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El diccionario de los recuerdos

En LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO (Novela Erótica), Mario Vargas Llosa dice: “La legalización y reconocimiento público del erotismo lo municipaliza, cancela y encanalla, volviéndolo pornografía, triste quehacer al que defino como erotismo para pobres de bolsillo y de espíritu. La pornografía es pasiva y colectivista, el erotismo creador e individual, aun cuando se ejercite de a dos o de a tres”.
Si algunos prefieren ser pasivos y colectivistas en vez de ser creadores e individuales, eso es cuestión de cada cual. En todo caso, la primera masturbación es -casi siempre- una actividad individual, íntima y creadora.

Acá, un fragmento de mi relato onanista “EL DICCIONARIO DE LOS RECUERDOS”, que empieza citando a Oscar Wilde: “La mejor manera de caer en una tentación es caer en ella “.

(…)

Fue en segundo de media, el año en que mi chistoso e inolvidable amigo Marín Medina –apodado «el Cabezón», por su prominente testa–, me preguntó solapadamente después de una anodina clase de Educación Sexual:
– Oye Duarte, ¿tú ya te jalas la tripa?
– ¿La tripa? No hables sonseras Cabezón –le respondí medio atontado. Yo no le entendí nada, creía imposible poder jalarme un órgano que estaba encerrado en las cavidades de mi cuerpo; me pareció una pregunta bastante idiota. «¿Me estará jugando una broma?», me pregunté sin encontrar respuesta.
–No te hagas el gil –me dijo el Cabezón, con una mirada severísima y bajando el tono de su voz–. ¿Alguna vez te has corrido la paja?
Allí recién me di cuenta que se refería a la masturbación. Yo, asustado y más confundido aún, le dije que no, que nunca en mi vida lo había hecho. Pero, de pronto, sentí un irreprimible hormigueo en toda la piel; me invadió una morbosa curiosidad por saber si él lo había hecho, y, casi inmediatamente, le pregunté (notoriamente aturdido):
– ¿Tú sí te has pajeado, Cabezón?
– ¡Claro, es rico! Se siente de puta madre –me respondió orgulloso, y empezó a sonreír pícaramente.
Yo le advertí que eso era malo y que de seguro él era el único de la clase (¡y tal vez del colegio!) que había llevado a cabo tan repudiable acto. El Cabezón me miró con infinito desdén. Me dijo que era un pobre cucufato y que no era digno de ser su amigo, luego me comparó con los más torpes e idiotas de la clase, entre ellos, el mejor exponente era mi lerdo compañero Joaquín Carrillo.
– ¡Me das asco, mierda! ¡Eres un idiota! –recuerdo que me decía muy convencido–. Hasta el imbécil del Carrillo se la corre todos los días.

Para leer todo el relato, visita mi bitácora personal:
http://orlandomazeyra.blogspot.com/2004/11/el-diccionario-de-los-recuerdos.html

Orlando Mazeyra Guillén

El baño

La puerta ladra su mala lubricación y junto al sonido de los pasos el cuchicheo extraño de las voces. Los mosaicos lucen una limpieza pocas veces creíble en estos lugares. La abundancia de papel higiénico y el cerrojo que calza con una precisión absoluta en la ranura, acusan un prestigio que desciende por el baño del restaurante hasta la atención impecable de los mozos. Dan ganas de quedarse una vida sacando e introduciendo el cañito de acero, al menos hasta que falsee o la presión sea tan fuerte que todo parezca volver a la normalidad. Los inodoros cargan encapuchados con sus respectivas tablas. Nechu con la pollera levantada y las rodillas tirando de la bombacha intenta hacer pis en posición de galope; sólo por costumbre y no porque el sitio realmente lo merezca. Cae el primer goteo y se interrumpe con la entrada blanda de las dos mujeres. Intuye que no hay una sola por el ruido desparejo del calzado pero tampoco está segura de que sean un par. Palanquea desde la vejiga siendo inútil el esfuerzo por terminar de mear. Se empareja fastidiosa la ropa, abre con placer la manija del compartimento y escucha un gemido que rebota como eco y vuelve a instalarse en otro más aflautado cerca de las canillas. Cierra con urbanidad la puerta y en lo que dura el asombro procura descifrar los murmullos constantes que invaden la totalidad del baño. Se levanta nuevamente la pollera y se sienta sobre el brillo de la tabla. –Esto es ridículo – piensa – Salgo rápido y listo -. Antes de tomar el envión para huir una de las tantas palabras toma forma, y al instante la siguiente; son comestibles y llevan en la melosidad de los dientes las ganas apretadas desde hace mucho tiempo. Tan solo palabras desgarradas con la protección innata de no ser oídas ni por ellas mismas.

Nechu está a punto de toser adrede, carraspear con el disimulo falso de la inocencia sorda. No es mala opción tirar de la cadena o levantar la tabla; algo que ponga aviso y rompa con su cuadrado transformado involuntariamente en su pequeño escondite. No hace nada de esto, al contrario, apoya los pies, es decir, los tacos de los zapatos sobre el canto de la puerta y espera que ninguna de ellas localice su presencia. La gelatina de los besos ligada al salto ronroneado de vocales cambian por completo su estado de ánimo. Ahora nace la intriga de cómo son, sus caras, sus cuerpos, sus ropas. La palabra de una de ellas delata que no tiene más de treinta, la otra sostiene un descanso natural en la voz, no parece mayor en edad pero sí en experiencia. Unos labios finos y rectos inauguran en la imaginación de Nechu la figura desconocida. Un maquillaje desapercibido estiliza los rasgos cálidos de una cara vulgarmente bonita. No llega a crear su altura ni sus manos, por un instante piensa en espiar pero no duda en continuar inmóvil. Acaricia sus tetas grandes y firmes, la blusa libera dos botones y deja ver su corpiño crema que cubre parte de una aureola sensiblemente rosada. Se las mira como si no las conociera. Su mente es una madeja ciega que agudiza el resto de los sentidos para descubrir la imagen tapada. Una boca licúa el acorde a flujo bebido que trepa por el techo y queda prensado en uno de los focos que da de lleno sobre su cabeza. Una mano aferrada al inodoro, la otra corre la bombacha que parece un trapo de piso macerado por su jarabe vaginal. La succión a helado de agua derretido que produce la concha de una en la boca de la otra, se funde al sonido propio de los dedos que masturban el clítoris calvo de Nechu.

Ahora acomoda la cola hacia delante, los pies siguen calzados en la puerta mientras que el índice y el mayor juegan como tijeras sobre su antiguo espiral; se pajea de arriba hacia abajo y estaciona en cada puente de calentura para después acelerar la frotación en sentido contrario. Mete dos dedos hasta los nudillos y deja el anular rozando el culo que se dilata y se contrae junto a los gemidos que retumban en el baño. Entran y salen y se los pasa por las tetas. Se las chupa. La bombacha la pellizca entorpeciendo de a ratos el movimiento de sus dedos. Los vuelve a enjuagar en su concha y se pinta de flujo nuevamente las tetas. Se las chupa. Agarra la cartera y la mano gomosa le tiembla como si hubiese cargado una bolsa de cemento durante horas; saca un clásico desodorante a bolilla y apurada en fiebre empuja desalojando cada puerta de la concha, lo deja sellado y lo inclina mecánicamente hacia un costado y hacia otro. Lo saca y lo chupa. Se lo pasa por toda la cara… Por las tetas… Por el culo.

Lo vuelve a chupar. Lo pega al clítoris como si una pija la hiciera desear antes de penetrarla. Vuelve a introducirlo, lo mueve en círculo rallando con la tapa lisa todas las paredes de su concha. Lo hace suave… Despacio. Ahora más fuerte… Más rápido. Más despacio. Más fuerte. Más rápido. Más flujo. Más meo. Más fuerte. Más suave.

Más fuerte. Se mea. Se acaba. Más rápido. Más despacio. Más fuerte. Se acaba. Se mea. Se frena… Uno… Dos… Tres… Cuatro segundos. El cuerpo se sacude parejo como si el silencio obligado le flameará por todos los músculos. El líquido ácido corre por sus piernas que se desbordan en un chapoteo tibio; salpicando sus muslos, la tabla, el piso, la puerta. Saca el desodorante de la concha y tirita a dos veinte sin controlar la electricidad que deshecha su orgasmo. Las dos mujeres continúan jugando de saliva sin saber que han donado el catálogo de una masturbación. Nechu vuelve de a poco a tensar la piel, su marido espera por el vino sentado en una mesa. No puede salir, tendrá que aguantar la salida al pie de su charco. No es mala idea mojar los dedos y volver a empezar… Despacio… Despacio.

lapeceraetero@hotmail.com

El placer de la vista: Una ducha caliente

Autor: Alex

Email: d3m1p4r4t1@hotmail.com

Llegue a casa sobre las 8, con la mente aun nublada de las horas pasadas en el trabajo, entre tantas cifras y números, una termina pensando que se va a transformar en una maquina como el propio ordenador, pero ya daba igual estaba en casa y hasta mañana, el resto de la noche era mía. Agotada, necesitaba relajar mi cuerpo, disfrutar de mí y de mí tiempo. Tras dar un par de vueltas por al casa, cerveza recién sacada de la nevera en mano, decidí que lo mejor seria deshacerme en un largo y calido baño. Retire la sombra de ojos y el rimel mi clave mi propia mirada verdosa en el espejo. Si no fuese casi por obligación del trabajo, me gustaría poder disfrutar de mi cara y rostro limpio y sin pintar…

Lleve un par de toallas y alguna vela aromática al baño, y tras dejar las cosas preparadas cuidadosamente, me desnude para darme una ducha caliente, podía notar los nudos de mi espalda cada vez que me agachaba a colocar las cosas, estaba tensa y necesitaba relajar mis músculos. Salí una ultima vez para tirar la lata vacía de cerveza a la basura y regrese al cuarto de baño, cerré la puerta y mire agradecida el ambiente que acababa de crear en este pequeño santuario. Las velas desplegaban su perfume por toda la estancia, cerré los ojos y fui oliendo una a una sus fragancias para después sentir como se mezclaban entre ellas. El cuarto de baño donde estaba la bañera tiene una ventana que conduce a un patio interior. Recuerdo como en verano me quedaba horas dentro del agua sin volver a poner agua caliente, solo con la luz del Sol entrando por el cristal. Lastima que ahora sea invierno, pensé.
Vivo en una cuarta planta y encima de mi piso no tengo a nadie, pero si frente a el, y sinceramente al estar en el ultimo piso, nunca me había preocupado de que con ese Sol que me gustaba sentir en la bañera, entrasen otras cosas… Hasta hoy.

Me adentre en el cuarto de baño, abrí el grifo y lo deje correr. Mientras comencé a desnudarme, dejando los vaqueros tirados en el suelo para no pisar con los pies descalzos los fríos baldosines, acompañada del ronroneo del agua caer dentro de la bañera, aproveche en cuanto se lleno un poco para poner un poco de aceite, no quería burbujas, pero si un poco de aroma. Tenía la ventana entreabierta, lo note en cuanto el vapor comenzó a moverse hacia ella. Cuando me acerque para cerrarla, me pareció ver de refilón una especie de sombra quieta en la ventana que tenía frente a mí. Por un instante me extrañe y mire mas fijamente para saber de que se trataba.
Una luz calida, como de una lámpara de lectura o de sobremesa, dejaba salir un poco de claridad a través de un visillo por cortina de color beige y detrás lo que sin duda era la forma de un cuerpo. Me quede pensativa. Por un momento quise pensar que era casualidad. Era casualidad que mi vecino estuviera detrás de la cortina mientras yo me metía en la bañera, lo mas posible es que únicamente este leyendo en la sala, junto a la lámpara, aprovechando la tranquilidad de la noche… Pero no se muy bien porque, un par de pensamientos tan traviesos como morbosos se pasaron por mi mente… Y decidí dejar la ventana tal y como estaba, entreabierta y ver si era casualidad o si mi vecino era un mirón como los de las películas.
Algo sobresaltada, por mis propias ideas, salí del baño y volví a la cocina, saque otra cerveza fría y espumosa y mientras le daba un largo trago pensé sobre lo que creí haber visto… Apure la cerveza tan rápido como mis primeras inhibiciones desaparecían. Sonreí divertida y marche de nuevo hasta el cuarto de baño, volví a cerrar la puerta y continué todo donde lo había dejado.
Me metí en la bañera, comprobando lo calentita y agradable que estaba el agua. Agarré el mango de la ducha y comencé a regar mi cuerpo con un agua tan caliente que de la impresión inicial, se me estaba poniendo los vellos de punta. Notar como con la misma velocidad con la que el agua se evaporaba sobre mi piel, se marchaban mis molestias musculares, mis problemas… Y mis inhibiciones, era algo excitante. El agua se deslizaba por cada centímetro de mi piel, mi pelo, mis pechos… De vez en cuando no podía evitar deslizar la mirada con los ojos entornados de malicia hacia la ventana, imaginándome el poder saber si mi vecino seguía ahí, disfrutando del espectáculo.

Me moví dentro de la bañera, para alcanzar un bote de gel… Y allí estaba. Su figura se dibujaba a través del visillo. El solamente podía apreciar a través de mi ventana mi cara y mis hombros… Pero parecía que le era suficiente, pues no se movía ni un centímetro de su posición. Mientras me enjabonaba comencé a fantasear… Fantasear con bailar envuelta en jabón para el dentro de la bañera, con la idea de que un repentino golpe de viento abriese de par en par mi ventana, incluso…
Con la posibilidad de masturbarme en mi dormitorio para que el me viera… Fue algo que me vino a la mente de forma completamente repentina, como una idea mas, pero extrañamente esta se quedo mas tiempo grabada en mi mente… Y a cada movimiento que hacia con mis manos, deslizándolas por mis ahora resbaladizos senos, cubiertos de espuma, mi vientre, brillante mientras el agua corría por el… Mmmmm…
La idea me fascino. Me fascino imaginar a mi vecino en su sala, sudando por la fabulosa visión que yo le ofrecía… Masturbándose mientras su vecina incauta y sedienta de placer, se lo daba a solas y sin ninguna prisa en su dormitorio, pero sobretodo, incapaz de dejar mi vena mas divertida, me fascino imaginar la cara que el pondría cada vez que me cruzara con el en las escaleras. A medida que mi cabeza fantaseaba, mis manos, como si no tuviese ningún control sobre ellas, se habían deslizado hacia debajo de forma instintiva, ante el constante reclaro de mi sexo palpitante que se adelantaba a los futuros acontecimientos.
Con mis dedos jugando alrededor de mis labios carnosos e hinchados, mi respiración se agitaba, haciéndome tomar más aire, llenando mis pulmones de un aire denso que parecía nublar mi vista, como una droga. Cuando por fin la yema de uno de mis dedos rozo mi clítoris por un instante, mientras continuaba su avance para abrir mi hambrienta gruta, mi mente se disparo.

Tenía un deseo animal, carnal, la idea de ser poseída por aquel vecino mirón hizo que mi sexo comenzase a rezumar sus propios jugos, mezclados con el agua que chorreaba entre mis piernas separadas, la sensación contraria del ardiente calor de mi interior, con el agua que ahora me parecía casi helada en comparación me hizo temblar de un extraño placer.
Me imagine por un momento follando con el, nada de amor, nada de sentimientos externos al goce y placer, lo imagine de forma brusca y rápida, como me latía el corazón ahora, imitando las contracciones que sentía en lo mas profundo de mi ahora que el mas valiente y explorador de mis dedos, jugaba por dentro de mi. Lo imagine diciéndome que podría hacerle todo lo que una mujer sin nada mas que instintos le haría a un hombre, lo imagine diciéndome que me deseaba por encima de ninguna otra cosa, que deseaba poseerme, y que me poseía, mi boca, mi rajita completamente abierta, mi trasero…
Me poseía por completo y yo era lo único que deseaba.
Imaginaba su miembro duro y reluciente por la excitación, y mis labios lamiéndola de arriba a abajo, lo imagine dentro de mi, empujándome con sus caderas de una forma bestial, alocada. Lo imagine chupando mis tetas, lamiendo mis pezones, con ligeros mordiscos según se endurecían presa del gozo, tirando de ellos, asfixiando su verga entre mis tetas, lo imagine recorriendo cada centímetro de mi cuerpo con sus labios y con sus manos, con su lengua, con sus dedos… Ya era demasiado, y mi clítoris hinchado y tembloroso me pedía mucha atención. Toda mi atención. Ya no era dueña de mis ideas, solo sabia que estaba demasiado caliente como para escoger ninguna otra opción, así que en una fracción de segundo, lo decidí. Decidí masturbarme para el.

Me enjuague a toda prisa, me seque con la toalla, peine mi pelo rubio, pero lo deje mojado y me fui corriendo para mi cuarto. Tenia la persiana abierta, pero la cortina echada, así que sin demasiado disimulo, la corrí por completo, como sino supiera que el estaba ahí mirándome.
Me senté en el borde de la cama, tome unos de los taburetes que tenia en mi habitación para alcanzar a los altillos de los armarios, y sentándome sobre la cama, apoye mis pies en ellos. Solo por un instante llego a mí ser una imagen de claridad. Me veía a mi misma haciendo lo que estaba haciendo…
Y me gusto, me gusto y me excito terriblemente. Allí estaba yo, completamente desnuda y con mis piernas especialmente abiertas para que mi vecino pudiera contemplar todo mi cuerpo y mi sexo…
Mi coño húmedo.
Mi coño húmedo… Mmm, trataba de pensar como estaría el describiéndome, con ese lenguaje sucio del pervertido mirón, que en esta ocasión, era ideal para este morboso juego.
Comencé a tocar mis pechos, rodeaba mis pezones con mis dedos, los pellizcaba y después abría la mano para rodear mis senos por completo y acariciarlos a placer. Estaban duros, erectos, quizás por la idea de que eran sus dedos los que lo hacían, quizás por la idea de que estaba mirándome… Pero lo importante es que sensaciones de cierto dolor, pero sobretodo de tremendo placer estaban ahogando mi cuerpo.

Tome uno de ellos con mi mano y mientras lo acariciaba de forma delicada, repentinamente cambie el ritmo y me lo lleve hasta mi boca… Deslice mi lengua húmeda por mi pezón, lo mordí, mis pezones para este momento ya estaban duros como piedras, estaban mojados por mi saliva, y mis dientes sobre ellos eran como millones de descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo en apenas segundos. Mi respiración comenzó a acelerarse mas, mientras sentía como me subía el color rojo, rojo de sangre, rojo de pasión, por toda mi piel.

No pude hacer más esfuerzos y me rendí a todos mis impulsos. Mientras que con una mano tocaba mis pechos, me lleve la otra hasta los pegajosos labios de mi sexo. Comencé a frotar mi clítoris con dos dedos, juntos y completamente tensos, lubricados en parte por mi propia saliva, y el resto de el roció de excitación que poblaba esa sonrosada zona, aprovechando esa fluidez de movimientos para imaginar que era su lengua la que por el se deslizaba… Más y más deprisa, en apenas un par de minutos me vi. Hablando para nadie, en mi habitación vacía, o quizás para el, desde el otro edificio, pero lo que empezaron siendo gritos en mi mente que me espoleaban a continuar, pronto se entremezclaron con gemidos, para ser verdaderas ordenes que yo misma me daba, quizás el desearía decirme lo mismo…
Y hacerme lo mismo.
Mi espalda se arqueaba, mi cabeza se echaba hacia atrás, todo mi cuerpo ahora funcionaba bajo la necesidad de mi sexo, mis gemidos se hacían mas intensos, mis labios, enrojecidos y abiertos al encontrarse completamente hinchados, se lubricaban mas y mas, mis dedos se deslizaban divinamente por ellos de forma descontrolada, no era capaz de sostener las caricias sobre mi excitadísimo clítoris, y eso era como tener un amante juguetón que quería verme suplicar y retorcerme de placer en lugar de hacerme acabar antes de disfrutar lo suficiente de este juego.

Levante la cabeza con mis mejillas completamente encendidas y mis ojos vidriosos, y desplace mi mirada hacia la ventana de mi vecino. El también era presa del deseo… Era presa de mí. Había corrido el visillo y estaba desnudo, frente a mí, podía ver perfectamente el movimiento de su brazo derecho, sonreí de forma lasciva mientras no detenía ni uno de mis movimientos para el. El me correspondió casi de forma sorprendente, retirándose un poco de la ventana y dejándome ver ese tieso miembro que estaba acariciándose machaconamente de arriba abajo. No podía ver con demasiada claridad, pero me la imagine enorme, con una cabeza brillante y muy roja… Dios como me puso verlo así, tan excitado, con la cara desencajada, mirándome como un obseso, acompañando su paja con la mía.

Cuando ni siquiera frotándome con varios dedos de una de las manos me era suficiente, baje la otra que aun masajeaba mis pechos para que colaborase en mis mas primarias necesidades. Metí dos de mis dedos dentro de mi, comencé a moverlos como si fuera su… POLLA. Si era su polla en mi coño… quería que estuviese ahí dentro, moviéndose a la velocidad endiablada con la que giraba yo mi muñeca para hacer bailar mis dedos. Comencé a retorcerme, a jadear porque los gemidos eran demasiado altos y me ahogaban, dejándome sin aire para respirar, a morder mis labios, a recorrerlos con mi lengua, lentamente y mirándole fijamente a el, mí pervertido, para excitarlo aun mas…
Le hacia gestos con mi lengua, con mis ojos, mientras mantenía mis piernas lo mas separadas que podía, con mis muslos tensos y duros como piedras por la tensión que estaba acumulándose en mi, anunciándome que pronto tendría un orgasmo, un orgasmo que se avecinaba tremendo por las sensaciones que tenia hasta ahora.
Comencé a darme prisa, a mover mis dedos mas rápido, era increíble como se deslizaban, de mi sexo fluían hilos brillantes y transparentes de mi lujuria en esencia pura, pequeñas contracciones se convertían en grandes oleadas de placer, cada vez que rozaba en mi interior ese pequeño lugar que era la cúspide de todos mis gozos, y mas de verlo a el tocándose ese pedazo de carne, nervuda y tensa, caliente y palpitante, un enorme falo que ahora por encima de todo desearía que mi cueva inundada se comiese, de ver como ese maldito obseso no paraba de pajearse y mirarme con ojos casi salidos de sus orbitas, pues ya no dudaba que lo estaba haciendo para el. Solo para el.
Empecé a jadear con más fuerza, mi orgasmo se acercaba, notaba algo dentro de mí que me iba a llevar al séptimo cielo. Un río de gozo que nublo mis ojos y comenzó a marearme invadió mi cuerpo, empezando por mis muslos mientras mis dedos hacían las ultimas penetraciones, ascendiendo hasta mi coño donde se me clavaban centenares de agujas haciéndome apretar y apretar, hasta llegar a mis pechos, poniéndome la piel de gallina, y finalmente llegar a mi boca, con los labios secos de no poder cerrarla desde hacia rato, y dejar escapar mis últimos y profundos gemidos, casi gritos mientras mi orgasmo daba sus últimos coletazos. Mi cuerpo cayo rendido hacia atrás, en la cama.

Necesitaba recuperarme, necesitaba controlar mi respiración, estaba mareada, me sentía como sobre un barco, en esa cama todo se movía a mí alrededor sin ningún control. Cuando pude me incorpore, y mi primera y turbia mirada fue hacia la ventana.

Mi vecino aun seguía, seguía moviendo su mano, sus movimientos eran muy rápidos, debía estar a punto de llegar a su orgasmo… Estaba apunto de correrse… Mis pensamientos eran mas palabras entre susurros, como queriendo que le llegasen hasta sus oídos. Yo mientras estaba sentada en mi cama, mirándolo, ahora era yo la mirona, la pervertida que iba a contemplar como descargaba ese chorro de esperma caliente, era yo la que iba a imaginar que ese chorro descargaba en mi interior aun palpitante… En mi cuerpo aun ardiente… En mi boca aun sedienta.

Pero aun no había acabado el show, la diversión y la malicia volvieron a mí y pensé que quizás debía darle un empujoncito… Me lleve de nuevo una de mis manos hasta mi rajita, aun extremadamente sensible y completamente cubierta por mis zumos de pasión, mirando fijamente a mi vecino, deslice uno de mis dedos de arriba abajo, muy lentamente, le enseñe ese brillante dedo a mi vecino y lo acerque hasta mi boca, dejando asomar mi lengua hasta casi tocarlo, el ya no podía verlo tan claramente….
Pase mi lengua por su alrededor, como si estuviese saboreando los restos de mi fuerte orgasmo, entonces fue cuando pude ver la corrida de mi vecino, que no pensó ni en las cortinas ni en la pared ni en nada… Excepto en mi, mientras el apretaba su miembro para aumentar las contracciones a cada una de las cuales eyaculaba, solo podía pensar en mi…

Me levante de la cama, baje la persiana y me fui de nuevo al cuarto de baño a tomar una ducha, pero esta vez de agua fría.