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Nuevas y Bellas emociones III

Sábado, septiembre 24th, 2011

En estos momentos me encuentro desnudo. Me siento fresco, oloroso, libre… aún puedo sentir como permanecen en mí restos de una relajante ducha, los cuales se manifiestan en forma de pequeñas gotas que van recorriendo mi espalda hasta desaparecer a través de ella o bien se deslizan por mi bajo vientre perdiéndose entre mi recortado vello púbico.

Desde donde escribo puedo observar como Marcela, tras un pasional intercambio de caricias, adorna con su desnudez el desordenado estado en el que han quedado las sábanas. Donde el sexo sin límites y sin tabúes ha culminado, como respuesta a nuestra entrega, con la presencia del deseado orgasmo. Manifestándose en forma de una indefinible e intensa explosión de placer, la cual la hemos exteriorizado con fuertes gemidos cargados de gozo.

Me excita jugar un papel activo en la relación sexual. Al margen de que me guste proporcionar placer, encuentro en ello la forma más sincera de agradecer a esa persona que me haya elegido para compartir, con él o ella, esos momentos de pasión. Convirtiéndose cada nuevo roce, cada beso o cada orgasmo en una especie de “ofrenda” de sentimientos y caricias que en esos momentos tan especiales emanan de lo más profundo del alma y cuya finalidad es unirlos, sin prisas y con lo mejor de nosotros mismos al clímax de quien en esos momentos se encuentre, en éste caso, conmigo. Ya sea hombre o mujer. Convirtiéndolo todo en una mezcla de nuevas y bellas emociones.

El despertar

¿Sabes lector@? Jamás pensé que llegaría a mantener una relación gay , cuando siempre me sentí atraído por las mujeres (leer “Nuevas y bellas emociones” 1 )Sin embargo no me fue fácil aceptar la atracción hacia mi nueva pareja. Andaba como un nómada, vagabundeaba sin rumbo entre mis contradicciones y sentimientos más reprimidos. Al mismo tiempo que necesitaba manifestar ese deseo ardiente y que yo mismo me prohibía hacia Walter. Él no sólo me tendió la mano de un amigo, sino la de un amante dispuesto a sacarme del pozo del temor y la autorepresión producido por una educción basada en la religión y el pecado y que posteriormente se traducía en doble moral, pero que psicológicamente me habían hecho mucho daño. Él también anhelaba el fin de mi conflicto interior, puesto que éste de alguna manera también le vetaba el derecho a amar.

El placer que experimentaba a al sentir mi sexo erecto como consecuencia de las caricias que mi cuerpo recibía por primera vez procedente de unos labios y una lengua masculina, el estar penetrado por mi hombre sintiéndolo gozar dentro de mí o el saborear el jugo de su verga dentro de mi boca… fueron sensaciones a las que hasta ese momento yo había permanecido ajeno, y que sin lugar a dudas se me hicieron necesarias. Así que una vez que se derrumbó el muro de mis temores comenzamos a andar desnudos por un camino desconocido para mí y que tan sólo él me podía enseñar, y que conducía   a un nuevo lugar donde se desatarían las pasiones más reprimidas y los deseos más ocultos y al mismo tiempo encontrados, donde el placer se encargaría de llegar a ambos a través de infinidad de caricias y que en mí llegaron a liberarse en un nuevo lecho y con una nueva pareja. Descubriendo una nueva forma de amar que no difería mucho del que llevaba con una mujer, sólo que en esta ocasión mi pareja era una persona de mi mismo sexo.

Marcela

Todo sucedió cuando casualmente descubrí una librería perdida en un barrio antiguo de la ciudad. No tardé en frecuentarla con asiduidad, no sólo por el aspecto bohemio que presentaba, sino porque los volúmenes que descansaban sobre las viejas estanterías intentaban huir del carácter excesivamente comercial, ofreciendo al lector la posibilidad de reencontrarse en ellas con títulos descatalogados. Sin embargo lo que más me atrajo de ese “pequeño antro de sabiduría” fue la persona que lo regentaba. Una hermosa mujer de unos treinta y cuatro años aproximadamente. Alta  con unos senos medianamente abundantes y caderas redondeadas, cuya femineidad se complementaba con una exótica sensualidad.

Frecuenté con tanta asiduidad la librería que mis lazos con Marcela se fueron estrechando de tal forma que paulatinamente fuimos apartando los temas literarios para acercarlos más a los del alma.

Una tarde mientras tomábamos un café me hizo una confesión:

-Quiero que sepas – me dijo mientras daba un sorbo a la taza- que a pesar de mi aspecto femenino nací varón. Sí, mi sexo es el de un chico. Desde que tuve uso de razón quise ser mujer. Mi fuerza, mis ademanes y mi actitud eran de niña. Yo era muy hembra. Tan hembra me sentía, que ya me gustaba el maquillaje y los brasieres. No podía ver a los hombres  porque me erizaba la piel. Ahí comenzó mi vida de travesti. Pero debía de pasar mucho tiempo antes de que definitivamente pudiera “salir del armario”. La primera vez que me fui a la cama con mi primer novio me entregué como una mujer por primera vez deseosa de un hombre. Posteriormente tuve otras experiencias que pudieron acaba en matrimonio. Una vez en Barranquilla conocí a un teniente retirado. Casado y padre de dos hijos con quién sostuve un romance muy puro. ¿Sabes? Antes de convertirme en mujer era un hombre muy femenino. No quiero tener una vagina artificial, por eso no me he operado. Además el pene es el gran secreto que tenemos los travestis para complacer a los hombres. ¿O no te gustan las mujeres con sorpresa?

-  Agradezco que me hayas confiado tu secreto. Sin embargo tu sexo no tiene que ser un obstáculo para la persona que realmente quiera estar contigo. ¿Y nunca has deseado estar con una mujer? –le pregunté con un poco de morbo-

- Es la eterna pregunta que nos hacen a los travestis. Siempre me han gustado los hombres, me siento mujer, soy una mujer. Pero nunca se sabe no se puede decir que no a nada. Si me acostara con una mujer tendría que atraerme muchísimo y volver a despertar en mí ese “instinto masculino”.

Estaba totalmente hechizado conversando con ella, cuando inoportunamente timbró el celular. Cambiando totalmente su estado de ánimo, encolerizándose como el peor de los mortales…

- ¿cómo es que necesitas dinero? ¿Qué te has creído? No te voy a mantener siempre ¿oíste? Bueno… si es así… ¿Nos veremos esta noche?

En ese momento quise saber el secreto de su interlocutor para apaciguar su cólera y someterla a su voluntad en tan breve espacio de tiempo.

Al día siguiente Marcela desapareció se fue sin decir nada, dejando atrás sus libros descatalogados, nuestras confesiones y especialmente sembrando en mí una un deseo inalcanzable de tenerla entre mis brazos. Pensé que sería una escapada de dos días sin embargo habían transcurrido casi algo más de dos semanas y no sabía nada de ella hasta que una timbrada del celular me sorprendió al escuchar su voz.

-          Estoy en casa llegué esta mañana.  ¿Por qué no te vienes para acá y celebramos mi regreso?

Estaba aún sorprendido así que me alisté rápidamente y me dirigí a su casa. Cuando llegué me abrió la puerta envuelta en un kimono de seda el cual le cubría hasta la mitad del muslo. Dejándole al descubierto sus largas y bellas piernas. Y Su cabello Largo  y sedoso se lo había recortado hasta llegarle por encima de los hombros. No pudimos evitar abrazarnos permaneciendo así durante unos largos segundos.

Sentémonos –me sugirió-, aún es pronto para cenar.

-¿Dónde has estado durante todo éste tiempo? Estaba ya preocupado.

- Me alejé de todos y de todo. Me refugié en una casita cerca del mar.

-Yo pensé que estabas con tu novio.

-Ah! No, lo dejamos. Es verdad que es un animal sexual, pero ya la relación se deterioró.

Tras una pausa nuestras miradas se encontraron e inevitablemente nuestros labios  y nuestras lenguas se buscaron para encontrarse dentro de su boca.

-Ven – Me dijo- Y tomándome de la mano me condujo hacia su dormitorio, cuya cama estaba cubierta por un manto de pétalos de rosa e iluminado por la débil luz de unas velas las cuales transmitía el aroma de la pasión y del sexo. Al desprenderse de su kimono dejó al descubierto sus senos tersos, firmes y no excesivamente voluminosos, pero muy femeninos. Mientras que de un extremo de su diminuta tanga, de la que se desprendió rápidamente, se salía su verga desnuda y erecta.

Cuando nuestros cuerpos desnudos se encontraron sobre el lecho de rosas no demoramos en abrazarnos nuevamente. Yo sentía una especie de excitación al sentir el roce de mi verga erecta con la suya. Me encontraba cargado de energía y mi excitación aumentaba puesto que sentía que ambos respondíamos a nuestros preliminares. Le succionaba las orejas subiendo y bajando mi lengua por su cuello, mientras que mis labios descendieron hasta sus pezones erectos, duros y rosados mordiéndoselos, tirando de ellos con mis dientes y chupándoselos. Abarcando con mi boca todo lo que dentro de ella me podía entrar de sus pechos… Bajé por el ombligo hasta encontrarme con su verga totalmente erecta y mojada por el líquido preseminal. No dudé en introducírmela hasta el fondo de mi boca reteniéndola dentro de ella durante algunos segundos. Regresando desde la base de su miembro hasta encontrarme con la cabeza de su glande. Succionándolo y lamiéndolo procurando que mis mamadas fuesen lentas y suaves, sin tener prisas… puesto que quería proporcionarle una sensación de placer y relajación. Buscando el disfrute de ese momento donde el contacto de mis labios y mi lengua con su glande humedecido por mi saliva y sus jugos le estaban haciendo gozar. Procurando que esa sensación de placer que precede al orgasmo se prolongase el mayor tiempo posible demorando así  la eyaculación.

-Cielo, eso está rico… cuidado que llevo casi dos semanas sin tener sexo… ¡Ahhh!…Lo siento…qué riquísimo…

Al observar que se corría aumenté el ritmo de mis mamadas para que definitivamente llegase hasta el final.

-Lo siento… Esas fueron sus últimas palabras antes de eyacular emitiendo un tremendo gemido e inundando el interior de mi boca con una enorme cantidad de espeso y cálido semen.

¡Lo siento!…pero ha sido tan rico.

-No tienes por qué disculparte, eso que tenemos dentro hay que expulsarlo y si lo haces con placer mucho mejor. Yo también he disfrutado al ver como gritabas y te corrías dentro de mi boca. Soy feliz, porque al saborear tu verga has disfrutado hasta tener un orgasmo.

Se acercó a mí y con su lengua lamió los restos de su semen que aún permanecían en mis labios.

-Me alegro de que no sientas asco de algo que forma parte de mí, especialmente si ha salido gracias a tus mamadas… ahora Vas a ver lo que una hembra es capaz de hacer… y diciendo eso empezó a deslizar suavemente su lengua desde un lado a otro de mis testículos. Metiéndoselos todos en la boca, haciéndolo despacio para no hacerme daño. Lo alternaba introduciéndose toda mi verga con un movimiento de arriba abajo deteniéndose en el glande para lamerlo y volviendo a deslizar nuevamente su boca a lo largo de mi sexo. Volviendo a chupar mis testículos tragándoselos y engulléndolos. Después me colocó un cojín bajo la zona lumbar y empezó sin prisas a deslizar su lengua desde el ano hasta encontrarse de nuevo con mis huevos. La sensación era mágica, electrizante, indefinible…. No existían las palabras, puesto que la misma necesidad de gozar y hacer gozar nos llevaban a cambiar de posturas…Me coloqué a cuatro patas e inesperadamente sentí recorrer su cálida lengua alrededor de mi orificio anal. Escupiendo para lamer su propia saliva que resbalaba a través él. Así continuaba proporcionándome un riquísimo beso negro mientras que una de sus manos, mojada en saliva, agarraba mi verga amasándola y masajeándola. Haciéndome imposible ante tanto placer contener  mi leche, la cual acabó embarrando la mano con la  que ella me pajeaba. En ese momento de éxtasis me desplomé boca abajo, porque el placer del orgasmo unido al de la lengua acariciando mi ano, no se, pero sentí que se me multiplicó haciendo incontenible la eyaculación.

-Vamos a compartirlo – me dijo- y ambos empezamos a lamer y a chupar mi semen que se deslizaba por entre sus dedos y que cubría la palma de su mano.

-Ahora quiero volver a ponértela grande, mi amor. Y metiéndose mi sexo, ya flácido y mojado de semen, empezó a chuparla y a lamerla deslizando su lengua desde la cabeza a la unión del frenillo con el glande. Y continuando boca arriba  me lubrico el ano introduciéndome dos dedos hasta que consideró oportuno penetrarme. Cuando al fin lo hizo la sentía rico dentro de mí. Me ponía caliente  escucharla gemir cada vez que empujaba su verga.

-Vamos a corrernos juntos, aguanta como un hombre –decía a medida que su respiración se aceleraba. Te aviso cuando me venga la leche…

Los dos estábamos disfrutando, ella al penetrarme y yo no sólo por el hecho de sentir el placer que ella me estaba proporcionando sino porque al mismo tiempo yo me masturbaba..

¡¡Papi, ya me vengo, me corroo!!!

Y deshaciéndose del preservativo empezó a masturbarse metiéndome su verga en la boca cuando ya su jugo empezó a salir, disfrutando y sintiendo el orgasmo con los ojos cerrados  gritó de placer. Recogiendo con su lengua su recién expulsado semen, que  resbalaba por mis labios, ya en forma de unas reducidas gotas  al mismo tiempo que yo también había sentido la llegada del orgasmo, puesto que me corrí al mismo tiempo que ella. Los dos nos desplomamos rendidos y al cabo de unos minutos nos dirigimos a la ducha donde ambos salimos de allí con las vergas erectas, puesto que no pudimos evitar besarnos bajo el agua tibia de la regadera. Súper caliente por el momento me arrodillé para chuparle su sexo. Era una experiencia rica como el agua descendía por mi cuerpo mientras ella empujaba su verga dentro de mi boca como si fuese ésta mi culo..   . Nuestras vergas estaban erectas y sin secarnos se colocó a cuatro patas porque quería que le comiera todo el culo. Así permanecí durante un gran rato haciéndole lo mismo que ella me había hecho con anterioridad. Hasta que me dijo:

-¡Papi métemela ya! -quedando mi verga atrapada entre sus glúteos…

-Tócame las tetas, pellízcame los pezones… soy tu hembra ¿verdad?

Mientras la penetraba ella se masturbaba…, demorábamos ambos en corrernos, puesto que ya lo habíamos hecho con anterioridad y a penas nos quedaba semen. Sin embargo intentamos volverlo a hacer juntos. Como así fue. Yo deposité mi semen entre sus tetas y el ella quedó derramado entre las sábanas.

Esta historia así como todo el contenido del relato es verdad, tan solo cambia los nombres. Quisiera saber si os ha gustado a igual que si queréis escribir. Lo pasamos muy bien, nos conocemos, sabemos lo que nos gusta y ella no descarta hacerlo alguna vez con una mujer. Somos amigos con derecho a cama, no somos pareja, pero queremos practicar el sexo con personas que realmente quieran disfrutarlo con respeto y sinceridad, por eso nos gustaría hacer un trío con un chico o con una chica o incluso hacer el amor con una pareja U otro travesti.

Encuentroeneltropico.

encuetroeneltropico@hotmail.com