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El chantajista hijo de puta, Cap 1

Mi nombre es Ignacio, vivo en Buenos Aires, en el barrio porteño de Las Cañitas. Tengo 16 años y la verdad es que me masturbo todos los dias, a veces una sola vez, a veces dos, tres, pero todos los dias seguro. Me encantan los videos y los relatos porno, y otras veces me pajeo recordando las cosas que vi en el día.

Hace unos meses mi madre entró a mi cuarto y me encontró, tirado en la cama, pantalón y calzoncillo por las rodillas, y yo masturbándome con la pija bien pero bien dura, justo me estaba apretando un poco para que la cabeza se ponga bien lustrosa y colorada, y ella justo abre la puerta y entra de una, me mira, se queda quieta, parada, mirando, yo claro tratando de taparme pero ella en vez de irse se me queda sermoneando

-MÁMA NO MIRES, COMO ENTRÁS ASÍ
-Ignacio, que te creés que es esta casa? Sos loco, vos?
-MAMÁA SALI DESPUÉS HABLAMOS PERO… – y era re dificil porque mientras ella me hablaba pavadas yo no sabía que hacer, para poder subirme los pantalones le tenia que mostrar de nuevo la verga que la seguia teniendo re parada, y taparme con las piernas tampoco tapaba del todo, asi que ella sermoneándome me estaba mirando igual y yo me mería de vergüenza

-Mirá Ignacio, en esta casa te contenés. Esto lo voy a hablar con tu padre
-NOOO Maa por favorr…

Y se fue.

Al final, mi padre habló en privado conmigo. Me dijo que me pajeara en el baño, y que si mi mamá me preguntaba, me había hablado de mal que hice y me habia castigado. El asunto pasó pero yo me quedé resentido con mi madre, humillado…

y empecé a fantasear con darle un castigo a la hija de puta.

A partir de entonces empecé a fantasear con mi vieja. A pajearme todos los dias, tres veces al día, pensando en ella. A veces, cuando ni mi papá ni mi mamá estaban, y encontraba en el lavadero unas bombachas o unos corpiños usados, me pajeaba oliendolos, adivinando el olor de las tetas de mi madre, y el olor de su concha y de su culo en los bombachas.

En fin, todavía uds no saben lo buena que está mi vieja.

No es joven, se llama Clara, todos le dicen Clarita, tiene 52 años, pero se mantiene muy linda de cara, es una morocha con unas tetas muy grandes, y un poco de pancita. Y que culo. Bien grande. No saben como fantaseo con abrirle los cachetes del culo a mi madre, quiero verle el agujero del ano que yo no sé, no creo que mi padre le entre por el culo, no creo que ni se la coja ya ese viejo de mierda, pero bueno, en fin, el caso es que es una señora que se mantiene muy bien, ni muy alta ni muy baja y de carnes generosas, digamos.

Bueno, cuestión que van pasando los meses, a mi en el colegio me iba cada vez peor, la verdad es que estaba todo el día pensando en pajearme, imaginando historias, todas masomenos calientes, calculando eso si que no se me pare la pija en el aula, y si llegaba a pasar, que sea lejos de los recreos, no sea cosa de tener que levantarse y quedar expuesto.

Un día me tuve que agarrar a piñas con un compañero. Por nada, porque no se que le dijeron que dije y bueno, hubo que pelear, no tuve opción, y ese día me castigaron, y como estaba realmente furioso, en una que pude me escapé por la ventana, y me fui a mi casa.

Ni bien entro, llamo a mi madre, sabiendo que a media mañana es la que está en mi casa ya que mi padre está fuera trabajando.

-¿Má, estás en casa? – Y como escucho un ruido en la cocina entro y veo a mi vieja desnuda vistiéndose, y a un tipo subioendose los pantalones.

-¿¿¿!!MAMÁ QUE HACÉS??!!!

El tipo casi sin vestirse se fue yendo hacia la puerta – Hablamos Clarita, chau – Se rajó de una.

Mi madre se puso el vestido y me dice

-Sentate Nachito, vamos a hablar

-¿Vamos a hablar de que? ¡Te lo estabas cogiendo!

-Bueno, eso es algo que no es para vos, no es cosa tuya. Vos no sabés como es mi relación con tu padre, así que te digo, de esto ni una palabra.

-Na, ¿que ni una palabra? ¿Vos no te acordás el día que entraste a MI cuarto? ¿Y que fuiste y le contaste a papá? YO VOY A HACER LO MISMO, TE JURO.

-NO! IGNACIO POR FAVOR… TE PIDO… POR FAVOR…

-Bueno. Vamos a hacer algo, te acordás de ese día? ¿Que vos me sermoneabas y yo estaba desnudo y vos me hablabas pero tambien me mirabas? Bueno, sacate el vestido, quiero que sientas lo que yo sentí ese día.

Mi vieja me miró, incrédula de lo que le pedía, estuvo a punto de decirme algo, pero se calló. Miró al piso y se sacó el vestido. No llevaba copiño. sus grandes tetas quedaron desnudas.

-La bombacha también

Y se sacó la bombacha.

Yo me acerque y saque la verga, bien dura, y tomándole la mano le dije

-Agarrala y pajeame.

Y se dejó llevar la mano, yo le ayudaba, apretandole la mano para que agarre mi verga, y pajeandome con su mano, y con la mano que tenía libre le amasaba las tetas.

Escriban comentarios de como quieren que siga el relato, y lo continuaré. Saludos

Ignacio, El chantajista hijo de puta

La amiga de mi madre

Hola, mi nombre es Ezequiel, les escribo para contarles algo que me paso hace un tiempo. Estabamos con mi familia en mi casa de campo pasando unos días , un día recibimos la visita de Mariana, ella es una mujer separada de 46 años, delgada, rubia, ojos claros, una muy buena figura, la verdad es que yo ya me había masturbado pensando en ella alguna que otra vez. La cuestión es que se quedó con nosotros unos días. Al pasar los días mi excitación iba volviendo, me encantaba y buscaba cualquier momento para rozarla o tocarla. Resulta que una mañana estabamos en casa, mis padres habían salido a hacer compras y nos quedamos solos, no se como sucedió pero ella traía un jeans muy apretado a su cuerpo y un top que marcaba sus pezones en punta, no se que paso por mi cabeza pero cuando la vi me fui como desesperado y la tomé por detrás, llevándola contra una pared, se puso incómoda , me preguntaba que pasaba, yo no decía nada, solo quería sentirla contra mi cuerpo, mi pene se comenzó a parar, y creo que ella lo sintió en su culo , le susurré al oído que era la mujer de mis sueños, que me gustaba desde hacia ya mucho tiempo y que no quería dejarla ir, entonces ella se calló y se quedó quieta, eso me sorprendió, porque inmediatamente tomó mi mano y se la puso sobre su pechos, y me dijo que por que no se lo había dicho que ella era una mujer muy comprensiva, entonces se dió vuelta y me metió un beso que me dejo seco, lamió mi lengua como la mejor hembra, parecía sedienta, me tomó toda mi saliva, en ese instante yo puse mis manos en su culo, ella levantó su pierna y me la puso en mi cadera y me susurro que la hiciera mía. Comencé entonces a quitarle el top y allí estaban esos pezones duros pidiéndome que los chupara, comencé a chuparla toda mientras ella gemía muy suave, me erizaba la piel con su gemido y me decía que si, que le gustaban los pendejos, que quería hacerlo conmigo porque tengo la sangre bien joven, soy fuerte como un potro, comencé a quitarle sus jeans, me pare mientras se lo bajaba y la besé, le metí el chupón de mi vida, mordí su lengua y ella no me la quitaba de mi boca, se ve que le gustaba, me comenzó a lamer mi cara como si fuera una perra y me dijo que la llevara a la cama. Fuimos inmediatamente, abrió sus piernas y me dejó ver su sexo, estaba húmedo, le dije que le iba a hacer el amor como nunca se lo habían hecho, la comencé a penetrar, cuando llegué al fondo me apretó con sus piernas, que enredó en mi cuerpo y me dijo que me empezara a mover hasta que no tuviera fuerzas, comencé mientras nos besábamos, parecíamos dos desesperados, debo aclarar que por mi parte lo era pero por ella, no sabría decirlo.

Mientras se la metía una y otra vez iba subiendo de ritmo, cada vez se lo hacía mas y mas fuerte como si quisiera entrar por su vagina, quería hacerla gozar, para que no me dejara ir nunca mas, dejé de besarla y me llevó la cara a sus pechos, que estaban colorados por el roce que teníamos, vi su cara y parecía que estaba en el cielo, me miraba con tanta ternura con tanto amor como diciendo que no parara jamás. Me fui a sus pechos y comencé a chuparlos y morderlos estaba como loco se me habia dado la relación que tanto quería hacerlo con una mujer madura y mayor que yo.

Mientras la chupaba me dijo entre gemido y gemido que quería que le sacara leche como si me amamantara ,debo confesar que eso me éxito mucho mas y me dio mas fuerzas para meterla y chuparla mariana gemía cada vez mas y mas fuerte me abrazaba y me pedía mas.

Me decía “seguí así, mi pendejo, mi machito” mientras largaba un “ahhhhhhhhhhhhhhh” y mas luego un “siiiiiiiiiii segui mi amor”, comencé a sentir que me venía y le dije, para mi sorpresa me dijo que le llenara su vagina con mi leche caliente, que no derramara nada fuera que quería tenerme todo dentro. Seguí bombeando hasta que comencé a llenarla, mientras sentía su calor en mi pene que muy mojado estaba. Cuando terminé se me subió encima y me siguió besando sin que se lo sacara, me dijo que no iba a ser la ultima vez que lo haríamos y que se lo había hecho muy bien, que le había gustado muchísimo y me citó para ir a su casa donde me esperaría mas caliente que esta vez y con mucho mas tiempo para hacerme sentir todooooo lo que una mujer puede dar, cuando llegaron mis viejos todo estaba de maravillas, mejor imposible.

Luego les mandare otra de mis experiencias, me gustaría recibir de ustedes, si es de mujeres maduras mejor, si no no importa, envíen lo mismo, mi correo es ezequiel01_1@hotmail.com también me gustaría mucho poder contactarme con ustedes, un beso muy grande, Ezequiel.

Mis deliciosas maduritas

Me llamo Ruben, tengo 58 años y les voy a contar de mi relación con dos deliciosas maduras, Delia de 70 y Celia de 72.
Enviudé hace 2 años, pero desde siempre, y pese a tener una linda vida sexual con mi mujer, me atrajeron poderosamente las mujeres mayores que yo; hace 5 años conocí a Delia que por entonces estaba separada de su marido y en poco tiempo fuimos amantes. Pasamos deliciosos momentos de lujuria y sexo. Ella era por entonces por decirlo de algun modo, muy señora, muy, formal y cuidadosa de las apariencias, y hace 2 años su marido enfermó y a pedido de su hija, lo recibió de nuevo en su casa, con lo cual tuvimos que dejar de encontrarnos.
Por ese tiempo conocí a Celia, viuda, muy alegre y dispuesta, y de inmediato iniciamos una relación de lo mas ardiente. Debo aclarar que a Celia yo le dije claramente que en cuanto pudiera tambien iba a retomar mi relación con Delia, y ella me sorprendió diciendome que estaba de acuerdo, que en tanto tambien estuviera con ella no haría problemas.. Eso puso en actividad mis ratones… comencé a imaginar como haría para juntarlas a las dos.
A las pocas semanas falleció el marido de Delia, y de inmediato fui a su encuentro y volvimos a nuestra relación, con un agregado: yo tengo un muy buen pasar económico y le propuse alquilarle un departamento mas cómodo, y mientras hablábamos de eso, le dije tambien de la existencia de Celia y de mis intenciones de seguir con ambas.
Dudó un poco y a los dos o tres días me llamó para decirme que primero quería conocerla, lo cual me pareció un buen inicio. Como ya les dije son (o eran entonces) bastante distintas: Delia muy formal para vestirse y si bien teniamos buen sexo, no era muy abierta a juegos o innovaciones.
Celia en cambio era mucho mas jovial, incluso en la forma de vestir, por ejemplo buenos escotes, o calzas ajustadas, y ademas siempre bien dispuesta y fanatica de los videos hot.
Así llegamos al ansiado encuentro: afortunadamente simpatizaron de movida, y a los pocos minutos ya conversaban animadamente, lo cual aproveché para preguntarles si estaban dispuestas a ser ambas mis amantes. Celia no dudó ni un instante, y ante la vacilación de Delia le tomó de la mano y le dijo:
Imaginate que las dos lo queremos, yo nunca hice algo así, pero los tres estamos solos, y si vemos que no va dejamos, pero al menos probemos.
Delia pareció aceptar ese razonamiento, y nos fuimos a cenar los tres juntos.
Por ese día no quise presionar mas y las llevé a cada cual a su casa. Al día siguiente las llamé y Delia dijo estar decidida, por lo que de inmediato las fui a buscar y las llevé a mi casa.
Yo estaba excitadisimo pensando en mi fantasía pronta a cumplirse, Celia se veía de lo mas alegre y Delia que parecia mas tensa en el ascensor se aflojó y me dió un beso de lengua que hizo que Celia la corriera para besarme ella tambien.
Ya en casa las abracé a las dos, empecé a besar a Delia y a jugar con nuestras lenguas, y Celia captó la idea de inmediato y se sumó, primero jugando con mi lengua, pero enseguida comenzo a chuparle la lengua a mi otro amor, lo cual consiguió excitarnos a los tres.
Les pedí que me desvistieran entre las dos, y lo hicieron excitándome mas con sus caricias y sus besos, y el dulce toqueteo a mi miembro que a esa altura ya estaba erguido, hinchado y húmedo.
Después les pregunté quien quería ser la siguiente en perder su ropa, y Celia gritó:
Yooooo
Yo me puse a las espaldas de Delia y mientras ella le quitaba la blusa yo acariciaba los pechos de una y otra para luego agacharme junto a ella y pidiéndole que haga lo mismo, entre los dos bajamos los pantalones de Celia, mientras yo le apoyaba la cara sobre su bombachita y a la vez besaba a Delia, quien se iba a flojando poco a poco. Entonces les dije que cambiáramos, y con Celia empezamos a desnudarla, besando todo su cuerpo, chupándole las hermosas tetas (usa corpiños talle 115) y mientras yo le lamía la vagina, Celia la besó aflojando sus últimas resistencias.
Se separó un poco, y nos dijo que nunca había imaginado calentarse de tal manera, y siguieron besándose entre las dos mientras yo terminaba de desnudarlas y empezaba a masturbarlas.
Nos fuimos a la cama y allí las dos sabedoras de como me gusta que me la chupen, no perdieron un momento en empezar, primero torpemente, molestándose una a la otra , pero enseguida se pusieron de acuerdo y mientras una me chupaba la cabeza la otra me lamía el tronco y los huevos,
Yo mientras tanto tenía la chucha de Delia en mi boca mientras con una mano masturbaba a Celia, lo cual me hizo estar al borde de la eyaculación un par de veces, por lo que les pedí que no fueran tan rápido. Celia recordando alguna peli que habíamos visto juntos propuso hacer un triángulo, ella chupandome el pene a mi, yo chupandole la vagina a Delia y ésta haciendo lo propio con Celia, lo cual no solo resultó delicioso, sino que ademásprovocó el primer orgasmo de ambas, primero un gemido tremendo de Delia que me llenó la boca con sus exquisitos jugos, y de inmediato el grito enloquecido de la otra.
En ese punto las puse las dos tipo perrito y primero las masturbé un buen rato, hasta sentir que estaban empapadas las dos, y ahí empecé a materle un rato a cada una, mientras cojía a una masturbaba a la otra, hasta que sentí que no aguantaba mas y les pregunté como querían que acabara.
Delia no sabía que decir, y volvió a tomar la iniciativa Celia proponiendo que me pajeara hasta acabarle en la boca a las dos, cosa que a ambas le gusta mucho, y grande fue mi sorpresa cuando ya a punto de acabr, arrodillado en la cama y con ellas dos esperando con la boca abierta, veo como Delia masturbaba enloquecidamente a Celia.
Debo decir que hacía mucho no tenía una eyaculación tan abundante y vigorosa, y ellas dos me chuparon y lamieron hasta dejarme la pija totalmente limpia y a mi exhausto.
A los pocos minutos, Delia dijo que era lo mas maravilloso que le había pasado, y propuso vivir los tres juntos, lo cual me llenó de alegría y ayudó a que me recuperara mucho mas rapido, al punto que a los pocos minutos ya estaba otra vez dispuesto a satisfacer a mis dos maduritas deliciosas.
Seguimos cojiendo un buen rato mas, me hicieron acabar una vez mas y despues de una ducha compartida me quedé dormido. No se cuanto tiempo dormí, pero unos movimientos en la cama y unos ruidos me despertaron, y eran ellas dos haciendose un fantástico 69, diciéndome al verme despierto que eso era parte del nuevo universo que estaban dispuestas a descubrir a partir de ahora.
Ahora me están apurando las dos porque dicen que quieren darme un show privado, en los proximos días les cuento como sigue esta relacion.

Empezó con un beso

Cierta mañana, por estirar un poco las piernas, mientras mi mujer hacía la compra en el súper, caminé despacio por una calle peatonal. Como no era larga, paseé de arriba abajo varias veces. Llevaría ya cuatro recorridos cuando vi a una señora mayor, de andar lento, algo dificultoso, que eligió el peor sitio para moverse por esa calle: la zona ajardinada que la bordeaba por un lado. Para regar esa estrecha parcela, los jardineros habían instalado una serie de tubos de goma que permitían el riego por goteo. Poco antes había caído de la bici un chavalín que se aventuró por la zona. Considerando que la señora, de setenta y tantos años, más o menos, se iba a dar un gran trompazo, me aproximé a ella y quitándome el sombrero, la advertí cortesmente:

Mucho me temo, Sra. que se va a caer.

Sonrió con particular encanto.

Tiene vd. razón, no sé por qué me he metido por aquí.

Deme la mano, Sra. y la ayudaré a salir.

Cogió mi mano y, despacio, vacilante, pero sonriéndome de forma simpática, especial, afectiva, salió a la acera. Nos miramos largamente todavía teníamos las manos cogidas.

Debe tener cuidado, Sra., es vd. demasiado bonita para lastimarse.

Es vd. un verdadero caballero, hay pocos como vd.

Lo que no hay, querida señora, es mujeres tan encantadoras y adorables como vd.

Amplió su sonrisa y aproximando su cara, quiso despedirse con un beso. Había gente paseando, sentados en las terrazas, mi mujer podía salir en cualquier momento del supermercado, pero, pese a todo, no vacilé en besarla en la comisura de los labios en ambos besos, que amplié a un tercero en plena boca. Hizo un ligero amago de retirar sus labios, pero…………..¡qué delicia de beso!, volvió a unirlos a los míos. Nos separamos y yo volví a besarla. Respondió al beso, entregándome sus labios. No pudo ser todo lo largo que deseaba, tal vez deseábamos, pero sentí una emoción
especial y capté la suya.

Es vd. preciosa, Sra. y me ha gustado mucho besarla.

A mí también. Espero que volvamos a vernos. Yo suelo pasear por aquí. Adios.

Adios, Sra. gracias por esos regalos tan maravillosos.

Al separarnos, me saludó un vecino. Por su sem- blante no pude deducir si me había visto o el ala de mi sombrero y mi estatura superior le impidieron ver los emocionados besos que acababa de protagonizar.

Caminamos en la misma dirección que la señora, aunque un poco más despacio porque este vecino usaba bastón y avanzaba con dificultad. Me despedí alegando ir a comprar el periódico y seguí los pasos de la señora, que se había internado en el parque.La alcancé y volvió a sonreirme de un modo que me fascinaba. Tenía mucho atractivo para mi: cara realmente guapa, muy bien maquillada, labios gorditos, cara preciosa. Sus piernas parecían bonitas, aunque sólo se veían de media pantorrilla para abajo. El abrigo disimulaba el pecho, cuyo tamaño parecía adecuado al resto. Peinado de peluquería y un cierto aire…….¿mediterráneo?…….su aspecto parecía……. valenciano.

Disculpe la molestía, pero no quisiera que nos separásemos sin decirla que sus besos me han……( palabra que no exagero), me han enamorado, nunca he sentido tanto ni tan intensamente como con sus besos.

Tomó mis manos, aproximó su rostro, ofreciéndome sus labios, sus gordezuelos y sabrosos labios.
En ese momento no pasaba nadie por esa vereda del parque y fue un beso largo. Su mano buscó la mía y la apretó fuertemente. Nos costó separarnos.

Eres preciosa, una de las mujeres más bonitas y elegantes que he visto nunca.

Gracias, eres muy amable. Tengo una hija bellísima y mucho más joven.

Lo ha heredado de tí, porque eres un encanto y me gustas mucho.

Tu también me gustas, por eso te he dejado besarme y por eso te he besado yo. No soy ninguna jovencita.

Yo tampoco, cielo, pero estamos sintiendo los dos como jovencitos. Has hecho que me tiemblen las piernas de la emoción. ¿Estás casada?, ¡qué pregunta tan tonta!, una mujer como tu siempre tiene marido.

Hizo un gesto ambiguo.

¡Bueno!…..si……y no…..

Varias horas después, pensando en la delicia de su boca, en esos besos brujos que me hicieron desafiar hasta la posible presencia de vecinos, no fui capaz de interpretar su dubitativo gesto y desconcertante respuesta. Tampoco me quedó claro el mezclar a su hija en la conversación

¿Tienes teléfono?

¿Quieres que te lo de y así nos hablamos?.

Si, pero no tengo bolígrafo, ¿tienes tu?.

Rebuscó en su bolso infructuosamente.

No se, no lo encuentro.

No importa,¡que poco moderno soy!, lo meto en el móvil y resuelto.

Tras anotar el número, que era de los de la zona, volvi a tomar sus manos, que apretó cariñosa.

¿Cómo te llamas?.

Ana María.

Nombre precioso, que te va de maravilla, porque tu eres una verdadera preciosidad. Si te digo una cosa que has provocado en mi, ¿no te enfadarás?.

Apretó más fuerte mis manos y sonriendo con los ojos y con la boca, me dijo en tono quedo, íntimo:

No, Y además, como se lo que me vas a decir, yo te diré lo que me ocurre a mi. Ojalá no me equivoque.

Ana María, me he enamorado de ti. Ya sé que parece una locura…pero……

Esas cosas pasan, a veces, con tan sólo un beso. El amor es así. Yo también me he enamorado de ti.

No pasaba nadie y acercó su rostro al mío. De nuevo me invitaba a besarla. Sentir sus labios me produjo una revolución interna, la abracé y me apreté contra ella, uniendo mi entrepierna a la suya. Llevábamos abrigo y aun sin sentir el calor del contacto, el simple hecho de demostrar nuestros deseos, provocó que Ana María hiciese lo que yo no me hubiese atrevido: su lengua acarició mis labios. Yo llevé la mía hasta el interior de su boca y nos lamimos ansiosos, olvidados de que podía pasar gente. Ocurrió así, pero sólo nos enteramos cuando oímos sus risas. Era una pareja de chicos jóvenes que pensarían: ¡mira como están esos viejos!

No he debido hacer esto, ser tan lanzada, pero es que……¡no sé que me está sucediendo!…te beso y pierdo la cabeza, no soy capaz de apartar mi boca de la tuya. No me has dicho cómo te llamas.

Juancho.

Me gusta. El nombre y tu. ¿De veras ta has enamorado de mí, Juancho?. Se sincero, no me engañes, ni exageres tus sentimientos. ¿Lo harás?.

Como no pasaba nadie, volví a besarla. Abrió muchísimo la boca y metí mis labios dentro. Las lenguas…….¡ah!…..¡cómo se lamieron!. Nos separamos. Lo hicimos muy a tiempo porque por un recodo aparecieron varios niños jugando con un perro. Detrás sus papás. Cuando pasaron, tras un breve beso, la dije:

Ana María, es la primera vez que me ocurre una cosa así, pero te aseguro formalmente que estoy enamorado de tí, que nunca he sentido algo tan dulce, tan excitante, tan arrebatador como nuestros besos. Te estaría besando horas.

Acercó su rostro y me volvió a besar rápidamente. Venía gente, pero mi mayor envergadura la tapaba.

Me dices unas cosas que me vuelves loca, lo mismo que me ponen tus besos. No viene nadie, dame un beso, cariño.

Ya le habíamos cogido el gusto a los besos de lengua y así tenían que ser: lenguas enlazadas como serpientes, que preparaban a los amantes para el acto final, el gran acontecimiento, la unión de hombre y mujer, la fusión de dos cuerpos que se humedecen mutuamente.

¿Cuando volveré a verte?.

Llámame el jueves, mi hija los jueves trabaja por la mañana, hasta las tres. Tendremos tiempo para estar juntos. Llámame todos los días. Para que sepas que soy yo, siempre diré dos veces diga. ¿Vale?.

Ahora me voy. Dame un beso pequeñito que viene mucha gente.

Adios, amor mío.

Adios Juancho, cariño mío, te quiero. No dejes de llamarme.

Nos besamos brevemente, pero juntando nuestras lenguas.

Nos separamos. ¡Qué ha tiempo lo hice. Vi a mi mujer doblar la esquina del supermercado. Salí a su encuentro. Me pasé toda la tarde deseando llamar a Ana María, aunque sólo fuese para decirla que me había hecho muy feliz, pero mi mujer no se puso a ver la tele, sólo estuvo leyendo el periódico, unos de sus ritos diarios. Se me ocurrió súbitamente: decir que me había dejado las gafas en el coche. Bajé al garaje y marqué el número de Ana María.

Diga, diga.

Hola, cariño, soy Juancho, te llamo desde el garaje.

¡Qué alegría, cielo mío!. Podemos hablar muy poquito, mi hija está en el baño. Sabía que me ibas a llamar. No he dejado de pensar en ti. ¿Piensas tu en mi?. ¿piensas en nuestros besos?.

Como no la tenía delante, me atreví a decir:

Continuamente, no hago más que desear comerte a besos. Toda
entera.

¡Bueno, ya estaba dicho!, oigamos lo que tenga que decir.

Eres muy malo, malísimo, ¿has dicho toda entera?.

Si, cariño.

Pero, amor mío, ¿tu sabes lo que eso significa?.

Claro.

Toda entera quiere decir sin dejar ni un trocito. ¿Te das cuenta de lo que has dicho, de lo qué significa?.

Si. Perdona, no quería ofenderte.

No me ofendes, amor mío, to-do………lo…….con-tra-rio. ¿Comprendes lo que te digo?.

¿Quieres decir que te gusta pensar que te bese toda entera, te coma toda entera?.

Si, lo pienso, lo deseo y te recordaré que lo has prometido.

¿Y tu?.

Esto siempre es cosa…..de ……dos. Somos dos locos,¿verdad’.

Dos enamorados, cielo mío.

Si, amor mío. ¿Lo deseas mucho, pero mucho, mucho?.

Con toda mi alma, con todo mi corazón y todo mi cuerpo.

Igual que yo, amor mío, cariño mío. ¿Podrás esperar?.

Me costará un gran esfuerzo.

Pues entonces………ven el lunes, a las once y media.

¿Y tu hija?

Hace un rato me ha dicho que tiene que ir a cubrir a una compañera que debe ir a……Burgos, creo. Así que…….Oigo la cadena del water, va a salir. Hasta el lunes, amor mío, piensa en mi. Yo me dormiré pensando en ti. Estoy oyendo la ducha. Podemos seguir hablando. ¿Pensarás en mi?. ¡Qué tonta soy, tu tienes a tu lado a una mujer, no pensarás en mi!.

Si, pensaré. Y te lo digo porque quiero que nos hablemos siempre sinceramente: a mi mujer, desde hace varios años, no le interesan el……..amor.

¿Es verdad o me engañas?.

Te lo juro. Somos dos buenos amigos que viven juntos.

Me hace feliz saberlo.¿Entonces tu vas a ser sólo mío?. ¡No me engañes, amor mío!.

Es la pura verdad, vida mía, sólo tuyo. ¿Y tu?.

Sólo de ti, amor de mi vida, que te quiero mucho.

¿Y tu marido?.

Hace seis años que se fue con viento fresco. Pero no se ha divorciado. Como no tenemos noticias suyas, hemos presentado en el juzgado la petición de fallecimiento. Ya sabes, para poder vender las dos casa y otras cosillas. Ya ha parado la ducha. Pasado mañana te espero, amor mío, vida mía. Te quiero.Vivo en la calle tal , nº tal. ¿Sabes dónde es?.

Claro, en la calle de la parroquia. Te envío un beso muy fuerte.

¿Hacia dónde lo dirijo?.

A donde quieras.

Pues como has dicho……toda entera……pues ahí, donde estás pensando.

¿Como lo llamas tu?

Prefiero que lo digas tu.

¿Chochito?.

¡Ay!, si, amor mío. ¡Somos muy descarados!, dos sinvergonzones.

No, mi vida, estábamos faltos de amor y nos hemos encontrado.

Creo que nos vamos a alegrar los tres.

¿Cómo tres?, a quién…….

Verás, mi amor, creo que debo explicarte algo que me preocupa de mi pobre hija. Mariana, mi hija, y su marido, sufrieron un accidente gravisimo con el coche. El murió y mi hija….quedó….deforme, con la espalda, la columna……arqueada, ya sabes……

Con chepa. Una palabra asquerosa.

Si, cariño, ya lo sé, pero, como se trata de mi hija, pues………Me da apuro…..decírtelo.

Debes tenerme confianza, dímelo.

Bien……..Desde entonces, esa…….espalda, su deformidad, han alejado a los hombres. Mi hija es muy…..cariñosa……muy…temperamental, mucho más que yo y……..¡no sé cómo decirlo, Juancho!.

Necesita, como cualquier persona, mantener relaciones sexuales, calmar sus deseos. desahogarse con cierta frecuencia. ¿Y por qué no lo hace?.

Porque no puede, porque ningún hombre busca eso en ella. Mira, Juancho, ni a tomar un café la invita algún compañero.

¿Tiene problemas en el trabajo?.

No, ninguno, es funcionaria, de muy buena categoría. Lo que la amarga, lo que la desespera es que…….el accidente, aunque no muriese, la mató, la………no sé. Tengo miedo de que cometa algún disparate.

Destruyó todas sus expectativas. Vamos, que vive sin esperanza alguna.

Así es, Juancho.

Veamos, Ana María, tu…..¿para qué me cuentas todo esto?, porque seguro que hay una razón y es hora de que me la digas. Lo primero, ¿ya no te preocupa que te oiga tu hija……Mariana, ¿no?.

Sí. Mi hija está frente a mí, ha oído nuestra conversación por el supletorio. Ella es la que me ha dicho que te cuente todo……lo suyo.

Todo eso está muy bien, pero ahora toca que te sinceres conmigo. Adelante.

Pues…..¡me da vergüenza!…….No sé si voy a poder…..

Debes. A lo mejor…….¿quién sabe?…..a lo mejor yo tengo la solución a ese problema, que es muy grave para cualquier persona, sobre todo si es joven y sana.

Mi hija está sanísima y es muy guapa, preciosa y tiene un cuerpo……¡perfecto!. Bueno, salvo ese…….inconveniente que te he dicho.

Puntualicemos. ¿Tu crees que yo le podré gustar a Mariana?

Sí, le gustas. Nos vió besándonos en el parque y luego me dijo que ojalá la hubieses besado a ella.

Pues mira, la puedes decir que a mí no me preocupa en absoluto lo de su espalda. Y puedes añadir que he tenido relaciones con varias mujeres que sufrían ese…..ese problema. Díselo, por favor.

No es necesario, está oyéndote por el supletorio.

Ya. Bien, pues entonces quiero decirte, Mariana, que estoy deseando conocerte y darte un beso, muchos besos. Si tu quieres, claro.

Sí, Juancho, sí, mil veces sí. Me gustaría verte ahora mismo, ¿es posible?.

No, ya has oido que estoy casado y también que, aunque a mi mujer no le interesa ya el sexo, me merece todo el respeto del mundo y no deseo que sepa que……….tengo una……novia. O dos.

Dos, Juancho, dos. Yo soy la que te ha conocido y no voy a renunciar a tí.

Está bien, mamá. Si se enterasen los vecinos dirían que somos dos personas un tanto raras, ¿no?.

Quizás, hija, pero eso no varía mis sentimientos.¿Los tuyos han cambiado, Juancho?

En absoluto. Cada vez tengo más deseos de……..de las dos. Voy a colgar. Nos vemos mañana a las once y media.

El lunes, a las once en punto estaba caminando hacia su casa. A las once y diez estaba para llamar al portero automático. Una mujer de cuarenta años, guapísima, con unas piernas de escándalo y un cuerpazo de primera, me franqueó la puerta. Iba elegante, con el abrigo plegado y echado sobre un hombro.

Iba a salir y te he reconocido. Te vi el sábado con mi madre.

¡Claro!, si eres igualita. Más joven y más guapa.

Acercó la cara para darme un beso. Yo, como siempre hacía con las mujeres que me gustaban procuré juntar ambas comisuras. No hubo resistencia por su parte. Y no fue rápido, mas bien lento.El acostumbrado segundo beso tuvo mucha más entidad: se centraron las comisuras y poco a poco, recreándonos, juntamos los labios plenamente y rozamos levemente las lenguas. ¡Joder!, ¿pero que estaba pasando?. ¿Les gustaba a la madre y a la hija?.Mis pensamientos se cortaron, me olvidé de todo y disfruté de ese inesperado beso, ¡un señor beso! Se oyeron pasos por la escalera. Nos separamos jadeantes, mirándonos a los ojos. En los de ella y en los míos, había deseo de más, mucho más, muchísimo más. ¡Qué bárbaro, qué mujer tan guapa y con que ganas me había besado!. Y yo a ella, claro está. Intercambió saludos con los vecinos y ladeamos el cuerpo para dejarles salir. Y ahí, ¡justo!, es cuando vi su defecto físico: la columna vertebral arqueada, tenía chepa, como vulgarmente se dice. Tengo muchos años y mucha experiencia. Y una profesión que me había hecho conocer a toda clase de gentes. Había entrevistado ampliamente a personas que hacían de sus deformidades físicas un medio de vida. Incluso llegué a tener relaciones con una enana. Me estuve metiendo en su cama, en el carro de las tres enanas de un circo ambulante, los dos meses que permaneció en la ciudad. Y disfruté mucho, mucho. Aquella pequeña era una fiera jodiendo, una cosa tremenda. Pequeña de cuerpo y coño,pero grande a la hora de recibir a un hombre.Todavía recuerdo cómo se abría de piernas, doblando las rodillas y levantándolas, mientras decía con voz ronca, aguardentosa (era viciosa del anis del mono): La tienes muy grande para mi coño, Juancho, pero me gusta que me lo abras de par en par con ese pedazo de polla que tanto gusto me da.¡Lo que me hizo disfrutar esa hembra de poca estatura!. Cuando era un muchacho de quince años, con las hormonas que se me salían del cuerpo, una costurera que venía a casa de mis padres, me llevó al huerto durante un par de años. ¡Y tan feliz!.Tenía una gran chepa. No me importó nunca, ¡era tan hembra!, ¡jodía con tantas ganas!. No fue la única vez que me metí en la cama con mujeres que tenían chepa. ¿Los humanos no jodíamos cara a cara?, ¿nuestros órganos sexuales no estaban enfrentados?…….Pues entonces, ¿cuál era el problema que una chepa podía producir?. Para mí, ninguno. Como consecuencia de este entrenamiento mi expresión no cambió, la seguí mirando con deseo de comerme otra vez su boca. Sonrió…….. ¿esperanzada?, ¿ilusionada?……¿Era como si se confirmase lo previamente tratado?. Esta madre y esta hija…..¡eran muy peculiares!.

¿No te importa lo que has visto?.

Aparte de tu belleza, por la que me puedo volver loco, no he visto nada que me preocupe, que, para mí, tenga importancia. Me gustas. Y estoy deseando repetir ese beso tan riquísimo.

Entonces, ¿quieres subir conmigo?.

Estoy deseándolo, preciosa mía.

Suspiró profundamente y, ante la puerta del ascensor, me echó los brazos al cuello y su boca buscó la mía. Fue un beso de bocas muy abiertas, de lenguas despiertas, lamedoras de cada boca. ¡Qué beso tan cachondo!. Mis brazos ciñeron con fuerza sus cintura, luego descendieron hasta sus muslos y subieron la falda. Me retiré un poco para verla. ¡Estaba tremenda, que muslazos, que entrepierna tan ….tan….¡enloquecedora!….. Presté atención. No bajaba nadie. Me arrodillé ante aquella diosa de la belleza y del deseo y echando hacia un lado sus bragas, metí la lengua en su velludo coño. Sin olor, sin sabor, ¡qué rico!. Lo lamí con loco deseo. ¡Joder, parecía un chaval y no un maduro de cincuenta y muchos!…..Pero es que…….¡Jo, joder, joder, tías como aquella, qué poquitas había disfrutado!. Ella, entregada a mí, había abierto sus piernas de par en par. Estábamos en ese disfrute tan descomunal, cuando oímos bajar el ascensor. Tomándome por la cabeza delicadamente, me hizo levantar, buscó mi boca y su lengua entró toda, lamiendo ansiosa. La que bajaba en el ascensor era Ana María, la madre de Mariana. Nos miró detenidamente y leyó en nuestra expresión.

Os lo noto, os habeis besado, ¿a que sí?.

Jadeante, casi sin voz, respondió:

Si, mamá, si. Ha sido maravilloso. Le gusto, no le importa mi….cosa

Me alegro. ¿Te gusta mi hija?. Ya te dije que era muy bonita. ¿No hay un beso para mí?.

Aproximó su cara en busca de un beso. Lo deseaba apasionado porque sus labios estaban muy separados y la lengua asomaba entre ellos. La abracé y nos besamos y lengüeteamos con más ardor que en nuestro primer encuentro. La hija nos separó.

¿No tendrás celos, cariño?. Le conocí primero, ¿recuerdas?. Subamos.

Dentro de la casa, me condujeron a una habitación con cama de matrimonio.

Me voy a lavar, Juancho. Me quiero lavar muy bien para tí. Otra vez, ¿sabes?,

Si, Mariana, cariño. Ana María, debes explicarme algo más de todo esto.

¿Recuerdas que el sábado te hablé de lo guapa, de lo preciosa que es mi hija?. ¿Recuerdas que ayer, cuando me dijiste que me ibas a comer el chochito, te dije que los tres íbamos a ser muy felices?. Mi hija nos vió besarnos. Cuando me lo dijo se echó a llorar amargamente. Después del accidente de coche, la espalda comenzó a deformarse, los médicos no pudieron evitarlo. Fue un accidente muy malo. Bueno, pues esa deformidad, la chepa, ha alejado siempre a los hombres. Y Mariana,¡pobre mía!, tiene sentimientos y deseos muy fuertes. En eso también se parece a mí, sólo que en ella es más fuerte por ser más joven. Lleva siete años sin saber lo que es un hombre y es …..muy apasionada, más que yo. Nos oyó hablar por el teléfono supletorio, se lo había metido en el baño y se puso muy nerviosa cuando me dijiste que me ibas a comer el chochito. Salió del baño llorando como una Magdalena, desesperada, diciendo que así no quería seguir viviendo……En fin, que se me ocurrió este plan, le pareció bien. Su compañera la llamó para decirla que no viajaba a Burgos y……Hoy te hemos visto venir y como Mariana me dijo que le pareciste atractivo, la empujé a bajar, advirtiéndola que eras muy golferas y a las mujeres las besabas en la comisura de los labios. Bueno, todo ha salido como yo pensaba.

Mariana salió del baño. Estaba bellísima, para enloquecer a cualquiera: su cuerpo, visto de frente, rozaba la perfección. ¡Qué muslazos, qué bonitos con las medias y el liguero, qué tetas tan para chupar con lujuria. Las bragas, negras, con muchos bordados, anticipaban que su coño tenía mucho vello. Se giró para que viese su abultada chepa. Y me miró, buscando en el fondo de mis ojos, la repuganancia que despertaba. ¡Que tontería!, si yo estaba acostumbrado a joder mujeres con chepa. Tenían un condicionamiento: ponerse encima para no hacerlas daño en la espalda. El peso de un hombre………puede hacerlas daño. Bueno, les voy a confesar algo: con dos de ellas y con la pequeña (odio la palabra enana), llegué a hacer unos sesenta y nueve de…….¡jo, qué buenos, que sabrosos!. ¡Y qué limpísimas las tres!, jamás capté olores o sabores desagradables para mí, que soy muy especial para esas cosas. Vi en la mirada de Mariana el temor a lo ya sabido, el rechazo que su chepa producía. Comprendí y calmé su inquietud lanzándola un beso dirigido a sus bragas. Suspiró aliviada.

Eres preciosa, Mariana, me gustas con locura. Estoy deseando volver a comerme tu tesoro.

La madre, quiso dejar bien sentado que, sin celos, podíamos arreglar la situación.

Yo fui la primera, hija, eso me da algún derecho, ¿no?.

Muy de vez en cuando, mamá, porque Juancho no es un chaval. Yo también tendré mucho tiento, porque esa forma de lamerme el coño…….¡Me has vuelto loca, cariño mío.

Pero, ¿como?, ¿ahí?, ¿a pie de ascensor, la has…….la has ……

Me ha comido, mamá, me lo ha comido. Me lo ha hecho de locura, yo ya no creí volver a……..volver a sentir…..¡Se me doblaban las piernas de gusto!.

Entonces, hija……….

Estoy loca porque nos lo hagamos. Los dos. ¿Vamos a la cama, cariño?.

Vamos, tesoro, que nos vamos a hacer un sesenta y nueve de locura.

¡Ay!, fue una locura. Mariana, puesta de lado, comenzó a lamerme la polla con una suavidad asombrosa, la lengua parecía………¡sí, parecía lamer un helado de cucurucho!. ¡Qué ganas ponía!, sobre todo cuando sintió mi lengua lamiendo las paredes de sus labios vaginales. Me supieron a gloria y, tras varios minutos de lamer con fruición, hundí la lengua en su gran agujero. ¡Se estremeció y comenzó a humedecerse más, mucho más!. Se tragó toda mi polla. Se la sacaba deprisa y se la metía muy, muy despacio, moviendo los labios como los peces mueven la boca.¡Me tamblaban las piernas! y sentí que la leche pugnaba por salir al exterior. Aguanté como buenamente pude y la pedí que me cabalgase. Lo hizo y ¡cómo lo hizo!, metiéndose la polla poco a poco, disfrutando de cada centímetro que introducía. A la vez, su coño se movía en círculos y lateralmente, con lo que me dejaba sin vista, ciego por las mil sensaciones que su empapado coño me producía, que no paró hasta meterse toda la polla en ese horno de mil delicias que tienen las mujeres entre sus muslos. Lanzó un grito lleno de emoción:

¡Me corro, me voy, me corro!…….¡no te resisto!…..te voy a inundar, mi vida!…..¡Me voy!…..

¡Bueno!, ¡vaya si se corrió!…….¡me empapó la polla y los genitales, los huevos!…. Esta chica era una fuente, un caño sin fin, una máquina de empapar. Yo, que estaba encendido desde el ascensor, y también por el cuerpazo en el que tenía metida la polla, no me pude contener y me derramé en sus entrañas.

¡Si, cariño, tu leche, toda, toda…..!

Toma, Mariana es tuya, te la doy!.

Permaneció unos minutos quieta, encima de mí, sintiendo como se desinflaba poco a poco la polla que había regado sus entrañas. Entretanto, Ana María se había situado al pie de la cama y se subió las faldas. Me enseñó las bragas y me lanzó besos y se relamió los labios. Su hija no podía verla y aprovechó que yo respondí a sus besos, para quitarse las bragas. Tenía mucho pelo, un chocho bonito, que no iba a dudar en lamer y joder con muchas ganas. Me lanzó un par de besos, volvió a relamerse los labios y dejó caer la falda. Salió de la habitación. Después de ducharnos, salimos al salón. Ana María estaba seria.

¿Te ocurre algo, mamá?.

Nada, hija, estoy contenta de que al fin…….Pero yo también tengo mi corazoncito y……..¡caramba, hija, que gritos, qué jadeos, que barbaridad!…….Me habeis puesto muy nerviosa, muy nerviosa…….No te enfades, hija, que ya sabes que yo por tí hago lo que sea, pero es que este hombre me ha besado tanto el sábado, que tengo ganas de estar con él en la cama. Ya sé que no hay que agotarle, pero estar un ratito……sólo un ratito.

No, mamaíta, si yo no me opongo. Tu, Juancho, ¿tienes ganas de …..más ….

Sí…….., un rato en la cama con mi adorada Ana María siempre será una delicia.
Conste, Mariana queridísima que….

Dímelo otra vez.

¿El qué, cariño?.

Eso de queridísima.

Ven aquí, queridísima, amor mío.

¡Ay!, mi vida, ¡cuénto te quiero!. Lávate otra vez, mamá. Por si acaso……, que Juancho es muy especial para olores y sabores, ¿sabes?.

Espérame en la cama, Juancho.

Cuando entró en el baño, Mariana se vino hacia mí y me chupó la polla con ese especial sentimiento de la que ya no creía volver a disfrutar con un hombre. Sabía transmitirme ese sentimiento, me volvía loco. ¡Qué pedazo mujer!, qué guapísima, qué belleza!. Bueno ya sé que para muchos soy un tipo raro, pero es que……yo no veía la chepa, sólo lo guapa que era y lo mucho que me gustaba. Dejó de lamerme cuando escuchó el desagüe del bidé. Se levantó y salió al salón. Ana María me habló desde el baño.

Juancho, amor mío, ven que te lave.

Cuando me tuvo a su lado, me acarició la polla con delicadeza, con un cariño infinito. Me lavó profusamente y, para completar tanto toqueteo, se sentó en el taburete y comenzó a lamerme.

Espera, Ana Mary, espera. Quiero que nos comamos los dos a la vez.

¿Te ha gustado cómo te he comido?.

Mucho. Vamos a la cama, que estoy deseando lamerte el chochito.

¡Sí, amor mío, qué rico!.

En la puerta del baño, esperando para lavarse, estaba Mariana. Al pasar junto a ella me acarició la polla y me besó brevemente en la boca. Respondí con entusiasmo y el beso se prolongó más de lo esperado. Ana María se volvió.

Mira, hija, ahora nos toca a Juancho y a mí, así que quédate en el salón y deja que nos comamos a gusto. Ven a la cama, Juancho, amor mío.

Mas que acostarnos….¡nos tiramos en la cama!. Lo hicimos en posición invertida, en sesenta y nueve. Comenzamos a chuparnos, a lamernos………¡Qué barbaridad!, no sé cual de las dos daba más gusto. La madre y la hija eran……¡dos fieras!.

Gracias por llerlo y publicarlo.
JUANCHO.