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Mi cuñada

Mi esposa en la menor de un grupo de cuatro hermanas, la mayor, que le lleva unos 10 años, es una mujer morena, que muy buen cuerpo, bastante generoso, cosa extraña, todas las otras hermanas son rubias y de cuerpo estilizado. Nunca me dio mucha bola, y mi trato con ella rozaba lo formal, no teníamos temas en común, ya que ella vivía con su esposo en el campo y yo trabajaba en la ciudad. Una tarde de verano en que la familia completa se encontraba en la pileta tomando sol, la vi acostada de espaldas y pude observar que tenia un soberano culo, además de unas piernas gruesas pero muy bien torneadas, se dio vuelta tenia unas tetas muy bien desarrolladas con pezones marcados bajo la malla y que la malla ajustaba su entrepierna dejando marcados unos labios bien notables, estaba en esa contemplación cuando me di cuenta que me miraba, me prepare para algún reproche pero en vez de eso me saco la lengua, desplazándola provocativamente por su boca.

Pasaron unos días, y toda la familia viajo al campo a pasar las fiestas, no me dio ninguna seña de nada, pero una noche estábamos cerca del fuego mientras una gaipiriña corría generosamente y nos tenia a casi todos mareados, yo miraba su espectacular culo en unos short minúsculos, así que en un momento con ganas de orinar me encamine al baño, el de la planta baja estaba ocupado, con pocas ganas subí la escalera de la planta alta, abrí la puerta del baño, y para mi sorpresa encuentro a mi cuñada sentada en el bidet, cerré la puerta en forma precipitada disculpándome, y quede esperando afuera, salio, me encaro y me dijo caradura, que calentón que no te da vergüenza mirar así a tu cuñada, un poco cortado dije, bueno, pero con lo que vos mostras …, vení dijo, salgamos del pasillo y discutamos esto; me vi venir un escándalo familiar, muy preocupado la seguí a un escritorio, se dio vuelta de golpe, y dijo, y aparte de mirar que mas sabes hacer, respondí puedo tocar y alargue una mano a su pelo, me dejo hacer, seguí por su cuello, y baje a sus tetas, aparte la remera, tome una en la mano y puse en pezón en mi boca empecé a chuparlo, note su mano en mi cierre apretando mi pija debajo del short, guié su mano y sentí como empezaba a masturbarme, deje de lado todo y la empuje hacia un sofá, la tire sobre el y me puse encima, ya con la pija afuera, trate de bajar su short, no podía, por un costado comencé a pasarla contra los labios de su concha, empezó a estremecerse y grito despacio, me di cuenta que tenia un orgasmo, pensé mansa calentona, así que ya mas calmo la pare, baje su short, no tenia calzón, y sepulte mi boca en su concha perfectamente depilada, casi me deja sin pelos, tomo mi cabeza y comenzó a apretarme contra su raja en forma desesperada, no quise esperar mas y volví a ponerme sobre ella esta vez mi pija encontró el camino sola y se deslizo hasta el fondo, abrió sus piernas y con ellas abrazo mi espalda, mientras le mordía las tetas, fue un intercambio lleno de violencia, hasta que sentí que me corría y ella comenzaba a gritar despacio y profundamente, quede echado a su lado, me levanto la boca y introdujo su lengua comenzando una larga serie de besos; no aguante y empecé a besar su cuerpo, la puse de espaldas y mientras la besaba, ponía mis dedos en su concha que escurría leche, saque los dedos y los puse en su boca, chupo mis dedos, estando de espaldas encamine mi pija a su concha, la penetre, fue levantando de a poco su culo para sentir la pija mas adentro, puse un dedo en su ano, sentí ajustado, pero no protesto, acaricie despacio y metí un segundo dedo, mientras mordía su cuello y sus orejas, me dijo, sos un degenerado completo, aproveche y sacando la pija de su concha empecé a estimular con la punta su culito, empujaba y sacaba, hasta que sentí que se abría, la punta estaba adentro, me araño los brazos, así que empuje, lanzo un grito que creí que tendría toda la familia, pero no paso nada, empecé a jugar en su interior sintiendo como cada vez que tratada de rechazarla mi pija se abría camino, con mis dedos tome su clítoris y empecé a frotarlo, comenzó a irse, pero fueron casi tres minutos de orgasmos en orgasmos, hasta que lance la leche en su interior. Nos limpiamos, besamos y arreglamos nuestra ropa, al descuido me dijo que poco respeto a la madre de tus sobrinos, no dije nada. Pasada la noche al otro día pidió ir al pueblo a hacer compras, me ofrecí a llevarla, lógicamente encare para el primer hotel, se puso seria y me dijo si no estaba un poco pasado, que lo de la otra noche estaba olvidado, que ella estaba en copas, era mi cuñada, y quería a su marido; no hice mucho caso, estacione y baje entrando a la pieza, me sorprendió encontrarla detrás mío; allí pasamos casi dos horas, verdaderamente era una maquina de coger, se quejaba que su marido venia todos los días cansado, con olor a ganado, o medio borracho y tenia que masturbarse ya que se sentía muy mujer, seguimos conversando y como ya me había volcado en su interior dos veces, fuera de lo de la noche anterior, como al descuido le pregunte, – te cuidas- me dijo, para que si total el pendejó igual va a tener aires de familia, así pasamos casi cuatro años, mi cuñada quedo embarazada dos veces y mi mujer una, es increíble el “aire de familia” de mis hijos y mis sobrinos.-

Los Encantos de Papi (Parte 4)

La puerta de la habitación se cerró por si sola.

Se besaron de inmediato, mientras Anne deshacía el nudo de la corbata y le aflojaba el cinturón.

El gordo y largo tronco de Tomás brotó amenazante cuando Anne bajó su pantalón, desafiándola a que hiciera su mejor trabajo. Anne se arrodilló frente a papi, lo tomó con ambas manos y comenzó a lamerlo y masturbarlo. Papi le puso su mano en la cabeza, como queriéndola calmar, y se sentó al borde de una de las camas, abriendo sus muslos. Anne caminó sobre sus rodillas hacia él.

Tomás sentía que siete días eran demasiada espera cada jueves. Su morena vergota estaba en pleno apogeo, levemente inclinado hacia su cabeza, babeante, esperando sentir que la boca de Anne lo arropara.

“¡Eres la mujer más ardiente que he conocido!”, dijo Tomás.

Anne se abalanzó sobre él, derribándolo, besando su boca y lamiendo su cara, con sus rodillas sobre los muslos de papi, sin importarle ni preguntarle si le molestaba. Tomás metió sus gigantescas manos debajo del negligé y comenzó a acariciar sus tersas nalgas, introduciéndole sus gruesos y ásperos dedos en el ano y la vagina, subiendo por su espalda y volviendo a bajar, mientras ella lo devoraba a besos.

Después de un par de minutos de besar ávidamente a papi, Anne comenzó a bajar lentamente y acariciar con su cara la barba de Tomás; continuó bajando por su cuello, mordisqueando su garganta unos segundos, sin detenerse continuó lamiendo y besando su pecho, rodeando sus tetillas con la lengua, su estómago y su ombligo, para llegar al deleite final: sus 8 duras y obscuras pulgadas de carne que aguardaban con ansias una de sus superlativas mamadas.

Tomás jaló una almohada y luego la otra, levantando un poco su cabeza para ver la rubia cabellera de su bella hija subir y bajar por el contorno de su pene, deleitándolo con su caliente y babeante boca cada vez que desaparecía por completo dentro de ella. Anne se quedaba unos segundos con el pene de papi completamente metido, mordisqueándolo en la base, lo sacaba por completo, tomaba aire, lo escupía y se lo volvía a tragar. Su pintura se había arruinado. El rímel de sus ojos se había corrido por las lágrimas que le salían al ahogarse con él, dejando huella de su lápiz labial en su contorno.

“¡Uy, uy, uy!”, dijo Anne tras unos minutos. “¡Traes una semana de carga, siento tus huevos pesados y tu estómago duro, novio! ¡Me vas a hacer trizas!”

Anne giró sobré Tomás, poniendo sus nalgas frente a su cara, mientras ávidamente chupaba el delicioso pene. Bajó sus rodillas a cada lado de su extasiado amante y se comenzó a erguir. Sin recato alguno, hizo a un lado el negligé, exponiendo completamente sus nalgas y se sentó sobre la cara de Tomás, sintiendo entre sus nalgas su nariz, frotándose en ella, sin importarle si su padre podía o no respirar. Él nunca había sido atrapado de esa manera. Anne se levantó un poco y con sus manos abrió sus nalgas, hasta sentir la lengua de su amante invadir sus orificios, haciéndola gozar intensamente, disfrutando su esencia de hembra en celo

Lo dejó al fin libre para lanzarse de nuevo sobre su magna erección, lamiéndola y mamándola tomada con ambas manos, haciendo casi explotar en su boca.

Se incorporó de nuevo, bajando de la cama, y fue a sacar de su bolso un condón. “Hoy si me pudieras hacer un hermanito-hijito-nietecito”, dijo riéndose. Tomás también se rió de la ocurrencia de su hermosa hija.

Anne sacó el condón de su empaque, lo puso en su boca, y empujándolo un poco con la lengua y dientes, envolvió el pene de papi con él, casi a la perfección, mientras el viejón observaba en silencio. Lo sacó de su boca y lo estiró cuidadosamente con sus manos. Le quedaba justo. Revisó que no tuviera daño alguno.

Se volvió a trepar sobre su padre, levantó un poco sus nalgas, dejándose caer sobre él miembro, lentamente, sintiéndolo abrir sus entrañas poco a poco, haciéndola gemir de placer, mientras el viejón acariciaba sus bellos senos y erectos pezones por encima de la suave tela.

Tras unos minutos, Anne se estiró por completo de nuevo sobre su añoso novio, quien la abrazó con toda su fuerza y arrancó su negligé, como si fuese una envoltura, arruinándolo y dejándolo alrededor de su cintura.

“Mañana te compras otro, novia, nomás te encargo que sea igual”, dijo Tomás al destrozar la diminuta prenda.

“Mejor me lo compras tú en Nueva York”, contestó despreocupada, al comenzar a rodar abrazados por la cama, teniendo Tomás la precaución de no aplastarla con su masiva corpulencia. Anne se deshizo de la prenda.

“Tus besos saben a mi culo”, dijo Anne

Con sus codos, Tomás se apoyó en la cama al tiempo que Anne, debajo de él, abrió sus piernas al aire, penetrando en su vagina con vigor, sin separar sus bocas, poniendo sus manos en la frente de su novia, respirando agitadamente, bombeándola rápida y constantemente, gozando ambos al máximo, haciendo que Anne alcanzara su ansiado orgasmo en unos breves instantes.

Poco o nada les importó gemir y gritar dentro del cuarto, ni que la cama rozara o golpeara contra la pared ante los tremendos embates de papi, ignorando por completo a extraños que pudieran escucharlos o percatarse que habían entrado. El hotel se veía solo aquella mañana.

Tomás sintió ganas de eyacular, pero se detuvo. Ambos se levantaron. Anne fue al espejo y se limpió completamente el arruinado maquillaje.

Papi se sentó en uno de los sillones del cuarto. Anne se aceró y se sentó sobre él, arrancándole el condón, frotando entre sus nalgas en el resbaloso y duro pene, besándolo y lamiendo su cara por unos momentos, para luego girar sobre Tomás y darle la espalda, deslizándose un poco hacia enfrente, levantando sus blancas nalgas, brillantes y humedecidas, ofreciendo a papi su rosado y palpitante culo.

Tomás, deleitado, tomó su gordo miembro y lo encañonó, jugueteando con su glande alrededor del esfínter de su novia, para comenzar a meterlo poco a poco y sin esfuerzo, viéndolo en primer plano abrirse y adaptarse al invasor, desaparecer sus arrugas naturales con cada impulso que hacía sobre él. Anne puso sus manos en el piso, mientras Tomás contemplaba la perfecta penetración de su novia, que solo movía su trasero de arriba abajo levemente, dejando a su padre sentir su caliente y abrazador interior.

“¡Ooohhh!”, gemía Anne, “siento que hago popó al revés”, dijo, haciendo reír de nuevo a su fogoso amante, sintiéndolo avanzar y retroceder en sus entrañas.

Tras algunos minutos, Anne deslizó hacia enfrente, desacoplándose de su novio, y se arrodilló frente a él. Levantó su mirada. Sus verdes ojos quedaron fijos en los de papi al comenzar engullirle la verga de nuevo, milímetro a milímetro, disfrutando la mezcla de su propio olor y el suavemente salado sabor de su resbaloso contorno, sin perder detalle de la expresión de él, degustándolo golosamente durante un par de minutos más…, hasta que Tomás comenzó a balbucear… “Anne, ten cuidado”, dijo. “¡Ay amor, ten cuidado! ¡Novia, estoy perdiendo el control!”

No separó su boca del pene de su padre a pesar de las advertencias de éste, sin dejar de mirarlo y con sensual expresión de su cara, agrandando sus bellos ojos, Anne le hizo entender que se tragaría toda su acumulada carga, sintiendo claramente en sus labios cómo se delineaba cada vena, ya en clara preámbulo a la ansiada eyaculación.

Segundos después, la gruesa verga comenzó a palpitar. Anne sintió el primer chisguete del caliente fluido en la campanilla, pero fue tan intenso y abundante que la tomó por sorpresa. Tomás gritaba de placer mientras Anne se ahogaba y tragaba lo más que podía, sin soltarlo un segundo, mordisqueándolo, aprisionándolo con los dientes, haciéndolo casi convulsionarse de placer cada vez que lo hacía, hasta sacarle la última gota, sin dejar de mirarlo a los ojos. Lo sacó por un instante, lo suficiente para que cayera semen de su amante en uno de sus pezones. Escupió un poco y cayó en su velludo estómago, y volvió a meter el impregnado miembro en su boca, corriendo algo por los lados hacia los huevos de Tomás. La boca de Anne quedó coronada con el semen de su novio.

Ya descargado y relajado, Tomás echó su cabeza hacia atrás mientras su apetecible hija terminaba de limpiar con su boca el semen que escupió en su estómago y lo que escurrió hacia sus testículos, batallando un poco por el exceso de vello de su padre.

“Me acabo de tragar algunos millones de hermanitos”, dijo Anne concluida su labor de limpieza, haciendo que su padre se riera de nuevo.

“¡Me corrió como atole caliente por la garganta…lo sentí todo!”, dijo ella. “Eres un semental novio… ¡cómo te salen mecos para estar tan ruco!”

“¡Indecente!” dijo Tomás. “Eso te pasa por dejarme tanto tiempo en el olvido”

“Leí que era buen alimento y excelente para el cutis también, amor”, dijo ella.

Tomás tomó un pañuelo desechable y limpió la cara de su novia, como bebé. Ella acercó su boca y lo besó, sin reserva alguna. El respondió con reserva al principio, pero con la acostumbrada pasión después.

Se metieron juntos a la regadera y se enjabonaron el uno al otro. Anne cuidó que su pelo no se mojara porque eso sí que sería un problema, limpiando con sumo cuidado el poco semen que cayó en él. Salieron de la ducha y se secaron. Anne sacó de su bolso el desodorante de papi y su bolsita de pinturas.

“Piensas en todo, novia. Eres increíble”, dijo Tomás.

Se sentó frente al espejo y comenzó a maquillarse, mientras él observaba la blanca desnudez de su madura pero sensual novia, sin sentir remordimiento alguno de haber cometido repetidamente incesto y hacerla su amante, su deseado trofeo, sintiéndose interiormente orgulloso de su revitalizada virilidad.

No podría tener otra mujer: su hija era su mujer. Ansiaba como nunca el viaje a la boda, ya muy próximo, pero le preocupaba un poco la presencia de sus hijos Estela y Mark, una pareja muy ortodoxamente religiosa, inflexible e invasiva. Quizá fue un error invitarlos, pensó.

Poco más de una hora después de su arribo al cuarto, Anne y don Tomás salieron de la habitación en forma separada. Primero él y luego ella.

“Te espero en los tacos. Nos queda casi una hora para la junta, novia tramposa”, le dijo al despedirse.

Anne se quedó a arreglar el cuarto, tratando de eliminar toda huella de su encuentro.  Recogió el negligé destrozado por papi. Pensó en tirarlo, pero sería una evidencia muy obvia, y prefirió guardarlo en su bolso. Luego inspeccionó cuidadosamente el sillón donde Tomás había eyaculado en su boca. Limpió un hilo de semen aún visible en el cojín y un poco que escupió en la alfombra con una toalla húmeda y papel sanitario y lo arrojó al excusado. Cuando según ella no parecía haber habido actividad sexual comprometedora en la habitación dejó las tarjetas de llave en la mesa y salió.

Había reservado bajo su nombre para un tío ficticio que venía a la ciudad por un día, con una tarjeta de crédito que era extensión de la de papi y no tener problema alguno con el estado de cuenta que su marido siempre revisaba.

Cuando llegó a la taquería, papi ya iba a la mitad de 4 tacos. Anne pidió dos. Despreocupados, comenzaron a platicar pormenores de la reunión. Papi era otro. Aun viéndolo todos los días, su mejora era apreciable.

“¿Sabes que me encantas, que estoy enamorada de ti, novio?”, dijo Anne cuando se pusieron de pie. Hubieran querido besarse y caminar agarrados de la mano, pero era mucho tentar al destino.

Tomas, calladamente, solo se sentía orgulloso de semejante trofeo, en especial cuando notaba como extraños la miraban deseándola. “Yo también te amo Anne”, dijo Tomás mientras caminaban.

Llegaron unos 15 minutos antes del inicio de la reunión. Instantáneamente, Tomás entabló plática con los conocidos presentes. Anne saludó a todos y cada uno de beso. Se separaron del grupo para ir al salón, y se dirigieron al elevador.

“Me muero por el viaje a Nueva York novio. Podremos dormir juntos. Ha de ser padrísimo despertar desnuda junto a ti después de coger toda la noche”, le dijo mientras esperaban el ascensor. Don Tomás sonrió a su hija. “Me muero por amanecer contigo también, preciosa. Te amo”.

“¡Si amor!”, dijo excitada. “Ojalá que Estela y Mark queden bien lejos de nosotros. Me tienes que comprar un negligé, no te hagas”, agregó sonriendo.

La reunión fue eterna y aburrida, al menos hasta la mitad. Una hora después de iniciada, Anne pasaba notitas a su padre, simulando que eran cosas relevantes de ésta. Se le acercó varias veces al oído, diciéndole “te amo”, “que rico me coges”, “no traigo calzón”, “se me hace que llegando a tu casa me coges otra vez”, haciendo que Tomás comenzara a sentir su pene endurecer a media reunión.

La luz del recinto se apagó para pasar diapositivas y presentaciones sobre los avances de las gestiones del comité.

Para su fortuna estaba también previsto café y galletas. Anne estaba sentada a la izquierda de Tomás. Las mesas tenían mantel hasta el piso y el salón estaba frío.  La vestimenta de Anne le impedía a Tomás meterle la mano sin ser obvio, acariciándola por encima de la ropa, pero ella si metió la suya y comenzó a acariciar su endurecido pene también por encima, ciertamente delineado, frotándolo hasta sus testículos. Tras unos minutos, Anne decidió sacárselo, batallando algo para bajar su cremallera con una sola mano. Tomás bajó su mano y restiró su pantalón, ayudando a Anne a lograr su propósito.  Al hacerlo y sacarlo casi por completo por la abertura del calzoncillo, comenzó a masturbarlo lenta y suavemente, haciéndolo crecer casi al máximo en segundos. Lo sentía húmedo y levemente esponjoso. Para Tomás era sumamente difícil controlarse, tras las caricias de la fría mano de su hija, mientras ella se inclinó y le susurró al oído: “¿ves que se siente? Así me pones cuando me manoseas con mi marido enseguida” al tiempo que le metió rápidamente la lengua y le mordisqueó la oreja.

Tomás volteaba disimuladamente y miraba a Anne, quien fingía poner atención en el expositor a pesar de la oscuridad, sin soltarle el pene un solo instante.

Anne continuó masturbando disimuladamente a su padre, limpiando cada rato su mano en el mantel, mientras él trataba de disimular su acelerada respiración. A ella no parecía importarle mucho si lo hacía eyacular. Sería muy poco si así fuera. Tomás no hizo absolutamente nada por detenerla.

Agarró firmemente el engrosado pene y con su pulgar comenzó a frotar el glande, como si fuera un encendedor. Ahora era Tomás quien simulaba poner atención cuando ella volteaba deleitada, tratando de ver su expresión tras su atrevimiento. Volteó a verla, y ella se relamió los labios y continuó frotando el glande, sintiendo su abundante baba seminal.

Fue muy difícil para él no hacer ningún ruido al chorrearse en la mano de su novia, mientras ella lo apretaba firmemente, tratando de evitar que se escurriera y manchara su ropa.

Al terminar, Anne limpió su mano en el mantel. No era tan poco como ella pensaba. Aprovechando la obscuridad, bajó su otra mano y como si fuese una toalla, se limpió el semen y lo esparció lo mejor que pudo por el mantel y subió la cremallera de Tomás.

Ya con el pene de su padre debidamente guardado, recorrió con su mano el contorno para sentir que no hubiera dejado alguna huella comprometedora.

Cuando Anne pensó que estaba el orador en su fase final, sacó su mano. Llegaba el momento de ponerse de pie y comenzó a preocuparse un poco si había quedado evidencia. Tomás se percató de la situación, y bajó su mano para constatarlo. Le dio dos palmadas a Anne en la mano haciéndole entender que todo estaba bajo control.

Instantes después, se encendieron las luces y concluyeron su junta. Anne tuvo la precaución de salir de inmediato para ir al baño y evitar las despedidas de rigor, dejando a Tomás con el problema.

“¡Eres una abusona y peligrosa!”, dijo por fin Tomás a Anne cuando estaban solos en el ascensor. Anne lo miró con pícara sonrisa y lo besó en la mejilla, lamiéndosela de nuevo.

“¡Te encantó novio, te fascinó mi detalle!”, dijo ella sonriendo, “me acordé de la canción de Luis Miguel y pues… ¡no pude evitarlo!”.

“Si, pero imagínate cuando recojan los manteles y se den cuenta”, agregó Tomás.

“Ya será problema de ellos”, dijo despreocupadamente Anne, aun siendo ella una de las tres mujeres en el recinto de unas 20 personas. Las otras dos definitivamente no harían ese tipo de locuras.

Anne llamó a Raúl para pedirle que los recogiera. Andaba por el rumbo y llegó en poco tiempo al mismo lugar donde los había dejado 4 horas antes.

“Caigo en cuenta que por primera vez no habrá jueves de papi la próxima semana, novio”, dijo Anne mientras caminaban a esperar a su marido. Tomás asintió con la cabeza, algo resignado. “Pero el fin de semana, ¿qué tal eh? Quiero que llegues bien cargadito, mi amor, ¿te queda claro?”.

“Podemos hacer una escala técnica el domingo, lunes… ¿mañana?”, propuso Tomás, riéndose.

Anne lo volteó a ver, reprobando su propuesta con su sola mirada.

“Amor, ¿me das una media hora con papi en su casa? O mejor, te llamo para que pases por mí”, dijo Anne a Raúl en el trayecto. “Quedan unos pendientes de la junta y como nos vamos a ir, y ya sabes cómo es, queremos dejar todo listo para que los tengan la próxima semana, que no estaremos aquí”.

“Claro reina. No hay problema”, contestó Raúl. “O mejor, déjenme en la casa y te quedas con el carro”, propuso.

Tomás puso cara de incógnita al escuchar a su hija. Algo traía algo entre manos, algo que seguramente le encantaría.

Cuando entraron en la casa, Tomás se sentó en el sillón. Anne bajó su cremallera y sacó su pene del calzoncillo, exactamente igual a como lo había hecho en la junta. “¿Ves que si se pudo?”, dijo sensualmente al unir sus bocas y comenzarlo a masturbar con energía. “No te va a salir mucho”, dijo segura, “pero con tres veces que te vengas hoy, aguantarás para el viernes en la noche”, dijo, al bajar su cabeza y comenzar a mamar de nuevo el humedecido y semi-erecto miembro de su padre.

“¿Ves?”, dijo finalmente, “esto lo hubiera embarrado también en el mantel”, al tragar el poco semen que soltó Tomás. “Ya sabemos que hacer de hoy en adelante con eses juntas enfadosas”.

“¡Poner atención y participar sería un buen principio!”, dijo Tomás. “¡Estas bien loca!”, dijo Tomás, “¡pero me encantas! ¡te amo!”.

No fue necesario ni limpiarse. Anne tragó la escasa carga de su padre. Le dio un beso a en la mejilla.

“Alguien tiene que hacer la comida, novio. Los niños están por llegar”, dijo, “eres único. ¡Tres veces en menos de medio día!”, prosiguió, en tono de alabanza, saliendo algo apresurada.

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Faltaban eternos ocho días. Anne comenzó a sugerir a su padre a utilizar Viagra o Cialis para el ansiado fin de semana en Nueva York, cosa que Tomás objetó desde el principio, pero ella se puso a leer un comparativo de ambos productos, y decidió que Cialis era el mejor para el fin de semana en Nueva York. Fue a una farmacia apartada, donde jamás volvería y nadie la conociera, y compró un par de píldoras. Las sacó de su envoltura y la puso junto con sus vitaminas de uso diario para que Raúl no la fuera a pescar. Bien sabía que su padre haría exactamente lo que le ordenara.

La mañana siguiente, Anne le dio las píldoras, y le ordenó tomarlas de acuerdo a las instrucciones que ella misma le daría oportunamente.

El domingo en casa de Anne y Raúl, así los primeros días de la semana, Tomás aprovechaba para manosear y meterle el dedo por el culo a su hija sin que ella se opusiera. Lo que habían hecho en la junta el pasado jueves les despertó ese gusto por el peligro que ambos, sin saber, llevaban dentro. Anne casi le imploraba a su padre que no se fuera a masturbar, que lo quería bien cargado para el viaje. En dos ocasiones ella misma estuvo a punto de sucumbir en casa de Tomás, pero logró pasar la prueba. Papi hubiera caído fácilmente.

Lo que sería su “jueves de papi” fue usado para llamar a Estela y afinar los últimos detalles del viaje. Anne le dio todos los números y referencias necesarias.

“No hermana, no son photohopeadas las fotos”, contestó Anne a Estela ya para despedirse, habiéndole pasado la información del viaje. “Si, papi está increíble… besitos, sister”, tirándole un beso y colgando finalmente el auricular. Anne y papi se rieron cuanto le contó sobre sus últimas palabras.

Tomás le hizo su lucha una última vez. El deseo de cogerse a Anne era intenso.

“La panocha es mía y yo mando”, le dijo ella con carácter y determinación al despedirse.

Llegó el ansiado día de partir. Raúl los despidió en el aeropuerto para volar a Nueva York ese viernes por la mañana, donde se reunirían con Estela y Mark, quienes supuestamente habían llegado más temprano ese mismo día.

El vuelo México – Nueva York estaba programado para llegar alrededor de las 11 de la noche. Todo salió perfecto y sin retrasos.

“Le encargo a nuestra reina, don Tomás”, dijo Raúl al despedirse para entrar al área de abordar. “Nos vemos el domingo, dijo al besarla en la boca y estrechar la mano de su suegro, abrazándolo”.

“¿Sabe tu marido todo lo que te metes en esa hermosa boquita?”, preguntó Tomás mientras caminaban por el túnel de abordar.

Anne le dio una simulada palmada en el brazo y se rió. “Y lo que me haces tragar, cabrón”, dijo.

Ya sentados en primera clase del avión, Anne le preguntó a Tomás por la píldora. Tomás le dijo que la traía a la mano, en tono renuente, pero dispuesto a usarla. Durante el largo vuelo se manosearon un poco cuando lo juzgaban seguro y tenían sus colchas encima. Quien los viera juraría que eran marido y mujer por los frecuentes besos que se daban en la boca y mejilla. “No te la vayas a jalar novio”, le dijo Anne a Tomás las dos veces que se levantó al baño. Cuando ella se levantó por única vez en el viaje, él le dijo “no te vayas a meter el dedo novia”. Anne sensualmente le contestó al oído “puedo hacer con mi panocha lo que me dé la gana. Tú haces las entregas y yo las recibo novio”.

Al llegar al aeropuerto John F. Kennedy, Estela y Mark los esperaban en arribos internacionales. Anne tenía su vulva hecha una sopa y Tomás tuvo que batallar algo con su bulto.

Anne, como siempre, iba cómoda pero adecuadamente vestida y bien maquillada. Estela, por el contrario, se veía bastante informal, a su muy particular estilo de ser, algo descuidada en la coordinación de su ropa y el pelo, con canas notorias, recogido en una cola. Mark también se vistió, aparentemente, con lo primero que encontró.  No parecía importarles en lo absoluto como se vieran, al mero estilo gringo.

Cuando caminaban a recoger su equipaje, Anne le susurró al oído a papi, “tomate la pastillita”. “Tómatela… ¡ahorita!”, le ordenó, calculando una hora más para que comenzara la acción. Tomás se dirigió al próximo bebedero y obedeció las órdenes de su hija.

Se saludaron con mucho afecto. Las hermanas se abrazaron y besaron. Les contaron como deambularon buena parte del día por el aeropuerto, esperándolos. Por fortuna había mucho que ver y hacer ahí.

Rentaron un automóvil y se dirigieron al hotel en Manhattan donde tenían las reservaciones. Mark conocía bien Nueva York. Anne y don Tomás iban en el asiento trasero. Era ya cerca de media noche cuando llegaron.

El frío calaba los huesos cuando subieron al automóvil. Anne se recorrió hacia su padre en el asiento trasero tal como lo haría una novia con el pretexto del intenso frío y puso su abrigo sobre ambos, sin darle mucha importancia a lo que su hermana pensara.

“Papi, ¡te ves guapísimo con esa barba!”, fue lo primero que dijo Estela al ver a su padre con su bien delineada característica masculina algo emocionada. “¡Estas tan bien que yo pensaba que Anne estaba retocando las fotos, fíjate nomás!”.

“Yo ni sé de esas cosas”, intervino Anne.

“¡Ay Estelita!, la necia de tu hermana, ya sabes que cuando se le mete algo en la cabeza, no lo suelta, igual que su madre. Es una monserga”, contestó Tomás, “pero ella también se comprometió a tenérmela presentable, quesque para conseguir una novia”, agregó riéndose.

“¡Siiii, pero te tumbaste como 20 años, bárbaro!, insistió Estela, “nomás acuérdate que tu noviecita no puede ser divorciada ni de otra religión”, recalcó Estela, entre broma y serio.

Tomás metió su mano por enfrente de los jeans de Anne, bajo el abrigo, pero ella lo detuvo firmemente. Hizo varios intentos más. Cuando Estela y Mark comenzaron a hablar, Anne le susurró a papi al oído “va a oler, novio”. Tomás estuvo de acuerdo, pero continuó acariciándola por encima de su pantalón. Anne se llevó el dedo a la boca y comenzó a mordisquearlo ante la impotencia de detener a su padre.

Comenzaron a platicar ya en el trayecto al hotel, mientras Mark les explicaba cómo llegar y por donde iban pasando y sobre planes para la mañana siguiente, el sábado de la boda.

Tomás no paraba de acariciarle sus intimidades a Anne. De por sí ya venía mojada del avión, con esto que papi le hacía temía que se le notara la mancha cuando se bajaran.

Aprovechó otro momento de diálogo entre Estela y Mark. “Por favor detente papi”, le murmuró. “Vas a hacer que me venga”. Tomás retiró su mano. “¿Ves que se siente?”, le dijo.

Estela bajó el visor del auto y se puso a observarlos en el espejo, simulando maquillarse, algo que jamás hacía y menos con gente, con morbosa inquietud y malos pensamientos. Ambos veían hacia la derecha. Anne aun mordisqueaba su dedo. Subió el visor y se volteó hacia ellos.

“¡Cuéntenme chicos!”, comenzó, “¿Qué ha habido por el pueblo?”.

Su hermana y su padre contaron meras intrascendencias ante la ausencia de eventos relevantes en su círculo de familiares y amigos. Anne platicó sobre la “aburrida” junta de la semana anterior, de sus idas al rancho, y de un par de bodas a las que fueron.

“¡Ay Anne!, ¡a veces no sé si decirte mami! ¡andas con papi en todo!”, dijo Estela. “¡Como lo cuidas! ¡Qué bien lo tienes sis!”.

Anne ni sospechaba lo que seguiría en el hotel cuando estuvieran a solas las dos en la recepción.

Estela se volteó. Sacudía su cabeza levemente y cerraba los ojos, mientras los imaginaba desnudos haciendo el amor, como si con eso sus pensamientos fueran a esfumarse. Traía bien metida esa impresión en la cabeza. Lo notaba en la expresión de las caras de su hermana y de su padre.

 

 

CONTINUARA

Sexo entre cuñados

Soy un hombre de 52 años y felizmente casado desde hace más de treinta años, lo cual nunca ha sido óbice para tener bastantes relaciones durante estos años. Prácticamente desde nuestro primer año de matrimonio empezamos a practicar el intercambio de pareja y a decir verdad el resultado fue siempre nefasto, comprendimos que era muy difícil que congenien cuatro personas pues casi siempre una de ellas va arrastrada y con ello el resultado no suele ser satisfactorio, por lo que optamos por tener nuestras relaciones con las terceras personas por separado y esto nos ha ido muy bien.
Casi siempre nos hemos contado todas nuestras experiencias pero la ultima relación que estoy manteniendo no he sido capaz de contársela, pues es con mi cuñada la mujer de su hermano.
Mi cuñada es una mujer alta y bastante deseable a la que conozco desde hace mas de treinta años, pero con la que mantengo un relación sexual desde hace tres, relación que ha ido creciendo en intensidad y fogosidad y que nos tiene a ambos con la libido totalmente encendida durante el tiempo que estamos juntos y deseando vernos cuando estamos separados.
Todo comenzó durante unas vacaciones, ella estuvo coqueteando durante los dos primeros días de las vacaciones y al tercero se insinuó directamente, tan directamente que después de la cena, nos fuimos a bailar y ya bailando se me arrimó de tal manera y comenzó a decir las ganas que tenia de follarme, que hizo crecer mi polla de manera elocuente, tan elocuente fue que tuvimos prolongar el baile todo lo posible para no llegar a la mesa donde estaban nuestras parejas y que a mi se me notase la erección y a ella la excitación. Pero como no había manera de bajar la erección y ella no paraba de provocar, opte por ir al baño con el fin de hacerme una buena paja. Pero no fue necesario pues cuando estaba entrando en el servicio llego mi cuñada y me pidió que saliéramos al jardín del hotel donde recibí una excelente mamada y pude saborear los pezones de unas tetas por mi deseadas durante mucho tiempo. Fue impresionante, tan impresionante que perdimos la noción de donde nos encontrábamos y no fuimos capaces de ocultamos de la gente que paseaba por allí, aunque de lo que si éramos conscientes es que necesitábamos desahogarnos, por lo que ante la calentura que llevábamos nos importo bastante poco que nos viesen ciertas personas, pues al estar de vacaciones y en un hotel donde la mayoría eran extranjeros y la calentura que ambos llevábamos nos hizo crecernos y disfrutar del momento que fue cortísimo pero muy intenso, ahí comenzó nuestra relación.
Al día siguiente hicimos todo lo posible por quedarnos solos y mientras nuestras parejas se marcharon a la playa nosotros nos buscamos una disculpa y dijimos que haríamos otra actividad. La actividad que hicimos fue follar como locos. Nos metimos en su habitación y yo que nunca había tenido la oportunidad de tener a mi cuñada desnuda y sola para mi me resultó sumamente excitante, comencé por sobarla todo el cuerpo por encima del vestido playero que llevaba y que la cubría bastante poco, seguí, por desnudarla y para mi sorpresa debajo del vestido playero tan solo llevaba un tanga precioso que cubría con dificultad la poca cantidad de vello de su pubis, pues estaba prácticamente depilada, algo que a mi me gusta muchísimo pues esto me deja ver y comer tranquilamente todo el coño de las mujeres algo que ella sabía de antemano. En resumen una vez desnudos nos entregamos a todo tipo de juegos, nos comimos en un 69 perfecto, follamos a cuatro patas, en posición horizontal, y en casi todas las posiciones imaginables, después ella se colocó un consolador con arnés, que usa su marido para darle placer y probó a meterlo por mi culo, aquel instrumento, me pareció inmenso y que difícilmente podía entrarme y a ahí me di cuenta que ella era una experta en el uso del citado instrumento y que sin duda no era la primera vez que se lo colocaba y que no era tampoco la primera vez que lo usaba y aunque ella me había dicho que era para su placer, casi con seguridad que era para el placer de la pareja. El caso es que después de prepararme perfectamente mi ano y untar una crema por el consolador me lo introdujo poco a poco lo cual me causó una sensación de placer y dolor que me hizo conseguir una nueva erección y para ella un nuevo polvo en su coño, que todavía rezumaba jugos y semen de mi anterior corrida. Fue increíble, creo que nunca había tenido las sensaciones de esa mañana, eran una mezcla de placer, temor y sabor prohibido que resulto explosivo, fueron tres horas follando que nos supieron a poco, ella no paraba de decirme las ganas que había tenido durante años de follar conmigo, las pajas que se había hecho pensando en mi, y las veces que había follado pensando en que era yo quien la follaba, las ganas de comerse mi polla que sabia que mi mujer y otras ya habían disfrutado. Me dijo, que había decido que de estas vacaciones no pasaba que nos acostásemos y que lo tenia decido desde el año anterior que me vio ligar en la playa con una mujer en resumen que lo decidió y lo consiguió y yo debo decir que estaba muy contento y satisfecho. Después de todo esto nos reunimos con nuestras parejas para comer y más tarde cada uno se fue a su habitación con su pareja, yo realmente cansado de la mañana que había tenido, pero por lo que se escuchaba a través de la pared que separaba las habitaciones ella no había tenido suficiente y se folló a su marido con gran alarde de gritos para que la escuchásemos o al menos yo, lo que hizo que me pusieran muy cachondo y deseará volver a estar con ella, cosa que sucedió al día siguiente.
El día siguiente no teníamos excusa para quedarnos en el hotel por lo que decidimos ir a la playa y cuando estábamos allí y después de un rato de descanso no fuimos a pasear alejándonos de nuestras parejas hasta que llegamos a una zona que no había demasiada gente y en cambio había una parte con unas pequeñas dunas y plantas entre las que podíamos pasar más o menos desapercibidos. Allí nos colamos y volvimos a echar un polvo de antología, eso si cuando estábamos en plena faena nos vimos sorprendidos por dos mirones que nos cortaron en un principio, pero cuando nos dimos cuenta que lo único que querían era disfrutar a nuestra costa y hacerse una paja le dejamos que mirasen y que siguieran a lo suyo. Además a nosotros esta situación nos hizo ponernos mas cachondos y prolongar nuestros besos, caricias y una maravillosa mamada que volvió hacerme mi cuñada, debo decir que es una experta en este arte y que consigue llevarte a unas situaciones de placer maravilloso produciéndote unos maravillosos orgasmos, también debo decir que ella es sumamente agradecida y que en el momento que comienzas a comerle el coño ella comienza a tener orgasmos completísimos que te llenan toda la cara de sus jugos, se le producen unas convulsiones que no tiene nunca cuando folla, pues ella misma me ha reconocido con posterioridad que para alcanzar el clímax con una polla, esta debe tener entre 20 ó 25 centímetros algo que yo no poseo y su marido tampoco por lo que usa el consolador constantemente para llegar a esa situación, el caso es que una hora mas tarde llegamos donde estaban nuestras parejas satisfechos del “paseo”.
Los días de estas vacaciones pasaron rápidamente pero raro fue el día que no tuvimos nuestra ración de sexo y desde aquel momento hemos tenido muchos más, y hasta el momento con total satisfacción por ambas partes, seguimos siendo bastante discretos y lo que no cubre la discreción lo cubre nuestra relación familiar, que nos tapa mucha de nuestras salidas, pero eso ya lo dejo para otro relato.
Si deseais poneros en contacto escribirme a: mado1949@mixmail.com

El premio

Recibí el llamado de mi prima Julia, que para mi sorpresa me informaba que nos habíamos hecho acreedores a un premio que una empresa había instituido para promocionar el intercambio turístico con Méjico. Dicho premio consistía en un viaje a Cancún para una pareja por una semana, y cinco mil dólares no canjeables para otras personas. Yo no había sido consultado por Julia que arguyó que jamás pensó ganarlo y me explicó que había escrito varias cartas con distintos nombres de allegados sin mayores expectativas, y a pesar de su descreimiento, resultó favorecida. Aunque el premio era tentador, le expresé la imposibilidad de convencer a nuestros cónyuges de prestarse a la situación de ir solos como si fuésemos un matrimonio. Me sugirió que lo intentase, pues confiaba en mi poder de persuasión para poder hacernos de los cinco mil dólares que tanta falta nos hacían.

Julia nos invitó a cenar el viernes siguiente y allí llegamos puntualmente con mi esposa a la que ya había puesto enconocimiento de la razón de la invitación, preparando el terreno luego de convencerla de la necesidad del premio en dinero. Luego de una velada entre chanzas y comentarios jocosos e intencionados, y ante la seriedad de la propuesta finalmente todos nos pusimos de acuerdo para disfrutar del dinero manteniendo el respeto mutuo que habíamos edificado durante nuestra relación de varios años.

Julia realizó todos los trámites pertinentes a través de la compañía, sin mencionar nuestro vínculo familiar por temor a que nos descalificaran. Recién estuvimos seguros cuando en Ezeiza conocimos a las otras cinco parejas y nos embarcamos con destino a Cancún.

Llegamos a un hotel magnífico que poseía una playa privada, bañada de aguas cristalinas, donde podía observarse el lecho del mar con toda nitidez. Al registrarnos le expliqué al conserje nuestro parentesco pidiendo habitaciones separadas. Me contestó que le era imposible satisfacerme, pues estaban todas ocupadas, aunque luego de consultar con el gerente en un gesto inusual me ofreció la suite nupcial, con una habitación amplia con la cama matrimonial, y otra antesala con un diván, donde yo podría dormir. Por supuesto acepté y el conserje con un guiño me deseo suerte pues esa suite no sería ocupada esa semana y como excepción me la cedían. Adentro de la misma una piscina pequeña de agua caliente en forma de ele adornada con plantas, le aportaban un encanto especial desde cuyo ventanal se podía apreciar el mar entoda su inmensidad. Desde el balcón al abrirlo, se oía el sonido rumoroso de las aguas que bañaban la playa del hotel dándole un tinte romántico con la luna que iluminaba las noches

Luego de instalarnos, y admirar la suite que nos habían cedido, nos duchamos y bajamos a cenar donde nos esperaban con una recepción especial. Nos ubicaron con las otras parejas, y luego de compartir la mesa, a los postres, una orquesta amenizó la velada. Tocaron un tango dándonos la bienvenida, y por supuesto salimos con Julia a bailar. Al retornar fuimos efusivamente felicitados por todos que elogiaron la destreza y la sensualidad demostrada por Julia que era una magnífica bailarina. Recuerdo que yo al sentir su cuerpo pegado al mío, había experimentado el endurecimiento de mi miembro y temiendo que se diera cuenta la invité a sentarnos.

Nos retiramos a descansar luego de una jornada intensa y al llegar a la habitación le ofrecí dormir en la cama matrimonial mientras yo lo hacía en el diván. Pensando en Julia con su cuerpo joven, su cabello renegrido y sus ojos oscuros que insinuaban una sensualidad y una belleza que siempre me subyugó, y tratando de alejar de mis pensamientos de los que me podía arrepentir, me dormí profundamente.

Me desperté por la mañana,sobresaltado, con el llamado del conserje que nos invitaba a desayunar e ir de excursión al museo antropológico y a un mercado de artesanías aztecas que estaban dentro del programa. Caminamos durante varias horas recorriendo la feria y los alrededores y retornamos exhaustos a las cinco de la tarde. Tomamos un baño en la piscina de la habitación y luego nos encontramos con todos para cenar. El menú era muy variado y luego a los postres nuevamente la orquesta interpretó canciones mejicanas, tangos y boleros. Intercambiamos parejas hasta que finalmente bailé con Julia. Sentí su cuerpo sensual, y nuevamente experimenté el endurecimiento de mi miembro por lo que traté de separarme, pero ella no me lo permitió, al contrario sentí como me apretaba. Su pelvis y los pechos tomaron un contacto íntimo con los míos. Sentí su aliento cálido y su respiración agitada. Rocé su oreja y su mejilla con mis labios y en ese momento se separó y me dijo que iba a la habitación a ducharse y dormir, pues estaba cansada, aunque yo podía quedarme.

Habrían pasado diez minutos cuando decidí retornar también a la pieza sin poder frenar mi ansiedad por verla. Abrí la puerta de la suite y escuché el ruido de la ducha. Me asomé y a través de las paredes de vidrio esmeriladas del baño, advertí la silueta borrosa desnuda de Julia que acariciaba con una esponja su magnífico cuerpo.Esperé que saliese de la ducha cubierta con un deshabillé blanco, y luego fue mi turno. No cruzamos palabras. El momento era tenso y traté de esquivar su mirada. Me bañé y al enjabonar mi miembro no pude evitar pensar en Julia y nuevamente éste se endureció, me avergoncé pero no lo pude impedir. Al salir me cubrí con una salida de baño y miré hacia el balcón. Allí estaba ella contemplando el mar y la luna llena, mientras se escuchaba una canción de Javier Solís que salía del parlante de música funcional ubicado en la pared. Me acerqué y tomándola de los hombros la giré y la invité a bailar. Me miró y sin pensarlo la besé. Me respondió con un beso profundo. Su lengua húmeda y pegajosa jugando con la mía me decidieron. La alcé y la llevé a la cama. Dejó caer el deshabillé y la observé desnuda totalmente por primera vez. Era una hermosa hembra con su cabellera negra, sus ojos pardos expresivos y anhelantes. Poseía dos senos firmes de pezones grandes,endurecidos por el deseo. La besé nuevamente y la deposité de espaldas en lacama. Me saqué la salida de baño y Julia con la voz entrecortada me suplicó, al ver la dimensión adquirida por mi verga, que le tuviese compasión ya que hacía años que no tenia relaciones con su marido homosexual y solo la masturbación lehabía permitido mantener su libido. Abrió sus muslos invitándome a penetrarla.Su vulva oculta por un vello pubiano renegrido y prolijo fue un estímulo para explorarla e introducirme en su profundidad. Me situé entre sus piernas ydirigí con mi mano el glande descubierto hacia el clítoris, acariciándolo con suavidad. Arqueó su pelvis para incitarme a penetrarla, pero yo con dominio de la situación me demoraba, hasta que en un susurro me suplicó que apagara el fuego que la consumía desde hacía años, entonces la penetré. Lentamente le introduje la verga hasta los testículos, entrando y saliendo mientras ella jadeaba y gemía de placer, me pedía más y más. Me aseguraba que jamás había gozado tanto con un hombre, que quería ser mi amante a pesar de nuestra relación familiar. Nos dormimos abrazados, despertando varias veces para reiniciar los besos y las caricias. Su lengua y su boca lograban lo que no me sucedía desde hacía años, ponía mi miembro en condiciones para penetrarla. Tuvo varios orgasmos y el semen derramado escurría por sus muslos Ya con el alba y luego de tragar el semen de mi último orgasmo nos dormimos hasta la tarde debido al cansancio y la noche lujuriosa que tuvimos.

Bajamos a cenar y fuimos recibidos por el resto de los comensales con palabras intencionadas ya que las ojeras deJulia y las mías denotaban la noche vivida. Otra pareja también había desistido de la excursión y fue objeto de bromas respecto a la sesión sexual y terminamos riendo todos juntos e incitándolos a contagiarse al resto.

A partir de esa noche prácticamente nos recluimos y solo bajábamos a para las excursiones y a cenar ya que el resto del día lo disfrutábamos en la habitación. De la cama pasábamos a la piscina donde practicábamos el amor de todas las formas y posiciones posibles. Julia se había transformado en una adicta y yo respondía con crecesante sus estímulos. Me encantaba verla abrirse los labios de la vulva con sus dedos y mostrarme la humedad de la vagina. Me pedía que le estimulara el clítoris con mi lengua y la preparase para cogerla. En la piscina y bajo el agua también lo hacíamos. Nos bañábamos desnudos y gozábamosdel agua templada que acariciaba nuestros cuerpos. El día previo a nuestro regreso, al borde de la piscina, luego de coger por la vagina le propuse penetrarla por el ano, y pese a ser reticente al principio finalmente aceptó. La preparé con la lengua y luego con mis dedos le dilaté el orificio anal. La puse en posición y comencé a presionarla con mi verga dura,mientras ella me aseguraba que era su primera vez, y yo la desvirgaba con su consentimiento por el amor que sentía por mí.

Nos despidieron con una fiesta donde prometimos volver y ser los mejores propagandistas en nuestro país, del hotel y de las atenciones recibidas durante nuestra estancia.

Nos embarcamos en la Aerolínea Mexicana a las diez de la noche en un avión con muchos asientos desocupadospor lo que pudimos recostarnos sin problemas en el último asiento para descansar y reponerme de una semana agitada. Cenamos frugalmente y luego me recosté a lo largo del asiento. Había pasado la medianoche y Julia me despertó, me propuso encontrarnos en el baño del fondo en cinco minutos mientras ella se aseaba. Me despabilé y miré alrededor, todo era silencio en la penumbra, solo se oían las turbinas del avión. Me encaminé al fondo y golpeé la puerta. Juliala abrió y me hizo pasar, estaba completamente desnuda, sensual, apetecible. Nolo dudé, me ayudó a desvestirme, y poniéndose en posición para facilitarme la penetración comenzamos una cogida fantástica e irrepetible a diez mil metros dealtura. Jadeaba y gemía de placer ante cada embestida. Eyaculé mientras ella experimentaba un orgasmo entre promesas de amor y deseo irrefrenable.Finalmente me vestí y luego de acicalarme y peinarme la dejé para retornar a mi asiento. Diez minutos después retornó Julia, compuesta como si nada hubiera ocurrido. Nos dormimos abrazados y solamente nos despertamos cuando la azafata nos trajo el desayuno Con picardía nos preguntó si habíamos disfrutado del viaje y agregó que seguramente se había consumado la fantasía de muchos viajeros ya que se había cuidado de no interrumpirnos a pesar de haber oído los gemidos que venían del baño. El rubor encendió la cara de Julia y en un susurro le agradecimos su discreción.

Aterrizamos en Ezeiza y nos despedimos de nuestros ocasionales compañeros, siendo recibidos con alegría por las familias para disfrutar del premio en dinero, que con ellos sí, podíamos compartir.

Munjol.

El obstetra

Soy médico obstetra y ginecólogo y un día concurrió a la consulta una hermosa mujer joven recién casada que presentaba su primer embarazo. Sus facciones delicadas, su manera sensual de expresarse me impactaron desde su primera consulta.

Era trigueña, de ojos oscuros y mirada insinuante. Su cuerpo armonioso de caderas estrechas y pechos generosos rematados por pezones oscuros, la mostraban magnífica. Su vientre plano y las piernas torneadas, de rodillas y tobillos finos, despertaron una atracción hacia esa mujer como jamás me había pasado antes en mi profesión. Traté de abstraerme a sus encantos pero me fue imposible.

Sus visitas periódicas no hacían más que aumentar el atractivo por esa hembra a punto de ser madre por primera vez. Al revisarla no dejaba de sentir esa piel tersa y joven que se preparaba para su primer parto. Palpar, contemplar y oler su pelvis y la vulva siempre prolijamente depilada para cada encuentro y el perfume de esa hembra en celo me embriagaba y no tarde en encontrar el momento propicio para insinuarle las sensaciones que despertaban en mi su físico y su figura, cuando concurrió sin su esposo. Observé como se sonrojaba y la noté incómoda, por lo que le pedí disculpas por mi sinceridad, pero Marta con un mohín, le resto importancia a mis palabras.

Todo transcurrió normal hasta el parto que se produjo sin contratiempos del que nació una hermosa niña. Los controles seguidos a los que cité a la madre, fueron cumplidos con estricta rigurosidad hasta su alta definitiva. Ese día, para festejar la invité a tomar un copetín en el bar de la esquina, pero Ella se excusó y adujo un compromiso previo con su esposo que la esperaba a la salida, comprometiéndose para otra oportunidad.

No creí que tendría más noticias de Marta, pero me equivoqué. Llamó a mi consultorio antes del mes y pidió un turno con mi secretaria.

Ese día llegó y al encontrarnos solos me solicitó un examen ginecológico para saber si tenía algún impedimento pues sus relaciones sexuales no eran como antes de su embarazo. Era una excusa, pues mientras le palpaba los senos, sentí como se agitaba y aceleraba su respiración, y al practicarle el tacto vaginal comprobé la humedad que fluía de su vagina y observé como entrecerraba sus ojos y movía sus piernas sujetas a la camilla. La desaté y me pidió pasar al baño. Cuando retornó, le expliqué que todo estaba en orden y que lo único que le faltaba era un estímulo adecuado. Era lo que esperaba, me dijo.

Sin darle tiempo a defenderse la abracé y busqué su boca sensual que se abrió generosa para recibirme. Nuestras lenguas se fundieron y yo la atraje hacia mi cuerpo. Me rogó de no continuar allí pues mi secretaria podía sospechar. Entonces la invité a un hotel alojamiento cercano. Se negó al principio pero al ver mi decisión, finalmente aceptó. Lo deseaba. En camino al hotel me confesó que se había enamorado desde que me conoció y que jamás había estado con otro hombre excepto su marido, que desde los quince años la había poseído. Yo iba a ser su primer amante.

Ese día comprobé que tenía mucho que aprender y yo sería su instructor. Era dócil y generosa, podría disfrutar de los placeres sexuales como nunca antes. Le encantaba entregarse y gozar con ese cuerpo bello ardiente de deseo.

La poseía cada vez que podía escapar de mis obligaciones. Marta siempre encontraba la excusa adecuada para tener relaciones y yo generalmente con la complicidad de mi secretaria hallaba el hueco para gozar de esa madre magnífica. Practicábamos el amor en mi consultorio en los hoteles hasta que alquilé un departamento en el barrio norte.

Me encantaba jugar y fantasear con Ella, cada vez la conocía más y sabía de sus preferencias sexuales. A veces la depilaba en la bañera y le suavizaba la piel con cremas aromáticas. Le introducía el pene por la vagina y el ano que fue haciéndose más y más complaciente. Me encantaba sacarle fotos en distintas posturas y situaciones, hasta que decidí filmarla utilizando varios consoladores de gran tamaño. No se opuso, yo ejercía sobre Marta un gran poder de sumisión de su parte y siempre lograba mis deseos, pero cuando los vio se asustó y me suplicó que no los utilizara pues no los soportaría. La tranquilicé diciéndole que la conocía muy bien como ginecólogo y que iba a disfrutarlo y asombrarse de la capacidad de su concha y su culo al ver las fotos y la filmación. Acaso no había fantaseado, como me había confiado, ser una actriz porno alguna vez.

Finalmente la convencí y me puse manos a la obra. La induje a comportarse como tal y le acerqué los consoladores para que los utilizase.

Me asombró la inspiración para mostrarse ante la cámara. Se movía voluptuosamente y abría sus glúteos con sabiduría. Cubrió los consoladores de vaselina y comenzó con un juego rotatorio sobre la vulva que complaciente y húmeda se fue abriendo. Primero se introdujo uno normal pero luego uno enorme que yo había comprado de gran grosor. Luego fue otro que llevó a su boca y mamó, mientras jadeaba de placer. Luego el orificio anal abierto y filmado a corta distancia hizo que no aguantara más y la cogiera como nunca llenándola de semen por todos sus orificios y esparciéndole el resto en su cara para terminar limpiándome el miembro con pasión y deleite como Marta tan bien sabía hacer.

Fue una velada inolvidable que repetimos muchas veces por el placer que nos proporcionaba, el vernos en las fotos y la pantalla remedando a lo que veíamos en los filmes pornográficos que varias veces alquilamos. No teníamos motivos para envidiarlos.

Fue una hermosa y generosa amante hasta que todo terminó años más tarde cuando conoció a otro hombre que le ofreció lo que yo no podía pues no estaba dispuesto a concluir mi matrimonio.

MUNJOL hjlmmo@ubbi.com.

El primer paso

Después de leer muchos relatos, como un simple espectador, junto coraje y comienzo a escribir. Vengo debatiéndome si hacerlo o no desde hace tiempo y me cansé de darle vueltas.

Esto es algo que nunca compartí con nadie y voy a aprovechar el anonimato de esta página para ir contando otras experiencias de ese tipo.

Hace unos años fui con dos amigos de vacaciones a Buzios y la pasamos bárbaro. Durante el día tiroteando en la playa (los otros dos no son ningunos quedados) y a la noche nos veíamos con las minas que conocíamos durante el día. O lo que pintase en el momento. Siempre había plan. Genial.

La ante ultima noche habíamos salido a un boliche , como todas las noches, y me encuentro en unos sillones con una rubia. La mina estaba buenísima pero lo único que hacía era buscar excusas para sacar su celular y mirarse en los cientos de fotos de ella misma.

Ya medio entonado y con poca paciencia, me levanto y voy a buscar a los pibes. Los veo a ambos en pleno laburo con unas minas y sigo para la barra. Me clavo una cerveza, ya medio desconectado de la situación, y salgo del boliche a tomar aire/fumarme un pucho.

Con el aire salado del exterior me doy cuenta de que estoy más borracho de lo creía. Si les soy honesto, estaba en ese momento de la noche en el que estás para cualquiera. Esa hora en la que el alcohol y la calentura te pegan y haces cosas que no pensaste que ibas a hacer cuando saliste.

Escucho una voz que me llama (no entiendo una goma lo que dice pero entiendo que se dirige a mi) y al mirar a mi derecha veo que se me acerca caminando una travesti bastante bajita. No era la más linda del mundo, he de confesar, pero cuando me quise dar cuenta la tenia parada enfrente y diciendo alguna versión de “que lindo sos papucho, bla bla bla…”.

Yo, con un historial 100% hetero pensaba que si alguna vez me agarraba una travesti, iba a ser con una que estuviese buenísima. Que fuese linda mina. Esta no era un desastre, pero no era lo que había imaginado alguna vez.

Yo balbuceo alguna motivo por el que “no, gracias” pero insiste.

De pronto estoy siguiéndola por los estacionamientos exteriores del boliche, en la parte de atrás mientras repito : “Mirá que no tengo plata…” una y otra vez hasta que se frena, se me plata en frente, me manotea el ganso y me dice que “no me preocupe, que no es por plata el tema”.

Como les dije antes, estaba en ese momento en el que el sentido común y la precaución ya están fuera de combate.

Entramos en un baño muy chiquito en alguna parte del estacionamiento. Es un baño para uno y casi no hay lugar para los dos. Me apoya contra la pared, me manotea de nuevo la pija y me come la boca. Para cuando termino de entender lo que está pasando, ella está de rodillas chupándome la pija y manoseándome los huevos con unas ganas conmovedoras.

No se por que, pero en ese momento me acordé de algo que escuché una vez en el secundario. Fue en una de esas clases de educación sexual en las que de pronto tus profesores de todos los días te están hablando de sexo. Alguno/a de ellos en un momento dice que “todos los hombres, al menos una vez en su vida, tienen una experiencia homosexual”. Es lo único que me acuerdo de esas charlas y el recuerdo acudió a mi en ese baño. A lo que pensé, “ok, si es así y esta es mi experiencia, ya está. La disfruto” y deje de hacer de cuenta que me iba a ir de ese lugar y me permití pasarla bien”.

Después de chupármela un rato, me pone un forro y se pone de pie. Se da vuelta, se apoya con una mano en el lavamanos y con la otra me guía la pija hasta su culo. Se calza la punta y ahí, todo borracho y torpe, arremeto y le meto todo el resto. Soltó un gemido/grito que no voy a olvidar nunca. La vocecita de mina se le fue un poco y me di cuenta de que, si bien estuve medio rústico, le encantó.

En ese momento ella comenzó a moverse para atrás, hacia mi, buscando más y yo respondí bombeando con más fuerza. “Plas, plas, plas” resonaba en todo el baño.

Al tiempo siento que me explotan las pelotas y estoy para soltar mi descarga. Sin mayor preámbulo, comienzo a darle con todo lo que tengo, en ese pique final del que no hay retorno, hasta que acabo como un cavernícola, apuñalándole el culo con mi pija.

La escucho gemir, mientras aprieta su cola contra mi, hasta empujarle el fondo.

Sale, se da vuelta y me sonría. Me saca el forro, me limpia la pija y salimos del baño. Volvemos al lugar donde se me acercó al principio, afuera del boliche,me dice algo (?!) y se va.

Entro, uno de mis amigos está con una mina el otro en la barra. Me pregunta donde andaba, le invento alguna excusa y le digo que yo voy arrancando al hotel. Lo dejamos al otro con la mina (volvió al mediodía) y nos fuimos a dormir.

Mientras caminaba esas cuadras al hotel, me juré que esta experiencia no se lo iba a contar a nadie nunca. Que me lo llevaba al fondo del mar.

No fue la única vez que me hice esa promesa.

Y acá estoy.

Esto quedó más largo de lo que planeaba. La próxima irá mejor.

*Se agradecen comentarios

Otra compañera de trabajo III

Hubo una fiesta de una de la jefas de donde trabajamos, yo fui con toda la intencion que despues de la fiesta me iria de paseo con mi amiga, la fiesta paso como si nada , pero ya casi para finalizar me sente a su lado y a voces bajas nos pusimos de acuerdo en donde vernos despues de irnos de la fiesta, claro que lo teniamos que hacer lo mas discreto posible, asi que cuando decidi irme una sra. compañera tambien me pidio que si la llevaba a su casa, eso me sirvio para que no sospecharan los demás y accedi a llevarla a su casa , al dejarla en su casa, mi amiga me habla por telefono y me dice en que calle esta con su carro , me dirijo hacia allá y ella deja el suyo y se sube a mi carro y nos dirijimos a un hotel, por primera vez estabamos en un hotel.
No me cansaba de mamarle sus tetas, acariciar esos pezones mas largos erectos que habia visto en mi vida y lo empezamos a hacer de todas maneras, en la cama , sentados en el sofa, en el suelo, frente al espejo, cargandola, parabamos un rato y nuevamente le seguiamos, hasta que terminamos agotados y sobre la cama desnudos seguia contemplandola ella jugando con su mano con mi miembro, no lo soltaba, seguiamos platicando, fue una velada muy rica

atte.
Rigo

La primera vez

Teníamos 6 Meses cuando tuvimos nuestra primera Relación Sexual. Toda la Relación había sido con Mucho Respeto, habían de vez en cuando Grandes Calenturas en las que Comenzaba a Tocarle sus Pechos y su Colita y Casi todas las Noches había una Conversación sobre Sexo, lo cual despertaba mas las Ganas de Hacerlo!

Cuando cumplimos los 6 Meses, decidimos ir a un Hotel y era la Ocasión Perfecta ya que su Madre se iba de Viaje y No había Mucho Peligro, y aparte que teníamos Mas Ganas que Nunca… Asi que Llegado el dia, por la tarde salimos y fuimos al hotel. Los 2 estabamos Nerviosos, esa era Su Primera Vezy queríamos disfrutarlo Mucho, pero solo teníamos Un Par de Horas para Saciar Nuestro Deseo…

Entramos, comenzamos a besarnos, acariciarnos, nos amamos tratando de Calmar los nervios; comenzamos a quitarnos la ropa, muy despacio dando espacio al placer pero con muchas ganas. Le quite su blusa, su pantalón, la tenia ahí casi desnuda, excitada, entregada completamente a mí… Queria comérmela todita, saborear su cuerpo, cada parte con mi lengua… pero respete su temor por ser la primera vez y fui mas despacio.

Bese sus labios, su cuello con mi lengua y fui bajando mientras ella cerraba sus ojos, llegue a su pecho y quite su Brasier y salieron frente a mi sus Senos Muy Bonitos, Redondos con sus Pezones Paraditos y Claros… Los Bese, Chupe, Jugue con ellos… Eran Ricos. Volvi a besarla para que se tranquilizara un poquito.

Ambos estábamos llenos de ganas de seguir, ya no habían nervios solo deseo. Ella ahora se subió sobre mi, me desvistió, me beso con mas ganas que nunca y me termino de quitar todo lo que tenia… Senti su mano en mi Verga, la cogió para metérsela y comenzamos a intentar la penetración con ella arriba, a los 2 nos dolia pero seguíamos porque el deseo y las ganas eran mayores! Pero esta primera vez no se pudo, asi que yo me puse arriba y lo volvimos a intentar, con mucho esfuerzo se la fui metiendo mientras la besaba tratando de callar sus gemidos de dolor y de placer a la vez. Segui entrando en su Cosita y cuando llegue a la mitad me devolví y comencé a moverme suavemente… estando ya mas lubricada segui mas adentro y poco a poco entro todita mi verga en su cosita…

Se la deje ahí un rato y después comencé otra vez a moverme pero mas rápido, ella abrió todo lo que pudo sus piernas y me abrazo, nos besamos mientras yo le daba gusto mas rápido y ella gemia y gemia, decía que le dolia un poco pero era rico y asi le segui dando…

Luego ella quizo estar arriba de nuevo y le deje, se me monto y de la meto suavecito y entro Uff todita a su conchita calientica y comenzo a moverse como tanto me gusta mientras nos mirábamos y yo tocaba sus senos, me estaba dando mucho gusto!

Mi Novia, Mi Mujer a partir de Hoy, la que sabe como darme placer… La Primera vez No sangro y fue muy rico aunque Yo estaba deseando mas, quería saborear esa Cosita que tenia…