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Desvirgándome con mi prima

Hacía exactamente una semana que había cortado con mi novia, y para colmo de males allí me encontraba yo, en mi pueblo, a mediados de Septiembre ayudando a mi abuelo a vendimiar. Un trabajo bastante extenuante, desde por la mañana antes incluso de que salga el sol, cortando uva y llenando cubos, para después cargar un enorme remolque que se encarga de llevarlas a la villa, donde la pesan y examinan su calidad, saliendo de ello el precio al que la compran. Todo para hacer vino.
Además, soy un chico al que nunca le ha gustado demasiado el deporte y el ejercicio físico, pues prefiero gastar mi tiempo de ocio leyendo o jugando a los videojuegos, si no viendo la televisión o navegando por la red. Para que mentirnos con descripciones físicas plagadas de perfección: soy un joven normalito, con un poquito de tripa de sobra, a mis diecinueve años de edad he alcanzado la considerable altura de 1,87, que no está nada mal. Tengo la piel morena, ojos marrones y oscuros, pelo negro (largo, recogido en una coleta la mayoría de las veces) y uso gafas. Como podéis ver, un chico muy normal, del montón. Y, debido a conservar el anonimato, pongamos que mi nombre es Jorge.
Bueno, lo dicho, allí estaba yo aprovechando los últimos días de vacaciones antes de empezar en la Universidad, no haciendo otra cosa que sudar, aburrirme por la monotonía del campo, pero siempre con una sonrisa en la cara, puesto que me gusta ayudar a mi abuelo porque sé que eso es lo que más feliz le hace, y por ende, a mí también. Pero, una de las cosas buenas que tenía aquello, era que mi prima, Sonia, también estaba metida en el ajo como quien dice. Ella medirá en torno al metro sesenta y pico, tiene unos preciosos ojos verdes, una boca de labios sensuales, pelo rubio por los hombros, piel blanca como la leche y un cuerpo que quita el hipo, al menos a mí. A sus 17 años de edad, se ha desarrollado bastante bien, lo mejor es que no es una de esas chicas delgadas a más no poder, que parecen de porcelana o pieza de coleccionista, sino que mi prima luce lo que tiene, está normal, ni gorda ni flaca, con un culo precioso y bien puesto y un buen par de tetas, ni muy grandes ni muy pequeñas, en su medida justa.
Como ella y yo somos primos segundos, siempre nos hemos llevado muy bien. Ya desde pequeñitos pasábamos todos los veranos juntos, dándonos baños incluso desnudos en la charca de mi pueblo. Conforme han ido pasando los años no nos hemos distanciado, si bien hemos cortado de raíz viejas costumbres, como son los mencionados baños, quedamos muchas veces para hablar de nuestras cosas y salir a bailar a los 4 pubs de los que dispone mi pueblo.
Como decía, aquella vez podía pasar el mayor tiempo del mundo con ella, puesto que mientras que se trabaja en el campo sólo puedes u oír música o hablar con los que te acompañan. Fue así como Sonia se enteró de mi rotura sentimental y especialmente dolorosa, ya que mi ex novia me había puesto los cuernos con un chaval que había conocido por internet, lo cual me sentó como una patada al saber que se había dejado desflorar por semejante capullo, en vez de hacerlo los dos por primera vez, como habíamos quedado en llevar a cabo con el tiempo. Mi prima se mostró especialmente comprensiva, y no pasaba un solo momento en el cual hiciera alguna gracia o broma para escucharme reír. Pero, poco a poco, me fui dando cuenta de pequeños detalles, como que me abrazaba con gran intensidad, restregando sus tetas contra mi pecho, o que me daba incluso tiernos picos de vez en cuando, cosas que ella hacía con tal naturalidad que llegué a pensar que me estaba volviendo loco al pensar que yo le atraía. Al fin y al cabo éramos primos, ¿qué podía pasar?
La respuesta a ésta retórica pregunta me llegó un día en el que la lluvia hizo que tuviéramos que regresar mas temprano que de costumbre del campo a casa. Ya en casa de mis abuelos, me duché quitándome el sudor y el barro, y me cambié poniéndome una camiseta con suéter, unos pantalones vaqueros y mis zapatillas de deporte. Como la perspectiva de ver la mala programación de la tele un domingo a las cinco de la tarde me pareció penosa, les dije a mis abuelos que iba a ver a Sonia, cuya casa por suerte daba codo con codo con la de ellos, viviendo ambos en la misma calle. Corrí como una exhalación para evitar calarme demasiado y, cuando ya iba a llamar al timbre, la puerta se abrió dando paso a mis tíos y el hermanito pequeño de Sonia, los cuales salían en ése momento.
– Vaya, Jorge, ¿venias a ver a Sonia?- preguntó mi tía.
– Si.
– Pasa, estará en el piso de arriba, dice que no quiere venir con nosotros al cine. Anda, os dejamos toda la tarde para vosotros solos. Que os divirtáis.
Y, despidiéndose de mí, se metieron en su coche y se perdieron bajo la capa de lluvia, en dirección a la ciudad. Yo, ni corto ni perezoso entré y cerré tras de mí, sin hacer ruido con la puerta. Sabía del carácter asustadizo de mi prima y deseaba aprovechar que estuviera sola en ése día de tormenta para darle un pequeño susto apareciendo de golpe. Subí las escaleras hacia el segundo piso de la casa, dando gracias a la alfombra que las recubría por amortiguar mis pisadas. Ya arriba, me encontré en el pasillo y avancé por él, a oscuras, comprobando sigilosamente que no se hallaba ni en la cocina, ni en el salón ni en el cuarto de baño, por suerte. Sólo me quedaba su habitación, cuya puerta estaba entornada. Según me acercaba pude oír pequeños gemidos, lo cual me extrañó y supuse que estaría viendo la tele. Cual no sería mi sorpresa al, atisbando por la rendija de la puerta entornada, descubrir que mi prima estaba desnuda, sobre su cama, masturbándose lentamente. Su cara estaba vuelta hacia el techo, con los ojos cerrados y el pelo mojado (se debía de haber dado también una ducha) alborotado sobre la almohada. De sus labios entreabiertos escapaban una serie de suaves gemidos de placer, mientras su mano izquierda acariciaba sus tetas, las cuales eran mas grandes y bonitas de lo que yo había imaginado, pellizcando sus rosados pezones alternativamente, poniéndoselos duros de tanto roce. Tenía las piernas algo dobladas y, con las plantas de los pies apoyadas en la cama, las tenía abiertas de par en par, mientras su dedo corazón de la mano derecha jugaba entrando y saliendo de su lindo coño, acariciando ocasionalmente la zona superior, donde bien sabía yo que tenía su clítoris.
Sabía que no debía estar espiándola en su tiempo de autosatisfacción sexual, pero estaba tan bonita, allí tumbada masturbándose y gimiendo, que no podía apartar mis ojos de ella. Jamás pensé que ver a una chica así, cuando cree que goza de intimidad total, fuera tan excitante. Poco a poco, comencé a sentir cierta presión en mi entrepierna, cuando mi polla se empezó a endurecer, pugnando por salir del duro encierro que suponía la tela de mis tejanos. La verdad es que aquella imagen me estaba empezando a poner realmente cachondo, y más aún cuando, para mi sorpresa, comenzó a murmurar un nombre entre sus gemidos.
– Jorge… Jorge…- decía suspirando con anhelo.
¡No me lo podía creer! ¡Mi prima Sonia se estaba masturbando mientras pensaba en mí! Así que mis sospechas no eran una invención, sino que en verdad se sentía atraída por mi… Fue en ése momento cuando una idea cruzó por mi mente como un rayo. Ahora, pensándolo más detenidamente y con calma, no puedo creer que ni siquiera se me pasara por la cabeza aquella locura, pero lo cierto es que en aquel momento, con el calentón que tenía y viendo y sabiendo a ciencia cierta lo que mi prima requería de mí, se me ocurrió aprovechar la ocasión perfecta y entrar en la habitación, para ofrecerme a ella como era debido. Estaba dispuesto a perder mi virginidad con mi prima, allí y en ese momento, así que suavemente abrí la puerta y me acerque a su cama, pasito a pasito, tras volverla a entornar. ¿Y ahora qué debía hacer? Ella no tenía ni puta idea de que en ése momento sus fantasías estaban a punto de hacerse realidad, pero ¿cómo iba a llamar su atención de una manera sutil?
De repente me fijé en un racimo de uvas a medio comer, en un plato sobre su mesita de noche. ¡Que ironía! Sería precisamente el material con el que llevaba trabajando más de una semana el que me proporcionara la llave al paraíso, o al menos eso esperaba al coger el racimo por arriba, apuntando una fresca uva morada hacia abajo y, lentamente, acercándola al muslo izquierdo de mi prima. Mi corazón se detuvo cuando la uva rozó al fin su pálida piel y comenzarla a deslizar hacia abajo, a la zona de su entrepierna.
Sonia abrió los ojos de golpe, parando en seco sus movimiento y pegó un salto en su cama, mirándome alucinada, como si la expresión de sus ojos verdes diera a entender la incredulidad de que el objeto de sus fantasías se hubiera materializado allí, junto a ella.
– ¡Jorge!- pudo exclamar al fin, sentándose sobre sus rodillas y retirándose un poco hacia el lado contrario de la cama adonde yo me encontraba, pero sin hacer ningún ademán de cubrir su desnudez.
Al momento aparté la mirada sonrojándome muchísimos, dejando las uvas en el palto y queriendo salir de allí cuanto antes, me giré para la puerta.
– Lo… lo siento mucho Sonia… yo no quería… perdón…- no me salían las palabras mas que entre balbuceos.
Para sorpresa mía, la mano de mi prima me aferró por la muñeca, puesto que se había levantado de la cama para impedir que yo me marchase. Hizo que me girara con una sonrisa divertida en su rostro, regocijada de ver mi acaloramiento.
– Shhh, tranquilo primo, que no has hecho nada horrible, de verdad- contestó al fin, levantando mi cara con su dedo índice bajo mi barbilla- Si no querías que yo me enterara… ¿porqué no simplemente te marchaste al verme así?
Lógica fría y pura.
– Porque… Sonia, tu… me gustas mucho prima y…- no tenía ningún argumento válido para lo que había hecho, y tampoco podía apartar la mirada de sus ojos, ya que si lo hacía no tendría mas remedio que sonrojarme aún más de ver tan cerca su cuerpo desnudo.
– ¿En serio que… te gusto, primo?- dijo incrédula.
Por toda respuesta, tan sólo acerté a asentir con la cabeza, sintiendo de nuevo la presión de mi polla en el pantalón, esta vez mezcla de excitación y nervios.
Sin más, mi prima puso sus brazos alrededor de mi cuello y, atrayéndome hacia ella, me beso en la boca lenta y apasionadamente, entreabriendo sus carnosos labios para, con su lengua, buscar la mía y entrelazármela. Tras varios segundos, apartó su rostro del mío suavemente y me miró sonriendo feliz, mientras se mordía sensualmente el labio inferior.
– Bueno… ya que hemos llegado hasta aquí, y sabes bien que tu también me gustas a mí, podríamos aprovechar que estamos solos para… divertirnos un rato ¿no?-dijo sonriendo con un brillo de picardía en la mirada.
– Pero Sonia, no podemos, ¿Qué pensarán tus padres si…?
– Bah, ellos no tienen porqué enterarse nunca, considera esto como un entretenimiento para la tarde. Además, al ser para los dos la primera vez, esto nos unirá por siempre, ¿no crees?
– Prima… insisto en que no podemos, opino que esto está mal…
Sonia, siempre tan dispuesta a pasar a la acción, bajó su mano hacia mi pantalón y acarició el duro bulto que se había formado en mi entrepierna.
– Parece que tu polla no opina lo mismo, primito- contestó soltando una risita traviesa mientras, sin esperar replica alguna más, se ponía en cuclillas frente a mí, desabrochando suavemente mi cinturón y después el botón de mis vaqueros, bajándomelos suavemente hasta mis tobillos.
Los calzoncillos slips que llevaba, de color negro, a duras penas podían sujetar el monstruo que tenía entre las piernas y que pugnaba por salir al aire libre, deseo que Sonia no tardó en hacer realidad, bajándome con los dientes esta vez mi ropa interior, siguiendo el mismo camino y destino que mis pantalones. Lentamente, me empujó hacia la cama y no pude más que dejarme caer, debido a que mi ropa aprisionaba mis movimientos, situada en los tobillos. Sonia me quitó las deportivas y los calcetines, y sacó por fin mi ropa por los pies, arrojándolo todo a un rincón de su cuarto.
– Túmbate Jorge…- me ordenó con una mirada de lujuria en los ojos, que yo no pude contrariar, así que me subí a la cama y me tumbé boca arriba, mientras mi prima se relamía los labios contemplando mi falo de 21 cms de longitud y considerable grosor (nunca me ha gustado alardear de mis medidas, pero habrá que hacerlo por una vez, digo yo). Estaba a media altura, con lo que totalmente tiesa alcanzaría en torno a los 25, lo que causo que mi prima pasara de ser una familiar con la que jugaba desde pequeño a ser toda una mujercita en celo.
Se subió a la cama, caminando a cuatro patas lentamente, como una gatita, acercando su rostro a mi vientre, levantándome el suéter y la camiseta para besar mi ombligo, lo cual me hizo sentirme muy bien, ya que siempre he tenido vergüenza de mis kilos de más. Fue descendiendo echando su cálido aliento por mi piel, hasta enterrar su rostro en mi mata de pelo moreno y besar la zona, siguiendo finalmente hasta mi polla, soplando suavemente sobre ella, con la mejilla derecha apoyada en mi vello púbico.
– ¿Es toda para mí, primito?- preguntó con una voz viciosa.
– Por supuesto que sí, pero trátala con cariño.
– No te preocupes que así haré…- y, como para ratificar sus palabras, levantó el rostro y, colocándose sobre mis piernas, bajó la cara hacia la punta de mi nabo, besándola suavemente con un tierno piquito que me hizo soltar mi primer gemido de placer inesperado. Mi prima sonrió al oírme y volvió a besármela, está vez por más tiempo, abriendo y cerrando suavemente los labios mientras, con gran sutileza, con los dedos de su mano derecha retiró suavemente la piel de mi polla hacia abajo, para dejar a la vista mi rosado capullo. Estaba ya humedecido suavemente por el líquido pre-seminal, con lo que ella, tras observarlo detenidamente, acerco de nuevo sus labios ahí y, mientras me empezaba a masturbar lentamente con la diestra, sacó su lengua y lamió con lentos lametones todo mi glande, finalizando pasando la lengua alrededor de él. Después paladeó el sabor de mis primeros jugos y sonrió satisfecha, bajando ya para depositar besos a todo lo largo del tallo, llegando también a besar mis huevos, absorviéndolos despacio entre los labios, succionándolos y ensalibándolos. Después, abrió la boca y se agachó sobre mí polla de nuevo, esta vez introduciéndose el capullo en ella, comenzando a apretarlo entre los labios, con lo que me raspó sin querer con el filo de los dientes y, debido a la sensibilidad de la zona, pegué un respingo acompañado de un leve grito de dolor. Sonia se incorporó rápidamente, mirándome en busca de una respuesta.
– No pasa nada, primita, es sólo que ésa zona es muy sensible… ten un poco más de cuidado con los dientes, por favor…
– Lo siento mucho jorge, no te preocupes que no volverá a ocurrir
Y, para demostrarlo, echó sus labios hacia el interior de su boca, cubriéndose así sus dientes y bajando de nuevo la cabeza, comenzó a mamármela. Lentamente, se la tragaba hasta la base, al principio tosiendo ligeramente cuando mi capullo rozaba su campanilla, pero conforme iban pasando los minutos, comenzó a acostumbrarse a mis medidas y empezó ya a chupar incluso con la lengua, no haciéndome daño alguno a pesar de que ya no tenía los labios en la posición en que comenzó, sino que con ellos atrapaba y apretaba suavemente mi polla, deslizándolos arriba y abajo mientras seguía chupándomela. Su mano derecha subió reptando por mi cuerpo, para acariciar mi pecho, mientras su mano izquierda a ratos sujetaba mi polla recta, por la base, para afianzarla hacia su boca, como a ratos la llevaba hasta mis huevos, masajeándolos con los dedos como quien amasa pan. Al final, debido a las grandes oleadas de placer que recorrían mi cuerpo de pies a cabeza, apoyé mis manos en su cabeza, ayudándola a marcar el ritmo de succión que cada vez aceleraba más y más.
– Sonia… mmmm… Dios, Sonia… que bien me la chupas… mmmm- no podía dejar de repetir, gimiendo de placer.
Finalmente, cuando ya la velocidad de la mamada se hizo considerable y tras varios minutos de aguantar, aferrando con fuerza la nuca de mi prima contra mí, hundí mi polla hasta el fondo, notando como golpeaba su garganta en mi capullo y sus labios en torno a la base, y soltando un grito más o menos alto de placer, me corrí a base de bien en su garganta, con pequeñas convulsiones de mi miembro en ella. Mi prima, lejos de atragantarse con mi semen, apartó suavemente mis manos de su cabeza y sacó un poco mi polla de tan hondo, comenzando a tragarse todo lo que yo estaba expulsando, con los ojos cerrados de deleite, como si fuera el manjar mas dulce que había probado en su vida. Finalmente, le dio un último repaso antes de levantar su rostro y mirarme a los ojos, con una sonrisa traviesa.
– Me encanta chupártela, primo, jamás pensé que el semen fuera tan delicioso…- dijo con una voz de viciosa que ni ella misma se lo creía- ¿Tú que tal vas?
– Buf, Sonia, eres genial…- alcancé a susurrar.
– Me alegro porque…- dijo poniéndose junto a mí, subiendo a mi altura y, tras besar mis labios lentamente, situándose boca arriba- ahora te toca a tí lamerme…
Así que, lentamente y con cuidado, me situé encima suya y bajé mi rostro hasta su cuello, besándolo mientras con mi lengua le daba pequeños lametones. Fui recorriendo su piel mientras iba bajando hacia sus tetas y al llegar a la zona, paseé mi lengua arriba y abajo lentamente por su apretado canalillo. Tras un rato haciendo eso, deslicé mi lengua hacia su pecho derecho y, desde la base, comencé a lamerlo en círculos, trazando una lenta espiral por toda su envergadura hasta llegar a la aureola de su pezón, tras lo cual comencé a lamérselo con toda la extensión de mi lengua mientras mi mano izquierda jugaba con el pecho restante, apretando su pezoncito entre mis dedos, jugueteando con él. Fue cuando me metí su pezón en la boca y comencé a chupárselo, succionándolo, cuando mi prima comenzó a soltar gemidos mas largos y profundos, mientras acariciaba mi cabeza para que no parara.
Después pasé a su otro pecho, repitiendo los mismos movimientos pero aún más lentamente, haciéndome desear hasta que, al llegar de nuevo a su pezón lo encontré duro debido a la excitación que en ése momento recorría el cuerpo de Sonia. Ésta ver no sólo me limité a chupárselo, sino que lo apreté entre los labios y llegué a rozarlo suavemente con el filo de los dientes, mordisqueándolo con lentitud mientras mi prima daba pequeños grititos de placer.
– Jorge… primo…. Eres todo un experto, ¿estás seguro de que eres virgen? Mmmm, que bueno eso que me estás haciendo, primito…- decía acariciando mi cabeza y mis mejillas.
Era cierto que yo aún era virgen, pero lo que mi prima no sabía es que ya había echo algunos juegos, como el sexo oral, sin llegar a la penetración. Por eso sabía exactamente lo que una mujer necesitaba antes de llegar a palabras mayores, y me dedicaba a calentar el horno que tenía por cuerpo, ya que había oído que si la chica estaba muy excitada, le dolería menos su primera vez.
Después de dejar bien tratadas sus preciosas tetas, con sus pezones todo paraditos debido a los chupiteos y mordisquitos, fui descendiendo por su cuerpo rozándolo con mis labios, depositando suaves besos en su piel, hasta besarla alrededor de su ombligo, donde mi prima se había hecho un piercing meses atrás. Mientras, mis manos se habían bajado hasta sus piernas y subían por ellas desde los tobillos, por sus muslos, hacia su entrepierna, cuando mi rostro también siguió bajando y, tras besar su vello rubio y recortadito (era evidente que se había depilado hacía poco), junté mi rostró y mis manos en su coñito. Tan sólo sentir mi aliento cálido sobre él, ya electrizó la piel de mi prima.
– Date prisa Jorge, necesito sentir como tu lengua lame mi coño, no me hagas esperar por favor, primito…- decía entre extasiada y angustiada, no pudiendo esperar para recibir el tratamiento allá abajo.
Lentamente comencé a acariciar su raja con el dedo índice de mi mano derecha, mientras empezaba a depositar besos allí, comprobando que mi prima estaba humedecida ya del sexo que ella misma se había practicado antes. Mi dedo se abrió pasó hasta su profundidad, hundiéndose en ese rinconcito húmedo y calentito, notando como sus paredes lo apretaban suavemente, como dándole un abrazo al intruso.
– Estás muy mojada Sonia… ¿te gusta lo que te hago?- pregunté con picardía mientras sacaba suavemente el dedo, lamiéndolo y saboreando sus jugos vaginales.
– Me encanta primo, pero por favor no te pares…
Como no era cuestión de hacerla esperar más, saqué mi lengua y comencé a recorrer toda su raja, introduciéndola poca a poco cuando le daba una nueva pasada, siempre desde abajo a arriba. Comencé a sentir ése sabor entre ácido y salado que desprenden las chicas cuando se excitan, el cual a mi me parece la cosa mas apetecible de probar. Con los dedos índices de ambas manos, separé suavemente sus labios mayores, abriendo su coñito al aire libre mientras lo miraba extasiado: todo un conjunto de pliegues sonrosados y humedecidos, que exhalaban una calidez de olores excitantes y, en la parte superior, su perlita suavemente parada por lo cachonda que empezaba a estar mi primita. Ahora siendo yo el que no podía resistirlo más, me abalancé como un animal sediento sobre su coñito, comenzando a besarlo y a lamerlo con deleite, mientras oía los chillidos y gemidos que brotaban de los labios de mi prima.
– Ahhh, primo, buf… que gusto… mmmmmm…. No pares…- decía empezando a enredar sus dedos en mi cabello, apretando suavemente mi cabeza contra ella, deseando sentirme más adentro de su coñito mojado.
Comencé a recorrer cada rincón, extrayendo los deliciosos jugos que me estaba brindando, y a subir lentamente hacia su clítoris. Finalmente, con la punta de la lengua, comencé a recorrerlo a su alrededor, trazando pequeños círculos en torno a él, mientras mis manos dejaban de abrirla controlada ya la situación y mi mano derecha, con su dedo corazón, se metía en ella, comenzando a penetrarla lentamente, en una simulación de lo que pronto haría mi gruesa polla. Mientras, mi mano izquierda subía de nuevo a sus tetas y comenzaba a darle pellizcos en sus pezones, causándolo el puntito de dolor justo que se uniría a aumentar su placer.
– Jorge…ahhhh…Jorge….- comenzó a gemir como momentos antes lo hacía masturbándose ella sola.
Mi lengua recorrió con toda su longitud, de abajo a arriba, su clítoris, causando que ella apretara aún más mi cabeza, en un movimiento involuntario, contra su coñito, a la par que mi dedo iba acelerando progresivamente en el mete-saca. Mi otra mano se volvía como loca apretando sus pechos y dándole pellizquitos en varias partes del cuerpo, incluidas sus piernas y el trozo de nalgas que podía. Tras un rato haciendo esto, apreté su clítoris entre mis labios y comencé a hacer un movimiento endiablado de mi lengua de un lado a otro, como si de una serpiente se tratase, haciéndola gritar de placer, mientras mi dedo entraba y salía velozmente de ella, al estar ya algo dilatado su agujerito y, debido a la humedad, deslizándose con comodidad.
– Ahhhhh, ahhhhh, sí… así primo….ahhhhhh- jadeaba una y otra vez acariciando mi cabeza, pegándola contra ella mientras ella misma hacía suaves movimientos de su pelvis debido a la excitación que la abrasaba en ésos momentos.
Finalmente, tras un buen rato, se vino en mi boca, derramándose en mi dedo mientras soltaba un enorme gemido de placer pues, como ella me confesaría después, había sido su primer orgasmo. Me apresuré a beber con avidez el néctar que despedía su coñito, extrayéndolo incluso de mi dedo, chupándolo como si fuera un caramelo, tras lo cual levanté la vista hacia ella y sonreía, notando como mi polla estaba de nuevo dura como una piedra de tanto jugar.
– ¿Qué tal lo he hecho, primita?- le dije sonriendo divertido, mientras veía sus ojos que aún gozaban del éxtasis orgásmico.
Ella me miró sonriendo agradecida y abrió sus brazos hacia mí.
– Ven aquí, Jorge, tu primita quiere sentir como hundes tu enorme polla en ella. Rómpete, desvírgame, hazme una mujer, primo… ardo en deseos de sentirte dentro de mí…
– Espera un momento- dije levantándome y, yendo hacia mi ropa aprovechando así para quitarme de una vez mi suéter y camiseta, extraje mi cartera de los vaqueros y de ella saqué un preservativo que siempre llevaba conmigo e iba cambiando cada cierto tiempo, por precaución. Ante todo eso, tengan todos cuidado al disfrutar del sexo.
Ella sonrió asintiendo, viendo de nuevo mi gran responsabilidad, cuando lo abrí y lo deslicé por mi polla desenrollándolo, como había practicado muchas veces en casa solo, para cuando llegara al fin el día de tener sexo de verdad. Finalmente ahí estaba mi tranca cubierta por entero con el látex, dispuesta a ensartar al objeto de mis pasiones: mi primita Sonia, la cual me aguardaba boca arriba, con los brazos aún abiertos.
– Ya estoy, Sonia, ¿estás completamente segura de esto?- dije situándome lentamente sobre ella.
– Primo Jorge… quiero saber que al menos me desfloraste tú…
Y, sin más, abrió sus blancas piernas tanto como pudo, esperando a recibir la taladradora que se hundiría pronto en sus entrañas virginales. Suavemente pasó sus brazos alrededor de mí, atrayéndome hacia ella mientras con su boca buscaba la mía para besarme. Comencé a besarla lentamente, jugando con su lengua, mientras iba bajando mi polla hacia su coñíto, apuntándola con la mano derecha hasta que, al final, sentí la abertura sobre mi capullo, y retiré la mano para acariciar el cuerpo de mi prima. Empecé a meter tan sólo la punta de mi verga, lo cual ya ocasionó un gemido de dolor de mi prima Sonia.
– No te preocupes… tu sigue, primo…- susurró antes de seguir besándome.
Comencé a empujar lentamente, causándole mas gritos de dolor que amortiguaba con mi caricias y mis besos, mientras mi polla se abría pasó entre su coñito, notando de repente la resistencia de su himen. Sin pensarlo dos veces, decidido a acabar ese mal trago cuanto antes, tomé un poco de impulsó hacia atrás y le clavé la mitad de mi falo, rompiendo su himen de una sola embestida, lo que ocasionó que ella gritara de dolor, crispando sus piernas.
– Ayyy, primo, jamás pensé que dolería así…- dijo mordiéndose el labio inferior, pero aguantándose el dolor- No pares por favor… te deseo tanto… fóllame primito, folla a tu prima…
Ni corto ni perezoso seguí hundiendo centímetro a centímetro, suavemente, mi polla en ella hasta que estuvo toda enterrada. Sonia se aguantaba el dolor, no queriéndome hacer saber lo mucho que dolía aquello, pero yo bien había oído que las chicas lo pasaban bastante mal en su primera vez. Así que, para no prolongar más el dolor, comencé a iniciar un lento movimiento de mete- saca, empezando a follarme a mi prima, jodiéndola a conciencia.
– Ahhh… ahhhh. Así Jorge, así- decía jadeando, notando como el dolor se mezclaba con el placer, mientras abrazaba mi espalda para sentirme junto a ella- Me vas a partir en dos con semejante monstruo que tienes entre las piernas…
Yo seguí penetrándola rítmicamente, apoyando mis brazos a ambos lados de su cabeza, para no dejarme caer del todo sobre ella. Sonia, sintiendo ya como el placer había relegado al dolor, se metía a conciencia en ello, agitando suavemente sus caderas bajo mí, haciendo movimientos coitales mientras se hundía mas profundamente mi verga. Al cabo de un rato, cruzó sus piernas por detrás de mí, para atrapar mi cuerpo en ése abrazo de placer, mientras sus uñas arañaban mi espalda cuando, debido a la excitación que tenía yo también, comencé a hundirla sin piedad en la cama, clavándole mi polla con cierta dureza, lo que ocasionó gritos de placer mas intensos en ella. Cada vez fui más y más rápido, enfervorecido por sus chillidos y sus arañazos, así como sintiendo sus piernas atrapándome, pensando que aquella mujer que era ya, en celo, no me dejaría escapar hasta haber satisfecho todas sus necesidades.
– Ahhh, Sonia, eres una diosa… que coñito tan perfecto para estrenarme… te quiero- decía yo mientras besaba su cuello.
Ella gemía de placer mordiéndose el labio inferior en un inútil esfuerzo de contener un poco sus gemidos cuando, notando como se venía de nuevo, apartó sus manos de mi espalda y agarró las sábanas comennzado a gemir más alto.
– Ahhhh… siiii….me voy de nuevo primo….ahhhhh… así…- chilló mientras el éxtasis volvía a recorrerla y se derramaba por segunda vez aquella tarde.
Yo, al ser mi primera vez también y notando como el placer de ella me envolvía, no pude aguantar más y me corrí, expulsando grandes descargas de semen en el condón, echado totalmente sobre ella, con mi polla enterrada hasta el fondo, mientras gemía de placer.
– Te quiero tanto primo… pase lo que pase tu habrás sido el primero y el más especial de los hombres que me hagan sexo…
– Y tu también Sonia, cariño, y tu también…
Finalmente, tras un rato así, me salí de ella comprobando cómo un poco de sangre había manchado las sábanas blancas. Tras cambiarlas y meter las sucias en la lavadora, deshaciéndonos del condón en la papelera, envuelto en papel higiénico, volvimos desnudos a su cama limpia y allí, nos quedamos dormidos, abrazados y besándonos con pasión. No fue hasta unas horas más tarde que nos despertamos, con el sonido de la puerta de la calla, señal de que su familia había regresado. Rápidamente, nos vestimos y acababa de abrocharme el cinturón cuando su madre abrió la puerta de la habitación.
– ¿Todo bien por aquí, chicos?- preguntó sonriendo, mientras nosotros fingíamos haber pasado la tarde viendo la televisión.
– Sí mamá- dijo mi prima- esto… ¿puede quedarse Jorge a dormir esta noche?
– Claro Sonia cariño, además esta noche tu padre y yo tenemos una fiesta con unos amigos y volveremos ya mañana por la tarde, así cuidáis los dos de tu hermano- contestó cerrando la puerta con una sonrisa.
Mi prima y yo nos miramos sonriendo ilusionados, imaginando la de cosas que podríamos hacer tras acostar a mi primo… decididamente iba a necesitar ir a comprar mas preservativos antes de que cerraran la farmacia…
A parte de aquella noche lo hicimos unas cuantas veces más antes de que me fuera, y al final quedamos en que si ambos no tenemos pareja cuando nos veamos más veces, seguiremos haciendo el amor como ya muy bien sabemos que podemos.

Espero que les halla gustado éste relato de cómo fue mi primera vez, si quieren hacerme alguna aclaración o decirme algo, por favor, escríbanme a la dirección de franciscoalbiar (arroba) hotmail.com, prometo contestar en cuanto me sea posible. Gracias.

Reencuentro con un compañero de colegio

Estoy próximo a terminar la universidad y hace casi 5 años que no he vuelto a reunirme con la mayor parte de mis compañeros de colegio. Mario era uno de ellos.

A Mario lo recordaba como un muchacho deportista y atractivo, un poco callado, con una sonrisa muy dulce y también con éxito entre las chicas.

Hace un mes, al salir de clase, en la tarde, me encontré con Mario en la calle. No había cambiado mucho, pero lucía estupendo. Se veía más fuerte y seguro de sí mismo. Nos saludamos e iniciamos lo que parecía iba a ser una rápida y protocolaria conversación. Sin embargo, encontramos que estudíabamos la misma carrera, aunque en diferentes universidades. Eso nos entusiasmó. Qué interesante sería compartir experiencias académicas!

Como no llevábamos prisa y en la esquina había un sitio agradable, decidimos ir allí para tomar un par de cervezas y conversar.

Si bien toda la conversación inició por los temas estudiantiles, poco a poco, en la medida que era evidente una gran empatía entre los dos, la charla fue derivando a materias más personales. Mario me habló de una situación que había vivido recientemente, cuando estaba con otros amigos y había tenido que intervenir para que ellos no golpearan a un par de adolescentes gay a quienes habían sorprendido besándose. Me preguntó que opinaba y obviamente expresé enfáticamente mi repudio por la intolerancia frente a los gustos sexuales de cada cual.

En ese momento, percibí una gran alegría en Mario y fui consciente que la historia que me acababa de contar no era real y que sólo buscaba sondearme. Aunque en ningún momento fuimos explícitos, empezó a seducirme, en forma muy sutil, dado el sitio en donde nos encontrábamos.

Me hablaba de diversos temas, en voz baja, pero con gran pasión. De vez en cuando me tocaba, de una manera ruda y masculina que no despertara sospechas. Yo no lo podía creer, nunca hubiera pensado que a Mario le gustaran también los hombres. Empecé a arder de deseo, pero no me atrevía a tomar la iniciativa, pues todavía tenía un margen de duda: podría ser que fuera de aquellos hombres que se toman dos tragos y se vuelven muy efusivos.

Después de un rato, cuando entramos en el tema de la música, me invitó a escuchar algo en el apartamento de un amigo suyo, cuya llave tenía y quien vivía cerca de allí. El corazón me empezó a latir más aceleradamente, si cabía más. La saliva se me atragantaba, la dudas ya eran pocas y terminaron por disiparse completamente cuando, al llegar frente al edificio de su amigo, en forma bastante brusca, me empujó contra un rincón oscuro y allí, con la misma pasión que ya yo sentía, inició un beso.

Qué beso aquel, señores!!!!! No éramos capaces de separarnos y si lo hacíamos era sólo para tomar aire. Nuestros labios eran como frutas jugosas que cada uno degustaba como si fuera la primera y quizás la última vez que pudiera hacerlo. Las lenguas se encontraban sorprendidas ante aquel arrebato. Aquello fue un orgasmo en seco.

Cuando pudimos parar, subimos al apartamento. Al contrario de la explosión que había ocurrido antes, avanzamos en el rito del sexo en forma pausada. Pusimos música, nos acariciamos y desnudamos lentamente, recorrimos nuestros cuerpos con las yemas de las manos, con la punta de la lengua, nos disfrutamos con los ojos. Los labios, las orejas, el pelo, la cara, el cuello, el pecho, el vientre, la espalda, las nalgas, el vello del pubis, la entrepierna……….

Luego besamos y chupamos nuestros penes y huevos. El pene de Mario es largo y delgado, curvo como si fuera la cimitarra de un guerrero árabe y estaba duro como el mismo acero. El mío es derecho, grueso y termina en una gran cabeza, que en la rigidez que tenía se veía aún más temible. Chupábamos con calma, como si fueran un postre delicioso que deseábamos comer en pequeñas cucharaditas, para que durara más. Por momentos, lo hacíamos simultáneamente, en 69,  luego, en forma alternativa, mientras el otro acariciaba la cabeza de quien se inclinaba sobre su pubis.

El cuerpo de Mario es fuerte y musculoso y es evidente que el fútbol lo ha moldeado. El mío es más delgado, con la espalda ancha, las nalgas firmes y la cintura estrecha que dejan la natación. Ambos somos altos, yo un poco más que el. Debíamos lucir espectaculares entrelazados, en aquel momento en que volvimos a perder el control y nos estábamos nuevamente devorando a besos en medio de fuertes abrazos. El parecería un atleta romano, yo un guerrero del antiguo Egipto.

Esa debió ser la imagen que vió Jorge, el amigo de Mario, dueño del apartamento, quien acababa de entrar sin que lo sintiéramos.

“Puedo participar?”, escuché que decía una voz varonil.

Me volví a mirar. Era un dios teutón quien hablaba. Rubio, bronceado, grande y macizo, su abundante vello era también rubio; vestia, apenas, pantaloneta y camiseta ajustadas.

Todos intercambiamos miradas, sonreimos y él se lanzó presuroso sobre mí, sin darse siquiera tiempo para quitarse el calzado. Todavía tiemblo, un mes después, al recordar lo que fue aquello.

A partir de ese momento, no hubo consideración de ninguna especie. Mientras me inclinaba para chuparle la verga a Mario, yo sentía por detrás la boca de Jorge que me sorbía el culo, con un gusto que era evidente y que me lo transmitía. Su lengua jugaba alegremente por todos lados. Era evidente que me preparaba para penetrarme. Esto lo deseaba con ansia, pero también lo temía: con el tamaño de verga que tenía me iba a romper el culo!!!!

Pero el hombre era un experto conocedor de como preparar el culo de otro hombre a punta de placer oral para entrarle con una herramienta de tal tamaño.  Cuando finalmente lo hizo, fue con tal rudeza que sentí morir, de dolor y de placer. Jorge venía de trotar y estaba sudado, así que yo sentía su sudor correr por mi espalda y alrededor de mi pecho, el cual él sujetaba con fuerza durante sus embates. Me sentía deliciosamente violado por Jorge. Mientras tanto, mi amigo y yo no habíamos cesado de hacer lo que veníamos haciendo: Mario me mamaba la verga y yo alternativamente lo masturbaba y exploraba su culo con los dedos.

Jorge terminó en medio de un rugido de gusto; luego, de la misma forma silenciosa como entró, salió. Lo sentí en la ducha luego.

Mario y yo ya necesitábamos terminar. Primero lo penetré yo, de frente. Lo hice suave y lentamente, como me gusta, para sentir durante más tiempo esos últimos espasmos.  mientras tanto, volví a masturbarlo. El mundo se nubló para mi, fue tanto el placer que sentí al llegar.

Mario me dijo que quería terminar en mi mano, pero antes me pidió que me sentara sobre él para penetrarme, así lo hice y luego de moverme un rato, me gritó que parara, que a él le gustaba ver la salida de sus jugos. Me lo saqué entonces, y todavía sentado sobre él, lo masturbé hasta terminar. El hombre no apartaba los ojos de su verga y no cesó de gemir hasta que un gran chorro de semen explotó y alcanzó a llegar hasta su pecho.

En seguida, me pegué a él en un fuerte abrazo, para que mi pecho quedara también embadurnado con su semen.

Desde la cocina Jorge nos insto a que terminaramos, pues estaba preparándonos algo de comida.
Decidimos, entonces, ducharnos juntos.

Aquello fue peor. Bajo el agua no cesábamos de besarnos y acariciarnos, al punto de volver a alcanzar ambos tremenda erección, la cual no pasó a mayores porque Jorge ya había puesto la mesa y nos exigía compostura.

Aquella comida fue deliciosa: tres hombres desnudos y hermosos compartiendo un plato español hecho con mariscos, bebiendo vino tinto, escuchando buena música y riendo a carcajadas; todo presagiaba lo que podía volver a empezar luego.

Aquella noche no regresé a mi casa.

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