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Autoexperimentando

Buenas a todos. Llevo tiempo en esta página sólo como espectador, y me he animado a contaros un pequeño experimento con mi propio cuerpo.

Un día, estaba sólo en mi casa, buscando porno aquí en varias web más. Tenía novia, pero ella vivía en otra ciudad, y estaba un poco necesitado de afecto. El caso es que términé encontrando imágenes de una bonita chica… que resultó ser trans. Me sorprendió, pues tenía muy buen cuerpo, y continué el resto del post. Qué rica estaba. Y cómo me excitó. Cayó paja.

Al día siguiente, me había picado la curiosidad, de forma que busqué más explícitamente ese contenido. Mujeres trans, y adicionalmente, me aparecieron imágenes de hombres gays. Nunca me han llamado los hombres (siempre me han gustado los cuerpos de las mujeres, y me siguen gustando), pero aquel material me hizo preguntarme… ¿qué se sentía con el culo penetrado? Intenté olvidarlo.

Pero no pude evitar darle vueltas a la cabeza con aquel tema. La curiosidad se había apoderado de mí, y debía probarlo.

Así que aproveché otro día para probar a satisfacer esa curiosidad. Estando sólo, me aseguré de tener todo bien cerrado, ventanas y persianas, para evitar miradas indiscretas desde el bloque de enfrente, muy cercano al mío.

Me desnudé, y me tumbé sobre mi cama. Separé las piernas, y empecé a masturbarme. Antes de empezar quería estar excitado. Lo acompañé con un video porno en mi móvil, de una chica que también jugaba con su hermoso culo. Cuando mi polla estaba bien erecta (y un poco de líquido precum emanaba de la punte) pensé que era el momento. Alargué la mano y saqué del cajón una caja de condones, saqué uno, lo abrí y cubrí mi dedo medio con él.

Alcé las piernas (como se lo había hecho a mi chica) como pude, y tanteé con el dedo cubierto de goma por mi culo, hasta encontrar la abertura. Probé a introducirme un poco el dedo. Apenas pasó, lo retiré. Era una sensación extraña. Respiré y volví a probar. Esta vez entró un poco más profundo, pero parecía que mi culo lo rechazaba de forma natural. Lo intenté de nuevo, e intenté mantenerlo dentro. Me costó un poco, pero lo conseguí.

Una vez me hube acostumbrado, probé a metérmelo un poco más. Tuve que gruñir. Era incómodo. Probé a mover mi dedo en círculos, para dilatarme un poco más y hundí mi dedo nuevamente. Un poco más de lo que hubiera probado en ese momento, pero ya estaba completamente dentro.

Dolía. No era un dolor inaguantable, pero lo notaba dentro y era realmente incomodo. Aguanté unos segundos para dejar a mi culo acostumbrarse, y luego probé a moverlo hacia dentro y hacia afuera. Pensé “¿Cómo se me ha ocurrido esto?” y saqué el dedo del todo. Aguardé unos momentos, y luego volví a metérmelo. Parecia algo mejor, pero no me terminaba de convencer. Probé a acompañarlo de una paja, lo cual ayudaba a compensar el dolor que tenía en el culo, pero finalmente, cesé. Tiré el condón a la papelera, me lavé las manos, y aprovechando que estaba en el baño, terminé de pajearme hasta que me corrí.

Y mis experimentos no habrían ido más lejos de no ser porque estuve los días siguientes recordándolo con más placer del había tenido. Mi cerebro insistía en dar otra oportunidad a la experiencia antes de descartarla del todo. Y decidí obedecer.

Pero no fue algo inmediato. Opté por excitarme los días siguientes, ms veía porno, con esas imágenes de gente (mujeres, hombres, trans…) gozando al sentir que dedos, dildos o penes entrasen en sus culos. Me masturbé una semana con aquellas fotos, y llegó de nuevo el día de experimentar.

Me ocupé nuevamente de estar empalmado y excitado antes probar. Cambié la posición esa noche, y me puse en cuatro sobre el colchón. Me toqué un poco más en esa posición, y en lugar de usar mi dedo, aproveché que por cada tenía una cosa (jamás desvelaré qué) de forma cilíndrica, de tamaño inferior a mi pene. Perfecto para probar.

Así que cubrí aquella falsa polla con el condón, dejé mi cuerpo relajado sobre el colchón, y dirigí mi juguete a mi culo. Probé a introducirlo, lentamente. Suspiré nuevamente, por fastidio. La curiosidad de mi cuerpo era rechazada por mi propio cuerpo, pues mi culo insistía en expulsar hacia afuera el juguete. Pero no me rendí. Cometiendo una locura, introduje toda la longitud de aquello en mi culo.

Dolió, pero aguanté. Mi mano se aseguraba de que permaneciera dentro de mi, aunque era obvio que mi cuerpo continuaba echando a aquel intruso. Así que permití que saliera, pero yo marqué el ritmo. Aquello fue un poco más placentero. Y también lo fue cuando lo volví a introducir, antes de terminar el trayecto de salida. De ese modo, aproveché el comportamiento de mi cuerpo para que se acostumbrase a jugar con el falso pene.

Una vez me lo estaba metiendo de nuevo, se me cansó la mano. Cayó sobre la cama… y para mi sorpresa, el juguete permaneció tal como estaba, a medio introducir. ¡Qué alegría me dio! ¡Mi cuerpo ya no buscaba echarlo! Con la otra mano, probé a introducírmelo un poco más. Quité la mano. Y nuevamente, no se movió. Procurando tener siempre el culo relajado, probé a meterme y sacarme el juguete una vez más. Ahí empecé a disfrutarlo. Sí… me sentía a gusto.

Probé a moverlo con más rapidez, y me gustó. Sí, empezaba a entenderlo. Mi culo se sentía genial. Pero no podía descuidar mi pene, completamente erecto, y emanando precum, así que lo agarré con una mano y me masturbé doblemente: mi polla y mi culo recibiendo goce simultaneamente. Delicioso.

Me pregunté si podía mantenerlo dentro caminando… y no iba a dejar pasar la oportunidad de comprobarlo. Me aseguré de que lo tenía bien dentro, y me puse de pie. Probé a andar, y la sensación era genial. Me masturbé por toda la casa, caminando, con el juguete dando placer a mi culo. Era perfecto.

Estaba por correrme, así que me encaminé al baño sin dejar aquello. Me puse ante la bañera, y con la mano derecha volví a darme placer anal, mientras que con la otra me masturbé sin control. Me sentía como en un trío en la cual lo hacía con mi chica mientras alguien me follaba a mi, y con esa imagen, eyacule como pocas veces había hecho antes.

Siguen sin gustarme los hombres… pero me pregunto qué pensaría mi novia si le pidiera que usara un consolador conmigo y que me dominase.