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Le dejo el semen a mi hermana

Nunca he sido de esos que les ponen las bragas de su hermana. O que la espían, o se la cascan pensando en ella. Por eso, lo que a otros puede parecerles una situación súper excitante, como encontrar ropa usada en el suelo y olerla, a mí me repugna.

Cuando aquel día estaba llegando a casa no hacía más que pensar en la comida. Subía las escaleras imaginándome el guiso que nuestra madre nos había dado en un taper. Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fueron sus bragas en el suelo. No es que se me cortara el hambre, pero sentí una punzada de rabia en la boca del estómago. Las cogí con resignación, y las eché al cesto. Una vez más, me juré que era la última que hacía ese gesto, sabedor de que incumpliría la promesa. Por el estado de la cocina, ella ya había comido y se había ido rápidamente a trabajar: la mesa a medio recoger y los platos por supuesto sin fregar.

Me tocó a mí limpiar y ordenar todo después de comer. Bueno, la verdad que siempre me toca. Ella es algo mayor que yo (veintinueve, yo veinticuatro), y trabaja, mientras que yo estoy terminando la carrera. Pero que ella trabaje no es motivo para que pase de hacer las cosas de casa; aunque cuando se lo digo es como predicar en el desierto.

Cuando ella empezó a estudiar, nuestros padres le cogieron un piso de alquiler en la ciudad donde estaba la universidad. Al iniciar yo la carrera, fui a vivir con ella, a pesar de algunas quejas por su parte al principio. No entiendo muy bien aquellas protestas; le viene bien que esté allí ya que casi siempre me he ocupado de las labores del hogar.

Por la noche escuché que llegaba y salí de mi cuarto a recibirla. No me gusta discutir, pero le tenía que llamar la atención (sabía que sería en vano).

– Marta, te has dejao otra vez las bragas por ahí –le reñí.

– Joder enano haberlas dejao que ya las recogía yo ahora –sus defensas siempre eran en esa línea-. Además, si te dejas tú los gayumbos los recojo y no te digo nada. ¡Pero nunca los dejas porque eres taaaan ordenado jajajaja! –soltaba una risotada o una chanza y así acababa las discusiones.

Mientras me hablaba colgó el bolso y se despojó de la chaqueta; se dirigía a su habitación evidenciando que le resbalaba lo que le dijera. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y la seguí.

– ¿Y los platos qué, eh? –le recriminé.

– Joder tío siempre te lo digo, déjalos y ya los frego yo cuando llegue –replicaba mientras se descalzaba y se bajaba los pantalones. Eso es otra cosa que me toca las narices: se desviste y se pasea medio en pelotas delante de mí como si nada.

– Sí hombre claro, y están los vajillos ahí hasta la semana que viene –repuse, al tiempo que ella seguía quitándose prendas.

– Hala maño no me des más el coñazo que me voy a duchar –dijo ya en ropa interior.

Entonces se desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Me di la vuelta contrariado para no verla, porque no me gusta que haga esas cosas, algo que ella sabe de sobra.

– ¡Hostia Marta…!

– ¡Jajaja toma ya! –se burló lanzándome el sostén a la cabeza-. ¡Como si no me las hubieras visto nunca!  ¡Da gracias que no me quito las bragas y las dejo tiradas otra vez y te enseño el culo! –exclamó alejándose por el pasillo en dirección al cuarto de baño, entre risas.

Era verdad lo que decía, no era la primera vez que le veía las tetas, puesto que se cambiaba sin ningún pudor, sobre todo la parte de arriba. El coño también se lo tenía visto, aunque menos veces. Y no porque le diera vergüenza, sino porque sabía que me hacía sentir incómodo con sus costumbres poco recatadas. Era normal que estuviera por casa sólo con bragas y una camiseta, sin nada debajo; o que meara con la puerta abierta. Y le gustaba hacerme “calvos” a menudo.

Después de cenar me senté en el sofá a ver la tele. Ella estuvo un rato en su habitación, hablando por WhatsApp con sus amigas, y luego vino. Estaba en pijama, que constaba de un pequeño pantalón corto y una camisa abotonada. Se sentó con los pies en el sofá, y empezó a mirarse los dedos descalzos. Llevaba algo en la mano. Era un cortaúñas. Lo comenzó a usar: clic. Clic. Clic.

– ¡Marta no me jodas…! –le espeté.

– ¿Qué? –preguntó sin mirarme mientras seguía con su labor. Clic, clic, clic.

– Coño cómo que “qué”, pues que no te cortes aquí las uñas.

Pero siguió en silencio cortándose las uñas. Clic, clic, clic.

– Sabes que me las tengo que cortar después de ducharme porque están más blandas –dijo al fin con toda la parsimonia y tranquilidad del mundo.

– ¡Coño pero no aquí rediós!

De nada sirvieron mis protestas, porque continuó con lo que estaba haciendo. Sólo podía esperar a que acabara.

– ¡Toma, pal bocata jajajaja! –dijo mientras me lanzaba un trozo de uña del dedo gordo-. ¡Esa era grande, eh!  ¡Jajajaja!

– ¡Qué cerda eres! –le insulté, cogiendo el trozo de uña y tirándoselo a ella, pero acabé riéndome también.

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Días después de aquello, llegaba a casa después de estudiar toda la tarde en la biblio. Entré y el piso estaba en silencio, por lo que pensé que mi hermana no estaba. Dejé la mochila y fui al váter a mear. Justo al entrar me la encontré completamente desnuda, sentada en el bidé espatarrada. Llevaba algo blanco en el coño.

– ¡Hostia puta…! –proferí dándome la vuelta rápidamente y saliendo. Lo que hacía era afeitarse el pubis.

– ¡Joder qué susto me has dao enano! Me estoy afeitando el coño –dijo Marta.

– ¡No jodas!  ¿En serio?  ¡No me había dao cuenta!  Pensaba que te estabas haciendo la permanente. No te jode –ironicé.

– ¡Jajajaja!  Idiota. Anda entra. Va que me tapo –me pidió.

– Que no tía que no entro. ¿Qué quieres? Además, podrías cerrarte la puerta.

– Que esta cuchilla no corta y necesito una tuya poooorfiiiii –suplicó desde su frío trono.

– Pffff…  ¡joder! –bufé, pero sabía lo que me tocaba-. Anda tápate un poco que te doy una.

– ¡Gracias enano!

Entré sin mirarla, interponiendo la mano entre mis ojos y ella. Abrí el mueble del lavabo con la mano libre, y cogí un par de cuchillas desechables nuevas. Efectivamente, se estaba tapando, pero sólo con las manos, y únicamente el coño. Pasaba de ocultarse los pechos. Yo seguía con una mano delante cubriendo en la medida de lo posible su visión. Inevitablemente, le veía las tetas, no muy grandes, pero bonitas de verdad. Simétricas, blanquecinas, y con pezón rosado de chica joven. Aparté de ahí la mirada; pero al cogerme las cuchillas que le ofrecía, se destapó parcialmente el sexo y vi pelos mezclados con crema de afeitar. Sin querer, o queriendo, moví imperceptiblemente la palma y le intenté ver más, ver la raja. Pero como ella aún tenía ahí una mano, apenas pude distinguir nada.

– Anda toma, jodida nudista enferma –dije al tiempo que me cogía las cuchillas.

– Que soy tu hermana tío, que no pasa nada porque me veas en pelotas.

– ¡Que te den! –grité saliendo ya del baño.

– ¡Reprimido!  ¡Jajajaja! –escuché su carcajada mientras me alejaba.

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Tal y como comentaba al principio, nuestra madre nos deja comida los findes para que tengamos durante la semana. Normalmente, los viernes, volvemos al pueblo a pasar allí el fin de semana. Yo más veces que ella, porque mi hermana se suele quedar y sale por las noches en la ciudad. No es que yo no salga, pero prefiero hacerlo por el pueblo, con los amigos de siempre.

El día siguiente de verla en el bidé, con espuma de afeitar en sus bajos, era viernes. Pero no fui al pueblo; tenía que estudiar y me pasé toda la tarde en la biblioteca. Mi hermana debía de haber salido como siempre, con los compañeros del trabajo al acabar la jornada, o con alguna amiga.

El caso es que después de estudiar, fui a cenar y tomar algo con unos colegas para despejarme. Se me hizo un poco tarde, sería la una o las dos de la noche cuando volví a casa. Al girar la llave, y abrir la puerta, me encontré a Marta a cuatro patas en el sofá; un tío jadeante se la follaba desde atrás.

– Es que no me jodas… -murmuré cabreado, enfilando el camino a mi habitación.

– ¡Hostia! –exclamó Marta; aún llegué a ver que se separaba del tío.

Desde mi cuarto escuché algunas voces en tono bajo; luego pasos, y por último nada. Debían haberse ido a terminar a su dormitorio. Estaba enfadado, y no porque se follara a un tío –podía hacer lo que le diera la real gana, sólo faltaba-, sino porque lo hiciera en el sofá. Y con la poca precaución de que llegara yo y me encontrara el espectáculo porno. Así que me desvestí y me dormí.

Por la mañana, hacia las once, sentí golpes en la puerta. Toc toc. Abrió Marta sin esperar respuesta. Iba en bragas y camiseta.

– Enano…  se puede?

Al igual que cuando golpeó la puerta, se metió en mi cama sin esperar a que contestara. No lo hizo con ánimo libidinoso ni provocativo; desde pequeños hemos dormido muchas veces juntos o nos hemos metido en la cama del otro si está cabreado, triste, preocupado, etc.

– Me perdonas…? –me rogó tumbada a mi lado, bajo las sábanas-. Que pensaba que te habías ido al pueblo con los papas… -mientras hablaba, me rozaba constantemente con los pies en las piernas, desde la rodilla hasta el empeine, y vuelta a empezar.

– Hmmm… -vacilé, girándome hacia el otro lado. El motivo no era “hacerme el duro”, sino que físicamente estaba duro: tenía una erección matutina casi dolorosa, y no quería que la notara.

– Hala, veeengaaa… -imploraba.

– Así que por eso te afeitabas el otro día el chocho, ¿no? ¡Jajaja! –bromeé al fin.

– ¡Jajajaja claro querido Watson!

– Bueno, pero no folles con tíos en el sofá por favor. ¡Que no quiero sentarme encima de la corrida de alguno! –le pedí.

– Vaaaale jajajaja –aceptó al tiempo que me daba un empujón. Al devolvérselo, le di sin querer con la polla dura en la tripa, y se dio cuenta-. Uy.  ¡Uy!  ¡Si estás empalmao!  ¡Jajajaja!  ¡Esto sí que no me lo esperaba!

– ¡Quita imbécil! –dijo algo nervioso.

– Jajajaja vale vaaaale, te dejo tranquilo –y salió de la cama-.  ¡…Para que te la casques a gusto pensando en lo que viste anoche jajajaja! –y me agarró durante un par de segundos el miembro por encima del calzoncillo, simulando hacer una paja-.

Mientras se iba, se bajó la braga un palmo, enseñándome el culo mil veces visto, pálido, redondo y perfecto, y de esa guisa se alejó andando.

– Capulla… -mascullé.

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Esa misma noche había quedado con unos amigos de la facultad. Tenía ganas de juerga después de tanto estudio. Le dije a mi hermana que saldría, más que nada para que tuviera cuidado si traía a alguien a casa.

– Vale enano, yo también he quedao con estas –me informó.

– Pues si eso te doy toque por la noche a ver donde estáis, pero vamos que creo que estaremos por el Casco así que no creo que te vea.

– Vale vale, nosotras iremos a la Zona como siempre –apuntó Marta.

Salí con mis amigos, como habíamos previsto, por los bares del Casco. Nos echamos unos cuantos cubatas, y ya íbamos con el puntillo. Estando en un garito no muy grande, pero lleno de tías, vi un grupo de féminas con el que pensé que tendría posibilidades, y me quise acercar. Pero en ese momento me pegaron un tirón de la camisa. Me giré y era Marta.

– ¡¡Eeehhhh  ese  enanoooo!! –yo estaba cascao, pero era evidente que ella iba peor.

– ¡Hombre! ¡Al final no habéis ido a la Zona…! –tenía que hablar a gritos, para que me oyera con la música alta del bar.

– ¡Nooo, al final aquí! –exclamó mi hermana.

Me cogió de las caderas y se puso a bailar sensual. Yo la acompañé, agarrándola por la cintura. Pero ella cada vez se refrotaba más; apretaba su cuerpo con el mío y podía sentir sus tetas que se chafaban contra mi pecho. Le seguí el juego y acaricié sus hombros y brazos, tal y como lo haría con una chica a la que me quiero ligar. Entonces me puso ambas manos en el culo y apretó, y me atrajo contra sí. Ahí ya me pareció que se estaba pasando un poco.

– Marta…  qué haces tía… -le susurré al oído.

– Calla –me ordenó, y continuó con su cadencia.

Dejó el culo y se puso a manosearme el pecho y la espalda. Me parecía mal lo que hacía, pero me estaba excitando bastante. Era como cuando le intenté mirar el coño cuando se afeitaba: no quería y la conciencia me decía que no, pero no lo podía evitar.

– Ven, que te voy a presentar –dijo entonces.

Sentí alivio porque pensé que así acababa esa situación tan públicamente erótica, a la vez que incómoda.

Pero me equivocaba.

Me cogió de la mano y me guió hasta su grupo. Eran cuatro chicas, todas guapas y pretas, de unos veintiocho o treinta años.

– Esta es Susi, Carolina, Elena, y Sandra –dijo, mientras yo iba una a una dándome dos besos-. Y este es…  ¿oye cómo te llamabas?

– Marta pero qué dices… -inquirí extrañado.

– ¡Jajaja que cómo te llamas! –repitió mi hermana.

Estaba flipando, así que me acerqué para hablarle al oído.

– ¿Marta qué coño haces?  ¿No les has dicho que soy tu hermano? –le pregunté de cerca.

– Jajaja noooo…   Así es más divertido, ¿no? –contestó riendo.

Me volvió a coger de las manos y desistió de seguir con las presentaciones a sus amigas, que observaban sonrientes como pensando “esta ya ha ligado”. Bailó mirándome a los ojos, y continuó con su sobeteo por mi cuerpo. Me puso las manos en el culo otra vez, y apretó. Yo, que ya daba por imposible el recriminárselo y que me hiciera caso, opté por hacer lo mismo. Le cogí fuertemente el culo, y se lo sobé bien, desde la pierna hasta la rabadilla, estrujándolo. A ver si así se quedaba pillada y dejaba de calentarme. Pero ante mi sorpresa, no hizo nada; parecía disfrutar.

Recostó su cabeza contra mi pecho, bailando despacio. Me besó por encima de la ropa, subió hacia arriba…  buscaba mi boca. Ella tenía los ojos cerrados, y se acercaba. Volví a hacer algo en contra de mi voluntad; bueno, realmente mi voluntad era besarla. Le correspondí con mis labios, que se juntaron con los suyos y juguetearon, húmedos ambos. Ella estaba ardiente y me besaba con pasión, cogiéndome la cara tiernamente con las manos. Yo atraía su cuerpo contra el mío, mordiéndole el labio inferior. Entonces ella abrió más la boca, ofreciéndome su lengua. Eso no quería hacerlo, creía que ya habíamos tenido bastante; pero nuevamente, sucumbí. La lengua de mi hermana se entrelazó con la mía y perdí la noción del tiempo. Ya no sabía si mis colegas aún estaban allí o se habían ido, ni me importaba.

Fuimos a la barra a por dos cubalibres. Nos los bebimos mientras bailábamos; pero ya sin morrearnos.

– Marta, estás pirada, yo no sé qué coño… -empecé a decir.

– ¡Calla atontao! –me exhortó con su habitual autoritarismo. Bebió lo que quedaba de su ron-cola.

Se puso a bailar otra vez, pero se tropezó y tuve que agarrarla por las axilas para que no diera con sus huesos en el piso.

– Venga Marta, se acabó, te llevo a casa. Vas borracha –esta vez fui yo el del tono imperativo.

– Halaaaa nooooo…   no me quiero ir aún…  -suplicaba, pero no opuso resistencia.

Se despidió de sus amigas, que parecían recelosas de que se viniera conmigo, como si pensaran que me iba a aprovechar de ella o algo así.

– ¿Estás segura, Marta? –escuché que le decía una de ellas.

– Sí sí, no os preocupéis, tranquilas –le respondió mi hermana.

Otra se dirigió a mí, con semblante serio:

– Ten cuidao eh chaval, no te pases –me advirtió.

– Tranquila, conozco a su hermano de sobra –le contesté.

– Bueno, pues cuídala –sentenció.

“No lo sabes bien”, pensé.

Nos fuimos andando, para que con el paseo se le pasara (se nos pasara, que yo también llevaba lo mío) el ciego.

Ya en casa, la acompañé a su cuarto y le llevé agua; no hizo falta que le ayudara a desvestirse porque en el intervalo en el que fui a la cocina a por una botella, ya estaba en bragas y camiseta, y medio dormida.

– Quédate a dormir conmigo, enano… – murmuró con los ojos cerrados.

– Que no coño, mira lo que ha pasao antes en el bar –me negué, con más cabeza que otra cosa.

– Brrbmpf vengaaaa… -balbuceó, pero yo ya me iba a mi habitación.

Me acosté pensando en lo que había pasado, y me costaba creerlo; era como si una cortina de irrealidad se cerniera ante mis ojos. Pero no me costó nada dormirme, por el estado etílico que tenía.

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Por la mañana desperté con la boca algo pastosa, y tras unos segundos de desconcierto, me vino el recuerdo como una bofetada de realidad. “Madre mía la que se lió anoche; espero que no nos viera nadie conocido…”. Me incorporé para coger mi vaso de agua de la mesilla, pero topé con algo.

– ¡Coño!  ¡Qué haces aquí! –dije sobresaltado; era Marta con lo que había chocado.

Emitió unos sonidos aún dormida, “ggrrrrmppfff”.

La zarandeé levemente del hombro, para que se despertara. Entonces abrió los ojos y sonrió.

– Buenos días, enano… -dijo con un hilo de voz, aún casi en sueños.

– ¿Has venido a mi cama? –pregunté tontamente.

– Jijiji siii… -respondió risueña.

Unos rayos de luz entraban por la ventana, y pude ver una expresión de felicidad en su bello rostro. No sé si se debía a que el alcohol aún corría por sus venas.

– Bueeeeno vaaaale, pero déjame dormir que aún tengo sueño –dije, girándome hacia el otro lado.

– ¡Jijijiji vale! –accedió mi hermana.

Se apretó a mí y me abrazó, rodeándome por la espalda. La notaba muy cerca; sus pechos se oprimían detrás de mí. Tan próximos los sentía, que me pareció que estaba sin ropa. Lo comprobé, pasando la mano desde sus piernas hasta los hombros, para llevar si llevaba algo puesto aunque fuera abajo. Todo lo que toqué fue su piel; estaba desnuda por completo.

– Marta… -empecé a decir.

– ¿Siii…? –contestó somnolienta.

– Que estás en pelotas.

– Sí… -respondió a media voz.

Me puse nervioso y el sueño se me pasó de golpe. Entrelazó sus piernas con las mías, y se puso a juguetear con los pies. Me empezó a besar la espalda sobre la ropa, y sus manos se metieron dentro de la camiseta. Me acariciaba los pezones mientras seguía con los besos, y no pude controlar la polla, que se me puso dura muy rápido.

– Martaaa… -protesté a modo de reprimenda, pero era inútil.

– Quiero acabar lo que empezamos ayer…   No te creas que no me acuerdo por ir borracha…  -en ese momento su mano pasó a mi paquete, húmedo de lubricación; primero por fuera, y en seguida la metió dentro y me agarró el miembro.

Se puso de rodillas, me quitó la camiseta, y nos besamos apasionadamente. Creía que lo de la noche anterior había sido un error tonto de borrachera, y que no se repetiría, pero ya veía que no.

Me bajó los calzoncillos y quedé desnudo. Me besó en la boca, y fue bajando lamiendo mi cuello, mi pecho, mi ombligo.

– Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida –amenazó.

– No…   Eso sí que no…  -dije sin convicción.

Se la metió en la boca, y empezó a chupar con fruición. Disfrutaba tanto o más que yo, y lo hacía a la perfección. Cada vez me excitaba más, y tenía que contenerme para no correrme. La sacaba y la lamía por los lados; le daba besos; succionaba los testículos. Combinaba con movimientos de mano, momentos en que se acercaba y nos besábamos con lengua. Entonces, colocándose arriba, procedió a introducirla en el coño; y yo, aunque una vez más no quería, no podía evitarlo.

– ¡Espera! –le pedí.

– ¿Qué…? –dijo mi hermana con los ojos cerrados, con el pene ya en su interior.

– Un condón…  espera que cojo uno…  de la mesilla… -sugerí entre jadeos.

– No hace falta enano…  tomo píldora…  hmmmm… -dijo mientras resoplaba.

Me incorporé para estar aún más de cerca de ella, y la abracé. Ella me correspondió y nos besamos salvajemente, chupando el cuello y pasando la lengua por la cara, mientras cabalgaba encima de mí.

Estábamos extasiados; mi goce era doble: por una parte, por disfrutar de un sexo fantástico; por otra, que fuera con mi hermana y darle placer a ella. Por sus gestos y gemidos, y la manera de besarme, intuí que ella sentía lo mismo.

– Madre mía…   qué diferencia con el de ayer…  -resollaba mi hermana. Con eso tuve la seguridad de que ella estaba sintiendo lo mismo que yo.

– Sí sí, pero…  yo casi no puedo más Marta…

– A mí me queda muy poco…  uffff…  si te corres tú seguro que me corro contigo… -dijo.

Al decir ella eso, marqué el paso, hasta que comencé a sentir el delicioso cosquilleo previo a los espasmos, y me corrí en su interior con un fuerte grito al que se unió el de mi hermana. Me arañó la espalda con las uñas mientras tenía su orgasmo, lo que aumentó mi placer que todavía palpitaba.

Nos quedamos así, sentados y unidos en un abrazo, no sé cuánto rato. No hablamos, ni siquiera nos besamos. Sólo nos quedamos muy juntos, sintiendo el calor del otro.

Por fin, nos tumbamos; ella me acariciaba el pelo.

– Vaya marrón, ¿no? –reflexioné.

– Hombre marrón marrón…  yo más bien lo veo blanco –bromeó una vez más Marta, señalando el hilillo de semen que le salía de la vagina.

– Jajaja, qué idiota eres…   Te quiero mucho Marta.

– Y yo a ti, enano.

El reencuentro

En la vieja habitación, visiones del pasado me reconfortaban. Era la tipica mañana de invierno, la ciudad trabajaba y alli estabamos nosotros, despues de mas de seis años sin vernos nos volviamos a encontrar en esta apartamento en el que tanto habiamos follado hace ya tiempo.

Ella se desnudo, su grandes pechos aun se mostraban voluptuosos, su cabello rubio, largo y lacio se junto en mi cara y me susurro “-hoy me vas a dejar hacerte lo que no me has dejado hacer nunca eh. quiero ser tan marrana contigo….”

Ya estabamos desnudos. se subio sobre mi dura berga, aun no se la metio en su coño que ya chorreaba, segun nos besamos, el primer y sonoro pedo recorrio mi polla dura, fue largo duro y aterciopelado, ella gimio me miro y sonrio. “-  ¿ Te ha gustado, mi vida? , le dije que me habia encantado. y asi fue, note su humedad saliendo de su culo, nos besamos mientras olia su maravilloso pedo.

Luego llego la penetración, se sento encima de mi polla y empezo a botar, a cada rato parabamos y ella me regalaba uno de sus pedos maravillosos. – peete en mi cara por favor, le dije excitado como estaba, ella me escupio en la cara y me sonrio, “-Claro que lo hare cariño”.

Me corri en su cara, como elle me habia pedido, se comio mi semen y luego me beso y me susuro al oido ” comeme el culo y si lo haces bien tendras premio”, abri su culo y chupe sus carrillos hasta llegar a sus ano, Ella lo abria con la mano. Yo empujaba mi lengua hacia adentro sabiendo que sus pedos estaban alli esperandome, gemia cada vez mas y mas fuerte. Se movio cada vez mas mientras me decia lo bien que chupaba su culo. “sigue asi mi amor si paras te mato”. en ese momento note como aguantaba la respiracion, note como su ano se dilataba aun mas y me regalaba un sonoro y maravilloso pedo. largo continuo y humedo, yo me puse cachondisimo y empeze a chupar su culo mas fuerte si cabe. entonces llego otro y otro mas y yo me senti maravillado ante sus pedos.

me agarro la mano y me tumbo en la cama. Mientras ella me comia la polla dura como estaba. yo le comi el coño con la boca llena de ella, miraba su ano como expectante esperando su pedo. Mientras me empapaba con sus jugos note como se dilataba su culo, Me fui a el y le chupe con gana, “-Hay va otro mi vida, otro para ti.” Un sonoro pedo aterrizo directamente en mi nariz hasta el punto de mancharla ligeramente, ella se dio la vuelta y me chupo la cara. “-te veo muy sucio cariño”. Se volvio puso su coño en mi cara y me regalo la primera meada del dia, Me meo largo y sin prisa, cuando pense que habia acabado le chupe el coño y ella me regalo otra meada mas rica si cabe. “- abre la boca mi amor que yo te vea beberme, asi muy bien, oh si, que cachonda estoy. soy una meona de primera y tu eres mio ahora. comeme el coño humedo y oloroso.

Mientras le comia el coño, y sin dejar de gemir, saco una botella de agua de un litro que se bebio en un suspiro y  un bote de vaselina y lleno mi polla de lubricante. Delante de mi se puso vaselina en su culo. “Ahora metemela por el culo amor” y asi lo hize. Mi polla entro en su culo mientras se dilataba, poco a poco. Ella gritaba mientras yo empujaba mi polla contra su culo ya dilatado. “sigue por favor, si paras me muero, sigue. Dios mi culo…..” Yo seguia y seguia hasta que nos corrimos los dos. ” Ahora un premio amor, por lo bien que lo has hecho”. Su culo dilatado se tiro un rotundo pedo que yo tome con gusto, y ahora tumbate en el suelo y bebe”. de su coño ya permenentemente humedo, me regalo de nuevo su pis, agridulce y aterciopeldo, me meo en la polla, en el torso y finalmente en la cara. Era rico, salia con fuerza, al final chupe el pis que recorria ya sus piernas. Me beso y chupo su pis que aun estaba en mi cara.

Nos pusimos de pie y nos besamos. nos besamos ardientemente. su lengua sabia a su pis. Eso me ponia cachondisimo. Me miro me sonrio y me escupio en la cara. Apoyo las manos en la cama y me dijo “¿quieres otro?. Yo le dije que si. “pues pon tu cara en mi culo”. mientras le chupaba el culo note como su ano se dilataba y un pedo largo suave y oloroso salio de su culito empapado, me quede un rato en su ano disfrutando el momento, restragando mi cara por dentro de ella, mientras ella sonreia y gemia de placer.

“Ahora te toca a ti, tumbate en la cama boca abajo”. Yo ya sabia lo que venia y estaba encantado. Se puso encima mio, “ponte la almohada en la cintura”. Esto elevo mi culo inevitablemente. mientras me agarraba las caderas nos besamos y chupabamos nuestras caras. notaba como su coño humedo me golpeaba el culo. Ella gemia tanto como yo. Asi estuvimos un buen rato. Disfrutando sus empellones contra mi culo, mientras me gemia en la oreja. “Ahora te toca a ti regalarme algo no???”

Empezo a chuparme el culo con toda la tranquilidad del mundo. yo me masturbaba mientras ella me chupaba ya el ano, notaba su lengua cada vez mas adentro y eso me ponia cachondisimo, mientras me tumbaba me regalaba cachetes en las nalgas. Mientras me chupaba me metio un dedo por el culo, luego dos y hasta tres, mi ano se empezaba a dilatar y eso me encantaba, y mas cachondo me ponia al ver como ella gozaba y lo daba todo en mi culo. “vamos amor, regalame uno de esos pedos que tanto me gusta”. No lo dude y le pedi que sacara sus dedos de mi culo. Ella instintivamente metio su bonita cara  todo lo dentro que pudo y yo hice esfuerzas para regalarle un sonoro pedo. no tardo en llegar, primero fue uno corto y sonoro. Ella  me abrio el ano con sus manos y cuando estaba haciendo diabluras con su lengua aparecio uno y luego otro y otro mas. “que ricos amor, que ricos, sigue sigue, dame mas”. estaba en estado de extasis y yo tambien. Medi la vuelta, ella ya sabia lo que venia. “pensaba que hoy ya no tocaba” me dijo mientras sonreia. Me corri en su cara con mucha fuerza y sin casi respiro la mee por todo su cuerpo.”que rico amor, cuanto echaba de menos tus meadas” la mee en el coño, en las tetas, luego apunte a su cara y bebio con fruicion y finalmante en su culo mientras sus pedos me devolvia mi pis.

“Aun no hemos acabado….. queda algo por hacer, amor ponte como estabas antes” puse la almohada en mi cintura y mi culo de nuevo volvio a estar en pompa. esta vez cerre los ojos como me pidio ella. Me chupo el culo y yo la regale un pedo.  ” no te vayas amor, y no te muevas” yo sonrei y me deje envolver por el humedo colchon. enseguida note la vaselina en mi culo, ella se empleo a fondo en lenarme el culo de lubricante. la mire de reojo y vi que llevaba puesto el arnes con la polla de goma que le regale por su cumpleaños. “ahora te voy a follar por el culo, como a ti te gusta”. note como mi culo se dilataba poco a poco. con suaviadad y amor me metio la polla de goma, mi culo se dilataba mientras ambos gemiamos de placer. el dolor placentero me erizo todos los pelos del cuerpo. a ratos ella paraba y se tiraba un o dos pedos. Nos besabamos apasionadamente. cambiamos de postura, mientras ella me la metia yo le comia las tetas. en ese momento volvi a mearla, ella se corrio de nuevo.

se desabrocho el dildo, y lo dejo dentro  de mi mientras acercaba su coño empapado en mi boca, se lo comi con ganas, mientras ella me meaba yo no pare de comerselo. Ella gritaba de placer y se volvio a correr, entonces se dio la vuelta y de nuevo en la posicion del 69 fue sacando el dildo lentamente de mi culo mientras le comia su trasero oliendo los pedos que me ragalo . tres sonoros y ricos.

seguimos besandonos en el colchon empapado por sus meadas. nos reimos y volvimos a pensar en el reecuentro, tres horas de sexo salvaje sin tabues, antes de acabar y ya de camino a la ducha nos regalamos unos pedos y unas meadas cortas que ambos bebimos con pasion.

pd: Espero amigos y amigas que les haya gustado el relato y que lo disfruten tanto como yo lo he hecho mientras lo escribia, no se si me entienden.

FDO: Maxstar.