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Cama de rosas

Mi nombre es Ariadna y voy a relatar algo que me sucedió con mi pareja. Tengo 32 años, piel morena, ojos marrones, delgada y felizmente casada.

Nunca me llamó la atención grabar mis relaciones sexuales con una filmadora de video. A Aroldo mi marido se le ocurrió hacer esa idea, primero me la planteó y luego lo hicimos sin antes incluir a una amiga en el juego. Como yo llegaba temprano a casa, decidí sacar la filmadora y ponerla en un sitio para que me grabara bailando, empecé a bailar de manera sensual y a medida que lo iba ahciendo, me iba quitando la ropa hasta que sin percatarme, llegó mi amiga Mariela, ella se sentó a verme mientras lo hacía, tomó la filamdora y comenzó a filmarme bailando, después de que terminamos, al sentir el carro de Aroldo dejamos la filmadora en la mesa y fuimos las dos al baño. Dejamos la puerta entreabierta y vimos que Aroldo estaba viendo el espectáculo de baile que yo y Mariela después habíamos grabado. Se percató de que los estábamos viendo y abrió la puerta del baño para grabarnos a las dos. Mariela empezó por chuparme los senos, acariciar con su boca todo mi cuerpo mientras Aroldo grababa esto. Yo le quité el sujetador a Mariela y empecé a saborearla completa, empecé por los senos voluptuosos hasta llegar a su mojada chochita para lamer su clítoris, ella empezó a gemir y a acariciarme el cabello, Aroldo dejó grabando la filmadora en el tocador y empezó por chuparme la cosita que estaba en carne viva yo aumenté el ritmo y Mariela tuvo un orgasmo, luego Aroldo me penetró suavemente mientras Mariela tomaba la filmadora y grababa aquel espectáculo excitante, Aroldo se acostó y yo me puse a horcajadas dándole la espalda mientras veía a Mariela grabarlo todo, me excitó tanto que tuve un orgasmo placentero. Luego me tocó el turno de grabarlo todo, Mariela entró dentro de Aroldo y empezó a moverse pausadamente al principio para luego aumentar el ritmo y luego de que Aroldo le sobara los senos tuvo un orgasmo que la hizo gritar dentro de mi boca porque yo la besé de inmediato. Era una noche calurosa cuando esto hace ya dos meses, después de esto, Aroldo lo sugirió de nuevo que lo hiciéramos pero no se nos volvió a presentar a oportunidad.

Para cualquier comentario constructivo escríbanme a hera1984_8@hotmail.com.

El obstetra

Soy médico obstetra y ginecólogo y un día concurrió a la consulta una hermosa mujer joven recién casada que presentaba su primer embarazo. Sus facciones delicadas, su manera sensual de expresarse me impactaron desde su primera consulta.

Era trigueña, de ojos oscuros y mirada insinuante. Su cuerpo armonioso de caderas estrechas y pechos generosos rematados por pezones oscuros, la mostraban magnífica. Su vientre plano y las piernas torneadas, de rodillas y tobillos finos, despertaron una atracción hacia esa mujer como jamás me había pasado antes en mi profesión. Traté de abstraerme a sus encantos pero me fue imposible.

Sus visitas periódicas no hacían más que aumentar el atractivo por esa hembra a punto de ser madre por primera vez. Al revisarla no dejaba de sentir esa piel tersa y joven que se preparaba para su primer parto. Palpar, contemplar y oler su pelvis y la vulva siempre prolijamente depilada para cada encuentro y el perfume de esa hembra en celo me embriagaba y no tarde en encontrar el momento propicio para insinuarle las sensaciones que despertaban en mi su físico y su figura, cuando concurrió sin su esposo. Observé como se sonrojaba y la noté incómoda, por lo que le pedí disculpas por mi sinceridad, pero Marta con un mohín, le resto importancia a mis palabras.

Todo transcurrió normal hasta el parto que se produjo sin contratiempos del que nació una hermosa niña. Los controles seguidos a los que cité a la madre, fueron cumplidos con estricta rigurosidad hasta su alta definitiva. Ese día, para festejar la invité a tomar un copetín en el bar de la esquina, pero Ella se excusó y adujo un compromiso previo con su esposo que la esperaba a la salida, comprometiéndose para otra oportunidad.

No creí que tendría más noticias de Marta, pero me equivoqué. Llamó a mi consultorio antes del mes y pidió un turno con mi secretaria.

Ese día llegó y al encontrarnos solos me solicitó un examen ginecológico para saber si tenía algún impedimento pues sus relaciones sexuales no eran como antes de su embarazo. Era una excusa, pues mientras le palpaba los senos, sentí como se agitaba y aceleraba su respiración, y al practicarle el tacto vaginal comprobé la humedad que fluía de su vagina y observé como entrecerraba sus ojos y movía sus piernas sujetas a la camilla. La desaté y me pidió pasar al baño. Cuando retornó, le expliqué que todo estaba en orden y que lo único que le faltaba era un estímulo adecuado. Era lo que esperaba, me dijo.

Sin darle tiempo a defenderse la abracé y busqué su boca sensual que se abrió generosa para recibirme. Nuestras lenguas se fundieron y yo la atraje hacia mi cuerpo. Me rogó de no continuar allí pues mi secretaria podía sospechar. Entonces la invité a un hotel alojamiento cercano. Se negó al principio pero al ver mi decisión, finalmente aceptó. Lo deseaba. En camino al hotel me confesó que se había enamorado desde que me conoció y que jamás había estado con otro hombre excepto su marido, que desde los quince años la había poseído. Yo iba a ser su primer amante.

Ese día comprobé que tenía mucho que aprender y yo sería su instructor. Era dócil y generosa, podría disfrutar de los placeres sexuales como nunca antes. Le encantaba entregarse y gozar con ese cuerpo bello ardiente de deseo.

La poseía cada vez que podía escapar de mis obligaciones. Marta siempre encontraba la excusa adecuada para tener relaciones y yo generalmente con la complicidad de mi secretaria hallaba el hueco para gozar de esa madre magnífica. Practicábamos el amor en mi consultorio en los hoteles hasta que alquilé un departamento en el barrio norte.

Me encantaba jugar y fantasear con Ella, cada vez la conocía más y sabía de sus preferencias sexuales. A veces la depilaba en la bañera y le suavizaba la piel con cremas aromáticas. Le introducía el pene por la vagina y el ano que fue haciéndose más y más complaciente. Me encantaba sacarle fotos en distintas posturas y situaciones, hasta que decidí filmarla utilizando varios consoladores de gran tamaño. No se opuso, yo ejercía sobre Marta un gran poder de sumisión de su parte y siempre lograba mis deseos, pero cuando los vio se asustó y me suplicó que no los utilizara pues no los soportaría. La tranquilicé diciéndole que la conocía muy bien como ginecólogo y que iba a disfrutarlo y asombrarse de la capacidad de su concha y su culo al ver las fotos y la filmación. Acaso no había fantaseado, como me había confiado, ser una actriz porno alguna vez.

Finalmente la convencí y me puse manos a la obra. La induje a comportarse como tal y le acerqué los consoladores para que los utilizase.

Me asombró la inspiración para mostrarse ante la cámara. Se movía voluptuosamente y abría sus glúteos con sabiduría. Cubrió los consoladores de vaselina y comenzó con un juego rotatorio sobre la vulva que complaciente y húmeda se fue abriendo. Primero se introdujo uno normal pero luego uno enorme que yo había comprado de gran grosor. Luego fue otro que llevó a su boca y mamó, mientras jadeaba de placer. Luego el orificio anal abierto y filmado a corta distancia hizo que no aguantara más y la cogiera como nunca llenándola de semen por todos sus orificios y esparciéndole el resto en su cara para terminar limpiándome el miembro con pasión y deleite como Marta tan bien sabía hacer.

Fue una velada inolvidable que repetimos muchas veces por el placer que nos proporcionaba, el vernos en las fotos y la pantalla remedando a lo que veíamos en los filmes pornográficos que varias veces alquilamos. No teníamos motivos para envidiarlos.

Fue una hermosa y generosa amante hasta que todo terminó años más tarde cuando conoció a otro hombre que le ofreció lo que yo no podía pues no estaba dispuesto a concluir mi matrimonio.

MUNJOL hjlmmo@ubbi.com.

La diosa del placer infinito y los ojos de miel

Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: “¡¡¡¡así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue…!!!!”

¡¡¡Cómo lo estaba gozando!!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria…. en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía… en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar.

En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido.

Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

“Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía…”

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer… Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin…

Marco_crónicas
miscronicashot@yahoo.es

Novia borracha

Cuando la conocí tenía 20 años, y yo 31. Era una morenita de 1.70 metros, delgada, con la cintura pronunciada, un par de tetas enormes (tanto que pese a su juventud las tenía algo caídas), un culo normal, no muy levantado, labios bastante gruesos, pelo largo, castaño oscuro y una cara verdaderamente hermosa. Era ecuatoriana, yo chileno, pasamos algunos días juntos en mi departamento, durante los cuales no me costó nada que se entregara completamente, que me abriera las piernas y que me dejara cojérmela sin usar condón. Me la culeaba muchísimo, me chupaba la verga, se la enterraba en el culo, etc. Me contó que sólo había tenido una relación con un tipo bastante mayor, y que había sido el único que se la había comido, pero que había hecho con ella lo que quiso. Luego se devolvió a su país. Volvimos a vernos al cabo de unos meses y en definitiva, decidimos casarnos.

Ella estaba tan emocionada la noche de nuestro matrimonio que para aplacar su nerviosismo tomaba, casi sin darse cuenta, largos tragos de ron, y a mí me divertía ver como empezaban a notársele los efectos del alcohol, así que me preocupaba de que su vaso nunca estuviese vacío, mientras bailábamos, nos sacaban fotos y recorríamos las mesas hablando con los más de 200 invitados.

El matrimonio se celebraba en el salón de eventos de un hotel, donde también teníamos reservada una habitación para nuestra noche de bodas. Alrededor de la 1:30 la mayoría de los invitados estaban bailando, y yo me dedicaba a conversar y reírme con mis amigos, y en eso vi pasar a Rocío evidentemente borracha, supuse que hacia el baño, que se encontraba fuera del salón, cerca del hall. Decidí acercarme a ver si se encontraba bien, si necesitaba algo, aunque era más que evidente que tenía una borrachera impresionante. Cuando llegué al hall vi que un tipo de unos 35 a 40 años, que me pareció que era empleado del hotel, la tomaba de un brazo y con la otra mano la afirmaba de la espalda. Mi flamante esposa tenía los ojos entrecerrados y apenas podía mantener el equilibrio. El empleado le hablaba amablemente y le indicaba con los dedos el camino al baño de damas.

Yo tampoco estaba del todo sobrio, precisamente, así que pensando que le iba a tomar un buen rato sentirse mejor, volví al salón con los invitados. Debe haber pasado casi una hora cuando me percaté de que Rocío no había vuelto a la fiesta, así que me fui al baño de damas y le pedí a una señora que venía entrando que por favor me dijera si la novia estaba adentro. Salió a los pocos segundos, diciéndome que no había nadie en el baño. Se me ocurrió entonces que probablemente había decidido subir a nuestra habitación, que se encontraba en el tercer piso, y empecé a subir las escaleras. Cuando estaba llegando al tercer piso, escuché un ruido y me detuve justo antes de los últimos peldaños, detrás de unas plantas enormes que me mantenían escondido, a través de las hojas pude ver que la puerta de nuestra habitación se abría y salía el empleado, o quien yo supuse que era empleado, miró rápidamente hacia todos lados, cerró la puerta y se perdió por el pasillo, sin darse cuenta de mi presencia.

Aunque desde luego me llamó mucho la atención, por un momento pensé que se había ofrecido para acompañar a Rocío a nuestra habitación, ya que la había visto en tan malas condiciones hacía un rato. Rápidamente busqué las llaves y entré, cerrando la puerta detrás de mí. Encontré a mi reciente esposa con la mitad del cuerpo arriba de la cama, y las rodillas apoyadas en el suelo, aparentemente dormida (o inconsciente). Pensé que se había puesto en esa posición debido a su borrachera, y me acerqué a verla.

Estaba despeinada, con la cara apoyada de lado sobre la cama, la boca abierta y los ojos cerrados. La verdad, me calentó muchísimo verla en ese estado, tan vulnerable, tenía las rodillas algo separadas, y rápidamente pensé en empezar la noche de bodas en ese mismo instante. Su vestido de novia, blanco, impecable le llegaba hasta más arriba de las rodillas, me arrodillé en el suelo detrás de ella y con las dos manos tomé su falda y la levanté lentamente… me encantaba ver como asomaban sus piernas morenas de piel increíblemente suave. A mitad de camino, aparecieron sus calzones blancos, mínimos, a más de 15 centímetros de donde deberían estar, y en el medio una mancha de humedad considerable. Más caliente me ponía, porque ya empezaba a adivinar que podía haber pasado por ahí… Subí del todo su falda y confirmé mis sospechas. Roció no se movía en absoluto, no emitía ningún sonido, seguramente no se daba cuenta de nada. Noté sus nalgas y la entrepierna sumamente mojadas. Me agaché un poco y con los dedos abrí sus labios vaginales, perfectamente depilados (siempre se depilaba la entrepierna, dejándose sólo un pequeño triángulo de vello fino y corto en el pubis). Su concha estaba exageradamente abierta, y un chorro espeso de semen le brotaba despacio, bajando por sus muslos. Luego abrí sus nalgas, temiendo lo peor, y efectivamente su ano estaba espantosamente dilatado, y de él también manaba muy abundante leche, blanquísima y espesa.

Increíble… empecé a frotarle la concha con la mano, que lógicamente se empapó, y en ese minuto, con voz adormilada y ronroneante, que casi no se le entendía, dijo “no, otra vez no”. Era evidente que no podía moverse, ni siquiera abrir los ojos, y no parecía tener idea ni importarle mayormente quien estuviera frotándole la concha.

Nunca había sentido tanto morbo, rápidamente mi verga se endureció como si no hubiese tomado una gota de alcohol, bajé el cierre de mi pantalón, la empuñé con la mano derecha mientras con la izquierda mantenía el vestido de mi esposa sobre su cintura y, para que no me reconociera (si es que podía), sólo dije despacio “shhhh….” Mientras ponía la punta de mi verga en la entrada de su muy usada concha, para luego enterrársela despacio, sin parar, y hasta el fondo, hasta que sentí que chocaba con las paredes de su útero. Rocío con vos apenas audible emitió un pequeño quejido y luego repitió “no, no más” un par de veces, pero sin moverse en absoluto.

La concha tibia y chorreante, recién cojida, de mi esposa, se sentía increíble. Quería darle duro, pero sin movimientos bruscos para que no fuera a reaccionar, así que se la enterraba hasta el fondo y la dejaba unos segundos ahí, para luego sacarla despacio, casi del todo.

Mientras la perforaba imaginaba como se la habían culeado hacía unos minutos, y el morbo era impresionante… pensaba en como el empleado del hotel, un tipo maduro y sin ningún atractivo físico, se había aprovechado de una hermosa morena de 21 años, recién casada, una mujer que seguramente nunca soñó tener, con su vestido de novia, a metros de su esposo y doscientos invitados, y la había penetrado por concha y culo, la había llenado de semen y probablemente ella ni siquiera se había dado cuenta de quien había sido. Eso si es que no habían sido más de uno los que se habían comido a mi esposa en esos minutos…

Era demasiado para mí… sentí que iba a explotar en lo más hondo de Rocío, así que para prolongar el placer se la saqué y esperé unos segundos a que bajara la calentura, para luego enterrársela en el culo abierto (el tipo tiene que haberse gastado una verga impresionante), mientras me agachaba sobre su espalda y le preguntaba en voz baja… “¿donde está tu marido?…”, no decía absolutamente nada, así que me seguí calentando y perforándole con rabia el culo… ahora quería que se despertara, que se diera cuenta de todo, entes de explotar y llenarle nuevamente los intestinos de leche, así que la tomé del pelo y se lo tiraba con firmeza pero con suavidad, para obligarla a que levantara la cabeza, y seguía culeándomela, y le preguntaba al oido… “¿tu marido sabe que te están cojiendo como a una perra?”…

Rocío no participaba de todo esto, no era más que un cuerpo siendo usado, pero yo estaba llegando al límite con mi verga taladrando su intestino, mis propias palabras y lo morboso de la situación. Cuando no aguanté más enterré más aun mi verga en su culo, empujando fuerte con todo mi cuerpo, tiré el pelo de mi esposa hasta que levantó del todo su cabeza, y empecé a soltar al menos 8 chorros intensos de leche caliente en el culo de mi negrita… le decía “toma, cómetelo todo”…

Entonces abrió apenas los ojos, algo llorosos, y giró la cabeza con una expresión que claramente demostraba que no entendía nada, y me dijo “que bruto”, para volver de inmediato a poner la cabeza sobre la cama y volver a dormir su borrachera…

Ese fue el comienzo de mi matrimonio… podrán imaginarse el resto…

Cualquier comentario es bienvenido, un saludo a todos.

El tanga rojo

Lo vi y me encantó. Simplemente iba paseando y apareció ante mi como por arte de magia. Aunque más que rojo, aquel tanga era de un suave color granate. ¡¡Y no tenía costuras!!. Era fantástico. No dudé en entrar a la tienda y comprármelo.

Camino de casa no podía dejar de pensar en José María… estaba segura de que le encantaría, porque yo jamás había tenido un tanga de aquel color y… ¡¡¡ vaya, que creo que estrenar ropa interior es un motivo de fiesta !!!. bueno, ya es de imaginar el pase de modelo, las posturitas delante el espejo y ante tu pareja y luego…

Así que iba ideándomelas para sorprenderle. Aquel día era viernes por la tarde y casi iba siendo ya la hora de que mi marido saliera de la oficina para volver a casa… ¡era perfecto!. Decidí ir hasta allí, entrar a su despacho y mostrarle mi última adquisición de lencería.

En menos de 15 minutos me planté allí. Subí a la 8ª planta, donde él trabaja, y me metí en los aseos de mujeres para cambiarme y ponerme mi tanga rojo. Al salir, después de saludar a algunos de sus compañeros de trabajo – mi marido es el subdirector de la empresa -, me colé en su despacho. Antes me tuve que librar de la pesada de Mariola, su secretaria, porque decía que él estaba muy ocupado y blablabla… ¡Habrase visto! ¿Desde cuándo una secretaria puede tratar de impedir que una mujer entre al despacho de su marido!?

El caso es que entré. Me lo encontré hablando por teléfono y rellenando una serie de gráficas. Bah! Me senté delante de su mesa de caoba y me crucé de piernas a lo Sharon Stone, echando la cabeza hacia atrás, mesándome el pelo… después le miré con cara de viciosilla calenturienta, pero…él no me miró.

“ José María…que estoy aquí… ”

“Si, cariño” – dijo tapando la horquilla el teléfono -, “enseguida estoy contigo.”

José María.
José María y el trabajo. Me casé con él hace ya 3 años – ni siquiera los hemos cumplido – porque era un arquitecto de lujo. Un poco mayor que yo, eso sí: nos llevamos 16 años de diferencia. Yo tengo 29 y él tiene 45, pero es una fiera en la cama. Jamás he deseado a otro hombre. Pero lo malo de mi matrimonio es que él tiene demasiado trabajo y yo… bueno, yo no estudié, nunca me gustó, así que me ocupo de la casa. La verdad es que fue un milagro que un hombre como él se fijara en mi, no sé, es tan culto. Era amigo íntimo de mi padre, y así nos conocimos, porque José María siempre venía mucho a mi casa desde que yo era una niña. Es un hombre encantador. Pero creo que es demasiado ambicioso y apenas sabe disfrutar de la vida, de las pequeñas cosas… de cosas como mi tanga nuevo, por poner un ejemplo.

Permanecí un buen rato con los brazos laxos sobre los brazos del sillón (valga la redundancia), muy recta en la silla y con las piernas cruzadas. Pero ni caso. Al rato colgó el teléfono, se levantó, me besó ligeramente en los labios y, cogiendo su chaqueta, me anunció que tenía que salir un momento a recoger unos planos, pero que le esperara allí porque volvería enseguida, que tenía prisa y no sé que más historias.

Al verme sola en aquel enorme despacho no supe qué hacer. Me levanté, bajé las luces para tener más intimidad y me tumbé en el sofá como una muñeca rota. Lo cierto es que tenía una postura bastante indecorosa para ir vestida con mi carisimo traje de Armani, pero daba lo mismo, porque estaba sola.

Pasó tanto tiempo que me quedé dormida. Me despertó la puerta del despacho al abrirse y cerrarse de nuevo. Yo estaba tumbada boca abajo – me gusta dormir así – , y creyendo que era mi marido quien acababa de entrar, me incorporé de tal suerte que me levanté la falda hasta la cintura y me puse a cuatro patas, con lo cual le estaba dando una magnífica perspectiva de mi voluminoso y bien formado culo a mi esposo… tengo que decir que yo estaba de espaldas a la puerta de entrada.

Al ver que mi marido no me decía nada, comencé a ronronear suavemente y le dije, melosa:

“ Cariño…, ¿vas a permitir que este culito pase hambre?” – mientras me contoneaba insinuante…

Silencio.

Entonces, mosqueada, miré hacia atrás.

Y quien estaba allí no era mi marido, sino el director de la empresa.

Rápidamente me puse de pie y me bajé castamente la falda, que me llegaba a medio muslo. Era un chico joven; le calculé que tendría unos treinta y tantos años. Tenía un cuerpo muy bien formado, tan atractivo con aquel traje de chaqueta que lucía, y la corbata impecablemente anudada… por un momento, una idea me pasó por la cabeza, pero en seguida la descarté. ..él era el jefe de mi marido. O casi. Vamos, que yo nunca le había sido infiel a mi esposo, pero lo cierto es que hacía tanto tiempo que no manteníamos relaciones sexuales, tanto tiempo que no me dedicaba algo de tiempo, que me sentía un poco abandonada, olvidada; como si yo ya no le atrajera a mi marido…

Quizás dejé trasmitir inconscientemente esa sensación, porque me empecé a sentir desprotegida, en desventaja evidente ante aquel hombre casi desconocido para mi. No fui capaz de controlar la situación.

Y él lo notó. No pudo ser de otra manera, pues su gesto viajó sin transición del asombro a la seguridad y sin transbordo.

“Muéstramelo otra vez.”

“ ¿Cómo….?”

“ Que me lo muestres de nuevo, princesa… tienes un cuerpo tan hermoso… quiero verlo de nuevo. Muéstramelo.”

Me quedé parada, el corazón me comenzó a latir tan violentamente y tan deprisa que me dio la sensación de que se me saldría del pecho en cualquier momento.

Tímidamente me bajé la cremallera del costado de la falda y dejé que resbalara hasta el suelo. Salí de su circulo y le miré. Él me miraba serio y noté que se había acercado a mí.

“ Muy bien, princesa, ahora date la vuelta y agáchate sin doblar las rodillas, por favor.”

Obedecí, desde luego. Tenía una voz tan sensual que ni pude ni quise resistirme. Estaba muy excitada, y máxime pensando que mi marido podría regresar al despacho en cualquier momento. Yo solo me había acostado con dos hombres en toda mi vida. No me importa admitirlo: con un novio que tuve en la adolescencia, con quien estuve más de cinco años, y con José María, mi marido. Podría decirse que siempre fui una chica difícil… qué paradoja pensar en eso en el momento en el que un desconocido le pone a una cachonda.

Me sentí tan húmeda que imaginé mis flujos vaginales deslizándose por el interior de mis muslos y me puse mala.

Entonces él se acercó a mi, se agachó y pegó su cara en mis nalgas, cogió con un dedo la parte de atrás el tanga y, mientras lo sujetaba con los dientes, buscó y me acarició suavemente el clítoris.

Yo me incorporé un poco para apoyarme en la mesa del escritorio, ya que sentí cómo me comenzaban a flaquear las piernas. Estaba tan caliente que ni me inmuté cuando me mordió en la nalga derecha, aún con la cuerda el tanga entre los dientes. Yo estaba que me iba a dar algo, apenas podía creerme la situación en la que me hallaba, pero daba igual, ya no podía pensar, ya solo podía sentir y entregarme al placer.

Me cogió el tanga por los costados y me lo fue deslizando hacia abajo lentamente mientras me pasaba la lengua por la rajita del culo, hacia abajo. Cuando ya me lo había quitado, me giré y, al verle arrodillado, con su cara a la altura de mi entrepierna, le cogí la cabeza y le hundí su rostro sobre mi sexo.

Él me succionó con ansias, sediento, apretándome suavemente con los labios, besándome… le separé de mi y me tumbé en el suelo. Él se echó sobre mi y, aún vestido, me empezó a besar por el cuello, acariciando el interior de mis muslos, hasta que yo ya no pude más y le supliqué, entre sollozos, que me penetrara.

Se quitó la chaqueta, los pantalones y los slips, y se quedó con la camisa y la corbata, lo que me excitó sobremanera. Me penetró con tanta facilidad que casi me pareció imposible, pues siempre me había costado bastante con mi marido, pero eso no impidió que me doliera un poco, porque lo cierto es que ni mi antiguo novio ni mi marido gozaban de un pene como aquél…era tan largo, tan suave y tan ancho… A punto de llevarme al orgasmo le cogí con ambas manos de las nalgas y me impulsé rápidamente con mis caderas… hasta que llegué al éxtasis.

Permanecí con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente, como si el mundo me perteneciera y no me importara. Fue entonces cuando oí un portazo, la puerta del despacho se acababa de cerrar. Abrí los ojos y vi al director tumbado jadeante a mi lado y comprendí que mi marido ya sabía lo que acababa de ocurrir.

Me levanté trabajosamente, con los mis fluidos y los de él resbalándome por entre las piernas. Busqué mi falda y me la puse. Busqué mi nuevo tanga rojo, tan bien estrenado y, cuando lo hallé, lo pensé mejor y, en lugar de ponérmelo, se lo tiré a la cara al director de la empresa de mi marido.

Mi esposo tendría que quedarse sin sorpresa.

La vida es dura.

Aliena del Valle.-

La zapateria fetichista, una aventura de mi esposa y dos chicos

Hola nuevamente, gracias por tus líneas, sabes? Hoy fui con mi marido a Perisur, llevaba una minifaldita como de tipo de estampado tigresa, muy sexy, y muy corta, demasiado corta, con una blusa de licra escotada pegadita de hombro desnudo, entonces en una zapatería cara mi esposo me indicó si me gustaban unos zapatos, entramos y me probé varios, pero al llegar a unos, eran de tirita, el empleado, Carlos estaba ya muy nervioso pues no podía disimular la excitación que sentía al ver mis piernas desnudas cuan largas son, sentada y parada, viendo al espejo cada par, y su cara de idiota que acariciaba mi cuerpo, y la comisura de mis nalgas cuando la microfaldita se levantaba, y bueno, cuando llegó el momento de decirle “oye manito, me abrochas los tirantitos de los zapatos”, el titubeó, y dijo “claro señorita”, hincándose frente a mi. Entonces busqué con mi mirada, ya caliente por este juego provocado por mi, y él conocedor de los juegos de la nena Elvi, accedió con la cabeza sonriente, entonces mientras abrochaba el zapato, tembloroso, le dije “oye porque tan nervioso amor, dime te ponen nerviosa mis piernas” al tiempo que yo las tocaba como si me pusiera crema, de la rodilla hacia arriba del muslo, mientras las abría un poco, para permitirle un vista perfecta de mis tanguita blanca, de hilo dental, el chico se sonrió atontado, ya para esas alturas el bulto del pantalón no lo podía disimular. Pero, casi olvidaba al otro empleado que también estaba ahí, Luis, quien no perdía detalle, y que por cierto era mas aventado, pues se acercó a mis espaldas, y oyó perfectamente lo que le decía el empleado frente a mí; Luis vio entonces a los ojos a mi marido que se mantenía distante, a la entrada del negocio, y le dijo “son swinger ¿verdad?”, mi marido asintió con la cabeza; entonces Luis le dijo a Carlos, “ella es una chica de las liberadas que te he contado hermano (¿???) les gusta exhibirse y la acción, son de mente y piernas abiertas”, el chico frente a mi se le iluminó el rostro y entonces pasó a un papel activo, pues comenzó a deslizar sus manos por mis piernas desnudas, delicadamente, y al ver mi aceptación tácita, entonces las caricias se hicieron mas audaces, y subieron esa dos manos blancas por mis muslos, hacia mis nalgas, y luego enderezaron sus caricias hacia mi entrepierna; entretanto el chico de espaldas a mi, pude ver por un espejo que se masturbaba, sobándose encima del pantalón dando un paso hacia mi; “aaahhh” dije cuando los dedos de Carlos tocaron mi sexo, y con habilidad y audacia hacían al lado con dos dedos la tanga para introducirse entre lo vellos púbicos, y sentir mi vagina empapada, y luego penetrarla con su dedo incide hasta tocar el clítoris, lo que hizo retorcerme en el sillón… estaba excitadísma, no se si por los dos chicos, de pensar que eran hermanitos, o por la excitación de que otro cliente o clienta entrara en esos momentos y nos descubriera, con el escándalo consiguiente; aunque mi marido estaba alerta en la puerta; pero yo seguía gozando aquello, entones sentí las manos del chico detrás de mi, pasando sobre mis pechos sin recato alguno, localizando mis pezones erguidos y dándoles pequeños apretones, para endurecerlos mas. Entonces el chico hincado me comprendió, pues era un fetiche de los pies, así es que sacó su mano de mi sexo y comenzó a lamer y mamar mis dedos de los pies (que bueno que los traigo siempre perfectamente pintados, limpios y bonitos) y vaya que si se prendió, pues realmente los adoraba y quería acabárselos a lamidas y succionadas, fue algo raro pero placentero, pues al mismo tiempo el otro pene, del chico a mis espaldas, me rozaba y se entremezclaba con mi cabellos a veces, sintiendo yo rico ese masaje inesperado, hasta que este chico Carlos estallo en sus ropas, gimiendo, seguido de Luis, que si se había bajado la bragueta y se inclino vencido por el orgasmo echando su semen en la alfombra, algo en mi pelo, y hasta unas gotas cayeron en mi minifaldita encogida inclusive; todo esto en cosa de 5 minutos creo yo; en eso se vio a un cliente que quería pasar!!! yo no pude evitar llevarme los dedos a la vagina para tallarla y sentir unos espasmos de placer por toda aquella morbosa situación, inesperada y caliente.

Pero mi esposo lo intercepto y no se que le dijo, (luego supe que le dijo “estan haciendo cambio de cajero, tardan 10 minutos en terminar de atender”) pero el cliente desistió, lo bueno es que no se veía para adentro fácilmente por los aparadores y los cristales; entonces me incorporé , me temblaban las piernas, y me sonreí con ambos, apurados por limpiarse; me arreglé la ropa, y me dirigí a la caja, diciéndole a Luis “me llevo estos ¿cuanto es?”, en eso entraron dos señoras copetudas de la liga de la moral, que ahí ya mi marido no pudo detenerlas, a ver unos zapatos, por mi parte saqué el dinero, y en un rápida maniobra, a un lado del mostrador hice algo mas, rápidamente me bajé la tanga y me la quite, diciéndole a los dos hermanitos, “Gracias, muy buen servicio” y poniendo la tanga en el mostrador, les dije “quédense con el cambio” y salí sonriente, sin nada “abajo”, empapada y dándole un ardiente beso a mi marido, quien vivió conmigo esos momentos de excitación al máximo. Bueno, de ahí caminamos, yo estaba muy caliente dejando que la faldita se trepara y que se me ocurre subirme por las escaleras eléctricas, así es que ya sabrá quien lea esto, lo que causé, rematado porque mi maloso marido no se paró atrás de mi como acostumbra al subir este tipo de escaleras (dizque para que no se me vea todo, aunque yo sé que se da sus mañas para hacerse un lado, permitiendo ver rápidos “flashazos” de mis nalgas) sino que se paro junto a mi y caso al llegar arriba, le metió la mano atrás. Quien sabe cuantos nos vieron, solo oí murmullos y hasta aplausos atrás, de ahí nos dirigimos al auto, a terminar de estallar en el auto, pero nos salió al paso Juanito, un chico compañero de mi oficina, pero esa es otra historia.

Bueno, que te parece esta parte de mi reciente aventura? Saludos, Elvi

elviuli@hotmail.com

La Carta

para Aranxa y José Alberto

México, D.F., abril 2000

Querido Alberto:

Sabes bien que en estos 15 años de convivencia nunca he puesto reparo ni condición a ninguno de tus gustos y proposiciones, aunque muy al principio tus fantasías me parecieron demasiado sofisticadas e incluso atrevidas para una mujer como yo, criada en un ambiente conservador aunque no exageradamente estricto, que siempre se ha considerado a sí misma un ser humano de contemporánea mentalidad inquisitiva. Fueron el amor, la curiosidad y el deseo la mezcla explosiva de cada una de las aventuras que ambos hemos explorado juntos para ensanchar el horizonte de nuestro placer. Como tantas veces te lo he dicho, estoy orgullosa de mi.

Fui yo quien en los últimos tiempos tomó las iniciativas más audaces en los territorios de nuestra sensualidad y compartida satisfacción. Los primeros años de matrimonio, años de intensa plenitud y entrega, agotaron en buena medida nuestras posibilidades de expresión y capacidad de sorpresa como bien me dijiste después de que hicimos el amor en un hotel de Venecia, donde los espejos del techo y de los muros devolvían la bella imagen de nuestros jóvenes cuerpos sudorosos. Ciertamente, luego de aquellos primeros siete años de vivir juntos habíamos aprendido a acoplarnos de mil maravillas en lo intelectual, en lo afectivo y en lo físico. No había ya un rincón de mi piel que no disfrutara, temblando, con el roce de tu lengua o de tus dedos o con la embestida furiosamente dulce del exquisito manjar de tu sexo, o con el zumbido de la rica colección de vibradores que hemos formando de a poco.

En estos años he disfrutado el estar desnuda en casa todo el tiempo que paso en ella, o tomando así el sol mientras leo en el jardín de Cuernavaca al lado de la alberca, o en top less en la playa contigo y con nuestros queridos amigos y amigas comunes, o a no llevar ropa interior, a excepción de medias, cuando salimos a alguna fiesta o al teatro, humedeciéndome al saber que te encanta tenerme a tu lado semidesnuda, presintiendo que de pronto y sin aviso previo acercarás tu mano para sentir mi vulva sin la mínima sombra de vello.

He disfrutado y disfruto intensamente acariciarme para ti, para mirar cómo me miras con los ojos prendidos —ojos de fuego negro— cuando con lentitud me introduzco un vibrador o el collar de perlas o las esferas chinas, o cuando insserto mis dedos muy al fondo de mi entrepierna; cuando acaricio mi botón rosado ya sea boca abajo, levantando la grupa en nuestra cama o sentada sobre tu pecho. Siempre me ha gustado provocarte en el auto, camino de nuestras respectivas oficinas, cuando tus manos a pesar de su inquietud no pueden separarse del volante y yo me froto y me vengo en líquidos gemidos, apretándome un pezón como a un rubí enmedio del tráfico del periférico.

De tu pene, cetro de mis placeres, puedo decirte que aprendí con cada milímetro de mi piel a degustar su sabor a fresas silvestres, a paladear su tamaño, consistencia y grosor e, incluso a necesitar, como una adicta, de su textura triunfal en las profundidades de mi lugar más recóndito y estrecho: ese apretado y prieto cerco que siempre será virgen, que siempre quiere ser amado, acariciado, abierto, descubierto, distendido, lengueteado, ensalivado, aceitado, asaltado y perforado por tu dureza.

Y es que no me averguenza contar a mis amigas y mucho menos a mi analista que el placer anal es la más atisfactoria de nuestras mutuas preferencias eróticas, a pesar de que las primeras veces que lo hacíamos sentía, cuando comenzabas a entrar, una mezcla de dolor y goce, aún si lo hundías despacio y profusamente ensalivado por mi lengua o bien empapado de resbalosa vaselina. Pero el dolor desaparecía de golpe por ese torrente de magia que brotaba de tu jadeo, por ese privilegio de dejármelo ir de raíz a lo más profundo, de empujármelo con firmeza pero con suavidad, hasta tocar el invisible fondo, hasta que me encendías como a una cegadora luz de pirotecnia, enloquecida en la cadencia de mi propio placer y acompaséndome al movimiento de tus caderas, desparramada, pegada a ti, poseída, aferrada por tus brazos como indómito animal sin darnos tregua.

Bien conoces que no nos negamos a nada. Al igual que tú y en igualdad de circunstancias lo consentí todo por el puro gusto de sabernos excitados, deseándome y deseándote, por la única y plena satisfacción de sentirme constantemente amada, seductora mojada y seducida, llena de vida y de sensualidad febril. Como cuando al terminar la fiesta inolvidable de tu cumpleaños 45 me pediste que hiciera el amor con Xavier, aquel guapo amigo tuyo que se quedó hasta el final del festejo, para hacer realidad nuestra fantasía de verme gozar sobre la alfombra persa con la minifalda de seda negra arremolinada en mi cintura, mientras frente a mi cara te masturbabas goteando, provocado por mi hábil manera de montarlo y de gemir como una loca. Luego me diste tu sexo entero hasta el caoba de tus rizos para que yo lo lamiese y succionara antes de que me penetraras, al mismo tiempo que Xavier, por el culo y de un solo y certero envío. Los tres nos venimos al unísono y así, hechos un suculento emparedado de miel, nos quedamos largo rato sin decir media palabra, ronroneando, esperando por el siguiente set que no tardamos en jugar como si fuéramos ya expertos.

Hoy me parece que aquella primera vez que hicimos un trío tuve la sensación más exquisita y extraordinaria que he experimentado, alcanzando un larguísimo orgasmo una y otra vez, doblemente alanceada por dos hombres deseantes que mordían mis hombros, mi nuca, mi espalda, mis pezones endurecidos; dos hombres que abrían totalmte mi jadeo, que me hacían proferir fogosas obscenidades mientras mi botón endurecido al máximo dolía de puro ardor. Me acuerdo, y me da risa, que no pude sentarme bien en el despacho al día siguiente, y que durante toda la semana tuve que llevar una blusa o un suéter cerrados y un vestido hasta el tobillo para ocultar las hermosas marcas que enrojecían mi cuello y mis muslos.

Reflexionamos y hablamos mucho después de aquello. Yo sentí y creo firmemente que mi sexualidad empezó a florecer con mayor plentitud, y que nos habíamos unido aún más como pareja, como amorosos cómplices que compartían sin tapujos clasemedieros ni celos estériles una misma y hasta entonces inédita perspectiva de nuestras ricas posibilidades humanas. El erotismo nos transformó y se transformó de ese modo en una activa forma de felicidad encarnada por la sensualidad y fidelidad conjuntas.

Repetimos y mejoramos con creces esa experiencia novedosa ¿cuántas veces? ¿en cuántos lugares? No lo recuerdo. Fueron muchas las ardientes ocasiones en que, con Xavier o con Pedro o con Daniel o Ángel, con sus respectivas parejas o sin ellas, me llevaste a desconocidas y más altas montañas de mi femeneidad en pleno éxtasis, mordisqueando, olfateando, lamiendo, entrando y saliendo, haciendo de mi cuerpo un doble o triple albergue que hospedaba generosamente tu verga y la de los otros que, para mi deleite, iban intercambiandose de lugar detrás o enfrente, debajo o encima de mi. Luego tú y yo volvíamos a casa, aún excitados por las sensaciones e imágenes compartidas, y hacíamos el amor con más dulzura, con mayor pasión, entregados sin reparo a nuestras propias fantasías y al recuerdo de la experiencia reciente que muchas veces filmaron y fotografiaron los amigos para nuestra videoteca y nuestro álbum íntimo y secreto.

Así sucedió también cuando lo hacíamos con Amarilis, tu amiga de la universidad, la adorable historiadora de fino y abundante vello pelirrojo en el sexo y las axilas y con percing en el ombligo y en cada pezón unido por una cadenita de plata, quien nos lamió lenta pero delicada y salvajemente mientras hacíamos el amor el verano pasado en Acapulco, hasta que se le inflamaron los labios de su delectación. O con Guadalupe, la arquitecta y dulcísima gritona de pechos opulentos que a tu pedido siempre llevaba un liguero beige y te montaba y lengueteaba y besaba mi boca, a la vez que yo me ponía a horcajadas sobre el río impetuoso de tu rostro para sentir tu barba raspándome y tu lengua como un áspid inquieto entre mis piernas. O con Valentina, que tenía tatuado un pegaso con las alas desplegadas en la ingle derecha, y que me enseñó a usar con ella aquel enorme vibrador de dos cabezas en el jacuzzi de un hotelen Can Cún y que al lado de su marido vouyerista disfrutó embelesada el ver la manera en que yo pausadamente chupaba y aprisionaba tu miembro entre mis senos, embadurnados de aceite de almendras comestible.

O con Aranxa, nuestra tierna poeta y vecina de larga cabellera con quien tantas tardes y noches interminables me derretí en un 69 fulgurante mientras tú la penetrabas largamente por cada orificio. Y yo, debajo de ella, aferrada a sus nalgas bronceadas que para ti abría al máximo y lamía, observaba extasiada como espectadora de primera fila el jugoso espectáculo de tu forma de disfrutarla, de darnos siempre a cada una prolongados orgasmos sin escatimar en nada, de alzarnos hasta el goce de lumbre húmeda que sabías encender y multiplicar para nosotras. Luego entre risas dormitábamos abrazadas a ti, viendo uno de nuestros videos, hasta que el deseo te hinchaba de nuevo y las dos, hembras en celo, hacíamos turnos para absorber tu virilidad, apostando a ver cuál de las dos conseguía mantener la punta en el fondo de su garganta por más tiempo, antes de colocarnos las dos en 4 patitas y en paralelelo para que tú, desde atrás de nosotras, nos tomaras alternativamente. O mejor dicho, para que nosotras nos alternáramos para tomarte.

Y es precisamente por la hermosa Aranxa, nuestra escritora de almohada y cabecera, que escribo esta carta que al volver de tu trabajo leerás en esta misma pantalla. Debo decirte, querido Alberto, que creo haberme enamorado de ella, que no dejo de pensar en sus cálidas y elásticas curvaturas, en su eléctrica forma de venirse, de coger y ser cogida, en las cerezas de sus enormes aureolas tan parecidas a las míos que, como bien le dijiste una vez, coronan dos montículos gemelos con un color similar al de mis labios. Sueño constantemente con ella, con sus gemidos a la hora de venirse, con su cintura flexionándose para llevar sus rodillas a los lados del óvalo hirviente de su cara, elevando sus piernas hacia el cielo, con el sólo propósito de que nuestras lenguas y sexos froten su pubis ávido, o nuestros dedos se disputen, una vez más, el privilegio de invadir sus dos espesas hendeduras. Mis noches de unos meses a hoy así se han convertido en una obsesión que se repite y se repite, y que me despierta, empapada en sudor y néctar, enmedio de pétalos de éxtasis cuando de algún lugar de la memoria me asalta el olor marítimo de su cuerpo y hasta la siento jadear contra mi oído.

En este último año de hacer deliciosos tríos con ella o apasionados cuartetos en los que ha intervenido Pedro, su ahora ex esposo, me he dado cuenta de lo mucho que me gusta el embriagante sabor de la dulce Aranxa, sobre todo cuando lo he probado en directo de su sexo, sin tener que degustarlo por intermediación de tu espléndida dureza o de la de Pedro. Me he percatado de lo mucho que disfruto de su personalidad y de su compañía, ya sea entre las sábanas o al ir de compras o al gimnasio o a algún restaurante, sintiendo las miradas lascivas de los hombres que parecen adivinar que bajo nuestros trajes sastre no llevamos nada puesto, y que nuestros pubis igualmente depilados sonríen y chasquean en armonía cada vez que caminamos tomadas de la mano. Como bien sabes, no han sido pocas las oportunidades en que las dos, aguijoneadas por el deseo, hemos terminado por abrazarnos, besarnos y acariciarnos en algún baño público o en un estacionamiento.

No te he negado nada, amor mío, y tú a mi tampoco nada me has negado. Por ello, hoy que los tres hemos regresado de vacaciones, te pido que acojas esta nueva experiencia. Más ahora, que ella ha decidido separarse de su marido para vivir con nosotros y compartir esta fantasía que se ha tornado en una realidad inquietante y ajena al menor atisbo de pudor o inhibiciones. Tú podrás dormir en la habitación de visitas o en la biblioteca y, de tanto en tanto, te invitaremos a hacernos compañía en el lecho. Ella sin duda también estará de acuerdo.

Te quiere y desea,

Rowena

Email de Rowena Citali >>> excalibur132@hotmail.com

Una placentera venganza

Era un dia Sàbado, mi marido habia invitado a varios amigos para festejar mi cumpleaños, yo no tenia nada planeado para ese dia.

Una semana antes mi marido no llego a dormir a casa, habia salido con unos amigos, precisamente los que estaban invitados ese Sàbado.

Empezaron a llegar y uno de ellos habia llevado una botella de vino para brindar. Su nombre es Sergio y èl me pidio algo para destapar el vino, fui a la cocina y saque un sacacorchos y un cuchillo de cocina, cuando me acerque se me ocurrio hacerle una broma a Sergio; le puse el cuchillo en la garganta y le pregunte donde habian estado con mi marido el pasado fin de semana, èl sin titubear me dijo que en un burdel, nadie presto atencion ya casi todos estaban pasados de copas excepto Sergio y yo, me senti muy mal con su respuesta, no era el momento de saber esas cosas pero yo lo obliguè y tenia que aguantarme asi que me puse a tomar mas y mas casi me termine sola la botella de vino.

Casi a media noche ya no habia trago entonces todos se dispusieron a ir a comprar menos Sergio y nos quedamos los dos, yo senti que era hora de vengarme entonces me acerque a Sergio y le plante un beso que hasta el dia de hoy no olvida, el me correspondio y sentì como sus manos subian por mi vientre y se quedaban como dubitativas en mis senos entonces puse mis manos sobre las suyas y las aprete contra mis senos, luego deje una de sus manos en uno de mis senos y baje la otra hasta mi pubis, seguiamos besandonos hasta que senti que mi pantalon se soltaba y caìa a mis pies entonces senti sus manos como locas recorriendo toda la parte inferior de mi cuerpo yo ya estaba que me corria, lo empuje contra el sillon le baje el zipper y salio como un resorte su maravilloso instrumento me acerque suavemente y empece a lamerle la cabecita de su pene con la punta de mi lengua y luego poco a poco fui bajando y subiendo con su enorme miembro durisimo dentro de mi boca, le lami hasta los huevitos y luego me deshice de mis bragas y me sente sobre el con toda la blusa descubierta, mis senos le llegaban a la cara y muy lentamente me meti su miembro en mi concha y empece con un movimiento circular que hacia que mi clitoris rozara con parte de su pubis haciendome vibrar, cada vez me mojaba mas hasta que empece a moverme mas rapido de arriba a abajo y termine mojando hasta sus piernas, luego el me levanto me puso en el sillon mas largo e instintivamente separe mis piernas y empezo a meter su lengua en mi concha y con su nariz rozaba mi clitoris y con una de sus manos metia unos de sus dedos en mi culito ese momento senti que algo muy caliente bajaba dentro de mi y termine en su boca, cuando lo mire se relamio los labios me puso de cuatro y me metio su pene que ya se habia recuperado en mi culito, senti un dolor terrible pero parecia no importarle pues lo metia con mucha fuerza hasta que el se elevo en un grito que pense que los vecinos lo escucharian y senti como sacaba su pene y todo su semen corria hacia mi concha y mis piernas en ese momento escuchamos la puerta de calle que se abria y el cogio la ropa se metio en el baño y yo me fui a mi habitacion. Unos minutos despues mi marido entro en la habitacion y yo estaba sentada viendo television, me pregunto por Sergio y le dije que estaba en el baño, luego continuo el festejo hasta las 6 de la mañana que yo ya estaba completamente borracha de tanto tomar no podia ni pararme mi marido se habia dormido muy profundamente y todos se fueron menos Sergio que me llevo en brazos a mi habitacion me desvistio y tuvimos una grandiosa envestida que me dejo exahusta, mi marido nunca se entero pese que la segunda envestida fue delante suyo pero èl estaba durmiendo.

jhmp

Mi madre paso a ser mi mujer (3)

Después de saber todo aquello sobre mi madre, tuve un tiempo unos días un poco con la cabeza en ebullición, había escuchado cosas increíbles pero también había cosas que aún no sabía. Así que me dediqué a ordenar un poco las ideas. ¿Cómo me sentía? Rabioso, me sentía engañado, era casi de conocimiento público que mi madre era una golfa caliente. ¡Y yo que pensaba que se había pervertido conmigo! Pero por otro lado, cachondo, que mi adorada mamá fuera putilla, me daba mucho morbo, y pensándolo bien no era raro, ahora que la miraba sin el velo del amor filial, o sea, ahora que la veía como Catalina, lo extraño sería que no se la hubiera tirado nadie antes que yo. Su manera de vestir, sexy y un tanto provocadora, lo sensual de sus movimientos, lo coqueta que siempre ha sido (algunos dirían que calientapollas),….en fin, toda ella es de las mujeres que se nota que van sueltas, sin prejuicios, que les va la marcha, vaya, que les gusta follar y que si la pescas en buen momento, te la haces seguro, vaya, que si no eres muy torpe, te la follas. Un morbo añadido al que me daba que fuera mi madre. Eso me hacía sentirme animado, por encima de lo negativo, podría disfrutar de mi madre mucho más de lo que imaginaba. El resumen era:

– Probablemente, muchos de los padres de mis amigos, y de los que no eran mis amigos pero estaban en mi curso, y hasta los de alguna de las chicas, se habían cepillado a mi madre y también sabían lo que era una mamada de Catalina, hace años, sí, pero lo sabían. Y sobre todo el padre de mi amigo Sebas que había estado follándosela al menos un año, hasta el punto que algunos cabrones habían hecho comentarios sobre la paternidad de mi hermano. Pensaba en todo este tiempo, creciendo con mis compañer@s y amigos, yendo a sus casas y ellos a la mía, y en las reuniones de padres, y en todas esas ocasiones ellos pensando en lo bien que Catalina les había comido la polla o en el polvo que le metieron. Ufff, si fuera un marido celoso me volvería loco, pero no era ni marido nii celoso y, en verdad, me descubrí con la polla dura de pensar en mi madre así. Me daba mucho morbo.

– Tenía que averiguar más, saber todos los que habían estado con ella, saber si mi padre lo supo, si hubo algún intercambio, no lo creía probable pero tenía que intentar saberlo.

– Tenía que follarme a Sara, su padre había dicho que tenia ganas de follarse a mi madre, y había dicho que era muy puta, así que a ver quien de los dos folla primero, él a mi madre o yo a su hija. Y se lo diría después,” te has tirado a la puta de mi casa y yo a la puta de tu casa”. A ver qué tal le sentaba.

– Me propuse que quería ver a mi madre follar, convencerla que era mi putita y que debía follar con mi amigo Sebas. Así sabría cómo son el padre y el hijo, y quien de los dos folla mejor. Y además Sebas me estaría agradecido siempre, tal como babea con mi madre. pero tenía que trabajarme más a mi madre, tenerla más dispuesta y eso quería decir follarla y hacerla gozar más veces hasta que estuviera entregada.

– Y también me apunté que me gustaría follarme yo a la madre del Sebas, no estaba tan buena como mi madre pero era muy follable, rubia y delgada, buenas piernas y buen tipo, ojos verdes, vaya que no tendría problemas para ponermela tiesa, y ponerle cuernos a su padre, el cabrón que se los había puesto al mio. No me caía nada mal, ni mucho menos, pero me parecía de justicia. Y me daba morbazo.

– Me apunté que también podría hacer que otros de mis amigos también follaran con ella o al menos, que les hiciera una mamada

Paré aquí, porque pensaba que después ya veríamos, podría ser aún mejor. Y todo eso sin que mi padre se enterara y que ella siguiera satisfaciéndole como su mujer, no le veo especialmente ardiente y pasional pero sus polvos se echan y la oigo a mi madre correrse.

El mismo día de la fiesta donde me enteré de todo eso, iba super caliente y excitado, y al volver a casa solo pensaba en que no podia pasar sin follarla, estaba loco por meterla en ese coño medio público que tenía, y se lo dije, en un aparte en la cocina:

– Mama, necesito follarte. Te necesito ahora mismo, tengo esta polla que te gusta tanto a reventar.

– Por favor, hijo, que está tu padre y tu hermano, hay que ser prudentes, de ninguna manera – me dijo, frunciendo el ceño.

– Ok, mama, te espero en mi cuarto cuando el papa duerma – le dije, mientras le tocaba suavemente el culo, por supuesto solo cubierto por la tela suave de su vestido, como siempre con tanga, – si le echas un polvo, se dormirá antes, y después vienes conmigo, así podrás saber quién de los dos te folla mejor.

– Pero ¿qué manera de hablarme es ésta, hijo? por qué tan descarado, tan….guarro – pero no hizo nada por apartarme la mano de su culo

Le aprete la mano en el culo, le di una palmadita suave y le metí la otra mano por el escote hasta encontrar su pezón duro y se lo agarré y le susurré al oído:

– Porque es lo que te gusta, mama, tú misma me has dicho que te gusta ser mi puta, mama, así que vendrás a follar con tu querido hijo – le puse la mano que tenia en el culo en el coño por encima del vestido, le acaricié suavemente el coño y la otra pellizcaba su pezón, no hizo nada por apartar mis manos – sabes que te correrás como una guarra, te gusta demasiado – aumenté la presión sobre su chocho, gimió – ¿ves cómo disfrutas? Tengo muchas ganas de tener mujer hoy y tu te pierdes por ser mía.

– Hijo… – susurraba – de acuerdo, no debo…. pero iré.

– Buena putita -le dije y me fui. Antes de salir de la cocina me volví- Ah, mama, acuérdate de echarle un polvo al papa, me da morbo que estés recién follada. – me fui definitivamente dejándola con los ojos como platos, sin poder creerse que su hijo le hablara así. Y yo encantado.

Por supuesto que vino, un poco antes de las dos de la madrugada. Antes les habia oido follar, mi madre era obediente, vino como una diosa, con su camisoncito corto y transparente y entró contoneándose. Yo estaba sentado en mi silla leyendo en la mesa, me giré. Me la imaginé así en la escena de la casa de convivencias, provocando a los cinco tipos. Y ahora provocándome a mi, a pesar de lo que me protesta, si es que era una hembra caliente como ninguna, no me extraña que se la follaran todos, si es que iba así, iba pidiendo rabo a gritos. Me encantaba mi puta madre. Se plantó allí mirándome nada más cerrar la puerta de mi cuarto, las manos en las caderas y provocadora, sin decir nada.

– Uauuu, mama, estás para levantársela a un muerto – le solté – Eres preciosa, vaya polvo que voy a echarte.

– Necesitas mujer y aqui la tienes ¿estás preparado para follar con la mama? – me miraba con una leve sonrisa.

– Déjame que te vea bien mama, – ella fue haciendo lo que le decía – levantate el camisón enséñame el chocho – una pasada que tu madre obedezca asi – date la vuelta, ahorea por detrás, vaya culazo, mama! – Dame un capricho, desnúdate y ven a comerme la polla.

Vi que dudaba un instante pero lo hizo, deslizó el camison por su cuerpo, quedando desnuda ante mi, mirándome provocona, las tetas que me habían alimentado de pequeño, ahora desafiantes con los pezones duros ofreciendome otro tipo de placer y el coño rasurado, ese coño que había tragado tanta polla y que me había parido, ahora ofrecido.

– Una diosa, mama, ven a comerme la polla – se acercó contoneándose y se arrodilló entre mis piernas.

– Me nene quiere que mamá le chupe la polla – yo no hacía nada, ella me bajó el pantaloncito, y apareció me polla erecta, ella, experta, la cogió y comezó a lamerme los huevos, diosss, se los metía en la boca, sabía como poner fuera de sí a un tío. Sus tetazas me rozaban los muslos.

– Cómemela – le dije. Ella obedeció y se metió mi glande en la boca, la cogí del pelo y la fui acompañando en el mete saca, me estaba excitando demasiado, – te he oído follar con el papa, te he oído correrte, buena puta, mamá. Hoy te vas a hacer dos hombres. – no le dejé levantar la cabeza – Sigue chupandomela, mama, no hables. Seguro que puedes hacerte más de dos, por lo menos cinco – noté que me apretaba más la polla – Seguro que te has cepillado a cinco seguidos, mama. – le dejé levantar la cabeza y mi polla quedó libre.

– Eres un demonio, hijo, ¿por qué me hablas así? – fruncía el ceño.

– Mama, no puedes regañarme arrodillada entre mis piernas, desnuda y con mi polla en la mano – le dije, ella sonrió ampliamente – y te hablo así porque te excita y porque eres mi puta. Y porque estas deseando que te folle con esta estaca que me has puesto de tanto chuparmela.

– ufff hijo, eres un diablo, ¿cómo es que me excitas tanto? Dame un beso- nos levantamos y nos abrazamos desnudos, mi polla entre sus muslos y la morreé con ganas. Ella se frotaba el coño contra mi polla y besaba gimiendo, de calentura. Dejé de besarla:

– Di que eres mi puta

– Nunca pensé que diría esto….y menos a mi propio hijo -hizo una pausa, aprisionado mi rabo cotra su coño – quiero ser tuya, cariño, me excita tanto que me desees y me folles, me excita ser mujer para ti, que me trates como tu puta, hoy me he corrido con tu padre pensando que después estaría contigo y que me llamarías puta, mientras me matas de placer con tu polla enorme.

Me volvía loco de gusto oir eso de mi madre, la besé y la giré, inclinándola y apoyando sus manos en la cama:

– Ofréceme tu chocho, mama, siéntete muy puta.

– Ummmm si si, cariño – separó las piernas y echó para atrás el coño, bien pronunciado, carnoso – tómame, jódeme , fóllame…deseo ser tu puta.

– Estás muy guarra así, mama, me pones, vaya pedazo de chocho que se acaba de follar mi padre – le sobé el coño con la mano, mojado – aún tienes leche dentro, putita.

– Ummmmm, sí, hijo, llevo leche de tu padre en la vagina, uffffffff me excita tanta guarrada, aaaaaaa qué gustoo- le metí dos dedos -AAAAAAhhhh, fóllame, ummm – tenía el coño muy caliente y mojado, los dedos entraban tan fácil que decidí meterle tres -AAAAAhhhhh – se quejó pero le entraron bien y seguía gimiendo – uuuuuuuaaa, fóllame por dios fóllame…….

– ¿Así como una perra, mama? – le urgaba con los dedos y la dilataba –

– uuuufff hijo siiiii, como una perra, siiiii, quiero ser tu perrita, mmmmmm siiiiii – le saqué los dedos y le di una palmada en el culo, tambien se excitó, decididamente una guarra caliente, preciosa y ansiosa. le di otra palmada – aaaahhhh siiiiiii, diooosss qué placer…..

– MI PERRA QUIERE RABO DEL BUENO y me lo va a pedir – le di otra palmada, me fascinaba como mevía el culo y el bamboleo de sus tetazas, le agarré la teta que estaba de mi lado – mmmmmm qué buenas tetas! – le tiré suave del pezón, estaba disfrutando como nunca con ninguna tía, todo lo que le hacía le daba placer y la ponía más guarra.

– Uummmmm siiii, dame rabo del bueno, del tuyo, dame tu polla, uuuuuuuu cariño, métemela – la tenía rendida, pero quería prolongar el momento, le tiraba del pezón y le magreaba el coño – por diosss, niño, ¡¡jódeme!!, ¡¡folla la mama!!

– PUTA – le empujé hacia la cama, se subió de rodillas, y le forcé el cuerpo hacia abajo, apoyando la cabeza y las tetas, una postura obscena, su coño expuesto – vaya postura de zorra caliente, mama – le puse la polla en el coño y se la metí de golpe – ¡PUTA!

– AAAAAAAAAHHHHHgg – boqueba de placer, gemía, y yo empecé a bombearla duro

– Toma tu ración de rabo, mama. Seguro que te han jodido mucho tios – le di palmada en el culo – dimelo

– AAAhhhg sssiiii, me han jodido muchos – mordia la almohada para que no se oyeran sus gemidos, yo veia mi polla entrar y salir de mi madre – ninguno como tú……diosssss niño…..qué prodigio de pollaaaaaaa….uufff mucho mejor que la de tu padre, siiii – se la metí hasta los huevos y la empecé a mover dentro en circulos – AAAAAAAAh aaaa por diossss hijo, qué bien me follaaaaaasss…..

– Seguro que te has tirado a varios tios a la vez, guarra – le dije sin parar de darle – ¿con cuantos has podido, putita?

– uuuuuuuu siiii ….. me excitas…..he jodido con cinco tíos seguidos – confirmado, pensé – mmmmmm oooooooohhhh qué gusto, hijo

– Me excita tener una madre puta, te voy a poner a joder con mas de cinco, putón – le dije, – ¿quieres? y luego te follaré yo – le di dos palmadas en el culo

– uuuuuffff siiiiiiii…… joderé con todos….. siiiiiiii, pégame, dame rabo, dame más fuerte aaaaaaaaaaaaahhh – no sabría describir el placerazo que me daba tener a mi madre así, empalada y caliente

– ¡PUTA GUARRA! – sus gemidos de orgasmo empezaban, noté en la polla que se corría, le di más movimoento a la polla y le di dos palmadas – PERRA, ZORRON, TOMAAAA MI LECHE MAMAAAAAAA

Me vacié entero, le metí una lechada impresionante mientras ella temblaba de placer de su orgasmo, que se prolongaba y no acababa, suspirando, gimiendo. De pronto cayó sobre la cama, incapaz de sostenerse, respirando muy fuerte.

– Hijo mío, qué polvazo, qué orgasmo, qué maravilla – me dejé acer agotado a su lado, ella se acomodó y me agarró la polla, ya bastante floja, brillante y aun con gotas de leche en la punta. Mi madre se la amorró y me la empezó a chupar con deleite – me gusta tu leche, jo, te has quedado a gusto, lo menos me has dejado medio litro. ¿Has gozado mucho?

La acaricié la cabeza con cariño.

– Mama, en mi vida me he corrido como hoy, y lo mejor es lo que nos espera.

-Pero hay que tener cuidado hijo, no sé si hemos hecho mucho follón y tu padre y tu hermano nos pueden descubrir – Miré el reloj, joder, sólo había pasado algo más de media hora, yo pensaba que habíamos estado más tiempo.

– Espera mama, voy a ver – salí del cuarto y la casa estab totalmente en silencio, y a oscuras, me relajé, mi padre seguro que estaba como un bendito y mi hermano dormía en una habitación al otr lado del pasillo. Volví – no hay cuidado mama, ni se han enterado.

Se levantó y vino hacia mi, recogió su camisón y se lo puso, de puntillas me dio un beso suave.

– Uffff hijo, me cae tu leche rodillas abajo, voy al lavabo y a la cama, hasta mañana machote, eres el mejor follador de mi vida – me guiñó el ojo y se fue. Me quedé como en un sueño, no cabía en mi de placer y satisfacción, ya tenía a mi madre totalmente seducida, ahora, a demás de follármela, el siguiente paso era conseguir que se entregara a mi amigo Sebas.

Al día siguiente tuve un sobresalto, mi hermano me dijo: “Ayer te oí follar, cabrón, ¿quién era? Vaya cómo gemía la tía” Improvisé, “Joder , tío, no se lo digas a los papas, vino una tia del instituto, que me quiere de novio, y yo me aprovecho” “Pues no la oí llegar ni salir” “Joder, porque hay que ser muy discretos, gilipollas, imagina que se entera la mama o el papa” “Qué cabrón eres, a ti te vienen las tias a casa y yo sin jalarme un rosco, a ver si me pasas alguna” “Tienes que crecer un poco, los de tu edad aún sois medio gilis, ya te llegará” Y reaccioné “Por cierto si oyes algo alguna otra vez, te cierras en tu cuarto y no salgas” “Sí, los cojones” “Como me asustes a la tia, te forro a hostias, así que me haces ese favor, joder” “Vale, coño, no te pongas así” “Ya sabes que te devolveré el favor, tío, la próxima vez que quieras salir de noche, convenceré a la mama”. Fiuuu, menos mal que tengo recursos

No sé por qué me excitaba tanto la idea de ver a mi madre follando con Sebas, supongo que por ser mi mejor amigo, porque siempre ha estado enamorado de mi madre, siempre me ha dicho que sueña con mi madre desnuda, su sola proximidad se la pone dura, porque tiene una polla muy gruesa y me da morbo ver como entra en el coño de mi madre, porque me excita hacer realmente que mi madre haga de mi puta, uff todo ello me aguza el ingenio.

Como no me costaría nada convencer a Sebas, lo importante es conseguir que mi madre acepte, tal como vamos, no es nada imposible, sólo cuestión de un poco de trabajo sutil. Al cabo de dos días de aquel polvazo memorable, antes no habíamos tenido ocasión, estábamos en casa mi hermano, mi madre y yo. Decidí atacarla, le di 10 pavos a mi hermano por si quería ir a tomarse algo, en plan hermano mayor. No tardó ni 10 minutos en largarse. Mi madre estaba leyendo en el sofá, preciosa, una faldita blanca ligerita hasta la rodilla y una blusa amplia, sin sujetador. Me senté a su lado, la atraje sin decir nada, y la besé en la boca. Me encantó su sumisión, le metí la lengua y ella me respondió, le empecé a desabrochar la blusa, sin ninguna oposición, cuando acabé le descubrí las tetas, le metí mano y vi que le gustaba, y mucho.

– Tienes las mejores tetas del mundo, mama, todos lo dicen.

– Ummmm me encanta que me las toquen….¿todos lo dicen? -reaccionó.

-Todos en el Instituto, sobre todo mi amigo Sebas, está loco por ti. Se le pone dura solo de verte el escote y se muere por tocartelas.

– Uff sí, me desnuda con la mirada. Es muy halagador para mi. mmmmmmmm cómo me gusta que me toques hijo, soy una pervertida.

– Sí mama, y además eres mi putita – saqué un pañuelo de seda que le había cogido de su ropa – pon las manos detrás, te las voy a atar – me miró un momento y obedeció sumisa – buena puta. Ummm cómo estás de sexy así con las tetas al aire, me gustaria que Sebas te viera así – le cogí las dos tetas y se las amasé – mama…..

– Ummmmm dime, pero qué cosas tan morbosas se te ocurren – le tiré suave de los dos pezonazos – aaaaaaaaahhhhh uff – para mi inaudito que todo lo que le hacía le excitara, le dejé caer las tetas, soltándole los pezones, se bambolearon, qué morbo me dio, volví a tirarle de los pezones esta vez más – aaaaaaaaaahhhh …..por favor hijo….. me matas…

– Mama …-repetí, mientras tiraba mas de los pezones – ¿te gusta tragar la leche? Quiero correrme en tu boca y que te tragues mi leche.

– Hijo mío, por diosss – le solté los pezones – aaaaaaaaaaahh uuuffff…. he tragado leche y me gusta, la tuya me gustará más.

Me puse de pie en el sofa con ella entre mis piernas y me saqué la polla de la bragueta, me acerqué a su cara y le di dos pollazos

– ¿Has tragado mucha leche, mama? ¿De muchas pollas?

– ufff hijo eres perverso….sí, mucha leche de muchas pollas, tu madre se ha comido muchas pollas en la vida – le di dos pollazos mas en la cara.

– Así que una más no te importará – le daba con la polla en la cara, ella abría la boca para que se la metiera, pero aun no.

– UMMM si que me importa, eres mi hijo – respondio – la tienes mejor que ninguno.

– Y te pone cachonda, dime

– Me pone muy cachonda comerte la polla, que me eyacules en la boca y saborear tu leche.

– Cuando decía que una más no te importaría, me refería a la polla de Sebas.

– ¿Qué? ¿quieres que se la chupe a tu amigo? – Me miró con los ojos abiertos, aproveché y le metí la polla en la boca, le agarré del pelo y se la encasté hasta que toqué la campanilla.

– Come polla, mama, no hables, tengo ganas que una mujer se trague mi leche, y ¿quien mejor que mi puta? ¿quién mejor que mi madre? – le basculaba la cabeza metiendo y sacando mi polla – joder, mama, que bien la chupas….mi amigo Sebas estará encantado….mi puta le va a comer la polla…. te gustará mama, tiene una polla muy gorda, hasta te gustaría follartelo, segurísimo , ummmmmm mama y para ti solo será una polla más, serás buena putita y lo harás…..ummmm – la dejé descansar y se la saqué, le di pollazos suaves en la cara

– Pero hijo…. -hizo una pausa y me miró – no creo que tenga alternativa….siempre te sales con la tuya….- le seguía dando pollazos en la cara y no veais lo que me gustaba.

– Y te dejarás follar, mama, porque tu misma has dicho que eres mi puta…..y quiero que disfrute de ti , mama, eres la mejor.

– Ufff hijo, no tienes límite…..

– No mama, ni tú tampoco, abre al boca – obedeció y le metí el rabo, excitadísimo con la idea, se daba mete-saca y ella me la tragaba entera – come polla , mama, ummm que gusto….mmmmm allá va mi leche , mama – la miraba a los ojos mientras le dejaba ir mi carga de leche, uffff otra corrida de muerte, joder que gusto sentía, mi adorada mama recibiendo mi semen en su boca, con als tetas al aire y las manos atadas -uffff mama que corrida, abre la boca que quero ver mi leche – la abrió, no se puede describir la sensación que sentí de ver a mi madre con la boca llena de mi leche, dios que morbazo, una buena lechada blanca y su delicada lengua saboreandolo – Tragátela, mama -cerró la boca, la saboreó y se la tragó.

– Sabe bien tu leche, hijo, uff como me excitas….

Sin decir nada más me bajé del sofá y me coloqué en cuclillas entre sus muslos, y le subí la falda hasta la cintura. Tenía las braguitas mojadas.

– ¡Qué buenorra estás , mama!, me encantas, ¿Te gusta que te hable así, eh? ¿Te pone que te haga ser la más guarraza de todas las mujeres? -Sin duda le excitaba, la expresión de su cara y el brillo de sus ojos la delataban – vamos a jugar mucho, hasta sacarte toda la guarrería que llevas. mama. Vamos a ver ese chocho – le bajé las braguitas y se las quité – abre la piernas, zorra, ábrete toda – lo hizo – más, despatárrate. Ummmm qué buen coño rasurado – me retiré y la miré, con la blusa abierta y los pechos al aire, la falda subida hasta la cintura, las manos detrás y despatarrada – ¡Vaya pinta de putón que tienes así, mama! ¿No te da vergüenza?

– Ummmmmmm, sí, sí, mucha vergüenza hijo, pero nunca había sentido tanta excitación, tanto deseo…lascivo.

– Ganas de polla, mama, tu hijo te va a llevar a donde nadie – me acuclillé entre sus muslos – voy a comerte ese chocho por el que me pariste. – empecé a lamerle todo el chocho con lenguetazos largos, empezó a gemir de gusto – ¡qué bien sabe! – le apliqué la boca y le empecé a meter la lengua, moviendola, sus gemidos aumentaban, le lamí el clítoris, lo tenía gordo, inflado. Paré – ¿sigo, mama?

-Siiiiiii, sigue, sigue, cariño, soy una guarra y mi hijo me está comiendo el chocho.

– Tu chochazo de puta

– MI CHOCHAZO DE PUTA, SIIIIIII, MI HIJO ME COME MI CHOCHAZO DE PUTA….. – se movía para apretarse mas contra mi boca – UUuauuu que gusto me das hijo…..sigue siiii

– Qué suerte tener una madre tan puta. – le trabajaba con la lengua el clitoris y se la metía en el coño, ella se retorcía de placer – voy a entregarte a mi amigo Sebas. Quiero ver como te folla – le metía la lengua todo lo que podia y la movia – te gustará, tiene una polla muy gruesa, las chicas se quejan que les hace daño y no se la dejan meter – seguia dandole, ahora el clítoris – pero a ti te la meterá entera, necesita una mujer de verdad y quien mejor que mi madre…. mi puta – ella seguía gimiendo fuerte con los ojos cerrados, concentrada en mis comida. Paré un momento.

– AAAAAAAA, hijo, sigue, sigue….chúpame el clítoris ….cariño—-

– ¿Te follaras a Sebas para mi, mama, serás mi puta?

– SSIIII, me follaré a Sebas, siiii, para ti, seré buena puta…….. – ya la tenía. me apliqué y le succioné el clítoris, jugando con la lengua -AAAAAAAA joderrrrr hijo siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHgggg – me puso los muslos alrededor de mi por encima de los hombros y me apretó contra ella, le vino un orgasmo que la convulsionaba entera, llenandome la cara y la boca de flujo exquisito.

Quedó derrotada, exhausta, desmadejada, despatarrada. Yo tenía la polla erecta pero decidí no follármela, había conseguido lo que quería y preferí que disfrutara del momento. Le desaté las manos, la acaricié suave los pechos y la cara y le di un beso en la boca, sabiamos a semen y a flujo.

– Eres la mejor mamá del mundo. Hablaré con Sebas para ver qué dia viene a joder contigo. Me da mucho morbo que se tire a mi madre.

– Eres un demonio….. me matas. ¿Estas seguro de lo de Sebas? Mira que puede ser que me guste…..

– Me encantará ver cómo te corres con él, mama. Y después te follaré yo, quiero encontrarme su leche en tu coño.

Se levantó y se fue al lavabo, se metió a la bañera a hacerse un bañito reconfortante y yo entré también. Me lavé la cara mientras ella estaba estirada en la bañera.

– Qué bien sabe tu coño, mama.

– Y tu polla, hijo, me encanta tu leche.

– Te gusta más que la de….” tu marido”.

– Jeje, hijo, qué malo eres. Sí, me das más placer que “mi marido”.

– ¡Cómo me gusta tener una madre puta!

– Pues entonces, ¿sabes lo que tú eres? – nos miramos sonriendo.

– ¡UN HIJO DE PUTA! – dijimos casi a la vez riendo.

Salí encantado de casa. Definitivamente, mi madre ya era mi puta. A tomar unas birras con la peña, tendría que empezar a hablar con Sebas…..

( CONTINUARA… )

Jesica – El campamento Parte 3

Los cuentos del Doctor Morbo

Jesica había olvidado completamente que José le había dicho que esa noche volvería para encontrarse con Oscar, su marido, por lo que cuando él llegó esa noche, ella se sorprendió, es más se asustó un poco.
Con el transcurrir de los minutos, ella se dio cuenta que en realidad José había ido de puro morboso. Desempeñaba un papel de tipo bonachón, y lo peor de todo era que Oscar lo creía.
-Quiero invitarlos a una fiesta mañana a la noche- dijo José
-hace mucho que no salimos, me gustaría ir- dijo Oscar mirando inocentemente a su esposa.
-no se si podamos, es día de semana, vos trabajás al otro día- Jesica intentaba desanimar a su marido.
-no importa, vamos igual- dijo Oscar mirando a José.
Luego de un rato en donde José se mostró divertido y hasta compinche con Oscar, se retiró no sin antes dejarles la dirección y la hora de la fiesta.
Al otro día Oscar se mostraba impaciente por ir de joda, por lo que a la hora señalada llegaban a un salón que se alquilaba para fiestas, era pequeño, pero bien adornado. Oscar se sorprendió al ver que habían no más de veinte personas, todas se veían muy animadas y muy pronto él se vio envuelto en el ambiente festivo, se saludó muy efusivamente con José. La cena fue agradable y ya Oscar se había hecho de algunos amigos, el problema era que a cada persona que se le acercaba se le ocurría hacer un brindis, y como alcohol no faltaba, ambos se encontraron con que muy temprano luego de la cena ya estaban levemente afectados por el alcohol. Luego de un rato, José apareció con tres copas de champagne, la primera se la dio a Jesica, obviamente la segunda se la entregó a Oscar y la tercera la tomó él.
-Quiero hacer un brindis por mis nuevos amigos- dijo José elevando su copa, a lo que toda la concurrencia se sumó.
Si bien Jesica desconfió un poco del contenido de la copa, no tuvo opción cuando José la miró a los ojos fijamente, y mansamente bebió el contenido al igual que su ignorante esposo.
A los cinco minutos, Oscar se encontraba en una silla, totalmente fuera de combate, casi dormido, con su barbilla apoyada en su propio pecho.
José se acercó a Jesica, la tomó de la mano
-Señores, les presento a mi nueva putita- exclamó en voz alta
Todos estallaron en aplausos, ignorando a Jesica que con una mano trataba de negar lo que José había dicho
Pero José ahora apoyó su mano en el culo de Jesica, y comenzó a acariciárselo delante de todos.
-José, por favor acá no- dijo ella en voz baja
-acá y donde a mi se me ocurra, tengo 50 fotos que puedo usar cuando quiera. ¿estamos?- José hacía alusión a las imágenes tomadas durante el campamento.
Jesica agachó la cabeza reconociendo su derrota.
Ahora José la tomó de la cintura, la estrechó a su lado y le dio un beso apasionado delante de todos. Ese acto hizo que ella una vez más sintiera la dominación que José ejercía sobre ella. Y le fue inevitable responder de la misma forma, luego él le tomó descaradamente una de las tetas y la apretó suavemente. Todos rieron a coro y ella se sintió humillada, y precisamente por eso, dentro suyo la excitación comenzaba a hacerse presente. José repitió el beso, pero esta vez la mano se deslizó por debajo de la larga camisa de Jesica. Los presentes estallaron en vítores y aplausos.
-José, por favor, acá no- repitió ella suavemente al oído.
-acá y donde se me ocurra- respondió él de igual modo
José le tomó una de las manos, y se la llevó a su verga, que ya acusaba una potente erección aún debajo de la ropa.
De pronto fue como si una invisible señal hubiera activado a los presentes, y se desató una oleada de besos y manoseos que fueron desparramándose por la estancia, formándose algunos tríos y hasta enredados cuartetos en torno al dormido e ignorante Oscar.
José ahora la tomó efusivamente, le sacó la camisa de forma casi violenta, luego se desprendió el pantalón, lo que provocó que su pija saltara como una potente palanca hacia delante. No hizo falta más que una seña, para que Jesica se arrodillara, totalmente dominada por la situación, solo atinó a abrir sus labios para que la dura verga entrara en su boca. Se sobresaltó cuando desde atrás una mano desconocida se apoyó en sus tetas. Dio un salto hacia atrás y miró a José.
-¿nunca estuviste en una orgía?- dijo José sonriendo
-no…nunca- mientras hablaba conservaba la pija en sus manos.
-Muchachos, hay que hacer un bautismo- José elevó la voz para que todos lo escucharan mientras hacía poner de pie a la sorprendida mujer.
Rápidamente la rodearon, alguien le desprendió el corpiño que no tardó en ser tirado a un costado, ella casi desesperada miró a su esposo, que continuaba impedido de toda acción. Sintió un tropel de manos que le manoseaban el cuerpo, mientras José se retiraba hacia un costado de la acción, deseoso de mirar, ella ahora lo siguió con la mirada. La falda de Jesica se encontraba totalmente subida sobre su cintura, de inmediato alguien la desprendió, e instantáneamente se la quitaron, obviamente que su tanga fue igualmente retirada y ella así rápidamente se encontró totalmente desnuda en medio de un grupo de desconocidos, La excitación la iba ganando, y cuando volvió a mirar a José y vio que éste sonriente aplaudía las acciones, sintió que los límites iban desapareciendo.
Se sorprendió cuando el chorro de una botella de champagne se derramó sobre su cuerpo desnudo, una boca se ocupó de lamer uno de sus pezones empapado en la bebida, ella atónita no pudo reaccionar, pues inmediatamente otra boca se ocupó de su teta restante, una mano se hundió entre sus nalgas e inmediatamente también comenzaron a manosearle la vagina. Se sintió abrumada pero sumamente excitada, pues incluso alguien la tomó del rostro y le comió la boca. Sus propias manos fueron a para a desconocidas vergas, que ella comenzó a masturbar. La mano en sus nalgas fue reemplazada por una dura pija que haciendo presión comenzó a bajar entre sus nalgas, cuando le rozó el ano, ella respondió con un movimiento hacia atrás, pero no pudo sostenerlo, pues rodeada como estaba, ya otro tipo se ocupaba de “jugar” con su clítoris.
Uno de los desconocidos la indicó que se arrodillara, lo que ella realizó sin pérdida de tiempo y se vio acorralada por 4 vergas que la “amenazaban” cada una más dura que la otra. Eligió una al azar, no importaba “su propietario”, abrió su boca y con la mano se la introdujo, comenzó a chupar con pasión, mientras ahora sus manos se ocupaban de dos más, el restante se masturbaba lentamente para no perder la erección, ella ahora reemplazó la primer verga por otra en su boca. Se descubrió tremendamente excitada por esta primer experiencia. Una a una fue ocupándose de las cuatro pijas que la apuntaban sin cesar, entre el movimiento, alcanzó a divisar a su esposo, todavía inmóvil, giró su rostro hacia el otro lado de la habitación y advirtió a José, que miraba atentamente lo que sucedía.
De pronto la hicieron poner de pie, un tipo de cada lado la elevaron del piso, sosteniendo sus piernas abiertas, ofreciendo como en un sacrificio pagano su vagina. En ese instante ella vio a uno que no había participado hasta el momento, un tipo joven, alto y delgado que exhibía una verga inmensa, era larga y gorda. El tipo se acercó a ella con su enorme miembro en la mano, sonreía malévolamente mientras los vítores volvían a escucharse. Apenas el tipo le apoyó la verga, ella sintió la inmensidad de la pija, un quejido poderoso se escapó de su boca, mientras las risas de los presentes la humillaban.
Esto elevó su placer, lo que hizo que jadeos intensos se sumaran a sus quejidos, sus brazos apoyados en los hombros de los dos que la sostenían se contrajeron, el tipo comenzó a embestir con violencia y ella creyó desfallecer, pues dos sensaciones antagonistas como el dolor y el placer la abrumaban. Su boca no lograba exclamar una sola palabra, y rápidamente su cuerpo comenzó a temblar, sus brazos se contrajeron aún más. Cuando el orgasmo comenzó a manifestarse, ella logró expresarse al fin.
-sii…si…dame duro…así- dijo entre quejidos
-¿mas duro todavía?- dijo alguien entre risas
El tipo dejó de penetrarla, alguien acomodó una colchoneta en el suelo, y el delgado desconocido se recostó en ella, Los tipos que sostenían a Jesica la bajaron y ella aún temblando por el poderoso orgasmo y sin pérdida de tiempo fue a acomodarse para cabalgarlo, ahora la verga se veía más imponente todavía, y ella lentamente fue absorbiendo la pija en su vagina, su cabeza se volcaba hacia atrás, mientras poderosas quejas se hacían sentir, en medio de esas acciones ella no sintió la saliva deslizarse por su culo, sólo cuando un dedo comenzó a lubricarla, ella se percató de lo que se avecinaba, se volcó hacia delante cuando la mano se posó en su espalda, y seguidamente su culo evidenció la presencia de una dura verga que pugnaba por penetrarla, debió apoyar sus manos en el suelo, y sus labios liberaron un poderoso grito cuando sintió las dos vergas ya en su interior, ella cabalgaba sobre el recostado, y a la vez el otro se movía detrás de ella. Ni en sus más oscuras fantasías había soñado con vivir algo así. Sus ojos no parecían capaces de contener tanto placer, y se cerraban en evidencia de una sensación única y poderosa totalmente desconocida para ella. Así estuvo durante un lapso de tiempo, pues el orgasmo volvió a abrumarla una y otra vez mientras los tipos se turnaban para penetrarla, esta vez el que estaba acostado comenzó a gruñir, indicando que estaba acabando, y el que la penetraba analmente siguió el mismo rumbo. Ambos tipos acabaron a la par, y ella terminó entregando su orgasmo por segunda vez, con jadeos y gemidos de una intensidad maravillosa.
Extasiada, satisfecha, y agotada quedó casi inmóvil sobre la colchoneta ya desocupada, los restantes tipos la volvieron a rodear mientras se masturbaban, no tardó en producirse sobre ella una lluvia de semen. Cuando ella parcialmente recuperada miró a su alrededor, advirtió que los presentes ahora la ignoraban, enredados entre todos producían un tumulto de cuerpos que daban y recibían placer a diestra y siniestra.
Se puso de pie cuando advirtió a José que se acercaba a ella con una toalla en la mano.
-Limpiate- dijo él riendo
-creo que nunca vas a olvidar lo que te hecho vivir- continuó él.
– me destruyeron- dijo ella extasiada
-Allí está el baño, andá date una ducha- ordenó José
Y ella nuevamente sin capacidad ni ganas de oponerse, una vez más hizo caso inmediatamente.