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Los amigos de mi marido prueban mis tetas.

Estabamos cenando en la casa de Sebastian.
Estaba Sebastian con su mujer, Lucas con la suya, Julian y yo.
La noche era ideal, por lo que decidimos cenar en el balcón terraza. Era verano pero no hacia mucho calor. Me había puesto ropa liviana por el calor. Unas bermudas blancas, unas sandalias sport, y arriba una musculosa gris media suelta sin corpiño.

El estar en esa mesa, compartiéndola con los amigos de mi marido con quienes nos enfiestamos, y que estuviesen sus mujeres ahí me causo mucho morbo. Un morbo que me excitaba.
A medida de que avanzaba la noche, y el alcohol empezaba a hacer efecto, me sentí mucho más liberada.
Hacía pocos meses que me había operado las tetas, y con los primeros calores me gustaba mostrarlas. Desde que me había operado aun no habíamos hecho ninguna “fiesta” con los amigos de mi marido por lo que aún no tenían la suerte de conocerlas.

Obviamente en medio de la sobremesa salió el tema de mis tetas, y enseguida la mujer de Sebastian pidió permiso para tocarlas y ver como habían quedado. Me deje y delante de todos me toco un poco las tetas. Es una mujer bastante asexuada, en mi opinión, por lo que no me genero nada el hecho de que me tocara. Es más, se que lo hizo realmente para sentir como estaban sin ninguna connotación sexual. La mujer de Lucas hizo lo mismo y lo tome de la misma manera. Enseguida vi los ojos de los amigos de mi marido. Los dos querían hacer lo mismo que sus mujeres pero era evidente de que no podrían. Es más, Lucas pregunto tímidamente “puedo?”, a lo que la mujer le respondió, “solo si queres perder la mano”. Nos reimos todos y quedo en eso.

En un momento la mujer de Sebastian estaba hablando con Lucas y mi marido, y la de Lucas se había ido al baño. Yo estaba apartada mirando mi celular y se me acerca Sebastian quien me dice disimuladamente que se moría de ganas por tocarme las tetas. Yo lo mire, me reí y le conteste, “en un rato me voy para adentro, vos hacete el boludo y anda atrás mío”. Me volví a sentar a lado de mi marido, y en eso Lucas empieza a preparar unos tragos. La mujer de Sebastian se levanta de la mesa y ahí aprovecho para decirle a mi marido lo que me había dicho Sebastian. Mi marido me mira y me dice, “me estas pidiendo permiso?”. – le digo, “yo que se, te digo porque no se que hacer”. – “si gorda, no hay drama, que aprovechen. Eso si, ojo que están las chicas dando vueltas”. Listo, ya tenía el ok de mi marido. Solo tenía que encontrar el momento y tener cuidado. Como estábamos afuera, el ventanal que daba al interior del departamento estaba siempre cerrado para que no entraran bichos ni el calor. Por eso cada vez que alguien entraba o salía tenía que abrir o cerrar ese ventanal. Era bastante ruidoso y llevaba unos segundos, lo que servía como una especie de alarma.

Con la excusa de levantar la mesa empiezo a llevar cosas adentro, el problema fue que todos quisieron colaborar y entraban y salían conmigo. Podía ver la cara de Sebastian como frustrado. Entonces tuve una idea, me ofrecí a lavar los platos. Obviamente tuve que insistir porque las otras dos mujeres también se ofrecieron. Como me les adelante y agarre la esponja me quede con el “premio” de tener que lavar los platos. La luz de la cocina estaba apagada. Solo iluminaba la del bajo alacena que era más tenue. La del living también estaba apagada, por lo que la luz en la cocina era realmente baja. Alcanzaba solamente para lavar los platos. Todos salieron y se fueron a sentar al balcón nuevamente. En eso siento que se abre el ventanal y enseguida lo cierran. Dentro mío imagine que sería Sebastian que venía por su premio. Los pocos metros que hay desde el ventanal a la cocina se recorren en menos de 5´´, pero como hay que doblar en un momento, desde el balcón no se ve el interior de la cocina. Mi sorpresa fue cuando apareció Lucas en lugar de Sebastian, y tenia la hielera en la mano. Habia entrado a buscar hielo para los tragos. Falsa alarma.
Se va y yo sigo lavando. Trataba de lavar lo mas lento posible para darle tiempo a Sebastian viniese. En un momento vuelvo a escuchar el ventanal. Enseguida me doy vuelta y veo que era Sebastian. Me mira riéndose, le devuelvo la sonrisa y me dice, “puedo?”. Le agarro la mano y se la pongo sobre mi teta derecha. La agarra tímidamente y mueve un poco la mano. Le digo que la agarre de verdad, que no era la primera vez que me tocaba una teta. Era evidente de que el morbo de saber que estaba todos a pocos metros nos excitaba mucho. En eso siento que mis pezones se estaban endureciendo y Sebastian también, porque con sus dedos empieza a pellizcármelo. Habremos estado asi alrededor de 1´, pero decidimos cortar la situación por las dudas.

Ni bien termina de tocarme entra la mujer de Sebas para decirme que deje de lavar y que vaya afuera con ellos. Insisto en que me quedaban unas pocas cosas y de mala manera acepta y se va.
Enseguida escucho que mientras abre el ventanal para salir intercambia unas palabras con Lucas. Se cierra el ventanal y aparece Lucas nuevamente con la hielera. Esta vez me dice, “no vengo a buscar hielo, yo también quiero tocar”. Me causa gracia y mientras me mete una mano en cada teta le pregunto, “y como sabes que Seba me estaba tocando las tetas?.”, “porque me dijo Julian”. El hijo de puta de mi marido me estaba mandando a los amigos para que vinieran a tocarme. Lucas es un poco más lanzado que Sebastian. Si bien con Sebastian tuvimos muchísimos más encuentros y experiencias, siempre se mostró más tímido o respetuoso. Como que no toma la iniciativa sin que Julian o yo le demos el ok. Lo entiendo, debe ser difícil manosear y mucho más garcharse a la mujer de un amigo. En cambio Lucas es más lanzado. Las pocas veces que estuvimos siempre fue de tomar la iniciativa.
Al poco tiempo de tocarme las tetas por arriba de la musculosa, baja una mano y me la mete por debajo de la misma, empezando a tocarme la teta pero directamente sobre la piel. Yo me estaba calentando y en un momento amague a tocarle la pija. Pero enseguida me di cuenta que era peligrosísimo y desistí. Medio que lo tuve que cortar porque si era por el seguíamos un rato más, pero entendió, agarro un poco de hielo y se fue. Yo sali detrás de él y me senté al lado de mi marido. Mi marido me pregunta delante de todos, “todo bien Nati?”. – “si, todo bien gordo”. El hdp estaba disfrutando todo.

Lucas empezó a sacar tragos y empezamos a tomar bastante. Sumado a las cervezas ya estaba bastante tomada. Creo que todos estábamos iguales. En un momento entro de nuevo para ir al baño y veo que Lucas se para agarrando de nuevo la hielera. Por lo que entramos los dos juntos. El resto se quedó afuera charlando como si nada pasara. Una vez adentro, lejos de donde alguien pudiera vernos, nos estampamos un beso enorme. Volvió a meterme la mano por debajo de la musculosa y esta vez levantándomela empezó a chuparme las tetas. Yo me moría por agarrarle la pija, pero sabía que era peligroso y volví a desistir. A los 45´´ lo corto, me voy al baño y lo dejo ahí. Cuando salgo del baño ya había salido y estaba sentado con el resto afuera. Cuando salgo y me siento al lado de mi marido, la mujer de Sebastian me dice, “nati te mojaste toda”. Al principio me asuste con el comentario, porque tranquilamente podía estar refiriéndose a mi vagina que estaba empapada. Pero se refería a mi remera. Tenía en la zona de la teta derecha una mancha de agua, pero lo que en realidad nadie sabía es que era saliva de Lucas. Me sentí un poco incomoda, pero me tranquilice cuando note que nadie se dio cuenta de la verdad.
El que estaba como loco era Sebastian. Quería a toda costa ir adentro y que lo acompañara. En mas de una oportunidad lo enganche mirándome, y cuando nuestras miradas se cruzaban me revoleaba los ojos como indicándome ir adentro. No le preste atención y me hice la distraída.

Al rato Lucas y su mujer se despiden y se van, ya que al otro día tenían un compromiso temprano.
La mujer de Sebastian se ofrece a bajar para abrirles la puerta, con la condición de que cuando nos fuésemos nosotros bajara Sebastian. Trato hecho le dijo Sebastian y me imagine que algo tramaba.
Ni bien bajo la mujer, le dice a mi marido, “Juli, le quedaron divinas. Las quiero tocar de nuevo”. Y acercándose viene a tocarlas pero como siempre tímidamente. En eso, Julian me levanta la musculosa y deja mis tetas al aire. Me quede un poco pero enseguida Sebastian empezó a tocarlas y me relaje. No habrá pasado ni medio minuto que cortamos la situación porque sabíamos que la mujer estaría subiendo.

Nos habremos quedado una hora más, hasta que decidimos irnos. Nos despedimos de la mujer de Seba y ni bien cerro la puerta del ascensor entre el y mi marido empezaron a tocarme y chuparme las tetas. Aproveche y les toca las pijas por arriba del pantalón, las cuales estaban muy duras. Los 8 pisos que hay hasta planta baja pasaron volando, por lo que nos despedimos y nos fuimos.
Esa noche con Juli cogimos como locos. Y quedamos en que pronto íbamos a armar una “fiestita”.

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En esa epoca trabajaba de camarera en un resto hasta la madrugada.

Gracias a ello me toco vivir algo muy especial.
La noche no tuvo respiro, porque la gente se había animado a salir a cenar, y el comedor presentaba un lleno total. A media noche llegaron tres chicos. Uno de ellos estaba como un queso, y no me quitaba los ojos de encima. Me ponía nerviosa cuando me sentía observada. Para colmo me tocó servirles, y no desaprovechaban ocasión para hablar con frases de doble intención, y comentarios un poco verdes. La verdad es que no se pasaban, y no tuve más remedio que reírme con alguna de sus ocurrencias.
En una ocasión que yo pasaba junto a ellos, este chico al que me referí antes, se levantó para ir al baño, y como que no se había dado cuenta que pasaba yo, me chocó de frente poniendo sus manos sobre mis pechos.
– Perdón.- Se excusó. Los otros dos se echaron a reír.
– ¿Te han gustado?- Pregunté sin inmutarme.
– No se a que te refieres.
– No te pases nene.- Le dije remarcando lo de nene.
Pareció que se había mosqueado, pero cuando me di la vuelta para alejarme, me tocó disimuladamente las nalgas, y me dijo en voz baja.
– Me han encantado.
La noche siguió su curso, y estos tres siguieron con sus ocurrencias. La verdad es que aquel pendejo me estaba poniendo bien.
Cuando se marchaban se despidieron amablemente, y el que me había tocado me susurró cerca del oído.
– La cena exquisita, y lo mejor las tocaditas. -Dijo mientras me guiñaba un ojo.
Noté como los colores subían por mis mejillas. Definitivamente aquel bebe -así lo veía por la diferencia de edad- sabía poner toda la carne en el asador. Me había puesto a cien con tanta insinuación y con el toqueteo.
Eran ya las cuatro de la mañana cuando dejé el restaurante. Me dirigí al estacionamiento donde tenía el coche, y cuando pasé junto a una coupe, la ventanilla de este se bajó, y una voz conocida me hizo volver la cabeza.
– Quieres que vayamos a tomar algo por ahí ?.
– ¿Ya te deja tu madre estar a estas horas de joda? -Le dije riéndome.
– No. Por eso quiero que me acompañes. -Respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
– Gracias, pero estoy cansada.
– No importa, seguro que logro que te relajes.
– En serio, no me parece buena idea. -Respondí, conteniendo las ganas de subirme con él en el coche.
– Veni, la pasaremos muy bien.
Me quedé mirando, y cuando iba a aceptar la invitación, me entró la cordura y le respondí que no podía ser.
– Como quieras, pero vos te lo perdes. -Contestó con cierta decepción.
¡Genio y figura hasta la sepultura, pensé!
Aún cuando me iba a subir al coche, pensé en darme vuelta y decirle que subiera él en el mío, pero nuevamente me arrepentí.
– ¿Pero en qué rayos estoy pensando? -Pensé en voz alta.
Me subí al coche, y aún tardé unos minutos en arrancar.
– ¡Vaya un calentón más tonto!
Arranqué el coche, y pensé en Abel mi amigovio.
– Si le cuento lo ocurrido se cae de risa.
No fui directa a casa, queria dar una vuelta. La noche traía un aire cálido, y cuando salí a la oscuridad, se podía ver un cielo estrellado a través de la ventanilla.
Pasé unas de mis manos por mis pechos. Los pezones se endurecieron. Sonreí al pensar lo que le gusta a Abel mis tetas. Metí la mano por debajo de la camiseta, y me gustó el contacto de mi piel. Estuve unos minutos deleitándome con las caricias, antes de pasar a tocar mi conchita por encima de los ajustados jens. Llegué incluso a cerrar los ojos, cosa que me asustó por la posibilidad de tener un accidente. Seguí acariciándome, y abrí las piernas todo lo que la postura permitía. Jadeaba ruidosamente, pero no me importaba. Me imaginé en el coche con ese chico, y pensé que era él quien me metía mano mientras yo manejaba. Incluso llegué a pedir más y más, como si pudiese escucharme.
Me desabroché los pantalones, y metí la mano hasta tocar mi inflamado clítoris. Mi conchita segregaba gran cantidad de flujo, que habían empapado la tanga. No podía creer lo que estaba haciendo. Nunca me había masturbado en esa situación, pero esa noche…
Chupaba mis dedos, y sentía el sabor salado de mi cuerpo. Y otra vez procedía a meterlos en mi vagina.
Cuando iba a entrar en la ciudad, tuve un orgasmo descomunal. Comencé a gritar y a agitarme en el asiento. Si alguien me hubiese visto, pensaría que me estaba dando un ataque. Cuando las primeras luces de la ciudad iluminaron el interior del coche, procedí a colocar bien mis ropas.
– ¡Que calentona! ¿Estoy loca? ¡Como me ha puesto ese pendejo!
Eché de menos a Abel. Me hubiese venido bien tenerlo junto a mí esa noche.
Por fin llegué al garaje de casa. Salí del coche, y cuando iba a cerrarlo, las luces se apagaron.
– Pues sí que duran poco. -Pensé.
Metí la llave en la cerradura y…
No sé de donde salió. Todo fue muy rápido. Un hombre me sujetó por detrás, y con una mano me tapó la boca.
– Quieta y no te pasará nada. Susurró.
Mi corazón se aceleró, y un sudor frío recorrió mi cuerpo a través de mi espina dorsal. Recordé lo que muchas veces habíamos hablado Hugo –mi ex marido- y yo. Me comentaba que si algún día sufría una violación, no me resistiese, que es lo que más excita a los violadores. Yo le contestaba en plan jocoso que si estaba bueno, disfrutaría de lo lindo.
– Te voy a hacer disfrutar, así que es mejor que no te resistas, y no te pasará nada.
Me hablaba al oído susurrando. La voz no me sonaba. Deseaba que se encendiesen las luces y alguien apareciese, pero a esas horas ¿quién demonios iba a aparecer? No sabía que hacer. Me tenía bien sujeta, y puede que no me hiciese nada si hacía todo lo que me decía. ¿Pero quien mantiene la calma en una situación asi?
– ¿Te vas a quedar quieta bombon?
Asentí con la cabeza. Con el miedo que sentía, era inútil intentar nada, porque estaba paralizada. Retiró la mano de mi boca despacio con miedo de que pudiese comenzar a gritar, pero no moví ni un músculo. Aunque no me hubiese sujetado, no me hubiera movido ni por casualidad.
– Te repito que no te voy a hacer daño, y espero que puedas disfrutar.
Pensé que podría ser el pendejo de la cena, pero no me sonaba su voz. Este pensamiento me tranquilizó. Pensé que no parecía un tipo violento. Quizás se hubiese puesto tan caliente como yo, y pensaba aliviarse de este modo. Fuese quien fuese, intentaría acatar todo lo que me mandase. Solo esperaba que no fuese un depravado y así mi integridad física no corriese peligro.
– Te voy a tapar los ojos con este pañuelo, para que no puedas verme. Es por tu seguridad, así que no te lo quites.
Asentí de nuevo con la cabeza. ¡Que otra cosa podía hacer! Pensé que por lo menos no pensaba matarme, pues en ese caso le hubiese dado igual que le viese. Me colocó un suave pañuelo en los ojos. La verdad es que la oscuridad del garaje ya le mantenía oculto, tan solo las luces de emergencia emitían una tenue luz.
Me tomo del brazo y me llevó a la parte delantera del coche. Me apoyó las manos en el capó y me hizo abrir un poco las piernas. He de reconocer que a pesar de estar siendo violada, en ningún momento sentí la sensación de peligro.
Al tener eliminado el sentido de la vista, mis otros sentidos se fueron fortaleciendo. En unos instantes en los que permanecimos en silencio, me pareció escuchar el movimiento de otra persona a muestro alrededor. Cuando me giré instintivamente para percibirlo mejor, mi violador volvió a solicitar mi atención colocándose detrás mío, pegando su cuerpo a mi cola.
Pasó las manos por mi cabeza, y procedió a darme un suave masaje en el pelo. Aquel movimiento me relajó en cierta manera. Fue descendiendo las manos por la cara, y tocando cada centímetro de esta dando pequeños círculos. Se diría que en lugar de una violación, se trataba de una sesión de masaje. ¡Una locura ya lo sé!
Sus manos siguieron descendiendo por mi nuca. Los dedos trabajaban cada vértebra, cada tendón. Eran unos dedos que transmitían firmeza. Se recreaba en cada movimiento. Comencé a dejarme llevar y a girar lentamente la cabeza como señal de una silenciosa aprobación. Se debió dar cuenta de mi silenciosa entrega, porque se dedicó más a las caricias sin estar tan pendiente de que yo escapase. ¡Lo que tenga que suceder, sucederá pensé!
Descendió por mi espalda, siguiendo la ruta de la columna. Cuando llegó a la cintura, metió sus manos debajo de la camiseta. Tenía las manos suaves, calientes. Rodeó mi cintura y posó sus palmas en mi vientre, jugueteando con el ombligo.
Volvió a la espalda, y se puso a recorrerla lentamente, dando pequeños pellizcos, que en ningún caso me produjeron dolor. Lancé un suspiro cuando amasó mis agarrotados hombros. ¿Pero que me estaba sucediendo esa noche? No me conocía. Me estaban violando, y no podía dejar de sentir placer. Volví a pensar en Abel. Sin lugar a dudas él había activado el interruptor de mi sexualidad. Me había enseñado el camino para gozar de mi cuerpo, de todo mí ser, de cada una de las terminaciones nerviosas. Y lo que es mejor, a disfrutar de las muchas circunstancias nuevas que se estaban abriendo en mi vida. Esa era una más. ¡Peligrosa! ¡Diferente!, pero tal como se estaba desarrollando, estaba dispuesta a sacar partido de ella.
Pasaba sus manos por mis hombros, por mis brazos, por mis manos, para luego deshacer el camino andado. Volvía a comenzar y entrelazaba sus dedos con los míos, haciendo una ligera presión que desentumecía mis manos.
Estuvo un buen rato trabajándome la zona de la espalda. A esas alturas, ya se me había olvidado que era mi violador, y le había convertido en mi amante.
Cuando se cansó de mi espalda, o quizás cuando lo creyó conveniente, paso a mi estómago. Subía sus manos por el ombligo, el canal de mis pechos, hasta mi garganta. La camiseta y el corpiño dificultaban la maniobra, pero parecía que no le importaba. Hizo el mismo recorrido varios minutos, hasta que una vez que llegó a mi garganta, abrió sus brazos de un tirón partiendo la camiseta por la mitad. Otro brusco movimiento rompió lo que quedaba de esta. Me asusté. Por unos momentos pensé que la situación había cambiado. Mi corazón se aceleró,lo notaba golpear salvaje contra mi pecho.
– Tranquila. No pasa nada. Sigue igual.
Volví a tranquilizarme. Procedió a soltarme el corpiño, y liberar mis tetas de su opresión. Facilité la salida de este, para que no tuviese que dar más tirones.
Con los pechos libres de ataduras, procedió a acariciarlos. Con suavidad, realizaba pequeños círculos con los dedos acabando en mis pezones, que se habían puesto duros como garbanzos. Daba pequeños tirones de estos, para aumentar su dureza si ello era posible. Se notaba que mis tetas le gustaron, porque dedicó buen tiempo a ellas. Mojaba sus dedos en mi boca, para después pasarlos por mis aureolas y pezones.
Mis gemidos de placer ya se convirtieron en algo continuo. A la vez que me trabajaba los pechos, frotaba su pija contra mi culo. Podía notar su abultado paquete a través de la tela de los pantalones.
Procedió a besarme en el cuello, mientras desabrochaba mis jens. Uno a uno fueron cediendo los botones, hasta dejar libre la entrada a sus manos, que juguetearon con la tanga. No pasó por alto que se estaba toda mojada,de calentura.
Por mi parte, tiraba hacia atrás para no perder contacto con su verga. Creí que debía de estar alucinado por mi comportamiento. ¡Lo estaba yo misma!
Oí algo metálico caerse al suelo, y agacharse a recogerlo. Pensé en darle una buena patada y escapar, como había visto hacer en alguna película, pero la postura, y el no ubicarle correctamente me hicieron desistir. Por otra parte, aunque esté mal decirlo, no me estaba disgustando en absoluto la situación.
– Ahora quedate quietita. No te muevas.
Noté algo frío en mi espalda. ¡Se trataba de un cuchillo! Fui a ponerme derecha, pero él me volvió a insistir.
– Quedate tranquila, no te haré daño.
Hizo presión en los jens, y los fue cortando con cierta facilidad. Un corte a cada lado, y estos cayeron al suelo.
Me quedé apoyada en el coche con la tanga como única vestimenta, y unas sandalias de sin taco. Debía parecer la chica de un calendario de esos que se ven en los talleres.
Ahora ya sin ninguna prenda que se lo impidiese, comenzó a pasar su lengua por todos los rincones de mi espalda. Comenzó en la nuca, haciendo que una corriente eléctrica recorriese toda mi columna vertebral. Siguió por los hombros, los brazos, las manos, y volvía por el interior de mis brazos hasta las axilas. Después de varios recorridos, siguió por la espalda hasta el final de ella. En esta zona estuvo más tiempo. Su lengua bajó hasta el cóccix, y se entretuvo en hacer círculos. Rodeó con sus manos mi cintura, y las dirigió hasta mi concha. Se sorprendió de lo mojada que estaba la tanga.
– Parece que esta noche has estado muy caliente.
Solo acerté a decir un suave “siiii”, mientras mi cabeza se iba lentamente hacia atrás. ¡Cielos! Ni yo misma podía creerme lo que estaba sucediendo. Pude imaginar la cara de mi violador, sus gestos de asombro ante lo dócil que estaba resultando su “víctima”.
No metió sus dedos como era de esperar, y se entretuvo en jugar con mis labios mayores, y mis ingles. A todo esto, su lengua no dejaba de trabajarme la espalda, hasta dejármela hipersensible.
Me encanta tu sabor. Eres una mujer muy apetecible.
Mordisqueó mis glúteos, para seguir lamiendo el interior de mis muslos. En esta postura, su nariz rozaba levemente mi ya humedecida chocha. Siguió descendiendo por el interior de mis piernas, hasta los tobillos. Alternaba las dos piernas, y con sus manos me las moldeaba. Mi cuerpo se amoldaba a sus manos como si se tratase de mi creador.
Pasó nuevamente sus manos por mis nalgas, y las amasó con pasion, dándoles algún que otro mordisco. Yo estaba en el séptimo cielo, y movía mis caderas en un claro síntoma de placer.
Apartó ligeramente la tanga, y su lengua se deslizó entre mis glúteos, en busca de los secretos de mi orto. Separó las nalgas para tener mejor acceso, y su lengua comenzó a hacer círculos en los bordes de mi orificio anal. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, cuando su lengua se abrió paso a través de mi culo. Sentí su lengua entrando y saliendo, como si de una pequeña pija se tratase. Estoy segura que mi orto se dilató con semejante trabajo. Mi mente voló hacia Martín y sus amigos en las vacaciones. Las sensaciones de quebrantar lo “prohibido” volvieron a mí.
Abandonó tan sensible zona, y se fue incorporando. Me tomo de la cintura y me fue dando vuelta lentamente. Me dio un cálido beso, y sin dejar de besarme me tumbó en el capó del coche. Todavía estaba caliente la chapa, y fue una sensación muy agradable. Las pequeñas gotas de sudor que recorrían mi espalda, se evaporaban al contacto del calor de la chapa.
Se dedicó a besarme el cuello, las orejas, la nariz, los labios a los que daba pequeños mordiscos…
Yo definitivamente me abandoné a mi suerte. Iba a intentar disfrutar de aquello todo lo que pudiese.
Descendió su lengua por el cuello, en busca de mis tetas. Pasaba de una a otra lentamente, chupando mis endurecidos pezones, y tirando de ellos con los labios de vez en cuando. Los fue humedeciendo y absorbiendo como si se tratasen de un postre.
Sus manos se aferraron a los pechos, y fue descendiendo con su lengua, en un movimiento de zig-zag, hasta llegar a mi ombligo, donde se entretuvo poco tiempo, ya que me hacía cosquillas. Su lengua tenía que estar cansada de tanto trabajo, pero no daba muestras de querer descansar. Muy al contrario, siguió descendiendo hasta chupar mi concha por encima de la tanga.
Sus manos abandonaron mis pechos, y descendieron por los costados hasta mis caderas. Allí en un rápido movimiento agarraron las tiras de la tanga, y de un fuerte tirón las rompieron, dejando mi conchita al aire. Aquello me recalentó y en un movimiento involuntario, adelanté mis caderas para buscar las caricias de sus labios.
Su lengua jugueteaba con el depilado pubis, mientras sus revoltosas manos seguían amasando mis glúteos, pasando alguna vez un dedo por mi cola.
Mi palpitante concha, pronto recibió la visita de su dura lengua. Fue pasándola con suavidad, separando los labios para alcanzar por fin el inflamado clítoris. Se entretuvo tintineando con el pearcing colocado en tan estratégico lugar.
Succionó sin prisas, dándose tiempo, jugueteando a la vez con los labios que lo protegían. Levantó mis piernas hasta ponerlas sobre sus hombros. En esta postura, mi concha se ofrecía vencida, claudicando ante aquel desconocido que me tomaba “a la fuerza”. Fue descendiendo la cabeza teniendo las dos piernas como involuntarios ríeles que le conducían hacia mi tesoro. Apenas sentí su aliento sobre mi húmeda conchita, comencé a notar dentro de mí una fuerza que pugnaba por salir al exterior. Era tal el placer que sentía, que el orgasmo se precipitó como una ola sobre el acantilado, inundando de flujos la boca de “mi violador”. Sujeté su cabeza para introducir su lengua más, si ello era posible. Cuando los últimos golpes del orgasmo cesaron, se fue incorporando, sin dejar de pasar su mano por mi concha.
– Realmente sos una hembra caliente. El que te esté cogiendo tiene que disfrutar de lo lindo.
– No te puedes imaginar lo que disfruta.- Dije con voz débil mientras me reponía de mi reciente orgasmo.
– Ahora te toca a vos darme placer, me dijo.
Dicho esto, se apoyó en el capó del coche, y dejó que yo le fuese quitando la ropa con toda la lentitud y provocación del mundo. A esas alturas, ya me había acostumbrado a tener los ojos tapados. Sentidos como el olfato y el tacto, cobraron más protagonismo en esas circunstancias.
Cuando deslicé su slip a través de sus pies, pude comprobar con una mano, que su pija estaba totalmente parada. Era de un tamaño fuera de lo comun, pero palpitaba con toda la fuerza del que lleva tiempo sin ponerla.
Con una mano le fui masajeando los testículos, mientras me inclinaba en busca de su verga. Mis labios encontraron el glande, y se abrazaron a él. Succioné utilizando la lengua para sensibilizarlo. Pronto comenzaron los gemidos. Seguí recorriendo con los labios todo lo largo de la pija, metiéndome los testículos uno a uno en la boca. Jugué con ellos pasándoles la lengua en el interior de mi boca. Los tenía muy hinchados, y el carecía de bello.
Dejé el choto palpitante, y fui subiendo por su pubis, ombligo, hasta detenerme en su pecho. Iba desabrochando los botones uno a uno con parsimonia, deleitándome en cada movimiento. Llegué a sus pezones y comencé a chupárselos, incluso me atreví a mordisqueárselos. Reaccionaron poniéndose erectos y duros. Mientras restregaba mi concha contra su hermosa pija.
Este movimiento le debió gustar, porque su respiración se aceleró, y me agarró fuerte de mis nalgas apretándome contra él. Le besé la boca, metiéndole la lengua y jugueteando con la suya. Estaba totalmente sacada y lanzada. Mis pechos se fundían contra su pecho. Pensé que iba a acabar, así que me volví a agacharme para pajearlo con la mano, pero esos no eran sus planes.
Me levantó y me llevó al interior del coche. Por como le seguía mientras me guiaba de la mano, supe el grado de seguridad que tenia junto a él. Se sentó en el asiento del conductor, y procedió a echarlo atrás todo lo que pudo. Me hizo sentarme encima de él, dándole la espalda.
Comenzó a besarme la nuca, y me echó sobre el volante. Procedió a darme un masaje sensual por toda la espalda, alternando sus manos con sus labios. Gemía y frotaba mi concha contra su verga. Me elevó un poco, para poder introducirme la pija. Después me dejé caer de golpe, metiendomela hasta los testículos. Los dos gemimos, y nos quedamos quietos.
Temblé unos instantes. A pesar de que se estaba portando bien, no pude por menos que sentir unos escalofríos al pensar que un desconocido me estaba garchando asi en el interior de mi coche. Las aventuras sexuales que había vivido ese verano habían sido locuras, pero siempre teniendo la sensación de tener un cierto control sobre la situación. Aquí sin embargo, a pesar de estar disfrutando, el no saber quien era mi amante, y como acabaría la situación, habían hecho que dudase unos segundos de si estaba haciendo lo correcto, si quizás debiese haber ofrecido resistencia, de si…
Un pequeño empujón suyo me dio la señal para empezar a moverme. Como una autómata al que hubieran conectado el interruptor de marcha, comencé a mover mi cuerpo. Hacía grandes círculos a un lado y a otro. Sentía su gorda pija rozar las paredes de mi concha, mientras mis jugos bajaban por mis muslos abundantemente. Agarró mis tetas y me las apreto con firmeza, dando pequeños tirones de mis pezones. Después de tanto toqueteo en mis tetas, la piel estaba casi tan delicada como un papel de fumar. Cuando los primeros síntomas del orgasmo aparecieron, comencé a gritar como una loca. Mi cabeza se movía de un lado a otro sin control. Me agarré al volante tirando de él, buscando el aire que me faltaba. Acabé el orgasmo apoyada en el volante. Parecía que me había quedado atascada, no podía moverme.
Cuando notó que mi respiración se normalizaba, me levantó y me hizo darme vuelta, para poder penetrarme de frente. Metió mis dos pezones en su boca,cosa que me enloquece y apretaba mis glúteos con sus manos. Yo subía y bajaba cada vez más rapido. Quería hacerle acabar. ¡ Ya era una cuestión de orgullo!. Manoseaba mis gomas, lamía mi cuello, los lóbulos de las orejas, y pensé que acabaria otra vez antes que él.
Metió un dedo en mi boca, que yo chupé como si fuese un segundo pene. Lo ensalivé a conciencia. Después lo sacó y fue directo a mi culo. Se entretuvo en los bordes, para acabar metiendomelo.
Me pareció ver resplandores. Estaba siendo una locura, y ya tenía alucinaciones. Introdujo el dedo cada vez más, aprovechando los movimientos que yo hacía. Me eché hacia atrás apoyándome en el volante. El me recorría con su lengua mientras su respiración comenzaba a acelerarse.
– ¡Acabooooo!- Gritó
Noté un torrente de lechita caliente entrar en mi cuevita. Seguía bombeando, y yo le ayudaba moviéndome y refregándome contra el. Terminó de acabar con un grito, agarrándome fuertemente las tetas. Me besó con cierta dulzura, mientras notaba que su aliento disminuía de intensidad pasado un minuto.
– Ha sido fabuloso,que manera de cojerte. Dijo con admiración.
El semen comenzó ha salir de mi vagina, cayendo por mis muslos, parte se depositó en el tapizado del asiento, como comprobé al día siguiente. Estaba calentisima, fuera de todo control y no quería terminar, así que me levanté y me puse de rodillas fuera del coche para meterme la verga de nuevo en la boca. La tortilla había dado la vuelta, y quería acabar con él.
– ¡Oh sí!, sos una mina muy caliente.
Comencé limpiando los restos de líquidos. Lo recorri en toda su longitud, y no tardó mucho en tener una nueva erección. Sonreí para mis adentros pensando que mi violador se iba a ir bien servido. Pensé también en Abel, pero enseguida me lo quité de la cabeza. Los suspiros de mi violador me volvieron a la realidad. Me sujetaba por el pelo, dirigiéndome hacia donde quería que le chupase.
Pronto tomó de nuevo la iniciativa. Salió del coche y me hizo apoyar con las manos en el asiento, teniendo mis glúteos a su disposición. Esta vez no hubo contemplaciones y me la metio sin miramientos. Sentí su pija atravesarme hasta las entrañas.
Con mis manos abrí más mis nalgas para facilitar la entrada a esa pomposa verga, y hacía tope para que la penetración no fuese dolorosa. El movimiento era frenético, nada que ver con la sutileza de unos minutos antes. Me gustaba ese cambio de ritmo. Volví a apoyar mis manos en el asiento, porque las embestidas me desplazaban contra la palanca de cambios. Si antes había deseado que alguien apareciese en el garaje, ahora deseaba que tal cosa no sucediese. No sabría explicarlo, pero me había olvidado por completo de la violación, del pañuelo que tapaba mis ojos, y de que un desconocido me estaba penetrando hasta sentirlo en el paladar. Solo estaba mi deseo, un deseo irrefrenable que esa noche me estaba llevando a la locura sexual.
Se inclinó hacia delante y ne tomo las tetas. Las tocó con desesperación, haciéndome gemir y pidiéndole que me la metiera más y más. Palmeteaba mis nalgas como si estuviese montando una yegua. No me dolía. Más bien al contrario. Un nuevo orgasmo recorrió mi cuerpo.
Paró de bombear mientras me recuperaba. Mi cuerpo no podía más, aquello tenía que terminar, así que le hice sentar en el asiento. Abrí bien sus piernas, y me metí su garcha en la boca. La recorrí de nuevo en toda su longitud. Por su tamaño no me resultaba tan facil, pero a esta altura ya me comia cualquier cosa.Metí sus bolas en mi boca, y jugué con ellas. Mis manos no estaban quietas, y agarraba sus nalgas clavándole mis uñas. Me agarraba la cabeza, apretándome más sobre el. El estaba a punto de acabar, y no quería que lo hiciera en mi boca si podía evitarlo. Cuando su pija comenzó a temblar retiré mis labios, y fueron mis manos las que siguieron moviendo su verga. Me acabo en medio de grandes gemidos. Su cuerpo saltaba en el asiento, como queriendo ayudar a la salida de la leche. Cuando esta comenzó a salir, puse mis pechos para recibirla. Tras unos segundos, todo había terminado. Pasó sus manos por mis pechos, y extendió el semen como si de una crema se tratase.
– ¿Puedo quitarme el pañuelo y verte?
– Mejor que no. ¿Has gozado? ¿Te hice daño?
– Ha sido fantástico bebé. Una violación… “muy especial”.
– Ahora tengo que dejarte. No te quites el pañuelo hasta que no escuches la puerta de salida. ¿De acuerdo?
– Quisiera verte por favor,saber quien me cojio de esa manera.
– Mejor que no.
No volvió a hablar más. Escuché el sonido de sus ropas, y el de una bolsa de plástico. Le oí alejarse, pero antes me dio un suave beso en los labios. Allí me quedé yo, de pié, desnuda y con los ojos tapados. Cuando escuché la puerta de salida, me quité el pañuelo de los ojos. Todo estaba oscuro. Fui a dar las luces y pude ver el pañuelo que me había tapado. Era de color rojo y muy bonito.
– Un recuerdo de esta noche.- Dije en voz baja
Me dirigí al coche para vestirme, ¡Y la ropa no estaba! Tan solo el bolso con las llaves de casa. Tendría que subir desnuda. ¿Y si alguien me veía?
– ¡Si será puto!
Cerré el coche, y subí por las escaleras, no quería arriesgarme a subir el ascensor y que alguien estuviese en el.
Llegué a casa sin ser vista. Preparé la bañera y la llené de agua. Estaba llena de semen por todos lados. Al mirarme al espejo, no pude evitar una sonrisa. Había disfrutado esa noche, tal y como mi ex marido me había dicho. El agua caliente me envolvió, y al pasar mis manos por mi cuerpo para limpiarme noté como una descarga eléctrica. Aún estaba caliente, pero ya era suficiente. Cuando me metí en la cama cerré los ojos y traté de imaginarme el rostro de mi violador. Me dormí en mitad de las cábalas.
Los cinco días de espera a Abel pasaron rápido. Los pasé pensando en si debería contarle lo sucedido o no y decidí que no, porque no sabría como explicárselo. Al menos de momento todo quedaría en mi mente.
Me puse muy provocativa para recibirle. Cuando le vi, me abracé a el y le besé como hacía tiempo no lo hacía.
– Estás preciosa.
– Te he echado de menos.
El camino a casa se nos hizo largo. No paraba de acariciarme, y me estaba poniendo a cien.
Hicimos el amor en todas las posiciones imaginables, nos contamos alguna historia picante, y no paramos hasta quedar los dos rendidos en la cama.
No le dije nada de lo sucedido en el garaje cinco días antes. No sé si lo hubiese entendido, pero comenzaba a sentir que le amaba y no quería estropearlo todo por una noche en la que me comporté como la hembra caliente que había descubierto. Además le hubiese tenido que contar mis otras aventuras del verano, y eso debía formar parte de mi vida íntima. O eso creía yo, aunque el tiempo se encargó de sacarme de mi error.
Tres días después de marcharse Abel, recibí un sobre con un contenido muy especial.
Cuando lo abrí la cabeza comenzó a darme vueltas, y tuve que apoyarme en la puerta de entrada a casa para no caer. En el interior había fotos de la noche del engaño.
Entonces ¿había más de uno?
Sentí miedo en los primeros instantes. Miedo a no saber lo que harían con las seguras copias de esas fotos.

Dentro había una nota que me relajó. En ella decía:
“Recuerdo de una noche maravillosa, en la que el amo era sometido por se esclava, rebelada”

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Mucamita sometida

Hola me llamo Celina, tengo 25 años, soy morocha, delgada mido 1,65 m, hago gimnasia todos los días así que tengo un cuerpo bastante atractivo, buenas piernas, buena cola, pero lo que mas llama la atención, sobre todo de los hombres, son mis 120 cm. de lolas, hace dos veranos gané un concurso de remeras mojadas. Me encanta el sexo, fundamentalmente me gusta ser dominada, tuve una experiencia muy fuerte a los 18 años, fui violada por un grupo de policías en Córdoba, donde nací pero esto les contare en otro relato.

Viene a Buenos Aires después de lo que me sucedió en mi provincia y me case desde hace casi 1 año, antes de conocer a mí marido tuve un par de novios pero desde que empecé a salir con él le he sido fiel, solo he tenido sexo con mi esposo, él es mayor que yo tiene 43 años se llama Mario, trabaja mucho y no lo hacemos muy seguido, pero aun cuando cogemos, no quedo conforme y me siento insatisfecha, nunca me faltaron oportunidades ni propuestas para engañarlo, pero lo quiero mucho y nunca lo hice. Lo que les voy a contar me sucedió hace unos 3 meses.

Por dificultades económicas tuve que buscar trabajo para ayudar con las cuentas, lo único que conseguí fue de mucama por horas en un departamento que compartían unos cuatro estudiantes del interior, los chicos tenían ente 20 y 25 años; tenia que ir tres veces a la semana por la tarde, limpiar el departamento lavar y planchar ropa etc. No me pagaban mucho pero lo hacían por día, necesitábamos el dinero y otra cosa no había.

Desde el primer día los tipos me devoraban con la mirada y me encararon mas de una vez, de a uno cuando me quedaba sola con alguno de ellos y también me acosaron estando todos, pero yo me negué por su puesto para no meterle los cuernos a mi pobre esposo. Los chicos me veían atractiva y como trabajaba de mucama pensaban que era fácil y por eso insistían permanentemente con tener sexo conmigo. La situación me parecía divertida, los chicos eran atléticos y atractivos, me gustaban pero jamás hubiera aceptado coger con alguno de ellos, les dije que era casada pero continuaron insistiendo, no le conté nada a mi esposo para no preocuparlo. Con el correr de los días de las propuestas indecentes pasaron a las manitos en la cintura y alguna que otra palmada o pellizco en la cola. La verdad que yo me excitaba y me mojaba cuando me ponían alguna mano encima pero disimulaba, me enojaba y continuaba con mi trabajo como si nada. Ganas no me faltaban de ceder a sus requerimientos y confieso que en casa me masturbe más de una vez pensando en lo que me harían esos tipos si yo me entregaba o si me hacían una fiestita por la fuerza.

Lo pensé y había decidido no acostarme con ninguno de esos babosos, aunque los haría desearme así sufrían un poquito y yo me divertía mas. La próxima vez que fui a limpiar el departamento, fui vestida un poco provocativa, lleve una pollera un poco por encima de la rodilla y una blusa blanca ajustada que resaltaba mis voluminosos pechos, sin corpiño debajo por supuesto, me coloque un saco encima para no tener problemas en la calle. Pensaba que los tipos me acosarían, yo me negaría y ellos se quedarían con las ganas, no me imaginaba lo que iba a pasar.

Bueno, llegue al departamento, estaban los cuatro, me quite el saco y sonreí al verles la cara que pusieron. ¡Nunca me tendrán babosos!, ¡Miren el cuerpito que se pierden! Les decía yo con la mirada. Me puse a lavar platos en la cocina, mientras los escuchaba conversar en el living, sobre mí, ellos no se daban cuenta que yo los oía, bueno hacían comentarios sobre el tamaño de mis pechos, mi cola y sobre lo que podrían hacer conmigo, decían que yo era una puta como todas las mucamitas y que seguro me podrían coger, aunque yo me había negado hasta entonces, quede indignada cuando uno de ellos Martín les propuso ofrecerme dinero a cambio de que tuviera sexo con los cuatro, esta putita nos saldrá gratis le contestó otro de los tipos, con lo que todos rieron. Yo no podía creer lo que escuchaba, decidí terminar mi trabajo y no volver nunca más, entonces los cuatro entraron a la cocina y me rodearon. Yo les pregunté, asiéndome la tonta, si que pasaba, ellos me contestaron que me iban a coger entre todos, yo trate de correr hacia la puerta, pero me atraparon en el living, uno de ellos, Javier me sujeto las manos atrás de la espalda, cualquiera de ellos tenia el doble de fuerza que yo así que me dominaron fácilmente, José el mayor de ellos y quien comandaba el grupo me acaricio el cabello y mientras bajaba sus manos hacia mis tetas me dijo: bueno Celina ahora vamos a tener una fiestita, y nos vamos a divertir todos con vos. Otros me tocaron la cola, yo les dije que me soltaran, que me quería ir, pero José mientras manoseaba con sus dos manos mis pechos, me dijo: de acá te vas a ir bien cogidita nena, todos reían, noté varias manos por debajo de la pollera acariciando mis muslos y dirigiéndose a mi intimidad, antes de que la alcancen yo me incline instintivamente hacia delante, pero enseguida Javier que estaba detrás mío sujetándome las manos puso una de sus piernas entre las mías y me obligó a enderezarme, prácticamente me sostenía en el aire con las piernas abiertas, inmovilizada sentí las manos de Diego y Martín avanzar por la cara interna de mis muslos, uno de cada lado, hasta llegar a mi tesoro, varios dedos se introdujeron bajo mi bombacha y comenzaron a jugar con mi clítoris y con la entrada de mi vagina, a todo esto José me había levantado la blusa y se entretenía con mis pechos los manoseaba, estrujaba, besaba mis pezones, los mordía, me sobaban completa, por todos lados.

Ante el manoseo tan intenso yo me comencé a excitar, obviamente que no quería, pero no podía evitarlo mi cuerpo respondía a las caricias, para mi vergúenza me moje. Al notarme húmeda varios dedos se turnaron para introducirse en mi vagina. Yo me resistía pero no podía zafar y estaba muy pero muy mojada, cosa que festejaron. Les grite nuevamente que me soltaran pero la cosa siguió, me continuaron metiedo mano por todas partes, me quitaron la blusa con lo que quedé en tetas, después me bajaron la bombacha y me quitaron la pollera. Quedé completamente desnuda ante ellos.

Me llevaron en andas a una habitación. Me acostaron en la cama. Martín sujetaba mis manos por detrás de mi cabeza, Diego y Javier me sostenían cada tobillo, obligándome a estar con las piernas bien abiertas ofreciendo mi sexo. Estaba completamente desnuda en la cama y sujeta para recibir al primero, José, se quitó el pantalón y el slip su pene me pareció enorme, completamente erecto como de 25 cm, mucho mas grande que el de mi marido, me puso una mano sobre mi concha, jugó con mi clítoris, metió dos dedos en mi vagina, al notarme bien mojada dijo: miren como le gusta la fiesta a la putita, es igual que todas las mucamas. ¡Hijos de puta no quiero que me violen! grite, sacudí mis piernas, patalee, traté de cerrarlas pero era inútil, José se echó encima mío y me penetró de una puesto que yo estaba bien dispuesta, completamente mojada, me cabalgó a un ritmo normal. Yo continué gritando, suplicando que me soltaran, les dije que me estaban violando, pero ellos estaban muy calientes conmigo siguieron adelante, alentaban a José y me insultaban a mi, me decían todo tipo de groserías, que estaba mojada, que sabían que me gustaba y por supuesto me continuaban manoseando toda.

Yo intentaba zafarme, pero al no poder hacerlo eso me excitaba mas, el miembro violador enorme, duro ocupaba toda mi vagina rozaba mis paredes, me penetraba hasta el fondo, juro que no quería gozar, si me forzaban no era mi culpa pero sentía que si llegaba al orgasmo estaría engañando a Mario mi marido, mi cuerpo no me obedecía, obedecía a José, habitualmente cuando me cogen llego fácil al orgasmo, y esta no iba a ser la excepción, si bien era por la fuerza estimulaban todos mis puntos erógenos, por un momento paré de resistirme y me concentré en evitar el orgasmo, involuntariamente mis gritos se habían convertido en gemidos y berridos cerré los ojos y me mordí los labios, no podía mas, trataba de pensar en mi marido, pero el estimulo a mi sometido cuerpo continuaba ¡basta por favor! Supliqué inútilmente a mis atacantes me arquee y retorcí y tuve el orgasmo mas grande de mi vida. Mis violadores festejaron, ahora estaba totalmente dominada, sometida.

Tuve tres orgasmos seguidos con el primero, luego José se corrió dentro de mí y fue reemplazado por Diego, este por Martín y luego Javier hasta que los cuatro probaron mi concha todos estaban muy bien dotados, yo acababa sin poder controlarme, trataba de disimular para que no me consideraran una puta, claro que no convencí a nadie. Con los otros ya no opuse resistencia, comprendí que era inútil debatirse y me resigné a mi suerte, aguante callada todo lo que me hacían, solo cuando cambiaban intentaba cerrar mis piernas, como para dejar en claro que me estaban obligando.

Una vez que todos me cogieron por la concha, ingenuamente pensé que todo había terminado, faltaban cosas peores. Me dieron vuelta boca abajo comprendí que me lo iban a hacer por atrás, reaccioné de golpe, me incorporé y trate de huir, pero rápidamente me sujetaron de nuevo y me pusieron boca abajo, ahora te vamos a hacer el orto me dijeron, yo volví a gritar y tratar de escapar. ¡No, por el orto no! Les suplicaba y no paraba de luchar. No era virgen por atrás, ya me lo habían hecho una vez, pero no fue voluntariamente, fui cogida por detrás cuando fui violada a los 18 años, nunca acepte que me penetraran por ahí, ni a mi marido se lo entregué, no porque tuviera miedo a que me doliera sino porque lo considero algo sumamente humillante. Como yo no paraba de resistirme y de gritar me amordazaron con mi bombacha, trajeron unas cuerdas y me ataron a la cama con los brazos y las piernas en cruz, boca a bajo, me colocaron un almohadón bajo mi cintura para obligarme a mantener la cola parada. Mordí mi mordaza y sacudí la cabeza en señal de desaprobación a lo que me iban a hacer sentí un par de manos separarme las nalgas y unos dedos que me colocaban un lubricante en el ano. Levante y gire la cabeza para ver quien iba a sodomizarme, José tendría de nuevo el honor de ser el primero, vi su miembro completamente erecto, enorme mientras se lo lubricaba suplique piedad a mi verdugo pero la mordaza ahogo mis ruegos, los ojos se me llenaron de lagrimas baje la cabeza y la hundí en el colchón esperando la violación anal, ¡que hermoso culo voy a coger! Dijo y entró en mí lentamente,

Mi orificio se fue dilatando para recibirlo, debo reconocer que no me dolió demasiado, agradecí que me lo hayan lubricado, además al darme cuenta que el ultraje era inevitable me relaje lo mas que pude para evitar que me lastimen. El maldito me bombeaba, entraba y salía de mi gozando de mi humillación, los otros chicos me sobaban toda, toqueteaban mi clítoris, me metían dedos en la vagina querían asegurarse que disfrute la violación, humillarme al máximo, por supuesto lograron que yo continuara acabando como una perra. Tenia los ojos cerrados, note que se fueron turnando pero ya todo me daba vueltas, no me preocupaba en saber quien me cogia estoy segura que me lo hicieron por atrás los cuatro, no creo que alguno se haya perdido la oportunidad.

Luego me desataron, yo ya estaba entregada a todo lo que quisieran hacerme, José se acostó en la cama boca arriba su pene continuaba erecto, me ubicaron sobre el, José acomodó su pene en mi vagina, los otros chicos me tomaron de la cintura y me hicieron subir y bajar con lo que yo tenia que cogerlo. Me hicieron inclinar hacia delante, con lo que yo tenia que ofrecer nuevamente mi ya violado orto, enseguida uno se ellos me lo volvió a coger. Me hicieron un sándwich, uno por delante y otro por detrás, normalmente no permitiría algo así, pero no tenia fuerzas para defenderme, además contra esos cuatro tipos es poco lo que una chica como yo podría hacer, por otra parte mi sometido cuerpo disfrutaba como nunca la doble penetración. Se volvieron a turnar para cogerme por atrás, también fueron cambiando quien me lo hacia por la vagina.

Finalmente me hicieron arrodillar en el piso, me salía semen de mi concha y mi culo y bajaba por mis muslos, estaba muy mareada pero comprendí lo que querían, los cuatro se pusieron de pie alrededor mío con sus penes erectos. ¡Ahora nos vas a chupar la pija putita! ¡Vas a tragar nuestro semen! Me decían, y yo sometida, totalmente sumisa acepte tener sexo oral, chupe las pijas de mis violadores, mamaba una, la dejaba y tomaba otra, y hasta me colocaba dos pijas en la boca a la vez, mientras mamaba ellos no paraban de toquetearme, sobaban mis pechos, mi trasero. Yo dominada los pajeaba y chupaba, les besaba y lamía sus testículos. Nunca me habían dejado tan satisfecha sexualmente, creo que tuve como veinte orgasmos por un momento me olvide de mi marido, de que me habían forzado entre todos y chupe lo mejor que sabia, como agradeciendo a esas cuatro vergas que tanto placer me habían dado, aunque haya sido contra mi voluntad.

¡Miren que dulce y cariñosa resultó la mucamita! ¡Muy buena mamona! Todos, uno a uno me acabaron en la boca o en la cara, cuando lo hacían en la boca me ordenaban que tragara, ¿te gusta el semen Celina? Me preguntó José, yo baje la mirada y no respondí, entonces me agarró del pelo y me obligó a levantar la cabeza, contesta o te vas así desnuda a tu casa, me amenazó; estaba hecha un desastre, tenia semen en el pelo, en toda la cara, me caía el semen sobre las tetas. Si, me encanta chupar pija y tragar el semen le dije y agarré una a una sus pijas para limpiarles los últimos restos de semen.

Cuando terminó todo me llevaron al baño y me permitieron ducharme, me sentía mareada, nauseosa y dolorida. Me quité todo el semen que tenia encima, sentía un ardor en el culo, mi concha estaba bastante inflamada, me parecía increíble lo que había sucedido. La ducha me hizo sentir un poco mejor, salí del baño envuelta en una toalla, busqué mis ropas, me vestí para irme y no volver nunca más. Entonces me dijeron que me sentara para ver un video, horrorizada vi que yo era la protagonista ¡me habían filmado! Me veía en la pantalla cubierta de semen chupando varias pijas, me puse roja de vergúenza. Me dijeron que de ahora en más debía ser “muy buenita” con todos ellos sino le llegaría el video a mi marido. Pretendían chantajearme, tenia que seguir viniendo al departamento cuando ellos quisieran y además de hacer mi tarea de mucama debía dejar que me hicieran todo lo que ellos quisieran, vencida, humillada, acepté lo que me proponían. Estaba en manos de esos cuatro tipos.

Seguí yendo al departamento, además de limpiar, lavar y plancharles la ropa tenia que “atender” a los chicos, ahora me tenían de puta, estaba a disposición de ellos, cosa que yo no quería que sucediera, me hacían de todo, debía ir a trabajar sin ropa interior y con la concha completamente afeitada, cosa que controlaban rigurosamente cada vez que iba. Cuando me cogian practicaban diferentes posiciones conmigo, me cogian terriblemente entre los cuatro, por todos lados, uno, dos, tres a la vez, soportaba dobles penetraciones y todo tipo de humillaciones, chupaba pijas todos los días, hasta acababan en un vaso y me obligaban a beber; a veces tenia que estar totalmente desnuda mientras limpiaba. Se estaban vengando de mi por haberme negado a tener relaciones con ellos. No podía contarle nada a mi marido, me iba a abandonar, además si bien fue por la fuerza, yo los provoque queriendo burlarme de ellos, y en el video se notaba que yo disfrutaba lo que me hacían. Mi marido no iba a entender que aunque sea por la fuerza si me tocan por todos lados y me cogen yo termino perdiendo el control, y no puedo evitar gozar. Estaba perdida. La situación se mantuvo así durante varias semanas, me sentía culpable por lo que me sucedía y por un lado quería que me dejaran en paz, pero por otro gozaba como loca cuando me cogian

Otros tipos amigos de los chicos cuando venían al departamento, también me acosaban, ellos nunca me habían hecho nada delante de otros, pero tenia miedo que les cuenten a sus amigos lo que me hacían o que les mostraran el video, me moría de vergúenza cada vez que alguien venia al departamento, no era para menos, siempre estaba vestida con una minifalda y un top o una blusa ajustada que transparentaba mis pechos, ni siquiera me permitían ponerme una bombacha, así tenia que estar siempre dispuesta como una puta.

Temía que alguna vez los chicos me “regalen” al resto de sus amigos. Cosa que sucedió un día. Fue terrible, fui una tarde a trabajar al departamento, estaban los cuatro chicos, después de limpiar, barrer, lavar platos, ropa y planchar, les dije que me iba, me dijeron que antes se las chupara. Yo resignada los atendí a los cuatro, uno por uno, me hicieron beber su semen mientras me manoseaban, no me cogieron así que quede bastante excitada aunque trataba de disimularlo. Al terminar todo les dije que me iba, pero en eso llegaron sus amigotes, tres tipos del edificio que vivían en el primer piso y dos más que no conocía. José me abrazo desde atrás por la cintura, me levanto la blusa y me apretó las tetas delante de los otros tipos, era la primera vez que me exponían así ante otros, quede paralizada sin saber como reaccionar, ¿les gusta la mercadería? dijo y enseguida me levantó la pollera mostrándoles mi concha bien afeitadita. Me dijo que tenia que acompañar a sus amigos abajo y que me convenía “portarme bien”, yo me negué, pero entre los cinco tipos me metieron en el ascensor y me llevaron al otro departamento. Los chicos no fueron (parece que ya estaban conformes) y bueno ya se imaginan lo que me pasó, me cogieron entre todos, entre los cinco, por todos lados, uno, dos, tres a la vez. Me sentí violada. Termine agotada, me dejaron libre como a las doce de la noche, me vestí como pude, me limpie el semen de la cara y de donde podía con una toalla, salí corriendo del edificio y me subí a un taxi y fui a casa.

Al día siguiente terminó mi odisea, al llegar a mi “trabajo” me encontré con solo uno de los chicos, Martín, me pidió disculpas por lo que pasó el día anterior y me devolvió el video, se dieron cuenta que se les fue la mano. No volví nunca más, y mi marido nunca se enteró de lo que me había pasado, mi único temor es que los chicos, o sus amigotes se hayan quedado con una copia del video y algún día me chantajeen nuevamente.

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