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Matrimonio de conveniencia

1:

Arturo contrata a una doncella tailandesa y pretende no pagarla

Por sexfight

“¿Como que tu no tener dinero?”

“Mira chica, ahora estoy muy liado. Ya te pagare el mes que viene ¿De acuerdo?

“¿No!. ¡No de acuerdo! ¿Tu deberme ya seis meses! Tu pagar ahora!

“Bueno. ¿Y si te pago con otra cosa en vez de dinero? ¿Este reloj de bronce, quizás?

“No. Reloj bonito pero no suficiente. Yo necesito más. Quiero más. Mucho más”

“¿Que es lo que tiene valor para ti?”

“Yo, inmigrante ilegal. Para mi lo mejor ser casarme. Así no deportar. Yo no quiero volver Tailandia. Si tu casarte conmigo matrimonio de conveniencia tu saldar deuda y yo hacer gratis todo lo que tu querer todos los días.”

“Estas loca. Ya se que se dice que las de tu país sois fornicadoras excepcionales, pero tu eres delgada y bajita, y yo tengo la obsesión de las mujeres altas, fuertes y dominantes. Solo me casare con una mujer de esas características”

“Yo follar mejor que diez blancas juntas. Yo antes estudiaba en universidad. En pocas semanas todos los chicos vienen solo yo. Nada las demás. Yo hacerme famosa. Las demás envidia. Las demás pegarme. Tres blancas y una mulata. Yo, sola. Ellas más que yo. Ellas más grandes que yo. Gran pelea. Ellas malas en la cama, malas en la lucha. Ellas perder. Ellas llorar y pedirme perdón. Ellas ser mías en la cama muchas, muchas veces. Ahora mando yo. Ya ves. Yo, pequeña pero muy dura. Todas las tailandesas somos muy, muy duras. Tu, más grande y más fuerte pero yo puedo dominarte. Limpiando encontré tus revistas guarras. Se lo que te gusta. ¿Tu gustas cuero y látigos? ¿Tú quieres dominación? ¿Tú quieres sexo muy violento? ¿Quieres todo eso todos los días y gratis?

Arturo tenía que hacer grandes esfuerzos para no reír. ¡Aquella mosquita muerta, flaca como una lagartija y que no le llegaba a la barbilla le retaba! Pensó en enviarla de vuelta a su casa con dinero para el taxi y una disculpa pero la echo un segundo vistazo. La chica se llamaba Ajit, era feuchilla de cara, con labios gruesos y viciosos, ojos rasgados que le daban un aspecto feroz, pelo negro que le caía en una cola de caballo casi hasta la cintura, piel muy oscura, muy flaca pero muy fibrosa, pechos pequeños pero bien formados y un culito respingón. Vestía de modo discreto. Pantalones y camisa, sin adornos ni joyas. Mientras hablaba tomaba poses provocativas y retaba a Arturo con la mirada, relamiéndose y sentándose en el sofá abriendo las piernas y contoneándose. Arturo decidió aprovecharse.

“Te propongo un trato. Si eres capaz de dominarme como dices, me caso contigo. De lo contrario te abriré de piernas aquí mismo. ¿De acuerdo?”

“De acuerdo. Tu ahora reír pero luego tu llorar y yo mandar.”

Arturo se aproximó a la pequeña oriental, que le esperaba a pie firme. En honor a la verdad Arturo no tenia intención de hacerla daño. Agarrarla con fuerza, un breve forcejeo, tumbarla en el sofá, abrirle la camisa, abrirle las piernas, clavársela hasta el fondo y darle un buen meneo. Por desgracia para el, la chica tenia otros planes. Un pie que parecía hecho de hierro se clavo como un cañonazo en el estomago de Arturo, que cayo al suelo doblado en dos. Ajit comenzó a patearle la espalda con sus botas de campo. Arturo logro rodar sobre si mismo y hacerla caer. Ambos rodaron entrelazados hasta que Arturo quedo encima y comenzó a abofetearla. Ella respondió con los puños y le coloco un gancho de derecha a la mandíbula que lo derribo. Quedaron de costado atacándose con pies y manos hasta ponerse de rodillas. Arturo la envío al suelo de un puñetazo pero ella volvió a levantarse en un segundo. Un nuevo golpe tuvo el mismo efecto. tres, cuatro, siete veces Arturo derribo a su pequeña rival y ella volvió a levantarse como un muñeco de resorte, con sus finos brazos tensos y sus puños cerrados. Ajit logró conectar un directo en la cara de Arturo y le dejó un ojo morado. Su oponente volvió a tumbarla pero la tigresa volvió a levantarse y devolvió el golpe. Tres veces más volvieron a intercambiar golpes de esta manera, pero a la tercera fue Arturo el que cayó.

Arturo no tuvo tiempo de levantarse. Aquella diablesa de ojos rasgados cayo sobre el atacándole con las rodillas y los puños. Arturo se puso boca abajo para protegerse y luego se puso a cuatro patas bruscamente para quitársela de encima. Ajit cayó al suelo y Arturo la inmovilizó quedando en la posición del misionero. Arturo comenzó a restregarse contra su prisionera y rozar su entrepierna con la de ella mientras Ajit intentaba por todos los medios liberarse y giraba la cabeza para esquivar los labios de Arturo. Cuando Arturo la agarró de la camisa haciendo que los botones reventaran, se separó los suficiente como para que Ajit le golpeara de nuevo en la barbilla. Arturo quedó medio aturdido por el golpe y Ajit aprovechó para quitárselo de encima. Se levantaron a la vez pero Arturo un poco antes y lanzó un directo de izquierda a la boca de la muchacha, lanzándola contra la pared. Allí la persiguió con un gancho de derecha al hígado y otro al estómago. Ajit falló un directo a la barbilla y tuvo que encajar un golpe que le amorato un ojo. Arturo ya se creía vencedor cuando sintió como le aplastaban la nariz con un golpe que parecía salido de la nada. Ajit lanzaba golpes como una posesa mientras intentaba escapar del rincón donde estaba acorralada. Al sentir su sangre, Arturo empezó a castigar las pequeñas tetas de su diminuta rival. El primer golpe hizo que Ajit mascullara de dolor, pero los demás no parecieron tener efecto.

Poco a poco Ajit hizo retroceder a Arturo. Este tenía su favor su posición, su peso y su tamaño, pero no logro evitar que Ajit se liberara y lo empujara hasta el centro del salón donde Arturo decidió plantarse. Su honor lo exigía. No podía seguir retrocediendo frente a aquella zorrita canija. Se la imagino vencida y desnuda en el suelo con las piernas abiertas, gimiendo mientras la poseía. Ese pensamiento multiplico sus fuerzas y durante cuatro o cinco minutos el centro del salón presencio una tormenta de puñetazos y patadas de incomparable bestialidad hasta que una patada en la barbilla envío volando a Arturo a la alfombra y al reino de los sueños.

Cuando Arturo despertó habían pasado más de quince minutos y Ajit estaba sentada junto a el, mirándole con expresión divertida.

“Tu perder! Ahora nosotros prometidos. ¡Nosotros casarnos! Yo, tu esposa. Tu, mi marido.”

“¡Eh, espera un momento! No podemos casarnos así como así”

“Tu prometer”

“Era broma”

“Nuestra pelea no broma. Tus puños no broma. Mis puños tampoco broma. ¿Tu recordar?” dijo, sentándose en su cuello y aplastándole la cara con su sexo húmedo y caliente. “Ahora tu cumplirás tu promesa. Yo, buena esposa, buena en la cocina, buena en la casa, buena en pelea, muy buena en la cama.” añadió con expresión lasciva, sosteniéndose un pecho con una mano y abriendo los botones de su pantalón con la otra.

“Bueno, eso es otra cosa. Vamos a celebrarlo”

“No hasta la boda”

“Pero eso tardara semanas mientras lo organizamos como es debido. ¿Por que esperar?

“Porque hombres mienten mucho, y porque mis puños son los mejores”

“Eso vamos a verlo”

Cuando Ajit quiso reaccionar Arturo la había agarrado por la espalda y le había desgarrado el sujetador. Sus pequeños pechos morenos y prietos oscilaron libres mientras Arturo atacaba el cierre de los pantalones. El primer botón cedió pero antes de poder abrir los demás Ajit le clavó el codo en las costillas. Arturo estuvo a punto de soltarla pero logro mantenerla sujeta y la estampo contra la pared. Ajit gimió. Arturo repitió el golpe. Ajit se derrumbo. Arturo la dejo caer y la arranco los pantalones. Debajo llevaba unas braguitas grises de lo más corrientes, pero prácticas. Arturo tendió la mano para apoderarse de ellas cuando de pronto Ajit enlazo sus piernas con las suyas y le hizo caer. Cuando Ajit intentaba ponerse de pie, Arturo la agarró por el pelo y la arrojó al suelo de nuevo. Luego tiró de su cabeza hacia arriba y sosteniéndola por el cabello, comenzó a golpearla como si fuera una “pera” de boxeo. Ajit estaba inconsciente cuando Arturo agarro sus bragas y le arranco la última cobertura de su femineidad.

Ajit tenía una resistencia asombrosa. Al cabo de un minuto ya estaba recuperando el conocimiento. Arturo estaba de rodillas a su lado. Lo único que vestía eran los restos desgarrados de las bragas de Ajit, colgando de su miembro viril como un adorno excéntrico.

“Vamos dormilona. Aun nos falta el desempate y no tenemos todo el día”. Ella lo miro con asombro.

“¿No me has violado?”

“No, yo peleo limpio. Solo estamos empatados. ¿Tienes agallas para continuar?”

“Blanco de mierda, el día en que me falten agallas para zurrarte no mereceré mi nombre.”

“¿Y que significa tu nombre?”

“¡Invencible!” y diciendo esto se lanzo contra Arturo como una loba hambrienta. Usando los pies y los puños le hizo retroceder sin cesar hasta expulsarlo del salón y acorralarlo al final del pasillo. Arturo logró colocarle un golpe en la base del estomago que la dejó sin aliento.

“¿Tu, invencible? Acabo de hacerte puré, zorra de ojos rasgados, y lo hare de nuevo!”

Los ojos de Ajit llamearon de furia. Antes de que Arturo pudiera comprender su error cayo sobre el tal diluvio de golpes que solo la pared a su espalda le impidió caer. Arturo intento defenderse desesperadamente y logro castigar con dureza los pechos de su diminuta atacante cuando esta se descuido creyéndolo acabado, pero aunque logro escapar del pasillo y regresar al salón. Ajit lo persiguió allí y lo remato con una patada lateral a la cabeza que acabo definitivamente con el.

Arturo despertó sintiendo algo suave, cálido y húmedo que le hacia cosquillas en la cara. ¡Era el pubis de la criada, la criada luchadora que ahora era su prometida! Ajit refroto su cara con su vello púbico hasta que se derrumbó entre gemidos de placer. Cuando Arturo intento tumbarse sobre ella para poseerla ella le rechazó.

“Esperar boda”

“Pero si ya estamos comprometidos!”

“Da igual, tu esperar boda. Antes no.”

“Tu ya te has divertido! ¿Por que yo no?”

“Porque mis puños son los mejores!!!”

Arturo dio la única respuesta posible en esta circunstancia. Lanzó un gancho ascendente contra las tetas de Ajit que la hizo aullar de dolor cuando su pecho izquierdo fue lanzado hacia arriba hasta casi tocar su mandíbula, y luego le clavó un directo en las tripas que la dobló en dos. Arturo le lanzó una patada mientras yacía en el suelo pero la tailandesa rodó por el suelo y se agarro a sus piernas haciéndolo caer. Rodaron en una confusión de puñetazo, patadas y maldiciones en tres idiomas hasta que Ajit quedo encima de el y procedió a machacarle la cara con una lluvia de golpes que le hicieron perder el conocimiento. Cuando despertó, Ajit le conminó sin rodeos a luchar de nuevo. Arturo comprendió que estaba atrapado en su propia trampa. Alzó los puños y se dispuso a ser machacado una vez más por su exótica y casta prometida.

Matrimonio de conveniencia 2

La prometida de Arturo defiende a puñetazos su castidad

Por Sexfight

Arturo tiene problemas para pagar a Ajit, su criada tailandesa, a la que intenta seducir. Ajit rechaza su seducción y le propone un matrimonio de conveniencia. Arturo pretende meramente convertir a la criada en concubina y se lo juegan a una pelea. Tras su derrota Arturo intenta hacer el amor con su flamante prometida oriental pero ella le rechaza de nuevo.

Durante los tres meses que siguieron, Ajit se negó en redondo a mantener relaciones sexuales con su flamante y vapuleado prometido. Como quiera que la pervertida asiática gustaba de pasearse por la casa en ropa interior de fantasía o vestida solo con una camisa masculina sin abrochar, o en topless con pantalones vaqueros muy ceñidos, Arturo encontraba difícil aquella forzosa castidad. Además, Ajit era aficionada a los videos pornográficos, especialmente los de lesbianismo sadomasoquista. Le gustaba masturbarse viéndolos sin reparar en que Arturo estuviera delante o no. En doce ocasiones los avances de Arturo habían terminado en violentos enfrentamientos. Al principio Arturo intentaba acercarse cariñosamente a su viciosa y provocativa prometida solo para ser recibido a golpes e insultado como cobarde cuando retrocedía. Después Arturo comprendió que iba el juego y cuando estaba más excitado saltaba sin previo aviso sobre la tailandesa. La pelea subsiguiente era épica pero aquella diminuta virago oriental siempre se alzaba con la victoria, aunque generalmente por muy poco margen, lo que animaba a Arturo a intentarlo de nuevo. Tras cada nueva victoria Ajit cabalgaba al pobre Arturo usando su lengua y su nariz para proporcionarse a si misma satisfactorios orgasmos de victoria. Después, según la pelea hubiera resultado más o menos dura, la impúdica criada dejaba a Arturo en ayunas o le masturbaba. En un par de ocasiones en las que Arturo había logrado dar con su adversaria en el suelo a puñetazo limpio, ¡Ajit le homenajeaba con una mamada electrizante! No obstante, el coito siempre quedaba fuera de los límites hasta la noche de bodas. Arturo y Ajit llevaban más de tres meses revolcándose desnudos entre peleas y orgasmos y todavía no habían copulado. Al final Arturo comenzó a desanimarse y cuando Ajit estaba caliente, lo que sucedía a menudo, tenia que ser ella la agresora.

Un día, Arturo comenzó a meditar y tuvo que aceptar la dolorosa evidencia de que aquella ramera exótica era superior a el en la lucha a puño desnudo. La idea de casarse con la tailandesa no le desagradaba excepto por el detalle de que quería ser el quien llevara los pantalones. Tenia que cambiar de táctica, y de pronto supo que debía hacer. ¡La jodida oriental iba a saber lo que era bueno! Inmediatamente comenzó a realizar diversos preparativos.

Al día siguiente Arturo entro como un ciclón en el salón donde Ajit estaba masturbándose mientras veía unas escenas lésbicas en un vídeo pornográfico. Antes de que la muy furcia pudiera darse cuenta, Arturo la agarro de los pelos y tirando de ellos violentamente derribo al suelo a su camorrista novia, la saco a rastras del salón, la arrastro por el pasillo enganchada por los cabellos y la dejo en el vacío cuarto de los trastos, que solo media dos metros de ancho por tres de Ajit. Arturo había situado en las paredes varios colchones viejos colgándolos de tiras de tela fuertemente cosidas, enganchadas a tirafondos sólidamente anclados en la pared. Era un campo de batalla ideal.

“Ahora te voy a follar como la puerca en celo que eres realmente, sucia puta!” grito Arturo.

“¡Guauu! ¡Me encantada verte así!” respondió Ajit relamiéndose y abriendo ostentosamente las piernas. “Cuando más bruto eres, más cachonda ponerme zurrarte! Venir aquí semental mío. Mi chichi necesita otra lamida”

Chocaron con ímpetu y tras un breve forcejeo comenzaron a rebotar de una pared a otra. Arturo permanecía fuertemente abrazado a su adversaria y esta no tenia ángulo para usar sus puños como acostumbraba a hacer. La diablesa de ojos rasgados intento clavarle las rodillas en el estomago y lanzar una serie de ganchos al hígado, pero sin resultado. Arturo había aprendido la lección y la tenia bien cogida. Ajit intento golpearlo contra un tramo de pared que no estaba acolchado pero no lo consiguió. Arturo tenia ventaja dada su corpulencia y estatura pero Ajit no se rindió. Clavo un feroz mordisco en el brazo de su agresor y logro liberarse. Inmediatamente desencadeno una lluvia de golpes sobre Arturo. Este ignoro el terrible castigo que estaba recibiendo y se lanzo contra su rival. Su ataque fue interceptado por una certera patada en el estomago que le hizo caer al suelo. Ajit comenzó a patearle mientras gritaba

“Vamos maricón de mierda. Nosotros apenas empezar! Levante y pelea, pelea, ¡¡PELEA!!”

Arturo rodó por el suelo y derribo a Ajit como si fuera un bolo. Ajit se levantó como un rayo y quedaron ambos de rodillas frente a frente, agarrados de las manos haciendo fuerza. Durante unos momentos ambos luchadores se empujaron con todas sus fuerzas sin lograr ventaja. Luego, la pequeña asiática flexiono sus músculos bronceados hasta hacer retroceder poco a poco a su adversario masculino mientras sonreía malévolamente. Arturo sintió un sudor frío mientras se veía inclinado hacia atrás por los brazos de hierro de la thailandesa. ¡Aquello no podía terminar así! La desesperación le dio fuerza y poco a poco recupero el terreno perdido hasta quedar de nuevo en vertical. Durante un par de minutos permanecieron en equilibro, inmóviles pero temblando por le esfuerzo mientras el sudor empapaba sus ropas. Finalmente, milímetro a milímetro, Ajit se vio obligada a inclinarse hacia atrás. El sudor goteaba cada vez más rápido de su frente. Con un esfuerzo sobrehumano contraatacó y por un momento recuperó parte del terreno perdido, pero ahora Arturo tenia la ventaja de la posición superior, reforzada por su mayor peso y estatura. Ajit escupió en la cara de Arturo. Este le devolvió el escupitajo y finalmente Ajit cayo de espaldas al suelo intercambiando escupitajos con Arturo, desafiante hasta el fin.

“Ahora vamos a follar” proclamo Arturo mientras inmovilizaba sólidamente a su presa contra el suelo.

“Y una mierda, puto maricón de los cojones. Mi no querer”

“Pues te jodes” grito Arturo, y antes de que Ajit pudiera hacer nada por impedirlo, la penetro brutalmente, por primera vez en todos los meses que había durado su relación. Ajit respondió martilleando con sus puños la cara de Arturo pero este estaba tan excitado que casi ni sintió los golpes. Ajit se arqueó y retorció como una yegua salvaje intentando desmontar a su jinete pero Arturo mantuvo su posición y empezó a domar a su montura con poderosas oscilaciones de su cadera, embistiendo la intimidad de la criada respondona. Pese a sus esfuerzos Ajit sentía revolverse en su interior aquel miembro viril duro, grueso, caliente, y a su pesar empezó a responder oscilando sus propias caderas casi por instinto sin dejar por ello de clavar sus puños en los costados de Arturo mientras este la estrujaba entre sus brazos haciéndola gritar. Finalmente Ajit sucumbió a la masculinidad triunfante de su prometido en medio de un orgasmo simultáneo colosal.

Ajit quedo en el suelo gimiendo suavemente. Ya no era la ama dominante y castigadora que empezó el combate segura de vencer una vez más, sino que de nuevo parecía la criada sumisa y obediente que Arturo buscaba… hasta que se lanzó a la carga clavando la cabeza en su estomago!

Arturo quedó sin aire tras esta brutal embestida y cayó al suelo mientras la furcia amarilla le pateaba los costados con verdadero frenesí. Luego se sentó sobre el y comenzó a castigarle la cara con los puños. Pero esta vez Arturo ya tenía bien aprendida la lección y agarrando de los pelos a aquella diablesa rebelde, se agarro a ella todo lo que pudo. Rodaron por el suelo y Ajit logró quedar encima, pero su sádico patrón la tenía enlazada por la cintura con las piernas y la estrujaba en un abrazo de oso. Comenzó a cerrar la tenaza sobre su rebelde prometida. Esta se debatió frenéticamente para liberarse, cerro sus propios brazos sobre el torso de su antiguo esclavo sexual, rivalizando con el en estrujar sus costillas, clavo los dientes en su hombro, tiro de sus cabellos, le araño, le pateo, le dio cabezazos. Arturo hacia caso omiso a todo y seguía cerrando la tenaza. Al cabo de unos minutos la asiática dejó de atacar y comenzó a gemir.

“Basta, por favor, yo rendirme” sollozo. Arturo no la hizo caso y siguió apretando

“Yo rendirme ¿Tu no oír? YO RENDIRME!!” Arturo la ignoro.

“NOOO, POR FAVOR! VAS A MATARME. BASTA!!!! YO HACER LO QUE SEA, LO QUE SEAAAA! AAARRRRGGHHHH!!!!!!! ME RINDO. ME RINDO!!!!! SOY TU ESCLAVA. Por favoooor.”

Cuando Arturo la soltó, Ajit quedo hecha un ovillo en el suelo. Arturo le dio un pellizco en el trasero para espabilarla y sumisamente, la cachonda asiática se puso a cuatro patas y ofreció su grupa al macho conquistador. Este la tomo por detrás a estilo perro y pese a que ella intento quedar pasiva, la hizo gemir y gritar de placer, igual que antes la había hecho gemir y gritar de dolor. Pese a sus firmes propósitos de mantenerse fría como una estatua de hielo, la masculinidad triunfante e invasora de su viril contrincante la hizo vibrar y temblar hasta que se corrió en un espasmo de placer, mucho antes de que lo hiciera Arturo, de modo que tuvo tiempo de rendirse por segunda vez al placer cuando Arturo alcanzo el climax.

“Tu humillación no esta completa aun” dijo el restaurado amo y señor de la casa. “Alza tus puños y boxea conmigo si te atreves, furcia. Hoy me vas a chupar la polla”

Ajit se levantó como un rayo, los puños prestos, y se lanzó como una exhalación contra el sucio puerco que acababa de violarla. Lanzaba golpes como una posesa, con la sola idea de triturar a su amo y prometido. Su técnica era tan buena como siempre pero sus reflejos eran más lentos, y los golpes de Arturo la dañaban más que de costumbre. Esta vez el duelo boxístico era muy igualado y Arturo iba a matar. Ajit colocó un par de buenos ganchos de derecha al hígado y vio a su rival acusar el impacto. Por un momento pareció que iba a dar la vuelta al combate, pero Arturo contraataco y aunque durante diez minutos la gladiadora oriental aguanto en su cuerpo desnudo los puños desnudos del boxeador europeo, y este tuvo que encajar duros ataques, al final Ajit quedó en el suelo inerme mientras Arturo la remataba con sadismo mucho después de que quedara KO.

Arturo agarró a su vencida pretendienta por los pelos y la arrastró como un fardo por toda la casa. Luego la dejó sobre las baldosas de la cocina y se sentó en su cara, restregándole su polla por la cara. Ajit comenzó a chupársela y lamérsela. Poco a poco Arturo comenzó a respirar más deprisa y luego a jadear con fuerza a medida que su criada le hacia una mamada colosal. Cuando la gloriosa explosión de placer recorrió como un relámpago el cuerpo de Arturo, su generoso pene estaba profundamente insertado en la boca de Ajit, y el esperma salió proyectado a borbotones por su garganta, tragando hasta la ultima gota. Luego la musculosa hembra tuvo que lamer con la lengua lo que quedaba. La “invencible” había sido vencida y yacía en el suelo hecha un ovillo, sollozando y con los ojos llenos de lagrimas, incapaz de hablar, llena de marcas y moretones por todo su cuerpo, con la ceja partida, el ojo morado y sangrando por el labio y la nariz. Arturo se sentó en su estomago y la miro.

“Pensaba enviarte a paseo tras este combate, ramera tailandesa, pero me lo he pasado tan bien ultrajándote, es tan excitante esto, que he decidido mantener mi promesa de casarme contigo. Tienes una buena vagina, y unas buenas tetas, y limpias bien la casa. Me gusta tu estilo de hacer mamadas, putita. Decidido. Me quedo contigo.”

“La noche de bodas nosotros hacer gran desempate, cerdo. La noche de bodas te enseñare quien llevar pantalones aquí, hijoputa asqueroso. La noche de bodas tu morir.”

Arturo escupió en la cara de Ajit, esta le respondió con una bofetada y en unos segundos estaban de nuevo rodando por el suelo. Arturo estaba en la gloria ¡Era tan increíblemente excitante el pelear contra una adversaria que no se rendía! Pese a la debilidad de su adversaria Arturo necesito casi diez minutos para sacarle del cuerpo las ganas de lucha que le quedaban antes de follarla por cuarta vez.

Próximo: La noche de bodas, Ajit y Arturo libran el desempate de su enfrentamiento sexual. Solo uno quedara en pie!

Matrimonio de conveniencia 3.

Batalla decisiva por los pantalones durante la noche de bodas

Por Sexfight.

Arturo intenta fornicar con Ajit, su criada tailandesa, que le responde afirmativamente a cambio de un matrimonio de conveniencia. Ajit derrota a Arturo en una pelea de Thai boxing y se niega a hacer el amor con Arturo hasta la boda para fastidiarle y humillarle. Tras varias derrotas Arturo viola a Ajit tras demolerla en una lucha cuerpo a cuerpo pero Ajit jura vengarse. Ahora ha llegado el combate definitivo durante la noche de bodas.

Durante los meses que siguieron al combate cuerpo a cuerpo en el que Arturo domó a su sádica prometida, quedó claro que la ramera asiática no se daba por vencida y no pasaba una semana sin que aquella furcia de ojos rasgados saltara sobre Arturo e intentara dominarle en su propio juego. El canalla de Arturo disfrutaba esos enfrentamientos y en cada combate le demostró de nuevo a su criada el poderío de un verdadero macho español penetrándola contra su voluntad tras darle una paliza. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha de la boda los combates se iban alargando y el bastardo europeo tenía más y más dificultades en dominar a la bruja asiática. Finalmente, se estableció una tregua un mes antes de la boda. Aquel era un matrimonio sin amor. Lo único que deseaba el español era masturbarse con el coño de la tailandesa, y esta lo único que deseaba era el pasaporte que le permitiría permanecer en el país. Ambos sabían que en la noche de bodas se decidiría quien llevaría los pantalones en la familia.

Tras la boda los flamantes recién casados regresaron a su casa en el campo. Tras cruzar el umbral Arturo y Ajit se miraron frente a frente.

“He acondicionado el salón, despejándolo al máximo” dijo Arturo. Ajit miró y vio que era verdad. Casi todos los muebles habían desaparecido, y el suelo estaba cubierto por varios colchones.

“Me parece bien. No nos conviene destrozar la casa. Cuando entremos en el salón se desencadenara el infierno.” respondió Ajit “Pero antes mira” y diciendo esto, le enseñó la matricula de un gimnasio y los recibos de los últimos seis meses. La muy zorra había estado aprendiendo lucha cuerpo a cuerpo a escondidas para tomar su revancha. Arturo sacó de su cartera los recibos de otro gimnasio, este de Thai-boxing. Ajit sonrió y dijo “¡Bien! más pelea!”

Entraron en el salón y se desencadeno el infierno.

La patada de Ajit se clavo en los testículos de Arturo casi al mismo tiempo que el puño de Arturo aplastaba el pubis de Ajit. Ambos cayeron al suelo gimiendo de dolor. Arturo se recupero el primero pues Ajit no había logrado un blanco perfecto. Agarró a Ajit por el pelo y lanzó su cabeza contra la pared. La musculosa oriental chocó con un sonido sordo contra el tabique y cayó al suelo. Arturo se subió a su espalda y comenzó a pisarla como si quisiera apisonarla. Eso fue un error pues cuando Ajit se levantó Arturo cayó al suelo y Ajit se le echo encima. El semental hispano la rechazo a patadas y logró conectarle una en la cara. Se separaron y se levantaron de nuevo. Empezaron a girar frente a frente, con las ropas nupciales desarregladas y en desorden. Macho contra hembra, blanco contra asiática, amo contra criada, una lucha entre razas; una lucha entre clases; una lucha entre sexos; una lucha hasta el fin por la supremacía. El primer asalto había sido para la hembra, cuando forzó al macho a reconocer la superioridad de sus puños y consentir en aquel matrimonio de conveniencia. La raza blanca había tomado su revancha en el segundo asalto, doblegando a la exótica oriental en la lucha cuerpo a cuerpo. Ahora iba a ser la definitiva.

Cargaron el uno contra el otro, rabiosos por luchar y chocaron de frente como dos trenes sin frenos golpeando con pies y puños, martilleándose sin piedad hasta que Arturo demostró sus progresos boxisticos derribando a la ramera guerrera con una patada circular en la sien. Arturo acosó en el suelo a su rival pulverizando sus tetas con sadismo hasta que Ajit se agarro a el para esquivar el tremendo castigo. Arturo intento retorcerle el brazo a Ajit, pero la diablesa de ojos rasgados había aprendido bien las técnicas de lucha cuerpo a cuerpo y ambos contrincantes rodaron por el suelo y se retorcieron como serpientes intentando lograr una ventaja. En un par de minutos habían quedado trabados en una doble llave de tijera a la cintura. Arturo poseía una fuerza superior a la de su diminuta adversaria, pero esta había demostrado ya que su resistencia al daño era muy superior. Durante varios segundos se torturaron mutuamente hasta el borde del desvanecimiento a medida que las cotillas de ambos crujían bajo la presión. Ajit cedió la primera y quedo inerte en el suelo del salón. Arturo la agarró de los pelo y le incrusto la rodilla en la cara. La viciosa luchadora rodó por el suelo intentando derribar a su torturador, pero este la vio venir y la esquivo de un salto. Arturo intentó montarse sobre ella pero ella se incorporó y lo hizo caer a sus espaldas.

Quedaron de rodillas frente a frente y Arturo bajó los brazos, mostrando su mejilla a su rival. Esta aceptó encantada la invitación y lanzo un derechazo demoledor al macho al que pretendía domar. Arturo se tambaleó por el golpe pero no cayó, y lanzó un directo a la mandíbula de Ajit. El puño de la ramera oriental hizo impacto en el ojo izquierdo del bastardo occidental dejándoselo tan morado como la mejilla derecha de la asiática cuando recibió el siguiente golpe del europeo. El intercambio se hizo más rápido hasta que los golpes llovieron a tal ritmo que casi no se veían. Arturo demostró lo mucho que había mejorado con sus puños y dio un gran combate pero al cabo de un par de docenas de golpes quedo claro que aun le quedaba mucho que aprender mientras cedía poco a poco y Ajit lo iba empujando hacia el suelo sin misericordia. Antes de darse por vencido Arturo cambio de blanco y sus nudillos se hundieron cruelmente en el abdomen de Ajit, que no esperaba este golpe y se dobló en dos. Arturo repitió el ataque una y otra vez, y en cada ocasión un bufido escapaba de los sensuales labios de aquella gladiadora calientapollas. Ajit empezó a devolver los golpes al estomago del cerdo de su patrono, pero era como pegar en cemento. La marimacho tailandesa quedo tendida en el suelo mientras su nuevo amo frotaba su miembro viril contra sus pechos.

“Es hora de que te abras de piernas, negrita” se burlo Arturo.

“¿Que me has llamado, puto blanco de mierda?” pregunto Ajit. “Aquí lo único negro es tu futuro, mamarracho” y diciendo esto se encabrito como una yegua salvaje y Arturo tuvo que usas toda su fuerza para permanecer montado sobre ella. Ahora le tocó a la virago asiática demostrar lo que había aprendido en la lucha cuerpo a cuerpo, y lo demostró retorciendo la muñeca de Arturo, obligándole a desmontar para así evitar que aquella lasciva luchadora le reventara la mano.

Arturo a duras penas lograba mantener el control de la lucha cuerpo a cuerpo. El semental español sudaba a mares mientras Ajit se retorcía como una anguila esquivando las presas y llaves de su esposo y rival. Finalmente el grandullón europeo logró atrapar a la pequeña asiática en un abrazo de oso y comenzó a presionar cerrando la tenaza poco a poco. Ajit aceptó el reto y cerro sus propios brazos en torno a las costillas de Arturo. Mientras tanto sus entrepiernas habían quedado presionadas la una contra la otra y el miembro viril del macho blanco buscó su camino hasta la vulva hambrienta de la hembra amarilla y ambos sexos comenzaron su propio duelo hasta el fin. Arturo oscilaba sus caderas con poderosas embestidas clavando cada vez más profundamente su zanahoria en el conejo de su rival. Mientras cerraba los brazos como si quisiera partir a la hembra en dos, el macho la empujaba contra la pared para penetrar más profundamente. Esta oscilaba sus propias caderas al encuentro de las de Arturo y su conejo se cerraba hambriento sobre la zanahoria que lo invadía. Sus dientes se clavaban en el cuello del semental salvaje que pretendía violarla mientras lo domaba, y sus uñas marcaban su espalda mientras los músculos de sus brazos oprimían las costillas del macho que se atrevía a desafiarla. Polla invasora, coño succionador, el duelo elemental entre los sexos les condujo a ambos a un estado primitivo y casi animal.

Finalmente el viejo duelo de los sexos terminó como siempre ha terminado durante miles y miles de años. La vagina constrictora se merendó a la polla asaltante. El semental español sintió de pronto que perdía el control y eyaculó salvajemente en la vulva invencible de la ramera guerrera. Fue un orgasmo colosal y prolongado mientras aquella femineidad triunfante succionaba la verga del macho vencido como una ordeñadora mecánica. El colapso sexual de Arturo fue la señal para su colapso físico total. Mientras el sexo de Ajit establecía firmemente su supremacía, sus músculos demostraban su superioridad sobre la musculación masculina de su domado esposo. Con un gemido, Arturo perdió el conocimiento.

Cuando Arturo despertó lo primero que oyó fue a su antigua criada, ahora su ama y cónyuge, haciendo el amor. Arturo se incorporó para llevarse la sorpresa de ver a su belicosa esposa fornicando desenfrenadamente con una rubia sensacional de aspecto nórdico o anglosajón.

“Esta es Susan. Es inglesa” dijo Ajit al verle, “Es mi nueva amante y va a ser mi esposa de verdad. Tu no eres más que un figurón que voy a usar para conseguir quedarme en este país. No peleas mal del todo pero eres un amante de mierda y adem….”

Ajit comprendió que había hablado demasiado cuando Arturo la agarro por los pelos del coño y la arrastro fuera de la cama, donde comenzó a patearla frenéticamente. Ajit se defendió mordiendo a Arturo en el tobillo mientras la inglesa la jaleaba y la animaba, pero sin intervenir. Arturo perdió pie por el mordisco de Ajit y rodaron por el suelo en confuso embrollo de pies, brazos, puños, maldiciones y mordiscos. Arturo estaba loco de rabia y Ajit tuvo que sudar de verdad para hacerle frente, pero tras quince minutos de frenéticos forcejeos la tailandesa demostró quien era la campeona del dormitorio.

Tras aplastar a su esposo y esclavo, la diablesa oriental lo agarró por los pelos, lo arrastro hasta la cama, lo ató a la cama y durante el resto de la noche ella y su amante usaron su cuerpo desnudo y vapuleado como colchoneta mientras hacían el amor.