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Revisación médica????

Era el 2010, me habia recibido de Tripulante de Cabina de pasajeros, mas comunmente de Azafata de Avion. Era el turno de pasar el psicofísico para obtener la licencia para volar… Me dirijo a la Fuerza Aérea de mi provincia… Ver a todos los hombres con el uniforme camuflado me hacia sentir un aire de atraccion increible…
Pasé varios exámenes, psiquiátrico, psicológico,vista,audiometría, electro etc etc… Llegué a las 7 am y eran las 13 hs y seguía con la revisación, el último control era con el médico clínico que te hacía un chequeo general….
Entré al consultorio al escuchar mi nombre y apellido, me saluda muy amablemente el médico y cierra la puerta con llave, afuera en la puerta decía bien grande “NO GOLPEE ESPERE A SER LLAMADO”…
Tenia puesta una chaqueta blanca, tendría unos 38 años, canoso ,eso le daba un aire de maduro espectacular, ojos verdes y estatura mas bien bajo que alto, esa altura justa que me gustaba…
Me pregunta edad, estado civil, si tuve operaciones etc etc… Me miraba con esos ojitos picarones mientras dejaba escapar una sonrisita a cada respuesta….
Me hace sentar en la camilla, me revisa los ojos, los oidos, y me pide que me saque la camisa… Yo iba con una camisa medianamente holgada de animal print, calzas negras ajustadas y zapatos altos, era la revisacipon de mi vida y había que ir bien vestidos…
Me empiezo a desabrochar la camisa y vi como me sonreía, queria descubrir lo que llevaba oculto el muy putito…Tenía puesto un conjunto de encaje negro que realzaba aun mis tetas con un moñito rosa en el medio…
Apoya el estetoscopio en mi espalda y hace que respire hondo,muy bien me dice… Ahora rescostate boca arriba en la camilla, se inclina y me lo pone en mi pecho, “te tengo que correr el corpiño un poco para escuchar mejor”… A esa altura ya tenia el ritmo cardiaco a 200 ppm…
Era exitante ver con qué picardía exploraba las partes de mi cuerpo, me dice excelente,…
“Ahora parate y sacate las calzas, tengo que ver si tenes cicatrices”… Así lo hice… Me quedé en mi conjunto de ropa interior sexy y zapatos altos, era un culotte de encaje que se traslucía parte de mi conchita, me ruboricé entera, nunca pensé que me tenia que desnudar toda…
Me rodeó mirando cada parte, mi colita grande pero siempre parada, derechita como para marchar… “PERFECTO” exclamo…
SentÍ que me agarro por detrás mis tetas y me apoyó con una erección increíble en mi colita, no me lo esperaba… Asi deje salir un suspiro de sorpresa y placer a la vez… El sabia con quien si y con quien no, llevar la revisacion a comun a una mas profunda…
Me bajó el culotte lentamente y me dijo que no me sacara los zapatos, yo parada y con las piernas abiertas me dijo que me quedara asi que me tenia que examinar la conchita…
Arrodillado en el piso empezó a lamer mi conchita depilada, lentamente ,saborándome, me separó los labios con una mano y encontró mi clítoris, le dió movimientos circulares rápidos llenandolo de saliva… Aunque a esa altura mi lubricación vaginal era óptima, su saliva y mis jugos se mezclaron… Mientras se agarraba de mis firmes piernas…
Empezó a meter los dedos por la colita, siempre me dolió esa zona pero como buen médico sabía como hacerlo…Me exitó tanto su lengua que estaba a punto de acabar arriba de ese doctor que ni siquiera sabía el nombre…
Empecé a temblar y gemir y él muy putito sabia que me iba a correr, “me dijo dale azafata putita correte para mi” quiero saber si todo está bien con tu acabada… Me recorrio un calor impresionante en todo el cuerpo, era una sensacion de ardor, calor, placer, agitacion, en todo el cuerpo…Acabé tanto que no pudo tragarse todo,el doctorcito putito… Me dijo delicioso estas perfecta, pero tengo ahora tengo que ver tu colita …
Me puso en cuatro en la camilla, aún con los zapatos puestos, tenía una vista espectacular de mi concha y mi colita…
Se puso un forro y antes de envestirme ,me lamió el culo, entre que teminaba de correrme y me savoreaba el culo mi cuerpo era puro temblores… Me metió su pija despacito por mi cola, ya que era lógico que no la había entregado varias veces por su tamaño…
“Que cerradita estas putita!” pero me encanta, empezó los movimentos suaves , a medida que me cojia fue aumentando el ritmo, mas y mas, yo gemía de placer, y el muy putito también, difrutaba de mi orto grande redondo y blanco…
Como me gustás trolita desde que pasaste esa puerta! Mi cabeza iba mil mientras me cojia, me folló tanto el culo que ya me dolía, sacó rápido la pija y el preservativo, me giró y acabó en todas mis tetas…
Esa lechita calentita de un doctor en mis tetas mmmm me volvió loca…
Quedate en la camilla boca arriba, tomó un rollo de papel que tenía y empezó a limpiar todo mi cuerpo, “las azafatas siempre tienen que estar impecables no importa las circunstancias”

Una vez vestida y sentada como una señorita vi como ponia “APROVADO” en mi legajo…

Espero que les haya gustado!
Espero puntos comentarios

Curvilinea86

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El chantajista hijo de puta, Cap 1

Mi nombre es Ignacio, vivo en Buenos Aires, en el barrio porteño de Las Cañitas. Tengo 16 años y la verdad es que me masturbo todos los dias, a veces una sola vez, a veces dos, tres, pero todos los dias seguro. Me encantan los videos y los relatos porno, y otras veces me pajeo recordando las cosas que vi en el día.

Hace unos meses mi madre entró a mi cuarto y me encontró, tirado en la cama, pantalón y calzoncillo por las rodillas, y yo masturbándome con la pija bien pero bien dura, justo me estaba apretando un poco para que la cabeza se ponga bien lustrosa y colorada, y ella justo abre la puerta y entra de una, me mira, se queda quieta, parada, mirando, yo claro tratando de taparme pero ella en vez de irse se me queda sermoneando

-MÁMA NO MIRES, COMO ENTRÁS ASÍ
-Ignacio, que te creés que es esta casa? Sos loco, vos?
-MAMÁA SALI DESPUÉS HABLAMOS PERO… – y era re dificil porque mientras ella me hablaba pavadas yo no sabía que hacer, para poder subirme los pantalones le tenia que mostrar de nuevo la verga que la seguia teniendo re parada, y taparme con las piernas tampoco tapaba del todo, asi que ella sermoneándome me estaba mirando igual y yo me mería de vergüenza

-Mirá Ignacio, en esta casa te contenés. Esto lo voy a hablar con tu padre
-NOOO Maa por favorr…

Y se fue.

Al final, mi padre habló en privado conmigo. Me dijo que me pajeara en el baño, y que si mi mamá me preguntaba, me había hablado de mal que hice y me habia castigado. El asunto pasó pero yo me quedé resentido con mi madre, humillado…

y empecé a fantasear con darle un castigo a la hija de puta.

A partir de entonces empecé a fantasear con mi vieja. A pajearme todos los dias, tres veces al día, pensando en ella. A veces, cuando ni mi papá ni mi mamá estaban, y encontraba en el lavadero unas bombachas o unos corpiños usados, me pajeaba oliendolos, adivinando el olor de las tetas de mi madre, y el olor de su concha y de su culo en los bombachas.

En fin, todavía uds no saben lo buena que está mi vieja.

No es joven, se llama Clara, todos le dicen Clarita, tiene 52 años, pero se mantiene muy linda de cara, es una morocha con unas tetas muy grandes, y un poco de pancita. Y que culo. Bien grande. No saben como fantaseo con abrirle los cachetes del culo a mi madre, quiero verle el agujero del ano que yo no sé, no creo que mi padre le entre por el culo, no creo que ni se la coja ya ese viejo de mierda, pero bueno, en fin, el caso es que es una señora que se mantiene muy bien, ni muy alta ni muy baja y de carnes generosas, digamos.

Bueno, cuestión que van pasando los meses, a mi en el colegio me iba cada vez peor, la verdad es que estaba todo el día pensando en pajearme, imaginando historias, todas masomenos calientes, calculando eso si que no se me pare la pija en el aula, y si llegaba a pasar, que sea lejos de los recreos, no sea cosa de tener que levantarse y quedar expuesto.

Un día me tuve que agarrar a piñas con un compañero. Por nada, porque no se que le dijeron que dije y bueno, hubo que pelear, no tuve opción, y ese día me castigaron, y como estaba realmente furioso, en una que pude me escapé por la ventana, y me fui a mi casa.

Ni bien entro, llamo a mi madre, sabiendo que a media mañana es la que está en mi casa ya que mi padre está fuera trabajando.

-¿Má, estás en casa? – Y como escucho un ruido en la cocina entro y veo a mi vieja desnuda vistiéndose, y a un tipo subioendose los pantalones.

-¿¿¿!!MAMÁ QUE HACÉS??!!!

El tipo casi sin vestirse se fue yendo hacia la puerta – Hablamos Clarita, chau – Se rajó de una.

Mi madre se puso el vestido y me dice

-Sentate Nachito, vamos a hablar

-¿Vamos a hablar de que? ¡Te lo estabas cogiendo!

-Bueno, eso es algo que no es para vos, no es cosa tuya. Vos no sabés como es mi relación con tu padre, así que te digo, de esto ni una palabra.

-Na, ¿que ni una palabra? ¿Vos no te acordás el día que entraste a MI cuarto? ¿Y que fuiste y le contaste a papá? YO VOY A HACER LO MISMO, TE JURO.

-NO! IGNACIO POR FAVOR… TE PIDO… POR FAVOR…

-Bueno. Vamos a hacer algo, te acordás de ese día? ¿Que vos me sermoneabas y yo estaba desnudo y vos me hablabas pero tambien me mirabas? Bueno, sacate el vestido, quiero que sientas lo que yo sentí ese día.

Mi vieja me miró, incrédula de lo que le pedía, estuvo a punto de decirme algo, pero se calló. Miró al piso y se sacó el vestido. No llevaba copiño. sus grandes tetas quedaron desnudas.

-La bombacha también

Y se sacó la bombacha.

Yo me acerque y saque la verga, bien dura, y tomándole la mano le dije

-Agarrala y pajeame.

Y se dejó llevar la mano, yo le ayudaba, apretandole la mano para que agarre mi verga, y pajeandome con su mano, y con la mano que tenía libre le amasaba las tetas.

Escriban comentarios de como quieren que siga el relato, y lo continuaré. Saludos

Ignacio, El chantajista hijo de puta

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Marc el fiestero

En mi ciudad vive una familia de Rumania muy numerosa. No se cuantos hermanos son exactamente pero dos de las hermanas mayores (tienen unos 18 i 16 años respectivamente) son realmente atractivas. Tienen unos rasgos caucásicos bastante marcados, piel clara, ojos azules y melena rubia. La verdad es que si no fuese por la diferencia de edad se podría decir que son gemelas ya que son iguales con la simple diferencia que una es 2 o 3 años menor que la otra. Pues bien, las dos son delgaditas, la menor tiene pequeños pechitos y un trasero de los más lindo y redondito aunque aún no es una mujer ya empieza a parecerlo. La mayor en cambio posee los dotes de su hermana pero a aprovechado estos años para convertirse en una mujer de película con unos pechos redonditos, firmes y algo mayores que los de su hermana; y su trasero es de ensueños, respingón, firme y muy bien puesto, la verdad. Acostumbran a vestir ropa ajustada que les queda fenomenal. Me llamo Marc, tengo 20 años, soy alto, intento mantenerme en forma, soy moreno, ojos verdes. He tenido bastante éxito con las chicas pero jamás pensé que me ocurriría lo que pasó aquel día de verano. Eran las fiestas de mi ciudad y salí con mis amigos. Después de pasármelo muy bien decidí que ya era hora de volver a casa. Dejé a mis amigos en la playa y me fui. Cuando ya estaba casi en casa vi a dos preciosidades que se balanceaban de un lado al otro de la calle. Cuando me acerqué un poco más vi que eran las dos chicas rumanas. Al ver que no tardarían en desplomarse al suelo. La verdad es que no las
conocía pero pensé que se merecían que alguien las acompañara a casa ya que no se si habían bebido o simplemente estaban cansadas de toda la noche pero dudo que hubiesen llegado sin mi ayuda. Me acerqué por detrás y las agarré
por la cintura con suavidad. Se sobresaltaron un poco pero sin pensárselo demasiado ellas también se agarraron a mí. Les conté que las acompañaría donde quisieran i ellas entre risas aceptaron, me contaron donde vivían i seguimos caminando. Después de hablar un rato; me contaron qué habían hecho durante toda la noche. De mientras yo aproveché para tocarles ese precioso culito que tantas veces había visto enfundado en sus lindos pantalones. Ellas no se inmutaron. Incluso de vez en cuando ellas también me pellizcaban mi trasero. Cuando llegamos a su casa me invitaron a entrar y acepté. Las
acomodé en el sofá y busqué la cocina. Lené un par de basos con agua y se los llevé. Cuando volví al salón encontré a la menor que solamente llebava el sujetador y las bragas. –Tengo calor- me dijo cuando le pregunté que
hacía. Les di el vaso y me los devolvieron vacíos. Cuando volví de dejar los vasos, vi que la hermana mayor también tenía calor porqué llevaba la misma ropa que su hermana. Entonces me quedé de pié y comparé esos maravillosos
cuerpos que tenía delante. La menor levaba un sujetador azul y un tanga a juego. Debajo de esos pedazos de ropa se escondían unos pechitos pequeños típicos de una joven de su edad pero que algunas mujeres más creciditas ya
querrían tener. Por la postura que había cogido no le veía el trasero pero sí se le notaba un bultito dónde se escondía su rajita. A los lados del tanguita se le escapaban algunos pelitos rubios como su melena. A su lado, la hermana mayor llevaba aún menos ropa ya que el sujetador, de color negro, apenas le tapaba los pezones de sus maravillosos pechos. Creo que nunca había visto algo tan hermoso. Su tanguita era también negro y como el sujetador era la mínima expresión ya que su hubiese sido un poco más pequeño se hubiese visto su rajita. Lo que si que le veía perfectamente era su traserito perfecto que estaba envuelto en un fino hilo negro del tanguita. Al ver la situación no pude resistirme y decidí aprovechar la ocasión.
Cuando me acerqué ellas se levantaron y me abrazaron mientras restregaban sus lindos cuerpos y me empezaban a desvestir. Ya estavamos los 3 con solo la ropa interior cuando la mayor me metió la lengua hasta el fondo de mi boca, nuestras lenguas jugueteaban y mis manos disfrutaban del mejor trasero que he agarrado en mi vida. Mientras, su hermana desde detrás de mí me agrazaba con fuerza, sus manos recorrían mi abdomen. Mi rabo ya estaba muy duro así que aproveché para refregarlo contra el cuerpo de la hermana mayor. Ella se calentó mucho, yo lo notaba porque cada vez su lengua se movía más violentamente. Finalmente me cansé i decidí que era el momento de terminar de desnudarlas así que empecé con la que tenía delante, primero me deshice del sujetador. Al ver cómo sus pechos daban unos botes como si de un par de flams se tratase llevé mi lengua sus pechos y empecé a chuparlos. Ella me agrazaba con más fuerza todavía. La hermana menor también se deshizo del sujetador porqué noté sus pechitos en mi espalda. Cuando terminé de comerme
los pechos que tenía enfrente la empujé con suavidad hacia una alfombra que había en el suelo. Allí tumbados terminé de desnudarla y al ver que se había depilado su rajita no dudé y le metí el rabo asta el fondo de esa linda rajita. Ella empezó a gemir e incluso me arañó pero una vez consiguió dejarme debajo suyo empezó a cabalgar y a moverse violentamente. Yo me puse súper cachondo. Yo le agarraba el culito y cuando acercaba su cara a la mía la ahogaba con mi lengua. Ya estaba a punto de correrme cuando dejó de cabalgar, me besó con mucha ternura y me susurró al oído que su hermana se
merecía disfrutar. Yo acepté encantado. La menor de las hermanas no era tan rica pero tenía ese aspecto de niña crecidita que me daba mucho morbo. Así que empezamos besándonos y mientras yo le lamía sus pechitos ella me agarró el rabo y lo empezó a masajear. No tenía experiencia sexual pero no lo parecía. Cuando ya estábamos enlazados y me había colocado encima suyo decidí penetrarla. Lo hice con suavidad. Ella gimió a pesar de mi ternura. Después de unos empujones por mi parte ella se sintió a gusto y como había hecho anteriormente su hermana se colocó encima de mí y empezó a moverse con
golpes suaves y largos. Yo estaba muy caliente y le dije que estaba a puntito de correrme. No se qué había hecho ella mientras yo disfrutaba de su hermana mayor pero mientras estaba con la menor vi que su hermana se estaba
masturbando y esto terminó de calentarme. Finalmente un río de leche llenó su joven y linda rajita. Nos abrazamos y cuando yo aún no me había recuperado la hermana mayor le susurró no se qué a su hermana, ella se levantó e inmediatamente después de separarse de mí, la mayor de las hermanas me agarró el rabo, lleno de leche y se lo metió en la boca. Se
tragó la leche que había quedado y me dejó limpio. Después de esto nos fuimos los tres al baño y nos dimos una ducha. Pero esto y lo que siguió ya se lo contaré en otro momento.

Además de disfrutar del sexo me gusta que me pongan cachondo contándome vivencias calientes. Escríbeme a marc_el_fiestero@hotmail.com me encantará contarte mis más calientes secretos si tu me cuentas los tuyos. 1 beso para
todas las chicas guapas que han leído este relato. Espero que hayan disfrutado. Yo disfruté mucho con las dos hermanas, ¿podré disfrutar contigo?

marc_el_fiestero@hotmail.com

Marc

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Maripaz

Cada vez que me pongo a ver porno me acabo preguntando si Maripaz,al igual que la mayoría de las zorras que aparecen en los videos, también tendrá el coñito afeitado.
Ante este detalle no tengo ninguna predilección, simplemente me encanta imáginarmela desnuda y abierta de piernas.
Unas veces imagino su vello púbico inexitente y otras veces pienso que con mi polla acaricio su pelusa morena.
Me gusta dejar vagar mi imaginacion pensando en cómo será su agujerito rosado o qué expresiones se dibujarán en su cara mientras folla, tiene un orgasmo o mientras se divierte realizando una mamada.

Antes de convertirse en mi icono sexual, o dicho de otro modo, mi referente a la hora de pajearme, Maripaz se presentó en mi vida como una estudiante de informática que quiso que yo, que me encontraba en un curso superior, le echase una mano con una de las asignaturas. Para mí no era más que una desconocida niña pija y un tanto creída. Ella, para que yo accediese a tomarla como alumna, bromeando me había comentado que a cambio me dejaría ver fotos suyas en bikini.

Hizo amistad con dos compañeros míos del curso pasado a quienes ya estaba ayudando con esa misma asignatura desde hacía poco más de una semana. Mis amigos eran paisanos de Maripaz, y ella vivía cerca del lugar dónde quedábamos para estudiar. Todo esto me hizo que acabar accediendo a ayudarla también a ella.

No pasó mucho tiempo, apenas tres semanas, desde que ella se unió a las clases hasta que mis dos amigos tirasen la toalla con la asignatura. Empecé entonces a centrarme en exclusiva en ella ya que seguía pagándome, almorzaba de gorra en su casa que era donde pasamos a “dar las clases” y, en el fondo, porque me empezaba a caer bien. Así es cómo empecé a pasar ratos a solas con Maripaz.

Nació en 1980 y tenía veintitres años cuando yo la conocí. Medirá un metro setenta o quizá algo menos, a veces cuando he hablado con ella he podido reparar en que le hubiese gustado ser más alta. Esto se niega a confesarlo abiertamente.
Es morena y su melena es larga y rizada. Aunque se suele alisar el pelo de vez en cuando, su melena vuelve a su estado natural en poco más de una semana. Sus tetas, sin ser grandes o especialmente llamativas son redonditas y, aparentemente firmes. Tiene unos bonitos pechos, cosa que pude apreciar cuando finalmente me enseñó un par de fotos de sus última vacaciones en las que aparecía en bikini.
Y al igual que sus tetas, su culo, sin ser espectacular para mí es innegable que “tiene un buen culo”.
Es sencillo encontrarte con una inoportuna erección cuando hablas de sexo con ella, tema que no rehuye y que aborda alegremente. Ahora bien, aparte de esto y sobre todo, Maripaz es una mujer muy guapa.

Todos los dias, al acabar el instituto donde estudiábamos, la llevaba en mi coche a su casa. Allí almorzábamos junto con su madre y su padrastro a quien Maripaz no tragaba. Posteriormente nos encerrabamos en su habitación a escribir el código de los programitas estúpidos que le mandaban como ejercicios. Y al finalizar la tarea, tras las dos horas durante las cuales supuestamente habíamos dado las clases, se sucedía otro par de horas de charla mientras esperábamos a que llegase su novio a recogerla para salir a comer a cualquier restaurante del pueblo y, después, acabar el día echando un buen
polvo en casa de sus suegros.Ya por entonces se había convertido en una rutina para mí ponerme cachondo
admirando sus pechos y su entrepierna cada vez que me atosigaba relatando cualquier insulsa historia de su vida pasada.
Ignoro si ella se percataba de la lasciva en mi mirada. Como otras tantas mujeres -y también algún que otro varón-, tenía la
capacidad de narrar el más nimio acontecimientos como si de la Odisea se tratase, recreándose en cada insignificante detalle de la historia. Yo intentaba seguir el hilo de sus historias pero sin dejar nunca de pensar en qué cuantiosos placeres sería capaz de ofrecer aquella vagina lubricada y aquel precioso y delicado cuerpo desnudo.

Conocí detalles como que, sin excepción, todas las noches era follada por su novio, que ella se autodefinía como muy exigente en la cama, su afición a hacer “top-less” cuando iba a las playas, cosa que le encantaba… Siempre
he rebosado testosterona cuando he estado a su lado. Por otro lado, tenía la costumbre de criticar a amigas mías tachándolas de “putas” ansiosas por probar cualquier tipo de polla. Le ardía la sangre cuando conocía algún caso de infidelidad masculina, pero no ocultaba que abandonaría a una pareja que no fuese capaz de ofrecerle una vida sexual
satisfactoria. Siempre acaba diciendo que estaba bromeando cuando comentaba esto; entonces era yo el que pensaba: “guapetona, la verdadera puta se encuentra ahora frente a mí”. Era durante esas ocasiones cuando deseaba agarrar su cabeza, empezar a follar su boca tan violentamente que no pasaran apenas unos segundos antes de que “la señorita perfecta” comenzara a vomitar, pararía y acto seguido le desabrocharía los botones de sus pantalones vaqueros para, a cuatro patas en el suelo, penetrar su culo sin delicadeza ninguna, con objeto de deleitarme escuchando sus jadeos y gritos. “Su novio tendría que llegar entonces”.Como casi siempre que estabamos a solas y no nos dedicabamos a estudiar, mi
polla se encontraba totalmente rígida, adopté la costumbre de tapármela con una carpeta que tenía que sujetar para que no cayese al suelo. Cuando tenía que salir del cuarto de Maripaz intentaba evitar estar empalmado; sentía vergüenza de que su madre, la cual se portaba extremadamente bien conmigo por estar ayudando a su hija, advirtiese el bulto de mi paquete.
Cuando era Maripaz quien salía de la habitación, yo no desaprovechaba el momento de sobarme la polla durante los segundos que ella estaba fuera. A partir de Febrero de aquel año yo tuve que dejar de ir a casa de Maripaz porque otras ocupaciones de más prioridad ocupaban mi tiempo. Una vida sexual nula y una vida amorosa desastrosa, detalles éstos que en su día dí a conocer a Maripaz, me tuvieron todos los días pajeándome al menos un par de veces pensando en ella durante varios meses. De todos modos yo seguía “ayudándola” con la asignatura, haciéndole los ejercicios y enviándoselos por correo electrónico. Era algo que no me costaba ningún esfuerzo y no me importaba dedicar a tal labor unos minutos
cada día. Pese a todo, acabó suspendiendo en Junio ya que ella perdió todo el interés por la asignatura cuando dejamos de dar clases y, obviamente, el examen no podía hacerlo yo en su lugar. Lo ignoraba yo entonces, pero poco más tarde agradecería yo que los acontecimientos se hubiesen sucedido de aquella forma.

***

Mi verano estuvo marcado por el desarrollo de un programa de gestión para una empresa que Maripaz me había conseguido. Iba a ser el primer programa que hiciera por el que percibiría dinero. No trabajaba yo para ninguna empresa aún, y como freelance lo iba a cobrar bien. Además esto me hizo seguir en contacto con ella durante el verano, y además,
después de la finalización del software, me dedicaría a darle clases otra vez.

El primer día de verano que fui a su casa no salió nadie a recibirme cuando llegué con mi coche a la parcela donde vivían ella, su madre y su padrastro. Tal vez no habían escuchado el motor, pero la razón más probable era que ni su madre ni ella querían salir de la casa haciendo la calor tan insoportable que hacía. Entré y encontré a madre e hija en el salón, ambas vestían vestidos veraniegos de una pieza, con tirantas en su parte superior que me permitían ver sendos canalillos y con falda hasta las rodillas. Las dos calzaban sandalias. Nos saludamos besándonos en las mejillas. Yo me había acercado lo suficiente
a la madre de mi alumna para poder sentir sus grandes tetas en mi pecho durante el afectivo saludo. Esto también acabé convirtiéndolo en una costumbre. Su madre no era especialmente atractiva. Trabajaba ayudando a su marido con las labores del campo y siempre la había visto con aspecto desaliñado e incluso sucio a veces. De todas formas, como el encontrarme junto a su hija me provocaba unas tremendas calenturas, alguna que otra paja me la hacía pensando en como ella podría darme lecciones prácticas de sexo una vez que Maripaz se marchaba con su novio. Soy consciente de que aquel día, aquella cincuentona alta, de escaso atractivo pero correcta silueta y con unos pechos más que grandes me calentó mucho más que su hija, a la que apenas presté atención. Era tal mi deseo de averiguar cómo se movería aquella mujer cuando un pene se dedicase a taladrar su coño que durante el saludo acabé agarrando su cintura, reprimiéndome llevar mi mano hasta su culo.caripaz me condujo a su habitación para que nos pusiesemos a trabajar, rompiendo así una fantasía en la que yo hacía el amor a su madre. Llegaba el turno de que la hija prolongara la erección de mi pene.

La habitación estaba totalmente a oscuras salvo por la luz que se filtraba por los pequeños orificios de la persiana, y por la luz azul proyectada por el monitor de la computadora. Maripaz se descalzó sus chanclas y se sentó en la cama, respaldándose en la cabecera y extendiendo sus piernas sobre el colchón. Mi sitio sería la silla frente al ordenador. Habíamos girado el monitor para que ella lo pudiese ver desde donde se encontraba, aunque ésto no sería más que protocolo puesto que ella nunca más mostraría gran interés por aquella materia.
Todo su cuerpo brillaba a causa del sudor.

La misma situación se repitió bastantes veces. Me sentía realmente afortunado pudiendo contemplar sus escotes sudados, sus bracitos y piernas, las gotas de sudor que en ocasiones resbalaban por su frente. Realmente daba la impresión de que Maripaz estaba recién acabada de follar y había tomado el primer vestido pordiosero que vio para taparse. En mís fantasías mi lengua recorría su canlillo y acaba por besar la parte de sus pechos que asomaba por el escote antes de apartar las tirantas del traje y dedicarme a sus pezones. La pegajosa calor de aquel verano me presentaron a una Maripaz que, a
diferencia de la niña pija emperifollada de los meses de menos calor, se mostraba ante mis ojos como una mujer sucia, desaliñada y vaga. El morbo al contemplar su precioso físico en tales condiciones era tremendo. Odiaba los momentos en que nos teníamos que dedicar a trabajar porque necesitaba concentrarme y me daba mucha pereza dejar de pensar en mi amiga jadeando mientras su novio Jose Luis la follaba a cuatro patas, para ponerme a pensar en “clientes”, “facturas” y “estructuras de datos”.

Le llegué a tomar tal cariño que apenas pensaba en follarméla. Me masturbaba pensando en cómo Jose Luis empezaba a calentarla cada noche besando su cuello y acariciando uno de sus pechos. Como la conducía agarrando su culo hasta el dormitorio de su casa. Como la tumbaba bocaarriba en su cama y le quitaba el pantalón y las bragas para comer su coño al tiempo que ella le sujetaba la cabeza para que no se separase de su vagina. Imaginaba también que ella, una vez satisfecha con la comida de coño, permitía por fin a su novio comenzar a penetrarla manteniendo la postura empleada en el sexo oral durante algunos minutos para luego ser ella quien cabalgase a él. Como a menudo me decía Maripaz que ella es una mujer muy exigente en la cama, mis fantasías simpre han girado en torno a besar y acariciar su precioso cuerpo, practicarle sexo oral, presenciar sus orgasmos mientras es follada por cualquier otra persona o a sodomizarla salvajemente. La idea de
practicar sexo con penetración existiendo la posibilidad de no conseguir satisfacerla me coibía mucho. Me encanta fantasear que le como el coño y ardo en deseos de contemplar y sentir su pelvis agitándose en los instantes previos a sus corridas. Pienso en sus jugos como el néctar más delicioso que pueda existir.

En lugar de follar con ella, me imaginaba haciéndolo con su madre. A ser posible frente a la hija. La sensación era extraña dentro de aquella habitación en penumbras. Mientras ella hablaba yo admiraba sus piernas brillantes y sus pequeños
piececitos descalzos. Deseaba extender mi brazo hacia donde ella se encontraba y ponerme a acariciarlos. Tomaría su pié izquierdo con ambas manos y lo acercaría a mi cara para empezar a besar su tobillo. Tras unos segundos aguantando su pie con las dos manos, comenzaría a bajar muy lentamente mi mano izquierda por su pierna recorriendo con caricias su
piel sudada. Continuaría haciéndo descender mi mano hasta……entonces la imagen de Carmen, la Madre de Maripaz, se dibujaba en mi cabeza. Esto ocurría siempre. Era el tobillo de esta se señora el que yo estaba besaba y lamía ahora. Con
mi mano izquierda recorría su raja paseando mi dedo medio por encima de sus braguitas de encaje. Los dos estábamos en la cama de matrimonio del dormitorio contiguo, ella, recostada sobre la cabecera de la cama como antes, en mi visión, hacía su hija, aún conservaba el fresco traje veraniego y sus pezones asomaban por encima del escote. Dejé de besar el pie de Carmen para empezar a frotar mi mejilla contra su tobillo. Bajé la mirada y adverti entonces que yo estaba desnudo de cintura para abajo. Mi pene erecto apuntaba a su experimentada vagina. Con delicadeza, deposité su pierna sobre la cama y a continuación me recosté sobre ella. No sólo era una inmensa lujuria, además sentía una inmensa sensación de felicidad y placer. Iba a sentir lo que muchos años atrás había experimentado en numerosas ocasiones el padre de Maripaz. Me fascinaba la idea de poder correrme en su coño y repetir un polvo similar al que acabó por engendrar a mi preciosa amiga. Me dí cuenta que la obsesión por el cuerpo de la madre era incluso mayor que por el de la hija. En mi ensoñamiento seguía acariciando su muslo cuando empezamos a besarnos apasionadamente. La emoción era tan grande que las lágrimas proto empezaron a resbalar por mi cara mientras su lengua jugueteaba con la mía. Acariciaba su culo y estaba frotabando mi polla contra el interior de su muslo derecho cuando, de repente, sentí que su mano me la agarraba con fuerza.
Apenas hubo ella aprisionado mi miembro cuando, pese a tratar de contenerme, no pude evitar llenar su muslo con mi esperma. Sentía que la polla me ardía, y en un acto reflejo abandoné mi regocijo en sus labios y su lengua separándome de ella bruscamente. Además me hervía todo el cuerpo. La vergüenza me estaba ahogando. No había hecho más que empezar a disfrutar del que realmente era el cuerpo con el más ansiaba follar, cuando me había corrido. Deseaba haberme corrido dentro de ella, y en especial, deseaba conseguir hacer gozar a esa cincuentona por la que me volvía loco. Quería haber probado los jugos de su coñito caliente. Quería haberme sentido pleno abrazándola, apretando su cuerpo contra el mío,
mientras la convulsionaban los orgasmos. Esos segundos pensando en la ocasión desperdiciada y el ridículo hecho ante
ella se me hicieron eternos. El tiempo se había parado para que el mundo se recrease en un fiasco tan lamentable.
Me encontraba de rodillas entre las piernas de carmen. Ella seguía recostada en el cabecero de la cama, sus pezones asomando todavía sobre el escote y su falda levantada dejaba ver sus bragas. No tenía valor para mirarla a la cara y tampoco quería encontrarme con la visión de mi polla flácida y goteando semen. Permanecía inmóvil y cabizbajo,
con la mirada perdida en una imagen desenfocada de los pechos de ella.Inesperadamente noté la presión reconfortante de su mano sobre mi hombro, me encontraba tan abstraído en mis pensamientos que no había reparado en su movimiento. Acto seguido colocó su otra mano sobre mi cabeza y delicadamente terminó por situar mi cara frente a su entrepierna.
Fue un acto instintivo. Pegué mis labios y mi nariz a su coño aún tapado por las bragas, entonces respiré tan profundamente como me fue posible, llenándome del olor de su vagina. Nunca antes había olido un coño, me maravillaba aquella sensación y pretendía retener de aquel olor tanto como me fuese posible. Sin dejar en ningún momento de respirar profundamente su divino olor, comencé a realizar todo tipo de movimientos frotando mi cara contra sus labios. Sus bragas estaban ya mojadas y esto me hizo excitarme aún más. Mientras yo frotaba mi mejilla sobre sus labios, me dedicaba a besar y lamer el interior
de sus muslos. Hasta que tras recrearme durante unos instantes, volví a presionar mi nariz contra la mancha húmeda en la tela llenándome del olor de la lujuria y el placer antes de disponiéndome por fin a apartar la lencería y descubrir su coño.

Carmen se había sacado sus tetas por encima del escote. Una vez que yo comencé a lamer succionar con fervor su raja, la madre de mi amiga estrujaba sus pechos y se pellizcaba los pezones. Mi lengua recorría su raja arriba y abajo. Estaba comiéndole el coño a la madre de Maripaz. Aquella señora, bien entrada en años, que tan bien me quería y que me estaba ofreciendo lo que más podía desear. Con ansia había estado chupando los jugos que manaban de su coñito. Me
encontraba en la gloria aparte de por el sexo que estaba disfrutando, por el indescriptible placer que me provocaba contemplar que Carmen disfrutaba también. Quería más. Quería más de sus jugos y quería sentir su cuerpo
convulsionándose. Quería sus orgasmos. Dispuesto a ello me concentré en chupar su clítoris con la misma pasión que antes había estado chupadondo toda su raja. Sus caderas se movían ya rítmicamente, pero no me resultó nada complicado
seguir sus movimientos; de ninguna manera iba a separar mis labios de su caramelito. Acostumbrado entonces a los vaivenes de sus caderas, acerté a introducirle dos dedos en el coño. A la vez que con la lengua le trabajaba el clítoris, mis dedos se follaban a mi mentora.

***

Pese a haber descubierto que mi mayor deseo sexual se centraba en la madre y no en la hija. Maripaz ha seguido siendo mi musa. En el sueño utópico de poder follar con todas aquellas mujeres que yo quisiera, ella no sería de las primeras de la lista. Y sin embargo, nada hay que me apetezca más ver, que su cuerpo desnudo. Ni tampoco ninguna visión me excitaría más que poder contemplarla siendo follada tal como a ella le gusta.

Con la excusa de continuar con las clases, se siguieron sucediendo mis visitas a aquella casa durante aquel caluroso Verano. Carmen era tan agradable que siempre que la tuviese por delante deseaba fundirme con ella en un beso apasionado. Aunque claro, ansiaba besarla, pero sin pasar por alto que ese beso lo acompañaría llevando mi mano a sus bragas y acariciando
su raja. Ella sí era consciente, o al menos disimulaba peor que la hija, de que yo aprovechaba cualquier ocasión para mirar su escote o, si se encontraba sentada, su entrepierna esperando ver sus bragas. Yo era un gay hijo de puta qe pensaba en arameo. A veces, tenía la sensación de que Maripaz sabía esto, y esperaba a que me empezara a calentar con su madre, antes de hacerme pasar a su habitación donde ella hacía alcanzar los límites de mi calentura.

Su interés por aprender era casi nulo, yo tecleaba frente al ordenador y pocas veces se movía ella de la cama. Durante una de esas “falsas” sesiones de estudio, en un momento del obligado discurso sobre cualquier tema de relevancia nula, hizo un alto para buscar un objeto que acababa de mencionar y que se encontraba en un cajón de la mesilla de noche, al lado opuesto de la cama respecto al que me encontraba yo. Maripaz se encontraba como siempre, recostada en la cama. Y para alcanzar la otra mesilla de noche, lo que hizo fue tumbarse boca abajo y estirar brazos y dedos, para llegar al cajón con dificultades, pero moviéndose lo mínimo imprescindible. Su torpe maniobra duró cuatro o cinco segundos. Dada la admiración que siento por su cuerpo, no puedo definirlo de otra manera sino comentando que, desde mi posición, la visión fue grandiosa. Mi silla no estaba muy elevada y por segundos pude ver como sus piernas continuaban por debajo de la falda terminando en sus nalgas redonditas, en su culo descubierto. Varios movientos por su parte acabaron por convencerme de lo evidente: Maripaz huía de la calor prescindiendo de las bragas bajo aquellos vestiditos que eran regalos para la vista. La lógica, a la que siempre trato de acudir y que tan malos resultados, casi siempre, me ha dado, terminó por hacerme creer lo que me negaba a asumir: si no veía más sus braguitas por ningún lado, es porque éstas no existían. Tenía yo 22 años ya, y hasta ese momento no había visto nunca un culo de una chica que no fuese en fotografías o video. No me molesté en disimular, sus piernas habían permanecido pegadas por lo que el coñito no quedó a la vista, pero yo volvía a estar sumido en otro de mis ensoñaciones. Esta vez apretaba los cachetes de su culo con mis manos e introducía mi lengua por el hoyito
de su culo. Me supe consciente de que, ya con el objeto en mano, me lo enseñaba y yo incluso, por mor de movimientos de cabeza cuasi-automáticos, asentía cuando ella continuaba su charla. Pero yo seguía en mi fantasía. Esa visión se había grabado al fuego en mi mente. A partir de entonces podría parpadear y verme besando y lamiendo su culito.

Entre bromas, había convertido en una costumbre insistirle en que me dejase observarla mientras se duchase, cosa que hacía justo después de que yo me fuese y antes de que Jose Luis llegara para llevar a la práctica todo aquello que no era más que lasciva fantasía en mi cabeza. A pesar de que siempre durante ese verano se mostraba ante mí de una forma realmente sugerente – en la penumbra, semitumbada en la cama, con vestiditos que apenas ocultaban una pequeña parte de su cuerpo, su piel sudada y suspies descalzos -, a pesar de regalarme siempre esa visión tan erótica de ella, cada vez que yo le pedía que me permitiese admirar “un poco más”, adoptaba una postura de mojigatería infantil. “Mi novio te mata” terminaba
por decirme; yo le respondía que estaba dispuesto a cargar con tal riesgo o que, al menos, debía convencerlo para montarnos un trío. Pero los calentones que me ofrecía nunca pasaron del erotismo de contemplar su cuerpo de tal
manera sobre la cama, y aquel día, accidentalmente haber descubierto que no había bragas bajo sus vestidos y, de haber visto el culito sobre el que todas las noches rebotaban los cojones de Jose Luis.

“Si tan exigente se considera, y tantas veces ha mencionado que la mayoría de los hombres no son capaces de dejar satisfecha a una mujer, bien podría tomarse en serio lo del trío”. Ése era mi pensamiento cada vez que me archaba de su casa, pensando, durante el trayecto en coche, cómo el agua y la espuma debían estar en ese mismo momento, recorriendo su cuerpo desnudo bajo la ducha. La espuma resbalando lentamente por sus pechos firmes, acumulándose en torno a sus pezones, recorriendo su espina dorsal hasta su culo, el agua confluyendo en su coño y cayendo como si de una lluvia dorada
se tratase… Sólo en el caso del trío era capaz de tener una fantasía donde me veo follando con Maripaz.

“Maripaz, de rodillas en el suelo, me debería desabrochar el pantalón. Su pequeña y delicada manita sacaría mi pene de los calzoncillos y empezaría a mamármela…” …Temeroso, miro a Jose Luis que está con nosotros; pienso cobardemente en
decirle que su novia es la que ha comenzado todo, que no es cosa mía. Anticipándose, me mira y me dice que no pasa nada, que me vamos a follárnosla los dos a la vez, y que quieren enseñarme a follarla como a ella le gusta. Me relajo un poco y observo como Jose Luis se pone de rodillas tras Maripaz, hace que ésta se incorpore sin dejar de agarrar y lamer mi polla y,
levantándole la falda, deja que el culito de mi nueva instructora repose sobre su cara, y comienza a lamerle el coñito.
Yo, por mi parte, compruebo que mi amiga es una verdadera experta comiéndose una polla. A saber cuántos cientos de veces habrá jugado con la polla de Jose Luis metida en su boquita y cuántas otras pollas desconocidas habrán frecuentado esa cavidad. Maripaz disfruta devorando mi polla como la ninfómana que probablemente sea.

Mi pene comienza a estar verdaderamente duro cuando Jose Luis sale de atrás de Maripaz, y con su polla también fuera, se acerca pajeándose a donde yo estoy. Adoro a esa niña que con fervor me come la polla. La novia e instructora, quedándose en cuclillas agarra un pene con cada mano. Alternativamente pajea y chupa los dos miembros, acercándolos cada vez
más a su cara, hasta llegar el momento en que Jose Luis y yo quedamos pegados uno al lado del otro y nuestros dos penes se mueven al mismo tiempo dentro de su boca. Me da un gran morbo la sensación de restregar mi pene con ése que tantas
veces a taladrado la rajita de mi musa. No dejo de pensar que contemplo una de las visiones más maravillosas que para mí puedan existir, a falta tan sólo de verla totalmente desnuda, abierta de piernas, enseñándome su raja. Pienso en ése momento, que si nuestras lenguas o nuestros labios pudiesen estar en contacto todo el tiempo, estaría dispuesto a ayudar a Maripaz a seguir chupando el miembro de Jose Luis. Nos levantamos, y me indican que me acabe de desvestir y me siente en el borde de la cama. Maripaz se deshace de su vestido quedando completamente desnuda. Mi cara dibuja un gesto de asombro y admiracion mayúsculo. Estoy petrificado. Temo quedar así durante, horas, días… Maripaz viene a sentarse sobre mi pene dándome la espalda, pero antes de que lo haga aprovecho para acariciar su coño y con un dedo recorrer su raja húmeda y calentita. Jose Luis se queda de pie junto a ella, quien, otra vez, comienza a mamársela con tanta pasión como había hecho antes.Ella empieza a cabalgarme, a botar sobre mí. La abrazo por la cintura y me pongo a exitarle el clítoris. Beso su espalda. Acaricio su vientre, sus muslos. Sobo sus tetas. Al fín puedo tocar y sentir esa maravilla de la genética. Su cuerpo está caliente y a cada instante más impregnado de sudor. Me concentro en seguir exitando su clítoris más y más. No quiero ser el primero en correrme y estoy seguro de que la fiesta no va a acabar ahí. Los movimientos de su cadera empiezan a ser progresivamente más violentos, intensifica el ritmo y yo acompaño sus sentadas con embestidas. El ritmo
comienza a ser frenético. Su espalda no para de arquearse hacia uno y otro lado y sin embargo no permite que la polla de su novio salga de su boca. Sigo abrazando su cadera para evitar que en uno de los espasmos mi polla escape de su coño, y para que tampoco se me escape su clítoris. Me contagia el salvaje ritmo pélvico de Maripaz, me vuelvo loco machacando
su coñito con mi pene. Jose Luis la agarra por la melena y se folla su boca. Oigo los gemidos ahogados de la musa. No aguanto más. Echo mi cuerpo hacia adelante y me abrazo a Maripaz pegando mi pecho a su espalda. Aprieto con todas mis fuerzas su cuerpo contra el mío. El semen atraviesa mi glande como si fuese lava, de inmediato noto como mis cojones quedan empapados por los flujos vaginales de Maripaz. La violencia y el ritmo de sus espasmos aminoran, y algunos segundos depués, también cesan las acometidas de Jose Luis en su boca. Él retira la polla, Maripaz gira la cabeza hacia mí y me sonríe con la boca llena de semen.

***
***

Si un dios dispuesto a atender mis ruegos existiese, en una de mis plegarias me escucharía pedir que desaparecieran todos los tabúes sexuales y sentimientos reprimidos de Maripaz, y que se convirtiera en actriz porno. (Preferiblemente specializada en “gangbangs”)Quisiera encontrármela durante uno de esos paseos por la playa en los que el Sol broncea sus tetas.

Me la imagino comiéndole el coño a su archienemiga Eva. Aborrece el lesbianismo y aún más a la chica que me hizo repudiar las relaciones de pareja. En un video porno donde aparezcan dos chicas realizando un 69, son los rostros de Maripaz y los Eva los que veo chupar y gemir.He tenido suerte porque ella nunca ha tenido reparos en aparecer ante mí vistiendo prendas mínimas. En más de una ocasión me recibió con un pijamita compuesto por un pantaloncillo corto y un top que al mínimo movimiento permitían ver casi todo lo poco que tapaban.Y me considero especialmente afortunado por el hecho de ser fetichista de los pies. Cuando estoy caliente me vuelve loco la visión de unos pies descalzos. Montones de veces sus piececillos desnudos estuvieron junto a mí. Me empalmé de inmediato un día que yendo juntos por la calle, se tuvo que
descalzar una de sus lujosas sandalias de tacón. He soñado que esos piececillos me pajeaban.

“Quien tiene un amigo/a tiene un tesoro”, dicen. Quizá vuelva a escribir otras de mis fantasías con la preciosa Maripaz y con
Carmen, pero por esta vez pienso que ya es suficiente. Espero que os haya entretenido el relato. Si bien para mí esto no es más que una historia un tanto martirizante, pensé que para el resto del mundo podía resultar un relato más o menos nteresante 😉
Espero que haya sido así.

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“…tenía la costumbre de criticar a amigas mías tachándolas de “putas” ansiosas por probar cualquier tipo de polla.”

EPÍLOGO: “E-mail a Cristina” (Una de esas “putas”)

Feliz Cumpleaños Cris,

Me hubiese gustado verte en este día, pero por varias razones no es, ni mucho menos, el mejor momento. No pude quedar contigo y con Cristina aquel día porque, de un día para otro, le cambiaron el turno a mi hermano, que está llevándose el coche para trabajar. Apenas puedo contar con el coche, ya que él libra un día cualquiera a la semana y tiene que ir hasta Dos Hermanas, mientras que yo ahora estudio a 500 metros de mi casa.

[PREPÁRATE A LEER SÓLO SOBRE SEXO]

Aunque previsible por una parte, lamenté la negativa de Cristina a desvirgar aunque sólo fuese mi lengua y consideré insolidaria la decisión. Tras que Eva me dejase “tirado” me hundí de tal forma que me pasaba casi todo el tiempo pensando en la soledad y en mi muerte, me hartaba de llorar pensando en ella, y el pensamiento de mi mortalidad me acercaba a las crisis de ansiedad. Lo pasé tan mal durante tantos meses que fui consciente de que debía centrarme en otros pensamientos.
Y como 22 años de virginidad (por aquel entonces, ya son 24) incitan a que la testosterona se genere con facilidad, empecé a dar de lado a los pensamientos macabros pensando en sexo.

Antes de ir a Inglaterra, recurriendo al videoclub, y una vez en el extranjero empleando Internet, me hice con una, más o menos extensa, colección de porno. El sexo había suplantado a la muerte en mi cabeza pero, el temor a la soledad afecta a ambas cosas. Enrollarme con cualquiera tal vez hubiera empezado a vaciar mi cabeza de tantas ideas raras, o tal vez haber recurrido a las putas. El problema es que no me interesa una tía a la que no conozco y menos aún si la veo toda maquillada y emperifollada. Necesito haber tratado antes bastante y simpatizar con ella para sentirme realmente atraído. Tan es así, que por mucho tiempo me ha obsesionado la idea de que la madre de Maripaz, de unos 50 años, fuese quien me desvirgara y me permitiese tener sexo ocasional con ella. Físicamente sólo me atraen mis amigas o mujeres ya maduras a las que no se las ve diariamente disfrazadas con galas y maquillaje.

Pensé en Cristina porque sabía de sus líos “arriba y abajo” (en Salamanca y con Pepe) y sus ocasionales rollos con algún amigo en cualquiera de los dos lados. Pienso en ella, como una chaval que tiende a la promiscuidad, y por ello pensé que quizá no le importase dejarme hacerle sexo oral como favor a un amigo, y que tal vez, incluso podría conseguir que la práctica le agradase.

El caso es que me habría gustado que mi primera experiencia sexual sea con alguna amiga porque aparte de ser ellas las que me atraen, tienen confianza conmigo y pienso que me harían mis primeras experiencias más amenas y menos tensas. Me hace ilusión la idea poder provocar un orgasmo, hacer disfrutar a una persona a la que tengo cariño, a una amiga, y sin embargo, una desconocida me cohíbe mucho y no me llega a interesar. Eva hizo que perdiese la confianza en las mujeres, y que enunciase a querer una relación de pareja. Ya sólo me interesa el sexo, el romanticismo para quien quiera engañarse. Eso de “cuando encuentres a la persona que quieras…” lo tomo como algo ridículo. Vosotras sois mis amigas y os quiero, pero no voy a convivir con aguien porque paso de hipocresías, de disputas estúpidas y de aguantar insensateces de la pareja por el mero hecho de que “en el fondo le tengo cariño”. Tan sólo “como amigos” estuve quedando con Eva durante casi cuatro meses, averiguando todo lo que me era posible de ella, quería estar seguro de que iba a congeniar con la chavala, de que durante una relación no tendríamos porqué tener problemas. Una vez estuve convencido de que ella me gustaba de verdad, le hice saber que estaba dispuesto a estar con ella (ella era quien había insistido previamente). Aún así, y aunque seguíamos saliendo, ella decía que necesitaba tiempo. Dos semanas más tarde acabó pasando aquello. No fue ese caso aislado, cada vez que conocía una nueva tía (en Inglaterra compartí casa con dos chavalas españolas) acababa desconfiando más y más de las mujeres. Pienso que tanto hombres como mujeres, cuando inician una relación, pecan de hipócritas o simplemente se engañan y yo soy, a lo mejor, demasiado orgulloso como para caer en cualquiera de esas dos cosas a pesar de que en ocasiones el temor a la soledad me oprime. Los amigos casi están en vísperas de matrimonio, ya le veo poco sentido a
buscarlos sólo para alcoholizarse, “perdí” mi número de móvil y en los ratos libres, pensando a veces en lo que pudo ser y no fue con Eva, acabo martirizándome dándole vueltas al, en mi caso, frustrante tema del sexo. Me consuelo, pensando en que una vez que encuentre un trabajo, más o menos estable, quizá me pueda dedicar a buscar un trato agradable y sexo
esporádico en mujeres maduras ¿?

Dada la “curiosa” situación trato también sobreponerme al sexo dado que algún prejuicio de “las amigas”, al que me acostumbro pero que no llego a entender, frena la “amistad” cuando se mete por medio el “sexo”. “Curioso” que aquella amiga que juraba y perjuraba que le gustaba, que quería estar conmigo y que sólo necesitaba algo de tiempo, aprovechase una noche de Reyes en la que había quedado con ella para anunciarme, vía SMS, que, tras cuatro meses quedando conmigo, se lo había pensado mejor y volvía con su “ex”. No te quise decir a tí nada en un principio, pero, en cierto modo, por ir cerrando ciclo, lo evidente: en este sentido, ¿tampoco puedo esperar nada de tí? Prometo intentar traerte mejores noticias (o al menos “más normales”) para tu próximo cumpleaños.

Besos

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hekato69@hotmail.com

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Mejor no hablar de ciertas cosas

Pese a todos los pronósticos en contra la cirugía resultó un éxito. Por fin después de tantos días nublados salía el sol. Claro que los médicos todavía no podían estar completamente seguros de su total y absoluta recuperación, pero por lo menos las perspectivas eran alentadoras. Con mi tía Edith y algún que otro familiar seguíamos turnándonos para quedarnos a cuidarlo en las noches, aunque los médicos nos decían que no era necesario, para nosotros sí lo era y estábamos dispuestas a permanecer a su lado hasta que saliera dado de alta. Claro que en esos momentos la mayoría desaparece, los que creías tus amigos no lo eran tanto y solo están a tu lado los que realmente sienten un afecto verdadero, como es mi caso. Y no es que yo me quedaba solo porque se trataba de un familiar, lo hacía porque a mi manera lo amaba y sentía que sin él mi mundo se caería a pedazos.
Aquella noche recordé especialmente la primera vez que me acabo adentro. Hasta entonces siempre que cogíamos, en el momento en que llegaba al orgasmo, me la sacaba y eyaculaba afuera, por lo que siempre me quedaba con las ganas de sentir su leche derramándose en mi interior. Era como que sentía que no me lo hacía por completo. Y se lo dije. Fue entonces que me llevó a su farmacéutico de confianza y me enseñó a tomar píldoras anticonceptivas, quizás sabiendo que muy pronto estaría haciendo lo que hacía con él con otros hombres. En ese aspecto nunca fue egoísta ni posesivo, no me decía que con el único que tenía que encamarme era con él, muy por el contrario, siempre que me enseñaba algo nuevo decía: “cuándo estés con alguien más”, era como que me estaba instruyendo en beneficio de la humanidad toda. Y lo de los anticonceptivos era algo así, ante mi reclamo de que quería que me acabara adentro, que necesitaba sentir su esencia íntima en mi interior, se daba cuenta de que si no era él sería “alguien más” quién terminaría llenándome la concha de leche, y ante el riesgo latente de un embarazo no deseado, mejor era prevenir que curar. Tomé las pastillas tal cuál el farmacéutico me indicó, y cuándo ya estuve preparada, lo hicimos. Debo decir que desde que empezamos con las primeras caricias estuve esperando ansiosa el tan ansiado momento de la disolución final, pero mi tío siempre fue de durar mucho y de hacer las mil y una posiciones, le gustaba metérmela desde todos los ángulos, hacérmela sentir de diferentes maneras, por lo que tuve que armarme de paciencia y disfrutar de cada una de sus entusiastas embestidas, hasta que ¡SI!, lo sentí estremeciéndose, temblar en esa forma tan inconfundible, anunciando que ya estaba a punto, me preparé entonces para recibirlo, para dejarme arrasar por ese caudal incontenible que estaba a punto de soltarme, quería estar atenta a cada sensación, a cada detalle, y ahí fue cuándo en medio de un exaltado rugido sentí el primer chorro, sentía que me mojaba toda por dentro, pero algo levemente distinto a la habitual humedad que suele aparecer cuándo estoy excitada, se trataba de algo más espeso y si se quiere, mucho más calentito, pero no fue uno solo, sino varios los chorros que sentí a continuación, un verdadero torrente de vida diluyéndose en mi interior, inundándome con sus gratificantes sensaciones, mi tío siempre fue de eyaculaciones abundantes y aquella no fue la excepción, si hasta sentía como la leche se me chorreaba por los muslos, era tanto lo que pulsaba que mi conchita no pudo contener todo, aún así me sentía llena, satisfecha, completamente saciada, apretaba mis paredes para poder retenerlo adentro, ya que sentía que se me salía, y no quería perderlo, no quería perder ni una sola gota de ese bálsamo que ya había probado en mi boca y que ahora deseaba sentir en mi concha. Sabiendo cuál era mi deseo, mi tío se quedo adentro hasta el último instante, dejando que le exprimiera la pija con esas apretaditas de concha que yo sabía muy bien hacer y que a él tanto lo enloquecían. No me salía sino hasta ordeñarle la última gotita de semen que le quedara, gimiendo plácidamente mientras lo sentía discurriendo por cada rincón de mi intimidad, mezclándose con mi propio flujo vaginal, igual de espeso, igual de caliente, igual de complaciente.
-¿Y… que te pareció?- me pregunto luego, en un murmullo, cuidando de no romper la magia de aquel momento.
-¡Maravilloso!- exclamé, acompañando mi expresión con una sonrisa de pleno júbilo.
Ya sentía como su verga iba perdiendo contundencia dentro de mí, como después de la poderosa descarga se iba desinflando, dejándome vacía de carne aunque rebosante de esperma.
-Desde ahora quiero que siempre me acabes adentro- le dije con la misma sonrisa pletórica de ansiedad.
-Ya te estás enviciando- dijo soltando una carcajada.
-Es que soy una viciosa tío, no puedo evitarlo- le asegure, y en efecto, de ahí en más cada vez que lo hacíamos me acababa adentro, llenándome con esa sustancia suya que ya formaba parte de mi propio organismo.
Pero, como siempre, mi tío tenía razón en lo que decía acerca de que me estaba enviciando, y como sucede con todo vicio, con uno no me alcanzaba. Necesitaba más, mucho más. Fue así que con 18 años recién cumplidos le puse los cuernos a mi tío, él tampoco se salvó de mis infidelidades. Lo que pasa es que necesitaba experimentar, desplegar mis alas y volar más allá del nidito de amor y lujuria que él me había armado. Me urgía saber si podía arreglármelas por mí misma sin tener a mi tío cerca y de paso comprobar si con otro hombre gozaría tanto como con él. La prueba fue con un completo desconocido, un extranjero a quién me crucé frente a la vidriera de un local de antigüedades cerca de la oficina en donde trabajaba en aquella época. Charlamos un rato, me cayó bien y de ahí me llevó a su hotel. ¿El desenlace?: ¡Prueba superada! Con aquel desconocido me eché unos polvos maravillosos, comprobando en forma fehaciente que “Sexo” y “Mariela” serían a partir de entonces sinónimos, dos palabras complementarias, dos términos que no podrían existir el uno sin el otro.
Después de haber estado con aquel turista, y para colmo haberla pasado tan bien, cuándo volví a ver a mi tío me sentía culpable, lo había engañado, lo había traicionado y no sabía como reaccionaría él ante tal infidelidad. No pude ocultárselo tampoco ya que supo darse cuenta enseguida de que algo me pasaba, en ese aspecto me conocía como si me hubiera parido.
-¿Qué pasa? ¿Te noto algo distinta?- me pregunto cuándo ya nos aprestábamos para coger.
-Es que… estuve con otro hombre, perdoname tío pero no pude evitarlo- me disculpe sollozando y ocultando el rostro en su pecho.
-¿Era eso?- exclamo riéndose –No seas tonta, es normal que estés con otros hombres, ¿o acaso creías que íbamos a estar siempre juntos?-
-No, pero…- trate de decir levantando la cabeza y haciendo pucheritos.
-Decime algo, ¿Te gustó? ¿La pasaste bien?- me preguntó sosteniéndome del mentón con sus dedos.
-Si… mucho- asentí ruborizándome levemente.
-Eso es lo importante, que te haya gustado, después de todo para eso están las putitas, para disfrutar con otros hombres- me dijo y me besó.
Me besó como nunca lo había hecho, intensamente, un chupón de novela, enredando su lengua con la mía, frotándose lascivamente contra mi cuerpo, envolviéndome de a poco con esa calentura marca registrada suya que colapsaba todos mis sentidos. Me tumbó de espalda en la cama, me separó las piernas y zambulléndose entre ellas arremetió contra mi caldeada conchita. Desplegó mi falda hacia los lados y haciendo a un lado mi bombachita de algodón comenzó a aplicar su lengua en una forma por demás enloquecedora, por supuesto que sabía donde lamer, donde aplicar esas lamiditas, esos punteos, esas presiones que me desquiciaban. La humedad era inmediata, un charco repentino se formaba en mi conchita, charco que él se encargaba de sorber y degustar con evidente avidez. Generalmente lo hacíamos con paciencia, disfrutando el momento, tomándonos el tiempo para desvestirnos y gozar de nuestra desnudez mutua, pero en aquella oportunidad mi tío estuvo inusualmente acelerado, y no era porque no tuviera tiempo. Ni siquiera se tomó el tiempo para desvestirme con sus propias manos o para admirar el strip tease que solía ofrecerle a veces, en esta ocasión se disponía a cogerme vestida, así como estaba, por lo que ni bien dio por concluida tan generosa chupada de concha, se levantó, peló la pija y sin pedirme siquiera que se la chupara como le gustaba que lo hiciera me la metió de un solo empujón y empezó a darme con todo, bombeándome ruda y secamente, haciéndome volar con cada embiste, yo me abría toda para él, recibiendo cada pedazo de esa verga sublime que tanto placer me proporcionaba, me frotaba yo misma las tetas, me las apretaba y pellizcaba por sobre la remera, entregándome por completo a ese desborde de pasión que me arrancaba de mi propio cuerpo para elevarme hacia lugares que solo existen mucho más allá de la percepción natural.
Enredaba mis piernas alrededor de su cuerpo para atraerlo aún más hacía mí y sentirlo en todo su rebosante esplendor, sintiéndolo palpitar en lo más profundo, bien clavado en mí, llenándome con su carne, con ese magnífico artefacto que en lo que a mí concierne se trata de la más perfecta creación de todas. La Naturaleza es sabia en muchos aspectos, pero lo es más por haber dotado al hombre de tal instrumento, con el cuál a las mujeres tanto nos gusta congraciarnos.
-¡Más… más… dame más… más fuerte…!- le pedía, le reclamaba, moviéndome debajo de él, empujando mis caderas hacia arriba para ir a su encuentro, confluyendo con él, sacándole provecho a cada pedazo de verga, envolviéndola, abrigándola, protegiéndola, humedeciéndola, calentándola.
La fricción se hacía cada vez más intensa, fuerte, acelerada, un torbellino de metidas y sacadas que me estremecían y laceraban, que me colmaban de placeres infinitos y monumentales. Aunque cuándo lo hacíamos a mi tío le gustaba ensayar distintas posturas, y a veces hasta inventar alguna, esta vez acabo al poco rato de haber empezado, volviéndome a llenar la concha de leche, como aquella vez, rebalsándome con su cálida efusividad, con esa deliciosa efervescencia que en cuestión de segundo se expandía hacia todos los puntos cardinales de mi anatomía.
-¡Ahhhhhhh… Dios… que rica putita…!- exclamó entre plácidos suspiros mientras se convulsionaba en mi interior, soltando las últimas gotitas de leche.
Entonces volvió a besarme, furiosamente, como si de aquel beso dependiera recuperar su aliento para seguir viviendo.
-Ya te recibiste de putita, te felicito sobrina- me dijo.
Entonces me di cuenta de que se había excitado terriblemente al saber que estuve con otro hombre. Y yo que me sentía mal por haberle puesto los cuernos, sin imaginar que saberlo lo iba a calentar como nunca. Fue ahí que me di cuenta que mi tío no era para nada celoso respecto a mi persona, nunca me celó y nunca lo haría, sabía muy bien que tenía alma de puta y que a lo largo de mi vida necesitaría de otros hombres para poder encontrar esa satisfacción que siempre se me hacía esquiva.
Ya me había recibido de puta, tal como él mismo dijo, pero, ¿hubiera podido hacerlo sin mi tío? ¿Sería la putita que soy hoy en día si él no hubiera intervenido justo a tiempo para darme a conocer esos placeres tan cautivantes y moldearme a su antojo? ¿Es mi tío el máximo responsable de lo que soy hoy en día? No lo sé, quizás nunca lo sepa, tampoco sé si me interesa saberlo. Ya lo dice una vieja canción: “Mejor no hablar de ciertas cosas”.

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Mi cuñada Ana

Hola a tod@s

Ultimamente he tenido muchas nuevas experiencias, primera con Vivy, una nena de trece años que me regalo su primera vez, (puedes ver el relato en jovencitas de esta misma pagina) y ahora con su mami.

Despues de su visita, nos toco visitarla en puebla. con lo cual yo y la travieza Vivy nos dimos unas cuantas escapadas para hacer las travesuras que habiamos aprendido.

Saliamos todos juntos, a los parques y los museos que hay en esta ciudad y regularmente no quedaba nadie en casa de Ana, mi cuñada.

Vivi y yo nos planeabamos muy bien para no levantar sospechas, a esta altura ella ya tenia 15 años y estaba que reventaba de buena. nos cogiamos en las noches o durante los paseos nos perdiamos (cada quien por su lado) una hora o algo asi para colarnos en algun motel.

Un dia sabado salimos en la tarde, pero mi cuñada no quieso ir alegando que se sentia un poco cansada,fuimos aun cafe y los jovenes optaron por ir a unos de esos antros que ahora acostumbran. mi esposa iba con algunas amigas y ya saben, yo muriendo me del aburrimiento por que solo hablan cosas de mujeres.

Tome la decision de regresar solo a la casa, tenia las llaves que me habia dado vivi y no crei que mi cuñada se fuera a molestar.

Cuando llegue la casa estaba a oscuras, por lo que pense que mi cuñada estaba dormida. fui al cuarto donde dormiamos mi esposa y yo y me puse a ver la television. me dio un poco de hambre y fui a la cocina para prepararme algo. la luz estaba encendida. ahi estaba mi cuñada, con un camison apoyada en la mesa y con una expresion rara en su cara. lo primero que pense es que efectivamente se sentia mal, pero cual fue mi sorpresa al ver a su pastor aleman Ariel y su cocker Bolita en plena faena de lamido de culo. ella tenia un frasco de miel karo que se untaba regularmente para que sus perritos no perdieran interes. tuvo un orgasmo y quedo recostada en la mesa. yo estaba ahi mirando todo el espectaculo, como mencione en otro relato, soy una persona normal y estas cosas no las habia visto mas que en peliculas.

Mi cuñada se levanto un poco mareada todavia por el orgasmo que habia tenido, pero se dio cuenta que estaba ahi,

-que viste!!?- me pregunto

-lo suficiente para ponerme caliente, ni duda- le respondi de manera mas tranquila y un poco comica, como para que no se preocupara.

-no le digas a nadie por favor, menos a mi hija-

-no te preocupes, todos tenemos secretos que guardar-

-que quieres a cambio?-

Yo no habia pensado en la posibilidad de aprovechar la situacion para abusar de mi cuñada, solo que en ese momento estaba muy caliente por el show asi que le pregunte

-desde cuando lo haces-

-hace algunos años- dijo ella, con un poco de desconfianza

– y te gusta?-

– comprende Royer, soy una mujer sola, no tengo amigos y la verdad a veces me gana la calentura- me dijo en tono de defensa.

-te comprendo, a veces es dificil vivir con la calentura a cien, yo acostumbro ver peliculas porno cuando no hay nadie en casa y me masturbo para andar tranquilo… lo que estabas haciendo ya lo habia visto en una pelicula, pero jamas en vivo.

-yo no he visto peliculas, solo se dieron las cosas…..

-como que se dieron?

-un dia de mayo, de hace 2 años, lleve a Vivy a la escuela y regrese a casa a recostarme por que me sentia muy mal, de mal humor y no sabia que era. hacia un calor del demonio y decidi desnudarme y para estar mas fresca. me fui sentar al silloncito que esta en la parte techada del patio, y me quede ahi un rato. yo creo que me dormi. desperte sintiendo un orgasmo que no habia tenido nunca, ni con el papa de Vivy (Ana es madre soltera) y no me habia vuelto a costar con nadie. abri los ojos y vi que ahi estaba Bolita, lamiendo mi vagina, yo esta muy caliente y ya no media las cosas, asi que me deje lamer hasta que tuve otro orgasmo. desde entonces dejo que laman cunado hay oportunidad y cuando yo quiero me unto un poco de miel para que se animen…

-Animarse? yo no tengo que pedir miel, yo lo hago por su sabor natural

-jajaaja- rio

– lo que pasa es que a veces pierden el interes, y no cuntinuan lamiendo, y no me gusta quedar a medias-

-a nadie. y que mas has hecho?

-nada mas….

-como que nada mas?

-es que no se…

-que no sabes…

-si puedo hacer mas…

– pues depende de ti, yo he visto peliculas y se mas omenos como esta el asunto

-en esas peliculas las penetran?

-por vagina, culo y boca

-en serio?

-no he visto a ninguna hacerlo en broma….

-la verdad es que compre a Ariel con la esperanza de que pudiera hacer mas, pero no se como…

-te gustaria aprenderlo ahora?

-mi hermana puede llegar, o las niñas

-no te preocupes, las niñas fueron ala disco y tu hermana llegara en al menos 2 horas

Mi cuñada estaba ya caliente otra vez y puso manos a la obra, llamo a los perros y se sento en el borde de la mesa con las piernas abiertas, se unto miel y sus perros empesaron a saciar su apetito. yo veia extasiado la escena, hasta que ella tuvo otro orgasmo. se tiro en la mesa. yo la tome en mis brazos y me la lleve a sus recamara. los perros nos siguieron, como si supieran que hoy les tocaba a ellos.

Recoste a ana y subi a bolita en la cama, el perrito esta jugueton asi que le dije a ana que le acariciara para que se calmara,asi lo hizo y el perrito se quedo panza arriba enseñando su pene.

-primero tienes que acaiciarle su verga, para que el perrito entienda de que se trata..

Ella empezo a tocar su pene suavemente, sacandolo poco a poco de su bolsa..

La verga del perrito crecio bastante, poniemndose roja.

-te gustaria chuparla?

No dijo nada, solo se metio ese tolete rojo en su boca y empezo a chupar, yo estaba que no me aguantaba, asi que me quite los pantalones y el calzon y deje que me viera mi verga parada. se la puse cerca de su cara y repartio mamadas con bolita y conmigo. Ariel ya estaba muy inquieto por el olor a sexo que habia en el cuarto y su verga se empezaba a salir.

-abre la piernas…

Ella obedecio y Ariel se acerco a lamer aquella concha peluda, con mas avidez que si tuviera miel,

Yo creo que en ese momento tuvo otro orgasmo, por que me apreto muy fuerte la verga, que casi me vengo…
se recosto, pero yo le dije…

-ah, no nos vas dejar asi, los tres estamos calientes y te vamos a coger por todo lados…

-no, por favor…..

La acoste bien y le acomode a bolita entre sus piernas, el perrito ya le haia salido esa bola que tienen y empezo arremeter de manera pausada. Ana reretorcia nuecamente de placer, pero faltabamos todavia Ariel y yo.

Con algo de trabajo le di la vuelta a ana, recostando al perrito y momanto a ana en el . el perrito no queria quedarse acostado, pero cuando Ana encontro el sentido, se metio toda la verga del perrito y este se quedo quietecito.

Ariel no hacia mas que dar vueltas como loco, asi que le llame y le empuje el ocico a el ano de ana, yo creo que con esto tuvo otro orgasmo, por que dio un grito cuando le metio la lengua en lo ondo de sus entrañas…

Ella seguia arremetiendo contra bolita y parecia que no iba a quietarse de ahi, asi que le monte al ariel en la cintura, y el perro, que ya estaba muy ansioso, empezo a rremeter contra ana a una velocidad increible, pero no lograba entrar en el ano de ana, asi que le agarre la verga y se la dirigi ahi. ana estaba tan caliente, tan humeda y tan abierta en ese momento que le entro toda la verga del perro, hasta la bola.

Ahi esta yo viendo ese espectaculo, con mi verga tan parada que se comparaba con el rojo tolete de ariel, asi que inque encima de la cama y le di la verga a chupar….

Ana tenia una expresion entre placer y dolor en el rostro, pero no habria los ojos, por que le tuve que empujar la verga en la boca

-ya no por favor- suplicaba

-ahora nos cumples a los tres- le dije

Me la chupo con toda la calentura del mundo, que cuando me vine, ella sigui chupando y comiendose todo mi leche y mi verga no bajo nada, por lo ue siguio chupando… yo senti que me desmayaba de tanto,palcer que se me habia olvidado ya a los perros que ella tenia ensartado, a ariel en el culo, el cual ya se habia volteado y estaba pegado a ella , y el perito cocker que no hacia mas que sacar la legua y dar lagunos lenguetazos a los pecchos de ana.

Yo sabia que ariel ya se habia venido, por eso ya estaba en esa posicion, asi que trate de quitarselo, tarde un poco, por que la pelota no bajaba, pero con poco de miel que teniamos ahi se resbalo.

Era un cuadro fantastico. esta vieja con el culo todo abierto por la cogida del perrote en su ano, todo chorrenado de semen me excito mucho que le meti la verga yo, estaba tan abieta que ni sintio cuando entro…ella segui entrenida con bolita.
me di cuenta que el perrito no podia venirse en esa posicion, por lo que tome a ana y me la sente con la verga dentro de su ano. con el senton le meti hasta los huevos, pero a ella le gusto y meneaba su culo con sumo placer. le puse al perrito en su vagina y este arremetio con unas ganas que del primer empujon le metio toda su bola. esta mujer estaba ya loca de tanto placer, que se vino una cuatro veces seguidas. el perrito tanbien los hizo y yo tambien. se trato de voltear, pero no lo deje. asi nos quedamos un rato, hasta que la verga de ambos se bajo. ana se estaba ya dormida ( o desmayada, no se…)asi que la hice a un lado y la acoste bien en su cama. yo me puse mi ropa y saque a los perros.

No habiamos contado el tiempo pero ya eran mas de la uno de la mañana, y pense que habiamos tenido mucha suerte por que nadie nos habia descubierto. Me fui a dar un baño y despues me recoste. dormi tan placidamente que no me di cuenta cuando llego mi esposa ni los muchachos.

Al otro dia desperte como a las 9 de la mañana, pero ana desperto casi a la una de la tarde.

Nadie la habia despertado por que creian que estaba enferma, pero yo ya sabia por que.

Salio y pude ver en su rostro la satisfacion que todavia le duraba. ella saludos a todos, menos a mi…

A mi solo me miro….

Yo ya sabia que significaba esa mirada.

roydragula@yahoo.com.mx

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Me niego a ser Lesbiana (Parte 9)

Karma Police.

Este era un asunto que necesitaba ser resuelto lo antes posible. Tenía que hablar con Edith ya. Intenté llamarla por teléfono ni bien me levanté pero ella no respondió, tal vez me odiaba, tal vez habló con sus padres por lo ocurrido y era sólo cuestión de tiempo que alguno de ellos viniera a darme una tremenda paliza, la cual merecía. Ya me imaginaba toda morada y luciendo ventanas negras donde antes tuve dientes. Fui en taxi hasta la Universidad, éstos solían llegar rápido en esta zona de la ciudad y yo no quería perder tiempo sacando mi auto del garaje.

Telefoneé a Edith ni bien me apeé del taxi, por suerte esta vez contestó al primer timbrazo. Le dije que tenía que hablar con ella urgente y le pedí que me esperara en un amplio patio interno del establecimiento que por lo general estaba vacío a esta hora. En menos de cinco minutos me encontré con ella en el lugar acordado, estaba muy nerviosa y atemorizada, por lo que me sorprendió mucho verla tan radiante y alegre. Aún llevaba sus enormes gafas, pero su cabello permanecía tan liso y suave como yo lo había dejado. Su vestimenta era más jovial que de costumbre, tenía un pantalón tres cuartos color azul marino que le quedaba muy bonito y una remera verde agua que resaltaba un poco sus pechos, ahora si parecía una chica de 18 años.

-Hola Lucrecia –me saludó con una sonrisa.
-Edith… digo, Lara…. No importa, como te llames. Te quería pedir disculpas por lo que pasó ayer, me comporté como una loca con vos… te hice cosas horribles, me siento muy mal… decile a tus papás que no me peguen… -mi cerebro se llenaba de incoherencias cuando me ponía nerviosa.
-¿De qué hablás?
-Es que ayer… abusé de tu inocencia –dije esto último en voz baja, aunque estuviéramos solas.
-Estás actuando como una loca, Lucre –comenzó a reírse- te voy a dejar algo en claro, a ver si con eso te tranquilizás. Yo no soy tan inocente como aparento, sé muy bien lo que pasó ayer y sabía lo que intentabas hacer desde el primer momento, estaba nerviosa, no lo voy a negar, fue mi primera experiencia sexual, pero si en algún momento me hubiera sentido forzada, te lo hubiera dicho. Además yo también te provoqué, a mi forma… ni yo sabía que tuviera una forma de provocar.
-¿O sea que no te molesta haberte acostado con una mujer?
-No, al contrario. Yo veo el sexo como algo sin género, siempre me dio igual si pasaba con un chico o una chica y me alegra un montón que haya pasado con vos. No lo podía creer, que una chica tan linda se fijara en mí y que al segundo día que nos vemos, hagamos esas cosas. Eso no me lo imaginé nunca, ni en mis más locas fantasías eróticas. No te imaginás lo contenta que estoy –me dio un fuerte abrazo- además le conté a mi mamá y ella se alegró tanto como yo, especialmente por mi cambio de look. Dice que tengo que vestirme como una chica de mi edad.
-¿Eh? ¿Le contaste a tu mamá? –no podía creerlo, ahora si iría a la cárcel.
-Sí claro, yo le cuento todo. No te preocupes por ella, es bisexual. Me crie en ese entorno, tal vez por eso no tengo prejuicios a la hora de acostarme con mujeres. Espero que se repita alguna vez y que no quede en una simple calentura.
-Este… no, claro que no fue una simple calentura –si lo fue, pero no podía negar que la chica me caía bien- vos me gustás mucho –le sonreí ya más tranquila- no te digo que vayamos a comenzar una relación amorosa, porque no busco eso con nadie, no después de lo que me pasó con…
-Con la otra Lara. Te entiendo perfectamente. Yo tengo 18 años y mi mamá me recomendó que lo del “noviazgo” lo deje para más adelante. Que ahora tengo que disfrutar de otras cosas de la vida, como del sexo –me guiñó un ojo pero enseguida se puso toda roja y apartó la cara, si bien estaba más confiada, seguía siendo la tímida chica de siempre.
-Da muy buenos consejos tu mamá –me acerqué a ella con paso sensual- entonces habrá que disfrutar del sexo mientras se pueda.

Me sentía aliviada, mi alma ya estaba tranquila una vez más. La tomé por la cintura y esperé a que ella levantara la cabeza. Instintivamente miramos alrededor para comprobar que estábamos completamente solas y nos besamos. Fue un beso tranquilo pero con mucho cariño. Como si fuéramos viejas amantes. Cuando nos separamos activamos una actitud de amigas comunes y corrientes. Por si llegaba a aparecer algún curioso.

-Tenés que conocer a mis amigas –le dije a Edith- te van a caer muy bien, especialmente Tatiana.
-Gracias Lucrecia, vos me cambiaste la vida en un día. No te imaginás cuánto.
-Espero que esos cambios sean para bien –caminamos por el pasillo.
-Sí, lo son. Al menos por ahora. Nunca creí que las chicas lindas se podrían fijar en mí –dijo esto más para ella misma.
-No pienses esas cosas Edith, vos sos una chica con muchos atractivos, sos muy linda –vestida así era bonita- sos culta, inteligente y simpática. Solo deberías levantar un poco esa autoestima, pero siempre manteniendo un poco de tu timidez, que te da un toque muy especial –se sonrojó.
-Voy a encargar lentes de contacto, pero no sé si me voy a acostumbrar a usarlos. ¿Podrías ayudarme a elegir otro marco para mis nuevos anteojos?
-Claro que sí, dalo por hecho.

Ese día nuestra amistad quedó sellada. Edith comenzó a reunirse con mi grupo de amigas en cada receso que teníamos en común y si podía se quedaba después de clases con nosotras. La pequeña se ganó nuestro aprecio por unanimidad, especialmente el de Tatiana, que apenas se enteró de las inclinaciones sexuales de la nueva integrante, comenzó a mirarla con otros ojos. Me causó mucha gracia el día en que las descubrí besándose en los vestuarios, fui hasta ese lugar con la clara intención de sorprenderlas. A las pobres muchachitas casi les da un infarto cuando me vieron pero les dije que podían hacer lo que quisieran, que yo no era dueña de ninguna. Sé que sólo fueron puros besos y no llegaron a más, pero me alegró verlas tan felices juntas. Lo único malo es que para reunirnos con Tatiana por lo general debíamos hacerlo aparte de las otras chicas, porque en el grueso de mi grupo de amigas casi siempre estaba Cintia, la homofóbica que cada día me caía peor. A mí me tenía cierto respeto, no hacía comentarios sobre mis preferencias sexuales, pero me molestaba mucho que se la agarrara con Tatiana o hasta con Lara, mi ex Lara. Ella no tenía derecho a opinar sobre los gustos sexuales de nadie, ella misma abrió las piernas por puro gusto para que una mujer le comiera la rajita y después se hace la inocente con respecto al tema.

A Samantha la vi poco en el transcurso de la semana, por lo general estaba cargada de trabajo y aprovechaba pequeños momentos libres para sentarse conmigo en la cafetería de la Universidad. No le molestaba que los curiosos hablaran de nuestra amistad, si al fin y al cabo era cierto que pretendíamos acostarnos. En nuestras breves reuniones por lo general contábamos anécdotas de nuestras vidas, la mayor parte de las suyas hacían referencia a los malos tratos de su ex novio, el chico solía tener reacciones violentas, aunque sin llegar a la violencia física. Me alegraba mucho saber que ya no estaban juntos. Eso me demostró que Sami era una chica inteligente que sabía cuidarse sola.

En los días siguientes luché contra mis impulsos sexuales tanto como pude, mi meta era no mantener relaciones sexuales con nadie durante al menos dos semanas, para lograr eso debía masturbarme casi todos los días, mi cuerpo se volvió un reloj sexual activo, antes estaba dormido, letárgico, el sexo le daba lo mismo, pero cuando descubrió los placeres carnales, todo cambió. A pesar de mis intentos, casi llegando al final de la segunda semana caí en la tentación la noche en que Edith vino a mi casa a mirar la segunda película del Señor de los Anillos, ella ya la había visto decenas de veces por lo que no le entusiasmaba tanto, pero yo estaba mucho más metida en la trama y la calidad de imagen, por lo que me facilitaba un poco las cosas. Ocasionalmente nos dábamos un inocente beso, una cosa llevó a la otra y terminamos teniendo sexo duro y apasionado. No estaba orgullosa de mí misma, pero tengo que admitir que la pasé muy bien.

Creo que no hubiese aguantado ni una semana de no haber tenido que estudiar tanto. La velada de películas fue un receso que necesitaba para despejar un poco mi mente. El lunes siguiente a mi noche con Edith tendría un examen sumamente importante, llevaba mucho tiempo preparándome para aprobarlo con la mejor nota posible, yo nunca estudiaba sólo para aprobar con lo justo y necesario, ese era un riesgo que no me gustaba correr, mi meta era buscar la calificación perfecta, entonces si cometía algunos errores, al menos me garantizaba que pasaría el examen.

Cuando llegó el gran momento intenté relajarme lo más posible, no pensar en nada referente a lo que vendría, me puse a mirar en mi celular nuevas novelas que podría adquirir ahora que me había quedado sin libros del Señor de los Anillos, obviamente agregué la tercer parte a mi lista de futuras compras. Esto me distrajo tanto que cuando llegó la hora de la evaluación, hasta me tomó por sorpresa. Vi que todos los alumnos entraban a la gran aula y me apresuré por seguirlos. Quería un buen asiento, no me agradaban los que estaban demasiado cerca de los profesores, me ponían sumamente nerviosa.

Me senté a mitad de la segunda fila desde la pared de la puerta de entrada y para mi desagrado comprobé que en la primera fila, a escasos metros de mí, se encontraba Lara. La miré con enfado, pero ella ni siquiera se percató de mi actitud amenazante. La vi más pálida de lo normal, supuse que estaba un poco abrumada ante la importancia del examen, el reprobarlo significaba cursar otra vez una materia muy densa. Repartieron las copias con las consignas a responder, desde mi posición tenía una vista perfecta de la mesa de Lara, podía ver su hoja de examen por encima de su hombro, si bien no podía leer las pequeñas letras, supe que le tocó el mismo tema que a mí. Por lo general dividían la evaluación en tres temas con algunas diferencias y se repartían de forma intercalada, para evitar que los alumnos se copiaran o evitar que sepan de antemano cuáles eran las preguntas del examen. Al parecer en este caso no era así o habían repartido mal las hojas, porque de lo contrario a Lara debía tocarle un enunciado diferente.

No tenía tiempo que perder, tomé mi bolígrafo y comencé a leer, buscando esas preguntas capciosas que responden enunciados anteriores, casi siempre había pequeñas trampas de ese tipo. Luego de la primera lectura comencé a responder desde el primer punto, salteando aquellas que requerían que me pusiera a pensar atentamente, primero descartaría las que podía responder sin esfuerzo. Esto lo hacía porque si el tiempo se terminaba, no quería dejar en blanco aquellos temas que conocía a la perfección. Me sorprendió la simplicidad del examen en general, algunas preguntas me mantuvieron pensando unos minutos pero pude responder a todas. Cuando me encontraba haciendo las últimas revisiones antes de entregar miré por casualidad a Lara. Me resultó muy extraño verla tan nerviosa, su pie izquierdo repiqueteaba en el piso y daba vueltas al papel en sus manos una y otra vez como si intentara descifrar en qué idioma estaba escrito. En ese momento sentí una pena enorme por ella, si bien después de lo ocurrido mis amigas me apoyaron, Lara se quedó sola, sin amiga alguna. A veces me entristecía verla caminar tan sola por los pasillos de la Universidad, si bien estaba muy enfadada con ella, yo no pretendía que la dejaran abandonada. Tal vez todo esto hizo mella en ella y no pudo concentrarse lo suficiente como para estudiar. Conocía a Lara muy bien y sólo una gran preocupación la haría fallar en sus estudios. No podía negar que aún la quería y me entristecía mucho verla así, no quería que ella tuviera que cursar otra vez toda la materia por culpa de un simple exámen.

Carcomida por la lástima cometí uno de los actos más riesgosos de mi carrera estudiantil. Pude notar qué espacios tenía en blanco en su hoja y sabía perfectamente qué enunciados le daban más trabajo. Comencé a anotar las respuestas a estos enunciados en un papel en blanco con la letra tan pequeña como pude, todo el tiempo miré a los profesores que estaban más concentrados en tomar mates y jugar con sus celulares que controlar a los alumnos. Además hacía años que yo escapaba de la mirada exhaustiva de éstos, al principio creían que hacía trampas en los exámenes, debido a mis altas calificaciones, pero luego supieron que era todo a base de arduas horas de estudio. Cuando tuve listo el papel con las respuestas, guardé todos mis útiles escolares, tomé mi bolso y me levanté simulando estar apresurada, dejé caer mi examen cerca del pupitre de Lara, ésta me miró sorprendida como si recién se percatara de mi presencia, en el momento en que me agaché para recoger la hoja, extendí una mano hasta las piernas de mi ex novia y dejé entre ellas las respuestas del examen. Casi le da un infarto a la pobre, no sabía cómo reaccionar, tuve que demorarme más tiempo de lo necesario para reanudar la marcha, lo hice sólo cuando la chica cerró las piernas para cubrir el papelito. Ahora todo dependía de ella. Entregué mi examen y sonreía a todos los maestros dándole más tiempo a Lara de acomodarse y así asegurarme de que ninguno sospechaba nada.

Como siempre fui la primera en entregar y fui hasta la vacía cafetería a tomar un capuchino de la máquina. Estaba un tanto excitada, no sexualmente, tampoco estoy tan loca, pero la adrenalina recorría mi cuerpo como esa vez que tuve sexo con Lara en el baño de la Universidad. Rogaba que nadie la descubriera haciendo trampas, eso significaría una tremenda sanción para ambas, porque allí estaba mi letra. Diez minutos más tarde vi salir a algunos alumnos, por suerte nadie se me acercó, tenía ganas de estar sola un momento. ¿Haciendo qué? No sé, pensando supongo. Tan ensimismada estaba en estos pensamientos que me sobresalté al escuchar la voz de Lara a mi espalda.

-Gracias Lucrecia –me dijo serena.
-¿Eh? Ah, sí. De nada –no esperaba que viniera a agradecerme.
-Creo que salió todo bien, eran muy buenas las respuestas. Las cambié un poco para que no queden tan parecidas –miró al piso- No pude estudiar bien –se la veía muy triste.
-¿Por algún motivo en particular?
-Cosas de la vida –se encogió de hombros- tengo algo para vos –buscó en su bolso unos segundos y extrajo un grueso libro y los dos discos de Radiohead que le presté- el libro te lo regalo, lo otro te lo devuelvo. Ah, también podés quedarte con los otros libros. Gracias.

La tensión en el ambiente era tan fuerte que si alguien se hubiera acercado a saludarnos lo hubiéramos mordido por puro instinto de defensa canino.

-A los discos dejatelos –intenté suavizar un poco mis palabras- es que ya me los compré otra vez. Te los regalo –tomé el libro como si fuera Gollum intentando agarrar el anillo. De verdad me moría de ganas por comenzar a leer la tercera parte.
-Ah bueno, gracias. La verdad es que me gustaron mucho, Radiohead es una buena banda.
-Si lo es. Mirá Lara, no pienses que hice eso porque te haya perdonado, todavía estoy enojada con vos. Gracias por los libros, pero esto no cambia nada.
-Entiendo –dijo cabizbaja- bueno, gracias por tu ayuda, otra vez. Chau.

Se alejó caminando a paso lento, ¿por qué todo tenía que ser así? Me partía el alma verla tan triste, tenía ganas de abrazarla, besarla y decirle cuánto la amaba, pero no podía. No después de lo que me había hecho. Sentía que ya no podía confiar más en ella.

Esa situación me dejó con mal sabor de boca, para colmo no tenía planes para esta tarde, había decidido tomármela libre para descansar de las arduas horas de estudio. Cuando terminaron las clases del día me di cuenta de que no tenía ganas de volver a mi casa y encerrarme en mi cuarto, que era la única forma de no tolerar a mi familia. Recorrí los pasillos de la Universidad buscando algún sitio apropiado para sentarme a leer un rato y di con un pequeño patio interno perdido en ese inmenso laberinto. Si se contaban todas las áreas y conexiones de las distintas instalaciones, uno se sorprendía de lo increíblemente grande que era el edificio. El pequeño patio estaba bien cuidado, con césped en cuatro cuadrados divididos por dos caminos de piedras que formaban una cruz al unirse en el centro. Hasta me causó cierta gracia encontrar un jardincito tan bonito y florido. Lo mejor era que lo tenía para mi sola. Me senté en uno de los bancos y saqué el libro que Lara me dio. Apenas había leído tres páginas cuando mi visión periférica me advirtió que alguien caminaba frente a mí, cuando levanté la vista me topé con los ojos de una monjita a la que conocía muy bien.

-¿Qué hacés vos acá? –me preguntó con poco tacto.
-¿Acaso no puedo sentarme acá, hay algo que lo prohíba? –justamente tuve que toparme con Anabella el mismo día que hablé con Lara, parecía que el karma estaba aburrido y decidió jugarme una mala broma.
-¿No me estarás siguiendo? –movió nerviosa sus dedos.
-¿De qué hablas? Vos estás paranoica.
-Esto no es parte de la Universidad, pertenece al convento.
-No sabía, como está todo conectado uno se pierde, ¿sabés? Además eso no me impide sentarme acá, no estoy molestando a nadie.
-Es que me parece demasiada casualidad verte acá.
-A ver Anabella, ¿qué tiene de raro que yo esté acá? –tenía ganas de tirarle el pesado libro por la cabeza.
-Este es el lugar al que siempre vengo cuando quiero tomar un poco de aire y estar sola. Casi nadie viene para acá.
-Yo lo encontré de casualidad. Ni siquiera sabía que vos venías.
-¿De verdad? –se sentó en el banco enfrentado al mío.
-Claro Anabella –tenía un nudo en la garganta- no pienses que sos el centro del mundo. La verdad es que ni siquiera tenía ganas de verte. Me dolió mucho la forma en que me despachaste, pero ya estaba dejando eso atrás.
-Yo no te despaché.
-¿Ah no? –Apreté el libro entre mis dedos hasta que los nudillos se me pusieron blancos- me tachaste de tu vida como si yo nunca hubiera existido, como si nunca hubiéramos sido amigas. Todo porque soy lesbiana y al parecer eso a vos te jode mucho, o te da miedo. En una de esas pensás que es contagioso.
-A mí no me molesta que seas lesbiana.

Esta vez no pude resistirme, le arrojé el libro con fuerza pero ella logró esquivarlo, de haber sabido que las monjas tenían tan buenos reflejos le hubiera apuntado al medio del pecho y no a la cabeza.

-¡Claro que te molesta! Vos misma lo dijiste. Me pediste que no te visite más porque ahora todo el mundo sabía que me gustan las mujeres. ¡Ese fue el motivo! –mis ojos se llenaron de lágrimas.
-Tranquilizate Lucrecia, por favor –su voz permanecía tan serena como la de un cura en un velorio- te pido disculpas. Tenés razón, ese fue el motivo, no te lo puedo negar.
-Eso no arregla nada las cosas, ni me tranquiliza –tenía los puños apretados, en cualquier momento hacía puré de monja.
-No fue mi intención hacerte enfadar –recogió mi libro que por suerte seguía con todas sus páginas unidas- a veces cometo el error… es que… bueno, vos ya lo habrás notado.
-No te entiendo una mierda.
-A veces me avergüenzo de mi misma. Tengo la mala costumbre de hablar como si yo fuera dueña de la verdad, como si yo supiera todo y lo cierto es que no sé nada. Estoy todo el día encerrada en estas paredes y no tengo más vida que la que le dedico al Señor.
-Es lo mismo que te vengo diciendo desde el día en que te conocí, Anabella.
-Lo sé. Pero me cuesta mucho asumirlo –acarició la tapa del libro como si se tratara de un gatito mientras leía el título- ni siquiera leí libros que no tuvieran que ver con las Sagradas Escrituras. No pienses que te pedí que te vayas porque no te quería.
-Me pediste que me vaya porque sos una miedosa. Nunca tomas riesgos y sólo tuve que verte durante pocas semanas para notarlo. Sos demasiado transparente, aunque te escondas detrás de esa sotana, hasta esos días que no la tenés puesta dejás ver… dejás ver… -de pronto un recuerdo me invadió. Se clavó en mi mente como los clavos de la cruz- esa tarde… cuando me dijiste que no te vea más, no tenías puestos tus hábitos.
-¿Y eso que tiene de raro? Te dije que no siempre los uso.
-No es sólo eso. Tampoco llevabas la cruz que te regaló tu papá, me dijiste que siempre la llevabas –ahora mismo podía verla colgando de su cuello, la pálida madera contrastaba con el negro de su atuendo- ¿por qué no la tenías puesta?
-Eso es personal Lucrecia, no te voy a contestar.
-El video que Lara grabó también era personal y sin embargo todo el mundo lo vio, vos inclusive. Decime, ¿por qué te sacaste la cruz ese día?
-Porque no tenía ganas de usarla…
-No me mientas –las lágrimas brotaron una vez más- estoy harta de que me mientas y que me des las espalda, que me trates como si fuera una chiquilla ingenua. Por primera vez te pido que seas totalmente honesta conmigo, así voy a saber que al menos confiaste en mí por un instante –se puso tensa y sus mejillas se sonrojaron- si te quitaste la cruz es porque sentías que no la merecías, es porque hiciste algo malo, algo que te hizo sentir culpable, que te hizo sentir sucia –miré a sus ojos, supe que había acertado – ese día te masturbaste.
-Pero… pero yo te dije que a veces lo hacía y que…
-Esta no fue como otras veces, ¿lo hiciste mirando mi video? –se quedó muda con los ojos abiertos- contestame Anabella.
-No tengo por qué contestar esas cosas. Ya te dije que fue un motivo personal y por más astuta que te creas, a veces te podés confundir y podés juzgar a las personas de forma errónea. Ese día le di la cruz al Padre para que la bendiga.

Al decir esto se puso de pie y dejó el libro sobre el banco. Abandonó el patio con ese rápido andar de las monjitas, parecía que estuviera flotando sobre el suelo. El día fue una mierda. Recordar a esas dos mujeres me dejó muy molesta y triste a la vez. Estuve toda la tarde encerrada en mi cuarto, no sabía qué hacer. Al otro día fue más o menos igual, no quería ver a nadie, pero ya casi llegando la noche recordé que el miércoles era feriado, no tendríamos clases. Supe que esa era la oportunidad indicada para alegrarme, podía salir a divertirme con mis amigas, comencé a llamarlas una a una, comenzando por Tatiana, si ella me decía que sí entonces limitaba el grupo al que podía recurrir, como accedió encantada, telefoneé a Edith, la chica se alegró tanto al recibir la invitación que me llevó un buen rato calmarla para que me permitiera seguir llamando. La tercera en la lista era Samantha, que aún no formaba parte de ningún grupo dentro de mis amistades y como sabía de sus inclinaciones sexuales, no tendría problemas con las otras dos. La pelirroja se sorprendió por la invitación, nunca había salido a bailar con alumnas de la Universidad, pero le insistí hasta que logré convencerla.

Cuando ya estuve lista y arreglada para salir, me topé con mi madre en el pasillo que daba a los dormitorios.

-¿A dónde vas? –me preguntó analizando mi atuendo.

Agradecí enormemente el haber empleado la antigua treta de ponerme ropa común sobre el vestido y así aparentar que era una salida casual.

-Voy a la casa de Lara, vamos a mirar unas películas –respondí tranquila, ella no sabía de mi discusión con ella así que podía usarla tranquilamente como excusa, era muy improbable que la llamara.
-Bueno, pero andá en el auto. No quiero que andes por la calle tan tarde.
-Está bien –de todas formas estaba en mis planes ir en el auto.

Les prometí a mis amigas pasarlas a buscar, comencé con Sami, por ser la que vivía más cerca de mi casa. Casi me da un soponcio cuando la vi enfundada en un corto vestido verde manzana que hacía resaltar el rojo de su cabello, además se le marcaban un poco los pezones y eso me calentó desde el comienzo.

-Estás hermosa –me dijo en cuanto se subió al auto, yo estaba babeando mirando todo su cuerpo- aunque te queda un poco corto el vestido.

Miré hacia abajo, me había decidido por un hermoso vestido color gris perla que compré pocos días antes para una ocasión como esta, me encantaba cómo me quedaba y era el más corto que me había puesto en mi vida, como tenía las piernas algo separadas para poder presionar los pedales del vehículo, podía verse parte de mi blanca bombacha.

-No sé cómo saludarte –continuó diciendo mientras se acercaba a mí.
-Yo sí sé cómo.

Giré mi cabeza y le di un intenso beso en la boca. Esta vez no me lo esquivó, todo lo contrario, me demostró que le gustó mi saludo y en pocos segundos sentí su mano derecha sobre mi muslo. La deslizó hasta que acarició la zona de mi vagina por arriba de la tela. Me aparté de inmediato.

-¡Epa! Cuidadito con las manos o podés terminar mal –le advertí con una sonrisa.
-Perdón, no me aguanté –me miró sonrojada- ¿sabías que nunca se la toqué a otra mujer?
-¿Nunca? Bueno, eso se puede solucionar ahora mismo.

Tomé su mano y la devolví a mi entrepierna, ella apoyó suavemente los dedos y los movió en círculos estimulando mi clítoris, un agradable cosquilleo me recorrió el cuerpo. Siguió tocando durante unos pocos segundos y luego se apartó.

-No, seguí, seguí –pedí entre jadeos.
-Lucre, estamos en el medio de la calle, cualquiera nos puede ver.

Recordé que debía limitar mis impulsos sexuales y asentí con la cabeza mientras ponía el auto en movimiento. Hablamos alegremente todo el camino hasta la casa de Tatiana. La morocha estaba que rajaba la tierra, con un impresionante vestido blanco con amplio escote que se unía en el centro de sus pechos con una pequeña arandela, daban ganas de quitarla con los dientes. En cuanto se sentó en el asiento trasero, las presenté.

-Samantha, ella es Tatiana.
-Ah sí, la conozco. La vi un par de veces con vos –noté cómo miraba los voluptuosos pechos de mi amiga que lucían esplendorosos dentro de su escote.
-Hola Samantha, un gusto.

Advertí de antemano a Tatiana para que no mencionara el mensaje con la foto que me mandó la pelirroja, no quería que ninguna se pusiera incómoda. La tercera parada fue en la casa de Edith, su casita era pequeña pero estaba pintada con bonitos y alegres colores, la niña salió saludando hacia adentro, una mano le devolvió el saludo. Vi que llevaba puesto un divino vestido amarillo que resaltaba enormemente su encanto juvenil y marcaba su menuda figura. Esperaba que ninguna notara mi deliberada selección de amigas pero la pequeña echó todo al traste ni bien se sentó.

-¿Ella también es lesbiana? –preguntó con una indiscreta ingenuidad. Tatiana comenzó a reírse y yo tuve que disimular, a la que no le causó gracia fue a la aludida.
-No es lesbiana –dije acelerando antes de que Samantha quisiera salir corriendo.
-Ah bueno, yo tampoco lo soy –afirmó Edith- a mí me da igual.
-Digamos que a mí también –respondió Sami.
-Sí, yo soy bisexual –dije con poca convicción.
-Cobardes. ¿Acaso la única lesbiana soy yo? –se quejó Tatiana.

Ni siquiera les pregunté a dónde querían ir, supuse que no había mejor opción que la misma a la que venía recurriendo en todas mis salidas. Afrodita se había transformado en mi sitio predilecto para tomar algo con “amigas”. En cuanto llegamos me alegré de ver a Miguel, me reconoció al instante y con una sonrisa me invitó a pasar.

-¡Pero cuántas chicas lindas que te acompañan hoy! El gerente del club va a tener que darte un pase VIP.
-¿Regalan algo con el pase VIP? –pregunté bromeando.
-De hecho no es que te regalen algo, pero podés tener acceso a las habitaciones de los pisos superiores por un precio reducido –señaló hacia arriba.

El edificio contaba con cuatro pisos pero yo creía que eran sólo departamentos. Tal vez en alguno de ellos vivía el dueño del local.

-Ah, eso sería muy útil –le guiñé el ojo a Tatiana y mis amigas se rieron.
-Entonces acompañame y hacemos los arreglos.
-¿Eh, de verdad? Pero si sólo vine tres veces.
-Pero no pudimos evitar notar cómo acaparas la atención, y tus amigas también. Hoy sólo puedo ofrecerte el pase VIP a vos sola, pero puedo ir consiguiendo de a uno por vez, si les interesa.
-Me parece buena idea –le sonreí y lo acompañé a través de una puerta que estaba bastante disimulada.

El pasillo era angosto y Miguel apenas cabía, si pasaba por al lado de una lámpara debía inclinarse de lado para no voltearla con sus anchos hombros. Llegamos a una pequeña oficina que no tenía más que una mesa negra, una computadora y algunas chucherías típicas. El guardia de seguridad tocó un pequeño timbre que sólo emitió una luz y una segunda puerta se abrió casi al instante, de allí salió un joven rubio de buen aspecto que estaba prendiendo los botones de su camisa, pude ver sus pectorales marcados y una vez más confirmé que los hombres me atraían cada vez menos, no podía entender como semejante escultura masculina no me movía un pelo.

-Te presento al señor Pilaressi, el propietario y dirigente de todo el establecimiento.
-¡Rodrigo! –era mi amigo gay.

Nuestro contacto se mantuvo por mensaje de texto en estos últimos días pero me di cuenta de que era un chico muy educado y bastante inteligente, a pesar de mis prejuicios al respecto, me imagine que un chico rubio y apuesto no tendría muchas neuronas, pero por su forma de hablar demostraba que no era ningún imbécil y mucho menos ahora, que sabía que era el dueño de Afrodita, aunque tal vez tuviera un padre adinerado que pagaba por todo esto para mantener alejado y ocupado a su hijo homosexual.

-Que tal Lucrecia, te estaba esperando, me imaginé que volverías un día de estos.
-No sabía que vos eras el dueño.
-Prefiero que nadie lo sepa de entrada, es increíble la cantidad de gente que busca amistad por conveniencia, además me gusta deambular por el boliche sin que nadie sepa quién soy. Como un cliente más. Hasta pago las bebidas.
-¿Pero por qué las pagas? Si el lugar es tuyo.
-Porque eso es lo que paga el sueldo de los empleados de la barra. Además yo no controlo el 100% de la concesión de las mismas. En fin, no te voy a aburrir con detalles del negocio.
-No me aburre, estudio Administración de Empresas y el tema me interesa.
-¿Ah sí? Bueno, te prometo que un día nos juntamos a charlar al respecto y tal vez puedas darme algunos consejitos. Esto es para vos –me alcanzó una tarjeta dorada con mi foto impresa en ella- me imagino que Miguel ya te habrá puesto un poco al tanto.
-¿De dónde sacaste la foto? –pero ya sabía la respuesta.
-Es la que tenés de perfil en todos lados, me tomé el atrevimiento de robarla, sé tu primer nombre, pero me costó un poco averiguar tu apellido, hasta que te ubiqué en Facebook.
-Lucrecia Zimmermann –leí en voz baja.
-¿Sabías que soy gran admirador de Bob Dylan? Por eso me sorprendí tanto al conocer tu apellido.
-Ah sí, es el apellido real de Dylan, pero el mío es con dos N. –yo también había notado esa similitud- A mi madre le molesta un poco porque suena a apellido judío –estaba maravillada con esa tarjeta, no sólo por el hermoso diseño dorado sino porque me otorgaba cierto status dentro de Afrodita- muchísimas gracias por el pase VIP.
-Con eso también podés tener una cuenta en la casa y pagarla en cómodas cuotas.
-Perfecto ¿y puedo hacer que mis amigas consuman con la misma cuenta?
-Sí, siempre y cuando vos estés presente.

Agradecí nuevamente a Rodrigo y volví con mis amigas enseñándoles la reluciente tarjeta. Nuestros coloridos vestidos y llamativos cuerpos atraían la mirada de muchos de los presentes en el boliche, ahora sabía a qué se refería Miguel, al parecer no era sólo cuestión de amistad el que se me otorgue el pase VIP, a ellos también les convenía tener clientela que “alegrara” la vista. Comenzamos a tomar, esta vez me decidí por probar algún trago nuevo, pero no quería abusar ya que debía manejar. Samantha me recomendó uno llamado Pisco Sour, el cual conoció en un viaje que realizó a Perú. El trago era fantástico. Nos pareció tan bueno que todas pedimos lo mismo, sólo debíamos tener cuidado ya que era un poco engañoso y tenía gran porcentaje de alcohol. El sabor a limón era refrescante y le daba un toque agrio, a pesar de que el trago fuera tan dulce.

Noté que una mujer de cabello negro, bastante bonita y bien arreglada, miraba hacia nosotras con más frecuencia que el resto de los presentes, comenzamos a debatir sobre qué intenciones tendría.

-Yo creo que te mira a vos Lucrecia –dijo Edith- te tiene ganas.
-No, a mí no me mira, lo sé porque cuando la miro a los ojos le importa poco, no intenta apartar la mirada ni muestra interés.
-Que analítica –Samantha me estaba acariciando la espalda de forma disimulada mientras yo daba sorbos al trago.
-Está mirando a Tatiana –continué diciendo- sí, te mira a vos Tati.
-¿A mí? Vos estás loca ¿por qué me va a mirar a mí?
-Porque te tiene ganas –repitió Edith.
-Hacé una cosa Tati –sugerí- caminá hasta la punta de la barra y preguntale cualquier cosa al chico que atiende, nosotras te decimos si te mira a vos o no.

La morocha obedeció y cuando regresó pocos segundos después no nos cabía ninguna duda, la mujer la siguió con la mirada todo el tiempo.

-Invitale un trago amiga –le dije alcanzándole un vaso intacto de Pisco Sour- vas a tener suerte.
-Me gustan las veteranas –sonrió, tomó el vaso y caminó con paso firme hasta la mesa en la que se encontraba la mujer.

Nos alegramos cuando las vimos conversando alegremente, la mujer no perdió tiempo y comenzó a acariciar la pierna de mi amiga mientras le susurraba cosas al oído. En ese momento se nos acerca Rodrigo, se lo presenté a mis amigas y olvidé que ellas no eran totalmente lesbianas. Si hubieran sido hombres, las dos hubieran tenido una notoria erección al ver al muchacho rubio. Resultó totalmente obvio que ambas estaban maravilladas con él, Samantha disimuló un poco más, creo que por respeto a mí, pero Edith parecía fuera de sus cabales.

-¿Quién es este papito? –preguntó con la boca abierta.
-Él es mi amigo Rodrigo –no di más detalles porque sabía que a él no le agradaría eso- ellas son Edith y Samantha.
-Un gusto señoritas ¿qué tal la están pasando?
-Ahora mejor que nunca –dijo Edith con vos sexy.

A pesar de no ser hermosa, la chica tenía un sutil encanto femenino que me agradaba mucho, además hoy estaba muy bien vestida y arreglada, su cabello estaba más suave y lacio que nunca y los ojos resaltaban, no por unas horripilantes gafas, sino por unas mucho más bonitas y modernas que eligió con mi recomendación.

-Qué simpática es tu amiga –me dijo el adonis con una amplia sonrisa.
-Y tengo más virtudes –la chica estaba descontrolada, hasta causaba gracia verla así.

Luego de unos segundos tuve que intervenir de forma sutil para advertir a Rodrigo de lo que estaba pasando, lo llevé hasta el otro extremo de la barra con la excusa de que me recomiende algún otro trago, a pesar de que el Pisco me gustó mucho quería algo con menos graduación alcohólica.

-¿Pasa algo malo? –me preguntó.
-No nada, por ahora. Sólo te quería decir que Edith es una chica un tanto especial, no está acostumbrada a este tipo de salidas, es como si recién estuviera descubriendo el mundo. Hace poco perdió la virginidad… conmigo –no me molestó dar esos detalles a mi amigo- y ahora está en una etapa en la que se quiere acostar con todo lo que ve, lo sé porque yo pasé por lo mismo… estoy pasando por lo mismo, con la pequeña diferencia de que a mí los hombres no me interesan.
-Sigo sin ver el problema.
-Es que tengo miedo de que ella se haga ilusiones con vos y que después tengas que rechazarla.
-¿Y qué te hace pensar que la rechazaría?
-¿No que eras gay?
-Y lo sigo siendo, pero eso no descarta que de vez en cuando pueda divertirme con una chica, siempre y cuando encuentre una que me caiga tan bien como para hacerlo.
-Bueno, pero ella no es una reina de belleza. En serio, no quiero que la chica termine lastimada, me cae muy bien y la quiero ver feliz.
-Tal vez no sea la más bonita del boliche, pero es una de las más simpáticas. Además te digo una cosa, tiene tanta ternura natural que hasta me da un poco de morbo imaginarla sin ropa.
-Verla sin ropa es lo mejor, te lo aseguro. Yo creo que si se acuesta con vos va a ser como ganarse el premio mayor, la chica debe estar alucinando con que eso pase y estoy segura de que ya está pensando que no tiene chances, porque a veces se tira abajo solita.
-Entonces tendré que hacerle ver que sí tiene chances. ¿Estás segura que ella querrá? No quiero rebotar en frente de todos.
-Creeme que si rebotás Samantha te agarra al vuelo –nos reímos los dos- pero a la colorada déjamela a mí, tengo cuentas pendientes con ella.

Volvimos con mis amigas portando un nuevo trago propuesto por Rodrigo, al muchacho no le gustaban las cosas muy sofisticadas así que se decidió por un trago típico argentino, Fernet con Coca-Cola, tengo que confesar que no era gran aficionada a tomar esto hasta ahora, estaba mejor de lo que yo recordaba, si bien el sabor era amargo, la gaseosa le daba un toque muy agradable. Debía parar de tomar o luego no podría conducir ni media cuadra, aunque ya había pensado en eso, si estaba muy borracha me iría en taxi y le pediría a Miguel que estacionara mi auto en alguna parte, confiaba lo suficiente en él como para hacer eso.

En ese momento noté que Tatiana y la misteriosa mujer habían desaparecido, supuse que estarían perdidas en alguno de los cubículos con cortinas rojas o que tal vez habían optado por alguna habitación. ¿Cómo no se me ocurrió antes preguntar por eso? Nos hubiese ahorrado la búsqueda aquella noche de hotel con Tati.

La noche transcurrió de forma rápida y divertida, pude bailar bastante apretada con Samantha, lo cual me puso un poco cachonda y esperaba que surtiera el mismo efecto en ella. Edith y Rodrigo permanecieron charlando junto a la barra, al parecer se llevaban muy bien, la chica no paraba de sonreír, temía que su quijada quedara trabada en esa posición. El paso que dieron estos tortolitos me dejó muy sorprendida. De pronto se estaban besando, la pobre muchacha debía ponerse en puntas de pie para llegar hasta la boca de su amante. Cuando se separaron noté que ella estaba roja como el cabello de Sami y él sonreía grácilmente. El rubio me hizo una seña con las manos que no comprendí, acto seguido desapareció llevando a Edith prendida del brazo.

-¿A dónde van? –le pregunté a la pelirroja.
-¿A dónde pensás que van? A ponerla, estos se van a un cuarto –abrí grande los ojos, mi pequeña Edith se iba a convertir en mujer.
-Ay, qué tiernos. Seguro la van a pasar muy bien –miré a mi alrededor, no había señales de Tatiana- creo que solo quedamos nosotras –puse los brazos sobre sus hombros.
-No te voy a negar que estoy nerviosa, pero te cuento un secretito –se acercó a mi oído- el alcohol me pone cachonda.
-Ya mismo voy a pedir lo más fuerte que tengan. ¿Si es alcohol puro te da igual? –ella se rio.
-No hace falta, ya tomé suficiente –entrecerrando los ojos acercó su boca a la mía y nos unimos en un beso.

Si su idea era calentarme, lo estaba consiguiendo a la perfección. Sentí su mano subiendo por la cara interna de mis piernas hasta tocar suavemente mi rajita.

-En estos días estuve pensando mucho y decidí que quiero hacerlo –me dijo con su natural sensualidad.
-Entonces no se habla más. Seguime.

Pregunté a Miguel dónde debía pedir una habitación, él me llevó a través de un pasillo amplio y bien iluminado hasta que llegamos a una ventanilla con una recepcionista tras ella. Agradecimos al gigante calvo por la atención y reservamos un bonito cuarto. Fue un trámite que duró pocos segundos, la tarjeta dorada facilitaba mucho las cosas. Me preguntaba si Rodrigo había hecho averiguaciones sobre cuentas bancarias a mi nombre o si simplemente confiaba en que yo pagaría todo eso. Me incliné más por lo segundo.

La habitación era preciosa, la cama envuelta en blanco me recordaba un poco a mi propia casa, pero sabía que no estaba allí y eso era lo que más me gustaba de los hoteles, que mi familia no andaba cerca. Nos sentamos en el borde de la cama y nos miramos a los ojos, quería crear un ambiente de relax para mi nueva compañera sexual. Podía atacar de mil formas diferentes pero intenté evaluar la situación y así encontrar la más propicia. Acaricié suavemente una de sus piernas mientras acomodaba su cabello con mi otra mano. Desde que corté con Lara ya no veía tanto el romanticismo del acto sexual, aunque era un factor importante que no podía quitarme, me encantaba besar, abrazar, acariciar y decir cosas lindas a mi pareja, así sea alguien con quien me acostaría una sola vez.

-Me matan tus ojos –le dije casi susurrando justo antes de besarla en la boca. Luego la dejé respirar, no quería que se sienta presionada.
-Lucre ¿qué te excita de las mujeres?
-Todo. Pero me imagino que buscás una respuesta más específica –asintió con su cabeza mientras yo le acariciaba una mejilla- me gusta lo prohibido, saber que me excito pensando en una mujer, me encanta la sensualidad femenina, de la cual vos tenés de sobra. Me fascina el desafío que implica calentar a una chica, especialmente si no es lesbiana o si nunca se acostó con otra mujer.
-Conmigo lo estás logrando a la perfección, estoy muy excitada. No pensé que una mujer me pudiera poner así –pasó sus dedos sobre mi muslo y llegó hasta mi bombacha blanca, comenzó a tocarme toda esa zona- contame más, en lo sexual ¿qué es lo que más te calienta de las mujeres?
-Me calienta poder tocarlas –hice lo mismo que ella y llegué a su entrepierna, sentí las pequeñas protuberancias que delineaban su sexo- me encanta sentir un pezón dentro de mi boca, me vuelve loca pasar la lengua por todo el cuerpo de la chica, especialmente entre las piernas. Me encanta ver cómo se mojan mientras están conmigo.
-¿Cómo se siente chupar una vagina? –la charla se estaba tornando sumamente erótica y yo ya estaba empapando mi ropa interior.
-Es maravilloso, no es fácil describirlo con palabras, tenés que sentirlo. Ver cómo una vagina se abre cuando pasar la lengua, sentir ese sabor prohibido y ese olor que te embriaga. Tener la sensación de que el mundo se detuvo por completo y sólo estás vos con esa vagina y la chica a la cual ésta pertenece. Escuchar el gemido de una mujer en celo y saber que lo hace por el placer que le estás dando.
-Me encanta tu forma de hablar.

Caímos al unísono de lado sobre la cama, nuestras piernas quedaron fuera de la misma pero no nos importó. Tomé su vestido por debajo y comencé a subirlo, ella hizo lo mismo con el mío. Ninguna de las dos llevaba sujetador, por lo cual pudimos mirarnos los pechos cuando nos despojamos de nuestra ropa. Sus pezones eran diminutos, con areolas apenas visibles, muy diferente a los míos que estaban muy bien definidos y abarcaban más área. Pasé un dedo alrededor de los suyos, estaba bien durito, esto explicaba por qué se le marcaban tanto sobre la tela del vestido. Al parecer mis caricias le produjeron cosquillas porque se apartó riéndose. Sabía que debía ser yo quien llevara las riendas y también sabía que no debía presionarla mucho. Acaricié su vientre bajando con precaución, como ella me permitió llegar hasta su pubis supe que no tendría problemas en dar el siguiente paso. Levanté sus piernas y le fui quitando de a poco la bombachita blanca. En cuanto sus piernas descendieron vi un monte de venus lampiño y bien definido.

-No tiene más pelitos –dije recordando la foto que me envió a través de Tatiana.
-Me la depilé hoy, sabía que iba a ser una noche especial.
-En eso no te equivocás. Ponete cómoda.

Se acostó a lo largo de la cama poniendo su cabeza sobre la almohada, estaba tan ansiosa como yo cuando di mis primeros pasos en el sexo lésbico.

-¿Por dónde querés que empiece? –le pregunté para elevar aún más su ansiedad.
-La verdad es que llevo un tiempo largo de abstinencia y no aguanto más –respondió abriendo las piernas- quiero ver cómo me la comés.
-Tus deseos son órdenes, hermosa.

Al fin probaría esta preciosura, los labios de su vagina eran casi tan pálidos como su piel, eran suaves en la primera mitad, desde el clítoris, y rugosos al final. Acerqué mi lengua y di una pequeña lamida para comprobar que el sabor sexual era tan delicioso como yo suponía. Ella inclinaba la cabeza hacia adelante, esforzándose por ver bien. Cerré los ojos y me dejé llevar, los primeros lengüetazos fueron suaves, en ocasiones apretaba el capullo que envolvía su clítoris con mi boca, ya podía escuchar la respiración agitada de Samantha y el que intentara separar más las piernas me indicaba que disfrutaba de mis chupadas. Lamí con la punta de mi lengua desde su ano hasta su ombligo sin detenerme. Repetí la acción sólo que esta vez no me detuve, seguí hasta sus pechos y me prendí a sus pezones, aprovechando para que mi cuerpo quedara en contacto con el suyo. Me entretuve un buen rato con sus sabrosas tetas y luego regresé a la jugosa almejita. Todo el tiempo de espera valió la pena, la pelirroja estaba muy rica. Seguí chupando con ímpetu haciéndola gozar, tal como lo había dicho, me encantaba escuchar gemir a una mujer, especialmente si lo hacía en respuesta a mis atenciones.

-Quiero probar yo también –me dijo con la respiración entrecortada.
-Eso me encantaría.

Me aparté dejándole lugar para sentarse en la cama, yo quedé en posición de perrito y ella me despojó de mi bombacha con vuelitos blancos. Estaba más que entusiasmada. Abracé una mullida almohada y esperé. Lo primero que sentí fueron sus manos sobre mis nalgas y casi al mismo tiempo, las besó. Luego sus dedos fueron a acariciar mi rajita que a pesar de estar tan húmeda, estaba sedienta de sexo.

-Se siente muy bien –me dijo mientras exploraba la superficie de mi intimidad femenina.

A continuación introdujo un dedo, solté un gemido al tenerlo adentro por completo, yo misma podía sentir la calidez de mi cavidad vaginal. Un segundo dedo acompañó al primero, empezó a penetrarme con ellos tal y como lo haría un pene, con la diferencia de que sus dedos giraban de un lado a otro mientras entraban y salían, tuve que acostarme boca abajo y abrazar más fuerte la almohada, mis gemidos llenaron la habitación, a pesar de su nula experiencia en sexo lésbico, la muchacha era muy instintiva y sabía cómo dar placer a una mujer. Su pulgar jugaba con mi clítoris mientras seguía bombeando con el índice y el dedo mayor. Su mano se movía cada vez más rápido, a ella también la entusiasmaba todo esto y seguramente se estimulaba al verme gozar de tal forma. Pasados unos minutos ella se detuvo y aproveché la ocasión para darme la vuelta y abrir las piernas. Pensé que ella titubearía y dudaría al ver mi sexo tan cerca de su rostro, pero en menos de un segundo me demostró lo equivocada que estaba. Se lanzó directamente, sin miedos. Comenzó a chupármela con gusto como si lo hubiera hecho muchas veces antes, lo hacía con tantas ganas y con tanta seguridad que mi excitación aumentó considerablemente.

Mientras más tiempo pasaba, más ganas le ponía Samantha al sexo oral. Mi vagina estaba de fiesta y todo el jugo que salía de ella terminaba dentro de la boca de mi nueva amante. ¿Quién necesitaba a los hombres? Esto no tenía comparación. La sensualidad de una mujer era algo inigualable. La dejé un buen rato chupando pero yo quería volver a la acción, sorprendiéndola me lancé sobre ella y la hice girar hasta que quedó de espalda contra la cama, sin pensarlo ni un segundo comencé a meterle los dedos, ahora su vagina estaba mucho más húmeda que antes y ella soltó un fuerte gemido mientras yo la penetraba. Abrí un poco la boca y me acerqué a la suya, en nuestro beso intercambiamos los fluidos vaginales y entrelazamos las lenguas. Instintiva y acertadamente ella buscó mi almejita y comenzó a masturbarme con destreza. Así fue que llegué a mi primer orgasmo de la noche. Se lo hice notar gimiendo de una forma muy particular. Seguí tocándola sin parar, ella disfrutaba pero el momento que yo tanto esperaba no llegaba.

-¿No tuviste un orgasmo, cierto? –pregunté.
-No soy de “orgasmos fáciles”, muchas veces ni siquiera llego a tener uno, pero la estoy pasando bárbaro, me encanta todo lo que hacés. Me gustás mucho Lucrecia –me estampó un fuerte beso en la boca.

Una vez más le brindé los placeres del sexo oral, en cuanto bajé hasta su vagina ella comenzó a susurrar “Sí, sí. Comemela toda mamita”. Esas palabras me incentivaron mucho, puse todo mi empeño en darle una buena chupada. Si a esta chica le costaba llegar al orgasmo entonces sería todo un desafío. Mientras succionaba su clítoris le metía los dedos por el agujerito. Ella arqueaba su espalda y presionaba sus pechos. De hecho yo también disfrutaba con la idea de poder seguir jugando con esa almejita, Samantha provocaba una atracción como de imán conmigo. Entre jadeos, lamidas, estremecimientos y exploraciones vaginales fui llevándola al clímax, pero una vez más, su orgasmo nunca llegó, aunque esta vez supe que no era imposible.

Nos pusimos de rodillas en la cama y comenzamos a besarnos apasionadamente. Acaricié su espalda y ella imitó mis movimientos, inclusive cuando llegué a sus nalgas y las sobé. El besar sus gruesos labios me transmitía una calidez similar a la que produce una buena probada de miel pura. Toqué su vagina humedeciendo mis dedos con ella y decidí tomarla por sorpresa. Fui hasta su culito y presioné fuerte, mi dedo mayor se enterró en el con suavidad y Sami dio un respingo, quedó con los ojos bien abiertos y me miró sin apartarse mucho.

-¿Y eso qué fue? –moví un poco el dedo dentro de ella.
-Te metí un dedo en la colita –le dije con una sonrisa, al parecer le estaba gustando porque entrecerraba los ojos y abría la boca formando una O.
-Ya sé que me lo metiste… Ahhhhh –inicié el bombeo tan rápido como la posición me lo permitía- nunca me habían hecho eso.
-¿Te molesta? –a pesar de mi pregunta no me detuve, su apretado culito era muy apetecible.
-La verdad que no –buscó entre mis nalgas hasta que llegó a mi orificio prohibido, sin pedir permiso clavó un dedo en él, ese dolor agridulce me hizo gemir.

Volvimos a fusionarnos en un beso y aproveché mi mano libre para estimular su clítoris, a ella le pareció buena idea porque hizo lo mismo con el mío. Sentía que iba a escupir el corazón en cualquier momento. Quería gemir pero el tenerla pegada a mi boca me lo impedía, lo cual aportaba un condimento extra a mi desesperación sexual. Me animé a ir con un segundo dedo por su colita, sentí como ésta se dilataba y me permitía pasar, fue como decirle “Meteme dos dedos” porque pocos segundos después ella consiguió hacerlo en mi trasero. Necesitaba aire, aparté mi cabeza y la puse a un lado de la suya, apoyando el mentón en su hombro. Nuestros gemidos estallaron al unísono. Introduje dos dedos en su vagina procurando frotar su clítoris con la palma de mi mano y supe que estábamos en perfecta sincronía. Mi segundo orgasmo se avecinaba y quería que ella me acompañara en esta, aceleré mis movimientos y pasé la lengua por su suave cuello de marfil hasta llegar al lóbulo de su oreja, el cuanto lo lamí y besé noté como mi mano se llenaba de flujos vaginales y sus gemidos se hacían cada vez más intenso, al igual que los míos. Ambas sentíamos una extraña necesidad de huir de esos dedos de placer, pero permanecimos juntas todo el tiempo, aunque nuestros cuerpos parecieran no tolerarlo.

Esa noche con Samantha fue inolvidable. Supe que ese era sólo el inicio de una gran amistad cargada de sexo lésbico. Nos dimos un rápido baño, por un momento quise que nos ducháramos juntas pero decidí que era mejor darle un poco de intimidad, no quería asfixiarla. Esperé acostada en la cama pensando en todas las hermosas aventuras que estaba viviendo con mujeres. Esto estaba marcando un estilo en mi vida. Ya no era simple curiosidad, era necesidad, tanto física como emocional. En ese momento recordé a Tatiana, me apresuré a llamarla.

-Hola Tati, ¿Dónde estás? –pregunté apenas respondió.
-Hola… ahhhhh… hola Lucre, ahhhh. Estoy bien, no te preocupes.
-Upa, parece que la estás pasando bien –no pude evitar sonreír.
-La estoy pasando genial ¡Ahhhhhh!
-¡Qué bueno amiga! ¿Te espero así te llevo a tu casa?
-No hace falta, no estoy en Afrodita, yo después me vuelvo en un taxi, no te preocupes. ¡Ahhhh siiii, así!
-Está bien amiga, no te jodo más. Pasala lindo, mañana hablamos.

En cuanto estuve limpia y con toda mi ropa en su lugar abandonamos la habitación, ni bien salimos nos encontramos con Rodrigo y Edith, estaban sentados en un pequeño apartado con sillones y una pequeña mesa de vidrio, pude ver cuatro vasos de Fernet con Coca-Cola sobre la mesa, dos estaban intactos por lo que supe que nos estaban esperando.

-Ah, aparecieron. Tenía miedo que la bebida se caliente pero supuse que tampoco se quedarían a vivir allí dentro –dijo el rubio ni bien nos acercamos.

Edith estaba más feliz que nunca, sus facciones parecían mucho más hermosas que antes, el buen sexo embellece a las mujeres. Sí, ya era una mujer. Si alguna vez fue una niña, esa niña ya había quedado en el pasado. Me conmovió verla tan alegre. Estuvimos charlando de cualquier cosa, intentando evitar los temas obvios como los detalles en la cama de cada pareja, no hacía falta hablar del tema ya que era evidente que todos la habíamos pasado muy bien. Dejé mi vaso de Fernet por la mitad, no porque no me gustara sino que no pretendía emborracharme justo ahora que ya estaba con la mente despejada gracias al renovador baño.

-Cuando quieran ir, me avisan. Yo las llevo en el auto.
-Si es por mí ya podemos volver –me contestó Samantha.
-Bueno vamos –Edith no parecía tan contenta por marcharse.
-Si querés después te llevo yo –intervino Rodrigo.

Esto si se me hizo raro. Una cosa era que él accediera a acostarse con la chica y otra es que de verdad quisiera pasar tiempo junto a ella, el chico era un galán, un romántico. No se lo había tomado sólo como sexo casual.

-¿De verdad? –La sonrisa de la más pequeña reapareció –bueno dale. Llevame cuando quieras… o no me lleves, me da igual –nos reímos por su comentario.
-Bueno, nosotras nos vamos.

En cuanto estábamos en el auto me di cuenta que entre una cosa y otra la noche se empeñaba en dejarnos solas a Samantha y a mí, lo cual era una ventaja para nosotras. Conduje hasta su casa mientras charlábamos de diversos temas, ese era otro gran punto a favor con ella, no sólo demostró ser una gran amante sino que además era una gran compañera. Siempre tenía algún tema de conversación y era imposible aburrirse a su lado.

-¿No vas a pasar? –me preguntó en cuanto llegamos a destino.
-Si no te molesta… -le sonreí.
-Claro que no, vamos adentro –me guiñó un ojo, aquí habría guerra otra vez.

Hicimos el amor con la misma pasión que la primera vez, sólo que ahora estábamos en la intimidad de su hogar, lo cual aportaba un ambiente más acogedor. Recorrí cada centímetro de su cuerpo y otra vez disfrutamos de penetraciones anales, al parecer a ella le gustaron tanto como a mí. Ya estábamos estableciendo un código para esto, el arrodillarnos una frente a la otra era señal inequívoca de que queríamos hacerlo.

Regresé a mi casa ya bien entrada la mañana, eran casi las diez. Como soy precavida le pedí prestada algo de ropa casual a Samantha, para que no fuera obvio que regresaba de un boliche lleno de lesbianas dirigido por un adonis homosexual. Ni bien entré a la casa por la puerta del garaje me encontré con mi madre con una cara que me recordó al inmundo pequinés que tenía mi ex novia.

-¿Se puede saber dónde estuviste toda la noche? –ni la policía sería capaz de interrogar de una forma tan atemorizante.
-Te dije que iba a la casa de Lara…
-¿Así que de Lara eh?

Se apartó hacia un lado y detrás de ella apareció la ya mencionada Lara, estaba sentada en una silla con las manos entre las rodillas, lucía avergonzada y debería estarlo, por poner mi cabeza en una guillotina dirigida por mi madre. ¿Qué carajo hacía en mi casa?

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Sin avisar

Cada vez que te noto a mi espalda y siento como por tu respiración tu rostro se aproxima al mío con cierta impaciencia, tu lengua irrumpe de improvisto y comienza a rastrear las cavidades de mi boca, llegando hasta cada rincón de la manera mas inverosímil y estimulante, al menos para mi lo es, posas tus manos de manera firme sujetando mis caderas mientras mi ritmo cardiaco comienza a acelerarse a la vez que estas suben bordeando mi cintura, trepando hábiles hasta mis pechos que una vez conquistados son oprimidos cuidadosamente por cada uno de tus dedos morenos y largos que desabrochan los botones de mi blusa y eliminan las barreras que existen entre mis pezones y ellos, la dureza de mis senos al contacto con tu piel, la sequedad de mi boca incapaz de emitir el menor de los sonidos a través de mis labios entreabiertos, tu pecho pegado a mi espalda como si de dos siameses se tratase sin dejar ni un centímetro el uno del otro sin contacto y bajando tus manos por mi vientre en dirección a la falda, que con un leve movimiento será levantada mostrando mi ropa interior, sin que sea inconveniente para que tus dedos la aparten de manera decidida para llegar a mi sexo que se contrae por la proximidad que presiente y ansia, la humedad que crece por segundos reclamando ser atendida de manera inmediata, es entonces cuando lo acaricias sabiendo en donde has de pararte, en donde mostrar mas afán, por donde llevar el deseo para que sea aun mayor hasta que tus dedos dejen de ser suficiente para mi y pueda articular una frase, o quizás, solo sea una palabra lo bastante clara, lo bastante precisa que no sea necesario que vaya acompañada de nada más, pues tu sabrás que significa, procediendo a eliminar mi ropa interior rápidamente ya que el deseo comienza a tener vida propia y anula cualquier posible contratiempo que pueda surgir desde la razón, ya todo es acelerado, la dureza de tu sexo que ha estado esperando pacientemente el momento de realizar su papel, entrando de manera directa, deslizándose ayudado por la humedad del mío que lo llama y que lo guía para que el placer sea compartido por ambos, el tiempo pasa deprisa, estamos los dos concentrados en el ritmo de las nuestras caderas, las sensaciones y el objetivo prioritario, el placer por encima de cualquier otra cosa, de cualquier otro motivo, de cualquier otra atención que merezca la pena en este momento, lo ansiamos, pero intentamos dilatar su duración hasta que nos es imposible y llegamos a conseguirlo de una sola sacudida, a dúo, pegados ahora si aun mas por los fluidos y las palpitaciones….entonces tu espalda y tu os separáis de mi y he de volver a poner mi ropa en su lugar e intentar recuperar el aliento perdido….para incorporarme de nuevo al trabajo, sin que nadie note por mi aspecto o expresión que es lo que ha ocurrido realmente en el cuarto de las fotocopias.

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Cuatro noches hacia el Tibet / Segunda parte

Alrededor de las 4 de la tarde llegamos a un pueblo cuyo nombre chino no puedo recordar, nos avisaron en un muy mal ingles que podriamos descender y recorrer los alrededores pues el tren debia reaprovisionare de agua y otros elementos, teniamos una hora y media libre, tiempo suficiente para “estirar las piernas” y recorrer un poco, bajamos junto con Luay y empezamos a caminar sin una direccion definida, al poco rato vimos una especie de feria artesanal y de antiguedades lo cual logicamente alegro mucho a ambas pues podrian comprar algunas cosas.

De pronto nos dimos cuenta que Luay se habia separado y ya no estaba a nuestro lado, la buscamos entre la gente pero no la vimos, en fin dijo Angelique, estamos al lado de la estación, no se puede perder y continuo recorriendo los pequeños y sorprendentes locales de venta. Yo, por mi parte, hacia lo propio intentando en vano encontrar algo de hombre que me interesara mientras cada cierto rato miraba a mi alrededor a ver si aparecia Luay, definitivamente no encontré nada para mi y solo compre una botella de Martini que parecía extraña entre tantas botellas y brebajes típicos chinos .

A las 5.30 en punto subimos al tren y nos dirigimos a nuestro camarote, al llegar observamos que Luay no estaba allí pero que había llegado pues en su cama estaba su bolso y varios pañuelos de seda de distintos colores que había comprado y que había puesto desplegados a lo largo y en perfecto orden, junto a ellos una nota decía:

Disculpen que me haya alejado de ustedes en el Mercado, juntémonos a cenar en el comedor a las 19.30, Luay.

Mi esposa y yo nos miramos y asentimos, ya teníamos un poco de hambre por la caminata mientras tanto aprovechamos el tiempo restante para ducharnos y cambiarnos de ropa.

Puntualmente ,a las 19.30 llegamos al comedor y pedimos una mesa junto a una ventana, Luay no había llegado aun, por lo que pedimos un par de cervezas y esperamos, el calor continuaba siendo agobiante, las cervezas estaban bien heladas y eran el refresco ideal en ese momento, mientras bebía miraba a Angelique, estaba realmente bonita, se había puesto un delgado traje de una pieza, largo y con un escote tímido pero al mismo tiempo sugerente que dejaba descubiertos sus hombros y permitía adivinar el entorno de sus pechos y formas, el solo verla así ya me estimulaba para amarla y poseerla mas tarde.
Mis cavilaciones se interrumpieron con la voz de Angelique que me decía, allá viene.

Gire mi cuerpo hacia atrás y pude verla, venia sonriente y con un andar bamboleante, como si caminara por una pasarela de modas, su ropa era por decir lo menos diferente, vestía un cortísimo short tipo militar que dejaba ver parte de sus nalgas, bototos negros y una camiseta verde oliva de manga corta, la gente del carro se daba vuelta a mirarla ya que en china nadie anda en esas tenidas, de hecho, las mujeres chinas son de vestir anticuado en muchos aspectos, normalmente andan con pantalones, blusas anchas y generalmente no se pintan, por ello era comprensible el revuelo que la vestimenta de Luay habia generado, hola, como estan ? dijo coquetamente y se sentó, por favor otra cerveza para mi grito.

El mozo cumplió su requerimiento de inmediato y pedimos nuestras cenas las que consistieron en sencillos platos de arroz con pollo y pequeños trozos de carne los que estaban bastante picantes, de postre fruta y especialmente piña la cual en china es muy sabrosa, nuestra conversación transcurrió en forma amena y despreocupada, había sido una cena grata, llame al mozo y le pedí un bajativo, solo tenían un licor chino muy fuerte, típico de la región, de cerca de 70 grados de alcohol, es hecho de arroz y ellos acostumbran tomarlo en porciones reducidas pero repetidas.

“Cambei” (salud) dije en mi mejor chino y tomamos el trago al seco, nuestras gargantas sintieron como fuego en su interior, era suficiente, pague la cuenta y nos fuimos al camarote.

Angelique abrio la puerta y entramos, les ofrezco un martini, para pasar lo fuerte del licor chino dije, ambas dieron su conformidad, prepare tres copas y ofrecí un brindis; “por nuestras vacaciones” expresé con voz fuerte, por nuestras vacaciones dijo Angelique, por que sean inolvidables replico Luay, en amena charla ese martini fue seguido por otro y por otro, hablabamos de todo, de nuestros gustos, de nuestros deseos, de nuestros sueños.

El vestido de Angelique se había soltado un poco y sus pechos se apreciaban en todo su esplendor, el calor reinante había pegado la tela a su cuerpo, sus formas eran ya casi transparentes a través de ese traje, ella noto mis lujuriosas miradas y se pego a mi mientras hablábamos, de repente y como si estuviésemos solos acerco su mano a mi pantalón y mientras observaba a Luay me acaricio el miembro el cual palpito de entusiasmo, quieres tocarlo? Le dijo intespentivamente.

No, dijo Luay y tomando un juego de naipes nos dijo, escojan una carta sin verla, jugaremos un juego diferente. Angelique tomo de inmediato una carta, vamos escoge una insistió, asi lo hice, era un rey de diamantes, indudablemente una buena carta para ganar cualquier juego, lo propio hizo ella y mostró un 4 de Corazon, Angelique por su parte saco un 9 de trebol, tu pierdes grito y ante mi perplejidad me tomo de la mano y parandome al costado del camarote le dijo a Angelique, desnudalo sera nuestro prisionero, algo me dijo que cualquiera que hubiese sido la carta que sacara el resultado final habría sido el mismo, pense que Luay había llegado demasiado lejos pero antes de poder decir nada Angelique seguía el juego, sacaba mi camisa y desabrochaba mi cinturón, en forma diestra y rápida me bajo los pantalones, en el intertanto Luay había tomado sus pañuelos y con ellos me ataba las piernas y brazos de pie al camarote, fue lo ultimo que alcance a ver hasta que una venda de seda roja cubrió mi vista.

Me encontraba totalmente desnudo, con la vista vendada y con una mezcla de perplejidad y excitacion por lo que estaba viviendo, senti que dos manos me tocaban y acariciaban bajo la cintura, labios besaban mis nalgas, era incredible, esos labios se movieron luego hacia adelante y abrazaron mi pene que ya estaba erecto y endurecido ante el estimulo ofrecido, quien era la que me besaba asi?

Por momentos sentí que era Angelique, parecia reconocer sus labios con sus movimientos circulares y su lengua lamiendo mi pene desde la punta a la raíz ,en otros pensaba que debia ser Luay con sus tecnicas orientales, no sabia que hacer, y por lo demás atado tampoco podia hacer nada, en mis deseos de poder mirar aunque fuese un poco lo que ocurría a mi alrededor y de tanto mover mi cabeza y cuello producto del placer que experimentaba, senti que la venda se habia aflojado un poco, esforcé la vista y hacia abajo pude distiguir borrosamente a Angelique que besaba mi miembro con una calidez nunca vista, entraba y sacaba su boca, lamía y besaba la punta, los testiculos, todo, la posición asumida, de abajo hacia arriba le daba todo el ángulo para hacer su trabajo, cuando notaba que mi excitación era muy alta disminuía el ritmo y luego continuaba, era un goce extremo.

Levante un poco la cabeza para tratar de ver a Luay, con bastante esfuerzo pude ver que estaba desnuda completamente y observaba el accionar de Angelique mientras sus dedos tocaban su vagina ,entraban y salian en movimiento constante,su rostro me parecia presa de un gran gozo, no pude seguir mirando, la venda se habia corrido otro poco pero ahora no podía ver nada, segui moviendo la cabeza para tratar de ver esta escena fantastica.

De pronto sentí que los besos y la lengua en mi pene acrecentaban su esfuerzo, me lamian por entero la zona, y sus manos me masturbaban literalmente mientras tenia el pene en su boca, era demasiado sentí que mi pene estallaría de pasión, moví la cabeza con fuerza inusitada y logre advertir que Luay metía y sacaba el miembro en su boca mientras sus manos seguían laborando como describí anteriormente.

Ella sintio que mi pene saltaba y palpitaba en su boca y en un rápido movimiento lo saco dejando que mi leche saltara en sus pechos y cara,mire hacia el lado y Angelique observaba esta escena mientras,ante mi sorpresa,se masturbaba con un pene de latex, juguete que yo le habia regalado hacia tiempo y que nunca quiso usar, lo introducia y sacaba en su lubricada vagina la cual subia y bajaba en movimientos ciculares y ascendentes que facilitaban la penetración del instrumento, se notaba en su rostro extasiado un placer irresistible, esta vision de mi mujer masturbándose y el simultaneo trabajo de Luay hizo que mi descarga fuera como nunca, luego de ella Luay introdujo nuevamente mi pene en su boca para sacar y aprovechar los últimos restos de pasión que quedaban en su interior.

Sueltenme dije, sueltenme ya, me sentía desfalleciente ante tanto esfuerzo y placer, asi lo hicieron mientras mostraban en sus gestos y rostros haber disfrutado el momento como yo, me tendi en la cama exhausto, ya vendria el momento de mi desquite.

angelique69x@hotmail.com

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TC 2000 en el Chaco

Me llamo María Laura, tengo 23 años y desde hace uno trabajo como promotora para el Team Toyota de TC 2000. El fin de semana pasada estuvimos en Resistencia-Chaco, todas mis compañeras, el equipo de mantenimiento, logística, mecánica y todos los demás.

Ganamos, y además hicimos el 1-2 porque Matías logro el primer puesto, y Mariano llego 2do. Eso nos dio más que motivos para festejar a lo grande. Siempre lo hacemos, mas ahora que estamos pasando un gran momento dado la diferencia de rendimiento de nuestros formidables Toyotas.

Quedamos para la hora 23, en la carpa grande junto al tráiler principal, así que resolvimos con las chicas que a pesar de la intensas jornadas vividas, allí estaríamos para homenajear a nuestros triunfadores.

Salí del hotel donde nos hospedábamos ya pasadas las 23, y por pura casualidad, pasaba Leo, de mantenimiento, que se ofreció en llevarme en su flamante moto, ya que el autódromo esta algo retirado. Me costo acomodarme en el asiento, porque la cortita minifalda que me había puesto no tapaba nada en esa posición.

Llegamos, la oscuridad reinaba pese a que aun varios equipos estaban armando la retirada, y solo en nuestro bunker había iluminación, música fuerte con evidente ambiente de fiesta.

En la puerta nos encontramos con Seba, quien dijo que nos esperaban adentro. Entramos, la música copaba el ambiente, las luces encandilaban la entrada pero no dejaban ver el interior, así que medio a tientas fuimos avanzando yo bien pegadita a Leo.

Los grandes sillones y sofás camas estaban puestos en círculo rodeando la mesita ratona plegable. No vi a mis compañeras, por lo que pensé… oh, me adelante demasiado. Ya de entrada, Jorge me alcanzo un vaso lleno, refrescante, riquísimo, algo de subido valor etílico.

Salude a los otros tres chicos, Sergio, Manuel y Federico, preguntando por los demás.

– Estamos todos dijo Leo, la fiesta la hacemos nosotros cinco y vos Laurita.

– Es una broma, ¿verdad?

– No, para nada…… es exactamente lo que programamos.

No salía yo de mi asombro, incrédula de lo que estaba viviendo, porque si era cierto, las chicas no me avisaron que no venían después de haberme dicho que no faltara, que en esos festejos veníamos todos, jefes, pilotos, sponsors, todos, todos. Allí eran los 5 chicos y yo… no se, pero me pareció ridículo reunirnos a festejar solo nosotros. Supuse que era broma y que los demás pronto vendrían.

Nunca llegaron….. y a poco tiempo los chicos estaban organizando una sección de fotos, pidiéndome posara con ellos, uno por uno…. Terminada la primera ronda, vamos por la otra, pero esta vez temes que mostrar algo mas sustancioso, o sea que se te vean las gomas….

La primera ronda etílica, había pasado, la segunda venia medio cargada, más para mí que soy bastante flojita…. Así que muy alegre, saque pecho para la primera foto…. Pero ellos no se conformaban, quería que lo hiciera sin sostén, para que se notara la mercadería……. Me di vuelta, quite el sostén y la blusa dejaba ver mis tetas y se notaban los pezones…… Así dije…. No pidan más.

La primera foto con Seba, fue bien, con Leo fue mas subida, porque el se puso desde atrás rodeándome con sus manotas mis tetas, al momento del flash……Federico, mas osado, quiso y logro que se vieran mis pechos al desnudo junto a su cara; Manuel poso besando un pezón ya durito; finalmente Sergio quería quitarme la minifalda, minifalda que después de varios minutos de forcejeo fue a parar no se donde, para que posara yo junto a el con mi diminuta tanguita hilo dental. Festejaron eso a lo grande.

-María Laura, ponete en bolas…. Dale.

– Estas loco, vos.-

– Che, se resiste la nena….. así que démosle una lección por su desobediencia……acto seguido se me vinieron encima, no escuchando mis ruegos, me quitaron, zapato, tangas, dejándome desnuda, ya siendo pasta de besos, lamidas, palmaditas con toda clase de toqueteos muy subidos de sexualidad y sin respeto.

Los comentarios, palabras y cosas soeces que me dijeron son aquellas propias de muchachones atrevidos, porque de yegua puta, a diosa divina….. Me dijeron de todo.

– Quizás haya sido la bebida, o mi cabeza liviana. Aquello me pareció un juego, nada más. Pero comenzó a ir cada vez a mas, porque ya me mordían los pezones, dedos se metían en mi vulva y hasta alguno oso meterme un dedo en el hoyito trasero…… dando la impresión que yo flaqueaba en mis defensas porque deje de gritar solicitando que me dejaran, a solicitar que no me hicieran daño. –Hagan lo que quieran, pero no me lastimen, está.-

Bajaron un poco la música, atenuaron las luces, pero aumentaron sus requerimientos, porque bailando en circulo, fui pasando de brazos en brazos, para ir notando que cada vez se ponían mas requeridores…. a punto que ya alguno sacaba su cosa y me la refregaba en mi cuerpo.

Allí comprendí, que la cosa no iba a ser de fácil manejo, porque no parecían tener freno, a mi se me estaba desgastando el caucho moral para comenzar a perder liquido de freno, mas jugos que aparecían en mi entrepierna, fruto de un recalentamiento prematuro.

Decidí ir a boxes, baje la velocidad, y les pregunte

– che, que quieren de mí.-

– Te queremos coger, Laurita, bien cogidita.

– Fue como si me hubieran recargado combustible, llantas nuevas y otra vez a la pista….. Porque Salí arando y derrapando entre un mar de manos y pijas, que chupaba a izquierda y derecha.

Mi adicción al sexo oral estuvo totalmente cubierta, porque fueron los cinco que metieron sus lenguas en mi cuevita, haciéndome desparramar alaridos de placer.

No podría decir cuantas veces chupe y chupe, ni en que orden, si se que pronto estaba allí, en cuatro patas, siempre con una dura pija haciéndome gemir cuando se metía en mi abierta vagina, con alguna pija que golpeaba mi espalda, sin dejar de tener una buena porción dentro de mi boca. Nunca me había pasado, pero me había emputecido de golpe, sacudiendo mis curvas para que ellos disfrutaran de mi cuerpo, totalmente ofrecida, dispuesta a quemar etapas, vuelta a vuelta.

Sentí que mis piernas se aflojaban más y más fruto de mis orgasmos furiosos, debilitando mis fuerzas…. Pero antes de que se detuviera la maquina, uno de ellos resolvió empujar mi humanidad desde atrás sacándome furiosos gritos de desesperación al sentir que me rajaban el culito. Se que aquellas nalgas son de las mas miradas en cada carrera, que este culito mío es deseado por miles, y ahora estaba siendo taladrado por los chico de mantenimiento de una forma brutal. El caño de escape suele ser a veces un elemento importante en el logro de satisfacción.

Los tiempos eran libres, no había cronometro ni orden, algunos se salían de pista rápidamente, otros rendían vueltas y vueltas mejorando performances.

La música era suave, las luces eran las del amanecer en aquel circuito chaqueño, ellos exhaustos, satisfechos, pero siempre mimosos, tratándome suavemente…..me había recontra cogido toda la noche. Fue mi festejo debut en la categoría.

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