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Gaby y Naty

Hola!! Heme aquí nuevamente y trayendo otro relato a ésta página.

Lo que comentaré a continuación es un resabio de mi actividad nocturna (taxista) que en este caso, se prolongó hasta avanzadas horas de la mañana.

En mi ciudad existe una zona que prevalece respecto al resto por su actividad nocturna, allí se concentran pubs, boliches y confiterías bailables. Obviamente los fines de semana se transforman en el eje de nuestra actividad laboral y es natural observar largas colas de vehículos como el mío a la espera de pasajeros y pasajeras.

Así las cosas, recibimos a tempana hora, llamadas de nuestra central para retirar pasajeros en domicilios particulares y llevamos a nuestros clientes al lugar de su agrado. En tanto, tratamos de averiguar quienes son, su posible horario de retorno para ganarnos el derecho de llevarlos nuevamente a sus casas al finalizar la noche.

En uno de aquellos recorridos, fui abordado por tres señoras de unos 45 años aproximadamente que concurrían a un pub donde la concurrencia responde a un grupo de edades que va de los 35 a los 55 años.

Las tres lucían chispeantes, se notaba que previamente habían pasado por algunas copas.

¿Adónde las llevo chicas?

Vamos a la Barraca, estamos de festejo.

Ok, ¿cumpleaños?

Nooooo, divorcio.

Reconozco que la respuesta me sorprendió un poco, pero en estos momentos, nada es demasiado extraño en este mundo.

Empecé el tradicional recorrido hacia la zona de actividad mientras efectuaba un sutil interrogatorio para ganarme el viaje de retorno…

¿Tienen idea aproximada del horario de retorno o vuelven con algún galán?

Naty y yo volvemos casi seguramente acompañadas, ¿vos Gaby?

¿Yo? Ni idea, depende del festejo y quien trate de reemplazar al desgraciado ese…

Mirá, si te interesa, podemos arreglar y sobre la hora que creas que salís me pego una vuelta por el boliche y si estás en la puerta te llevo. OK?

Dale, no te prometo nada, pero si se da me traes vos.

Dada la situación, ya comencé a trabajarme a Gaby para ganar la vuelta y decidí ignorar un poquito a sus socias de andanzas.

Cuando atravesábamos la zona céntrica, Naty pidió detenernos en un quiosco pues necesitaba comprar cigarrillos y chicles. Al volver del comercio, se sentó en el asiento delantero y sin mediar palabra, se dispuso a encender un cigarrillo.

Naty, no se puede fumar en los taxis – dijo Gaby

Por eso me senté adelante, para que crean que está fuera de servicio y me deje fumar el muchacho – respondió Naty.

A ustedes ¿les molesta? – pregunté

No, si fumamos las tres – respondió Gaby.

Ok, si convidan las dejo fumar, pero ni hablar de esto –afirmé

Tranqui, no te vamos a buchonear… –confirmó Naty

Negri, ¿cómo te llamas? – preguntó Gaby

Si, si. Sabes nuestros nombres pero no sabemos el tuyo. – cuestionó Adriana.

Rubén, pero para las clientas de siempre, El Negro.

Ok., Negri a la salida si te vemos nos subimos a tu coche y listo – aseguró Adriana mientras bajaban.

Lo hablado hacía suponer que ese había sido inicio y final de la relación, por lo que me fui a conversar con unos compañeros de trabajo mientras esperábamos los primeros pasajeros salientes de las confiterías.

Aprovechamos a contarnos cosas entre nosotros, sobre los pasajeros y quienes creían tener asegurado retornos para no quitarnos trabajo unos a otros organizando los turnos de salida en función de los horarios prefijados. Habrán pasado dos horas aproximadamente cuando dos mujeres se acercaron a nuestro centro de reunión, dando una de ellas inequívocas muestras de haber consumido más alcohol del aconsejable.

Chicos, ¿está el Negro? – sonó la voz de Naty.

Si, ya te lo llamo – confirmó Julián.

Gracias

Julián se acercó a la rueda de mate y me avisó que dos “viejitas” me buscaban. “Una tiene un pedo fenomenal, casi no se puede tener en pie” aseveró. Tras agradecerle el aviso fui al auto y ahí estaban Naty y Adriana.

Negri, la tarada esta se tomó una mezcla y la volteó.
Ayudame a llevarla a la casa, ¿si?

Dale, la sentamos adelante y la atamos con el cinturón de seguridad así no cae.

No, mejor la recostamos atrás – indicó Naty.

Tras acostar a Adriana, partimos camino a su casa. En el trayecto Naty, me relató lo sucedido y como su amiguita le había amargado la noche con su ocurrencia de consumir dos tragos de alta graduación a fondo blanco. Llegamos a casa de Adriana y la bajamos, mientras Naty abría puertas y cerrojos, yo cargaba a la tomadísima Adriana que balbuceaba vaya uno a saber qué. La sentamos en la cama y las dejé a solas para que la cambiase y colocase dentro del lecho.

Instantes después, Naty apareció en la puerta principal hecha una furia. Al intentar acostarla, la amiga le había derramado parte de su ingesta sobre la ropa, manchándola de manera importante y maloliente.

Te vas a ganar otro viaje, llevame a casa que me tengo que cambiar. Mirá como me dejó esta guacha – me decía mientras se señalaba la pollera y parte de la blusa.

Bueno, pero ¿te quedás allá o volves al boliche?

Vuelvo, pero me vas a tener que esperar.

Nos fuimos rumbo a su casa. Al llegar informé por radio que me demoraría pues estaba en espera de una pasajera y por lo tanto saldría de circulación, dando por sentado que Naty me invitaría a pasar a su casa, cosa que efectivamente sucedió.

Me doy una ducha, me cambio y volvemos. Ponete cómodo, servite algo si querés mientras me esperás.

Gracias, te espero con un pucho y una cerveza.

Debo reconocer que me sorprendió tanta confianza en tan poco tiempo, pero me dispuse a esperar mientras curioseaba en las cosas que estaban a mi alrededor. Las fotos que aparecían en algunos portarretratos no mostraban imágenes masculinas, solo a mi pasajera y una muchachita de unos 18 o 19 años.

Sentí cerrarse el grifo y pregunté si estaba bien o necesitaba algo a lo que respondió negativamente. “Destapame una cervecita así la tomamos antes de salir” concluyó.

Así lo hice y giré hacia la mesa donde estaba esperando anteriormente y la visión me sorprendió. Naty estaba parada junto a la puerta cubierta por solo una toalla amarrada alrededor de su cuerpo húmedo.

Empecé a mirarla con otros ojos, ya me había detenido en su figura bastante bien formada pero no la imaginaba así. Se sentó cruzando las piernas y dejó entrever sus muslos, le acerqué la cerveza y me senté frente a ella.

¿Qué le pasó a tu amiga, no se aguantó el trago? – dije tratando de descomprimir la situación

No, la tarada no había comido lo suficiente, está a dieta y se nota que el alcohol la volteó.

Ya iban un poco alegres camino al boliche.

Si, habíamos tomado algo en lo de Gaby y se pasó de rosca.

Contame, ¿quien es la chica de la foto? ¿tu hija? –pregunté

Si pero no está en la ciudad se fue de veraneo con la familia del novio, entonces aprovechamos y nos fuimos de juerga las tres divorciadas.

¿Hace mucho que estás sola?

¿Sin marido? 10 años, me cambió por una brasilera que conoció en un viaje de negocios. Carne joven y con más fuego en las venas y en otro lado, je je je

La risita sonó de compromiso y me dejó vía libre para jugarme un avance. Me paré y consultando el reloj le conté de la necesidad de volver.

Ya veo, las viejitas no atraemos. Me cambio y te dejo ir a buscar nenas. – dijo con un tono mezcla de bronca y desilusión.

No, no es eso. Avisé que bajaba y si no retomo contacto van a empezar a buscarme mis compañeros, por los robos.

El señuelo había funcionado, Naty quería algo más que un viaje. Bajé al auto y comenté a mis socios que tenía una situación 169 (código que damos cuando bajamos por “motivos particulares”). Cuando volvía hacia el hall de entrada al departamento de Naty, la ví cerrando la puerta de su morada. ¡Qué linda cola tenía! Se había puesto un pantalón bastante ajustado que la remarcaba, no era Miss Mundo pero estaba bastante interesante. Me apresuré a entrar al hall al tiempo en que la luz se apagaba y sin preámbulos la tomé por la cintura, la giré hacia mí y le estampé un beso violento y profundo que la sorprendió pero aceptó de muy buen grado, ya que entreabrió sus labios dejándome explorar su boca con mi lengua mientras le manoseaba esa cola grandecita.

Logró despegarse unos segundos y solo dijo “acá no, mejor adentro”.

Abrió como pudo, mientras seguía acariciando su cola y buscaba sus pechos pequeños. Apenas travesamos la puerta, pareció desatar una fiera hambrienta que llevaba dentro. Me revolvía los pelos mientras me metía su lengua tan profundo como podía, reconozco que debí luchar con el botón y cierre de su pantalón que liberaron algunos rollitos escondidos tras la presión. Usaba una tanguita que fue blanco de mis tirones tratando de llegar rápidamente a su rajita para humedecerla.

En el forcejeo caímos sobre la alfombra del living y allí la lucha fue mutua por liberarnos de cuanta prenda hallábamos en el camino a la desnudez. Aún en la oscuridad pude hallar su Monte de Venus depilado y me sumergí llevando mi lengua a lo más profundo, torturando su botón de placer con mis dientes. Comenzó a gemir y a pedir más.

Tenía un sabor distinto a los que conozco, una fragancia a frutillas que me embriagó y me cautivó de tal forma que me dedique casi exclusivamente a succionar cada milímetro disponible. Tiraba de mis cabellos y me hundía con fuerza entre sus piernas, tenté meter un dedo en su cola pero con un movimiento brusco lo quitó obligándome a seguir mamando sus jugos, ya mezcla salada y afrutillada. Llegó a un orgasmo brutal que casi me cuesta la respiración por la presión que hizo sobre mi cabeza, luego se aflojó y me dejó libre.

Aproveché el momento y sin mediar palabra alguna, la clavé mi verga a fondo cosa que la hizo sumir en un grito ahogado por un beso. Fueron dos o tres bombazos hasta que pareció recobrar fuerzas, giró sobre mí y se dedicó a cabalgarme en forma tan violenta como mi penetración. La presión que ejercían los músculos de su vagina contra mi verga era mucha y me aceleró de manera notable. Apretaba sus pechos fuertemente como respondiendo a esa violación de la que estaba siendo objeto, gemía como poseída hasta acabar en un grito.

Con ese orgasmo, se serenó. Aplacó su violencia, parecía desfalleciente y así cayó sobre mi pecho. Me dedicó un beso suave y delicado y me susurró al oído:

¡Cuánto hacía que no culeaba así!, Todos mis amantes han sido suaves y delicados, deseaba y necesitaba ser dominante y violenta. Gracias por dejarme hacer.

Por dejarte hacer casi me matás. Al menos sacame una duda, ¿cómo tenes sabor a frutilla en la conchita?

¿Te gusta? Es un brillo con sabor para labios que me regaló Gaby. Ella lo usa en sus labios y yo en la conchita para que me la chupen hasta hacerme acabar. No muchos se animan a chupar una conchita vieja y así los estimulo.

¿Tenés muchos amantes? ¿Te la chupan seguido?

No, solo he tenido 3 en diez años y vos sos el segundo en chupármela. Chupas muy bien.

Gracias, cuando quieras solo tenes que llamarme a la central y nos juntamos a coger.

Eso será cuando yo lo decida, no vengas a buscarme. Ahora, nos bañamos, vos te vas y yo me acuesto a descansar.

¿Así de fácil?

Si, yo impongo las reglas. Vos las aceptás y seguimos, caso contrario se acaba todo.

Y así sucedió, me dejó ducharme, pagó los viajes y tras estamparme un beso muy profundo me palmeo la cola casi empujándome fuera de su casa.

Aún perplejo por la situación me subí al vehículo, volví a habilitar el radio y tras saludar me dirigí al lugar de encuentro para esperar la salida de los boliches. Me daba vueltas por la cabeza como me había tratado Naty y sus decires.

Llegué al lugar de parada habitual con la idea de comentárselo a Julián, pero no estaba. Me fumé un cigarrillo tratando de reorganizar lo sucedido cuando una voz conocida me saco del letargo en que estaba sumido.

Negri, ¿estás libre? – dijo Gaby con tono de tristeza.

¿Eh? Si, perdoname, estaba con la cabeza en otro lado. Subí.

¿Me llevás a casa?

Parecía al borde del llanto, pero no quise ni preguntar. Ya me había hecho el héroe con la amiga y casi me pega, por lo que preferí callar.

El recorrido se inició normalmente y como era quien más lejos vivía de las tres, prometía prolongarse un poco. Al llegar a la zona céntrica, me hizo detenerme en un quiosco. Bajo del coche y volvió a él con cigarrillos en mano. Repitiendo lo hecho por su amiga en la noche se sentó adelante, sacó un cigarrillo, lo encendió y me lo alcanzó al tiempo que trataba de sacar otro del atado. Lo encendió, aspiró profundamente y comenzó a hablarme sin solución de continuidad ni interrupciones de mi parte.

¿Sabés lo que me pasó? Primero se descompone Adriana, después desaparece Naty y para completarla se apareció mi ex con su nueva pareja. Una amiga mía de años, que desde hace unos 6 meses no hacía más que esquivarme y no contestaba mis llamadas telefónicas. El turro me corneaba con la guacha ésta, que sabía hasta que le tenía que hacer de comer para hacerlo calentar y que te la ponga toda la noche… Si yo le dije todo, se lo serví en bandeja.

Fumaba como un vampiro y se le caían las lágrimas mientras contaba con lujo de detalles como le informó a su ex amiga del método para conquistar a su ex pareja.

Pero esto no se va a quedar así, les voy ha hacer la vida imposible. Ninguno me dijo nada, no se animaron. Seguro que hace como dos o tres años que me corneaba porque a mi me cogía una vez al mes el turro, siempre cansado o con viajes de esa maldita empresa.

No paraba de hablar e insultar a ambos, estaba fuera de sí. Hasta que hizo un silencio repentino, que solo fue cortado por dos sollozos profundos y un golpe seco contra la ventanilla del auto. Frené bruscamente con la intención de llamarle la atención por lo hecho con el vidrio, pero no pude. Se había desmayado y su cabeza había dado contra el vidrio.

Traté de hacerla reaccionar y no respondía. Giré y me dirigí a la primer clínica que hallé a mi paso. La cargue en brazos y entré a la sala de guardias solicitando asistencia Una enfermera me ayudó y recostamos a Gaby en una camilla.

Tras las preguntas de rigor, qué había pasado, si sabía si había ingerido algo y quién era yo, se encerraron con un doctor que revisó a Gaby y tras estabilizarla, me llamó para indicarme que debía quedar en observación por una hora aproximadamente y que me comunicase con algún familiar.

Respondí que solo era una pasajera, que no conocía familiar alguno de ella, solo su dirección. En esas condiciones, me ofrecí a esperar que reaccionara y luego la llevaría a su domicilio, pensando en avisar a Adriana o Naty más tarde. Eran las 6 de la mañana.

Retorné al vehículo, avisé a central que me retiraba hasta la noche siguiente y volví a la sala de recuperación. Fue una hora interminable.

Al cumplirse el horario previsto, el doctor me comunicó que ya podía retirarse que se había tratado de un shock nervioso potenciado por la ingesta de alcohol pero no traía mayores consecuencias.

Gracias por ayudarme, no tenías obligación de hacerlo.

No es nada, ahora te llevo a casa, me aseguro que te des un buen baño y te metas a la cama. Tenés que descansar.

Le pasé un brazo por la cintura y la ayudé a llegar al auto. Mientras caminábamos, volví a sentir el aroma aquel. El mismo que irradiaba la conchita de Naty y para que negarlo, me excité al instante. Como pude traté de disimularlo, pero creo que no escapaba a ella la situación.

Gaby es morocha, mide 1.68 aproximadamente, una figura rellenita y curvas menores arriba y mayores abajo, similar al formato de una guitarra. Esta descripción les da la pauta de que ya la observaba con otros ojos.

Llegamos a su casa, y por suerte no había vecinas indiscretas a la vista que pudieran hacer preguntas a futuro. Entramos, aún siendo su apoyo recorrimos la sala de entrada y luego de un pasillo corto ingresamos a su habitación.

Tenía una cama de buenas dimensiones, mullida sobre la que traté de depositarla suavemente, pero mi torpeza natural hizo que fuera la pista de aterrizaje de ambos.

Nos reímos de lo ocurrido y nos quedamos mirándonos por unos instantes. Volví a aspirar ese perfume que brotaba de sus labios y tras correrle el cabello del rostro nos quedamos allí rendidos al cansancio.

Nos entre dormimos, por espacio de casi una hora…

Desperté con una pierna de ella sobre mi cuerpo a la altura de mis genitales y un brazo cruzado sobre mi pecho. Su blusa desprendida en sus dos primeros botones dejaba asomar buena parte de sus pechos y formaba un pequeño canalito; no llevaba sostén, ya que lo había quitado en la guardia del hospital. Podía verse el comienzo de las aureolas de sus pezones color rosada intenso y la posición de su pollera dejaba al descubierto gran parte de su muslo casi hasta el nacimiento del elástico de su braga de encaje blanco.

Contemplé detalladamente su figura y traté de librarme de su brazo y pierna en forma delicada, pero despertó sobresaltada.

Pareció recordar algo, y por unos instantes me miró con una sonrisa mezcla de picardía y somnolencia.

Voy a ducharme, ¿calentas el café?

Ok, si no te sentís bien me llamás enseguida.

Me dedicó una sonrisa más amplia y trató de pararse para dirigirse al baño de la habitación, tambaleó con su pollera que caía al suelo y la dejó con su cola casi al desnudo.

Fue demasiado para mí. Salté de la cama para tomarla en vista de su segura caída. Pero no la tomé por los hombros, sino directamente con una mano en la cintura y otra en su cola. La acaricié delicadamente, volví a cargarla y la deposité en la cama con mi cuerpo sobre el de ella como una traba que evitase su huída.

La besé y comencé a manosear sus pechos mientras trataba de enderezarme muy poco como para liberarme de mi pantalón. Quiso resistirse pero no la deje, le comí el brillo con sabor de sus labios y dirigí una mano directamente a su entrepierna para acariciar su triángulo sexual. Forcejeó unos instantes pero mi peso le ganaba a su debilidad.

Ya entregada, me dejó hacer. Arranqué los botones de su blusa, liberando sus pechos en los que sumergí mi lengua y me dediqué a mamarlos despiadadamente primero uno y luego el otro, en tanto mis manos ya se divertían en su sexo, hundiéndose en la profundidad de su apretada rajita, tironeando sus vellos y clítoris simultáneamente.

Llenó la habitación de quejidos y gemidos, la torturaba con pellizcos y mordiscos hasta empezar a bajar por el canalillo en busca de su pelambrera.

Al llegar a ella, su resistencia había concluido. Sus manos jugaban con sus pezones erguidos mientras yo devoraba sus labios y hundía mi lengua en ella, tal si fuera un pene ingresando y saliendo repetidamente en su vagina. Giré sobre su cuerpo colocándome sobre ella en la posición 69, pero no quiso mamármela y si la colocó entre sus pechos masturbándome con ellos de manera firme y lenta.

Pedía más, pero su voz se entrecortaba por la excitación. Me tomó por la cintura y trataba de girar sobre mi cuerpo, parecía ahogada. Con un esfuerzo logró su cometido y se colocó sobre mí.

Tenía sus pechos húmedos por mi líquido preseminal, restregaba mi verga sobre ellos y besaba levemente el tronco de ella pero sin llegar al capullo.

Chupala, es toda tuya – le repetía.

Jamás lo hice, no me animo. Me produce asco.

Te va a gustar, saboréala como si fuese un chupetín – insistía

El sabor no me agrada, es salada

Ponele el brillo de labios, te va a encantar.

¿te parece?

Si mi guacha, y chúpala hasta gastarla

No me fuerces, lo voy a intentar.

Se despegó por unos instantes de mí, mientras yo seguía
pegado a su conchita, parecía no acabar nunca de tanto en tanto soltaba más
flujo de lo normal pero no había un indicio de orgasmo.

Volvió a colocarse sobre mí, y algo frío recorrió la punta del capullo para luego recibir calor y humedad proveniente sus labios. La alternancia de frío y calor me demoraba en la llegada, pero los movimientos de su vientre se hicieron más veloces y la presión de sus piernas aumentaba anunciando su llegada. En pleno orgasmo hundió mi tronco hasta lo más profundo y el contacto de la calidez de su lengua con mi capullo encendió los motores y mi explosión llegó violenta y abrupta inundando su boca completamente. Pareció ahogarse pero no la quitó de allí, mientras llenaba mis labios con sus jugos, fueron diez a quince segundos de intercambio de fluidos muy abundantes. Quedamos rendidos, uno tendido sobre el otro.

El sol comenzaba a filtrarse por la ventana, y hacía contrastar la oscuridad de la habitación con el brillo de sus labios húmedos y un hilo de sudor que bajaba por la zanjita de su cola en busca del orificio de su ano.

Me encantaba la imagen de esa cola brillante por el sudor, no lo dudé y traté de beber aquel líquido que bajaba por ese surco. Fue como si la encendiese nuevamente, convulsionó y comenzó a buscar la elevación de mi flácido amigo con su lengua.

Vamos a ducharnos y pienso darte algo que a nadie he dado – me dijo.

Si Diosa, sorprendeme.

La seguí mientras acariciaba su cuerpo, nos bañamos lavándonos mutuamente con nuestras lenguas entrelazadas y saboreando nuestra piel. Quise penetrarla allí mismo pero me detuvo.

Todavía no, volvamos a la cama y allí tendrás todo.

Quiero hacerte el amor, cubrir cada uno de tus agujeros…

Volví a la habitación, ella fue hacia uno de los armarios y trajo consigo dos envases de plástico, uno con un contenido transparente y otro dorado.

Me cedió el transparente y se quedó con el dorado. Acarició como una experta mi miembro y lo elevó con mucha facilidad. Estando yo aún de pié, ella se sentó en la cama abrió el pote y espació sobre mi miembro aquel contenido y comenzó a succionar desesperadamente, lo saboreaba y se relamía. Me sorprendió su actitud, alcancé el pote y su aroma delató el contenido, había derramado miel y la estaba comiendo. Evidentemente los sabores dulces le agradaban. Cuando logró un buen tamaño en mi herramienta, la soltó y se subió a la cama colocándose en posición perrito; abrió sus piernas y me ofreció el pote de miel:

Llename de miel y chupame, cuando esté bien mojada, haceme la cola con paciencia que es virgen.

No tardé más de 4 o 5 segundos en untarle la miel y comenzar a chupar, se mojó rápidamente, pero pidió más y así lo hice. Al cabo de unos minutos nadaba en flujo y entendí que era el momento. Tomé el segundo pote y esparcí parte del contenido en su cola, la vaselina fría le produjo un respingo y le froté mi herramienta sobre su orificio. La dilatación era lenta pero continua, entraba muy despacio mientras parecía desgarrar paredes, pero ella gemía y pedía más lo que me impulsaba a seguir en mi trabajo. Demoré casi quince minutos hasta penetrarla totalmente. Descansamos unos instantes, dándole a su cuerpo tiempo para amoldarse a la situación y comenzamos un mete y saca lento que fue cobrando velocidad en tanto su ano se dilataba. Gemíamos, nos apretábamos, yo acariciaba su conchita con una mano mientras ella se aferraba a la almohada para ahogar sus gritos.

Fueron minutos de gloria que culminaron con un bestial orgasmo que lleno la habitación con un gemido y sus entrañas con semen. Me despidió de su interior son violencia y permaneció abierta a mí, cosa que aproveche para hundirle mi miembro en su conchita.

No tenía más fuerzas para bombear y caí rendido sobre ella, la tumbé de costado y nos dormimos así, con mi miembro dentro de ella.

El sol entraba por la ventana con más nitidez cuando despertamos, abrazados y rendidos por el cansancio.

A duras penas pudo caminar hasta el baño donde abrió la ducha y se sentó en la bañera.

Me duele horrores, pero me encantó

Me exprimiste, pero lo disfruté enormemente

¿Cómo sabías lo del brillo para labios? ¿Ya lo habías usado?

Nno –titubeé- Me lo imaginé

Ahh… porque lo usa Naty, para que se la chupen. En algo que me contó.

No me lo hubiera imaginado, mirá vos los gustitos de tu amiga

Si te portas bien conmigo, te voy a invitar alguna noche para que compartas nuestras fiestas con Naty. Ella me calmaba la ansiedad
mientras duraba el juicio de divorcio, para no perder la casa. Si me enganchaban con un tipo, me rajaban.

¿Hacen fiestitas?

Si, con Naty y Adriana.

Nos bañamos, tomamos un café ambos desnudos y tras vestirnos nos despedimos con un beso, asegurando que nos volveríamos a ver.

Era casi mediodía, estaba destruido. Subí a mi auto, recordando cada tramo de la noche.

El martes por la madrugada, sonó el teléfono de la central. Era Gaby pidiendo mi coche, pero eso será motivo de otro relato….

Alejandro Gabriel Sallago.

La esposa de mi tío

Hace un año ubo una fiesta en el bar de un tio por el cumpleaños de un primo yo asisti gustoso por que aunque esas fiestas siempre habian sido aburridas pero yo ya tenia edad para que mi familia ya me dejara beber asi que eso me sono mucho cuando llege pedi una cerveza y me sente en la barra y vi llegar a mi tia politica con su hija estaba muy buena tenia mini falda un escote muy pronunciado gracias a sus prominentes senos llego y me saludo de un beso en la mejilla muy cerca de la boca y se sento en una mesa en frente de mi yo deseaba mucho tener sexo esa noche asi que pedi una botella de ron y me sente en la mesa con mi tia un tio y mi primo diego me ubique al lado de adriana y le servi un trago despues de varias horas ella tomo una actidud mas suelta mas coqueta y hablar de temas mas picantes me pare al baño y cuando sali la mire directamente a los ojos y ella me mando un beso eso me extraño mucho asi que me sente a su lado y le dije te ves demasiado hermosa tu atuendo te hace ver como una modelo ella me acerco la mano al la rodilla y la fue subiendo lentamente hasta tocar mi pene que ya se encontraba demasiado erecto en ese momento ella me dijo hoy quiero divertirme con hombre joven por que llevo varios meses sin satisfacion sexual y eso me esta volviendo loca se paro de a mesa y se despidio de todos yo me dipuse a comprar unos cigarrillos y sali del bar a fumarme uno ella estaba a la vuelta con el carro ensendido cuando me subi nos besamos y yo aproveche para tocarle sus senos y mover un poco mi mano por dentro de su falda a las tres cuadras me pidio que manejara el auto que ella queria hacer algo ya manejando ella me puso su mano en mi pene y me desabrocho el pantalon y se dedico a chuparme la polla metiendo su boca muy profundo sacandola suavemente y con su lengua lamerme la cabeza del pene llegamos a su casa y me pidio que subiera al cuanto de su hija pues no queria dejar rastos en su recamara subio despues prendio las luces puso musica y comenzo a bailar muy lntamente se quito la camiza y me dio la espalda se quito su sosten pero yo todavia no podia verle sus grandes pechos se voltio hacia mi y se quito el pantalon se acosto y me beso en los labios desndio por mi pecho hacia mi pene y comenzo a besame y lamerme las bolas le dije que lo dejara y le bese los senos mientras le introducia mis dedos en su chocha baje por su abdomen y le quite las bragas y comenzo a lamerle la vagina muy lentamente metientole mi lengua de a poquito mientras ella gemia de placer diciendo haa haa si lame eso me exita le suplique que se bolteara y la tire sobre la cama djandola en cuantro y le habri sus piernas y le meti mi pene muy fuerte haaa haaa al fondo comenze a muverme muy rapidamente puesto que ya ella y yo nos encontrabamos muy lubricados cando me detuve ella se paro por algo a la mesa del fondo donde se encontraba el televisor me suplico que la dejara dominar la situacion yme sujeto con unas esposas a su cama me acaricio el pene y luego se sento encia mio y comenzo a brincar a muy buen ritmo mientras los dos gritabamos luego de un tiempo me corri y ella llego a un orgasmo muy ruidoso me pidio que como ultimo deseo le consediera el placer de besarle el ano lo hize aunque no me agrado mucho pero ella me exito mucho asi que le introduje mi lengua lentamente mientras ella me desia esto debe repetirse lo antes posible.
esta fue mi primera relacion sexual con una mujer madura y me encanto.
mi e mail es: julianfelipe123@hotmail.com por si alguien quiere contarme una historia suya o una nena que dese tener sexo puede escribir.

No hay suegra como la mía

Soy Rubén y quiero contarles lo que me ha pasado con mi suegra. Les aclaro que el nombre de los tres está cambiado Tengo 52 años, actualmente casado con Marta de 44, mujer muy cálida y cariñosa, además de muy buena amante. Con ella nos hemos casado hace apenas un año, y los dos hemos tenido matrimonios anteriores. Debo contarles que desde siempre me he sentido atraído por las mujeres mayores que yo, y en especial las mayores de 60. Tal es así que las veces que he tenido aventuras han sido siempre con maduras. El caso es que la madre de Marta, que llamare Isabel, tiene sus 68 años bien puestos y bien llevados. Mentiría si dijese a estas alturas que es una belleza, pero se mantiene muy bien, se cuida mucho, mas pileta y gimnasio, hacen que al menos para mí esté muy atractiva y yo había fantaseado varias veces, e incluso me he masturbado pensando en ella, pero había decidido borrar esos pensamientos y últimamente había logrado concentrarme en otras mujeres (también mayores que yo….obviamente). Nosotros vivimos en el interior y hace un par de meses Marta debió ir a la Capital (700 km de distancia) para una capacitación de su trabajo, y para ello partió el domingo por la noche para regresar el sábado siguiente por la mañana. Isabel muy amablemente se ofreció a quedarse en casa, para ayudarme, sea con la cocina o lo que fuere. Me pareció muy generoso de su parte, y debo decir que por un momento volvieron a mi algunas de esas fantasías.
El Domingo a las 22 llevamos a Marta a la Terminal de Ómnibus, y cuando se fue, subimos al auto e Isabel me dice: – Si vamos a tomar algo fresco? En mi cabeza empezaron a prenderse luces de colores….. Era una noche muy calurosa, así que fuimos a una confitería que tenía unas mesas en la vereda y pedimos cervezas. Como yo debía manejar, apenas tomé un vaso de cerveza (aquí se ponen duros con el tema de los controles de alcoholemia), pero ella estaba muy relajada y bebió 2 o 3 cervezas. Mientras volvíamos al auto, ella tropezó y obviamente yo la contuve, tomándola de la cintura y allí sonó una alarma en mi cerebro….¿Y si se cumplía mi fantasía hoy? Subimos al auto y las 30 cuadras hasta casa las hicimos charlando distendidamente y yo notaba en ella una expresión que no le conocía, una sonrisa entre cómplice y descarada que me desconcertaba un poco pero a la vez me excitaba. Llegamos, guardé el auto en la cochera y cuando llego a la sala Isabel que me dice que se tomaría otra cerveza, así yo podía acompañarla tranquilo ahora que ya estábamos en casa, lo cual me pareció una buena idea. Ella se sentó en un sillón grande y yo lo hice a su lado, ya bastante excitado y sintiendo esa hermosa sensación de la verga que empieza a hincharse y a sentirse apretada por el slip. Con el primer vaso de cerveza le apoye una mano en su muslo, y la respuesta fue una sonrisa que invitaba a mas; la charla se hizo alegre, divertida. Yo decidí ir por más, así que por ejemplo le pregunte cuanto hacia que no tenía sexo, e Isabel con un suspiro me dijo que hacía demasiado tiempo, a la vez que me miraba fijo y me regalaba una sonrisa que terminó por derribar todas mis barreras interiores…..y también las exteriores.
Decidido a jugarme el todo por el todo, le tomé la mano y le dije que me parecía un desperdicio que semejante mujer no tuviera vida sexual, y que estaba dispuesto a remediar esa situación.
Confieso que por un momento creí que se iba a negar, y se me cruzaron por la cabeza todas las consecuencias que ello podría tener, pero lo cierto es que se soltó de mi mano, sólo para abrazarme y darme un beso como pocas veces me han dado.
Su lengua es algo hermoso, ardiente, muy húmeda, muy suave y muy provocadora, primero fueron mis labios, los abrió poco a poco y fue metiéndola dentro de mi boca, al principio suavemente, después con mas ímpetu, hasta hacerme sentir el placer de un orgasmo oral.
Abrazados empezamos a recorrer nuestros cuerpos con nuestras manos, casi con desesperación; me desabrochó la camisa y me lamió todo el pecho, mordisqueándome las tetillas y jugando eróticamente con mis vellos, en tanto yo le quite su casaca primero y empece a lamerle los pechos, corriendole despacio el corpiño hasta encontarme con sus pezones grandes, oscuros, que a esa altura de la calentura ya estaban tensos, duros, invitando a que se los chupara.
Poco a ´poco nos fuimos denudandos, primero ella terminó de sacarme toda la ropa y se detuvo un largo rato jugando con mi verga que ya estaba durísima y empezaba a soltar el líquido preseminal, para pedirme que terminara de desvestirla.
Pese a mi ansiedad, lo hice muy lentamente, primero la pollera, y cuando tuve ante mi su cuerpo casi desnudo, tan solo vestido con una bombachita pequeña de encaje negro. Por un rato estuve acariciandole sus piernas, besandole alrededor de tan sugerente prenda, y empecé a pasar mi lengua bajo los elasticos, sintiendo el roce de su vello púbico.
Cuando le saque la bombacha ya estabamos los dos al extremo de la excitación, mojados y muy calientes; entre caricias y besos le ofrecí mi verga junto a su boca pero me dijo que eso no , que no le gustaba, asi que seguí con el juego erotico y llegué con mi lengua hasta su vagina. Todavia tengo presente el sabor de su nectar, elgo que me embriagaba y me hacía chuparle mas y mas esa conchita deliciosa y asi fue que tuvo su primer orgasmo. Pero la calentura iba in crescendo, por lo que no hubo necesidad de muchas palabras, antes bien cuando me puse encima de ella, naturalmente abrió las piernas y mi verga encontró el camino hacia su vagina y en cuanto entró, el calor de su interior me excitó aún mas.
No se cuanto tiempo estuvimos cojiendo, si recuerdo que lo hicimos en todas las posiciones posibles y ella tuvo un montón de orgasmos. Yo por mi parte tambien acabé un par de veces, pero era tal la excitación que a los pocos minutos volvia a estar listo para seguir. Cuando nos preparabamos para hacerlo una vez mas, baje nuevamente a besar su Monte sagrado, pero esta vez lo hice de modo que mi miembro quedara cerca de su cara; en realidad mi intención era que me masturbara, pero para mi sorpresa me pidió que le enseñe como chuparmela, y me dijo que una sola vez en su vida lo habia hecho, mal y por eso decia que no le gustaba, pero hoy conmigo queria probar porque confiaba en mi.
Le pedi que me besara la cabeza, y la primera reacción de ella fue decir que le encantaban mis jugos, y no necesité decirle nada mas….primero fue un beso, despues unos chupones muy suaves que fueron creciendo en intensidad hasta que finalmente se metió toda mi verga en la boca y empezó a meterla y sacarla, mientras me decía:
-!Que lindo me cojes por la boca¡
El paso siguiente fue entragarnos a un larguisimo y placentero 69, hasta que los dos acabamos, cada uno en la boca del otro. Isabel ni preguntó….se tragó todo mi semen de una, y quedó relamiéndose. Ya eran mas de las 3 de la madrugada y estabamos cansadisimos pero seguíamos tan calientes como al principio, así que le propuse nos ducháramos juntos.
Si hasta ese momento su piel era un afrodisiaco para mi, no se imaginan lo que sentí al tenerla mojada entre mis brazos, era un estremecimiento que recorría mi cuerpo de arriba abajo permanentemente….nos besamos, le chupé las tetas hasta qie gritó de gozo y de dolor, los pezones a esa altura eran como de 3 cm de largo y 2 de diametro, duros, hermosos. Baje hasta su concha y se la chupé por milésima vez, y cuando estaba al borde del orgasmo hice quew se diera vuelta y empecé a lamerle el culo. Según me dijo despues nunca había tenido sexo anal, pero en ese momento abrió bien las piernas y dejó que mi lengua se deleitara y que muy lentamente empezara a entrar en ese agujerito maravilloso.
De pronto me doy cuenta que no tenía gel lubricante, y de pronto me vino a la mente una vieja película…Ultimo Tango en Paris….fuí hasta la cocina y por suerte en la heladera habia manteca. Con eso la lubriqué y empe4cé a dilatarla de a poco, primero la yema de un dedo, despues el dedo, otro dedo mas hasta que ella me pidió que se la pusiera.
Le advertí que tal vez le dolería un poco,, y asi fue. Primero la cabeza deslizó casi sin esfuerzo, pero cuando empezó a entrar el tronco pegó dos o tres gritos de dolor, lo que hizo que casi me detuviera. Seguí muy despacio, muy suave y mi verga fue entrando en aquella cueva magica, hasta que sentí que le apoyaba mis testículos en su culo, al tiempo que ella largaba un gemido de placer que me dió el via libre para bombearle dentro con mas fuerza.
Les confieso que lo he hecho pocas veces por el culo, pero el gozo que me dió Isabel jamás lo habia sentido, seguimos por un rato en el baño y despues se la saque y fuimos al dormitorio. Allí la puse boca arriba con las piernas bien abiertasy volví a entrar en su culo; esta vez ya ni se quejó, solo me pedía que la penetre y que le avisara antes de acabar porque queria que la leche se la depositara entre las tetas, cosa que hice finalmente.
Nos quedamos dormidos, exhaustos, y dormimos abrazados. A las 7 de la mañana cuando sonó el despertador, sentí sus brazos alrededor mío y en un impulso llamé a mi Gerente a su casa para decirle que por un tema de familia muy importante no iba a ir a trabajar ese día y posiblemente algun otro día de la semana. Cuando Isabel escuchó esto me prometió que iba a ser la mejor semana de mi vida….y puedo asegurarles que así fue, pero el resto de la semana se los cuento otro día.

Pamela Capitulo 2: Bronceada y caliente.

“O sea, es un dia demasiado caluroso como para meterse en esa iglesia, mamà…NO WAY”. Agus expresaba sus pocas ganas de asistir a la iglesia de su nuevo barrio, Villa Freak.
“Vamos hija, ya estamos en la puerta. Ademas es bueno darnos a conocer con nuestros vecinos, y la mayoria son muy catolicos. Vamos!”. Pamela Suarez, madre de Agus Olivero, le propina un amigable chirlo en la cola redonda y grande de su hija, algo disgustada, ella accede y entran a la iglesia catolica. Como era de esperar, todas las miradas se posaron en aquellas dos figuras torneadas, plagadas de curvas, y perfectamente diseñadas por la naturaleza. Pamela es conocida por sus amistades como “el clon de Sofia Vergara”. Y estan en lo cierto, pràcticamente no existen diferencias entre ella y la actriz, solo que los pechos de Pamela son un poco mas grandes que los de Sofia, si eso es posible. Aquella mañana llevaba un vestido blanco sin bretel, que le acentuaba cada curva de su despampanante cuerpo, zapatos de tacos altos, y adornaba su rostro con gafas oscuras. Su hija Agus lucia unos shorts de jean, extremadamente sugerentes para la casa del Señor, y una musculosa negra que mantenian sus dos prominentes senos en su lugar.
El padre Aldo hablaba fervorosamente de Dios, Jesus, y demas temas referentes a la religion. Ellas toman asiento, y finalmente las miradas dejan de apuntar hacia ellas para volver su atencion a la rutinaria charla del padre. Pamela vio atractivo al padre, con sus cabellos oscuros y menton firme, pero evito desviar sus pensamientos hacia esos lugares tan familiares para ella. Repentinamente, Doña Josefa que estaba a unos metros de ellas, advierte la presencia de Pamela, y con un sonoro gruñido, se levanta y se acerca hacia donde estaba el padre Aldo.
“Disculpe la interrupciòn padre…Pero no puedo tolerar que esa degenerada venga a la casa del señor!”. Doña Josefa apuntaba su arrugado y largo dedo hacia Pamela, mientras ella miraba para todos lados, con una expresion en su rostro al mejor estilo: “Quien, yo?”
“No te hagas la distraida!!! Te vi paseandote por nuestro barrio totalmente desnuda, descarada!!!.” El publico estaba atònito, y Pamela no sabia que responder.
“O sea, escuche señora, mi mamà no anda desnuda por ningun lado, ok?”. Agus le responde a la vieja, en un intento de defender a su madre.
“Y vos callate la boca, mocosa maleducada, seguramente sos igual que tu madre!Callate o te voy a dar tantos chirlos que no vas a poder sentarte en años, oiste???”. La amenaza de Doña Josefa indignò a Agus, se tomo el amplio pecho con una mano, mientras mantenia su boca abierta ante tal amenaza. A partir de ahora, odiaba con todo su ser a esa vieja entrometida.
“Agus! No le contestes, es una señora mayor. Mejor vamonos” Pamela tenia el mismo nivel de indignacion ante el maltrato de la anciana, pero aun asidebia mantener la calma, al fin y al cabo era una viejita de casi 90 años.
Finalmente el padre Aldo intento irrumpir: “Doña Josefa, calmese, creo que todos tienen derecho a estar en la casa del Señor”. “No una chiruza que se desnuda en la calle, es una inmoral”. La anciana era tajante.
“Esta bien, nos vamos. Vamos hija!”. Madre e hija, abochornadas, salieron de la iglesia, Pamela sabia que no era bienvenida alli.
“Madre, a ver…Como es eso de que anduviste desnuda en la calle? O sea, es toomuch!” Agus le preguntaba sorprendida.
“Es una larga historia hija, lo unico que puedo decirte es que fue un accidente.” El auto corria velozmente a traves de las calles de Villa Freak, y advirtiendo que sera un dia de calor, Pamela le propone a Agus tomar sol en la terraza de su edificio.
“Me copa la idea!Quizas hoy venga Yuki a casa, puedo decirle que se prenda a tomar sol con nosotras, te parece mà?”
“Quien es Yuki?”.
“Una amiga de la facu, es medio introvertida, estudia mucho. Te va a caer bien”.
Al llegar al edificio, Pamela sube a la terraza con su hija, y ambas se preparan para que sus cuerpos reciban los rayos del sol. Pamela usa una bikini pequeña de color blanca, mientras Agus usa una de color amarillo, ambas se recuestan sobre los toallones depositados sobre el suelo de la terraza, y alli reposan. Cabe destacar que esta imagen puede provocar un infarto al corazonmas fuerte, son verdaderos cuerpos esculturales, voluptuosos, y pràcticamente desnudos exhibidos libremente para que el dios Febo cumpla con su deber de oscurecer sus sedosas pieles.
En ese momento, Yuki se manifiesta: algo pequeña, su delgadez y blancura de su piel le da la apariencia de ser una niña ingenua, al igual que el rostro que conserva los rasgos orientales de sus antepasados, con hermosos ojos rasgados que resaltan a traves de sus lentes con aumento. Su cuerpo aunque delgado, se compone de sinuosas curvas, no tan explicitas y remarcadas como las otras dos amazonas alli presentes, pero curvilinea al fin.
Tenìa los brazos hacia adelante, posaba una mano encima de la otra, y sostenia esa mirada introvertida a traves de sus lentes, alzo su mano derecha y atinò a decir un casi imperceptible: “Hola.”
“HelloYuki, al fin viniste! No seas timida, acercate. Ella es mi mama Pamela.” Pamela levanta su espalda para saludarla, y advierte en Yuki una chica preciosa, el beso en la mejilla impartido por Yuki cuando se saludaron lleno su cuerpo de ternura. Le daba ganas de abrazar a aquella diminuta chica hasta dejarla sin aliento. Era simplemente una sensacion muy dulce tenerla cerca.
“Dale amis!Sacate ese vestido y ponete a tomar sol con nosotras!” Yuki le respondio a Agus con una incipiente sonrisa, y al rato se despojo de su vestido suelto de verano, dejando que una bikini verde cubra su cuerpo. El traje de baño que ella llevaba no dejaba apreciar la totalidad de su cola, como sucedia con las tangas de Agus y Pamela, mas bien cubria la mitad de sus gluteos, mientras que la parte de arriba protegia sus pequeños pero sugerentes pechos.
A Pamela la abrumaban una cadena de pensamientos: “Que cuerpo tiene esta chica. Esa cinturita tan flaquita…Mmm esa sonrisa que tiene me vuelve loca…En que estoy pensando? Es solo una chica inocente! Dios mio, me siento una lesbiana, y no lo soy…al menos nunca estuve con una mujer. Pero esta chica…Se acomoda al lado mio, tiene un muy lindo perfume…Basta Pamela!”. La joven madre callaba, o al menos intentaba callar sus propios pensamientos.
“Señora Pamela…que lindo pelo que tiene” Yuki acompaño este halago acariciando suavemente el largo cabello de la madre de su amiga.
“Oh…gracias Yuki. Te agradezco el gesto.” Pamela le respondio nerviosamente, tratando de conservar su papel de madre. Al fin y al cabo, Yuki tiene 18 años, podria ser su hija.
“Ay, pero mi mami se vive cuidando el pelo, deberias ver lo que es su face, osea su cara, es re suave, las cremas que usa son lo mas!”
Yuki entonces comienza a acariciar timidamente las mejillas de Pamela, pero mientas Agus estaba concentrada en su propio mundo, Yuki bajo sus delicados dedos hacia el cuello, rozandolo con las yemas de sus dedos. Pamela solo podia atinar a sonreir, pero era evidente que su respiracion se hacia cortante con cada caricia en esa zona. Finalmente trato de evadir la situacion, y conversar de algo banal pero efectivo para detener esos toques tan eroticos.
“Decime Yuki, se llevan bien ustedes dos?”
“Claro que si, somos muy amigas. Nos contamos todo, y somos muy estudiosas, jiji”
“Habla por vos, porque Agus no es nada estudiosa…”
“Ay mama, please!” Agus le retruca con una mirada irascible.
“Ademas de estudiar administracion de empresas con ella, practico tae kwon do” Dice Yuki, a lo que Pamela responde:”Ah, ahora entiendo el motivo de tu cuerpo tan armonico, haces deporte”
“Gracias señora Pamela, pero al parecer no hago tanto deporte como usted. Mire lo que es este abdomen!” Una vez mas, las manos erotizantes de Yuki invaden el cuerpo de Pamela, en esta ocasion su abdomen marcado y duro es victima de las caricias adolescentes.
“Es que mi madre se mata en el gym, lo mas importante para ella es estar en shape”. Pamela ni siquiera pudo escuchar a su hija, las manos de Yukipermanecian en su abdomen trabajado, moviendose alrededor de su ombligo, y bajando lentamente, hasta llegar a la linea de su bikini en la parte frontal: “OOh!”
“Mama, tipo…Que te pasa???”
“Nada hija, tuve ganas de estornudar…ACHIS!” La actuacion no era lo suyo, pero al menos ese intento de estornudo sirvio para alejar a Yuki y esconder su gemido.
De pronto, Agus se levanta como un resorte, alegando que su celular esta sonando.
“Chicas, ya vengo. Me llama mi chico!”
“Hija, ni siquiera sabia que tenias un novio…”
“Es que aun no son novios, se estan conociendo”. Le responde Yuki, con esa voz tan debil que parece un murmullo. Las dos chicas entonces, se dan la vuelta para broncear su parte trasera. El culo de Pamela era un espectaculo, enfundado apenas en esa bikini que no servia para cubrir sus enormes nalgas, tan firmes, tan duras…Yuki en cambio tenia un trasero mas pequeño y discreto, considerable claro, pero no tenia nada que hacer con el tamaño y volumen de la cola de Pamela.
“Señora Pamela…¿quiere que le haga unos masajes?” Murmura Yuki.
“Bu-bueno Yuki. Claro que podes” Pamela no sabia que responder, deberia haberse negado conociendo las sensaciones que las manos de Yuki en su cuerpo provocan, pero no pudo negarse ante esa chica tan fragil como un cristal, inocente y dulce como un personaje de Anime.
Yuki entonces comenzo a mover sus brazos alrededor del cuello de Pamela, bajando sus manos lentamente por la espalda. Pamela estaba totalmente entregada a sus masajes, sentia una distension y un alivio inimaginable…Y aunque le pese, se sentia algo excitada.
Su mente comenzo a correr freneticamente buscando respuestas:”Como puede ser? Es una nenaaa! Tiene apenas 18, no puede estar pasandote esto!” Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintio que Yuki le tocaba la cola con ambas manos, moviendo sus gluteos, apretandolos y soltandolos, generando leves gemidos en la ya muy excitada madre. Los masajes siguieron su curso ahora a la altura de sus piernas, y volviendo nuevamente al culo, abriendo sus nalgas y cerrandolas nuevamente. “Dese vuelta”. Pamela obedecio la orden, como si de un jefe se tratara, entonces Yukicomenzo a masajearle los enormes senos, con sus dedos rodeaba sus pezones para darles un ligero apreton, llevando a Pamela al limite de su calentura.”Oh…Oh Yuki…que-que me ha…haces??”
“Shh, tranquilita…”. Pamela ya no estaba preocupada porque su hija las sorprendiera en esa situacion, lo unico que le pedia su cuerpo en ese momento era mas…Y yuki le dio mas. Sus manos se resbalaron alrededor de su estomago, siguiendo su marcha hasta la bikini, y hundiendo su mano en la tanga, comenzo a frotar el sexo de Pamela impiadosamente.
“Si señora Pamela, yo se que le gusta. Despreocupese y piense unicamente en disfrutar.” Pamela entanto, se retorcia, movia su cadera freneticamente, su cuerpo respondia con movimientos convulsivos ante los estimulos de Yuki: “DIOS! DIOS! AAAHH!”
Estaba cerca. Yukiseguia frotando su depilada y humeda vagina sin quitar esa sonrisa timida y calma, en cambio Pamela era la imagen antagonica, un mar de sudor en todo su cuerpo, sus pechos moviendose desesperadamente al ritmo de sus caderas, y su boca gesticulando y generando sonoros gemidos que ya no trataba de ocultar. Hasta que finalmente su cuerpo genero un estallido interno que conmovio todas las fibras de su anatomia. Con la poca fuerza que le quedaba, se tapo la boca para generar el grito final: “MMMMMMMPPFPFPPFMMFFFPFPFPPF!!!”. Luego se desplomo en el piso. Yukisonrio y volvio a acomodarse para seguir disfrutando del sol. En ese instante regresa su amiga: “Nada era Nico…y ustedes que onda?”
“Creo que tu mama se durmio”.
“Mejor, seguro fue un aburrimiento estar con ella. SorryYuki!!!”
“Para nada, tu mama y yo la pasamos muuy bien!”
FIN

 

Max

La madrastra de mi mujer

Había ido a recoger a la madre de mi suegra para llevarla en coche a la casa de su otro hijo. Vivía en Madrid, pero algo lejos. Conviene aclarar que a la que llamo suegra no es tal, es la madrastra de mi mujer, segunda esposa de mi suegro. su adorable y preciosa viuda.  Yo, como siempre hacía, estaba sentado frente a ella. Como de costumbre, enseñaba generosamente los muslos. Yo, hora es ya de decirlo, estaba enamorado de mi suegra. Profundamente enamorado. Y élla de mí. Ninguno nos atrevíamos a dar el paso definitivo. Los síntomas eran claros, inequívocos. Pongo un poco en orden mis ideas y se lo cuentos a vds. Mi suegra tiene una melena larga y abundantísima, lo que me hacía  pensar en la vieja frase popular ” si así está el llano, calcula cómo estará la montaña”. Esto quería decir que a cabellera abundante solía corresponder una gran mata de pelo en el coño. Tiene buenas tetas, duras, orgullosamente erguidas, casi altaneras. Muy guapa de cara, de labios gruesos, besables, que es justo lo que estaba deseando hacer. Su culo, sus caderas y sus piernas me volvían loco de deseo: son grandes,  gruesas, que hacían soñar con unos muslos rotundos, bien formados y muy apretados en la entrepierna, aprisionando su coño, el coño que me traía loco y hacía que, a veces, me viese en la necesidad de aliviar mis ardores en solitario. Sí, estoy casado, pero a mi mujer no la gusta demasiado el sexo. Nada, para ser más precisos. Bien, hechas las presentaciones, ya va siendo hora de que les ponga al corriente de la clase de juegos o negociaciones, ocultas y claras a la vez, en que estábamos embarcados y cuyo puerto de atraque tenía que ser un polvazo de muerte entre los dos. ¡Qué ganas tenía de sentir mi polla metida en sus entrañas, en su adorable y seguramente peludo coño!. ¡qué a gusto me lo iba a comer!. La madrastra de mi mujer, a la que seguiré llamando suegra, es una mujer limpia como “los chorros   del oro”, por lo que sabía que su coño, libre de olores y sabores poco gratos, me iba a dar el mayor gusto del mundo al saborearlo y lamerlo. Para mí, en las relaciones sexuales, la limpieza es algo fundamental. Sé que hay hombres, también  mujeres, a los que los olores y sabores bravíos les gustan hasta el punto de encender su pasión, de ponerles cachondos. Yo conozco a mujeres que alguna vez han comentado que los hombres somos muy raros: que unos les exigen lavarse el coño y el culo a conciencia y otros les piden que no se cambien de bragas en dos días. Esta claro que hay gente para todo. Yo, insisto en ello, siempre he buscado mujeres aseadas, limpísimas, que son la mayoría. España es país de mujeres aseadísimas. Sigamos. Mi suegra, siempre que yo estaba delante, procuraba sentarse frente a mí y, como al descuido, enseñarme los muslos. Yo no dejaba de mirarselos incansablemente, procurando que notase mi deseo de verle los muslos el mayor tiempo posible y cuanto más,  mejor. Ella lo notaba y, cuando nadie lo advertía, separaba un poco las piernas para que pudiese ver sus bragas. No siempre era posible, pero cuando así sucedía y veía el color de sus bragas, me relamía los labios. Ella se daba cuenta y procuraba inclinarse a coger alguna cosa del suelo y separar aún más los muslos. Ese maravilloso espectáculo de las bragas de la madrastra de mi mujer me encendía la sangre, disparaba mi deseo y, perdido todo comedimiento, si ella miraba yo me cogía la polla con la mano por encima del pantalón.
Hace un momento, tal como les he contado, ha sucedido así: Se  ha inclinado a coger del suelo una cajita y, levantando la pierna contraria, me ha enseñado en plenitud sus bragas de color blanco. Muy transparentes, por lo que pude percibir la negrura vellosa que adorna su delicioso coño. Luego me miró intensamente. Yo, lanzado ” a tumba abierta”, la tiré un beso, aprovechando que la abuela estaba distraida con una revista. Mi suegra, lanzada también hacia lo que viniese, me sonrió. Yo me relamí los labios. Ella, bajando la mirada, volvió a sonreir. Yo, desbordado, ansioso de su coño, de su pasión, de sus besos, de su lengua, de todo lo suyo, que me tenía profundamente enamorado y lleno de un deseo desenfrenado, imparable, me cogí la polla con la ma- no y, mirándola intensamente, lancé un beso hacia su entrepierna Lo vió y tuvo un leve escalofrío, como si lo hubiese recibido físicamente. Me miró intensamente y sonrió. Yo volví a lanzarla otro beso y a relamerme los labios, en claro mensaje de qué  era realmente lo que soñaba lamer. Su respuesta me hizo dudar: se ruborizó, cerró las piernas y estiró la falda. En ese momento, la abuela dejó a un lado la revista y le dijo algo en voz baja a mi suegra. Ambas se encaminaron al cuarto de baño. La puerta, sin cerrar del todo, me permitió oir la discusión.

¡Eres muy mal pensada!

¡ Sí, sí!.

¡Claro que sí!. Lo que dices no es verdad!.

¡Ya,ya!, como si yo me chupase el dedo.

¡Bueno, mamá, vale ya de ser mal pensada!.

Vale, como quieras. Pero ya sabes que de esas cosas me doy cuenta enseguida.

¡Como quieras, mamá!.

Mi suegra cerró la puerta del baño y regresó al salón, sentándose frente a mí. Volví a mirarla fijamente los muslos.

¿Te has enfadado con la abuela?. ¿Por qué discutíais?.

Cosas nuestras.

¿Son un secreto, no las puedo saber?.

Porqué no. Aunque también se refieren a tí.

Entonces…..Tengo derecho,¿no?.

Me da un poco de vergüenza.

Hay confianza,¿no?. Anda, dímelo.

Bueno. Es siempre sobre lo mismo, es una especie de obsesión: que si las viudas somos, que si dejamos de ser, que si me siento de manera que te enseñe…….. ¡Bueno, me da apuro contartelo!.

Si se refiere a tí y a mí………Debes decírmelo, Carmen.

Está bien. Pero conste que es porque insistes en saberlo.

Adelante, cuéntame. Será bueno que los dos lo sepamos. Conocer las cosas siempre ayuda, ¿no?. A lo mejor es para bien. Cuéntame.

Verás…….. Mi madre dice que yo…….me siento siempre frente a tí y que……..no me importa enseñarte los muslos. Y que tu no me quitas ojo, que te gusta mucho vérmelos.

Así son estas cosas. Hasta ahora todo es normal.

¿Te parece normal?.

Tratándose de nosotros dos, sí, rotundamente, sí.

¿Te parece normal que diga que lo que yo deseo es que  me veas………..Me da mucha vergüenza, no sigo.

Por favor, Carmen, tengo derecho a saberlo, Será bueno que no me ocultes nada.

Conste que me da mucha vergüenza. Mi madre dice que lo que quiero que me veas son ……..las bragas. Y que a tí te gusta con locura.Que hasta…….te relames como si…….. me estuvieses besando………ahí.

¿Dónde?.

En el……co……..Entre los muslos. Y que yo, cuando lo haces, abró más……….Eso ya no lo digo.

¿Qué es lo que abres?. Dímelo, Carmen, por favor. Va a ser muy bueno para los dos.

Si tu crees eso………Dice que, cuando te relames, yo abro más las piernas y muevo los labios como si…….te tirase besos a la………….entrepierna. ¡Me da vergüenza decirte todo esto!.

Yo me levanté y, acercándome hacia ella, la dije.

Todo lo que dice la abuela es verdad, por mi parte es verdad.

¡No me digas eso, por Dios, que me pones muy nerviosa!.

Me arrodillé ante ella y, poniendo mis manos sobre sus muslos, dije muy emocionado:

Por tu parte también es verdad. Yo estoy muy enamorado de tí, te quiero con toda mi alma y sólo deseo tenerte entre mis brazos. Y a tí te ocurre lo mismo, no mientas.

Mis manos ascendieron por sus muslos, a la vez que unía  mi boca a la suya. El beso fue intenso. Nuestras lenguas se buscaron ardorosas, lamiéndose incansablemente. Su lengua recorría toda mi boca, mis dientes……Yo hacía lo mismo. Cuando mis manos llegaron a su coño, se estremeció y me abrazó con más fuerza. Gimió de placer cuando mis dedos urgaron en su caliente coño, que echaba  fuego. Sus manos, con trémula torpeza y con enorme ansiedad, me acariciaron la polla, me la apretaron con fuerza. Yo tiré de sus bragas. Al notar que se las quitaba, me dijo con voz ronca:

Nos va a pillar, Juancho, amor mío. ¡Ten cuidado!.

No puedo esperar, tengo que comerme este coño tan rico.

¡Qué dices!. ¿Qué me vas a hacer, mi vida?.

Esto, amor mío.

La quité las bragas y empecé a abrir sus muslos. Ella me ayudó abriendo las piernas de par en par. Mi boca buscó con ansia el calor de su coño. ¡Cuánto pelo, qué preciosidad, cómo me enamoraba!. Hundí mi lengua en su coño y lamí con locura esa brasa ardiente que deseaba desde hace años. Sus jugos, su leche,mojaron mi lengua  y sentí sus epilépticos estremecimientos. Cogió mi cabeza con sus manos y me apretó contra su ardiente coño. Yo, que tanto lo había deseado, separé los labios de sus delicioso coño, metí los míos dentro de su coño y procuré humdir mi lengua lo máximo posible. Sentía su abrasador calor, el ansía, el deseo con que recibía las caricias de mi lengua y el lento fluir de sus líquidos vaginales, su leche. Gemía bajito, por temor a ser oída por su madre, sabia en estas cuestiones, según afirmaba su propia hija. Sus gemidos me encendían la sangre, tenía una erección brutal y un enorme deseo de hundir la polla en sus entrañas, en ese maravilloso coño. ¡Cuánto gustazo me daba esta mujer!. Nunca había sentido tal excitación, tanto deseo de poder meter parte de mi cara en el interior de su coño para llegar hasta lo más hondo y lamer y lamer incansablemente. ¡Qué gustazo lamerla tanto y tan requetebien!. Me volvía loco de deseo sentir que mis caricias la enloquecían, que la hacía aflorar todos sus deseos de hembra encelada, hambrienta del amor de su hombre. Pero nada es eterno y me sacó la cabeza de entre sus adorables muslos.

Juancho, mi vida, ¡qué gustazo tan grande, nunca he  sentido tanto gustazo!. Eres el amor de mi vida, mi hombre, mi locura, pero ya va salir del baño. No puede saber nada. Y es muy lista, ya te lo he dicho. Vete al otro baño y lávate la boca con agua y jabón. ¡Ni se te ocurra usar elixir dental!. Notaría el olor y sospecharía. Es listísima, te lo aseguro. Yo abriré la ventana, por si acaso nota algo. ¡Anda. no tardes!.

Cuando regresé del baño cogió mi polla y, encima del pantalón, me la besó ansiosa. Al notar mi tremenda erección no pudo resistir el impulso de bajarme la  cremallera, sacarme la polla y metérsela en la boca. Se metió más de la mitad y chupó con fuerza. Yo creí que me moría. ¡Cuánto gusto sentía con esta mujer!. Una cosa tenía segura me iba a encoñar; tendría  que joderla en carne viva a diario, sin faltar un sólo día. Y no importaba estar casado, porque a mi mujer no le gustaba joder, era indiferente al sexo y lo aceptaba  cuando me ponía terco y porfión. Desde ahora, no iba a insistir en joder con ella, mi mujer, a mí  solo me gustaba Carmen, el coño de mi vida, la mujer a la que quería echar a diario mi leche. En su boca o en su coño, donde en cada momento deseásemos los dos.

La abuela llamó desde el baño. Carmen acudió para ver qué ocurría. Salió al cabo de un momento. Me  tomó de la mano y me hizo sentar en una silla.

Bájate el pantalón y el calzoncillo, cariño.

Pero, Carmen, ¿no decías que iba a salir?.

No, mi vida, todavía tardará. No ha podido vaciar el intestino y no se irá hasta hacerlo. Voy a sentirte muy dentro de mis entrañas, amor mío. Te quiero.

Mi queridísima suegra se subió la falda y, abierta de piernas, se sentó encima de mí. ¡Qué coño tan bonito!, ¡qué cantidad de pelo!, ¡cómo me gustaba esta mujer!. Mientras yo pensaba esto, Carmen, que me besaba con pasión desbordada, cogió mi polla y la colocó entre los labios mayores de su caliente coño. ¡Sentí que su coño abrasaba la punta de mi polla, que se irguió todavía más. Nuestras lenguas lamían y lamían nuestras bocas. Carmen se dejó caer sobre mi entrepierna y mi polla se deslizó de golpe en su coño, húmedo y abrasador.

Te quiero, Juancho, amor de mi vida. Nunca había sentido tanto. ¿Te doy gusto,mi vida?.

Te siento con locura. Yo no sabía lo que era esto,  mi vida. Te quiero. Estoy muy enamorado.

Y yo de tí, cariño mío, marido de mi vida. Y yo de tí.

No me llames marido que me corro, cielo.

¡Marido, marido, marido mío, marido de mi alma!. ¡Ay, Juancho, me corro, me corro, me vació, me vacío, mi amor!. ¡Ay, que gustazo!, ¡que gustazo, que locura de gusto!.¡Me corro, me corro!.

¡Calla, mi amor, que nos va a oir!.

Esta muy sorda. Y yo no puedo dejar de gritar bajito que me muero del gustazo que me das.

Sentí la abundante humedad de su coño, que me bajaba hasta la entrepierna. No pude resistirlo.

Me corro contigo, Carmen, me corro, no te resisto, esposa de mi vida, no te resisto, me corro contigo.

¡Si, marido de mi alma, marido mío, marido, marido, marido!. Conmigo, correte conmigo, que soy tu esposa, la única mujer a la que sientes así, esposo mío. ¡Córrete, correte!.¡Juntos, juntos, marido, juntos!.

Me corro, mujer de mi vida, coño mío, me corro en
tu coño. ¡Te voy a hacer un hijo, esposa mía!.

¡Si, si, marido, hazme un hijo, házmelo!. ¡Ay, ay, dame tu leche!.Un hijo tuyo, un hijo tuyo,marido.

Era imposible resistir ni un segundo más. Nos vaciamos los dos. Su leche me llegó hasta los huevos. La mía…..¡la mía la inundó!.¡Qué gustazo, qué locura!.

Te quiero, Carmen. Eres mi amor. ¡Qué gustazo!. No sabía que llegase a ser tan bárbaro.

Yo tampoco, amor mío, yo tampoco había sentido nunca……Tenemos que levantarnos, mi amor, que ya puede salir. Vamos al baño. Toma esta servilleta. No manches nada. Vete al otro baño, yo abro el balcón y voy contigo.

Cuando me dirigía al baño, se abrazó a mí y metió su lengua en mi boca. Fue un beso asombroso. Todo era maravilloso en esta mujer. ¡Cómo la quería!.

Nos dió tiempo a lavarnos y a darnos otro beso de lenguas enlazadas. Noté que volvía a prepararme para otro polvazo.Carmen, también lo notó.

No tardes en regresar, vida mía, que te voy a chupar todo.

Y yo a tí, preciosa mía. ¿De verdad quieres que te deje embarzada?.

Ya me gustaría, pero no es posible. Ya no tengo la regla. Pero el juego de ser papás es bonito,¿no?.

Precioso, cariño, mio.

La abuela tardó algo más. Cuando salió, fingiendo tener prisa, la estaba esperando en la puerta. Se besaron ambas y bajamos a la calle. Tardé una hora entre ir y regresar. Cuando mi adorada Carmen me abrió la puerta…….¡qué maravilla, que mujer tan bonita!……..estaba vestida para el amor, para la pasión. No llevaba bragas ni sostén, sólo lucía un precioso liguero rojo, medias también rojas y zapatos de tacón a juego. No perdimos un segundo. Me desnudé en un instante y caimos en la cama en postura de sesenta y nueve. Nuestras lenguas y manos hicieron a conciencia su trabajo. Luego……¡otro polvazo de leyenda!. Pusimos las sábanas perdidas de leche,  de la deliciosa leche que nos ofrecíamos con un amor infinito, tan infinito como el gustazo que nos dábamos. ¡Cómo nos queríamos!. Y así fue siempre. Carmen tiene ahora, setenta años, yo, estoy a punto de llegar a los cincuenta. ¿Y saben una cosa?. Siento por ella más amor y más pasión que nunca. Y ella por mí. Somos muy felices. Mi mujer nunca ha sospechado nada. Y está contentísima: de Pascuas a Ramos la echo un polvo y…….feliz y contenta. Y Carmen, mi auténtica esposa y yo, todavía más felices, dándonos más gusto que nadie, jodiéndonos en carne viva, sintiendo la humedad de las suaves y dulces paredes de su coño, que lamo a diario. Y élla, mi Carmen, gritando siempre que mi polla la abrasa el coño, que lo que más la gusta es chupármela durante horas. Muchas veces, muchísimas, nos corremos en nuestras bocas, saboreando y tragando los jugos más maravillosos del mundo: la leche de su hermoso y peludo coño y la de mi polla, que saborea con deleite. Nos queremos, nos jodemos en carne viva….¿qué más se puede pedir?.

JUANCHO.

La señora del Metro

Lo que tantas veces contaban, y no se cansaban de repetir, que en el Metro, con habilidad y sabiendo buscar se ligaba a las mil maravillas, siempre me había parecido una gran exageración, una mentira, ganas de presumir ante amigos y conocidos de ser irresistibles y saber cómo llegarles a las mujeres. Yo, que nunca lo había intentado, por temor y parecerme un tanto ruin, comencé a fijarme, a observar actitudes masculinas y las correspondientes respuestas femeninas. Si la aglomeración de viajeros así lo permitía, había algunos hombres que apretaban su entrepierna con discreta firmeza contra el culo femenino que tuviesen más próximo. Nunca observé respuestas favorables, todo lo contrario, la separación o cambio de sitio de la fémina afectada era instantánea.

Cierto domingo, tras no conseguir entradas para la sesión de las siete en los cines de la Gran Vía madrileña, me dirigía en Metro hacia la zona del teatro María Guerrero, por si los hados me fuesen propicios.  El subterráneo iba de bote en bote. A mí me lanzaron contra una señora gordita, de unos treinta y tantos años, que ocupaba el estrecho rincón que había junto a la cabina del conductor. El Metro era así en los años cincuenta.

Sentí que nuestras entrepiernas se juntaban, lo que, a mis veintidós años, solía emocionarme muchísimo, tanto, que, aunque intentaba evitarlo pensando en otra cosa, empecé a tener una erección. La señora me miró a los ojos. No había enfado en ellos. De cualquier modo, como no deseaba que me lo censurase, haciendo fuerza con los brazos intenté apartarme. Vano intento, en la siguiente estación entró más gente y el apretón fue mayor.

La aproximación de nuestras entrepiernas era tan fuerte que no pude contener una tremenda erección. Ella la sintió por completo y…..¡no se apartó!. Yo, algo aliviado al sentir que no rechazaba  mi proximidad, me animé a dirigirme a ella. Lo hice en voz baja, hablándola al oído, rozando ligerísimamente su oreja con mis labios. Tampoco rehuía este nuevo contacto.

Mire, señora, le pido perdón. Le aseguro que intento apartarme, pero aprietan tanto que no me puedo separar. Y claro, al estar tan cerquita de vd……Le prometo que no lo hago a propósito, incluso procuro pensar en otra cosa, pero es vd. una mujer tan agradable…tan guapa….que…. no me es posible  evitarlo, por mucho que lo intente. Perdóneme, señora.

Me habló también  al oído y sus labios rozaron también mi oreja.

No te apures, que no me molesta que aprieten tantísimo. Tampoco que la proximidad te ….. emocione. Si tú estás bien y no sientes……no sé….rechazo, pues…..siéntelo, deja que todo sea natural. ¿Te puedo preguntar una cosa algo íntima?.

Sí, señora, lo que vd. quiera. Con toda confianza.

A esas alturas de la conversación, yo tenía la polla como un garrote y la apretaba contra su bajo vientre, cuyo calor notaba y me excitaba todavía más. No estaba seguro, pero creí notar que hacía lo que yo: empujar el culo hacia delante. Incluso me parecía que había entreabierto un poco las piernas.

No me llames de vd.

Como tú quieras.

Así siento más confianza para preguntarte: ¿te pasa siempre esto……esta excitación que tienes?…..¿Te ocurre con todas las mujeres en el Metro?.

Le juro que sólo me ha ocurrido con vd. Contigo.

¿Por qué conmigo es diferente?…..¿Es que…yo……..te gusto un poquito?.

Mucho, me gusta vd. mucho. Tú .Eres una mujer preciosa, la más bonita que he conocido.

Me alegro mucho, cielo Yo también quiero decirte que es la primera vez que me ocurre una cosa así. No te apartes de mí y siénteme. ¿Te gusta sentirme?.

Con locura.

¿Sólo así o… o quieres sentirme todavía más?.

Más, mucho más.

Su lengua rozó mi oreja. Al sentir la caricia, creí que iba a romper el pantalón de cómo se me había puesto la polla. Di un apretoncito y su respuesta me elevó a las nubes: además de retorcerse discretamente, de restregar su bajo vientre contra mí polla, sus manos acariciaron uno de mis muslos. Yo, que casi no podía respirar, la imité, procurando que nadie lo observase, y, más encendido que ella, acaricié, con etérea levedad, con infinita suavidad, su caliente entrepierna. Creí que me moría de gusto.

¿Has quedado con alguien, cielo?. ¿Te espera alguna mujer?.

¿Vienes de estar con alguna y por eso estás tan….excitado?.

No, no me espera nadie, no he quedado con nadie. Y no vengo de estar con ninguna mujer. Es que vd….tú..me gustas mucho.

¿Quieres que merendemos en mi casa?.

¿Y tu familia?.

No tengo, soy viuda. ¿Quieres venir?…

Estoy deseándolo. ¿Cómo te llamas?.

Emilia.¿Y tú?.

Yo me llamo Juancho.

Su lengua lamió mi oreja y su mano me acarició con más fuerza la polla y toda la entrepierna. Yo, que es taba ya sin vista, calentísimo, deseándola con pasión, también acentué la presión de mis caricias. Sentí los labios de su coño y……..¡creí que me moría!.

En un susurro, introduciendo más su lengua en mi oreja, me dijo:

Juancho……..¡Qué nombre tan bonito!……… ¡Me gustas con locura, Juancho!. Estoy deseando que lleguemos a mi casa.

Seguimos con nuestras caricias. Mi excitación era tal que, echando una ojeada alrededor en busca de observadores, acerqué mis labios a los suyos y la besé con suave brevedad. Su lengua se introdujo en mi boca durante un delicioso segundo. Se separó y me dijo:

En la próxima estación nos bajamos. Tengo ganas de que estemos solos.

Yo también. No puedo más.

Enseguida nos vamos a querer con locura, mi amor.

El poco recorrido que quedaba se me hizo interminable. También inacabable me pareció el corto recorrido hasta su casa. Iba cogida de mi brazo, haciéndome sentir la delicia de su pecho. Era alta, como yo o un poco menos, tenía buenos pechos, grandes y duros, tal como sentía mi brazo. Me miraba con innegable deseo y sus ojos, grandes y negros, me parecieron muy bellos. Su cara era guapa, muy agradable,  sus gordos labios me lanzaban algún que otro disimulado beso. Me detuve y separándome un poco, la dije:

Quiero ver cómo eres, ¿te importa?.

Sin dudarlo un momento, se desabrochó  y abrió la gabardina. Pude ver un cuerpo de mujer plena, llena, de unos  treinta años o un poco menos. Sus caderas eran amplias y su pecho muy generoso, sus piernas gruesas y bien  torneadas y una gran melena morena.

¿Qué tal?, ¿ te gusto, cariño?.

Muchísimo, Emilia, estoy deseando abrazarte.

En casa podrás hacerme todo lo que quieras, cariño. Hoy y siempre que quieras, amorcito.

Todos los días, cielo.

Cuando echó el cerrojo a la puerta de su casa, Emilia empezó a quitarse ropa. Yo, ansioso como estaba, no acertaba a desabrochar los botones. Con su ayuda pude hacerlo.  Al  quedarnos desnudos, mi mirada recorrió avarienta su desnudez. ¡Era preciosa, qué pedazo mujer!. Tenía tanto pelo que casi no permitía que se la viese el coño; sus mulos, gruesos, asombrosamente macizos, apretados en la entrepierna, provocaron mi primera reacción: me puse de rodillas y me abracé a aquella gloria de muslos. Los besé con ansía, lamiéndolos con fruición, ¡qué rico me sabían!. Emilia, hizo que me levantase y nos abrazamos. Caímos en la cama y con sus besos, recorrió mi pecho y vientre, llegó a la polla y, con infinita suavidad, besó mi glande y lo lamió unos pocos segundos. ¡Creí que me moría en ese preciso instante!. Notándome excitadísimo, ansioso de su coño, se convirtió en una deseable amazona y me cabalgó. Sentí que su coño, mojado, humedecido por el deseo,  me quemaba la polla, y entraba suave y hasta el fondo de su vagina. Gimió al sentirlo y, casi sin voz, ronca, sin fuerza, me dijo:

¡Ay, amor mío, cómo te siento!……¿Me sientes tú, mi vida?.

¡Estoy que me muero, cariño!, ¡me muero del gusto que me das!.

¡No te corras todavía, no te corras todavía, mi vida!.

Obediente, me puse a pensar en otra cosa. Conseguí aguantar

mientras Emilia se corría entre gritos, jadeos y frases de amor que nunca había oído y que me parecieron maravillosas.

Tras su segunda corrida, más brava e intensa que la anterior, sentí mi vientre empapado por sus jugos y no pude aguantar más: grité entrecortadamente, sin aliento casi:

¡Me corro, amor mío, me corro!, ¡no puedo aguantar más, me corro!.

¡Si, mi vida, mi amor, córrete conmigo, que te quiero mi cielo!.

¡Qué gustazo, Juancho!, ¡es el tercer polvo, me muero por ti!.

¡Yo……también….me corro, te quiero!…..¡te quiero, Emilia!.

¡Te quiero, Juancho, amor mío!…..Me corro otra vez, otra vez, qué locura, vida mía!.

¡Qué bárbaro, qué mujer tan caliente!. Mientras yo me corría una vez, ella enlazó dos carreras impresionantes…….¡hasta en el culo sentí su leche!. Pusimos la cama perdida. Emilia me descabalgó, se apretó contra mía y sentí su humedad y el calor de su coño, que parecía un alto horno. Estaba empapada y habíamos puesto las sábanas perdidas. Cuando se lo hice notar, me dio un ardiente beso, metiendo ansiosa su lengua en mi boca y tras un minuto largo de lametones, me dijo con voz de cansancio:

Ahora las quito. Mañana me voy a sentir feliz lavando las sábanas que hemos manchado con nuestro cariño, mi vida.

Tú y yo, amorcito, no manchamos las sábanas, las mojamos.

¿De qué las empapamos, amor mío?, ¿sabes tú de que las empapamos, mi cielo?.

Claro que sí, cariño.

¡Ay!, pues dímelo, amorcito, que estoy deseando escucharlo.

Nuestros labios se unieron en un beso interminable y enroscamos las lenguas. Aquel beso parecía no acabarse nunca.

Cuando tomamos aire, Emilia, cariñosa, con voz tierna, de mujer enamorada, me susurró al oído:

¡Anda, dímelo, cariño, ¿de qué empapamos las sábanas?.

De nuestros jugos, amorcito.

¡Anda, no seas soso, amor mío, dímelo mas íntimo!.

Bueno, cielo. Las empapamos con nuestra leche.

Sí, amor mío, con tu leche y con mi leche, que se juntan porque nos queremos. ¿Me quieres tú, Juancho?.

Mucho. ¿Sabes que es la primera vez que…….lo hago?

¡Ay, dímelo otra vez, amor de mi vida!…..¿Soy yo la primera?.

Sí, cariño, tú eres la primera. Y me alegro mucho de que haya sido contigo, aquí, en tu casa, donde nos vamos a ver muchas veces.

¿De verdad, mi amor?, ¿te ha gustado?…¿vas a volver alguna vez?.

Todos los días vendré a ver a mi queridísima novia. Si quieres seguir siendo mi novia.

¡Te quiero, amor mío, te quiero con toda mi alma!.

Volvimos a los besos, las caricias, las frases enamoradas y…mi polla, que ya había recobrado su vigor, volvió a empinarse con toda la altivez que le confería su juventud y busqué ansioso el coño de mi cachondísima novia, cuyas piernas se abrieron para recibirme. Al sentirme sobre ella, su temperamento se volvió a disparar y con sus frases cachondas  provocó de nuevo nuestra locuacidad sexual, tan grata a los oídos y el corazón de los amantes.

¡Ay, Emilia, cuánto me gusta sentir tu coño en carne viva!.

¡Sí, háblame así, vida mía ,que me pones loca perdida!,¡apriétame más la polla, mi amor, dámela entera, que sea sólo mía!….¡Dame tu leche, mi amor, que me voy a correr enseguida!.

¡Sí, empápame con tu leche, cachonda mía, empápame!.

¡Me corro, Juancho, me corro!.

¡Cómo siento tu leche, Emilia!, ¡Qué bien nos jodemos!.

¡Sí, amor mío, novio mío, me corro!…..¡Siénteme en carne viva, jódeme con locura, mi vida, que yo me he quedado vacía para mojarte la polla!.

¡Me la has empapado, cariño!…. ¡Me corro, no te resisto, novia, no te resisto, me corro!. ¡Toma toda mi leche, toma, toma!.

¡Ay, que bien te has corrido, mi vida!. ¡Ay, novio¡, que bien nos jodemos, ¿verdad?.

Si cariño, nos jodemos como nadie, en carne viva, inundándonos!.

Si, del todo. Te quiero. Vamos a lavarnos, amor mío.

Hasta el momento de marcharme, y pese a mis protestas de que no tenía que darme explicación alguna, Emilia insistió en asegurarme que nunca le había ocurrido lo de hoy y que desde que se había quedado viuda, hacía ya tres años, no había tenido relación con ningún hombre. No dejó de insistir hasta que la aseguré que la creía.

A partir de ese día nos vimos casi a diario y no sólo en su casa: salíamos al cine o al teatro, de excursión, de veraneo…..

En fin, como cualquier enamorada pareja de novios.. Ïbamos ya por el segundo año de feliz noviazgo cuando pasó algo muy importante, definitivo.

Cierta tarde, después de las seis, Emilia me llamó a casa, pidiéndome que me acercase a la suya urgentemente. Así lo hice y, nada más llegar, me lo soltó de sopetón:

Juancho: Ha ocurrido algo muy importante , que a mí me hace completamente feliz. A ti, no lo sé, Juancho. Yo espero que no te vayas a enfadar conmigo, que me eches a mí la culpa de lo que pasa.

¿Qué es ello, cariño?. Me estás asustando.

Estoy embarazada, ya es la segunda falta.

¿Qué dices, te has vuelto loca?. Esas bromas son de mal gusto.

No es broma, Juancho, estoy de dos meses. Y muy contenta, porque tener un hijo….o una hija, ha sido lo que más he deseado en este mundo.¿Qué te parece ser papá, Juancho?.

Oye……., ya vale de bromitas de mal gusto. ¿Para esto me has hecho venir?. Ya sabes que estoy de exámenes y….

No es broma, es la verdad, vamos a ser papás. Y yo estoy feliz, muy feliz.

Casi desfallecido, busqué el auxilio de una silla, en la que me derrumbé asustado.

¿Es en serio?.

Nunca he hablado más en serio en mi vida, Juancho, estoy embarazada de dos meses. Y tú eres el padre.

¡Qué disparate!…..¿Pero cómo ha sido posible?.

Soltó una carcajada y se sentó frente a mí.

Pues…como ocurren estas cosas: un hombre y una mujer se acuestan juntos, se ponen a joder sin tomar precauciones y…pasa lo normal: la mujer se queda embarazada. ¿De qué te extrañas, Juancho?, ¿tan raro te parece?.¿No nos hemos comportado como un matrimonio?. Pues nos ha pasado lo que les ocurre a los matrimonios.

Es que nunca hablaste de que…..pudiese existir ese peligro, Emilia.

Nunca me lo preguntaste, nunca te preocupó esa posibilidad.

Pero tú me dijiste……

Ya lo sé, que en siete  años de matrimonio…..no hubo nada de nada; pero…contigo…..Contigo ha sido distinto: te quiero como nunca quise a mi marido, contigo he sentido….lo que nunca sentí  y claro…….Es natural, Juancho: otro hombre, otro cariño, mucho amor…..Estoy muy contenta.

Oye…yo….Hay medios para…..En Inglaterra, según dicen…….

Mira, Juancho, esta niña, la voy a tener, aunque a ti no te guste que la tenga, que la tengamos, porque es tan tuya como mía, cariño mío. Toda mi vida lo he deseado, por lo tanto, eso de abortar…..¡ni se te pase por la imaginación!.

Y yo, ¿ que…?

Tú, Juancho, tendrás que cumplir con tus obligaciones de padre. Yo no te voy a pedir que te cases conmigo, tranquilo, pero sí que cumplas con las obligaciones de un papá cariñoso.

¿Serás muy cariñoso con la niña, verdad?. ¿A que la vas a querer mucho, mi amor?.

Se inclinó y tomó mis manos con cariño. Se acercó más y me dio un beso en la boca.

Será muy guapa, preciosa, ya verás. Y estaremos muy orgullosos de ser sus papás. Yo te quiero mucho y, desde que me has dejado embarazada, muchísimo más, te lo juro. Espero que tú no dejes de quererme, amor mío, porque esto que nos pasa es lo que suele ocurrir cuado un hombre y una mujer se quieren y se acuestan juntos. ¿Vas a enfadarte conmigo por eso?, ¿vas a dejar de quererme, de ser mi novio?…. Ahora tenemos un motivo muy bonito para estar más unidos que nunca, amor mío?. ¿Ya no me quieres, cielo mío?.

Claro que te quiero, cielo. Es que……..la noticia…..No sé.

Entiéndelo, es…….¡menuda sorpresa!.

Pero tú sabías que yo soy joven y que yo podía ser fértil, que tengo menstruación y…..Ha habido muchas veces en que has venido a hacer el amor conmigo, con tu novia según decías, y no se podía porque estaba con la regla. No ha habido desconocimiento, ha habido exceso de confianza, por parte de los dos,  y ha pasado lo que ha pasado. Yo me alegro mucho. Tú, no sé, supongo que cuando veas a la criatura sentirás….lo que debas sentir. Eres una buena persona y no vas a negar sus derechos a tu propia sangre.

De eso puedes estar segura, Emilia.

¿Me sigues queriendo o…me odias, Juancho?.

No digas tonterías, cariño. Te quiero, sólo que estoy algo desconcertado. ¿Lo comprendes, verdad?.

Claro que sí. ¿Tienes mucho susto, amorcito?.

Me cago de miedo, cariño. Y menos mal que, dentro de unos meses, si no suspendo, acabo la carrera y empezaré a ganar dinero. Un hijo trae muchos gastos.

Verás como todo sale bien, mi amor.¿Te tienes que marchar?.

Sí, pero, me gustaría sentirme dentro de ti. ¿Será malo para el niño?.

No, no hay peligro. Y será una niña, seguro.

Se colgó de mi brazo y nos encaminamos hacia la habitación. Por el camino, mientras nos besábamos, se fue despojando de la ropa. Estaba tan guapa como siempre. La quería, nos queríamos y volvimos a jodernos con locura, en carne viva, sintiendo la humedad de nuestros jugos. Emilia, como siempre hacía, me empapó el bajo vientre, la polla…¡hasta el culo me mojó!. ¡Qué cantidad echaba!…¡Y cómo me gustaba sentir que se corría, que se volvía loca conmigo!. Decididamente, el embarazo no había influido en nada: seguíamos queriéndonos con verdadera pasión y nos corríamos con locura, con un gusto que nadie, ninguna mujer (ya había probado a otras) me dio jamás.

Después de lavarnos, Emilia tomó mi mano y se la colocó sobre el vientre. Dándome un beso muy apasionado me dijo:

Yo, ya noto cositas. No son pataditas, no es….no es nada; pero siento que hay …..una vida que crece dentro de mí. En un  par de meses, cuando me toques el vientre, tú también sentirás algo.

¿Tan pronto juegan al balón estos futbolistas, cariño?.

Muy pronto, amor mío. ¿Te estás acostumbrando a la idea?.

Mira, sí, ¿para qué voy a decir otra cosa?. Y me gusta, quiero que sepas que me gusta que vayamos a ser papás de un niño.

De nuevo buscó mi boca y me la lamió por dentro, a la vez que me acariciaba la entrepierna. Volví a excitarme y la conduje a la cama. Adopté postura de sesenta y nueve y pregunté, ligeramente preocupado:

Oye, cariño, ¿le sentarán mal al niño estas cosas?.

No, vida mía, en absoluto. Si lo deseas podemos querernos como siempre, mi amor.

Claro que lo deseo.

Yo también. ¡Ah!, y nada de niño, será una niña preciosa, estoy segura.

¿Cómo lo sabes?.

Estamos empezando a hablar. Es muy charlatana, como son las niñas. Es una bromita mía, maridito, pero es que me has hecho la mujer más feliz del mundo al hacerme mamá. Te quiero con toda mi alma.

Y yo a ti, mujercita mía. Pero ahora…….ahora te voy a comer este chochito tan rico.

Mi boca se posó en su delicioso coño, el que más me gustaba del mundo, el único que me gustaba de verdad. Mis labios, separando los de su vagina, se hundieron en su bulba y chuparon con ansia. Al momento, mi querida novia respondió. Siempre lo hacía así, con rapidez, con…..entusiasmo. Sentí cómo me mojaba más la boca y se retorcía con pasión. Su boca se tragaba mi polla y subía y bajaba, succionaba, lamía…..me volvía loco .

No pudimos resistirlo y…

Amor mío….me corro. No te resisto, marido. Te quiero, cómete mi leche. Toma, te la doy toda, marido mío.

Dámela, esposa mía y cómete la mía, que te ha hecho mamá.

Si, mi amor, marido, tu leche….Vamos a ser papás…..Te quiero…..¡Ay…..me voy…, vente conmigo, marido!.

¡¡¡Menudo carrerón!!!…..Parece mentira que, después de habernos corrido con tantas ganas, nos volviese a salir del cuerpo tanta leche, parecíamos dos surtidores. ¡Claro, echándola tanta en su adorable coño, tenía que haberse quedado embarazada!.

Descansamos, volvimos a lavarnos y, tras hablarlo largamente ese día y otros sucesivos, llegamos a la conclusión de que debía preparar a mis padres e ir a verles los dos. Emilia, mi queridísima y generosa novia, me dijo que, si hacía falta y aunque no la hiciese, su casa era la mía y podíamos vivir juntos con nuestros niños. Se quedó parada y me miró intensamente.

¿Querrás que tengamos otro bebé, maridito?.

Déjame respirar, ¿no?, acabo de asimilar mi primera paternidad y ya estás pensando que tengamos más. ¿Es que quieres un equipo de fútbol?.

No me importaría, mi amor.

Estas loca, mujercita. Anda, dame un beso y me voy. Ya veré a ver cómo se lo digo a los viejos. Bueno…… a lo mejor hasta les gusta, ¡vete a saber!.

Seguro que no les disgusta, mi amor. Lo que hace falta es que me acepten a mí

Sin duda. Y si no…..no importa, me vengo a vivir contigo. Tendrás que alimentarme y vestirme hasta que acabe la carrera.

Para eso tengo yo mi gran cafetería arrendada, para que a ti, marido mío, no te falte de nada.

Eres muy buena Me voy, cielo. Mañana vengo y hablaremos de cómo se lo digo a mis padres. En fin…..Un beso, mujercita mía, mamá.

Gracias, marido. Te quiero. ¿Ya no estás preocupado por ser papá?

Muerto de miedo, pero…….creo que contento.

Mientras me encaminaba al Metro, mi cabeza no paraba de darle vueltas a la noticia. Yo, que estaba enamorado de Emilia hasta los tuétanos, aceptaba gustoso lo ocurrido. De tener un hijo……

quería que fuese con Emilia. Un hijo, no, una hija. ¡Qué cosas decía!……¡Hablar con la niña, qué ocurrencia!……El problema era cómo se lo decía a mis padres. Después de hablarlo muchas veces Emilia y yo, al cabo de mes y medio, cuando estaba ya de cuatro meses, se lo dije a mis padres. Después de tanto pensar en cómo, se lo solté sin previo aviso. Se quedaron mudos. Al cabo de un rato, mi madre, uno de mis dos amores, se acercó a mí, me dio un beso y las gracias por hacerla abuela. Su reacción condicionó la de mi padre, que me dio un abrazo que casi me asfixia. Quedamos en que al día siguiente traería a casa a mi novia. Les previne de la diferencia de años, ocho, y les pareció bien, que no éramos los primeros, ni seríamos los últimos.

Llegamos a la hora de comer. ¡Qué padres tenía!, ¡cómo me querían!. Acogieron a Emilia con enorme afecto, como a una hija y mi madre, que se sentó con ella al fondo del salón, la cosió a preguntas. En un momento dado, mientras las servía un refresco, comenté que Emilia tenía mucha fantasía, que aseguraba tener largas conversaciones con la niña. Mi madre saltó como una escopetilla:

Pero claro, hijo, es lo natural, yo hablaba mucho contigo cuando estabas en mi vientre. ¿Hablas mucho con la niña, hija mía?.

Mucho, es muy charlatana. Por eso sé que es una niña.

Hice un comentario jocoso y mi madre me mandó callar.

Cuéntame, hija, cuéntame. ¿os entendéis bien?, ¿se da cuenta de que la queréis mucho, que estáis deseando darla muchos besitos?. Cuéntame, Emilia, cuéntame, hija, ¿es una niña, estás segura?. Yo siempre quise tener una. Y me nació este bruto. No les hagas caso, los hombres no comprenden estas cosas. La nena tiene que saber que sus abuelos la van a querer con locura. ¿Se lo vas a decir, verdad?.

Emilia estaba feliz por la acogida de mis padres. Se entendieron desde el primer momento y siempre se quisieron. A los postres, la gran sorpresa me la dio mi madre:

Oye, hijo, tu no permitirás que mi nietecita, que va a ser preciosa como su mamá, cuando sea inscrita en el Registro Civil, no tenga libro de familia, ¿verdad?.

Total y para no hacer fatigosa la peripecia familiar, les diré que:

Nos casamos un mes después; la niña nació preciosa; yo concluí la carrera con buenas notas; la cafetería, ubicada en una de las calles más comerciales de Madrid, pasó a ser explotada por nosotros y tuvimos dos hijos más: otra niña y un chavalote. Jamás me arrepentí de mi boda con Emilia. Fuimos muy felices.

Mis padres estaban locos con Emilia, a la consideraban una hija,

y fueron unos abuelos de los que se les caía la baba con los tres nietos.

Gracias por publicar este elato. Gracias por leerlo. Adiós.

JUANCHO.