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Sorpresa Lésbica en el apartamento

Martes, octubre 4th, 2011

Mi nombre es Carmen.  Mi relato lésbico inicia en la época que compartía un apartamento con una amiga de clases en la Universidad llamada: Erika.

La dueña de lugar era una mujer llamada Paola, a quien dicho sea de paso, le encantaba usar minifalda, vestir camisetas delgadas y escotadas y calzar tacones altos. Ella, en sí, era un monumento de sensualidad.

Erika y yo, compartiendo aquel apartamento, teníamos que coordinarnos para dividir el lugar con nuestros cuartos accesibles, faenas domésticas y otros deberes.

Si bien parte de mi tiempo lo dedicaba a mis tareas, Erika en cambio se dedicaba más a relajarse y escuchar su música favorita.

Por su fuera poco, Paola siempre aparecía para charlar con Erika en el momento menos oportuno, por lo que en ocasiones me veía obligada a interrumpir mis quehaceres. A mí me desagradaba la idea, pues quería un poco más de privacidad en mi ámbito, pero como aquella tía era la dueña del alquiler tenía que soportar sus interrupciones cotidianas.

Apenas entraba Paola, se tomaba de la mano con Erika para entrar a solas a la alcoba de esta. Sospechosamente se encerraban hasta salir un par de horas más tarde, mientras yo, por mi lado, me entretenía leyendo un libro o viendo la televisión. Tantas fueron las ocasiones de su aislamiento que con prontitud la curiosidad comenzó a devorarme y preguntarme que tanto hacían las dos en la recámara.

Un día casualmente llegué entrada la noche, abrí la puerta y me dirigí hasta mi cuarto buscando reposar en mi cama después de la jornada del día. Al dar los primeros pasos escuché un ruido que me alertó de sobremanera. Se trataba de un par de risas que provenían del cuarto de mi amiga. Motivada por la curiosidad caminé hasta su puerta y pensé en llamar alertándome de la presencia de Erika y no de alguna otra persona, más un par de nuevas carcajadas me alarmaron de nuevo y pronto, en lugar de llamar, me dediqué a escuchar cautelosa para cerciorarme.

Parecía que tenían una fiesta privada al otro lado. Caí en la cuenta que la puerta no estaba del todo cerrada pues la luz del interior asomaba por el resquicio.

La curiosidad resultó ser tan grande en mi interior que acabé por empujar lentamente la portezuela para intentar descubrir la treta de aquellas risas asomando mis ojos de forma discreta.

La  sorpresa que me llevé al instante fue tan grande que terminó por pararme la respiración.

Asomada desde la rendija descubrí a ambas chicas, Erika y Paola, completamente desnudas, una encima de la otra, arrojadas sobre la cama lamiéndose una a otra sus vulvas en un acto puramente lésbico.

Atónita por la contemplación de la inesperada escena entre las dos mujeres, inmediatamente llevé una de mis manos hasta mi pecho y luego, con celeridad, hasta mi boca, sin poder salir del completo asombro.

Estupefacta, avisté que ambas, al fondo de la habitación, disfrutaban de forma irrebatible el momento con el jugueteo de sus lenguas sobre sus coños.

—¡Ughh! ¡Mmmhhh! ¡Vámos Erika! ¡Ahhh!… — repetía Paola abrumadoramente, lo que desencadenó un desfile de gemidos entre las dos.

Petrificada no supe que hacer. Mis ojos estaban puestos en sus cuerpos. Contemplando el gozo de ambas, no pude retirar la vista del deleitable momento que padecían, y sin saber exactamente las razones, y sin apartar la vista, llevé inconcientemente mis dedos a uno de mis pezones, tocándolo delicadamente como respuesta al espectáculo orgásmico de las mujeres.

En verdad noté que disfrutaban de su momento entre sollozos de placer.

Las sorpresas no terminaron para mi vista. Luego, al revolcarse las dos en la cama, pude ver a Paola coger un vibrador desde algún remoto lugar de la cama e insertárselo por la vagina de mi amiga. Erika, dócil, con las piernas abiertas, se dejó guiar por Paola, quien le introdujo el falo a través de su vulva, lo que le obligó a sollozar al recibir el vibrador en su entraña, al mismo tiempo que manoseaba sus senos y Paola se hincaba más para introducirle el falo con mayor entusiasmo.

Aquella última acción me llevó a tocar con mis dedos mi entrepierna para acariciarme con suavidad el chocho.

El acto de lucidez me vino a la mente, recuperé la cordura y lentamente me alejé de la puerta.

Rápido me retiré directo a mi cuarto.

Apagué las luces y me lancé sobre la cama queriendo olvidar por medio del sueño aquella escena entre las dos mujeres.

Sin embargo la almohada no fue reconfortante.

No lograba olvidar las imágenes de ellas fornicando de forma estremecedora, especialmente el momento cuando Erika recibía el vibrador en su entrepierna.

Lentamente bajé mi ropa interior y comencé a masturbarme a solas hasta entrada la noche pensando en el disfrute de ambas.

Al siguiente día desperté y me dirigí a darme un baño para ir al trabajo olvidándome momentáneamente del asunto.

El día fue ajetreado. Regresé hasta el anochecer.

Al entrar al apartamento encontré las luces apagadas y comprendí que Erika no estaba.

Decidí darme otra ducha antes de acostarme. Al terminar de bañarme me quedé un rato desnuda con la toalla encima.

El lugar seguía desolado y aprovechando la situación de calma, me senté a ver la televisión por un momento. Al recostarme en el sofá sentí de inmediato algo entre los cojines que apuntalaba mi trasero. Introduje mi mano y descubrí un vibrador de color plateado tirado por alguna razón en el mueble.

Hice memoria y supe que era el mismo vibrador que habían usado Erika y Paola en su candente momento la noche anterior.

Quise hacerlo a un lado mas la idea de usarlo me invadió.

Tenía cierto pavor, mas tomé en cuenta todas las posibilidades. Me encontraba sola, desnuda, con las imágenes de las dos mujeres follándose entre sí todavía en mi mente.

Decidí entonces divertirme un rato con el falo entre mis manos.

“Supongo que Erika y Paola no se darán cuenta” me dije.

Me levanté, apagué el televisor y me despojé de la toalla lanzándola por otro lado.

Desnuda me senté en el sofá y abriendo mis piernas comencé a introducirme el vibrador por la vulva.

—¡Ummhhh! —  dije al sentir las vibraciones en mi vagina.

Con lentitud me incliné todavía más, abriendo mis piernas y llevando las rodillas casi hasta mis hombros, sacando e introduciendo a través de mi vulva el vibrador de forma lenta y rítmica.

— ¡Ummhhh!… — gemía con cada segundo mientras la sensación del dildo me hacía entrar en éxtasis.

En un par de minutos toda mi vulva estaba húmeda. La sensación de meter y sacar el vibrador me encantaba haciéndome sentir maravillosos estímulos en mi entrepierna.

—¡Ahhh!  ¡Se siente bien!…— susurraba a mí misma en medio de aquel juego placentero.

En el jaleo de mi coño regresaron a mi mente Erika y Paola masturbándose, tal y como las había pillado de escondidas, lo que me hizo excitarme todavía más al pensar en ellas, quedando abstraída de todo lo acontecido a mi alrededor.

Acariciaba mis senos y mis muslos en aquel instante placentero hasta que me llevé la sorpresa de mi vida.

Inesperadamente, en medio de mi juego, la puerta del apartamento se abrió.

Súbitamente me llené de pánico por la sorpresa.

Se trataba de Erika y Paola quienes entraban de improvisto mientras me masturbaba en medio de la sala.

No voy a mentir al decir que quedé congelada y llena de vergüenza por aquel instante insospechado.

Por un lado no podía soltar aquel falo metido en mi vagina pues estaba atada a él en un punto satisfactorio, por otro, aterrada por mi completa desnudez apenas pude señalar mi toalla fuera del alcance de mis manos.

Inevitable las mujeres ingresaron y al dar los primeros pasos en la sala quedaron por unos instantes paralizadas al descubrirme desnuda y tirada sobre el sofá con el dildo introducido en mi coño y con las piernas abiertas.

Tan nerviosa me puse que la vergüenza me dominó por completo sin poder reaccionar.

Para mayor sorpresa ellas rieron.

En un principio no le vi gracioso pues lo embarazoso del momento me embargaba.

Lentamente logré recuperarme y deponiendo el vibrador a un costado me encogí sin deshacerme de la vergüenza en mi interior.

Ellas entonces se acercaron a mí tomando asiento cada una a mi lado.

Tímida, sin saber que hacer y dominada aún por la vergüenza,  cerré mis piernas y  cubrí con mis manos mis senos y mi vulva mientras ellas me observaban de pies a cabeza.

Luego alargaron sus manos sobre mi cuerpo y empezaron a acariciarme con suavidad.

Erika acercó su rostro al mío mientras que Paola tomó el falo.

Yo tenía la vista puesta hacia el piso en aquel instante pudoroso permitiendo inocentemente que ellas me acariciaran.

—¿Qué pasa, Carmen? — preguntó Erika —no sabíamos que te gustaba masturbarte a solas…—.

—Es que yo…— mencioné titubeando llena de retraimiento.

—Parece que alguein descubrió nuestro olvidado vibrador… Más no importa…— aseguró Paola dirigiendo sus dedos hasta mi entrepierna haciendo a un lado mi mano.

— ¿Quieres que juguemos juntas?— preguntó maliciosamente, mirándome a mí y luego a Erika, a lo que esta última respondió alzando las cejas: —pues déjanos enseñarte, preciosa…—.

Inmediatamente mi amiga adelantó su rostro al mío, tomando con una de sus manos mi mentón y dándome inesperadamente un beso apasionado.

De repente quise huir, más sus labios se sentían tan suaves y relajantes que quedé petrificada.

Las manos de Erika me rodearon luego dándome suaves masajes.

Erika se retiró dando paso a la boca de Paola quien me besó de igual manera que mi compañera.

Las dos entonces me condujeron a recostarme de largo sobre el sofá y abriéndome las piernas Paola acercó su boca hasta mi vulva para chuparla.

Desde el momento en que puso su lengua en mi entrepierna comenzó a lamer mi clítoris y los labios vulvares de forma reconfortante.

Emití un leve quejido y pronto entré en un éxtasis que no puedo describir más que como una formidable sensación. Erika se acercó a mí para besarme al mismo tiempo que acariciaba mis pechos, de tal forma que una lamía mi coño y la otra rozaba mis labios.

Pasó un minuto y luego las dos se incorporaron para desnudarse frente a mis ojos.

Al estar por entero desnudas nuevamente se acercaron hacia mí.

—Bien, Carmen— destacó Paola habiendo cogido el vibrador en sus manos y alzándolo con fuerza —hoy serás nuestra…—.

Ella se adelantó para abrirme con delicadeza mis piernas y lograr meterme el vibrador.

—¡Ummmm! — gemí con mis jugos saliendo de mi vulva de manera acelerada.

Por un lado trataba de impedir discretamente aquel atrevimiento conciliador de Paola con débiles movimientos de mis manos, pero Erika se había aproximado para sujetarme y besarme.

—Siempre quise decirte que me gustabas, preciosa…— me dijo aprisionándome con sus labios, cosa que no pude más que dejarme llevar.

Pronto, al sentir el aparato cavando mi vulva por Paola, Erika tomó una de mis manos guiándola hasta su concha y obligándome a introducir mis dedos en su vagina humedecida.

Al instante que palpaba el coño de mi amiga, haciendo que le introdujera mis dedos, su maravillosa lengua jugaba en mi  boca descaradamente.

Paola retiró el vibrador y entró al sofá.

—Vamos…— agregó hacia Erika —ahora deja un poco para mí— e inmediatamente la besó.

Yo, estupefacta, comencé a observarlas y a acariciar mi vulva hipnotizada en un frenesí lésbico.

—Es mi turno— señalo Erika.

Me levantaron del sofá y mi amiga tomó asiento abriendo las piernas. Paola me sostenía por los brazos y me obligó con delicadeza a arrodillarme frente a Erika.

—¡Chúpala! — dijo ésta mientras Paola me empujó discretamente hasta encarar el coño de mi amiga. Apenas había lanzado mi lengua a la entrepierna de Erika cuando ésta me sujetó sutilmente de la nuca para acercarme a su gatito todavía más. Con lentitud empecé a chuparle la concha. Debo admitir que sentía delicioso absorber de su entrepierna y pronto la hice gemir de placer.

—¡Ummm!¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Carmen… Eres maravillosa!… —.

Yo ya no podía pensar y solo me dedicaba a lamerle su coño delicioso.

Más las sorpresas estaban a disposición.

Paola cogió  mis nalgas hasta el filo del mueble. Sujetó todo mi culo y de improvisto acercó su lengua para comenzar a chupar de mi coño al mismo tiempo que acariciaba mis glúteos, de tal forma que así como yo chupaba el coño de Erika pronto elevaba mi culo para que Paola succionara de mi vulva.

Erika clamó , socavada por el placer, por Paola.

—¡Paola… Ven! —.

Paola abordó el sofá abriendo las piernas. Erika acercó su rostro a su coño para acariciarlo con su boca y así, juntas las tres formamos un círculo donde chupábamos a consideración nuestros coños.

Los gemidos comenzaron a dejarse escuchar en la habitación.

—¡Ahh! ¡Mhmmm! —.

—¡Erika…! ¡Sigue…! ¡No te detengas mi amor!… —

—¡Sí!… ¡Mmmm! ¡Mhmmm! ¡Ayyy!… ¡Ay!… —.

—¡Me vengo… Me vengo…!—.

—¡Ahhh! ¡Vamos tú, mi linda zorra! — me dijo Erika al devorarle la vulva —¡no te detengas!… —.

Erika no esperó a que acabara.

Estuvimos así un par de minutos hasta que Paola me tomó desprevenida incorporándome, pues yo estaba tan excitada que, dócil como una gatita, permitía que ellas me cogieran e hicieran conmigo lo que quisieran.

Las dos me introdujeron en el sofá nuevamente. Yo me acosté y extendí mis piernas al aire.

Paola abrió las suyas y ambas nos entrelazamos hasta que nuestras vulvas se juntaron así como también fusionamos nuestros labios. La sensación era maravillosa. Me venía.

No estuve mucho tiempo así cuando Erika me cogió para hacerme lo mismo. Nuestras vulvas se juntaron irreversiblemente.

De esta manera Paola me tomó por detrás y en esa posición nos entrelazamos en medio de movimientos sensuales. Era increíble el sentir aquel par de tetas y vulvas sobre mí junto a la suavidad de sus miembros femeninos.

Ambas me habían llevado sin desenfreno a un lado lésbico en mi interior que desconocía.

Con prontitud acabamos juntas con nuestras vulvas húmedas en medio de las caricias placenteras.

En el frenesí recuerdo haber sonreído cuando me encontraba en medio de ellas mientras sus besos me hacían enloquecer.

Al final caímos rendidas, mordidas por el placer, con nuestras vulvas chorreando abundante.

Desperté por la mañana con Paola en mi espalda y aferrada a Erika por el frente.

Como era de esperarse desde aquel día formamos un trío lésbico.

¡Apenas imagino lo bien que nos llevamos juntas que mojo mis pantaletas…! ¡Y es que lo seguimos haciendo juntas!…

Con amor: lesbiana consumada.

Hasta la próxima.