya no podia mas hasta que senti su leche dentro de mi y eso mi hizo enloquecer y tuve la mejor corrida caimos los dos exaustos en la cama y nos quedamos dormidos.

Al otro dia desperte y ella no estaba pero me dejo una nota y su numero de telefono. Desde aquel dia tenemos muchos encuentros cada cual mas placentero.

VIVA EL AMOR LIBRE Y PLACENTERO

Horario de atencion

Eran las tres de la tarde, me encontraba en mi habitación, viendo televisión. El calor era insoportable y fue al baño a buscar un poco de agua. Al pasar por la oficina, veo que un papel se desliza bajo la puerta. Me asomo a la ventana a ver quien había echado el papel, pero no veo a nadie. Tome mi vaso y me llevé el papel al cuarto. Me acosté nuevamente y me puse a leer: “Antes que nada te pido disculpa por esta osadía, pero la verdad, no aguantaba tenía que decírtelo de algún modo, se que solo puedo conformarme con mirarte, pero déjame decirte que eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida”

Me dio un poco de risa la carta, aunque debo reconocer que elevó mucho mi ego. Seguramente se trataría de uno de los muchos jóvenes adolescentes que jugaban o se reunían a conversar en el barrio. Pasaron dos días, y nuevamente cerca de la misma hora, recibí otra nota en esta decía que me había visto pasar en mi auto y que me veía espectacular. Que cuando me bajé, él se quedó mirando cada movimiento mío hasta que entré a la casa, en fin, una serie de detalles, siempre alabándome

Otro día, al salir, encontré una rosa roja en el parabrisas de mi auto, otro día una rosa en la cerradura de mi puerta La verdad no me molestaba, al contrario, me alegraba el día recibir una de sus notas o algunos de esos gestos que mi admirador tenía conmigo. Le comenté a Julio respecto de este admirador secreto, como una anécdota simpática, y él lo tomó a mal, y me dijo que era mi culpa, que era muy sugestiva, que esos muchachos pajeros seguramente me miraban. Tuvimos una pequeña discusión respecto a eso. A las finales terminamos sin hablarnos y quedé bastante molesta.

Un día, mientras veía televisión, vi como un muchacho miraba hacia mi casa. Cuando se cercioró de que nadie lo miraba, cruzó y arrojó un papel bajo la puerta, para luego salir corriendo.

Me sorprendí mucho al ver quien era mi Admirador secreto. Era el hijo de una vecina, se llamaba Alex. Era un joven muy apuesto, rubio, tez blanca, delgado, ojos verdes, calculo yo unos 16 años. No se me ocurrió otra cosa que visitar a esa vecina, al llegar a su casa, mi vecina me recibió como y me hizo pasar. Vi como el joven bajó varias veces y buscaba algo en la cocina, para luego volver a subir a su cuarto.

Yo sabía que el mantenía la fachada de su casa, por que más de alguna vez lo había visto limpiando y pintando, así que le mencioné lo bonita que estaba su casa. Ella me dijo que su hijo Alex, la mantenía asi, que le gustaba hacerlo. Le dije a mi vecina, que le preguntara a su hijo si quería ganarse algunos soles e ir a mi casa, que ya necesitaba de unos retoques. A ella le gustó la idea y dijo que le haría las consultas, pero que de seguro diría que si.

Cuando llegué a mi casa, sonó el teléfono. Era mi vecina que me decía que a su hijo le había gustado mucho la idea, ya que como estaba de vacaciones, no tenía nada que hacer y se aburría. Concertamos la cita para el otro día en la tarde, después de almuerzo, donde yo me encontraba sola hasta el anochecer. Al otro día, en la tarde, llega Alex con sus herramientas. Lo saludé con un beso en la mejilla y lo hice pasar y le di algunas indicaciones. Lo dejé trabajando y le dije que me daría una ducha de agua fría, por que el calor ya no lo aguantaba. Vi en todo momento como sus ojos no perdían pista de cada una de mis curvas. Entré a ducharme mientras lo hacía, me empecé a imaginar como sería estar con un jovencito de esa edad y sin darme cuenta, comencé a calentarme. Salí de la ducha, aún desnuda miro por la ventana, escondida tras las cortinas, cómo Alex ya se había puesto a trabajar.

Estaba caliente y pensé en darme el gusto con ese muchacho. Sin ponerme ropa interior, me puse un vestido corto amarillo, pero no ajustado. Mis pezones duros se translucían completamente y convertida en toda una hembra en celo, aún con mi pelo mojado, bajé al patio. Me acerqué a conversar con él. Noté en su rostro la sorpresa que se llevó al verme vestida así. Sus ojos no podían dejar de verme las tetas, por más que lo intentara. Me agaché en 90º a recoger unos papeles delante de él. Sabía perfectamente que mi escote le dejaría ver mis pechos y mis rosados pezones. Al levantarme pude ver la expresión de su rostro. Lo invité a tomar un refresco. El me siguió mientras yo, delante de él, caminaba haciendo que mis nalgas se movieran de un lado a otro en forma insinuante. Le serví el vaso con refresco y serví otro para mi. Tomé uno de los hielos, y comencé a pasármelo por la cara y mi cuello, hablando del gran calor que hacía. Solté el hielo, el que fue a parar entre mis tetas. Era todo un espectáculo el que le estaba dando, de haber sido mayor, seguramente ya se habría dado cuenta

Le dije que le daría un regalo de cumpleaños -¿Qué regalo? -¿Me lo prometes que no le dirás a nadie & ni a tus amigos, ni a tu madre ni a nadie? -Si se lo prometo -¿Prometido eh? bueno, ahora cierra los ojos.

El cerró los ojos y me acerqué y lo besé. El se sorprendió mucho con el beso y temeroso comenzó a correspondérmelo. Le tomé la mano y la puse en mi cintura. El chico no se atrevía ni a moverla ni un centímetro de donde yo la había dejado.

-¿Te gustó tu regalo? -Ohhh si , me encantó -Lo deseabas -Mucho.

-¿Y que mas deseas? -Nada más.

-¿Nada mas? &.. ¿Solo eso? ¿Tan fea soy? -No, no como puede decir eso, usted es hermosa… ¡Preciosa! –Entonces ¿qué más deseas?

Seguramente él no podía creer lo que estaba viviendo y escuchando. Una mujer de 27 años, dispuesta a cumplir todas sus fantasías -Ya pues, no te quedes callado, ¿qué más deseas? -No se que puedo pedir esto es un sueño para mi -Bueno, hagamos una cosa, yo pido algo y tú me pides otra cosa a cambio -Bueno -Ven acompáñame

Lo tomé de la mano y lo llevé al segundo piso. Le mostré el baño. Le dije que tomara una ducha, pero que no me cerrara la puerta con pestillo, para traerle toallas secas. El se me quedó mirando, con sus ojos muy abiertos sin decir nada. Salí del cuarto y solo junté la puerta. Al poco rato, sentí como el agua de la ducha corría. Esperé unos minutos, detrás de la puerta hasta que el agua se cerró. En ese momento entré con las toallas. El corrió solo un poco las cortinas y estiró su mano para recibir las toallas. Yo las coloqué detrás mío y le dije que tenía que permitirme a mi secarlo. El se sonrió y no dijo nada. Me acerqué a la ducha y corrí, lentamente las cortinas. El se encontraba todo mojado, de pie, con las manos tapando su sexo.

Le dije que se diera vuelta. Quedó delante de mis ojos su cuerpo desnudo. Una espalda ancha para, ser un joven de 13 años, su cintura y un trasero exquisito, sin ningún pelo. Me acerqué a él y comencé a secarlo. Mis manos recorrieron toda su espalda hasta llegar a su trasero. Lo sequé suavemente y terminé con sus piernas. Le pedí que se diera vuelta y lo hizo, pero esta vez sin tapar su verga completamente erecta. Su rostro rojo de vergüenza. Seguramente era la primera mujer aparte de su madre que lo veía desnudo. Comencé a secarlo lentamente hasta tomarle esa hermosa y juvenil verga entre mis manos y secarla como se merece. Lo tomé de la mano y le hice salir. Entramos a mi habitación y desnudo como estaba, lo senté a los pies de la cama.
-Cumplí mi deseo, ¿ahora que deseas tú? -¿Cualquier cosa? -Cualquier cosa, .. lo que sea -Quiero verte desnuda.

Me corrí unos pasos hacia atrás y desabrochando los tirantes de mi vestido, este cayó al piso, dejándome completamente desnuda ante sus ojos. Me sentía como una diosa, admirada y venerada por esos vírgenes ojos. Me di una vuelta lentamente, para que me admirara completamente Sus ojos estaban pegados en mi cuerpo, sus palabras se le enredaba. Me acerqué a él, lo tomé de la mano, lo hice levantarse y nos fundimos en un apasionado beso. Sentía su verga caliente en mi vientre. Le tomé las manos y las puse en mi culo. El como despertando me agarró las nalgas fuertemente y comenzó a besarme fuertemente. Le tomé su cara y la llevé a mis tetas, las que chupó desesperadamente. No pasó ni un minuto, cuando sentí un fuerte chorro de semen caliente en mi vientre mientras él se quejaba entre mi primera vez y me confesó que si. A cada rato le preguntaba si yo le gustaba y él me decía que era la mujer más hermosa de la tierra y cosas por el estilo. Le dije que perdería su virginidad conmigo. Le hice colocarse de espaldas y me coloqué sobre él. Le tomé su verga con mis manos y me la fui metiendo poco a poco. El cerró sus ojos y se dejó llevar. Le dije que me digiera que es lo que sentía “Es la cosa más rica que he hecho alguna vez en mi vida” siento como le va entrando, por su cosita mojada mmmmmmm OH .que rico se siente, jamás pensé que fuera así”

Me senté sobre él con su verga introducida hasta el fondo de mí ser. El me miraba y gemía disfrutando . Me comencé a tocar las tetas, dándole un espectáculo completo. Pasándoselas por la cara y dejando que me las chupara. El no sabía que hacer, le faltaban manos me tomaba del culo, me tocaba las tetas le dije que me avisara cuando fuera a acabar para que acabáramos juntos y me dijo que ya casi no se aguantaba.

Estar así quitándole la virginidad a ese joven muchacho, me tenía muy caliente me comencé a masturbar con su verga dentro cuando siento que estaba a punto de alcanzar mi orgasmo – ¡Ahora! dámelo ¡lléname la concha con tu semen caliente mi niño!!!!!!!!!!!

Casi al instante sentí una explosión de semen dentro de mi sexo que se llenó de una cantidad increíble de joven semen que comenzó a salir y a correr por mis piernas. Me bajé de él y quedé toda mojada. El con los ojos cerrados y una sonrisa de oreja a oreja quedó también rendido a mi lado. Esperé unos minutos, para recuperar el aire le pregunté si le había gustado, y me dijo que le había fascinado. También nuevamente le hice prometer que esto nunca tendría que saberse y me dio su palabra de hombre.

Descansamos desnudos en mi cama largos minutos. Le dije que era muy buen mozo y que era muy bueno en la cama, para levantarle su ego. El cansado, aún me tocaba suavemente mis pechos y me decía lo hermosa que yo era. Me levanté y le dije que nos fuéramos a duchar. Entramos al baño, y nos enjabonamos mutuamente. Sus manos no podía estar ningún segundo sin estar tocándome y eso me gustaba. Me dijo que lo mejor que le podía haber pasado en la vida, es haber perdido la virginidad con una mujer como yo y tenía razón. Volvimos a la cama me monté sobre él y le besé su pecho. Como una gata en celo, me fui restregando la cara por su pecho, bajando lentamente hasta tener su verga ante mis ojos. El ya con solo sentir mi cara bajando por su pecho, e imaginando lo que se venía, estaba nuevamente erecto. Era increíble que en tan poco tiempo se hubiese recuperado comencé lentamente a meterlo a mi boca, para posteriormente darle una mamada de toda una profesional que soy. De su boca salían gemido una y otra vez, acariciándome el cabello.

Si hay algo que me fascina es chupar una verga y esta estaba siendo atendida como se merecía continué dándole grandes chupadas hasta que me dijo que no aguantaría mucho más. Le dije que no se contuviera, y continué chupándosela una y otra vez, esperando su descarga en cualquier momento. Un gran quejido me hizo saber como su semen venía subiendo por su verga y golosa, abrí mi boca al máximo. Un chorro de leche caliente inundó mi paladar . Sin pensarlo comencé a tragar ese elixir de placer disfrutando hasta la última gota, para continuar hasta dejarle su verga completamente limpia

El volvió a chuparme por largo, largo rato, esforzándose por darme el mismo placer que yo le había dado . Llevábamos como dos horas seguidas haciendo el amor y ya, por la hora tendríamos que parar. Le dije que teníamos que parar, pero que quería que me la metiera por el culo y que acabara dentro de él.

Me abrí las nalgas y sentí como me la trató de meter de un solo golpe, causándome un poco de dolor. Le pedí que me la metiera lentamente. Al poco rato sentí como sus centímetros de verga me invadían el culo. Le dije que no podíamos estar mucho rato a si, ya que era muy tarde… él me penetró como un animal una y otra vez, hasta que su verga entraba completamente en mi culo, dándome… le pedí que me llenara el culo con su semen… noté que el no quería acabar aún, que quería estar así más tiempo, pero le dije que si no terminaba, tendríamos que cortarlo. Así que me dijo que acabaría.

Mientras me poseía por detrás, yo apoyada con la cara en la cama, me masturbaba mientras sentía como esa verga entraba y salía de mi culo. Siento por su respiración que estaba por acabar y aumento mis toqueteos para tratar de acabar al mismo tiempo en que el se descargara en mi.

Sus fuertes movimientos, sus quejidos, me tenían loca. Siento acompañado de un gran gemido como su leche me inunda el culo, dejándome la verga metida hasta el fondo. Le pido que no me la saque y apretándosela con mis músculos anales, se la estrujo fuertemente mientras con mis dedos lograba alcanzar mi tercer orgasmo.

Besitos

Vicky